Sueño 11: La Princesa Serenity

Seguí a Akira y Ren dentro de una mansión estilo occidental a las afueras de la ciudad. Era una casa vieja, de grandes ventanales con jardines descuidados.

-¿Dónde estamos?-. Pregunté algo asustada.

-Oh, querida, no te preocupes, todo va estar Muy bien-. Dijo vagamente sin siquiera mirarme.

Al entrar, me di cuenta que toda la casa estaba desierta, había cuadros y vasijas olvidadas, tablas cubriendo las ventanas y una capa de polvo en todo el lugar. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

-Ammmm…. Chicos, creo que no me gusta mucho estar aquí-.

El director me sonrió relajadamente, mientras abría un largo portón, que daba lugar a una vieja biblioteca. Mi boca estaba abierta al ver la cantidad de libros que había ahí, no creo que ni siquiera hubiera tantos en la biblioteca de la ciudad, bueno no es como si fuera muy seguido, pero esto era fabuloso. Si la casa estaba en mal, estado, la enorme habitación, seguro lo compensaba. Habían varios pisos que aunque no estaban iluminados, aún en la oscuridad se podía reconocer el esplendor del lugar.

En frente de la puerta, se alzaba el vitral más grande que había visto en mi vida, con un diseño tan complicado que tenían que mirarlo fijamente por unos instantes para distinguir las figuras, en el centro, la imagen de una joven, con un peinado muy parecido al mío, y una marca de una luna en su frente se distinguía en el centro de los cristales, en sus manos, sostenía lo que parecía un cristal plateado que iluminaba su rostro. Era hermosa. Una princesa, pensé. Lo sabía sin saber por qué.

-Serenity-. Susurró el director en mi oído.

Salté algo espantada, pero internamente, sabía que ese era su nombre.

-¿Puedo contarte una historia?-. Me dijo Ren a mi derecha. Asentí insegura

-Se dice que hace mucho tiempo existió un reino en la Luna, gobernado por una sabia mujer, cuya hija Serenity, era la adoración de su pueblo, era una joven hermosa e inocente, que contaba con 8 guardianas para salvaguardar su vida, sin embargo, estas guardianas eran tan incompetentes que no la pudieran proteger, y dejaron que su inocencia se viera rota al enamorarse su princesa del príncipe de la Tierra, aunque estaba predestinado que ese joven le haría destruir a su reino y a su gente, ellos siguieron amándose, pero al final, esto los condujo a la muerte. En una terrible guerra, el reino de la Luna, y el legendario cristal plateado se perdieron en el olvido, hasta que, un día, muchos años después, la joven princesa, renació para reclamar su tono y el poderoso cristal, pero para conseguir su máximo poder, ella debe de vengar la sangre derramada de los lunares, su pueblo, y erigirse como su Reina, al fin-.

Me dirigió una mirada penetrante muy significativa haciéndome tener escalofríos otra vez. Retrocedí unos pasos, pero algo duro me esperaba por atrás. El director estaba allí sonriéndome despreocupadamente. Quería salir de allí, había algo que no me gustaba.

-¿Te gustó la historia?-.

-Oh… si, es… bueno, yo… si creo que…-.

-No creas que es un invento literario cariño, en realidad es un texto traducido del arameo antiguo que el profesor MacLaggen rescató del vaticano hace algunos años. ¿Sabes, por muchos años, los lunares hemos caminado entre la tierra junto a los terrícolas, por ser este el último deseo de nuestra antigua reina Selene, condenados por siglos a encontrar a nuestra pequeña princesa perdida-. La figura de una luna plateada se formó en la frente de los dos hombres en frente de mi. Quería gritar pero no podía. –Y al fin, después de tantos años te hemos encontrado Serenity, a ti, nuestra salvadora, que se vengará de los terrícolas y de su príncipe por haber destruido el Imperio Lunar. Tú eres la princesa perdida-.

Mientras tanto Ren se sacó de su costoso saco, una rosa roja, tomó la cinta negra que amarraba su pelo y cuidadosamente le hizo un moño en el tallo. Por algún motivo estaba paralizada, no me podía mover, ni hablar, todo parecía tan surreal, pero aunque pareciera una locura, en mi corazón algo me gritaba que yo era la chica del vitral.

Tomó mi mano derecha gentilmente y le dio un beso en los nudillos, puso la rosa roja en mi palma y me susurró en el oído. –Te dije que volverías a mi, a nosotros-.

