Considero que hacía falta dedicar un capítulo entero para esto, y que espero que no os desagrade porque se centre todo en una escena, ya habrán más y mejores, supongo :) Como siempre os digo, no desesperéis si véis que no actualizo, tengo otras cosas entre manos y más fics aparte de este, nunca dejaría colgado ningún fic sin avisar, tranquilxs. Espero que la espera haya merecido algo la pena y que os guste tanto como me ha gustado a mí escribirlo. Muchos besos a todxs! Gracias por seguir aquí siempre xoxo.
PD: Este capítulo se lo dedico a alguien especial que cumplió años el otro día y a la que quiero muchito. ¡FELICIDADES ILYAN, MI AMOR, ESPERO QUE TE GUSTE ESTE REGALO! AJAJJAJAJAAJ
PD 2: Podéis dejar review, que yo os leo y os respondo cuando puedo :*
Capítulo 11. "A la tercera va la vencida"
Detrás de la puerta corrediza que Rick se había encargado de correr con suma discreción no se escuchaba más que las vibraciones de la música que emanaban los altavoces. El efecto era muy parecido al de estar dentro de una especie de submarino, alejados de la civilización y al mismo tiempo rozándola. Sin embargo la mano del escritor era firme y no la dejaba soltarse en ningún momento, ni siquiera cuando habían girado a la izquierda en ese pasillo que ella conocía bien porque tenía uno igual en su propio apartamento. Apenas había reguladores de luz atornillados en las paredes, probablemente a propósito, pero el ambiente parecía mucho más sofocante si las luces estaban atenuadas y ellos eran dos sombras misteriosas fundiéndose una y otra vez.
-Oye, Pocahontas.-Rick tiró de ella hacia el interior del baño mientras se mordía el labio inferior con picardía. Seguía inmensamente fascinado con el vestido de la policía, sobre todo por las sandalias de tacón y lo corta que era su falda.-¿Te apetece que conquiste tu tierra?-Kate se rio, divertida al ver que sus comentarios no eran más que una broma muy intencionada por lo que iba a suceder.
Ésta, sin necesidad de tener permiso, cerró la puerta con el tacón y se aseguró de que nadie pudiese abrirla desde fuera. Por suerte Rick mantenía un pestillo horizontal en el costado de la madera, y no había decidido cambiarlo por otro más moderno. Las luces allí dentro continuaban siendo atenuadas, se había fijado en el regulador que había manipulado el escritor hasta encontrar la luz perfecta para ellos, ni muy oscura ni muy cegadora. De modo que ahora se encontraban de pie, el uno a escasos centímetros del otro mirándose de una forma tan profunda que daba miedo.
-Por mucho que quisieses conquistar-Kate le empujó con la palma de la mano abierta, justo en su pecho-sabes perfectamente que aquí soy yo la que deja que lo hagas o la que te deja en el intento.-alzó una ceja, insinuante, y volvió a empujarlo de manera que su cuerpo cayese contra la taza del inodoro.
Rick la miraba con el corazón desbocado, sin saber muy bien dónde apoyarse y con los labios ardiendo. Las luces amarillentas convertían el espectacular cuerpo de la chica en un baile de sombras sensuales a juego con sus movimientos decisivos, controladores. Sus manos se restregaban contra las calzas, esperando a que ella se acercase para poder tocarla, pero ese momento se estaba haciendo mucho de rogar.
Kate deslizaba los dedos a lo largo del traje. Apretaba sus pechos encima de la tela con las palmas de sus manos abiertas, los movía hacia arriba y hacia abajo con una lentitud arrebatadora y por si eso no fuese suficiente para provocar un paro cardiaco en el pecho del escritor, tocaba sus pezones por fuera con la intención de excitarlos y marcarlos. Así él era consciente de que no llevaba sujetador. Se relamió los labios, a los que casi ya no les quedaba restos del pintalabios que había llevado y que Rick se había encargado de borrar con su boca.
-Entonces…-avanzó sobre sus tacones, poco a poco.-Habías dicho que con un beso conseguía todo, ¿no?
