Hola a todos! acá vengo rapidito para dejarles el capitulo de esta historia. Gracias por los reviews en el anterior. Y GRACIAS enormes por las felicitaciones que recibi via face gracias a que el marte 17 finalmente me convertí en Licenciada en Comunicación Social! Se ha cerrado una etapa, gente, estoy muy feliz! :)
Bueno, no los entretengo más, los dejo con el nuevo capitulo! Espero que les guste. No es la gran cosa pero zafa! jaja
Desde que te vi
Capítulo 11
Área restringida
Si algo callé es porque entendí todo, menos la distancia.
Ginny llegó a su departamento junto a los niños. Estuvo tan callada todo el viaje y manejó con tanta inercia que ni se dio cuenta que habían llegado y se pasó de largo. Liz y Thiago le comentaron algunas anécdotas escolares, pero ella sentía como si sus voces fueran ecos lejanos. No podía olvidar las palabras de Harry, la decepción en sus ojos, su enojo y su agresión.
Era imposible que entendiera sus verdaderos motivos, sus dos grandes motivos. Sus hijos, los niños que la salvaron, porque no era al revés. Los niños le habían dado una razón para levantarse de esa cama y continuar su vida luego de haber perdido al amor de su vida. Liz y Thiago la habían ayudado con su amor desinteresado. Y Harry Potter no acostumbraba a frecuentar mujeres que tengan semejante responsabilidad, sobre todo teniendo en cuenta el detalle de que había mentido para poder ganarse el puesto en PotterAndPotions. Puesto que no podía arriesgar.
Pero lo cierto también era que Ginny, pese a tener sólo veintitrés años, no era una mujer de relaciones ocasiones como las que su jefe mantenía con Sophie, ni tampoco le gustaban.
Harry solo quería acostarse con ella, no debía engañarse, esa era la verdad. Su jefe le encantaba, pero su propósito más lejano con el género femenino era follar y disfrutar de unas buenas curvas. Ginny no quería eso para su vida. Era la primera vez que se sentía atraída hacia un hombre como Harry, un aventurero, pasional y desaferrado. Sentía que pretender avanzar en esa "relación" era como caminar derechito hacia un precipicio y creer que algún milagro la salvaría. Y ya sabía otra premisa que había aprendido hace tiempo "Una relación no te salvará" .
-¡Mamá!- Liz lloraba a mares- Thiago me pegó…me empujó…
Ginny la subió a su falda y empezó a desabrocharle los guardapolvos. Tenía ganas de llorar con ella, como una niña desconsolada sin su juguete, pero sabía que había cosas peores para andar flaqueando por Harry Potter. Aunque doliera como le dolía…muchísimo.
-¿Qué te pasa mamá? Estás triste…-Ginny sonrió con melancolía.
-¿Qué deseas cenar, cielo? – besó su frente y le acomodó el pelo.
-Arroz.
-¡Con queso!-agregó Thiago entrando con una varita de goma en la mano que hacía luces de colores.
-¡Esa mi varita Thiago, devuélvemela!
-No, ahora estoy jugando yo…
-¡A ti te compraron la pelota! ¡Es mía mi varita! – exigió enojada.
-¡El otro día te presté mi pelota, la tuviste como dos horas! –gritó Thiago.- Y ahora debo tenerla dos horas yo.
-Niños… no discutan, me duele la cabeza – les pidió Ginny fatigada.
-Pero mamá…
-Tú ven a cocinar conmigo Lizzy… a cortar las cebollas, como a ti te gusta, ¿qué te parece?
-Eres una tonta llorona – afirmó Thiago con rencor.
-¡Thiago! –Lo regañó Ginny, enojada. - Pídele perdón a tu hermana.
Thiago la miró fijo y suspiró.
-Ahora mismo, hablo en serio o no mirarás televisión esta noche– continuó Ginny amenazante.
-Lo siento, Liz.
-Dale un abrazo a Thiago- le indicó Ginny- Ustedes son hermanos. Deben estar unidos, porque así lo quería su padre. No se agredan, es horrible.
-Sí Mamá Ginny…-se abrazaron.
-Ahora los tres vamos a cocinar, y pondremos música alegre… ¿qué les parece?
-¡Sí! – festejaron.
-¿Cómo les fue con la nana Loana hoy? ¿Se portaron bien?
Loana era la niñera de Liz y Thiago. Se trataba de una muchachita de apenas dieciocho años que estudiaba para ser sanadora pediátrica, y necesitaba un trabajo de media jornada. Loana vivía a unas pocas cuadras de Ginny y se habían conocido cuando ella hacía prácticas en el Hospital de San Mungo.
-Sí, la niñera Loana nos compró caramelos – Contó Thiago.
-¿Caramelos? ¿Cuántos? – dijo Ginny, mientras sacaba los ingredientes de la heladera.
-¡Solo dos! –dijo Liz haciendo un mohín.
-Pocos.
-Lo suficiente para no dañar sus dientes – replicó su madre.
Empezaron a pelar las cebollas. Ginny las cortó todas parejitas.
-No, el cuchillo no lo tocan –dijo cuando Liz quiso agarrarlo.
-¿Por qué? – Preguntó Thiago con cierta insolencia - ¡Yo sí soy grande!
-Ja, grande tú, sí claro. ¡Dije que no! ¿No entienden el idioma inglés? – Rodó los ojos.- Ustedes preparen el jugo. Manzana y arándanos, ¿les gusta? Acá están los hielos y la jarra…
-¡Yo…!
-Sin peleas por favor.
El teléfono de Ginny sonó, y su corazón se aceleró. Se limpió las manos y fue a buscarlo: al observar la pantalla la ilusión se desplomó. No era Harry. ¿Por qué carajos esperaba que la llame? Si lo había rechazado y tenía sus justas razones para ello y no había nada más por hacer, ni por pensar, si estaba todo dicho. Sin embargo esperas que te convenza de lo contrario. Esperas que él se sienta lo suficientemente atraído a ti como para pedirte que lo intenten, esperas que te de suficientes argumentos para sentir que te equivocaste al rechazarlo… Porque en el fondo, Ginevra, te gustaría estar equivocada. Dijo una voz cruel en su cabeza.
-Hola Demelza…-atendió, con la voz tomada.
-¡Por fin! ¿Cómo estás amiga? Te extrañaba.
-Bien – mintió enseguida.- Cocinando con los niños… ¿y tú?
-Cansada; mi jefe me tiene harta, se enfermó su secretaria y ahora yo hago la mayoría de las cosas. ¡Por el mismo sueldo! Estoy cansada.
-Quéjate con alguien de recursos humanos…-dijo Ginny apagada.-No puedes permitir que te exploten.
-Tú no estás nada bien, me doy cuenta – dijo su amiga preocupada.
-No, no lo estoy - Sino reconocía su malestar iba a explotar- Pero tampoco puedo ser explícita…
-¡Ve al baño y cuéntamelo todo! No morirán de hambre por quince minutos que te tomes para que hablemos.
-Puede que tengas razón….-se quitó el delantal- Aguárdame. Niños, vamos, salgan de la cocina y jueguen un rato.
-¿No íbamos a cocinar? – dijo Liz con cierta desilusión.
-Tengo que hablar por teléfono con la tía Demelza. –Le quitó el sobre de jugo a Thiago.-Guárdalo en la heladera… -caminó hacia el baño y se encerró.- Listo, ya puedo hablar.
-¡Por fin! Cuéntame todo… ¿tiene que ver con Potter, cierto?
-Sí.
-¿Qué pasó?
-Nos besamos…hoy nos besamos- Demelza hizo un silencio.- ¡Di algo!
-Me dejaste helada. No creí que se tratara de algo así… ¡es una noticia maravillosa Ginny! ¡Cuánto me alegro por ambos! Ya sabía yo que pasaba algo entre ustedes.
-No te alegres tanto.
Le resumió un poco aquel día tan especial, el ascensor, el centro comercial y el final, en el parquímetro de PotterAndPotions cuando lo rechazó.
