Bella dormía profundamente cuando abandoné el calor de las sábanas.
Miré el reloj, tan sólo había dormido tres horas, sería mejor que me apurase, antes que no llegásemos a tiempo a Santa Catalina Island, allí nos esperaban a cierta hora la guardia marina.
Fui a la sala de mandos y llamé por Radio al Club de Yates para que diera el aviso que zarpaba.
Una vez todo listo comencé a echar en marcha el yate.
Aún no quitaba de mi mente el agradable recuerdo de la noche anterior, en realidad de la madrugada, Bella y sus insinuantes curvas que me dejaban boquiabierto.
Bella no tardó en levantarse y buscarme por el yate, sentía sus pasos cuando me abrazó y besó el cuello.
―Buenos días, cariño ―respondí ante sus caricias.
―No me has despertado ―reclamó.
―No hacía falta ―la besé.
―¿Tardaremos mucho? ―dijo ansiosa.
―No, sólo una hora más y estaremos allá ―sonreí.
―¿Tendrás que estar todo tiempo aquí? ―me extrañaba.
Sonreí ante la idea que lo creyese así.
―Si, querida, el yate no se maneja solo ―mentí.
―¡Oh! ―dijo molesta.
Me reí.
―Claro que no, en unos metros más allá lo pondré en automático ―me parecía un tanto insólito invitarla a Santa Catalina y que ella estuviese mirándome todo el viaje mientras navego. No, esos no eran mis planes.
―Iré por desayuno
―Esta bien.
Pensé que se me haría más largo el viaje, pero no fue así, la compañía de Bella era francamente exquisita.
Cuando estábamos a punto de llegar al puerto, Bella no dejaba de sorprenderse al ver lo hermoso que era, las casas en las laderas y la vegetación rodeaba toda la vista. Antes de llegar no pude evitar acompañarla en la proa.
―¿Qué haces? ―dije al verla que estaba en la barandilla.
―Disfruto la brisa marina ―dijo cerrando los ojos
Entonces la tomé de ambos brazos y me posé detrás de ella. Alzamos los brazos y la abracé de su cintura.
―¿Te crees Jack? ―me preguntó haciendo alusión a Titanic.
―Tú eres más guapa que Kate en aquella película.
―¿Sólo en aquella película? ―criticó.
―¿Estas celosa? ―me reí ante la idea. Por supuesto que era más hermosa que Kate en cualquier película.
―No, no estoy celosa ―era evidente su mentira.
La volteé con cuidado y la acerqué a mí. Lentamente la bese acariciando toda la extensión de su dorso, la extrañaba.
El momento pasional se cortó al recordar que tenía el piloto en automático y estábamos por llegar, así que corrí a la sala de mandos, me encargue de la dirección y no tardamos en llegar al muelle.
Un chico encargado de estacionar los yates recibió mis llaves y con Bella nos fuimos a la recepción del club.
―Sr. Cullen ―dijo la recepcionista.
―Si, tengo el auto en el estacionamiento c-32 ―señalé.
―Si, esta preparado para usted, de inmediato se lo entregarán, por favor diríjase al vestíbulo ―señaló.
Llevé las maletas y guié a Bella con sumo cuidado. Porfiadamente no había querido traer sus muletas, por lo que andaba a tientas con el yeso.
Una vez arriba del auto de Carlisle, Bella comenzó con sus interrogatorios.
―¿Dónde queda la casa? ―preguntó una y otra vez.
―Avalón, dos kilómetros más y luego entrar en un camino que da un bosque, luego de eso llegaremos a la casa que esta entre el bosque y la playa ―sonreí sin dejar de mirar el camino.
―¡Oh! ¿Tienes vecinos? ―preguntó.
―El más cercano a 7 kilometros ―reí ―. Carlisle, compro un terreno de 50 hectáreas, es un bosque, y así evitó que lo destruyeran, ya sabes que es un ecologista ―respondí.
―¡Adoro a tú padre! ―dijo levantando la mano como si fuese una revolucionaria.
