11. Dom/Sub


Summary: Ichiko tiene una nueva mascota, la cual no desaprovechará para jugar con ella hasta que se aburra de ello.


El sonido de golpes opacos junto con quedos gimoteos resonaba dentro las cuatro paredes de la habitación de Ichiko Matsuyo.

La mujer, vestida sólo con la parte superior de una lencería provocativa de color negro y tonalidades púrpuras, se hallaba sentada en la orilla de su cama Queen size. Sobre su regazo tenía tendido boca abajo a un joven desnudo y con los ojos vendados en una tela de color azul oscuro, que era el que soltaba aquellos sollozos. Ichiko alzó su mano firme y volvió a pegar en el trasero del muchacho, como si de una madre reprendiendo a su hijo se tratase. El pobre volvió a soltar un alarido de dolor, sentía como sus glúteos ya le punzaban por aquellas bofetadas. Cada una de ellas se sentía más fuerte y dolorosa que las últimas, sobre todo porque Ichiko a veces escupía en sus montes.

Con un par de golpes más, la mujer se detuvo.

— ¿Has aprendido tu lección, Karamatsu? ¿Ya no volverás a meter la pata?—Preguntó con voz suave y firme la fémina mientras pasaba su mano castigadora por aquella tierna, caliente y rojiza carne que acababa de abusar. El aludido soltó un suspiro, temblando. Se tardó un poco en responder.

Yes, madame

El joven asintió, aún sin moverse de su lugar. Ichiko sonrió complacida y le indicó que se levantara y volviera a la posición donde habían comenzado en su sesión del día. Karamatsu acató la orden y se levantó a tientas, buscando el posible centro de aquel enorme lecho. Se recostó totalmente con ambos brazos en los costados y las piernas abiertas, dando una hermosa vista de su miembro erecto y su entrada rosada y fruncida.

Ichiko se relamió los labios, su pequeño era tan obediente, siempre. Con movimientos lentos, la mujer igualmente se subió al colchón y se posicionó sobre el pecho de Karamatsu, sentándose. El muchacho soltó un bufido por el peso que empezaba a aprisionarle.

—Espero que ésta vez lo hagas bien, o sino ya sabes qué es lo que te espera—Sentenció la madame mientras acercaba su vulva húmeda hacia el rostro de Karamatsu. Éste tragó saliva, nervioso, su trasero aún sentía la incomodidad de las nalgadas, por lo que no quería para nada volver a sufrir de otra reprimenda de ese estilo. Aún si su pene se erguía y se ponía duro como una roca con algunos toques bruscos, los castigos de Ichiko en verdad eran de temer. Había estado tentado un par de veces a usar su palabra de seguridad por lo mismo.

—Come.

Aquel mandato le dio luz verde para abrir la boca y empezar a atender aquellos genitales. El calor húmedo que emanaba de aquella zona prontamente comenzó a mancharle la cara y a hacer difícil de respirar. La vagina de Ichiko no paraba de emanar lubricante con cada lengüetazo que Karamatsu propinaba por toda la hendidura. La boca del chico se había vuelto una experta conforme avanzaban sus encuentros, cosa que Ichiko reconocía dando suaves suspiros y vibrando de vez en cuando sobre su rostro, disfrutando de aquel sexo oral.

Sin embargo, el trato rudo era su área, así que se inclinó más hacia la cabeza de Karamatsu, asfixiándolo un poco entre sus piernas, dirigiendo su vista hacia abajo para ver con deleite aquella joven cara toda colorada distorsionarse por la falta de aire. Cuando esto pasaba, Karamatsu sabía que tenía que abrir su boca lo más grande que podía para seguir lamiendo aquella carne. La punta de su lengua pasó por el clítoris, provocando que Ichiko se mordiera el labio por el goce.

Luego de esto, Ichiko se levantó unos centímetros, dándole la oportunidad a Karamatsu para tomar una bocanada de aire. Prontamente la mujer volvió a atacar el rostro ajeno, restregando su vulva por todo el lugar. Kara no podía cerrar para nada los labios, gimiendo por lo bien que se sentía. Si pudiera, ya se hubiera corrido, pero la mujer tan lista como siempre, le había colocado su ya acostumbrado anillo para impedir que eso sucediera.

Madame detuvo el meneo de cadera para por fin quitarse de encima del muchacho que ahora veía como respiraba agitadamente, tratando de modularse. Igualmente le deshizo del vendaje en los ojos.

