Capítulo dedicado a MarianitaUchiha por tantos reviews que me alegraron el día.

Este finde una amiga me invitó a ir al cumple de una persona que ni conocía pero la agregue al FACE y hablamos un poco para ver como ir, él había pedido que inventen gente, al parecer la cosa va a ser algo grande y estaré rodeada de completos desconocidos.

¿Cómo debería sentirme?

Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.

Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.


- Capitulo 11 -

Tan pronto Sakura se fue con Naruto, Itachi tomó el teléfono y llamó a la casa de su padre. Cuando este contestó, le sorprendió el ruido que oyó de fondo.

– ¿Qué sucede? –preguntó Itachi a gritos.

–Bueno, bueno, si es mi hijo que acaba de convertirse en gay –dijo Minato Uchiha–. ¿Cómo anda tu interpretación de un homosexual?

Itachi puso los ojos en blanco y juró matar a su hermano.

– ¿Podrías dejarte de bromas, papá, y ponerme a mi secretaria?

– ¿Hinata?

– ¿Qué? No te oigo. No, no quiero comprar una piñata; quiero hablar con Hinata.

– Es lo que te pregunte.

– Ah. Está bien. –Sí, en realidad lo sabía. Vagamente recordaba haber pensado que Hinata era un nombre extraño para una mujer tan helada como lo era la Hyuga–. ¿Me puedes pasar con ella?

–Está bien –le contestó su padre–. Creo que está en la cocina con Chouji.

Dicho lo cual, apoyó el teléfono en una mesa. Itachi alcanzó a oír el sonido de sus pasos en el piso de madera.

– ¿Hinata? –Preguntó Itachi en voz baja–. ¿Chouji...?

–Sí, señor –dijo Hinata cuando levantó el auricular–. ¿Qué puedo hacer por usted? –Como Itachi siguió callado, ella dijo–: Lo siento. He pasado demasiado tiempo en Konoha.

–Sí, bueno –murmuró Itachi, sin saber qué contestar–. Necesito que haga algo.

–Eso pensé. No creí que se tratara de una llamada de tipo social.

Por un momento, Itachi se apartó el teléfono de la cara estupefacto. Cuando todo esto terminara y él regresara a Nueva York, se proponía meter en vereda a su personal.

–Le dictaré una lista de los juguetes que quiero que compre; después, quiero que los envuelva en papel de seda blanco, los ate y les ponga un lacito rojo o verde. En cada uno debe haber una etiqueta en la que diga que es un regalo de Papá Noel. ¿Entendido?

–Sí. No es nada difícil –contestó Hinata.

Itachi volvió a hacer una mueca. Realmente, su secretaria se estaba poniendo demasiado insolente.

–Y quiero que los lleve a casa en Nochebuena y que los ponga debajo del árbol.

–Entiendo. ¿Y cómo hago para entrar en la casa?

–Dejaré una llave debajo del felpudo de la puerta de atrás.

–Ah, los placeres y la seguridad de la vida en un pueblo... Cómo extraño esas cosas.

–Hinata, cuando quiera oír sus comentarios personales, se lo haré saber.

–Sí, señor –aceptó ella, pero no sonaba nada contrita–. ¿Alguna otra cosa?

Por un momento Itachi se sintió culpable por su arranque. Lo que sucedía era que demasiadas cosas comenzaban a quebrarse en su ordenado mundo.

– ¿Tiene vestido para mañana por la noche? –Preguntó, en un intento de parecer menos dictatorial.

–Usted me compró un Óscar de la Renta, bastante caro, por cierto.

–Bien –dijo él. Entonces, como no tenía nada más que decir y oía risas de fondo, se despidió y cortó la comunicación.

A continuación hizo otra llamada y otra invitación.

–Bueno, bueno –dijo Tsunade cuando Itachi abrió la puerta con Sasuke en brazos–. De modo que tú eres el ángel del que tanto habla Sakura. No te quedes ahí parado; fuera hace frío.

– ¿Verdad que no se lo contarás a ella? –preguntó Itachi, con el aspecto de un chiquillo que suplica que no le cuenten a su mamá una travesura suya.

– ¿Contarle a Sakura que su ángel de la guarda gay es, en realidad, uno de los hombres más ricos del mundo?

–No tanto. Y, antes de que me lo preguntes, mi fortuna no asciende precisamente a mil millones de dólares.

