Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo simplemente los tomé prestados para mi entretención :3

Espero que disfruten el capi! :D


Sólo con un beso

Chapter 11


Un horrendo sonido se hizo presente en la habitación. Bella se removió, incómoda; el sonido le estaba siendo, cada vez, más molesto; la cabeza le dolía a horrores y quería terminar con su sufrimiento lo más pronto posible. Gimió por el dolor de sus músculos, se estiró, pero fue peor, todo el cuerpo le dolía. Abrió los ojos y una fuerte luz le daba justamente en ellos, los cerró al instante.

Edward a su lado se desperezó, al sentir a Bella despertando. Sonrió al recordar todo lo que le había dicho la noche anterior. Se sentía un poco más liviano al haber dicho en voz alta que amaba a Bella. Era un sentimiento extraño, pero, a la vez agradable y que le gustaría volver a sentir.

La castaña se llevó la almohada a su cabeza y tapó, todo lo que pudo, sus oídos, ya que el estridente sonido aún sonaba en la habitación. Bella protestó con un gruñido que salió de su garganta. Edward, en respuesta, se rió entre dientes, aún estaba un poco adormilado y no se percataba del estridente y molesto ruido que hacía su celular.

–Apaga eso, por favor, ¡me está matando! –gritó la muchacha.

En ese momento, el cobrizo notó el ruido y se golpeó mentalmente. Tomó su teléfono y desactivó la alarma lo más rápido que pudo. Cuando lo hizo, Bella soltó un suspiro de alivio y sacó la almohada de su rostro. Al instante que vio que no estaba en la habitación de Alice, frunció el ceño.

–Buenos días –susurró Edward a su lado.

Bella se sobresaltó al escuchar la suave voz de su mejor amigo. ¿Por qué estaba en su habitación, con él? No recordaba nada de la noche pasada. Tenía claro que el día anterior habían ido a un bar, porque Alice lo había pedido para celebrar el fin de año de la universidad, pero todo lo demás era como un borrón.

Comenzó a rememorar lo que había hecho en el día. Primero, vio a Edward y a Emmett hablando sobre algo, le dijeron que Tanya había "engañado" a Edward. Luego, le ayudó a Esme en la cocina, como siempre. El almuerzo había pasado normalmente. Después, tuvo que consolar a Alice por un problema que tuvo con su hermano y recordaba perfectamente que Alice le había mentido sobre algo. Luego, gozó de una agradable charla con Rose, que casi duró toda la tarde. Alrededor de las siete, recordó, se había negado en ponerse un vestido, pero que igualmente lo había usado. Una pelea con Edward, y luego una reconciliación. La llegada al bar. El camarero llamado Will, que coqueteó con ella descaradamente. Jacob. ¿Jacob? Sí, había visto a Jacob nuevamente. Después de eso, recuerda que llevó las bebidas a la mesa y no había tomado el suyo, sino uno más fuerte. Y luego de eso, no recuerda absolutamente nada.

–¿Bella? –preguntó Edward, suavemente.

Bella se sobresaltó nuevamente. ¿Qué hacía en la habitación de Edward? ¿Había estado tan borracha que se acostó con él? De sólo pensarlo, se sonrojó.

–¿Estás bien?

–Eh... Sí –su voz salió grave y rasposa. Se aclaró la garganta, pero fue para peor, sintió un gran ardor que le quemaba las paredes de su garganta. Tenía sed, demasiada.

–Espera, no hables. Te traeré agua. – Edward se levantó en un grácil movimiento de la cama y desapareció por el baño. En un corto instante estaba ya de vuelta con un vaso grande lleno hasta el tope–. Ten.

La castaña recibió el vaso y se lo tomó rápidamente, tratando de calmar ese ardor. Cuando se lo terminó, se encontró con Edward, quien tenía una expresión de diversión.

–¿Qué? –preguntó Bella, sólo en un susurro.

–Nada, pero... ¿Puedo preguntarte algo? –Bella asintió con la cabeza–. ¿Nunca antes has tenido una resaca?

La chica frunció el ceño. Así que eso era lo que le pasaba.

–Bebiste mucho anoche, Bells. Estabas borrachísima, igual que Alice –se rió suavecito–. La verdad es que fue bastante divertido verlas así. Pasaban de una emoción a otra tan fácilmente, que era graciosísimo.

–¿Por qué estoy aquí?

