Capitulo XI: los tiempos pasan y con él nuevas leyes van apareciendo.
No pude dormir bien el poco tiempo que restaba para el amanecer, ya que una extraña angustia me invadía, asique decidí levantarme y dejar de dar vueltas en la enorme cama de Edward. Por lo que me cambie la pijama por un pantalón de mezclillas y un suéter de franela ya que como cosa rara en Forks, estaba haciendo algo de frio.
Cuando me disponía a bajar las escaleras hacia el segundo piso, Edward apareció en ellas con una chaqueta en las manos.
-Sera mejor que te pongas esto, abajo está haciendo más frio que aquí,-dijo con voz dulce y suave pero también mostraba preocupación, tendiéndome la chaqueta.
Me ayudo a ponérmela y luego me abrazo fuertemente, agachando la cabeza hasta posicionarla encima de la mía, para respirar el aroma de mis cabellos. Yo le correspondí al abrazo y me deleite con el aroma de su pecho marmóreo.
Estuvimos así durante un buen rato, hasta que él acerco sus labios a los míos, al principio tiernamente, en un beso apasionado, que puso a mi corazón a latir desbocadamente, pero luego el beso se convirtió en uno más violento, con sus codiciosas manos acariciando cada curva de mi cuerpo y, las mías aferradas a sus cabellos aprisionándolo los más cerca de mí que se podía.
Después de un rato comencé a marearme y mi respiración se había convertido en un violento y superficial jadeo, se alejo de mí, y apoyo su mejilla contra mi pecho. Yo como en un acto reflejo apoye la mía contra su pelo, maravillándome con la textura del mismo.
Luego bajamos y cuando faltaban solo unos cuantos escalones para llegar a la última planta, Edward se quedo paralizado a mi lado, convirtiéndose en una estatua perfectamente tallada y solo tres palabras salieron de entre sus labios inmóviles, solo tres palabras bastaron para que todos los demás se congregaran cerca de la puerta principal…
-Ya están aquí.
Mi corazón se acelero desbocadamente por el miedo que sentía. Edward y yo terminamos de bajar rápidamente y nos reunimos con su familia que se mostraba tranquila pero extrañamente tensa.
Entonces entraron siete figuras cubiertas de la cabeza a los pies con capas de diferentes tonalidades que iban desde el negro azabache de los tres hombres que encabezaban la marcha, hasta el gris plumo de las cuatro figuras restantes.
Los primeros los reconocí del cuadro que Carlisle tenía en su despacho.
Eran Aro, marco y Cayo, quienes habían entrado a la casa con aire de superioridad.
Aro fue el primero en hablar con voz sorprendida pero amistosa, dirigiéndose a Carlisle, como si este solo lo hubiera dejado de ver solo hace semanas atrás en lugar de más de un siglo.
-Carlisle, viejo amigo ¿cómo fuiste capaz de violar las reglas?, ¿cómo fuiste capaz de asesinar a uno de los tuyos por salvar a una humana.-suspiro como si esto le entristeciera,-una simple humana, de verdad que no lo puedo creer.- nadie se movió o respondió, y la mirada de Aro se fijo en mí, con su extrañamente blanquecinos ojos rojos.- me atrevo a aventurar, que tú eres la humana causante de la muerte de tres vampiros antiguos, que por cierto sabe demasiado ¿no?
-Ella es Bella y no te preocupas de que sepa mucho sobre nosotros, ya que la transformáremos en vampiro en cuestión de semanas.- respondió Edward acercándome más a él. Sujetándome por la cintura.
-Ah, eso me parece muy bien,- dijo quitando los ojos de encima de mí y posándolos en Edward.- y tú debes de ser Edward, he escuchado mucho sobre ti y tu don, y me dio cuenta de que eres un gran lector de almas.- siguió, acercándose a nosotros,- me encantaría saber tu versión de la historia, saber porqué esta humana es más valiosa que tres vampiros, porqué es tan importante para ustedes.
Cuando termino de decir esto ya estaba muy cerca de mi prometido y yo, con la mano tendida, como a modo de saludo. Edward respondió a esto de la misma manera y tomo la mano de Aro como si los dos se estuvieran presentando.
Aro inclino la cabeza hacia la mano de Edward, luego de hárbesela tomado con las dos manos suyas, pero aun no entendía por qué la cara de este mostraba tal satisfacción y regocijo. Entonces Edward vio que yo lo miraba con la duda escrita en la cara, se inclino un poco para susurrarme al oído.
-Aro tiene un don similar al mío, solo que el de él necesita del contacto físico para poder leer la mente de las personas.- dicho esto Aro levanto un poco la cabeza y para mirarnos a los ojos.
-Ya veo, ya veo, joven Edward, ella es la tua cantante, y al mismo tiempo, la quieres, o mejor dicho, la vez como tu compañera, -hiso una pausa,-fascinante, pero la ley, es la ley, así sean nuevas.