-¿Te bajaste del auto cuando te dijo que quería llevarte a un lugar que te encantaría?-dijo Demelza riéndose.
-¿Eso me vas a preguntar? –saltó Ginny.
-Lo que hiciste es ridículo… Harry seguramente dedujo que eres virgen.
-¡Perdón, señorita experimentada! -exclamó con sarcasmo.
-No hay que ser demasiado experimentado para percibir tu miedo, Ginny. Siempre fuiste muy auténtica. Pero eres muy tierna, seguro eso lo atrae más a ti – analizó Demelza.
-¿Podemos hablar en serio?
-Estamos haciéndolo –dijo Demelza bufando- ¿Qué quieres que te diga?
-No sé. Lo que pienses de esta situación horrible- dijo angustiada.
-Bien, ¿por qué carajos lo rechazaste cuando te estaba invitando a cenar? es para matarte, yo también te hubiese mandado a la mierda.
-Entiéndeme, recuerda que Harry no sabe nada de los niños…
-¡Díselo! ¡Y listo! ¿Por qué te niegas a volver a empezar?
-Yo siento mucha…
-¡No me vengas con la condenada culpa! –se exasperó Demelza- ¡Con él no sientes culpa y se nota! El problema es que eres demasiado complicada y te encanta auto boicotearte…
-Las cosas son complicadas, no yo.
-Pero…
-Cuando Harry sepa que estoy a cargo de los niños me correrá de la empresa – vaticinó Ginny preocupada.- Y bien sabes que no puedo permitir que eso suceda. No conseguiré fácilmente ese puesto ni ese sueldo…
-Te estás adelantando, no sabes cómo reaccionará cuando lo sepa. ¿Por qué lo prejuzgas?
-Le hablé de los hijos, del plan formar una familia.
-¿Qué? ¿Tan rápido?
-No le pedí casamiento, fue un comentario al pasar.
-¿Y qué te dijo?
-Se hizo el superado. Pero me di cuenta que esas cosas lo asustan y lo espantan. Es lógico, Harry es un hombre que no quiere compromisos… ¿y qué tengo para ofrecerle? Compromisos…
-Nadie estaría contigo por compromiso. Tú tienes condiciones…
-Condiciones que nunca aceptará – puntualizó Ginny con angustia. Demelza pareció adivinar puntualmente qué era lo que le preocupaba.
-Deja los miedos de lado, él mismo dijo que no iba a apurarte para que tengan sexo…
-Fue solo una estrategia, siempre lo hace con Sophie y Carol. Es muy hábil, lo he escuchado hablando con ellas – explicó Ginny con tristeza- Harry sólo fingió ser comprensivo porque abandoné patéticamente el Audi.
-¿Tiene un Audi?
-Por supuesto, ¿esperabas que maneje un cacharro como nosotras? – las dos rieron.
-Tienes razón.
-En definitiva, Potter no busca lo mismo que yo, ni puede darme lo que necesito… huirá cuando sepa dónde se está metiendo.
-Tal vez, pero deberías esperar que huya realmente y no decidir por él – dijo Demelza razonablemente.
-Lo que hice fue lo mejor tanto para todos porque…
-Intentas convencerte de algo… ¿acaso estás arrepentida Ginny?
-¡No me hagas dudar Demelza!
-Tú dudas sola amiga, escúchate un momento, estás dando explicaciones continuamente como si necesitaras justificarte. No quieres alejarte, no quieres hacerlo realmente.
-Me haces sentir peor cuando me dices estas cosas. ¡No ayudas en nada!
-¿Que buscas con todo esto? ¿Qué te ruegue una oportunidad?
-No lo hará, no insistirá…
-¡Y lo bien que hace en no insistir! Así te curarías de tus mañas de niña caprichosa.
-¿Por qué te enojas conmigo?
-Porque estás equivocada.
-¡Despierta Demelza, estamos hablando de Harry Potter! ¡Solo pretende tener sexo y luego me descartará! ¿Cómo tengo que explicártelo?
-Vaya…-dijo riendo Demelza- Esa frase implica que ya tienes el "si quiero follar contigo" a flor de piel, señorita…
-¡No seas tonta! –dijo Ginny roja.-Yo no me acostaría con Potter, ni loca.
-Ja,ja,ja, te conozco lo suficiente como para saber que te gusta como no te ha gustado un hombre en mucho tiempo…
-Sí, me gusta mucho…-admitió sintiendo un peso en el pecho.- y estuve a punto de echarme para atrás cuando lo rechacé.
-Me imagino, rechazar semejante ejemplar… solamente tú eres capaz. Igual no es una actitud madura que quieras que te ruegue.
-Basta con eso, no quiero que me ruegue… en el fondo sería mejor que no lo haga, no flaquearía mi estabilidad económica.
-Y emocional… Deja de intentar convencerte que sólo te importa el puesto, Ginevra.
-Harry también me importa, muy a mi pesar – admitió suspirando.
-¿Crees que será fácil resistir la tentación? Tienes que verlo todos los días…explotarás de las ganas de tocarlo.
-Tendré que soportarlo… – dijo resignada y se miró su tatuaje- No debo rendirme.
-Me gusta que recuerdes eso. Todos deberíamos hacer lo mismo que…
-¡La pulsera! – gritó de repente.
-¿Qué?
-Perdí la pulsera que me regaló Ian, ¡la utilizaba para ocultar mi tatuaje!
-¡Que mala noticia Ginny! – Se solidarizó su amiga- ¿Dónde la perdiste?
-¿Crees que lo sé? –Repuso, angustiada- ¡Maldita sea! ¡No soportaré estar sin ella! ¡Había pertenecido a su abuela, era de oro puro!
-Sí, lo sé amiga, cálmate… busca bien, en la ducha puede estar… o en tu oficina, quizá se te cayó y tienes la suerte de que esté allí. Pregúntales a los empleados de limpieza.
-Sí lo haré amiga… debo cortar ahora para buscarla más tranquilamente.
-Adiós, llámame si sabes algo de la pulsera.
Ginny la buscó por todos lados, pero la pulsera no apareció. Destrozada, se fue a dar una ducha. No podía creer, había perdido su objeto más preciado sin siquiera darse cuenta. Era extraño, la pulsera jamás se le salía, ni estaba falseada. Se odiaba a sí misma por no haber notado cuando se le caía. ¡Qué bronca!
-No estés triste mami. Te compraré una igualita a la que te regaló mi papá–dijo Thiago con ternura.
-Gracias mi amor…-dijo con los ojos acuosos.
-¿Vamos a dormir? –Intervino, Liz bostezando.- Tengo tanto sueño.
-Sí, que este día termine ya.
Harry se levantó temprano al día siguiente. Prácticamente no había dormido, estaba tan enojado, que no pudo pegar un ojo. Ginny no salía de su cabeza. Haber sido rechazado por su secretaria significó un golpe duro en su orgullo y autoestima. No estaba acostumbrado a que una mujer le diga que no, más bien todo lo contrario, Sophie, Carol y las otras mujeres que frecuentó después de Ayleen, eran las que siempre volvían a buscarlo, a pedirle perdón, o explicaciones.
Él era el protagonista, ninguna podía vivir sin él.
Ya había existido una excepción a esa regla y la primera fue Ayleen Forster quién no dudó en ponerle unos cuernos grandes como su mansión, y ahora, su secretaria, Ginevra Weasley. La pelirroja más linda que había visto en su vida. Lamentablemente en este último caso sus motivos no eran del todo claros. Y eso lo hería el doble, no entender su actitud era desesperante…
Fue hacia el comedor de su mansión. El desayuno estaba listo. Humeante café, dos tostadas de pan integral, un vaso de jugo de naranja. También había una manzana y medio plátano cortado en un plato. Se sentó y probó el café, sin enunciar ningún sonido. Antuan entró con una taza en la mano de café y lo inspeccionó en silencio.
-Se que vas a decir algo y hazlo ya, no tengo humor – saltó Harry con voz ronca.
-Me consta. Anoche te acostaste sin cenar y echabas humo cuando llegaste – comentó el mayordomo.
-Estaba cansado.
