Capítulo 11: Sentimientos desconocidos
El tiempo se pasó volando y para cuando había acordado la fiesta había terminado y sus compañeros se habían marchado. Había intentado disfrutarla, pero después de todo fue imposible teniendo en cuenta que lo que había sucedido con aquel muchacho no desaparecía de su mente.
—Gracias mamá, me animaste un poco con esto.
— ¿Acaso te sentías mal Kagome? —preguntó su madre luego de que ella la soltara del abrazo que acababa de darle.
—Solo un poco, es que…—su oración quedó incompleta, el timbre estaba sonando.
—Hola Higurashi.
— ¿Houjo? —Dijo algo sorprendida por ver aquel chico allí, aunque ahora que lo pensaba no lo había visto entre los que habían venido a saludarla.
—Lamento no haber llegado antes pero es que tuve que quedarme en la escuela a copiar algunas cosas—se disculpó el chico—Por cierto, feliz cumpleaños Higurashi.
Él le entregó una pequeña caja de color azul envuelta con un moño del mismo color, en la cual, cuando ella lo abrió, había un collar de plata del cual colgaba un pequeño dije rosa con forma de rombo.
—No te hubieras molestado Houjo…—no quería ni enterarse cuánto dinero habría gastado en aquello— Yo…no puedo aceptarlo…
—Por favor no te preocupes por eso Higurashi, me sentiría muy feliz si decidieras conservarlo— dijo el muchacho con algo de rubor en sus mejillas— Bueno, yo ya me voy, te deseo buenas noches Higurashi —él la saludó cordialmente y luego se marchó.
Ella decidió subir a darse un baño y luego, ya en su cuarto, se tiró sobre la cama y estuvo observando aquel colgante. Pensar en lo caro que quizás le había costado al chico regalárselo aún le molestaba, lo menos que podía hacer era usarlo, así que decidió que a partir de ese momento así lo haría.
Se le había olvidado comentarle a su madre que había recuperado la memoria, pero supuso que se daría cuenta sin necesidad de decirle algo.
Ya más tranquila, tras haber olvidado un poco el asunto que la había hecho regresar a su hogar, se durmió.
Dos días faltaban para que se cumpliera una semana desde que Kagome había decidido irse, y aún no daba señales de querer regresar.
Alrededor de una pequeña fogata, unas personas comían y debatían al mismo tiempo, ya que su amiga no había sido la única que se había marchado.
—Es extraño —dijo el niño mientras masticaba su porción— ¿Por qué Naraku desaparecería así de repente?
—No lo sé —agregó la mujer a su lado— ¿Creen que este planeando algo?
—Pues…ya se apoderó del fragmento de Shikon que teníamos así que me atrevería a decir que quizás no se va a dejar mostrar en un tiempo… —dijo el monje con actitud pensativa— ¿Tú que piensas Inuyasha? —Pero no obtuvo respuesta alguna del muchacho que miraba detenidamente el fuego— Inuyasha ¿acaso estás escuchando?
—Claro que sí —respondió él con sarcasmo —Oí claramente cada una de tus palabras
— ¿Y se puede saber por qué no me respondes entonces?
Silencio.
—Inuyasha…sé que debe afectarte mucho que la Sta. Kagome no esté aquí pero deberías tenernos más en consideración ¿sabes?
— ¡Cállate Miroku! ¡Ustedes no saben nada! —dijo él para luego salir de la cabaña, ante lo cual sus amigos suspiraron largamente.
— ¡Kagome!
Ella había decidido regresar, después de todo ya había pasado bastante tiempo en su época y las cosas con Inuyasha no mejorarían si no hablaba con él, por más que no quisiera hacerlo.
— ¡Shippo! —Exclamó ella atrapando al pequeño que se había lanzado a sus brazos— ¿Cómo has estado? Mira, te traje algunas golosinas —ella sacó una bolsa de caramelos del bolsillo de su mochila.
— ¡Gracias Kagome! —dijo él metiéndose varios dulces a la boca.
—Sta. Kagome, tanto tiempo sin verla ¿Se encuentra bien?
—Sí, gracias monje Miroku —viendo por arriba de su hombro pudo visualizar a su amiga agitando la mano en señal de saludo— ¡Sango! ¿Qué has estado haciendo?
—La verdad no mucho, las cosas han estado bastante aburridas aquí desde que te fuiste.
—Oigan ¿y en dónde está Inuyasha? —preguntó al notar su ausencia.
—Anoche se fue, y aún no ha vuelto —dijo Miroku— Y con el tema de que Naraku también desapareció anda de un humor de perros…
— ¿Naraku desapareció?
—Vamos Kagome, hablemos dentro de la cabaña —dijo Sango instándole a seguirla.
Estaba durmiendo profundamente, hasta que sintió que era sacudida levemente, y al abrir los ojos, aún estando medio dormida, pudo distinguir de quién se trataba.
— ¿Inuyasha?
—Kagome, quiero hablar contigo, vamos afuera.
—No quiero —ella negó volteando para no verlo.