―Soy celoso ―fingí seriamente.
―¿Edward? Es tú padre ―se puso seria.
―Soy celoso hasta de mis recuerdos y de mi sombra, Bella ―me reí ante la idea.
No tardamos en llegar a la casa. Una larga piscina en la entrada y un piso flotante al borde de esta sorprendió a Bella.
―Esme hizo el modelo ―le dije al ver como admiraba la infraestructura al llegar.
―Es preciosa.
―No más que tú ―la apegué a mi, dejando caer maletas, bolsos y todo lo demás.
La besé apasionadamente, no había nada más importante en ese momento que ella, sus caricias, sus besos y simplemente, ella.
Caminamos juntos y besándonos, sin separarnos, hasta un sofá donde la dejé caer suavemente quitándole toda la ropa con extrema delicadeza y sensualidad.
Ella gimió al besarle el vientre bajo, desabroché su sensual sostén de encaje transparente. ¡Adoraba esa lencería! Y me deshice de su tanga.
Rápidamente ella hizo lo mismo con mi ropa.
―Te quiero ―le dije entre besos―. Te quiero ―la volví a besar. ―Te quiero ― y lo repetí una y otra vez, llenándola de besos.
―También, te quiero Edward ―sonrió.
Sus manos subían y bajaban, recorriendo toda mi espalda, mientras que suavemente masajeaba sus tiernos pezones sin poder evitar beber de ellos. Cuando mi cuerpo ya no podía más, entre en ella acariciando suavemente sus bordes, su respuesta fue el gemido más exquisito que hubiese escuchado.
Me miró tentadora y se acercó a mí.
―Edward Cullen, eres lo mejor que me ha pasado en la vida ―me susurró mientras lamía mi lóbulo.
Eso provocó que me tensara aún más, sentí como un escalofrío recorría toda mi espalda. Me excité.
Comencé cada vez más rápido, mis movimientos dominaban mi cuerpo, su interior era cálido y sus besos pasionales me volvían extremadamente loco.
Mi respiración era absolutamente inconstante y la de ella se traducía a gemidos y jadeos por falta de aire, sensuales y excitantes por cierto.
Besé cada parte de su cuerpo, recorriendo cada centímetro con mis labios, reconociendo cada parte como el culpable de mi deseo incontrolable.
Estaba a punto de culminar cuando ella me sacó de sus adentros.
―No es tan fácil Dr. Cullen ―sonrió maliciosa mientras me quejaba.
―P-Pero, N-No m-me puedes hacer eso ―dije entre jadeos.
Se levantó y me acomodó sentado en el sofá. Ella me montó.
―Bella, te hará mal, para tu tobillo ―reclamé.
―¡Al diablo el tobillo! No todos los días tendré el gusto de tenerte ―sonrió sensualmente.
―Todos los días que quieras ―sonreí.
Ahora ella llevaba el control y la frecuencia del juego, con suavidad lo dejaba entrar y lo sacaba, jugueteaba en mi oído, lamía mis labios y me tentaba con sus senos.
Recorría la extensión de mi cuello, cuando comenzó a hacer movimientos circulares que me producían una sensación exquisita.
―Así, B-Bella ―gemí.
Continuó cada vez más rápido, comenzó a toquetearse el pelo y poco a poco se dejó llevar por su orgasmo, mientras que el mío no tardó en llegar al verla así de excitada.
Permanecimos en esa posición unos minutos hasta que Bella con cuidado se sentó a mi lado.
Luego de un largo descanso comencé a hacer la cena, mientras que Bella estaba en la ducha.
―¡Edward! ―oí un grito.
Corrí hasta la ducha, desesperado.
―¡Edward! ―volví a escuchar el grito en las escaleras.
Al llegar al baño pude ver a Bella en el suelo sin poder levantarse.
La tomé cuidadosamente y la senté en el inodoro.
―¿Qué pasó? ¿Cómo te caíste? ―dije revisándole el cráneo.
