Sé que tardé una eternidad en escribir esto pero al menos lo he terminado. Este es el último capítulo, espero que les guste.

Zorro Junior: Una vez más, muchas gracias especialmente a tí por estar siempre al pendiente de este y de mis otros fics n.n te quiero mucho, jejeje.

En fin. Los invito a leer.

I'm not an angel

Parte 11: I don't have wings

Zoro recordaría aquella última pelea una y otra vez con el transcurso de los años, y ni él ni sus amigos podrían darle una respuesta satisfactoria para comprender qué era lo que había sucedido en realidad, más allá de algo que él había presenciado pero que no había podido apreciar en su totalidad.

Sabía que de algún modo, Robin había usado el poder de su maldición para destruir a los demonios que querían acabar con ellos. La llevó en brazos mientras volaba y ella le pidió que le dejara sujetar la espada del mismo modo en que él lo hacía, y Zoro lo permitió pero él mismo no la soltó, la sujetó a ella con un brazo, y con la otra mano sujetó la que Robin usaba para sostener la espada para que pudiera usarla bien.

Una vez que llegaron al lugar donde estaban aquellos demonios, primero vino un fuerte resplandor, y después todo se volvió confuso y oscuro. Zoro escuchó los gritos y sintió las fuerzas malignas extinguiéndose, pero no supo exactamente qué era lo que pasaba hasta que el agarre de ella se volvió débil.

Robin se desmadejó en sus brazos, y quedó indefensa como una hoja, como una pluma al viento. Estaba inconsciente, así que Zoro la llevó a su hogar y trató de hacer que volviera en sí, sin conseguirlo. Cuando Nami, Sanji y Luffy llegaron buscándolos, fue un alivio para ellos encontrarlos con vida, pero la preocupación por Robin sólo aumentó.

Zoro hizo todo lo que estaba en sus manos para ayudarla pero aunque seguía con vida, ella simplemente no estaba mejor. De vez en cuando ella abría los ojos y trataba de sonreírle, y Zoro le sonreía de vuelta solo para darse cuenta de que ese era un gesto nada común entre ellos. Deseaba que lo hubiera sido. Ahora no le quedaba más que esperar, mirarla, tratar de sonreírle, besarle las manos y los párpados sin atreverse a besar sus labios por miedo a lastimarla –o más bien, por el miedo de recibir un beso de vuelta, y que fuera el último.

Pasaron los días y las noches, imperceptiblemente para Zoro quien no se retiró de su lado ni aun cuando el final fue más que evidente.

Esa noche, un calor lo invadió un poco antes del amanecer y sintió algo raro, como si de pronto su cuerpo se uniera con el de ella. Del mismo modo repentino sus mentes se volvieron una sola y él pudo ver todo lo que hubiera querido saber de ella; su vida entera, las cosas que le gustaban, lo que la hacía feliz. Se dio cuenta –porque ella se lo transmitió de algún modo- de que desde que la había encontrado, y quizás sin saberlo, se había convertido él mismo en la esperanza que ella quería para seguir con vida, le había mostrado que podía amar y ser amada otra vez, y en ese punto, sin saber porque, se encontró a sí mismo al borde de las lágrimas, lágrimas que nunca había llorado por nada ni por nadie. Sintió un beso profundo sobre sus labios aun encontrándose en ese estado incorpóreo y un débil "gracias" susurrado contra ellos una vez que el beso hubo terminado.

Cuando despertó, pasado el mediodía, ella no estaba. Ese beso había durado horas y aun así, lo había sentido ínfimo, instantáneo.

Zoro la buscó por todo el observatorio, sobrevoló la ciudad, buscó a sus amigos y en todas partes donde se le ocurrió que podía estar. Trató de sentirla en alguna parte pero no estaba. No había dejado rastro alguno más que la sensación del beso sobre los labios de Zoro. Evidentemente había muerto, pero él no estaba dispuesto a aceptarlo y no lo aceptó sino después de mucho tiempo, cuando todo lo que había alrededor de él y dentro de él le dijo que ella no estaba y que dejara de engañarse.

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Zoro volvió a asumir las responsabilidades de su día a día y se volvió a acercar a sus amigos poco a poco. Ninguno hizo gran alboroto por lo ocurrido, sobre todo porque sabían que a él le podría molestar.

Por otro lado, le hacía sentir un poco perturbado darse cuenta de que no estaba muriéndose, como había sentido antes. Estaba entero, estaba fuerte, y se sentía como si pudiera hacer uso de todas sus fuerzas y de sus habilidades en el momento en que lo deseara. No había ningún cambio que indicara algo negativo en su ser, y después de revisarlo su mentor, a quien no había visto en años, determinó que estaba casi más sano que cuando lo había conocido.

Y ahora más que nunca, Zoro tenía la certeza de que estaba vivo, porque en su corazón seguía instalada la pasión que se había permitido vivir gracias a Robin, aunque ella no estuviera más a su lado, y aunque supiera que nunca más la volvería a ver.

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Pasaron los días y éstos se convirtieron en meses, y luego en años. Zoro no cambió como ninguno de sus amigos lo hizo, diseñados como estaban para la eternidad. 25 años sin embargo no pasaban en balde y para Zoro representaron un proceso de endurecimiento de corazón que sirvió para que sus amigos al principio se asustaran de él, y posteriormente aprendieran que podían confiarle hasta lo más difícil e importante, porque Zoro no iba a cometer errores, Zoro no iba a involucrar sus sentimientos otra vez y por lo tanto su acción iba a ser directa, infalible y pura.

