Disclaimer: Nada de esto es mío. Los personajes le pertenecen a Suzanne Colllins y la historia a HalfHope. A mí solo me pertenece la traducción.


Capítulo diez

Confesiones

Dos días después que finalizaran los Juegos, la Sra. Donner viene a visitarme. Eso me sorprende. No pensé que vendría hasta en unos días más. Margaret no viene con ella. La Sra. Donner la justifica, diciéndome que Margaret está sufriendo de otro dolor de cabeza nuevamente.

- Me estaba deshaciendo de algunas cosas de Maysilee, -me dice, con un tono titubeante-. Y recuerdo lo mucho que amabas a su ave. Margaret no puede… dice que su canto empeora sus jaquecas. ¿No quisieras quedártela?

Asiento con mi cabeza, y de repente varias lágrimas se deslizan por mis mejillas. Y así es como me entrega el canario que Maysilee amaba escuchar. El ave canta feliz para mí, incapaz de diferenciarme de su anterior dueña. Solo desea darme una melodía para escuchar y estoy contenta con eso.

Aunque cuando me di cuenta de eso, abrí su jaula y la ventana, esperando que se escapara. El canario permaneció en su jaula, continuando con su melodía. Así que decidí mantenerlo.

Usualmente, al vencedor le toma dos semanas ser sanado y que sea parte de las ceremonias finales de los Juegos. No las miro. Siempre son una recapitulación de lo que sucedió, y no quiero volver a ver a Maysilee morir. Ya es suficiente con ver esa imagen en mis pesadillas.

Con Phoenix trabajando en las minas, solo lo veo de vez en cuando y muy brevemente. Lo extraño, pero me da miedo decírselo. Solo quisiera que él pudiera quedarse conmigo y ayudarme cada vez que me golpea una ola de dolor. Pero él trabaja en las minas la mayoría del día, y ahora tiene solo los domingos libres, y los usa para ir al bosque.

Haymitch regresa a casa como un héroe. Las chicas forman colas para verlo, intentando recibir un poco de sus fabulosas ganancias. Pero Haymitch es más hostil y gruñón que nunca. Soporta las conferencias de prensa y pasa la mayoría de su tiempo en su casa, con las ventanas cerradas.

Incluso aunque estamos en verano, siento frío. Margaret y yo nos alejamos, ya que ella pasa cada vez más tiempo en su cuarto por su enfermedad. Phoenix trabaja todo el tiempo, y cuando no trabaja, está en el bosque. Estoy completamente sola.

Así que cuando escucho la imitación de Phoenix de un sinsajo un domingo por la tarde, intento contenerme de salir corriendo hacia él. Aunque sí lo abrazo lo más fuerte que puedo.

- Lamento no haber estado mucho por acá, -me dice.

- Yo también, -admito, incapaz de avergonzarme ante ello, después de todo.

- Mira, estoy aquí por un motivo, -me dice Phoenix-. Haymitch me pidió que te lleve a verlo.

Estoy sorprendida-. ¿Y te dijo por qué?

Phoenix sacude su cabeza-. Tampoco quiere que esté presente cuando ustedes dos hablen. –Su voz es una mezcla de curiosidad y enojo.

Para ser honesta, estoy algo asustada de tener que hablar sola con Haymitch. Pero estoy extremadamente interesada en escuchar lo que tenga que decir, ya que es la última persona que estuvo con Maysilee mientras estaba viva.

- Está bien, -acepto.

Así que Phoenix me lleva hacia la casa de Haymitch en la Aldea de los Vencedores, la que ahora ya no es asediada por las cámaras ni por chicas desesperadas. A pesar que soy de la ciudad y he visto casas de gran tamaño, lo vastas que son las casas alineadas en la calle es suficiente como para intimidarme.

Haymitch abre la puerta cuando Phoenix toca. Luce terrible. No se ha afeitado, tiene bolsas bajo sus ojos, y veo un cuchillo en su otra mano.

- Ruth Blythe, -dice, arrastrando sus palabras-. Adelante.

Hay alcohol en su aliento. Me siento enferma y pierdo las ganas de entrar. Definitivamente lo hemos perdido. Podías verlo en sus ojos, esa mirada salvaje como si nunca hubiese dejado la arena.

- Haymitch, -Phoenix le dice calmadamente-. Dame el cuchillo.

Le extiende la mano mientras Haymitch se aferra más fuerte al cuchillo.

- No.

- Entonces, voy a entrar con ella, -le dice Phoenix.