–Ven aquí, querido –le dijo ella a su nieto, y el bebé pasó a sus brazos–. ¿Me puedes decir entonces qué está sucediendo aquí? ¿Por qué te haces pasar por homosexual cuando sé que durante la secundaria andabas detrás de toda chica de Konoha que se te cruzaba y que tienes muchas casas alrededor del mundo?

–Ya veo que no has cambiado nada –comentó Itachi, sonriendo, mientras observaba, fascinado, la masa de pelo cubierto de laca que remataba la cabeza de Tsunade. Los mechones se entretejían en un diseño intrincado que no se habría movido ni durante un huracán–. Que sigues tan curiosa y entrometida como siempre.

–Sakura me importa –fue la respuesta simple de Tsunade–. Quiero lo mejor para ella.

– ¿Porque Lee no está aquí para dárselo? –preguntó Itachi.

–Eso es un golpe bajo, y lo sabes. Puede que mi hijo haya tenido sus defectos, pero hizo una cosa buena en su vida: casarse con Sakura y tener este hijo con ella. –Abrazó y besó a Sasuke, le apartó las manos de sus gafas y después dijo–: No, eso no es cierto. Hizo otra cosa buena. La noche que murió, Lee estaba borracho, muy borracho, y conducía el coche a cerca de cien kilómetros por hora por la vieja y serpenteante River Road. Pero estaba lo suficientemente sobrio -y era de sobra generoso– como para estrellar el coche contra un árbol en lugar de chocarse contra un autobús repleto de chicos que regresaban de un partido de fútbol.

–Lee siempre me cayó bien –confesó Itachi en voz baja.

–Ya lo sé, y fuiste muy bueno con él. Esa es la razón por la que vine a ver cómo os lleváis tú y Sakura. Sakura es la mejor. Ve lo bueno que tiene la gente. No me entiendas mal. No es una de esas idiotas que cree que todo el que no tiene cola ni cuernos es una buena persona. Es que Sakura puede ver en la gente cosas que otros no advierten. Y el hecho de que confíe en esas personas hace que se esfuercen más en no decepcionarla. Tal vez si Lee no hubiera muerto ella lo habría convertido en alguien mejor. Pero... Bueno, es mejor no hablar mal de los muertos. Lee dejó a una hermosa esposa y a Sasuke –. La mujer levantó la vista.

–De modo que, ahora, ¿por qué no me dices por qué vives con mi nuera en esta casa en ruinas?

Itachi no prestó atención a su pregunta.

– ¿Podrías cuidar al bebé mañana? Tengo que salir –. Ella entrecerró los ojos y lo miró.

– ¿Sabes? Últimamente han pasado aquí cosas muy extrañas, como por ejemplo que alguien comprara El Paraíso de los Bebés y Tempestades de Suna y...

– ¿Qué? ¿Alguien compró una tienda de ropa?

–Sí. La de Kankuro, en la que hoy apareció un cartel con el sorteo de un vestido de Dior. Tal vez en Konoha todos seamos muy pueblerinos, pero sí sabemos que un lugar como Tempestades de Suna no hace un. sorteo con un vestido de Dior. ¿Sabes lo que cuesta ese vestido?

–Supongo que me lo dirás –contestó Itachi–. ¿Conoces el nombre del comprador de esa tienda? Tsunade le sonrió y sacudió un sonajero para Sasuke. –Solo que era de Nueva York. ¿Sabías que el dueño de la tienda era un viejo rival tuyo de fútbol? Me parece recordar un partido en el que debías haberle hecho un pase con la pelota, pero no lo hiciste. En cambio, corriste con ella e hiciste el tanto de la victoria. ¿Cómo se llamaba ese muchacho?

–Gaara Sabaku no –respondió Itachi.

–Sí, eso es. Se casó con una chica cuyo padre era el dueño de esa tienda, y durante años Gaara trató de sacarla adelante, pero sin resultado. –Observaba el rostro de Itachi con una sonrisa cada vez más amplia–. Así que es posible que finalmente haya encontrado a alguien que se la quitara de las manos. Alguien que puede darse el lujo de comprársela.

–No me mires a mí. Yo antes era un hombre rico, pero desde que vine de visita a Konoha mis recursos han disminuido notablemente.

