Capitulo 11.
Habían pasado dos meses desde aquella noche en la cabaña en la que Delly le había confesado a Peeta que estaba embarazada. Ahora Peeta y Delly estaban comprometidos, y a unas cuantas semanas de casarse. Delly no quería que se le notara el embarazo antes de estar casados, el qué dirán podía ser muy importante algunas veces para ella.
Pero Peeta no dejaba de pensar en Katniss, en su última noche, juntos y en la falta que le hacía. Como antes, Peeta sólo la veía todos los viernes cuando recogía a sus hijas, y los lunes cuando las dejaba en la escuela.
Peeta resopló un poco, odiaba aquella situación, pero ahora que había asimilado la idea de que sería de papá de nuevo (aunque fuese con Delly) se sentía emocionado. Aunque notaba una diferencia entre Delly y Katniss, en sus primeros meses de embarazo, Katniss a penas y podía moverse sin sentir nauseas de inmediato, acariciaba su vientre con cariño y se le notaba la añoranza en los ojos, mientras que Delly se movía como si nada, todos los días en cuanto Peeta se despertaba, Delly ya estaba arreglada y a punto de salir a comer con su futura suegra, Peeta se veía tentado en seguirla, pero después de considerarlo se consideraba terriblemente paranoico.
Esa noche la familia de Delly conocería a la familia de Peeta, era una cena de compromiso y Peeta tenía miedo de llamar a Finnick.
-¿Hola?
-Hola Finnick.
-Ahh ¡Peeta, eres tú! ¿Está todo bien?
-Sí, esta… todo bien.
-Te escuchas un tanto extraño ¿están todos bien? ¿Tus hijas? ¿Delly? ¿Katniss?
La respiración de Peeta se volvió pesada al escuchar el nombre de Katniss
-Finnick, voy a casarme-Se produjo un silencio seco, un terrible y doloroso silencio para Peeta. –Finnick ¿sigues ahí?
-¿Con quién? –preguntó Finnick, aunque el supiera la respuesta, en su tono de voz se distinguía el miedo por la respuesta de Peeta.
-Con Delly.
-¡Mierda Peeta!-gritó Finnick del otro lado del teléfono -¿Por qué? ¿Qué pasa con Katniss? ¿No la amas?
-¡Dios Finnick! Claro que la amo, tú lo sabes, ella lo sabe, todos lo saben, pero ella ya no quiere estar conmigo, y yo ya estoy harto de rogar. No puedo rogar más Finnick.
Peeta sentía que estaba a punto de llorar, pero Delly entró de pronto.
-Vamos Peeta, tenemos que pasar por tus hijas.
Desde que Peeta y Delly habían regresado, Delly había comenzado a hablar de Rue y Prim de manera despectiva, algunas veces decía cosas como "Nosotros no le pondremos nombres ridículos a nuestro hijo" Peeta se había cansado de pelear, por lo que ya nunca decía nada.
-Tengo que irme Finnick, hablamos más tarde –Peeta colgó el teléfono. –Cuando nos casemos, serán nuestras hijas Delly, nuestras.
Delly puso los ojos en blanco y se abrochó las correas de los enormes zapatos de tacón. Peeta la miró sorprendido, no podía imaginar a Katniss estando embarazada y caminando con unos zapatos así. Sacudió la cabeza, sabía que debía de dejar de compararlas, las mujeres se manejaban a su propia manera durante el embarazo, tal vez a Delly se le daba bien.
-No vas a invitar a Frank ¿no?
-¿Frank?
-Tu amigo el del lago, con el que estabas hablando
-Finnick.
-Como sea, no lo quiero en mi boda.
Peeta soltó una pequeña risita de hastío.
-Delly, es mi mejor amigo, claro que estará en mi boda –dijo Peeta, apenas despegando los dientes.
-Pero también es el mejor amigo de Katniss, no quiero nada que tenga que ver con ella en mi boda.
Peeta se puso de pie enojado, se acercó peligrosamente hacia Delly, haciéndola retroceder.
-Entonces ¿no quieres a mis hijas en la boda?
-Sabes de lo que estoy hablando –balbuceó Delly.
-Mejor cállate y vámonos.
Delly lo miró boquiabierta, mientras Peeta sentía que la bestia que él pensaba había enterrado, comenzaba a resurgir en su pecho. No sabía si lo hacía intencionalmente para que Delly lo dejará, o si era algo que salía de él, sin que se lo propusiera. Se arregló la corbata y caminó hasta el auto.
En el trayecto del auto, Delly se la paso hablando por teléfono, poniendo cada vez más nervioso a Peeta, hasta que finalmente distinguió la casa de Katniss.
-Yo te espero aquí en el auto.
Peeta rodo lo ojos, y encontró un auto color negro en la entrada, se le hacía conocido, y se preguntó de quien era. De pronto sintió que el estómago se le hacía cada vez más pequeño, del tamaño de una nuez, y comenzó a sentir el rostro cada vez más caliente, le pasaba cada que estaba a punto de encontrarse con Katniss.
Toco el timbre dos veces, pero en vez de Katniss se encontró con Johanna Mason.
-Hola Peeta- lo saludó con frialdad, Johanna era la recepcionista en el consultorio veterinario de Katniss, y una de sus mejores amigas.
-¿Dónde está Katniss? –pregunto Peeta con la misma frialdad.
-¿Qué te importa? Las niñas están en la sala, vienes a eso ¿no?
La relación entre Peeta y Johanna era difícil, a él no le gustaba su dureza, y a ella no le gustaba cuando por culpa de Peeta, Katniss sufría.
-Eres un maldito fastidio –dijo Peeta.
-Lo sé cariño, ahora muévete.
Peeta caminó hasta la sala y escucho voces en el piso de arriba, la rabia comenzó a apoderarse de su pecho ¿ahora tampoco quería verlo?