-¿Problemas en la empresa? – tanteó el hombre.
-En la vida –puntualizó con pesimismo.
-Ya imagino por donde viene… -Harry no dijo nada.- Cuando desees hablar, me avisas, mejor me voy a…
-Nos besamos – Antuan se detuvo y giró, mirándolo con cierta emoción.-Ginevra y yo, sí.
-Por un momento creí que te habías besado con Orbit…-Harry rodó los ojos.- ¿Tan mal estuvo?
-No -dijo con un hilo de voz.- No estuvo mal, todo lo contrario. Animarme a besarla por fin fue algo que me liberó. Ya no soportaba más, no podía disimular más lo que me pasaba. Cada vez era más evidente a los ojos de todos.
-¿Cómo fue que se besaron?
Harry sonrió, de manera distinta.
-En el ascensor; estábamos yendo a una reunión y hubo un desperfecto, nos quedamos encerrados- Le comentó algunos detalles del trabajo que compartieron, sin mirarlo, con la mirada fija en su tostada que no se decidía a comer.- Después de eso se comportó extraño. Le costó soltarse del todo.
-Es lógico Harry, debe sentirse bastante cohibida; recuerda que Ginny es mucho menor que tú.
-Después de la entrevista con Lewis – Harry omitió el detalle que Lewis quiso acostarse con su secretaria. No quiso revivir la sensación de celos.- Veníamos en el carro… le dije que la llevaría a un lugar que iba a gustarle… y Ginny creyó que iba a llevarla a un hotel transitorio y huyó del automóvil.
Antuan lo miró con reproche.
-¿Le propusiste ir a un hotel transitorio?
-¡No! ¡No dije eso! – Dijo exasperado- Ginevra sacó conclusiones apresuradas… yo no pretendía hacer eso.
-Vaya…
-Nunca la vi tan asustada, Antuan -dijo pensativo.
-¿Estaba asustada? –Se sorprendió el mayordomo – Eso sí es extraño…
-Antuan, tú crees que… -miró hacia los costado y bajó la voz.- ¿Piensas que Ginny nunca ha tenido relaciones sexuales?
-Bueno, no puedo asegurarlo a ciencia cierta ya que la he visto sólo una vez, pero coincido en que no parece demasiado experimentada ¿verdad? Su inocencia lo deja en evidencia-afirmó Antuan, reflexivo.
-Pensé lo mismo y me sorprendió mucho. Ya tiene veintitrés, es extraño, ¿no? Además me consta que ha tenido varios novios….
-Te resulta extraño porque siempre frecuentas el mismo tipo de mujer -Harry alzó las cejas, un tanto ofendido.- ¿Qué? Es la verdad.
-Ginny me dijo algo así la primera vez que fuimos al centro comercial…-bufó.
-¿Te ha dolido su rechazo, cierto?
-Solo me molesta no comprender porqué lo hace.
-No estás acostumbrado a que se nieguen, galán –le dio unas palmaditas en el hombro.
-Da igual. Hay miles de mujeres, no me afecta su negativa…-dijo fingiendo superación.
-No te creo nada, te quieres morir: avanzaste tres pasos y retrocediste cinco…
-En serio Antuan, si sigues diciendo pelotudeces, voy a pegarte una trompada- lo amenazó apuntándolo con la tostada.
-Está asustada- dijo Antuan y se encogió de hombros.
-Le aclaré que no iba a presionarla. ¿Qué más necesita para relajarse un poco?
-Eso no significó una garantía para ella, claramente…
-¿Qué piensa que le puedo hacer? –dijo dolido- No soy un loco de mierda, no voy a obligarla a nada…
-Ginevra conoce todos tus trucos con las mujeres, recuerda que te ha salvado varias veces de Sophie y Carol. No quiere caer en tu magia de galán irresistible.
-Vamos, pensar eso sería ridículo…
-No, es razonable.
-Ginny es una mujer que sabría poner un límite y decirme hasta dónde puedo llegar – musitó Harry, sin dudarlo.- Así lo hizo cuando me dijo que no puede volver a pasar más nada.
-Eso no es marcar el límite, eso es abandonar el juego por temor a perder - opinó Antuan.- Tal vez piensa que eres un caso perdido.
-Sí, tiene miedo a salir lastimada – concluyó Harry.
-Es lógico.
-¿Sabes qué Antuan? No quiero justificarla, estoy seguro de que hay algo más –musitó Harry- Ginny me oculta algo, hay algo que no me dice.
-¿Qué crees que te oculta?
-No lo sé…pero es algo importante, es algo realmente importante.
-¿Vas a preguntarle? – Harry negó con vehemencia
-Ni loco…
-¿Cómo estaba cuando te cortó el rostro? Anímicamente hablando, claro.
-Me dio la impresión que no quería rechazarme…-reconoció Harry.- Pero a estas alturas no sé qué pensar, seguramente fue una impresión mía. Ginevra es indescifrable.
-¿Qué hipótesis tienes sobre el asunto?
-Debe estar saliendo con alguien…con el sobrino de Charly, quizá – fingió que eso no le interesaba demasiado, pero la posibilidad lo atravesaba como un cuchillo filoso.
-Como mínimo la contratarás un detective para averiguarlo…-vaticinó su mayordomo.
-¿Qué? No, lejos estoy de eso –dijo resuelto.- Si Ginevra no quiere decirme sus verdaderos motivos, es su problema.
-Vamos, ¿aguantarás la curiosidad?
-Sí, no estoy para soportar los caprichos de una pendeja histérica -dijo indolente.- Sino quiere que me acerque pues bien… que se atenga a las consecuencias.
-¿Qué tengo que entender por eso?
-Simple: Ginevra y yo seremos jefe y secretaria, nada más- dijo colocándose su saco.-Debo irme, adiós.
-Adiós… – saludó y Orbit entró a recoger las trazas.- Esto termina muy bien o muy mal… no hay término medio.
-¿Qué?
-Nada Orbit.
*0*0*
Harry estacionó en unas cocheras a unas cuadras de PotterAndPotions. Al salir de su carro respiró hondo, el día era precioso, soleado y templado. En el cielo no podía verse ni una nube. Se colocó los lentes y empezó a caminar hacia su empresa. Al verla desde la fachada principal, se dio cuenta que era un edificio imponente. No estaba acostumbrado a verlo, siempre entraba por la cochera a la cual se ingresaba por detrás de la manzana. De repente, sintió una alegría insospechada. Había llegado muy lejos con su empresa, y eso era un motivo para estar más que contento.
Cuando faltaban veinte metros para llegar a la puerta principal, pisó algo duro. Miró hacia abajo, extrañado. Era una pulsera dorada, de una gruesa cadena. Harry decidió dejarla en el suelo pero cuando iba a hacerlo, el dije que colgaba de ella le llamó la atención. Tenía unas letras grabadas. "H.P." Harry abrió los ojos grandes, sorprendido. La coincidencia con sus iniciales lo sorprendió. Sonrió y guardó la pulsera en su bolsillo… sintió que era una señal que debía quedársela.
*0*0*
Ginny miró el reloj. Ocho menos cuarto, era un alivio haberse levantado más temprano, no eran momentos para ser impuntual. Dejó a los niños durmiendo con la niñera Loana.
Caminaba hacia la cochera rentada, donde guardaba su querido automóvil Fluck. Además de su cartera llevaba una carpeta de PotterAndPottions que le habían dado cuando entró en la empresa. Sacó su celular y lo miró. Mudo, como siempre, Harry no había dado señales de vida. ¿Realmente lo estaba esperando?
-¡Ay! – chocó accidentalmente con un hombre. La carpeta voló al suelo y se abrió.
-Lo siento, no te vi…-se agacharon juntos a recoger los papeles, con premura.
-Discúlpame tú también, yo tampoco te vi - dijo cuando se pusieron de pie. Era un hombre de unos treinta años, tenía ojos oscuros, labios gruesos y medía aproximadamente un metro noventa. Vestía un traje con un saco y una camisa blanca y olía muy bien, a simple vista se notaba que era un empresario de un estatus económico. El sujeto desconocido, se había quedado tildada mirándola.