El escritor tragó saliva con dificultad al mismo tiempo que su cabeza hacía un esfuerzo enorme por asentir. Tenía la vista clavada en sus pechos, redondos y listos pegándose al vestido color canela. Dios, si apenas le faltaba un poco para romper las calzas con la terrible erección que estaba formándose en su pierna. Nunca se había sentido tan inexperto delante de una mujer.
-Mírame.-musitó la policía. Cuando él subió más la cabeza en su dirección, ella avanzó hasta quedarse entre sus piernas abiertas. Si no hubiese estado mirándola, su cabeza habría quedado a la altura de sus pechos, más o menos. Observó cómo esa pequeña distancia que les separaba estremecía al hombre de pies a cabeza.-Ya no te veo tan gracioso, ¿te impongo?-bromeó ella.
-Me pones, simplemente.-él carraspeó. Tenía que conseguir esa seguridad tan característica de su forma de ser y que Kate le hacía perder la mayoría de veces.- ¿O no ves lo cachondo que me estás poniendo?-señaló con un movimiento de ojos casi imperceptible la tela de las calzas, abultada en la parte que correspondía al miembro de Rick.
-Eres muy fácil.-la policía ladeó la cabeza. Sus trenzas se balancearon por su pecho y espalda, traviesas. A pesar de todo no comprendía de dónde salía ese poder que ejercía sobre el escritor. Cierto era que se manejaba muy bien con los hombres, y que pocas veces le gustaba que le diesen órdenes, no obstante con Rick era mucho más excitante. Era un tira y afloja del que nunca se cansaba.
-¿Fácil?-se rio en voz baja, con el dedo pulgar acariciando su labio inferior. Inspiró con fuerza por la nariz. De esta manera recogía las fuerzas que necesitaría para lo que quería hacer. En un par de segundos colocó sus manos en la base de su culo, justo en sus nalgas y tiró de ella hacia adelante. Fue un movimiento tan limpio que Kate terminó sentada encima de él sin ningún rasguño, y con la respiración alterada.-Hace dos minutos te tenía tocándome el paquete, más caliente que una olla express y deseando que viniésemos aquí para terminar.-repasó el rostro ya no tan seguro de la chica. El maquillaje seguía en su sitio, sus trenzas en paralelo cayendo por sus dos hombros, y la cinta que atravesaba su frente le daba un aspecto más inocente del que nunca conseguiría tener vistiendo un vestido tan sexy.
-La diferencia es que a mí no se me notan tanto esas ganas.-pasó los brazos por detrás de la nuca del escritor. La sensación de sentir sus enormes manos apretando una y otra vez sus nalgas se le antojaba demasiado electrizante, por no hablar de cómo le besaba el cuello o cómo absorbía su piel. Comenzó a arrastrar la cintura hacia adelante y hacia atrás, con una lentitud mortífera, de modo que sus sexos se acariciasen por encima de las telas que los separaban. Cada vez que la erección de Rick tocaba la parte correspondiente a su clítoris, ella gemía contra su boca.
Se deleitaban en medio de la oscuridad, con besos húmedos que ocultaban sonrisas, susurros excitados y vaivenes de manos que no sabían dónde posarse. Rick terminó de deshacer sus trenzas con una de sus manos, porque con la otra no dejaba de apretarle el trasero contra su entrepierna. Le gustaban sus trenzas, de eso no cabía duda, y de haber estado en otro momento, en otra postura y en otras condiciones, no le habría preocupado tirar de ellas mientras disfrutaban una buena tanda de sexo salvaje. Sin embargo su cuerpo no se movía con ganas de hacérselo con fuerza una y otra vez, sino que el juego de besos que se traían entre manos era más suave, más pasional y más caliente. Internó los dedos entre los mechones castaños de su pelo hasta tocar el cuero cabelludo de la chica y lo masajeó con suavidad.
-¿Estás segura de que no quieres hacerlo?
Le aprisionó las mejillas con la mano, de manera que la cabeza de la policía quedó sujeta con firmeza, sin libertad de movimiento. Sus labios se pronunciaron hacia adelante gracias al agarre del escritor, y éste no pudo evitar mirarlos durante unos segundos demasiado largos. Un color marrón arena los cubría, pero en resaltos mate, sin brillo. Estaba muy desgastado por los besos que ya se habían dado en lo que llevaban juntos y aun así continuaban dándole color.