Haymitch gruñe, el sonido es bajo y sale de su garganta, y me asusta por un momento la idea de que él nos va a atacar. Pero termina colocando el arma en la mano de Phoenix. Entonces me mira.

- Bueno Ruth, no seas tímida, -Haymitch mantiene la puerta abierta para mí.

¿Pero qué estoy haciendo? ¡Está loco! Pero algo me hace entrar. Le doy a Phoenix una mirada asustada, y por un momento creo que va a seguirme. Pero no lo hace y la puerta se cierra.

Haymitch agarra un termo y bebe por un buen rato de él. Me invita un poco, pero lo rechazo, sacudiendo mi cabeza. Se encoge de hombros y lo guarda.

- Sabes, ninguno de los Donners quiere hablar conmigo, -me dice.

- Bueno, ellos perdieron a Maysilee, -le digo-. Pero tú regresaste a casa. No puedes esperar que ellos quieran verte después de eso.

- Todos hemos perdido a Maysilee, -Haymitch susurra tristemente, dirigiendo su mirada a otro lado. No digo nada. Es él quien me llamó aquí. Así que es él el que debe de preguntar. Y lo hace-. Tú eres la única persona, aparte de ellos, que creo que la conocía muy bien.

- Éramos mejores amigas, -le digo.

- Sí… y me mata la curiosidad… por eso le pedí a Phoenix que te trajera hasta aquí, -Haymitch me dice-. ¿A Maysilee… bueno… le gustaba alguien?

Me quedo desconcertada por su pregunta, así que intento aclararlo-, ¿te refieres, si ella se sentía atraída por algún chico?

Haymitch asiente con su cabeza.

- No que yo sepa, -le contesto-. ¿Por qué?

Haymitch entierra su rostro entre sus manos y comienza a sollozar. Entonces me doy cuenta. Él amaba a Maysilee, pienso, sorprendida. ¡Aún la ama!

- Quería que ella ganara, -él llora-. ¡Pero fui un cobarde! Solo pensaba en mi hermanita, y no pude… No estaba seguro, así que la dejé ir. Pensé que podía encontrar una forma de salvarla luego, y entonces… Y entonces…

Él rompe a llorar nuevamente. No sé qué hacer. ¡Apenas lo conozco! Así que me quedo en mi sitio, como una estúpida, mientro él llora por Maysilee y yo intentaba procesar todo eso. ¿Cómo es posible que el seco y desconfiado de Haymitch se haya enamorado? ¡Y durante los Juegos, y de Maysilee!

- Supongo que quería oírte decir que, por lo que sabes de ella, si tal vez ella me correspondía, -Haymitch me pregunta-, ¿Crees que lo hubiera hecho?

- No lo sé, -le contesto-. Pero, ¿acaso eso lo haría más fácil? Está muerta, Haymitch.

Se enoja conmigo-. ¿Crees que no lo sé? ¡Yo estaba ahí! ¡La vi morir! Sostuve su mano, su hermosa mano, y ella se fue. No pude hacer nada. Ni siquiera puedo decirte cómo me sentí.

- Maysilee era inteligente, -le digo-. Probablemente lo sabía.

- Solo deseo saber si es que ella pudo… -Haymitch se ríe, sin gracia-. ¿Pero a quién intento engañar? Hasta que no me volví el hombre más rico de todo el distrito, nadie me quería. Sobre todo ninguna chica. ¿Por qué ella sí?

- Para serte honesta, -le digo-. No creo que la hayas amado. La atracción es impredecible. Tal vez ella haya sentido algo por ti. Rompió su alianza contigo alejándose de ti en vez de matarte. Eso debe de contar como algo, ¿cierto?

- Supongo, -masculla Haymitch.

- Lo siento Haymitch, -le digo-. Desearía tener respuestas para tí. De verdad. Pero la única que podría responderte es Maysilee.

- Lo sé, solo esperaba… -Haymitch agarra el termo nuevamente y toma un rápido trago. Y luego suspira-. No gastaré más de tu tiempo.

Asiento con mi cabeza.

Abre la puerta para mí, y Phoenix está sentado en el suelo, esperándome. Haymitch se ríe-. ¿No estabas esperando a que la mate, o sí, Phoenix?

- No se puede confiar en un hombre con alcohol en su sangre, -Phoenix se toma en serio la broma de Haymitch.