-Discúlpame, de verdad – repitió, y el hombre parpadeó.
-Me presento, soy Derek Thompson.
-Ginevra Weasley…
-¿Trabajas en PotterAndPotions?
-Si –dijo orgullosa y consultó su reloj- Y debo irme enseguida o llegaré tarde.
-No fue nada.
-Adiós Ginevra.
Por suerte llegó rápido a la empresa. Ginny todavía estaba muy triste por la pérdida de la pulsera; revolvió los cajones, las cómodas, el placard, las viejas cajas de mudanza pero no logró dar con ella por ninguna parte. Tenía una mínima esperanza, aunque sonara estúpido, de que aparezca en la empresa. Ian, por favor, haz que aparezca esa pulsera, no me dejes sin ella, por favor. La buscó en su oficina, se agachó, revolvió los cajones, pero nada. Resignada a que no aparecería, comenzó su trabajo ordenando unas carpetas en el escritorio de Harry que habían quedado tiradas y las colocó de nuevo en los cajones. Se le hacía extraño que su jefe aún no haya llegado. Además, no ver su Audi en el parquímetro, la movilizó un poco. Harry siempre llegaba más temprano y primero daba una vuelta por la oficina de Draco Malfoy o iba al laboratorio de Neville a ver las pociones. ¿Por qué estaría retrasado?
La puerta del despacho presidencial, se abrió. Harry entró por ella y parpadeó al verla. Estaba hablando por celular.
-Buen día – lo saludó Ginny seria.
-Buen día… no, no te decía a ti, estaba saludando a mi secretaria...-se sentó en su sillón. Las fosas nasales de Ginny aspiraron una oleada de su perfume mezclado con su olor y se estremeció.- Si, hoy puedo. No, ese lugar no me gusta, no he comido bien la ultima vez… Si, allí me parece bien – sonrió, sobriamente. – Adiós.
-Tengo aquí anotados todos los compromisos de hoy – Empezó Ginny, un tanto nerviosa. No podía creer que ayer lo había besado y hoy Harry estaba coordinando una cita para cenar con otra mujer, o al menos eso parecía. ¿Quién era la afortunada? Seguramente Sophie…De que me sorprendo, si el sábado en la fiesta estuvo follando con ella.
-¿Vas a leerlos hoy o mañana? –inquirió Harry, sobresaltándola.
-Sí, lo siento…-dijo con un extraño tono de voz. Harry no la miraba, solo había tomado unos papeles importantes y fingía ordenarlos. No sabía cómo lograba semejante autocontrol.- Hoy tienes una reunión con Neville y Draco a las diez y debes firmar unos contratos de los nuevos empleados en el sector de cobranzas. Además tiene algunas tareas personales administrativas, como revisar los gastos suyos del mes, contabilizando algunos recibos que Antuan envió, restando la compra del shopping de ayer…-se detuvo y lo miró. Sólo podía pensar que en esas cuentas estaba el café que habían compartido, como si fueran algo más que secretaria y jefe. Que un ticket, como cualquier otro expresaba más que una cifra insignificante, era el eco de un momento pasado, perdido y terminado. Ese que habían compartido juntos. Y que no iba a repetirse, y no se repetiría por su maldita decisión.
-¿Qué pasa?
-Nada -Ginny tenía un nudo en la garganta.
-Deja, mejor leo las actividades.
-Es mi trabajo, Harry – dijo con voz rara.
-Lo sé, pero hoy prefiero leerlo yo. –La miró y sus ojos se encontraron. Ginny bufó. - ¿Algún problema?
-Claro que no, jefecito.
-Dime Harry, Ginevra. La última vez que te lo digo… y hablo en serio –advirtió rígidamente.
-Está bien, lo siento.
-Gracias – dijo casi sin mirarla y tomó la agenda, fingiendo estar interesado en ella.- ¿Me podrías traer un café, por favor? –ni siquiera la miró.
-Sí, claro…
Ginny se retiró y cuando lo hizo Harry tiró la agenda bruscamente en el escritorio. Maldita sea, se había puesto la camisa blanca, y el blanco le quedaba de maravilla. Siempre tenía un as en la manga, su presencia, el efecto que ella tenía en él. ¿Cómo podía sentirse tan atraído hacia una chiquilla histérica, que no sabía qué mierda quería y que lo había rechazado? Se odiaba a sí mismo. Se preguntó si ella estaría movilizada al verlo, de la misma manera que estaba él.
Ginny volvió demasiado rápido con el humeante café y se lo dejó a un costado.
-¿Dormiste bien?
Harry levantó la cabeza para mirarla.
Por fin me miraste, idiota.
-¿Perdón?- ella sonrió y rodó los ojos.
-Escuchaste perfectamente, Harry.
-Claro que te oí, pero no comprendo tu pregunta.
Ginny volvió a sonreír irónicamente.
-¿Prefieres comportarte de esta manera? ¿Prefieres agredirme?
-¿Agredirte? Ginevra, estoy marcando la distancia que me pediste ayer…-suspiró, serio.- No todo volverá a ser como antes, si esa es tu pregunta.
-¿Qué quieres decir?
-Mi condescendencia contigo ha terminado – dijo convencido.- Quiero que vengas con esa camisa blanca todos los días, el que traes puesto es tu único uniforme: nada de colores, eres secretaria ejecutiva. Quiero que dejes de desafiarme y desobedecerme… Esta vez no me va a temblar la mano para despedirte Ginevra, y tú no quieres perder este puesto ¿cierto?
-Por supuesto que no.
-Estamos de acuerdo entonces…-continuó mirando las actividades. Apuró el café de un sorbo.- Tengo cosas que hacer…, saldré un rato… no, tú no vienes conmigo.
-¿Por qué?
-Son cosas personales.
-¿Es sobre el proyecto confidencial? –lo indagó Ginny, muerta de curiosidad.- ¿El mismo de ayer?
-Sí, ese proyecto es confidencial, pero esto es algo personal.
-Pero yo soy tu secretaria, ¿acaso no confías en mí?
El sonrió. ¿Le preguntaba si confiaba en él? Era inaudito.
-Bueno, la confianza debe ser algo mutuo, ¿no?
-¿Qué quieres decir?
-Nada importante, mejor dejémoslo así.
-Pero…
-La confidencialidad de ese proyecto es protocolo de la empresa…-dijo cortante.- envía la copia del contrato a Lewis sobre los perfumes.
-De acuerdo…-lo miró a los ojos. Él apartó la vista, sin soportar esa mirada.-Harry…
Giró y la miró de nuevo.
-¿Qué?
-Nada… ve tranquilo.
Cuando se fue, Ginny zapateó el suelo con bronca. Moría de ganas de saber quién era la mujer con la cenaría, estaba llena de bronca y de celos. Y si lo había hecho apropósito, le salió demasiado natural como para que surta el efecto que él deseaba. ¡Odiaba a Harry Potter con todo su ser! ¡Odiaba todo lo que le producía! Enojada consigo misma, se fue a su oficina a enviarle los mails al baboso de Lewis.
*0*0*
Eran las cuatro de la tarde y Hermione Granger no podía concentrarse. Haber besado a Ronald Weasley tenía sus contras. Se volvió una mujer tan solitaria después de cortar con Viktor, su primer novio, que le resultaba extraño sentirse atraída nuevamente a hacia alguien como Ronald; si alguna vez pensó que estaría distraída por alguien, esa persona ideal en nada se parecía a Ron. Intentó evadirlo, pero después del beso ya nada podía hacer. Le pasaba algo con ese mujeriego… y sentía temor de avanzar, pero al mismo tiempo, se moría de ganas. Ahora sabía que la piel que tenían era de no creer…pero también era cierto que le daba pavor por conocer el resto y terminar destruida.