Él se enojó ante su actitud y la obligó a levantarse agarrando uno de sus brazos, por lo que ella estuvo a punto de mandarlo al suelo más el híbrido la detuvo tapándole la boca rápidamente.
—No grites tonta, despertarás a los demás —ella lo miró con resentimiento, lo que le provocó un leve escalofrío— Será solo por un momento ¿podrías venir?
Ella cedió ante su mirada de súplica y, tras haberse zafado de su agarre, salió al exterior.
Se sentó en el pasto verde a contemplar las estrellas, algo lejos de la aldea, hasta que Inuyasha se sentó a su lado. Ninguno de los dos se atrevía a mirarse a los ojos, hasta que el hanyou se atrevió a romper el silencio
—Kagome…yo…de verdad no quise lastimarte.
—Sí, lo sé…no fue tu intención —dijo ella disimulando una sonrisa— Pero no eres el único que tiene que disculparse, yo también tengo que hacerlo —El decir esto dejó sorprendido al muchacho— Lamento haberte gritado de esa manera, sé que te debe haber dolido lo que te dije, pero es que…me sentía tan triste en ese momento que no pude evitarlo.
Ella escondió el rostro entre sus piernas, estaba llorando y no quería que Inuyasha la viera así
— ¿Kagome? — Él la llamó preocupado, había olido sus lágrimas, ella pareció no escucharlo por lo que se puso enfrente— Kagome, mírame…
— ¿Por qué siempre me haces esto? ¿Por qué siempre me tratas de esta manera? —dijo ella dejando ver su rostro empapado por agua salada.
—Kagome…—quiso decir algo, pero la voz no le salía, ya que no sabía cómo contestar a eso.
— ¿Lo ves? Ni siquiera eres capaz de contestarme seriamente —ella dejó de llorar— No entiendo como hice para soportar el dolor que me has estado causando desde que estoy contigo…soy una tonta por creer en cosas que nunca van a pasar.
— ¿De qué hablas Kagome?
—De nada —dijo ella desviando la mirada hacia un costado— Tú nunca lo entenderías.
— ¿Cómo quieres que lo entienda si no me dices de qué hablas?
—Ya no importa, olvídalo.
— ¡Dímelo Kagome! —dijo él acercándose más para que lo escuchara.
— ¡Te he dicho que…! —ella volteó a verlo enojada, pero en el momento en que lo hizo y dado que no se había dado cuenta de la cercanía del medio demonio, sus rostros chocaron provocando un leve roce entre sus labios.
El rubor no tardó en teñir sus mejillas y rápidamente se separaron, dándose la espalda inmediatamente, ya que ninguno de los dos podía verse a la cara debido a la vergüenza que los había invadido.
Inuyasha miraba el suelo como si fuera lo más interesante del mundo, lo que había sucedido lo había sorprendido, por más que haya sido un accidente los nervios no lo abandonaban y la sangre le palpitaba con fuerza.
Nunca se había sentido tan avergonzado en su vida, pero le molestaba aún más que la causa haya sido un estúpido beso, el cual, a pesar de que no quería admitirlo, le había causado un extraña pero placentera sensación
Por su parte a Kagome el corazón le latía a mil, aún no podía creer que había besado a Inuyasha, a pesar de que había sido sin querer.
Inconcientemente se llevó una mano a sus labios, aunque ya lo había hecho una vez, besarlo de nuevo le había hecho sentir mariposas en el estómago, sin mencionar que la única y primera vez que lo hizo había sido para evitar que él se transformase en un monstruo.
Cuando consiguió calmar los agitados latidos de su corazón, ella giró la cabeza para verlo, él seguía allí, no había escapado como usualmente lo haría, lo cual le extrañó un poco.
—Inuyasha… —ella intentó iniciar una conversación para romper lo tenso que estaba el ambiente, él le respondió con un leve murmullo sin sentido al escucharla llamándolo— Yo…lo lamento…no sabía que estabas ahí…
— ¡Keh! No es necesario que te disculpes Kagome, tampoco es que fuera algo tan importante —le respondió él cruzándose de brazos y tratando de parecer desinteresado.
Sin embargo eso solo causó que ella pensara que aquello no había significado nada para él, y todos los pensamientos de niña enamorada que circulaban por su mente se esfumaron.
Su cabeza retomó su antigua posición al frente, el flequillo tapó completamente sus ojos y una sonrisa melancólica se dibujó apenas en su rostro.
—Tienes razón…yo…mejor me voy… —ella se levantó dispuesta a irse pero no alcanzó a dar un paso que él, luego de haberse levantado rápidamente, la tomó de una de sus manos.
— ¿Adónde crees que vas Kagome? No hemos terminado de hablar.
—No hay nada más de qué hablar así que por favor suéltame Inuyasha.
Esto provocó que él se enojara, ¿es que acaso eso era lo que ella pensaba respecto a lo que acababa de pasar?
— Oye, ¡mírame cuando te estoy hablando! —él tiró de ella para que volteara, y al hacerlo encontró su rostro lleno de lágrimas por segunda vez, lo que provocó que la soltara, y que se diera cuenta de que otra vez se había pasado con sus palabras.