Voy al lado de Phoenix mientras nos retiramos, y pienso en lo que Haymitch me ha dicho. Él amaba a Maysilee. Y ahora, nunca podrá saber si ella sentía lo mismo. Le doy una mirada a Phoenix. Creo que lo amo, o eso supongo, ya que nunca he sentido sentimientos tan fuertes hacia alguien antes. ¿Lo iba a dejar ir? No creo que vaya a morir pronto, pero estábamos separándonos debido a su nueva vida. ¿Qué sucedería si nunca se lo decía? Ahora sería el mejor momento para intentarlo, si es que también me correspondía.

Así que cuando regresamos a los árboles de mi patio trasero, me detengo.

- Haymitch estaba enamorado de Maysilee, -le digo.

- ¿Es de eso de lo que quería hablar contigo?

Asiento con mi cabeza.

- Pensé que quería pedirte que seas su novia, -admite Phoenix. Bueno, eso explica su tono de voz y lo protector que había sido-. Eres la única chica que ha dejado entrar a su casa. No sabía qué otra cosa más podía ser.

- Quería hablar conmigo sobre Maysilee, -le digo, incapaz de mirarlo a los ojos-. Para saber si ella tenía sentía algo hacia él. Pero no pude ayudarlo. Digo, ¿cómo podría?

- Es algo imposible de saber, -Phoenix concuerda conmigo.

- Estaba pensado en lo triste que sería, -le digo-. Que la persona que amas nunca lo sepa…

Soy capaz de verlo a los ojos ahora, y lo veo mirándome fijamente, escuchando lo que digo. Tomo todo el poco coraje que tengo y doy un paso adelante, de tal forma que ahora estamos a unos cuantos centímetros de distancia. Él no se mueve. Eso me llena de valor y coloco mi mano en su mejilla, llevo mi boca hacia la suya, y lo beso.

Mi primer beso. Es absolutamente increíble. Presiona sus labios contra los míos, y mis manos se dirigen hacia su cuello mientras él me coge por la cintura. Mis dedos viajan por su cabello, y lo atraigo hacia mí. Ni siquiera en mis sueños pensé que sería así de bueno, la forma en la que nuestros labios se mueven juntos y uno contra el otro al mismo tiempo.

Nos detenemos para respirar. Mis ojos siguen cerrados, así que estoy lista para continuar, hasta que siento que Phoenix deshace mi abrazo y remueve mis manos de su cuello. Mis ojos se abren por la sorpresa, y veo su espalda, a varios pasos de distancia de mí.

- ¿Phoenix? –le pregunto, dudosa.

- Ruth… no puedo, -me dice-. No quiero esto.

Siento como si me hubieran acuchillado cuando dice eso, y dejo de respirar por la impresión. ¿Lo decía por mí? ¿No me quería?

- Lo siento, -balbuceo, sonrojándome y sintiéndome avergonzada y enferma-. Pensé que también sentías lo mismo.

- Sí me gustas, Ruth y ese es el problema, -Phoenix me dice-. Me gustas, pero no podemos estar juntos. Eso está mal.

- ¿Por qué no? –le demando-. ¿Por qué está mal?

- Nunca voy a ser capaz de amarte, -me dice-. Por eso es que está mal.

Siento que me ahogo mientras intento respirar. Honestamente, no pensé que las cosas tomarían este rumbo. Pensé que él también se sentía atraído hacia mí, y que por lo menos podíamos intentarlo.

- Bueno, está bien, -intento salvar cualquier cosa que quede de nuestra relación-. Podemos seguir siendo amigos. No necesito otra cosa.

- No puedo hacer eso contigo, Ruth, -me dice-. Es tiempo que enfrentemos la realidad. Me refiero, solo nos vamos a ir separando conforme pase el tiempo. Somos demasiado distintos.

Mis manos se vuelven puños y comienzo a temblar, llena de ira.

- ¡Eso no es cierto Phoenix! –exclamo-. ¡No somos muy diferentes! Yo… yo te amo porque me conoces. Porque me entiendes.

- Tengo que irme, -murmura Phoenix y se gira, caminando lo más rápido que puede.

Tenso mi mandíbula mientras intento silenciar mis gritos de cólera y frustración. Me dejo caer y comienzo a llorar. Este dolor es distinto pero extrañamente similar al que sentí cuando perdí a Maysilee. Solo que me sentía enojada y humillada, así como llena de dolor por él. Toco mis labios, recordando la sensación de los suyos sobre los míos. Un momento tan corto pero perfecto. Me duele el saber que nunca sucederá de nuevo.