Dejó los papeles a un lado. No era capaz de seguir trabajando aquel día. Le dolía la cabeza, y quizá era de tanto recordar los besos de Ron, esos que le gustaban tanto, que la mantenían despierta y dispersa todo el tiempo. ¿Debía llamarlo? Lo cierto es que quería llamarlo. Y se lo había prometido, ¿estaba mal? ¿Resultaba un atrevimiento? ¿Qué podía esperar de Ronald Weasley? ¿Ron estaría ansioso, esperando su llamado? ¿Qué lugar ocupaba ella en la mente de ese hombre? ¿Era sólo una presa más? Respiró hondo y tras dejarse guiar por el impulso de su deseo, marcó su número…para su sorpresa, Ron la atendió enseguida.
-Hermione...-dijo en susurro de sorpresa. O así lo interpretó Hermione.
-Hola Ron… ¿Estás ocupado?
-No -Supo que Ronald sonrió.- Nunca estoy ocupado para ti.
Hermione rió.
-Vaya…-dijo con el corazón latiendo a toda prisa.
-Es la verdad…
-Estás aprendiendo a ser dulce…
-Y tú a ser valiente. Cumpliste tu promesa de llamarme.
-¿Viste? No soy tan cobarde como siempre me reprochas– sonrió.
-Me pone feliz que te hayas animado, Granger.
-¿De veras?
-Sí… ¿cómo te sientes?
-Estoy bien, me duele un poco la cabeza, nada más.
-Tengo el remedio perfecto para eso.
-¿Ah sí? ¿Cuál?
-Abre la puerta de tu despacho…-Hermione frunció el seño. ¿Le había mandado flores? ¿Ron Weasley era capaz de ese gesto tan romántico?
Se levantó y abrió. Ron la miraba con su celular en la mano. Mucho mejor que las flores. Qué lindo era, le encantaban sus ojos azules.
-Ron…¿qué haces aquí? – sonrió.
-Quería verte –cortando el celular y bajando el brazo. Hermione hizo lo mismo.
Acto seguido le propinó un beso en los labios. Hermione no opuso resistencia. Se dejó llevar, abrazándolo.
-¿Qué significa esto? – los dos miraron. Se trataba de Myriam, quien atendía la recepción de la entrada. Hermione sintió una gran alegría de que los haya visto.
-No significa nada que te importe, basta de meterte en mi vida.-dijo Ron.
-Pero…
-Vuelve a tu puesto de trabajo – le ordenó Hermione, seria.- No es un buen día para discutir…ven, pasa Ron.
Le cerró la puerta en la cara.
-Ella y yo no…
-Está bien – dijo cortante.
-Hice todo por no hacerla sentir mal, Hermione, pero no me dejó opción.- se lamentó Ron – Sigue sin entender que no hay nada entre nosotros.
-Bueno, algo pasó, ¿no?
-No es importante…-Hermione bajó la mirada, con tristeza. Ron se acercó y le levantó la cara.- ¿Me crees, cierto?
-Sí, pero me molesta un poco que te persiga…
-A ti te persigue la mitad de esta empresa…-dijo resignado.
-No es así – dijo sonriendo.
-¿Y Harry? ¿Está aquí?
-Está en una reunión muy importante con Neville y Draco.
-¿Importante? –dijo curioso.
-Confidencial – se encogió de hombros, restándole importancia.
-¿Y Ginny?
-En su oficina, atendiendo los llamados y enviando emails.
Ron se sentó en uno de los sillones… y la invitó a acompañarlo.
-¿Quieres tomar algo?
-No… ven aquí.- Hermione dudó.- Oye, no muerdo, deja de tenerme miedo.
Ella sonrió y luego accedió. Ron la abrazó y Hermione se recostó en su pecho.
-Sólo quiero estar así contigo. No te haré nada.
-No te tengo miedo – le dijo ella.
-Mejor así, soy inofensivo…-besó su frente.-Me encanta como hueles.
-Perfume.
-¿Francés?
-Sí, los mejores.
-¿Sabes qué? Ayer, cuando mi hermana y Harry salieron del ascensor, noté que estaban un poco nerviosos…-Hermione hizo una media sonrisa.-¿Tu sabes algo?
-Me temo que entre Harry y Ginny hay algo más que una simple relación laboral…-lo miró.
-Sí, lo sospeché el fin de semana en la fiesta de aniversario -admitió Ron.- Harry vive muy atento a ella...
-Así es…
-Ojala que no la haga llorar, porque lo mato.
-Te salió el guardabosques de adentro…-se burló Hermione.
-¿Qué crees? Es mi hermanita… que Potter me caiga bien no implica que le permita cualquier cosa.
-Será mejor que no nos metamos.
Ron la miró y respiró hondo.
-Ginny ya sufrió mucho y tiene la responsabilidad de criar a dos niños. No puede estar renegando con un mujeriego como Harry…-Hermione con entrecejo fruncido lo miró.
-¿A dos niños, dijiste?
Ron se puso rojo, se sentía tan cómodo con Hermione que había hablado de más.
-No quise decir eso…
-Dime la verdad ya mismo, lo dijiste.
-¡Mierda, Ginny va a matarme!
-¿Ginny es madre? –dijo anonadada.
-Sí y no.
-¡Explícate porque no entiendo nada!-Se puso de pie, enojada.
-Júrame que no correrás a mi hermana de la empresa…-le rogó Ron.
-¿Perdón?
-Por favor…-Ella rodó los ojos.
-Te lo juro, ahora dime la verdad…
Entonces Ron le contó la historia de Ian y Ginny, y sobre la existencia de Liz y Thiago. Hermione escuchó atenta a cada palabra el relato pormenorizado de Ron, los momentos de tristeza cuando Ian se fue, el proceso que Ginny hizo y la contención que todos le brindaron.
-Nunca imaginé algo así de Ginevra; tan pequeña, y tan valiente, ¿no?
-Sí, mi hermana es valiente – dijo Ron con férreo orgullo.- Admiro su fortaleza.
-Y yo también. Es una pena que no me lo haya contado, yo hubiera guardado su secreto…-Ron le tomó la mano.
-¿De verdad? ¿No le contarás a Harry?
-No…
-Gracias Hermione – la besó en los labios y la abrazó.- Si mi hermana se entera que te conté, me matará…
-Tampoco le diré a ella que lo sé, tranquilo.
-¿Cómo piensas que Harry lo tomará?
-A Harry le gusta tu hermana, quizá le tenga algún tipo de contemplación por eso…
-De todos modos, es preferible que no lo sepa.
Ron sonrió y se acercó para darle un beso en los labios.
-¿Y si vamos a divertirnos? Te invito a tomar algo, ven.
-No puedo, estoy trabajando Ron.
-Es tu horario del almuerzo…así que toma tus cosas y ven conmigo.
*0*0*
Harry escribía frenéticamente mirando su monitor pantalla plana. Luego firmaba contratos, después volvía al monitor. Después abrió una planilla en donde tenía todos los gastos del mes. Todo eso Ginny podía observarlo desde su oficina, a través de las cortinas. Se sentía como ese muchacho de la película muggle, que estaba esperando que su vecino de un indicio de asesinar a su esposa. Claro que su situación poco tenía que ver con policial. Se parecía más bien a una película romántica con un final frustrado.
La frustración que sentía era enorme; Harry estaba muy enojado y la trataba con una distancia dolorosa. Tenía toda la razón, lo había rechazado. Ginny sentía que había apresurado las cosas al cortar todo tipo de contacto con su jefe. Y qué contacto. Uno especial, que le fascinaba, que le movía el suelo, y le gustaba de manera única. ¿En qué diablos estaba pensando? ¡Demelza tenía razón! Y a estas alturas Luna ya sabría, y seguramente la llamaría para criticarle su pésima decisión. ¿Y si le decía lo que sentía? ¿Era muy loco decirle la verdad sobre los niños y jugarse con que su jefe no la echaría del trabajo y aceptaría su situación? Respiró hondo: una cosa era cierta, no había peor cosa que quedarse con la duda.
Fue hacia su cartera y se colocó un poco del perfume que le había regalado "La vie est belle". Quizá le traía suerte. Respiró hondo, se abanicó un poco y entró.
Harry detuvo el éxtasis que venía llevando con el teclado, y se quedó estático y sin mirarla. Percibió la fragancia que le había regalado muy cerca y al mismo tiempo que quiso acercarse y comérsela a besos, la odió por ser tan cínica.