―Este yeso, Edward ¡Me tiene enferma! ―bufó.
―Se mojó ―dicté ―. Deberé cambiarlo.
―¡No!, ya no quiero más yeso ―hizo pucheritos como una niña.
―Pero, Bella…
―Ed, no quiero más yeso, por favor ¿No hay otro método? ―me pestañeo tiernamente.
―Déjame examinarte y veremos ―dije tomándola en brazos y llevándola a la cama.
―Ed, ¿Estabas cocinando algo? ―me recordó.
―Espérame… ―corrí a apagar la olla con los ravioles, luego terminaría de cocerlos bien.
Una vez apagado todo en la cocina, volví hacia la habitación.
Bella estaba en una posición muy sensual, esperándome.
―Cariño ―le dije intentado ser fuerte ―. Ahora no, déjame revisarte y luego todo lo que quieras ―sonreí.
Ella frunció el ceño y se cruzó de brazos.
Tomé mi maletín de trabajo y saqué todo lo necesario. La verdad me había imaginado que algo así ocurriría así que venía preparado para todo, no me iría al hospital a menos que fuese urgente ya que este quedaba cerca de 20 kilómetros, por lo bajo.
Corté con cuidado el yeso y pude ver su tobillo, al palparlo pude notar que estaba mucho mejor, pero aún necesitaría fijación.
Fui al estudio de Carlisle, allí guardaba todo tipo de cosas para cuando éramos niños, de seguro encontraría una fijación más cómoda para Bella, pero aún así efectiva.
Entonces encontré una de ellas adaptable para tamaño y bastante firme, se la llevé.
Bella sonrió al ver que no le pondría yeso.
―Esto será temporal, si veo que no funciona te pondré un yeso nuevo, aún así cuando lleguemos a L.A te haré otra radiografía ―dicté.
―¡Gracias! ―dijo besándome efusivamente.
Esa noche cenamos sin mayor problema y nos fuimos a la cama temprano, pues al día siguiente quería llevarla al campo de Golf.
En la mañana me despertó mi celular.
―¿Aló? ―dije entre sueños.
―Edward ―chilló Rose ―. Emmett te va a hablar.
―Edward ―dijo Emmett ―. Adelantamos el viaje, nos iremos mañana, pásanos a buscar a las 10 hrs de la mañana al aeropuerto ―dijo.
―¿Y tenían que llamarme tan temprano? ―reclamé.
―Edward son las 12 del día ―rió Emmett.
―Ok, mañana estaré allí, adiós ―corté.
Me levanté y preparé el almuerzo. Bella se levantó una vez todo listo y luego de almorzar nos marchamos al campo de golf.
―¿Dónde vamos? ―preguntó Bella.
―Al campo de Golf ―sonreí.
―Edward, confieso que soy torpe en los deportes ―se ruborizó.
―Confieso que no iremos a jugar golf.
―¿A que se va a un campo de golf, si no es a jugar golf? ―preguntó en tono de burla.
―A practicar tiro al blanco ―la miré de reojo.
―¡Oh!
―Bella, debes aprender defensa personal, pero eso será cuando estés en condiciones, por ahora sólo tiro al blanco ―dicté.
―Sé algo de defensa personal ―eso no lo sabía así que me sorprendió.
―Entonces practicarás conmigo cuando puedas ―dije sin alejar mi mirada del camino.
―Edward, Le tengo pánico a los disparos ―dijo asustada.
―¿Por qué?
―Cuando niña a Charlie se le disparó por accidente la pistola y mató a Bell ―sus ojos se entristecieron.
―¿Bell?
―Mi perrita, yo en ese entonces tenía seis años ―dijo apagando su voz.
―Lo siento. Pero, realmente debes saber defenderte, no puedes andar por ahí como si nada.
Dejamos el tema allí. Estuvimos toda la tarde intentando enseñar a Bella, gracias a Dios el instructor y yo teníamos mucha paciencia con ella, pero al final de la tarde logró por lo menos pegarle a la orilla del blanco gigante que le había puesto, especialmente para ella, el instructor.