-¡Eh!, galán no te la robes-. Dijo el director, en un protector abraso, olvidando la seriedad y volviendo a actuar como un niño pequeño. Suspiró. -Lo sentimos mucho cariño, nosotros los lunares tenemos poderes, ¿cómo decirlo? Sobrenaturales, tal vez no los hayas descubierto, pero como la princesa, cuentas con una energía suprema inimaginable, y nosotros estamos aquí para enseñarte a usarla-.

-Estuvimos estudiándote por meses Serenity, y cuando nos dimos cuenta que las inútiles de las Sailor Scout y el funesto de Endymion seguían a tu lado, tuvimos que arreglar las cosas un poco, a través de unos cuantas pesadillas, sacamos la verdad en su corazón, sus deseos más oscuros, fue demasiado fácil, es un insulto que los protectores de la princesa sean tan débiles. También tuvimos que hacernos amigos tuyos, rescatándote de un pobre pervertido, pobre hombre, en sus cabales nunca hubiera hecho algo así, pero no tenía opción, una vez que un Lunar se mete en tu cabeza, no hay forma de luchar contra sus órdenes. Fue la perfecta excusa para rescatarte y hacer que confiaras en nosotros-.

-Y ahora, podrás convertirte en Reina-. Afirmó Ren con una mirada cariñosa, pero tan penetrante que me hizo revolver el estómago. Mi cerebro estaba en modo de alerta, busque alguna ruta de escape, pero no había nada muy alentador, si rompía el vitral, aun estábamos seis pisos sobre el suelo, solo quedaba la puerta. Pero aún si corría, ellos eran seguramente más rápidos que yo, no tardarían en alcanzarme.

El director me dio un beso en la mejilla y me dijo. –Buena suerte, yo se que las personas no lo creen cariño pero tu eres la persona más fuete que hay, tu puedes vengarnos, tu puedes matarlos. Me quedé allí, temblando, sin saber qué hacer.

Ambos hombres se adelantaron al centro de la habitación y el director alzó la voz, como si fuera un presentador de circo.

-¡Damas y Caballeros, hermanos Lunares, nuestra princesa ha regresado a nosotros!-.

De las sombras de la gran biblioteca, muchas sombras, se empezaron a materializar, de pronto todas las luces se encendieron y comprendí que no estábamos solos. En todos los pisos, en todas las cornisas, barandales y ventanales habían personas. Muchas personas, todas con la misma vestimenta, una capa negra, con capucha, un antifaz de cuero que cubría sus facciones, pero dejaba entrever la marca de una luna creciente dibujada en sus frentes. Tal vez podría haber cientos de personas en la habitación.

Se escuchó un rugido estruendoso. Todos empezaron a victoriar, a gritar y aclama por mi. Gritando mi nombre. Serenity.

Las luces se volvieron a apagar, y en toda la gran torre, se encendieron pequeñas antorchas en todo el lugar, dándole un aspecto más misterioso. La única luz que quedaba me iluminaba a mí, para que todos me pudieran ver, en cierta forma era como un teatro.

Ren se adelantó y alzó sus manos para acallar al público. Al parecer, estas dos personas tenían cierto rango en esta… sociedad secreta.

-El día de hoy, mis hermanos lunares, el día que la princesa nos vengara, estamos todos aquí presentes para ver surgir el Reino Lunar, que emergerá de entre las cenizas, para alzarse en todo su esplendor, y devolviéndonos el hogar al que tanto anhelamos regresar. Cuando mi bisabuelo, el profesor MacLaggen, descubrió que él mismo era un antiguo habitante de la Luna, se embarcó en una incansable búsqueda por encontrar a la princesa. Hoy ya han pasado muchos años, pero el sueño de mi abuelo de postrarse ante nuestra Señora, aún continua. Es por eso que se creó esta sociedad secreta, para ayudarnos a nosotros niños perdidos a volver a casa. También se que cuando la sangre sea cobrada, la princesa podrá traerlo de vuelta a la vida con su poderoso cristal, así como a todo aquel habitante de la luna que haya pisado este planeta, para rendirle pleitesía a nuestra nueva Reina-. Una ronda de corteses aplausos lo interrumpió por un momento, junto con algunos gritos entusiastas en varios idiomas, al parecer allí estaban reunidas personas de todo el mundo.

-Pero, para que las profecías sean cumplidas, Serenity, tiene que acabar con aquellos que nos destruyeron, a nosotros su fiel pueblo, y a su propio corazón, así que sin mas preámbulo, ¡Bajen a los prisioneros! torre de la biblioteca era tan alta que no se podía distinguir el techo, pero pronto, se pudieron ver un grupo de jaulas que descendían lentamente hacia mí.