-Quiero hablar contigo, Harry- empezó diciendo.
-Estoy ocupado, Ginevra. Y dime señor Potter, por favor.
-Tú me dices Ginevra, ¿y yo debo decirte 'señor Potter'? - Harry no la miraba a los ojos. Fingía que continuaba haciendo su tarea, como si ella no fuera importante.
-Soy tu jefe, no me discutas.
-Llamarte por tu nombre no es mala educación, no seas tan…
-¿Vamos a discutir esta idiotez? – dijo con mala cara.
-Solo quiero que hablemos - repitió ella.- Por favor, ¡deja de mirar la pantalla! ¡Te estoy hablando! Eso sí es mala educación…
-Y yo te dije que estoy ocupado – Por fin la miró directo a los ojos.
-Entonces solo tienes que escucharme. Sólo serán unos pocos minutos…
-Está bien…-respiró hondo. El celular de Ginny sonó desde su despacho.- ¿No atenderás?
-No, estoy hablando contigo ahora.
Harry se estremeció. Que ella ignorara su teléfono para hablarle, lo hizo sentirse al menos, importante.
-Habla de una vez, no tengo todo el maldito día – la apuró de mal modo.
-Está bien… no te enojes.
-Siéntate.
-Estoy mejor parada, estoy…
-¡Quieres ir al grano Ginevra!
-Estoy… estoy… -respiró hondo y se dio valor.- estoy arrepentida de lo que te dije ayer…
Silencio demoledor. El corazón de Harry se aceleró. Quiso ponerse a festejar como un niño, si es que era lo que su interpretación le susurraba.
-¿Puedes ser más clara? Ayer dijiste muchas cosas.
-Sí, lo siento – bajó la mirada y luego lo miró de nuevo.-Me refiero a cuando yo te dije que no quería que pase nada entre nosotros.
Autocontrol. No te levantes, no las beses. De lo contrario sabrá que tiene en una palma. Pensó Harry. Autocontrol. Autcont…
-¿No vas a decir nada?
-¿Qué pretendes que te diga? –Su tono de voz cambió considerablemente.
-No lo sé, creí que…
-Accedí a escucharte, nada más – Ginny quiso partirle la cara de un cachetazo por soberbio. Pero estaba en su derecho a estar enojado, así que iba a armarse de paciencia.
-Ayer estaba asustada, Harry. Todo lo que pasó entre nosotros me resultó tan extraño y tan lindo al mismo tiempo, que sentí la necesidad de huir.
-¿De huir de qué?
-De ti. Hay muchas cosas que no sabes…
-Sí, me imagino…-Dijo sarcástico, pensando en Michael Corner.
Ella sonrió con tristeza.
-No creo que puedas imaginarlo…-dijo con amargura.
-Ginevra, no soy idiota. Se a lo que te refieres.
-Dime lo que tanto sabes.
-Se que tienes una buena excusa para rechazarme – dijo enojado.
-No es una excusa, es una razón.
-Bien, llámalo como quieras.
-Se trata de algo muy importante que…
La puerta de la oficina se abrió. Inportunamente Sophie Soller entró por ella y no estaba sola: la acompañaba nada menos que Michael Corner.
-¡Hola! Disculpen la intromisión. Nos encontramos con Michael y decidimos venir juntos para el décimo piso a ver a nuestros amores. Hola Ginevra – el saludo apenas fue un roce de cachetes.- Mi amor, te extrañé…- le estampó un generoso beso en los labios que Harry gustoso correspondió sujetando su cara y cerrando los ojos. Ginny sintió un espasmo en el pecho, como si le estuvieran presionando adentro. ¿Cómo podía hacerle eso? Apenas saludó a Michael.
-Te llamé a tu móvil pero no hubo respuesta – dijo el muchacho.
-Lo siento, estaba ocupada… - durante una fracción de segundo Ginny estuvo tentada de utilizar a Michael para que reviente de celos, pero desistió. Michael no le gustaba, y Ginny no tenía deseos de besarlo, ni siquiera por venganza.- …y no pude contestar tu llamado.
-¡Lamento haberte molestado! ¿Almorzamos?
Ginny lo miró a los ojos. ¿Qué se había fumado Michael para creer que había una posibilidad con ella? ¡Su noviazgo había sido cuando tenían apenas quince años! Ginny jamás volvía con los ex, era una constante en su vida. Y sobre todo, cuando recordaba bien porqué se habían convertido en ex.
-Mejor vamos a hablar un poco, ¿sí? – Michael le tomó la mano y no la rechazó. De algún modo Potter iba a pagarla.- Jefe, me da un momentito para hablar Mike?
-Claro que sí, Ginevra, puedes ir tranquila – fue Sophie quién contestó, abrazada a Harry cual garrapata.
-Tengo la reunión con Neville en un rato así que tienes hasta el mediodía libre - agregó él. Aunque por dentro se quería morir y deseó que ocurriese algo para que ese Michael le quite las manos de encima.
-Perfecto, adiós– dijo haciendo una mueca nada propia de ella.
Sin embargo, cuando abrió la puerta, encontró a alguien más. Richard Lewis, el dueño de Magic Fragancias la miraba sonriente.
-Hola Ginevra… vaya, ¡cuánta gente! Parece que llegué en una mañana complicada.
Harry enseguida se soltó de Sophie, como por impulso.
-Hola Richard – dijo Harry nervioso y miró a Ginny desesperado, recordándole con esa mirada que Lewis pensaba que eran novios. ¿Cómo diablos iban a explicar la presencia de terceros?-Estábamos en una pequeña reunión social con unos amigos…
-Sí, amigos que ya se iban, porque tenemos que hablar seriamente sobre el negocio de ayer – intervino Ginny con espontaneidad.
-No, yo no me voy a ningún lado – saltó Sophie.
-Sophie querida, Harry seguramente te llamará por tu asunto.
-¿Nuestro asunto? ¡Tenemos que hablar de la cena de esta noche!
-Perdón, ¿qué cena? – dijo Lewis desconcertado.
-Descuide, Lewis, no queremos aburrirlo con nimiedades…-dijo Ginny resuelta.- ¡Soph, Michael! Los acompaño a la puerta.
-Pero…
-Es importante…-casi los obligó a salir del despacho y cerró la puerta.
Una vez que estuvieron afuera, Ginny les dijo.
-Deben irse ahora Harry perderá un negocio millonario con ese señor.
-¿Por qué pasaría eso? – inquirió Michael, desconcertado.
-Bueno… pertenece a la intimidad de Lewis, no debería decirlo…
-¡Dilo ya o entro y armo un escándalo!-la amenazó Sophie.
-Lewis es gay… y está enamorado de Harry…-Los interlocutores abrieron los ojos grandes- Por supuesto Harry no le dará cabida, pero es mejor que no vea a nadie cerca…. O perderá el negocio.
-¿Lewis se conformará con eso? – dijo escéptica Sophie.
-Si, Harry sabe como manejarlo… ahora tengo que entrar al despacho, o Lewis sospechará que hay algo raro. Sophie, no te preocupes, le digo a Harry que te llame. Mike, yo te llamo apenas termino. – Los acompañó hasta el ascensor.
Las puertas plateadas se cerraron y Sophie y Michael desaparecieron, con cierta duda plasmada en su expresión. Ginny suspiró, se acomodó la falda y la camisa y volvió a entrar.
-Hola… disculpen por haberme ido, quise despedir a Sophie y a Mike, fueron tan gentiles de venir a visitarlos.
-¿Son pareja? – Dijo Lewis, incrédulo.
-Primos – contestó Ginny-Y Sophie es una de mis mejores amigas.
Harry cada vez transpiraba más. La bola de mentiras era enorme. Pero lo que más lo alarmaba era la cantidad de ases en la manga que poseía su actual secretaria para salir del pozo.
-¿A qué debemos el honor de tu visita, Richard? – dijo Harry - ¿Alguna duda con los contratos?