-No quiero que la primera vez que follemos sea en un baño.-sentenció ella acercando su boca a la de Rick.
Se besaron en silencio, todavía con el eco de la música como testigo en la pequeña habitación. Los labios del escritor eran blandos, apetecibles, y su lengua nunca descansaba tanteando el interior de su boca. Besaba muy bien, tanto que podría ser un pecado. Volvieron a separarse.
-¿Te importan las primeras veces?-musitó Rick contra la piel de su cuello. Ya no se tocaban con ansiedad, con ganas de aferrar algo y no soltarlo, sino todo lo contrario, se estaban dejando embelesar por la cercanía del otro. La chica siempre envolvía una fragancia parecida a la de las cerezas, intensa. Su sabor era mucho mejor que cualquier olor.
-Soy de las que piensa que hay muchas primeras veces en la vida como para desperdiciarlas todas pensando que habrán más.-sonrió con picardía mientras sus labios tiraban de la oreja de Rick. Casi podía notar su erección vibrando bajo su entrepierna, por no hablar de las vibraciones de su cuerpo con las mínimas sensaciones.
-No me perdonaría olvidar esto nunca.-se miraron, en parte porque a Kate le sorprendió el comentario, y en parte porque Rick no pensaba que diría eso en ese instante. Los dos estaban convencidos de que el otro apenas se interesaba por esos detalles tan nimios, que estaban rodeados de tantas personas con las que compartirlos que no necesitaban hacer especial un calentón. Pero se equivocaban. Ellos no miraban a nadie más de la misma manera que cómo se miraban entre sí.
Kate bailó con la lengua del escritor por décima vez dentro de su boca, completamente centrada en deshacerse de su ropa lo más rápido posible. Tanteó la casaca, buscando el cierre. Rick, a sus espaldas estaba embarcado en la misma misión, solo que con su vestido.
-La cremallera está en la nuca.-siseó la policía, complacida con las vistas del torso de Rick desnudo delante de sus ojos. Le pasó la prenda por los hombros hasta dejarla caer en el suelo con suavidad. Continuaba fascinándole la piel tan blanca que tenía, y lo hizo más cuando él consiguió alcanzar la cremallera del vestido y la bajó hasta la altura de su ombligo. El contraste era bastante impresionante.
-Me gusta mucho tu piel.-susurró Rick haciendo caso omiso a sus pechos, indefensos frente a él y excitados a más no poder. Ella gimió en voz baja. El aliento ardiente del escritor erizaba cualquier tramo de su cuerpo que alcanzase, pero estaba ocupado en dejar suaves besos en sus hombros. Apretó sus bíceps, sin importar si sus uñas le herían, cuando él subió el extremo de su falda hacia arriba, hasta que solo fuese una línea de ropa arrugada fija entre su vientre y sus piernas.
-No sé cómo tomarme eso.-rio ella. Se lamió el labio inferior. Los minutos pasaban muy rápido mientras estaban allí dentro y todavía era incapaz de explicar qué le había llevado a hacer lo que estaba haciendo. Sentada medio desnuda encima de su vecino, al que odiaba hacía apenas unas semanas y que, por lo visto, estaba bien dotado en todos los sentidos.
-Dios, Kate.-jadeó Rick tocando por primera vez sus pechos con las dos manos. Su excitación era visible en cualquier aspecto de su anatomía. Su respiración era repetida, sin poder hinchar bien sus pulmones, y su cintura no dejaba de alzarse en busca de algo contra lo que rozarse. Estar tocándola de esa manera no ayudaba en ningún sentido a su situación.-Eres demasiado para mí.
La risa de la chica se le antojó como celestial. Se movía encima de su paquete, con intenciones claras, sin embargo nunca hubiese imaginado que se atrevería a coger el bajo de sus pantalones con decisión y los bajaría hasta hacerse con lo que quería.
Kate arqueó la espalda al sentir los dedos del escritor retorciendo sus pezones con malicia. Todo a su alrededor ardía, y ahora que tenía agarrada la erección del escritor, apenas podía disimular lo mucho que le gustaba su tamaño y grosor. Estaba dura, de eso no cabía duda. Su glande parecía a punto de estallar, casi morado por la concentración de sangre que estaba soportando, lo escuchó detenerse con una tensión extraña invadiendo sus músculos una vez su mano empezó a subir y bajar a lo largo de su miembro.