Cada una, contenía, a varias chicas de mi escuela, las recordaba, Eran Amy, Mina, Lita, otra chica de pelo negro que siempre andaba con ellas. Una chica muy estilizada en saco y pantalones, que abrazaba protectoramente a otra joven de cabellos aguamarina, una niña de ojos violeta y pelo coro y una mujer de piel olivácea. Por último, un chico de cabello negro y ajos azul marino, alto y de complexión fuerte. Me sudaron las manos, era el chico más guapo que había visto en mi vida, pero lo peor es que me dirigía una mirada de odio que se me clavaba como dagas al corazón, al igual que todas las demás mujeres. Por un momento parecían como perros rabiosos dispuestos atacar.

Miré a mi alrededor, pero Akira y Ren, habían desaparecido, los localicé en uno de los pisos superiores, en un pequeño pedestal que los hacía ver como los líderes. Ambos se habían puesto capas negras como todos los demás, pero no llevaban ningún antifaz. ¿Cómo habían subido tan rápido?. Los miré sin comprender. Si yo era esta mística princesa, ¿a qué se referían con vengarlos? ¿con poderes supremos?. Miré nuevamente mis opciones de escape, pero con cientos de personas mirándome y otras 9 que tenían la pinta de querer matarme, mis probabilidades habían caído drásticamente.

-¿Qué?-. Alcancé a decirles a Ren y a Akira con una débil voz.

-Vénganos, defiéndete, sobrevive, mata-. Me respondió el director con una voz gutural. En sus manos, una gran espada plateada reflejaba la luz de las velas. La lanzó, y aterrizó a mis pies. Bueno, esto ya es algo.

Me di cuenta que los otros, que estaban encerrados en jaulas, también tenían una muy parecida en su poder. Tragué duro.

Sin estar preparada, las puertas se abrieron, y todos salieron a la vez con sus espadas en mano. Salí disparada, corriendo por la habitación. Tenía que pensar algo rápido.

En una de las paredes más cercanas, había un escritorio, el cual volqué, y usé para cubrirme como escudo, lo cual fue de gran ayuda cuando la espada de la chica rubia de pelo corto atravesó la madera a cinco centímetros de mi rostro. Esto no estaba pasando.

-No tengas miedo, confía en ti Serenity, eres más fuerte de lo que crees-. Gritó Ren desde su posición. Respiré profundo ignorando los retumbantes latidos de mi corazón, contra los golpeteos de 9 espadas contra el pequeño escritorio. De pronto, dentro de mi, algo se quebró, mi mano agarró el mango de la espada y mi cuerpo se irguió rápidamente. Brinque sobre la mesa y me abalancé sobre mis atacantes. Me encontré dando estocadas a diestra y siniestra como una experta, dando golpes y bloqueando las otras espadas. La multitud gritaba ensordecida. Dios mío, desde cuando yo, Serena Tsukino sabía esgrima, desde cuando yo, la chica que llevaba dos años reprobando su clase de deportes podía patear culos?. Mi cuerpo parecía poseído, era como si otra persona peleara por mí, alguien que sí sabía luchar. Serenity, se me vino a la mente.

Me encontré luchando con Amy y Mina a la vez. Sus ojos, irradiaban un vació de emociones y un odio indescriptible, si no hubiera sido por mis excelentes y nuevos reflejos, Mina me hubiera cortado la cabeza de tajo. Pero yo era más rápida, por alguna razón esto se sentía familiar, no el pelear con ellas, sino la sensación de la espada en mi mano. Era como una extensión de mi brazo. Girando el mango, las golpeé en la cabeza fuertemente, cayendo las dos en el piso inconscientes. De la misma manera, logré derribar a Lita y Rei que corrían furiosas en mi dirección, para dedicarme a mis otras 4 oponentes, que a juzgar por sus golpes eran más fuertes y ágiles, más cuando atacaban todas a la vez.

Sin embargo, su debilidad era su furia, que no las dejaba pensar fríamente. Aunque su técnica en la espada, no era muy buena, los movimientos de las chicas eran gatunos. Intercambié estocadas sin parar, mientras gotas de sudor empezaban a perlar mi frente.

Sin embargo me las arreglé para desarmar a la chica más joven, , empujarla, golpear a las dos chicas que parecían ser un equipo inseparable en la cabeza y derribar a la última, la más alta, de cabello largo y de un tono casi verde encima de sus compañeras.

Respiré difícilmente y contemple lo que había hecho. Miré mi espada y empecé a temblar otra vez, de miedo, por que no podía creer que yo hubiera hecho algo así y de emoción. Pero faltaba uno. El chico apuesto que se había quedado observando atrás todos mis movimientos, memorizándolos, buscando mis puntos débiles. Mi contrincante final.