– ¿No puedes conseguir ganancias con una tienda de ropa en Konoha, ni siquiera cuando regalas trajes de veinte mil dólares como estrategia de ventas?

De pronto, Itachi le sonrió.

–Sigues siendo la persona más entrometida de cuatro condados. ¿Puedes o no cuidar a Sasuke mañana por la noche?

– ¿Para que puedas asistir al Baile de los Senju? Oí decir que el piloto del avión ese que tienes le pagó tanto a Sarutobi para utilizar su pista de aterrizaje, que el tipo está pensando en retirarse.

Itachi gruñó.

–Está bien, tú ganas. Tú consigues un chisme, pero yo consigo que alguien cuide de Sasuke mañana. ¿Trato hecho?

–Por supuesto. Pide por teléfono una pizza mientras yo traigo del coche la botella de whisky. No tiene sentido ver si Sakura tiene alcohol en la casa. Lo más probable es que tenga miedo de que Sasuke se lo beba.

–No has cambiado, Tsunade. No has cambiado nada.

–Tampoco tú –replicó ella con una sonrisa–. Y siempre fuiste mi preferido.

–Junto con todos los otros chicos del pueblo –dijo él y cogió el teléfono.

– ¡Deberías verlo jugar con Sasuke! –Decía Sakura–. Es capaz de animarle a gatear durante veinte minutos; tiene una paciencia inagotable. Y todo parece salir bien cuando él está cerca. Yo gano cosas, encuentro grandes ofertas y, ¿te conté que él se ocupa de la plancha para que yo pueda dormir más?

–Sí, me lo has contado dos veces –dijo Naruto, la vista fija en su ensalada.

–Ah, lo siento. Lo que ocurre es que jamás viví con alguien tan poco egoísta. Bueno, no es que viva con él, pero, ya sabes... –Dejó la frase inconclusa, movió el tenedor alrededor de la lechuga y se preguntó qué estarían comiendo Sasuke y el señor Uchiha para la cena.

–Sakura, ¿prefieres volver a casa? –Preguntó Naruto y se inclinó hacia ella sobre la mesa.

–No, por supuesto que no. Lo estoy pasando muy bien. Es fantástico poder salir de casa.

–Estás preciosa. Ese color te sienta bien.

–El señor Uchiha me compró esta ropa –dijo, antes de tener tiempo para pensarlo–. Está bien, de acuerdo. Prometo no volver a mencionar su nombre. Dime, ¿salvaste hoy alguna vida?

–Sí, por lo menos media docena. ¿Te gustaría que después fuéramos a bailar?

–No puedo –respondió ella con la boca llena, tratando de recuperar el tiempo perdido, puesto que Naruto ya casi había terminado de comer, y ella había hablado demasiado como para poder hacerlo–. Es la leche –farfulló.

– ¿Qué dijiste?

Sakura bebió un sorbo de limonada.

–La leche. Tengo que darle de mamar a Sasuke. Le dije que debería trabajar en una lechería puesto que no puedo conseguir trabajo en ninguna otra parte.

– ¿Le dijiste eso a Sasuke?

–No, bueno, se lo dije a...

–A Itachi. Entiendo. –Por un momento Naruto permaneció callado; después, miró a Sakura-. ¿Él te habló del baile de mañana por la noche?

–Sí, pero solo después de que gané un vestido de Dior.

– ¿Ganaste un vestido? ¿Y nada menos que de Dior? Cuéntamelo.

Sakura inició entonces el relato de todo ese día, empezando con el planchado de Itachi, después el encuentro con Ino Yamanaka en el centro comercial y cómo Itachi le había comprado ropa a Sasuke.

–Por supuesto que tiene que ir a devolverla –dijo, con la boca llena de solomillo–, y lo hará, pero todavía no lo ha hecho. Tenemos que hablar sobre ese tema.

– ¿Qué me dices del vestido?

– Ah, sí, el vestido. –Sakura le contó lo que Konan le había dicho sobre que la tienda de Kankuro iba a cerrar y que acababa de comprarla otra persona, así que sorteaban un vestido–. Y yo lo gané. Y también un tratamiento completo en un salón de belleza, así que mañana estaré bastante presentable.

–Siempre estás presentable –dijo Naruto, pero Sakura pareció no darse cuenta del cumplido.