–Te quedaste dormida en el auto y te tuve que traer hasta acá, porque Jasper se fue con Alice a su habitación.

–¿No... No nos..., acostamos?

Edward abrió los ojos desmesuradamente.

–¡Dios mío! ¡No, Bells!

La chica, suspiró de alivio.

–¿Por qué lo preguntas? –preguntó el muchacho cobrizo en un susurro casi inaudible.

–Pues… No recuerdo nada, luego de que tomé un trago distinto al mío, uno más fuerte.

–Entonces esa es la explicación a tu borrachera –Edward sonrió de lado, divertido por la situación. Si alguien le hubiera dicho que Bella terminaría con resaca un día y él la tendría que cuidar, se hubiera reído en su cara a carcajadas. Se rió suavecito, por lo ilógico de la situación.

–No te rías… Esto no es gracioso –la muchacha llevó su mano a su frente, por el fuerte y repentino dolor de cabeza.

–¿Tienes jaqueca? –La chica asintió levemente en respuesta–. Espera, te traeré una aspirina.

Edward se levantó nuevamente de la cama y fue a su pantalón, en donde había dejado una tira de aspirinas. Sacó una, llenó el vaso nuevamente con agua hasta el tope y se dirigió a la castaña.

–Gracias –susurró, antes de tomarse la pastilla apresuradamente.

Luego de unos minutos, el dolor de cabeza ya había pasado notablemente, sólo quedaba un molesto dolor, pero que era soportable, no como el anterior.

–Bien, Bella, quédate aquí, traeré el desayuno. Necesitas alimentarte.

El cobrizo se levantó de la cama y, antes de salir de la habitación, acurrucó a Bella y le dio un beso en la frente, haciendo que la chica cerrara los ojos, completamente relajada por la sensación que le produjo.

Bajó las escaleras rápidamente y se adentró en la cocina, encontrándose con su madre, quien estaba mirando en dirección a la playa, tomando un café. Edward la abrazó por detrás, dejando su cabeza en el hombro de Esme.

–Hola, mamá. ¿Cómo amaneciste?

–Bien, cielo, gracias. ¿Y cómo fue la salida de anoche?

Edward suspiró.

–Entretenido... bastante entretenido –se rió entre dientes, recordando el estado de su hermana menor.

–¿Por qué te ríes, Ed? –Esme se dio la vuelta en su asiento.

–Pues... Pasa que Alice es de lo más divertida cuando está borracha.

–¿Tu hermana se emborrachó? –preguntó perpleja.

–La verdad es que todos estaban muy borrachos, menos yo, por supuesto.

Esme le acarició su mejilla con ternura.

–Me alegro que hayas sido responsable –le sonrió–. ¿Qué hay de Bella? ¿También estuvo en el grupo de los borrachos?

El chico asintió con la cabeza.

–Sí, de hecho venía a prepararle el desayuno. Despertó con una horrible resaca. No recuerda nada de lo que pasó anoche –se rió entre dientes.

–Vaya..., nunca me lo hubiese imaginado de Bella.

–Pues anda haciéndote a la idea.

Edward se dio la vuelta y se dirigió al refrigerador, de donde sacó huevos y tocino. En un momento, ya estaba rompiendo los huevos en una sartén, que estaba en el fuego.

–¿Hijo? –llamó Esme, quien estaba a su lado, mirando fijamente la expresión pensativa de Edward.

–¿Mmm?

–¿Qué pasó anoche?

Edward frunció el ceño y se dio la vuelta para ver el rostro de su madre.

–¿A qué te refieres?

–Tienes una expresión que se nota que algo te preocupa, hijo. Y podría jurar que te tiene con la cabeza hecha un lío...

Edward suspiró. Lo mejor era contarle a su madre. Le haría bien comentarle lo que había dicho Bella, anoche, y también lo que había descubierto también anoche.

–Estoy confundido...

–¿Qué ocurre, cariño?

–Ayer... ayer Bella me dijo que... que me amaba. –Su corazón comenzó a acelerarse hasta el punto que creyó que se le iba a salir del pecho.

Esme le sonrió cariñosamente.

–Cariño... ¿Aún no te dabas cuenta?

Edward la miró perplejo.

–¿Qué?

–Cielo, a Bella se le nota a kilómetros que te ama.

–¿Tú crees?

Esme rió.

–Sí, Ed, si no, no te lo estaría diciendo.

El cobrizo se dio la vuelta y se concentró en los huevos que estaba haciendo.