Su corazón había quedado blindado, y ni Nami, ni Luffy ni Sanji tenían idea si quiera si aún sentía algo por Robin, si aún la amaba o si simplemente había dejado atrás ese sentimiento y junto a él todos los demás. A veces, eso parecía tener mucho más sentido.

Lo que ellos no sabían era que Zoro había terminado por hacer una promesa para sí mismo, aunque nunca la pronunció ni la dio a conocer a nadie. Su corazón nunca iba a dejar atrás esa pasión que había sentido por Robin, ni se permitiría mucho menos dejar a nadie más entrar a su corazón, ni siquiera a sus amigos más cercanos, a quienes en verdad amaba tanto.

Sabía que una eternidad soportando, manteniendo y avivando esos sentimientos sin dejar a nadie más acercarse a él era casi como una condena, pero estaba más que dispuesto.

El único que pareció ser capaz de entender mejor esta situación, que pareció comprender que algo pasaba dentro del corazón de su odiado amigo marimo, fue Sanji.

Y ni siquiera porque lo apreciara mucho, claro que no, sino porque de sus compañeros, él era quien creía entender mejor cómo funcionaba un sentimiento como el amor.

Y quizás el hecho que de Zoro era casi un hermano para él tenía mucho que ver.

Después de tanto tiempo, comprendió cómo podía ayudarlo.

Primero se aseguró de estar en lo correcto, y de haber encontrado a la persona correcta. Cuando lo comprobó, pudo buscar a Zoro y llevarlo con él a donde tenían que ir.

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Era de noche y habían bajado a la ciudad, a un parque oscuro y casi abandonado. Sanji y Zoro escudriñaron la oscuridad entre los arbustos y Zoro trató de entender de qué se trataba el asunto cuando Sanji le señaló una banca cerca de una fuente que evidentemente no había tenido agua en varios años.

-Casi son las diez- dijo Sanji entonces, mirando un reloj que había en una construcción cercana-, ella viene aquí todas las noches.

-¿Pero quién es?- preguntó Zoro, pues no había podido arrancarle suficiente información a Sanji como para estar tranquilo-, ¿Y porqué nos necesita?

-No me necesita a mí, te necesita a ti- aclaró Sanji, y luego volvió a corregirse-, y más bien, ella no te necesita, tú la necesitas a ella.

Pronto escucharon unos pasos acercándose y Zoro puso más atención. A la banca se acercó una mujer, Zoro lo pudo determinar únicamente por su silueta, ya que no veía bien su rostro. Pero cuando ella se sentó y comenzó a leer, pudo verla mejor.

La impresión hizo que diera un paso hacia atrás. Sanji lo miró y le sonrió.

-¿Qué te parece?

-¿Es…?

-Yo creo que sí. El mismo rostro, el mismo espíritu, creo que hasta el mismo nombre-, ambos volvieron a ver hacia ella-, la he estado observando y es impresionante lo mucho que se parece a cuando era un ángel. Tiene veinticinco años.

Zoro no sabía qué decir.

-No…ella no…

-¿Cómo voy a saberlo? Tienes que ir tú a preguntarle, marimo cobarde.

Y con esto le dio un empujón, y Zoro salió de entre las ramas de aquel arbusto.

Caminó lentamente, y con pasos cortos. Se volvió visible para ella y sus alas se ocultaron. Su ropa cambió a las ropas comunes de un humano y su espada también desapareció de la vista.

Mientras más se acercaba, más fuerte escuchaba su propio corazón palpitar dentro de sus oídos y su respiración entrecortarse. De alguna manera extraña, todo el valor que había acumulado dentro de su ser por toda la vida en ese instante pareció consumirse sin dejar ni un poco disponible para lo que tenía que hacer.

Ella escuchó sus pasos.

Zoro se acercó un poco más aún cuando los ojos azules de la mujer se posaron en él. Los observó por un momento y le pareció que aunque no podía decir si era la misma, llevaba toda una vida conociéndola. De pronto se tuvo que detener por completo, no pudo avanzar más.

Ella sonrió entonces, quizás por el desconcierto que vio en ese momento en su rostro.

Se puso de pie y caminó un par de pasos hacia él.

Ahora menos de un metro los separaba.

Ella le siguió sonriendo, pero su sonrisa era entonces suave, tranquila, como él nunca la había visto, como si tuviera una gran paz en su interior, una paz que nunca conoció plenamente cuando estaba con él.

Sanji, escondido entre los arbustos, pensó que no iban a moverse de ahí pues llevaban un buen rato contemplándose, cosa que hasta lo estaba haciendo sentir celoso del estúpido marimo. Estaba a punto de retirarse porque ese ya no era su asunto, pero un sonido lo hizo volver a voltear.

-Hola, Zoro.

Fin

Y así termina.

Comencé a escribir este fic hace más de un año y aunque era relativamente corto me tomé mucho tiempo para escribir las continuaciones, por el simple hecho de que no quería presionarme, sino simplemente escribir cuando sintiera que podía hacerlo. Bien, con esto puedo ver que mi metabolismo creativo puede ser bastante lento si no me pongo metas claras XD ohhhh bueno.

¿Debería hacer una pequeña continuación? ¿Otro fic que continúe a este? No sé, díganme.

Por lo pronto, de algún modo me gusta que termine así.

Así que, ¿Qué les pareció?

Muchas gracias por haber dejado reviews y por poner en favoritos esta historia tan cursi XD

Tal vez escriba otro ZoRobin pronto, lo he estado pensando un poco y creo que ya lo tengo, aunque aún no estoy segura.

En fin, yo me arreglo.

Hasta entonces.

Aoshika October