Avanzó hacia mi, mirándome con desdén, pero con mucha más calma que los otros. Caminamos en círculos. Por un momento solo existíamos nosotros dos, y nuestras espadas. El sonido del público se bloqueó en mi mente y no escuchaba más que nuestros pasos deslizándose por el piso y el retumbar agitado de nuestro corazón. Debía dar el primer paso, pero por alguna razón mi mano no se alzaba, algo en mi me gritaba que no podía hacerle daño a este joven de ojos de un azul profundo.

De pronto corrió hacia mi, con un grito de guerra. Mi mano se levantó en automático, bloqueando su golpe, el metal, retumbó en mis huesos. El sí que era un buen espadachín. Lo que yo tenía en agilidad el lo tenía en fuerza. Las estocadas se encontraban en un ritmo acelerado, a centímetros de nuestro cuerpo. Sentí mi rostro mojado. Eran lágrimas. No quería pelear, no con él. ¿Pero por qué?, ¡el estaba intentando matarme!.

Seguimos intercambiando golpes por lo que me parecieron horas, hasta que ya no puede más, pues algo en mi, sabía que si le hacía daño este chico, me iba a morir por dentro, era tan fuerte, que no podía solamente desarmarlo, así que había solo dos opciones, mi muerte o la suya. Cruzamos espadas sobre nuestros pechos y me las arreglé para alejarlo de mí unos pasos. Entonces, tiré mi espada a un lado, lo miré fijamente y esperé mi muerte. Cerré los ojos para sentir el desgarre del metal contra mi piel, pero no llegó. Abrí los ojos, y vi al chico de rodillas temblando, se agarraba fuertemente su cabeza y me miraba suplicante. –Serena, mátame, no puedo soportar mucho tiempo-. Negué con mi cabeza, no sabía como sabía mi nombre, pero eso no importaba. Nuevas lágrimas se derramaron por mis mejillas. Me arrodille ante él y tomé la espada que había soltado junto a él. Se la puse en sus manos.

-No voy a acerté daño, así que me vas a tener que matar tu a mi, si quieres acabar con esto-. El chico me dedicó una mirada de dolor y una lágrima se asomó en su rostro.

-¡No!-. Gritó una voz, era Ren, que nos miraba alarmado junto al director. Alzó una mano y comenzó a murmurar palabras en un lenguaje incomprensible, con su palma extendida hacia el chico. Vi como sus ojos se oscurecieron y tomando la espada, me tiró en el suelo, apoyando el filo del mango sobre mi cuello. Luché, pero la fuerza de su cuerpo era demasiada.

-¡Matalo Serenity!, ¡Mata al príncipe de la Tierra, mata a Endymion!-. Gritó el director.

Miré los ojos del chico, que habían adquirido el vació y la furia de las otras chicas.

Pero aún así, su brazo temblaba, no atreviéndose a dar el golpe final.

Con su otra mano, me tomo por la solapa, y me aventó unos cuantos metros.

-¡No!, ¡No puedes controlarme!-. Gritó furioso. Tomando el mando de su espada, lo giró para sí, y se apuñalo a si mismo en el estómago. El metal lo atravesó fácilmente. Se mantuvo poco tiempo en pie, cayendo pesadamente al piso, entre un pequeño charco de sangre.

Grité de dolor, corrí hacia él y sostuve su rostro entre mis manos. -¿Por qué?-. Le susurré.

-Serena, yo nunca te haría daño, Te amo-. Me dijo con una débil sonrisa, casi de satisfacción antes de cerrar los ojos. Volví a gritar por pena y por furia. En ese momento, algo se rompió en mi mente y todos los recuerdos volvieron a mí. Endymion, Darien, las Sailor Scouts, su ataque. Como Ren había aparecido en mi cuarto y se había llevado mis recuerdos. Una furia indescriptible se apoderó de mi corazón y lo volteé a ver, tratando de clavarle puñales con mi mirada.

Dejé a Darien en el suelo y caminé hacia el centro de la habitación.

-Pagarás por esto-. Le dije lo suficientemente alto para que todos escucharan. Alcé mis manos y el cristal de plata se materializó ante mí, sentí como la suave tela de mi vestido blanco se deslizaba en mi cuerpo, y como un intenso calor se instalaba en mi frente revelando mi símbolo de realeza lunar. Alcancé a ver su rostro de miedo antes de que la luz del cristal se hiciera tan intensa que no pudiera ver nada más que el color blanco.

Hola, este es el capítulo final de mi historia, con la excepción de un Epílogo. Muchas gracias por leer, y por comentar. Son verdaderamente alentadores en momentos en que hace falta inspiración. Espero que esta historia les haya gustado tanto como a mi escribirla. Besos y Saludos!