-¡No! En realidad yo…-miró a ambos detenidamente.- ¿ustedes están peleados?
-¡No! ¿Cómo se le ocurre? – dijo Ginny sonriendo forzadamente.
-Es que los veo un poco distantes… ayer parecían más…
-Estamos bien, solo que el trabajo de hoy nos dejó un poco… un poco…
-Agobiados…-completó Ginny.
Lewis se cruzó de brazos, ceñudo.
-Ustedes me están mintiendo, aquí pasa algo extraño.
Ginny blanqueó la mente y rió lo más natural que pudo. No tenía que actuar para hacer lo que pensaba hacer. Tomó la mano de Harry y la colocó alrededor de sí misma.
-Harry está enojado conmigo, pero fue una estupidez… ¿cierto mi amor? - le dio un beso muy cerca la boca y Harry sintió una electricidad en su zona íntima.
-Si…-casi tartamudeó. Lewis sonrió.
-Me gusta verlos así…yo venía a pedirles disculpas por mi actitud ayer. Me siento todavía tan avergonzado por haber seguido mis impulsos…
-No se preocupe Lewis, para nosotros es historia – dijo Harry, cordial.
-Claro, lo mismo digo, es un tema olvidado.
-¿Revisó los contratos?
-Mi secretaria se está encargando y luego tengo una reunión con mis abogados.
-Perfecto, nos mantenemos al tanto entonces- dijo Harry.
-Sí, no les quito más tiempo – los miró, orgulloso - Me gusta verlos así. Se nota que se quieren.
Ahora quieres hacerte el ubicado, Lewis. No me olvido que quieres hincarle los dientes a Ginevra, pensó Harry.
-Bueno… los dejo…
-Ve tranquilo, Richard.
El empresario se retiró y dejó la puerta entreabierta. Harry no soltó a Ginny enseguida, presintiendo algo.
-Shhh…-le dijo-No digas nada, Ginny – señaló la puerta con la mirada, dándole a entender que Richard los espiaba. Y la besó con todas las ganas. Ginny no pudo rechazarlo, por el contrario mantuvo su cuerpo cerca del suyo, aprisionándolo contra sí mismo y bajó una mano hasta su pierna. Harry suspiró del placer, hasta que sintió un ruido y ella lo separó.
-Ya está… ¡suéltame, Harry! – dijo enojada.- Ya se fue…
Ella le estampó un sonoro cachetazo.
-Eso es por haber besado a Sophie delante de mí, bastardo hijo de puta.
Harry se sobó el cachete, le ardía como la mierda.
-Ginny...
-¡Vete a la mierda Harry!
Sin permitirle agregar algo más, lo dejó solo en su despacho. Harry masculló un insulto desesperado.
*0*0*
En la sala de reuniones, Harry Neville y Draco habían empezado la reunión "confidencial" sobre un producto muy importante para PotterAndPotions, inclusive más que el contrato con Lewis sobre las fragancias femeninas.
-Quiero comentarte el gran proyecto que tenemos en mente con Neville –decía un grandilocuente Draco Malfoy. –Será un éxito, será algo que nunca se ha visto y la competencia no…
-¿Podrías cortarla con el Marketing e ir al grano? – lo apuró Harry.
-El incidente lamentable ascensor lo dejó un poquito loco -replicó Malfoy y Neville carcajeó.
-¿Qué insinúas, idiota?
-No insinúo, afirmo que estás masticándote a la pelirroja, admítelo de una vez Potter…
-Deja de hablar sandeces– le espetó Harry.
-No lo hagas enojar Malfoy, sabes cómo se pone y después terminan tirándose hechizos como en el colegio- dijo Neville riendo.
-¿En el colegio? Ja, como aquellos ataques no había. Nos odiábamos demasiado.
-Sigo detestándote Malfoy, eres un idiota.
-Cabeza rajada.
-¿Dónde carajos se metió Seamus? –Quiso saber Harry, ignorándolos.-Siempre desaparece en las reuniones importantes.
-Se atrasó…
-Retrasado, siempre fue un retrasado.
-No, Seamus tenía otra importante reunión con el contador de Lewis, por el contrato de los perfumes. Estaban ultimando detalles. –les informó Neville.
-¿Por qué nadie prevé que se superponían las reuniones?
-No es necesario que esté Finningan ahora, Harry, no rompas las pelotas –saltó Malfoy.-Todavía no vamos a hablar de números.
-Bien, los escucho. ¿Cuál es el nuevo proyecto?
-La poción que vamos a crear, revolucionará el mundo mágico es la de invisibilidad…-empezó Malfoy. –La poción que hará que quien la vea pueda volverse completamente invisible.
Harry empezó a reírse.
-Por favor, ¿piensan que me creeré eso? Nada ha podido reemplazar a las capas invisibles.
-¡Justamente, ese nuestro as en la manga! No tenemos competencia –argumentó Malfoy emocionado.-Ya no hay comercialización de capas invisibles luego de que tú hayas encontrado la verdadera…
-Cabe destacar-intervino Neville y los otros lo miraron- que esta poción no ofrecerá lo mismo que una capa invisible, porque puede ocultar la materialidad de quién la bebe. Será de fácil acceso al público.
-Al público que tiene dinero para comprar la poción –especificó Harry con vehemencia.
-Multinacionales. La utilizan para espectáculos. Quieren reserva en la fórmula para que solo sea una novedad, una especie de primicia de ellos.
Harry miró a Neville, serio.
–Seamos sinceros, por favor. ¿Realmente eres capaz de preparar ese brebaje?-inquirió, escéptico.
-Sí. Lo probé en ratas, serpientes y funciona; la próxima prueba será el turno de los elfos.
-Que Hermione no se entere de eso o nos veremos metidos en serios problemas– avisó Harry enseguida.
-Granger no lo sabrá…-dijo rodando los ojos Draco Malfoy.-Lo importante es que esa cobra que tiene en el laboratorio quedó invisible y transparente en cuestión de segundos…
-Sí, lo probamos esta mañana – terminó orgulloso Neville.
-¿Cuánto dura el efecto de la poción? ¿Qué contra indicaciones puede llegar a tener?
-Da sueño, por ahora. Y tiene un elemento químico un poco peligroso…
Harry puso mala cara.
-¿Es legal? – dijo asaltándolo a preguntas.- ¿Los ingredientes están aprobados por el ministerio?
-Por supuesto que sí –repuso Neville, ofendido.
-Debemos seguir experimentando hasta poder probarlas en humanos…-dijo Draco emocionado.- ¿Nos apruebas el proyecto sí o no?
-¿Proyecto le dices? Es un proyecto de proyecto…-desestimó Harry.
-Eres un pesimista de mierda – repuso Malfoy.
-Si vamos a discutir preferiría irme al laboratorio.-Terció Neville
-Necesito una cifra estimativa de cuánto costará el producto.
Draco y Neville se miraron serios.
-No tenemos una cifra exacta, todavía no hablamos con Seamus y…
-Los conozco lo suficiente para adivinar que se trata de un dineral…-dijo Harry preocupado.
-Sí, pero multiplicaremos en ganancias.
-Eso sucederá en caso de que la poción de invisibilidad funcione…-puntualizó Harry- y si es aprobada para la venta por el Ministerio.
-Potter, en todos los negocios siempre hay riesgos –saltó Malfoy a la defensiva.
-¡Dime de una vez la cifra Malfoy!
-Cinco millones de galleons – le escupió ya harto.
-¿QUÉ?
-Dividiremos los gastos… Neville y yo seremos tus socios.
-Es mucho dinero…
-Seguramente Charly y David quieran participar más adelante cuando necesitemos la publicidad.
-Estamos hablando de la cuarta parte del capital de PotterAndPotions.
-La inversión la costearemos nosotros, en partes iguales.
-Neville, ¿crees que funcionará? ¿Qué porcentaje de probabilidades hay de que esto sea un éxito?
-En un ochenta por ciento, creo que va a funcionar si trabajamos y nos esforzamos –respondió Neville.- El equipo está comprometido en esto.
-¿Qué dices, Potter? – dijo Malfoy ansioso
-Está bien…
-¡Excelente!