En la noche, Bella anduvo aún más cariñosa que de costumbre, al parecer buscaba mi protección, estuvimos acariciándonos por horas, Bella no se cansaba de juguetear conmigo a pesar de su condición, ya me la imaginaba cuando no tuviese el impedimento del tobillo.
Estremecí cuando comenzó a acariciar mi parte intima con su boca, subiendo y bajando con gran rapidez. Luego la retiró para besarme en los labios y presionó mi miembro con una mano, comenzó a acariciarlo produciéndome un gran placer.
―B-Bel-lla ―dije desesperando, la sensación recorría todo mi cuerpo.
Me sentía en otra sintonía cuando en un movimiento rápido ella estaba sobre mí aprisionando mis manos con las suyas.
Quise tocar sus pechos, pero ella me detuvo y presiono mis manos contra las sábanas con más fuerza.
Sus movimientos ondulantes me estaban volviendo loco, mi cuerpo comenzó a temblar y a desesperarse, quería tocarla, quería acariciarla y ella me lo impedía, el único contacto permisible para mí eran nuestras zonas intimas. Comencé a acelerar mis movimientos mientras que ella lo evitaba, intentado manejar la intensidad a su manera, me estaba volviendo loco, entonces rió y comenzó a acelerar sus caderas, sin permitirme tocarla aún. Gemí, me retorcí y me desesperé al no poder posar mis manos sobre sus caderas o masajear sus senos, en forma de venganza me levanté como pude ejerciendo mi fuerza y bebí de sus pezones, los mordisqueé, los succioné hasta que comenzó a gemir y lentamente me soltó de sus amarras, llevé mis manos a sus caderas, luego a sus cabellos y entonces allí ella comenzó a jadear con mayor intensidad, alcanzando ambos, sin proponérnoslo, el placer.
Al día siguiente fui a buscar a Rose y Emmett, mientras que Bella preparaba el almuerzo.
Disfrutamos así dos semanas agradables junto a Emmett y Rose, aprovechando al máximo la amplitud de la casa, así no nos incomodábamos ninguno por las noches.
El último día para despedir nuestras vacaciones, fuimos a un bar.
―Chicas, ya bajen de una vez o nos terminaremos quedando aquí ―reclamó Emmett.
―Tú eras igual ―me reí ―. Vivias pendiente que no se te notase ninguna espinilla y menos las ojeras ¿Lo olvidaste?
Me gruñó.
Rose y Bella se veían estupendas, aunque debía reconocer que me daba cierto celo que el resto de los hombres vieran a Bella de esa manera, la quería sólo para mí, pero no podía ser tan posesivo.
El ambiente del bar era agradable, para comenzar la noche pedimos una ronda de vodka.
Emmett se animó con un par de tequilas, mientras que las chicas pidieron dos "laguna azul".
En un momento Rose y Bella se levantaron para ir al baño y Emmett aprovechó para confesarme algo.
―Edward, Le voy a pedir matrimonio a Rosalie ―gritó para que pudiese oírle.
―¿Cuándo? ―sonreí ante la noticia.
―Ahora ―me mostró la caja con los anillos.
―¿Qué harás? ―le dije sosteniendole el brazo.
―Hablaré con el tipo que anima, para que me ayude.
Estaba definitivamente loco, vi como le pedía que bajase del escenario y entonces vi como el tipo le respondía, pero no hizo señales que pudiesen decirme si acepto o rechazó la proposición.
Cuándo Emmett volvió aún no llegaban las chicas.
―Ha aceptado a cambio de 100 dolares ―dijo.
―Y ¿Los pagarás? ―reclamé.
―Claro, pondrá Somebody needs you de Westlife, la canción que adora Rose ―sonrió.
―Estas loco…
Pero no pude decir más al ver que las chicas llegaban.
―Que tipo más cargante ―reclamó Rose.