¿Era cierto lo que le estaba diciendo su madre? No era posible, Bella era su mejor amiga. Las cosas entre ellos nunca se habían enredado y confundido. Era imposible que Bella lo amara. Aunque ella se lo había dicho anoche, aún tenía sus dudas. Sin embargo, él mismo estaba enredando las cosas al enamorarse de Bella, pero eso era de lo que más seguro estaba. Sus sentimientos eran reales, y lo sabía por el simple hecho que nunca se había sentido así con nadie más, sólo con Bella.

–No estoy muy seguro de eso, mamá...

–Bien, no me creas, hijo, pero eso es lo que yo veo –le sonrió cálidamente–. ¿Y qué hay de ti, cielo?

–La amo. Estoy completamente seguro de ello...

Esme sonrió, mostrando su perfecta dentadura.

–Edward... Estoy tan feliz por ti, amor.

–¿Por? –preguntó, divertido.

–Al fin lo has admitido –lo miró con suficiencia.

Edward abrió los ojos, perplejo.

–¿Es que todos lo sabían, menos yo?

–Eso parece, cariño –Esme se rió y, al poco tiempo, Edward se le unió.

Cuando Edward tuvo los huevos con tocino listos, puso todo en una bandeja, acompañado con dos tazas de café y un jugo de naranja, recién exprimido.

–¿Bells? –llamó el cobrizo, cuando estaba entrando a su habitación de espaldas. De respuesta sólo obtuvo un leve ronquido que provenía de su cama. Se rió entre dientes y creyó que era lo más adorable que había escuchado.

Dejó la bandeja en su mesita de noche y se quedó observando a Bella, un pequeño momento. Era completamente hermosa. Tenía sus labios un poco entreabiertos y sus largas pestañas descansaban bajo sus párpados cerrados. Edward dejó que su mente divagara, y se encontró recordando el apasionado beso que habían compartido en la playa. También revivió la mañana siguiente, donde se habían devorado uno al otro en el desayuno. Era algo que, definitivamente quería repetir, pero la amistad de él con Bella estaría en juego y preferiría mil veces no besarla, a perderla como su mejor amiga. Ni siquiera habían hablado de su beso en la playa, no sabía si ella lo había querido o si quería repetirlo, al menos.

Sí, anoche Bella le dijo que le amaba, pero su estado no era de total lucidez, que digamos, y pudo, fácilmente, haberlo confundirlo con otra persona, como Jacob, por ejemplo. Tener ese pensamiento, que Bella lo hubiera confundido con Jacob al decirle esas palabras, le hizo apretar con fuerza su mandíbula. ¿Qué ocurría si en realidad no era a él quien Bella amaba, sino a Jacob? Moriría, simple como eso.

"Pero, ¿qué vas a hacer?" preguntó una conocida vocecita en la cabeza del muchacho.

"¿A qué te refieres?" preguntó, mentalmente, de vuelta.

"En unas pocas semanas tendrás que irte a Londres, Edward." La otra vocecita que ya estaba hace un tiempo escuchando, apareció.

Edward quedó en shock.

No había pensado en eso. Ahora que estaba seguro que amaba a Bella, se le hacía mucho más difícil decirle lo de la beca. Su mente empezó a pasar por todas las soluciones posibles.

"¿Y si te quedas aquí? Estás enamorado, lucha por ella" dijo la vocecilla que era más amable.

"¿Pero qué estás diciendo? ¡Es Londres! Podrías irte de fiesta todas las noches y conquistar a algunas europeas…" contraatacó la vocecita que tenía una pizca de maldad.

"No, Edward. No hagas caso. Tienes que cambiar esos hábitos. Haces sufrir a todos comportándote de esa manera"

"Él tiene razón" razonó Edward.

"¡Pero Edward Cullen no sirve para enamorarse!" gritó la vocecita malvada. "Edward Cullen sirve para pasarla bien"

"Pero ya es tiempo que madures, Edward" le informó la vocecita amable.

"¡No!" vociferó la vil voz. "No puedes hacerme esto, Edward, también quiero divertirme"

Edward decidió callar a la última voz de su cabeza, dejando sólo a la amable.

"Bien, ahora que estamos solos…" comenzó "Si la amas tanto como dices, lucha hasta conseguir tu objetivo. Tenerla."