-¿Te gusta?-Rick le robó un nuevo beso húmedo. Un beso en el que su lengua lamió la suya y después se ocupó de repasar los labios excitados de la chica. Por mucho que sus movimientos fuesen rudos, sobre todo los de la policía en su erección, sus besos expresaban todo lo contrario. Si hubiesen negado que no se besaban con un cariño oculto, no les habrían creído.
-Tócame.-le ordenó ella con una mirada oscura. Rick, acostumbrado a los ojos casi verdes de su vecina se endureció más si eso era posible al ver un tono mucho más sombrío en ellos. Como si se tratase de un alumno en una clase magistral, obedeció sin oponer resistencia y dejó que una de sus manos continuase apretando su pecho al mismo tiempo que la otra apartaba el tanga.
Su mandíbula no podía dejar de cerrarse con presión, le era imposible concentrarse si ella jugaba con esa maestría tan inesperada. Le enloquecía cada vez que echaba la cabeza hacia atrás, intentando aguantar los gemidos que sus propios dedos provocaban cada vez que entraban en ella y salían con fuerza. Había comprendido que el punto clave estaba en el centro de sus piernas, y que cada vez que lo rozaba o se enfrentaba a él, ella incrementaba el ritmo de su mano masturbándolo.
-Más.-jadeó la policía abriendo las piernas un poco más. Tiró del pelo de Rick, del poco que podía aferrarse puesto que él siempre lo tenía corto por los lados y un tanto más largo por arriba. Éste hizo todo lo contrario, disminuyó la velocidad hasta que solo su palma acariciaba apenas su clítoris hinchado.
-Levanta.-Rick dejó sus manos a los lados de la cintura de la policía, sin intenciones de seguir con el trabajo. Gimió en voz alta, ronco de placer, puesto que Kate no tenía intención de soltarle, a diferencia de él. Rodeó su glande con el pulgar con una lentitud ardiente, y a continuación vertió un poco de su saliva para que sirviese de lubricante.-Kate, en serio, levanta.-añadió estrangulado por las sensaciones que se amontonaban en su garganta.
Sentía cada centímetro de su miembro colmarse de placer por los movimientos que proporcionaban la mano de Kate, por sus caricias, por como la piel sobrante de su dureza resbalaba a lo largo de toda su erección.
-¿Para qué quieres que me levante?-susurró ella, desorientada.
-Cuando lo hagas lo sabrás.-la aludida le miró una vez más, desconfiando por si la dejaba a medias en una situación como la que se encontraban. Él le guiñó uno de sus ojos azules, y tras centrarse bien en su rostro fue consciente del calor que debía de hacer en ese baño. El escritor tenía las mejillas teñidas de rojo y la piel perlada en sudor. Se puso en pie como pudo, sosteniéndose en sus tacones que ya había olvidado y le miró desde arriba, expectante.
Su vecino se arrastró hasta quedar sentado en la esquina más cercana a Kate, justo pegado a su vientre. Entrecerró los ojos, incapaz de creer lo que estaba viendo. Justo en la cadera de la chica, en el principio de la ingle derecha tenía un tatuaje diminuto pero que representaba perfectamente la silueta de una mariposa azul.
-¿Tienes un tatuaje?
-Sí.-le sonrió ella.
-Sexy.-bufó él.
Volvió a cogerla por las nalgas, solo para acercarla todo lo posible a su boca y comenzó a dejar besos a lo largo de su vientre. Lamió, mordió y beso, todo en una, a su propio ritmo. Kate abrió un poco más las piernas viendo dónde llegaría eso, algo que todavía no creía. Lo próximo que sintió fue que sus bragas desaparecían de sus piernas y que, automáticamente, los labios de su vecino dejaban besos castos en su sexo.
-Mmmm.-se mordió el labio inferior. Ya no sabía dónde poner las manos, si en su pelo o en sus hombros, solo quería tirarse al suelo. Las piernas no le aguantarían mucho en el momento de correrse, lo sabía por experiencia, sin embargo estaba dispuesta a arriesgarse a caer si él seguía haciendo esas cosas con la lengua.