–En mi caso, me alegro de que sea un vestido sin tirantes, porque eso me lo pone más fácil. –Lo dijo como una broma, pero cuando se dio cuenta de la forma en que Naruto la miraba, se puso colorada–. Lo siento. Olvido el lugar en que estoy. Continuamente hago bromas sobre la lactancia y no debería. Son de mal gusto. –Lo cierto era que no podía evitarlo–. Bueno, no creo que lo sea para Sasuke. Sobre todo si como algo sabroso y picante. –Le sonrió a Naruto-. Lo lamento.

– ¿Tú e Itachi os gastáis bromas? –Preguntó Naruto.

–Sí. Sabe escuchar y se ríe de mis chistes por malos que sean.

–Pero no lo son para Itachi...

– ¿Cómo dices?

–Acabas de decir que tus bromas no eran de mal gusto para Sasuke, y yo acoté que tampoco lo eran para Itachi.

Sakura lo miró, desconcertada y sin entender. –Sí, claro. Esto está muy rico. ¿Qué es?

–Un filete.

–Ah, sí. ¿Te hablé de Chouji?

– ¿Otro hombre?

–No, tonto, es el que prepara la comida para bebés que me diste. Es un hombre muy apuesto y tú deberías haberme dicho la verdad.

–Sí, debería haberlo hecho. ¿Por qué no me dices tú esa verdad?

–Te aburrirías.

–No, en serio –dijo él–. Esta historia comienza a fascinarme. Conozco a personas que jamás conocí antes. Está, por ejemplo, el divertido y generoso Itachi. Y también Sasuke, una criatura adorable. Y ahora tenemos a Chouji, el Hermoso. ¿Quién más hay en tu vida?

Sakura se metió en la boca un trozo de carne del tamaño de una pelota de golf y después indicó por señas que no podía hablar hasta haberlo masticado y tragado.

– ¡Sakura! –Dijo una voz masculina desde cerca–. ¡Estás divina! ¿Sigue en pie nuestra salida para la víspera de Año Nuevo?

Sakura sacudió las manos y se señaló la boca llena mientras miraba a Neji Hyuga.

–Me parece que Sakura estará ocupada esa noche –afirmó Naruto con firmeza y fulminó al hombre con la mirada.

– ¿Ah, sí? ¿Recibiste mi regalo de Navidad, Sakura? –Preguntó Neji y le sonrió.

Sakura, masticando todavía, negó con la cabeza. – ¿En serio? Entonces tendré que llevártelo yo mismo la mañana de Navidad. O quizá sería mejor que dijera que tendré que «conducirlo» hasta tu casa. –Miró a Naruto–. ¿Cómo va esa pequeña clínica suya, doc? ¿Sigue suplicándole a la gente que done dinero para completarla? ¿Y todavía vive en esa casa diminuta de River Road? –Antes de que Naruto tuviera tiempo de contestar, se giró hacia Sakura, le guiñó un ojo, la saludó con la mano y se fue.

– ¡Cómo odio a ese tipo! ¿A ti no te pasa lo mismo?

Sakura se dio cuenta de que todavía no había terminado de masticar el enorme trozo de carne.

– ¿Deseas un postre?

– Leche –masculló Sakura–. Sasuke.

–Sí, claro –dijo Naruto y le hizo señas a la camarera para que trajera la cuenta–. Será mejor que nos vayamos. ¡Qué noche!

Sakura no quiso que Naruto la acompañara a la puerta. Se sintió culpable por no permitírselo; después de todo, le había pagado una cena muy rica y al día siguiente la llevaría al baile, pero daba igual, ella solo tenía ganas de estar en su casa.

–Ya he llegado –dijo en voz alta y, al no recibir respuesta, de pronto sintió pánico. ¿El señor Uchiha se habría ido? ¿Se habría llevado a Sasuke?

Pero un instante después apareció Itachi, con Sasuke lloroso en los brazos.

–Démelo, démelo –dijo Sakura y extendió los brazos–. Estoy que exploto. –Segundos más tarde, ella estaba sentada en el sofá y Sasuke comía muy contento.

– ¿Lo pasó bien? –preguntó Itachi, de pie junto a ella.

–Sí, claro. Estuvo fantástico. ¿Quedó algo del guiso del almuerzo?