-No tan rápido, tengo mis condiciones… por lo que he entendido, muy importante la absoluta reserva con esto… -dijo Harry serio.-Me refiero la fórmula y los ingredientes que manejamos, ¿queda claro?
-Por supuesto, como dice el protocolo…
-Es conveniente que sólo nosotros tres somos sepamos a ciencia cierta la fórmula de la poción. Si se filtra información perdemos mucho dinero…Tysana está ansioso por pasarnos por arriba.
-No nombres a la competencia, es mala suerte – dijo Neville, supersticioso. Harry rodó los ojos.
-¿No te dije, Potter? Tysana quedará invisible este año…será estigmatizada por este mega proyecto-Dracó sacó un champaña con tres finas copas de cristal y las colocó encima de la mesa.-Brindemos amigos. En menos de un año seremos multimillonarios.
Harry bebió champaña, y continuaron hablando de otros asuntos pendientes.
-Se me parte la cabeza – dijo Harry media hora después.- No debí haber tomado, las burbujas a esta hora no…
-Estas viejo, Potter – se burló Draco – Se nota que ya no tienes veinte, eh
-No seas pelotudo Malfoy.
-Ve al laboratorio… -le indicó Neville.- Lenny te dará la poción analgésica en comprimidos. Generalmente los deja en el armario blanco, al lado la puerta de entrada. En el tercer estante. Un frasco de plástico naranja.
-A los veinteneros que no nos duele la cabeza, iremos a almorzar…-dijo Malfoy.- ¿Qué te parece Nev?
-Está bien, pero pagarás tú.
-Qué vivo, siempre pago yo.
Harry se dirigió al laboratorio, de mal humor. No tenía nada para festejar, no estaba precisamente contento, aunque hubiera planeado un negocio millonario junto a sus amigos. Tampoco quería cenar esa noche con Sophie; no lo consolaba la idea de acostarse con otra. Lo que sí deseaba con todas sus fuerzas que Ginny se arrepintiera de la decisión que había tomado. ¿Por qué tenía que rechazarlo? Apretó la pulsera que nada tenía que ver con ese asunto, para expulsar la bronca. Se metió derecho en una puerta del octavo piso, que decía AREA RESTRINGIDA. Pasó su tarjeta universal para poder entrar. No había rastros del preparador de pociones. Miró la hora, eran las doce y media del mediodía. La reunión se había extendido y seguramente todos estaban almorzando.
Entró al laboratorio, y rápidamente abriendo el armario visualizó el frasco naranja de analgésicos. Fue rápido. Sintió un pinchazo fuerte en su garganta, la pastilla cayó al suelo blanco y fue a parar a un rincón. Harry emitió un grito de dolor y se tomó el cuello. Luego todo se volvió blanco y no supo nada más.
Ginny estaba en el piso siete, era la hora del almuerzo. Sentía cierta melancolía que no la dejaba en paz. Miró su muñeca, y observó la manga de su camisa, ocultando el tatuaje. Era una suerte que empezaran los días más frescos, ya que no tenía su pulsera preciada. Parpadeó. Se sentía desnuda sin ella… extrañó a Ian por un segundo. Y lo único que le había abrigado esa sensación, eran los besos de su jefe, el día anterior. Besos que ella mismo puso fin, porque sabía que aquel sueño era imposible. Solía pasar el almuerzo con él, en Londres, haciendo compras, yendo a las reuniones o en la oficina, trabajando. Viéndolo. Extrañaba que la trate como antes y sólo había transcurrido una mañana. ¿Cómo iba a tolerar su indiferencia de aquí hasta siempre? Respiró hondo y largó el aire por la boca. Harry Potter ya no le prestaba la misma atención, nunca más. Era lógico, no podía culparlo, se sentía seguramente rechazado y ofendido. ¿Cómo podía adivinar sus motivos? Ginny intentaba pensar que Harry Potter jamás soportaría una mujer con hijos, aunque fueran adoptivos. Sería una carga demasiado pesada para él. Lo había rechazado para que él no la rechace después y dicho así, sonaba irracional e ilógico. Probablemente se estaba arrepintiendo…y ya era tarde para eso.
En el ZOOM era una sala de esparcimientos del séptimo piso; no solía ser utilizado por los gerentes y secretarios ejecutivos. Para evitar miradas y comentarios, Ginny se refugió en una mesa disimulada detrás de un enorme cartel con el reglamento de la sala.
En la mesa de atrás, la voz de alguien desagradable le llamó la atención, estaba de espaldas pero pudo reconocerlo.
-Sí, por suerte ya me reincorporé al trabajo – decía Regan Walker con petulancia y cierta soberbia.-Los motivos de mi suspensión fueron puras calumnias para difamar mi imagen.
-¿En serio Regan? – le preguntaba Myriam Rogers, cínicamente, recordando cómo misma le reveló a Harry sobre la piscina.-Me comentaron que la secretaria del presidente estuvo metida en eso…
-Sí, en esta empresa hay muchos favoritismos…-Ginny se acaloró.-Sobre todo si se trata de esa pelirroja.
-Se nota que Ginevra está acomodada.
-¿Y tú como entraste a PotterAndPotions?
-Entré hace dos años, fue gracias a una amiga que trabajaba aquí y me recomendó -decía Myriam, muy desenvuelta.
-Vaya, que influencias importantes tenía tu amiga… ¿no?
-Ayleen siempre fue muy persuasiva.
Ginny se quedó de piedra al escuchar ese nombre. ¿Se refería a la joven de la fotografía, Ayleen, la ex de Harry? No recordaba su apellido, solo lo había escuchado una vez, de parte de Hermione ¿empezaba con T?
Un grito desgarrador interrumpió sus pensamientos. Una mujer de unos cuarenta y cinco años que Ginny conocía como Betty, la empleada encargada de limpieza, entró corriendo al zoom causó un tumulto.
-¡Auxilio, rápido! – Solicitó desesperada- ¡Necesitamos ayuda rápida!
-¿Qué ocurrió, Betty? – inquirió uno de los empleados, asustado. Ginny se acercó.
-¡Harry Potter, el presidente! –Enunció Bettiana, a grito pelado.- ¡No sé qué le pasó, tuvo un accidente muy grave! ¡Tiene el cuello lleno de sangre! ¡Temo que esté muerto!
El corazón de Ginny se paralizó.
-¡Seamus no sabe qué diablos hacer, los sanadores y científicos se fueron todos a almorzar!
-¡Betty, aquí estoy! –gritó Ginny empujando a todo el mundo.- Dígame donde está… aquí, soy su secretaria. ¿Dónde está? ¿Dónde? ¡Llévame con él por favor, puedo ayudarlo!
-Sígame… llamaré a seguridad para que en el piso ocho no quede nadie…
-¡Vamos, rápido!
Nota: Se que merezco un crucio en el trasero por cortarlo ahi! no me puteen! jajaja o si... sería mas justo :P
Para compensar el corte, les dejo este adelanto.
-¿Tú me ayudaste? – inquirió, mirando a Seamus.
-Ya te dije que este imbécil es incapaz de hacerle primeros auxilios a una tortuga – repuso Draco.
Los tres rieron.
-¿Entonces quién carajos fue? En la empresa no había un sanador, eso lo recuerdo perfectamente.
-Como tú sabes, a la hora del almuerzo en nuestra querida empresa no queda nadie – dijo Seamus.- Te encontró Bettiana, del área de Compras, y fue gritando con su dulce voz en el Zoom del séptimo piso que estabas malherido…
-Qué suerte no haber estado presente para oír su voz chillona –acotó Draco con sarcasmo.
-Entonces Ginny apareció y…
-¿Quién? – dijo Harry.
-Ginevra Weasley, tu secretaria, la pelirroja esa divina que tiene unos senos... ¿en serio no la ubicas? –Harry se puso rojo de coraje.
Espero sus críticas! no me tiren con huevasos, ya recibí muchos el martes jajaja
Gracias por leer y comentar y compartir, y estar
Lic. Joanne (ahhhh! jaja)