De repente notaba mucho más el calor asfixiante de la habitación, y casualmente se concentraba entre sus piernas, con potencia. Sacudió la cabeza con la finalidad de que su pelo se echase hacia atrás y no cayese por su cara, no le apetecía agobiarse con más calor innecesario.
Rick paseaba su boca a lo largo del sexo de Kate. Estaba húmeda, sus dedos lo notaban cada vez que intervenían y la masturbaban, acercándola al clímax que tanto ansiaba y que él no tardaría en proporcionarle. Sus paredes vaginales le atrapaban cuando incrementaba el ritmo u añadía un dedo más al mismo tiempo que su lengua vibraba contra su clítoris, sin descanso. No sabían quién de los dos estaba más impactado, si ella por lo que él hacía o él porque nunca hubiese pensado que esa noche triunfaría tanto con ella.
-Rick.-gimió ella en voz baja, estática. Sus piernas estaban actuando por su cuenta, temblando como un terremoto de alta magnitud. La cumbre del orgasmo estaba cada vez más y más cerca. Su sexo ardía como nunca lo había hecho, la boca del escritor era toda una experta en hacer eso, porque si no, no se explicaba la rapidez con la que la estaba llevando al paraíso.-Oh, joder.-harta de aguantar le tiró del pelo y le apretó más contra su sexo, algo que solo aumentó la lívido de su vecino, quién mientras la excitaba había estado proporcionándose placer a sí mismo con la mano restante.
Aprisionó su clítoris con los dientes, sin llegar a hacerle daño. Sus dedos habían dejado de hacer pequeños parones, ahora solo entraban y salían con fuerza, curvados para tocar el punto que toda mujer deseaba. Los jadeos de Kate habían dejado de ser bajos y se habían convertido en puros gemidos sin escapatoria. La mente de la policía ya no estaba unida a su cabeza, se había despegado junto al orgasmo que los labios de Rick absorbiendo su piel habían provocado. Su cuerpo estaba experimentando una sensación gloriosa a la que ya estaba acostumbrada, pero mucho más distinta. No sabía cómo era el sexo con Richard Castle, pero ese pequeño adelanto le aseguraba que tenía que probarlo cuanto antes por su salud.
Le sorprendió que él no se apartase en ningún momento, sino que fuese dejando besos castos alrededor de su piel extasiada, y que a continuación colocase su tanga de nuevo para que ella no tuviese que molestarse en hacerlo.
-Espero haber estado a la altura de tu amigo.-bromeó el escritor levantándose como si no tuviese una erección prieta en las calzas del disfraz. Kate observó rastros de su propia excitación brillar bajo la tenue luz del baño en su boca, algo muy sexy bajo su punto de vista.
Se materializó a su lado cuando él intentaba agacharse para coger la casaca y volver a ponérsela. Apenas podía andar bien porque el orgasmo continuaba haciendo efecto por sus terminales nerviosas, no obstante consiguió que tirase la casaca mientras ella asaltaba su boca con nuevo besos, renovados y voraces. Connor solía darle cariño cuando terminaban de tener sexo, o cuando pasaban la tarde juntos y se dedicaban a darse besos, abrazos y reír. Era algo que consideraba normal, al menos hasta que Rick la estrechó entre sus brazos cuando ella estaba besándole. Hasta que sus manos se movieron a lo largo de su espalda todavía desnuda y le proporcionaron un sentimiento que no había experimentado hasta entonces.
-Ahora me toca a mí.-Rick le mordió el labio sin poder resistirse a la imagen de verla tan excitada. Se dejó hacer en todo momento, aunque lo que más le gustó fue el momento en el que ella comenzó a descender a lo largo de su pecho. Cuando sus labios viajaron de su esternón hasta su bajo vientre. Para entonces Kate le había empujado contra la pared y ella ya estaba arrodillada, con su erección de nuevo entre sus dedos a punto de entrar en contacto con su boca. No era la primera vez que alguien le practicaba sexo oral, ni tampoco sería la última, pero podía decir con toda certeza que en la vida había disfrutado tanto como lo estaba haciendo en ese instante.