-¡Niñas! –grito Peeta al ver a sus hijas, sintió un alivio al verlas, se veían hermosas con sus pequeños vestidos blancos, y con su cabello recogido en un moño, lo cual suponía lo había hecho Johanna, porque a Katniss no se le daba bien eso de peinarlas. Sus hijas corrieron a abrazarlo y a darle besos en todo el rostro, mientras entre gritos, intentaban platicarle todo lo que habían hecho en la semana de su ausencia. Las tomo de la mano y caminó hasta donde estaba Johanna.
-Despídanse de Johanna –dijo Peeta con frialdad.
-Adiós tía Joannie –Rue y Prim abrazaron a Johanna, sólo sus dos pequeñas "sobrinas" podían llamarla de aquella manera.
-Joannie, ¿Katniss no va a despedirse de las niñas?
-¡Púdrete Mellark! ¿Qué te importa?
Peeta comenzó a reír y la miró serio.
-No hables de esa manera frente a mis hijas, y me importa porque son mis niñas.
Peeta escucho pasos en la escalera
-Tranquila Johanna, no podía dejarlas ir sin despedirme.
Dijo Katniss desde la escalera, y detrás de ella estaba Gale, Peeta sintió que el corazón se le volvía de piedra y se le saldría por la boca ¿Habían vuelto?
-Katniss, ¿estás bien? ¿Por qué te levantaste? –pregunto Johanna
-Tranquila –repitió Katniss, camino con lentitud hasta sus hijas, y Peeta se dio cuenta al tenerla de cerca, de su aspecto. Se le veía pálida y débil, además de que tenía ojeras y la boca fruncida en una extraña mueca, y la nariz contraída con cara de asco. –Nos vemos el lunes niñas.
-Katniss ¿estás bien? –pregunto Peeta. Y en cuanto Peeta habló, Katniss desvió la mirada hasta Gale, quien no había dicho nada y estaba parado junto a la escalera sin dejar de ver a Katniss. Peeta pudo notar que Katniss estaba a punto de llorar.
-Estoy bien, por favor que las niñas no se duerman muy tarde, nos vemos el lunes, Gale ¿me ayudas?
Gale asintió y la tomó de la cintura, ayudándola a subir hasta su habitación.
-Bien, ya vete –dijo Johanna.
Peeta le dirigió una última mirada envenenada y cargó a sus hijas hasta el auto.
-Hola Delly –dijeron las niñas al mismo tiempo. –Mi mamá dice felicidades –dijo Prim.
-Si claro, ya sé lo que intenta.
-¡Delly! –Peeta la reprendió y Delly volvió a hablar por teléfono.
Mil preguntas cruzaban por la mente de Peeta, mientras sentía una estaca clavada directo en su garganta, pensaba en el estado de Katniss y en como lo había evitado más que nunca, ¿qué le pasaba? ¿Qué hacía Gale en su casa? ¿Habrían vuelto? No pudo un segundo más con la curiosidad.
-Prim, deja un momento a tu hermana –Prim dejó de jalarle el cabello a Rue y miró a su padre –Prim ¿qué hacía Gale en casa?
Delly dijo un leve "te llamo luego" y colgó el teléfono.
-Gale es doctor papá
Prim lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
-¿Alguna de ustedes está enferma? ¿Tú? ¿Tú hermana? ¿Tú tía Johanna? ¿Mamá?
-¡Mamá! –grito Rue de pronto. Prim asintió.
-Mamá está enferma papá, tía Johanna se la pasa todo el día en casa, igual que el doctor Gale. Ayer que mamá estuvo todo el día dormida, tía Joannie nos llevó al parque ¿verdad Rue?
Rue asintió y Peeta miró por el espejo retrovisor a su hija, no podía seguirle preguntando, ¿entonces Gale y Katniss no habían vuelto?
-Peeta, ya pasaste la casa de tu madre.
Dijo Delly, Peeta dio la vuelta, pero su mente seguía en casa de Katniss.
-¿Cómo sigues? –Pregunto Gale mientras tomaba la presión de Katniss –No debiste de haber bajado, mira cómo te has puesto.
Katniss sonrió un poco.
-Deja de tratarme como una niña pequeña Gale. Estoy bien, enserio. No deberías de estar aquí todo el día.
Gale agachó la mirada y comenzó a acariciar la mano de Katniss con suavidad.
-Katniss, esa noche en la cabaña, yo…
Katniss le puso un dedo sobre los labios.
-Shhh, lo sé Gale, lo sé.
Gale se acostó a su lado, y dejó que Katniss recostara su cabeza sobre su pecho. Aunque Katniss hubiese preferido que aquel que la estuviera reconfortando fuera Peeta. Johanna entró a la habitación con una taza de té en una mano, la dejó en la mesita de noche y se acostó en medio de Katniss, Katniss se sintió reconfortada al estar en medio de Gale y Johanna.
-Katniss, tienes que decírselo
Dijo Gale, Johanna lo miró con los ojos abiertos.
-Él tiene razón, tienes que decírselo. El será el que más sufrirá.
Katniss sacudió un poco la cabeza.
-No puedo hacerle eso.
-Gale, no puedo
-Sé que lo amas –Gale tragó en seco, y Katniss pudo escucharlo –y porque lo amas tienes que decírselo.
Katniss hundió la cabeza en el pecho de Gale, quería desaparecer, desaparecer del mundo, no podía sentirse feliz por lo que le pasaba, no podía por más que lo deseaba. Porque a pesar de que todos los doctores le habían dicho que su porcentaje de posibilidades de tener hijos era minúsculo, ahí estaba acostada, con la mano en su vientre, llorando porque el padre de su hijo en camino estaba a punto de casarse.