–Me parece que sí –contestó él y el aspecto suplicante de ella le hizo sonreír. Fue entonces a la cocina y llenó un plato con ensalada y carne fría–. A usted le hace falta uno de esos hornos rápidos –dijo, al entregarle el plato.

Sakura tomó el plato con una mano, pero no tenía dónde apoyarlo. Entonces Itachi lo cogió, cortó un pedazo de carne y se lo dio de comer con un tenedor. –Un horno de microondas –dijo ella cuando tuvo la boca desocupada–. Pero la comida de Chouji es sabrosa caliente o fría. ¿Usted ha cenado?

–Sí, y creí que usted también lo había hecho, así que, ¿por qué sigue con apetito? –preguntó y le llevó a la boca un trozo de patata con salsa de eneldo.

–Usted lo sabe –contestó ella y movió la mano. Después preguntó con severidad–: ¿Qué es eso?

–La mesa baja –dijo él y tomó con el tenedor un trozo de carne fría cocinada con vino tinto–. Bueno eso es lo que se supone que es. Tal vez podamos encontrar una tienda de muebles que esté por cerrar. –Se refería a la enorme bobina para cables que ella tenía en el medio del comedor.

–No, eso –dijo Sakura, todavía con la boca llena.

– ¿La copa? Es una copa. ¿Nunca vio una antes? –Ella no prestó atención a ese intento de broma.

– ¿Qué hay en la copa?

Itachi giró la cabeza y observó la única copa que había sobre la mesa. Después, de espaldas a Sakura, sonrió. Estaba muy serio cuando volvió a mirarla.

–Pintalabios –dijo–. Pintalabios rojo.

–No es mío. –Ella lo miraba con furia mientras él le ponía más comida en la boca.

–No me mire. Tampoco es mío.

–Ya sé que no todos los gays son travestidos –dijo ella–. Así que, ¿de quién es ese lápiz de labios?

–Ah...

– ¡Itachi!

– ¿Qué fue del «señor Uchiha»?

Ella siguió mirándolo con odio mientras se pasaba a Sasuke al otro pecho.

– ¿Ha recibido una visita?

–En realidad, sí. Qué amable por su parte preguntármelo.

–Me parece que no debería haberlo hecho –dijo ella, enfurruñada–. Nunca se sabe cuáles pueden ser las intenciones de una persona cuando hay un bebé por medio. A mí me preocupa mucho la seguridad de Sasuke.

–A mí también, pero esta era una mujer que conozco hace mucho –aclaró él y le dio de comer lo último que quedaba en el plato.

–Creo que debería haberme pedido permiso antes de invitar a una mujer a esta casa. Después de todo, es mi casa.

–Lo haré la próxima vez. ¿Desea beber algo? Tengo un poco de cerveza. Seguro que a Sasuke le gusta.

– ¿Quién era?

– ¿Quién era quién?

–La mujer que dejó manchada la copa con su pintalabios. De esa hablo.

–Es solo una amiga. ¿Qué le parecería un refresco? ¿O un poco de agua?

Sakura le lanzó una mirada asesina. –No me está contestando.

–Y usted tampoco me contesta a mí. ¿Qué desea beber?

–Nada –respondió ella, sintiéndose inexplicablemente furiosa. Sasuke se había quedado dormido antes de terminar de mamar, y ella sabía que debería despertarlo, pero no tuvo el coraje de hacerlo. En cambio, lo único que quería era irse a la cama. ¿Qué le importaba a ella si él tenía visitas, masculinas o femeninas?

–Estoy muy cansada –dijo, alzó a Sasuke y se dirigió hacia su dormitorio–. Lo veré por la mañana.

–Buenas noches –se despidió él con tono animado y se dirigió a su propio dormitorio.

Horas después, Itachi despertó al oír ruido de vidrio roto y enseguida saltó de la cama. Se había quedado dormido vestido y con la luz encendida mientras leía un informe de mercado sobre una compañía que trataba de comprar.

Una vez en la cocina encontró allí a Sakura y una copa rota en el suelo. Ella trataba de recoger los pedazos con las manos desnudas mientras caminaba descalza por la cocina.

–Aléjese de esos vidrios rotos –dijo él, enojado–. Se va a cortar. –Cuando ella levantó la vista hacia él con los ojos llenos de pena, él supo que algo andaba mal. Atravesó el suelo lleno de trozos de vidrio con sus pantuflas, tomó a Sakura en sus brazos y la llevó a una silla junto a la mesa de la cocina–. Ahora cuénteme qué le pasa.