La boca de la policía era sublime, increíble. Sabía dónde debía ejercer presión con los dientes para hacerle gruñir, sabía dónde tenía que morder con delicadeza y cómo jugar con su éxtasis sin dejarle ir del todo. Inconscientemente agarró parte de su melena con el puño, sin provocarle ninguna queja relacionada con el dolor, y marcó su propio ritmo tirando de ella.
A Kate no le gustaba que la manejasen a la hora de hacer lo que estaba haciendo, de hecho los hombres con los que había estado solían hacerlo hasta que ella les detenía con brusquedad, suponía que era una clase de instinto humano, como el que había tenido ella con él hacía apenas unos minutos. En cambio, esa vez fue diferente. No sabía bien si se debía a que Rick no parecía cogerla con rudeza, con ganas de controlar la situación, sino para hacerle sentir a ella un poco de placer. De esa manera ella era consciente de que él estaba más que sometido.
Se metió de lleno su erección en la boca, haciendo que su glande casi rozase su garganta y tras sacarla, le dedicó una mirada ardiente desde abajo. Rick terminó de deshacerse con esa mirada, con la pasión que ocultaba y el erotismo que desprendían sus ojos pardos. Eso, mezclado con la lengua de Kate que no dejaba de lamer su miembro, estaba ocasionando un choque de placer en su entrepierna.
-Vale, para, para.-le susurró haciéndose él mismo cargo de los segundos que terminarían en gloria en su mano. No quería que Kate tuviese que hacer más de lo que había hecho, ni mucho menos mancharse con su semen.
Ésta se incorporó como si nada, sin dejar de mirar la mano de su vecino masturbándose a sí mismo para terminar de correrse. Rick era consciente de que tenía público, y de que a pesar de que era un tanto turbio, le excitaba el doble de lo que estaba. Se mordió el labio inferior con fuerza, reteniendo en su boca el orgasmo que acababa de experimentar su cuerpo, y dejó que su eyaculación se exteriorizase y culminase en su mano.
La policía observó con atención cómo él consiguió un poco de papel higiénico con el que limpiar los restos que habían salpicado sus calzas inevitablemente. Al cruzar una mirada con el espejo en el que Rick justamente se estaba mirando, y mediante el cual también la había mirado a ella con una sonrisa divertida, fue consciente de que seguía casi desnuda a no ser por el tanga.
-Me gusta más la Pocahontas barra estrella porno que eres ahora.-rio él mojándose la cara con agua. La aludida se acercó a él, con las mismas intenciones. Tenía el maquillaje corrido y perlado por el sudor del momento.
-Suficiente porno has tenido hoy conmigo.-le sonrió ella mientras intentaba ajustar el vestido en su cuerpo. Evitó el brillo tan especial que desprendían sus ojos cuando se miró más de cerca en el espejo, porque negaba que se debiese a Rick, por supuesto.
-Nos proponemos complacer.-esta vez sí que consiguió coger la casaca del suelo y abotonarla poco a poco. Kate se estaba colocando bien el pelo para cuando él había terminado de arreglar su propio disfraz.
-Eso está más que claro.
-¿Te ha gustado?-pasó un brazo detrás de su cintura, atrayéndola hacia su cuerpo sin poder remediarlo, pero tampoco quería hacerlo.
Kate, al igual que él, se dejó hacer para sorpresa de los dos y se sujetó en sus bíceps.
-Nunca pensé que diría esto…
-Pero sí.-terminó él por ella acariciándole la nariz con la suya. La policía sintió una oleada sentimental en su pecho, como si estuviese de repente en casa, con alguien que conocía de toda la vida.-Tenías que haberme hecho caso antes, y eso que no te he mostrado lo mejor de mí.
-Tal vez la próxima vez.-le susurró a los labios, sin llegar a tocarlos.
Él se arriesgó, besándolos uno por uno, fascinado por su belleza, por el momento y por lo que acababan de hacer.
-¿Habrá otra?
Y, como había hecho la vez que él le había preguntado si acudiría a la fiesta en la que se encontraban, respondió con la misma frase y una sonrisa enigmática:
-Tal vez.
Entonces se deshizo de sus brazos, corrió el pestillo del baño sin dejar de mirarle y desapareció de allí con la sensación de saber que volvería muy pronto.