— ¿Qué pasa? ¿Qué no querías hablar?
Él no le respondió por lo que ella decidió irse, mas nuevamente fue retenida pero esta vez él la jaló, rodeándola entre sus brazos.
— ¿Pero que haces Inuyasha? —Dijo ella ante el repentino abrazo, intentó zafarse pero él no se lo permitió— ¡Suéltame!
—No quiero.
— ¡Que me sueltes te digo!
—Ya te he dicho que no quiero Kagome, y no pienso hacerlo hasta que terminemos de hablar.
— ¿Hablar? ¿Hablar de qué Inuyasha? ¡No necesito que me digas lo desagradable que fue que te besara por accidente!
—No seas tonta… —él la abrazo aún más fuerte— Yo nunca diría algo como eso…
—Inuyasha…
—Además…me sentí extraño…la verdad es que hace un tiempo que me viene sucediendo pero no puedo llegar a comprender que es lo que siento ¿acaso tú lo sabes Kagome? —Ella levantó la vista para mirarlo— ¿El por qué me siento así cada vez que estoy contigo?
—Yo…—ella desvió la mirada— Lo siento…pero no es algo que pueda responderte…
De nada serviría que te lo dijera si realmente no es lo mismo que yo pienso…
—Oye…Kagome…—ante su llamado volvió a mirarle y grande fue su sorpresa cuando él acortó la distancia entre ellos y la besó.
No fue capaz de reaccionar ante lo que estaba sucediendo, debía ser un sueño…uno del que le gustaría no despertar nunca…pero parecía tan real…
Él por alguna razón de la que aún dudaba se sintió feliz cuando ella le correspondió, así que tomó delicadamente su rostro y lo acercó más a él para profundizar el beso.
Luego de unos segundos se separaron y se miraron fijamente a los ojos, lo que provocó que sus mejillas se tiñeran de rojo por lo que acababa de pasar.
Ella no pudo aguantar más la tensión y apenada, dirigió su vista hacia el suelo.
— ¿Por qué…hiciste eso Inuyasha?
Necesitaba saberlo, no quería hacerse ilusiones pero aquello le había dado esperanzas, aunque probablemente resultaría en vano.
—Yo…no lo sé…—Y no se equivocó…— No estoy seguro…solo sentí que debía hacerlo…
—Ya veo…—ni sabía por qué se había molestado en pensar que quizás algo bueno sucedería— Si eso es lo que piensas ya no tengo nada que hacer aquí…
—Pero…lo que si sé es que solo puede ser contigo…—su corazón volvió a latir al escuchar aquellas palabras— Ya que con Kikyou nunca experimenté algo así…
Tuvo que mencionarla, siempre tenía que hacerlo, ¿por qué siempre se empeñaba en compararla con ella? ¿Por qué siempre la destrozaba de esa manera?
— ¿Por qué? ¿Por qué siempre me comparas con ella?
— ¿Kagome? —él se separó de ella para verla mejor, pero el flequillo ocultaba sus ojos.
—Seguramente me besaste porque me veo como ella ¿no es así?
— ¿Eh? —su pregunta le sorprendió pero después entendió que ella nuevamente había malinterpretado sus palabras— Te equivocas Kagome, yo no…
— ¡Cállate! No quiero oír tus excusas…lamento decírtelo pero yo no soy ella…
— ¡Kagome escúchame!
— ¡Abajo!
—Kagome… —dijo él intentando liberarse del conjuro sin mucho éxito— ¿¡Por qué lo hiciste!?
—Abajo —él volvió a caer estrepitosamente, y cuando logró despegar la cara del suelo vio en sus ojos tristeza y resentimiento— No vuelvas a dirigirme la palabra a menos que sea necesario…porque yo ya no lo haré… ¿entendiste…Inuyasha?
Esas frías palabras fueron como veneno para él, el pecho empezó a dolerle horriblemente.
Ella le dio la espalda y empezó a caminar de regreso a la aldea, él la llamó muchas veces pero ella no volteó a verlo ni mucho menos volvió sobre sus pasos.
Se levantó sin muchas fuerzas viendo como se perdía en la distancia, y al igual que ella se fue, pero en dirección contraria, encaminándose hacia el bosque, al único lugar donde podría estar solo…y donde quizás podría dejar de pensar en los sentimientos que en ese momento lo invadían…
Bueno, hace mucho no actualizo así que por eso les pido mis más sinceras disculpas... ya que es todo mi culpa porque estoy más metida en mi otro fic (Ruby Eyes) que en este xD
Y respondiendo las reviews que tienen la amabilidad de dejarme nwn...
A Marlene Vasquez: sí, como todo buen perro es sabido eso xD
A elianamz-bv: eso hago...de alguna forma así que gracias por tu apoyo!
A gaby: te lo agradezco mucho nwn
A lem0n-chan: gracias por tus bellas palabras, lo intentaré (espero no meterme demasiado en el otro fic xD) Saludos a ti también
A Guest: muchas gracias! Lo intentaré!
Muchas gracias a todas por leer, y disculpen nuevamente por demorarme tanto en actualizar...por favor no me maten xD