"Pero… la oportunidad de Londres no la puedo rechazar" contestó Edward. "Será muy difícil conseguir trabajo si me quedo aquí, debido a mis malas calificaciones. En cambio, si me voy a Londres, será simple conseguir un empleo, luego de que me gradúe…, por la simple razón de que me habré egresado de una buena universidad."

"Bien, estás en lo cierto. Pero al menos dile a Bella que te vas a Londres"

"No puedo. Menos ahora…"

"De acuerdo, pero se lo tendrás que decir algún día, tarde o temprano"

El muchacho cobrizo sacudió la cabeza y miró nuevamente a Bella.

–¿Bells? –llamó suavemente. Al no obtener respuesta, comenzó a remecerla un poco–. Bella. Bella, es hora de levantarse. –Lo único que consiguió fue una protesta de parte de la chica, quien se dio la vuelta al lado contrario. El cobrizo suspiró pesadamente y se subió a la cama, al lado de la muchacha que aún estaba dormida. Se apoyó contra un costado de él y quedó mirando fijamente el rostro de la muchacha. Sin poder contenerse, pasó suavemente sus dedos por la mejilla de la castaña.

Bella, esbozó una leve sonrisa, al sentir esa delicada caricia, que la hizo despertarse. Abrió los ojos lentamente y se encontró con un par de ojos color esmeralda que la miraban fijamente. La sonrisa de la chica se amplió mucho más.

–Buenos día, de nuevo, dormilona –saludó Edward.

Bella se rió despacito. El dolor de cabeza se había ido completamente, dejándola de un humor excelente.

–Buenos días, de nuevo –la muchacha sonrió ampliamente, al sentir nuevamente la caricia de su mejor amigo en su mejilla.

De pronto, sus rostros se encontraron tan juntos que sus narices casi se tocaban. A la muchacha se le aceleró la respiración, al intuir lo que vendría. Pestañeó repetidas veces, para luego, enfocar su mirada a los labios de Edward. Se humedeció los labios.

El cobrizo, por su parte, sentía a su corazón salirse de su pecho. La cálida respiración de la muchacha le llegó totalmente a su rostro, haciéndolo enloquecer. Cerró sus ojos lentamente, mientras se iba acercando más al rostro de Bella. Sólo quedaban algunos milímetros entre sus labios. Ambos tenían sus ojos cerrados, esperando con ansias el toque entre sus labios.

–¡Eddie, despierta! –gritó Emmett, cuando entraba por la puerta de la recámara, interrumpiendo el íntimo momento entre el cobrizo y la castaña.

Bella se sobresaltó por el grito proveniente de Emmett, y se separó rápidamente del rostro de su amigo, sonrojándose por completo. Edward, en cambio, abrió los ojos de golpe, al no sentir la suave piel de Bella bajo su mano. Frunció el ceño al no saber por qué la reacción de la chica. Instantes antes, estaba seguro de que ella también ansiaba ese beso, entonces, ¿por qué se separó tan abruptamente de él? Posó su mirada en Bella y cayó en la cuenta de su rostro completamente sonrojado y con la mirada baja. Recorrió la habitación con la vista y pudo observar la figura de Emmett en el umbral de la puerta.

–Oops… –murmuró Emmett–.Parece que he interrumpido algo importante… Mejor sigan en lo suyo, chicos. Yo… ¡me voy! –exclamó, antes de irse corriendo y cerrar la puerta de la habitación.

–Yo… yo iré… iré a ducharme –balbuceó la chica, quien salió apresurada de la habitación del muchacho, en dirección a la recámara de Alice.

Edward se quedó unos segundos en blanco, para luego gruñir bajo su aliento:

–¡Maldito Emmett!


Hi!

Levante la mano quién odia a Emmett en estos precisos momentos (_)/° Yo me incluyo! xD Espero que les haya gustado como quedó el capítulo n.n Si alguien notó algún error por allí, perdón, pero lo edité bastante rapidito :3

Perdón por demorar tanto en actualizar... Pero la verdad es que estuve una semana entera ocupadísima leyendo un libro por el colegio y después fue mi cumpleaños (Se aceptan review de regalo n.n) y no tuve tiempo de escribir en ningún momento :/

Anyways..., quería contarles que en mi perfil se encuentran algunos links donde diré cuando tenga el capítulo listo o la razón de mis retrasos... Y tal vez un adelantillo por ahí :) Está mi facebook para que me agreguen ;)

Cuídense mucho, un beso y un abrazo °\(^-^)/°

Saludos desde Chile ;)

.Lizzie.