-¿Qué reglas?- pregunto Carlisle hablando por vez primera.
-Una que impusimos mis hermanos y yo hace más de noventa años,- dijo con vos ronca y exasperada, el que deduje que era Cayo, por sus cabellos blancos.- la que impide que mate a otro de avanzada edad por cosas insignificantes como territorio, objetos o humanos.
En ese momento me quedo claro el por qué de la presencia de ellos aquí, iban a castigar a los Cullen, por haber matado a James y Victoria, y al parecer creían que Laurent también había muerto a manos de ellos.
Un silencioso pánico invadió el lugar cuando dos figuras encapuchadas se abrieron paso entre los lideres Vulturis y Aro retrocedió saltando por fin la mano de Edward.
-Aunque si ese humano posee algo especial, una especie de don, la ley no recaerá tan con tanta severidad sobre los causantes,- dijo una vos aburrida y desconforme, la de Marco.
Luego de eso, las dos figuras oscuras estaban ahora frente a nosotros, eran pequeños como niños de doce años. Uno de ellos se quito la capucha de la capa, dejando ver el pálido rostro de de un niño de cabellos castaños y ojos rojos, y un instante después todos los Cullen estaban desplumándose en el suelo.
Yo al ver a Edward tirado, me arrodille a su lado para ver que tenia, que era lo que le ocurría, no entendía, no había nada en el mundo que pudiera dañarlo. Al acercarme lo suficiente a su rostro me di cuenta que estaba murmurando algo. Puse me oreja lo más cerca que pude, para escuchar que era lo que estaba diciendo.
-Perdóname, perdóname, perdóname…-repetía Edward una y otra vez.
Cuando intente erguirme para ver que lo hacía estar tirado en el suelo, no pude ya que me estaba sujetando la espalda con una de sus marmóreas manos, mientras que con la otra me sujetaba la cabeza cerca a la suya.
Sus manos temblaban como si estuviera haciendo un esfuerzo tremendo para moverlas. Ya así muy lentamente acerco aun más mi oreja a sus labios.
-Perdóname,- seguía diciendo una y otra vez, pero se detuvo para decirme en voz aun mas queda,-Te amo Bella.
Lugo de eso y en un fugaz movimiento, llevo mi cuello a sus labios e hizo algo que yo no me esperaba que hiciera, que nunca pensé que haría, al menos no de ese modo, algo por lo que estaba disculpando una y otra vez.
Me mordió, perforando la delgada piel de mi cuello, con sus fuertes y afilados colmillos inyectaron su ponzoña, allí donde se cerraban en mi carne.
A pesar del dolor que me invadía desde el cuello, y se deslizaba rápidamente por el resto de mi cuerpo, pude escuchar a Aro con tono confundido y extrañamente fascinado al mismo tiempo, cuando dijo.
-Alec, ¿Por qué la chica no está afectada?
-Amo, no lo sé.- respondió en tono apenado y avergonzado.
-¡Oh! Que extraordinaria,-dijo Aro, dando una palmada sorda.- la pequeña humana tiene un don, y prefieres convertirla tú mismo antes de que lo hagamos nosotros, cumpliendo promesas ya hechas, lástima que la cumplirás a medias. Esto es tan triste.- al decir esto las mandíbulas de Edward se serraron con más fuerza en mi cuello, y en ningún momento succiono mi sangre. Luego de unos segundos, sus dientes me liberaron sin quitar las manos que tenía entorno a mí,- Félix.-llamo Aro.
Por un instante, todo quedo en silencio, solo quebrantado, por mi respiración agitada a causa de la impresión y el dolor quemante que me acusaba la ponzoña de Edward, y los desenfrenados latidos de mi corazón. Pero luego algo me tomo desde arriba, por la cintura elevándome por los aires, separándome de Edward.
Hasta ese momento, no me había dado cuenta de, que yo tenía las manos aferradas a la camisa de Edward, la cual se desgarro violentamente cuando con un movimiento brusca y rápido me separaron de su cuerpo, inerte en el suelo con los brazos flácidos sobre su hermoso pecho desnudo, quedando en mis manos el trazo de tela de su camisa.
-Vámonos,- dijo la vos aburrida y distante de Marco.
Sentí como mi mundo se bamboleaba de un lado al otro. Quien me llevaba había comenzado a andar. Alejándome más y más de Edward, y dejándome siquiera con la más mínima esperanza de, si algún día lo volvería a ver.
Sé que los había tenido olvidados, pero de ahora en adelante voy a intentar actualizar mas amenudeo, xD espero sus sugerencias, críticas o lo que quieran pero comenten… besos, saludos…y síganme también en mis otras historias: Recuperando el amor, Total e irrevocablemente enamorado y Vuelve a mí.