―¿Problemas amor? ―dijo Emmett.
―No, es sólo que a Bella un tipo le ha rogado que le diese su numero ―bufó.
―¡¿Qué?! ―me levanté de la mesa.
―¡Cálmate! ―reclamaron ambas.
―Bella lo supo poner en sus casillas ―rió Rose.
Se bajó el sonido de la música y comenzó a sonar la canción que había pedido Emmett.
Rose chilló.
―¡¡¡Amo esa canción!!! ―gritó Rose emocionada.
―Vamos a bailarla ―dijo Emmett.
Salimos los cuatro a la pista de baile, tratando ayudar a Emmett en la complicidad de lo que vendría.
Comenzó a sonar el coro y el animador subió al escenario y dejaron la canción como sonido de ambiente.
La audiencia abucheó, pero el animador los llamó a mantener la calma.
―Queridos amigos, por favor, tengo algo que contarles, algo muy importante, por favor quédense donde están, no se vayan a sentar, luego pondremos nuevamente la canción.
Dentro de este tumulto de gente hay una persona que le quiere hacer una dedicación especial para su chica ―sonrió.
―¡Qué romántico! ―le dijo Rose a Bella.
―Él me ha dicho lo muy especial que ella es para él y esta noche le quiere dedicar unas palabras ―dijo el animador.
Emmett se enderezó y comenzó a caminar hacía el escenario mientras que Rosalie no podía más de la emoción y comenzaron a caer pequeñas lágrimas de sus ojos.
―Rose ―dijo Emmett por el micrófono ―. No soy muy bueno para hablar de mis sentimientos, mucho menos en público.
Rosalie lloraba como una magdalena, mientras que una luz caía sobre ella señalándola como la chica afortunada.
―Ven acá, cariño ―le pidió Emmett.
Rosalie camino a tientas, nerviosa y subió al escenario, Emmett la ayudó y la tomó de la mano.
―Rosalie, te amo con toda mi alma y sé que eres tú la mujer más especial que podría pedir un hombre como yo…―Emmett sacó lentamente la caja de su bolsillo y se arrodilló como en las antiguas películas del cine ―Rosalie Hale, amor de mi vida, ¿Te casarías conmigo?
La ovación del público se dejó sentir.
Rosalie ya no contenía su llanto.
―C-Claro que s-si ―dijo entre sollozos.
El beso fue lo más tierno de la noche. El animador le entregó un ramo de rosas rojas a Emmett quien se lo entregó a Rosalie.
Y Volvieron a poner la canción, Rosalie y Emmett la bailaron en el escenario.
―¡Que hermoso! ―dijo Bella.
―Si, ha sido un loco, se le ha ocurrido mientras ustedes iban al baño, pensaba pedírselo en el yate, pero al parecer no se aguantó ―le hablé al oído.
―¡Que tierno! Rosalie debe estar orgullosa de su futuro esposo ―sonrió.
―El día en que te pida matrimonio, será aún más tierno que eso ―dije sin pensar.
Mis palabras atropelladas me habían sorprendido hasta a mí, jamás me había cuestionado el matrimonio, menos con Bella, no es que no tuviese las aptitudes y además de eso mis sentimientos eran fuertes hacía ella, pero ¿Qué pensaría Bella? Su rostro no me daba mayores indicios. ¿Quizá sería demasiado compromiso? ¿Y si lo que siente por mi no es tan fuerte? Estremecí.
Hola chicas!
Como ven me demoré un tanto en actualizar, no creo que actualice pronto, ahora si que no, por que tengo que estudiar mucho para mi examen de repetición, le agradezco a todas las que leen este fic y más aun le agradezco a las que me dejan palabras de aliento en sus reviews de verdad que son muy importantes Lo gracioso es ver el trafico de gente por las historias me ha dejado muy emocionada…
Si leen Ceguera sentimental las invitó a leer Hacerte mía Mi One – Shot
Muchos cariños y
Prospero año nuevo!
Besos y bendiciones
Manne.