–No es nada. Es solo un dolor de cabeza –logró balbucear ella, pero incluso ese sonido hizo que una mueca de dolor apareciera en su cara. Sakura se movió con incomodidad en la silla.

– ¿Nada? –preguntó él–. ¿Qué tal si la llevo a urgencias para que la examine un médico?

–Tengo algunas píldoras –explicó ella e hizo un gesto hacia el dormitorio–. Están en...

Ella no terminó la frase porque Itachi ya se había ido, pero segundos después estaba de vuelta con su teléfono móvil al oído.

–No me importa qué hora es ni si alguna vez consigues descansar –dijo en el teléfono–. No soy médico, pero me doy cuenta cuando alguien siente mucho dolor. ¿Qué hago con ella?

»De acuerdo –continuó Itachi–. ¿Que cuánto hace que tiene esos dolores? Ajá. Ajá. Entiendo. Te llamaré si vuelvo a necesitarte.

Itachi guardó el teléfono y miró a Sakura.

–Naruto aconseja compresas calientes y masajes. Y dice que le recetó píldoras que debía tomar cuando sintiera los primeros síntomas de dolor. ¿Por qué no las tomó?

–Estaba ocupada –respondió ella y lo miró con expresión pesarosa–. Lamento haberlo despertado, pero la cabeza me duele muchísimo.

Itachi se acercó al fregadero, abrió el grifo, dejó que corriera el agua hasta que estuvo bien caliente y después mojó en ella una toalla.

–Tome –dijo, y se la entregó–. Póngasela sobre la frente y dígame dónde están las píldoras.

Pero cuando Sakura trató de hablar, tuvo que cerrar los ojos por el dolor, así que Itachi se agachó, la tomó en brazos y la llevó al dormitorio. En el botiquín del baño encontró el frasco con píldoras que tenía una etiqueta que decía: «Jaquecas», así que le llevó a Sakura dos y un vaso de agua.

Su intención era salir entonces del cuarto, pero ella estaba acurrucada y hecha un ovillo, y él sabía que la tensión y la falta de sueño tenían tanto que ver con esa jaqueca como cualquier otra cosa. Por teléfono Naruto le había dicho que las madres primerizas con frecuencia sufrían dolores de cabeza y que, más que píldoras, lo que necesitaban era afecto y mimos.

Cuando Itachi se sentó sobre la cama junto a Sakura, ella empezó a protestar, pero él no la escuchó. En cambio, se apoyó contra la cabecera de la cama, la tomó y la recostó contra su pecho. La toalla ya estaba fría y el pelo de alrededor de la frente estaba húmedo, por la compresa o por el sudor, no supo bien por cuál de las dos cosas.

Con mucha suavidad le puso sus dedos largos y fuertes en la nuca y comenzó a masajeársela. Cuando oyó el primer gemido de Sakura, se animó más. Lentamente le acarició el cuello y la cabeza, y un momento después sintió que se distendían.

–Confíe en mí –le pidió porque ella parecía no distenderse del todo.

Pero los masajes profundos de Itachi la hicieron olvidar por completo la incomodidad de que los dos estuvieran juntos en la cama y pareció, incluso, hacerle olvidar todo lo demás. Las manos de él comenzaron a bajar por la espalda de ella, a recorrerle la columna, después las costillas y después a subir por los brazos.

A1 cabo de unos treinta minutos ella estaba completamente laxa en sus brazos, y tan confiada y entregada a él como lo estaba Sasuke.

Después de otros diez minutos, Itachi vio que Sakura estaba dormida, así que suavemente le apoyó la cabeza en la almohada y le extendió las piernas. Después se puso de pie al lado de la cama y la cubrió con la colcha. A continuación, y movido por un impulso, le besó una mejilla y la arropó corno si fuera una criatura de tres años.

Sonriendo, giró para salir de la habitación. –Gracias –oyó que Sakura le susurraba cuando él se dirigía a su propio dormitorio. Como respuesta, Itachi sonrió más.


Gracias por leer, espero que les haya gustado.

Tengo la duda, ¿los reviews ayudan a la popularidad de un fic? ¿que es lo que las/los hace entrar a leer un fic?