—Buen trabajo mi pequeño tigre, ¿quieres tu recompensa ahora?—Elogió y preguntó la chica mientras hacía que una de sus manos se paseara por el plano vientre de Karamatsu, engañándole con caricias vagas cerca de su entrepierna. Kara gimió necesitado, asintiendo con entusiasmo ante aquellas palabras. Le gustaba cuando madame aprobaba lo que hacía, porque le ponía toda la dedicación. Ichiko rio al ver la mendicidad ajena y se colocó entre las largas y blancas piernas del contrario, se desabrochó el sostén y dejó que sus dos suaves senos aprisionaran el falo de su pequeño tigre que prontamente comenzó a gimotear a son de sus vaivenes. La larga cabellera de la mujer saltaba conforme ella se movía y la hacía atrás moviendo su cabeza a un lado para no perderse la deliciosa visión de la expresión extasiada del chico.

Dioses, en qué clase de creatura lo había transformado. Siempre se felicitaba internamente de haberlo traído hacia su mundo de perversión aquel día, en su bar favorito.

Al principio le pareció un muchacho sin chiste, a su edad (casi cuarenta años) los jóvenes rara vez despertaban su interés al instante. Sobre todo por la inexperiencia, miedo o duda de algunos con los que había intentado probar sus peculiares aficiones en la cama. Pero Karamatsu resultó ser algo totalmente diferente a lo que había presenciado en su vida.

Estaba en busca del sub perfecto aquella vez, y vio cierto potencial en el joven.

Fue literalmente fácil entablar una conversación con él, ese día el muchacho había salido (según) en caza de alguna Karamatsu girl, cosa que a Ichiko le provocó algo de náuseas y la reconsideración del porqué le había dirigido la palabra en primer lugar. Pero justo antes de que Ichiko pusiera los ojos en él había sido rechazado por otra fémina del lugar, cosa que a Karamatsu le bajó el ánimo y se dispuso a echarse unas cuantas copas él solo.

Se sorprendió cuando frente a él un whisky escocés fue colocado, mirando con duda al barman ya que él no tenía el suficiente dinero en su billetera como para pagar tan cara bebida. Cuando se enteró de quién le había ordenado aquello casi se cae de la silla. El resto de la noche, Ichiko se la pasó conversando con Karamatsu de trivialidades y cosas referentes a su vida, familia y amigos como una manera de acercarse más y cumplir con su cometido. Por el alcohol, el muchacho anduvo soltando todo sin medir palabras o grado de intimidad; supo que tenía veinte recién cumplidos, no trabajaba ni estudiaba por el momento, que le gustaba tocar la guitarra, escribir poemas y cartas de amor, y que además, era el segundo hijo de una familia con sextillizos.

Claro, también se enteró de la triste realidad de que era todo un ignorado, tanto por su familia como por la sociedad en sí y ahí fue donde Ichiko sacó sus finas garras de leona. Este chico tenía tan baja autoestima, como lo había intuido superficialmente al verlo con esa aparente seguridad en la barra que, con las palabras correctas, la mujer consoló a Karamatsu al respecto, y con unas cuantas frases de amor y motivación, el joven le entregó su total e incondicional confianza y lealtad. Lo tenía en sus manos.

Ya el resto fueron propuestas casuales, más perorata de amor, unas cuantas 'citas' y ahí lo tenía: Postrado en su cama, gimiendo su nombre y haciendo todo lo que se le antojara con su cuerpo.

Al principio Karamatsu no estaba del todo seguro con eso del BDSM, pero quería ver a su lady feliz, tanto como ella lo hacía con él, por eso aceptó sin juzgarla cuando le confesó sobre su inocente preferencia. Nunca se imaginó que terminaría gustándole, en cierto sentido, ser sometido y humillado por una persona.

Kara definitivamente entraba en su papel cuando se metía en la habitación de Ichiko para otra de sus sesiones, eso no debía negarlo la mujer. Se desvivía complaciendo a su madame tanto como podía, incluso cuando lo castigaba era todo un encanto.

Ahora mismo podía comprobarlo una vez más, ya que después de su recompensa, lo tenía amarrado a la cabecera de su cama mientras propinaba unos cuantos golpes con la fusta en aquellos pectorales, sobre todo en los pezones que ya se encontraban lo suficientemente rojos como para pasar uno de sus dedos y pintar aquella superficie de blanco por la presión. Era completamente delicioso a la vista. Aquel cuerpo sudoroso y ya lo suficiente marcado por sus toques, su rostro echado hacia atrás, sumado a la dolorosa erección que ya tenía desde un principio, mojaban en demasía a Ichiko, haciendo que se relamiera los labios. Quería tomarlo ya, pero eso significaba que sus jueguitos iban a terminar rápido.

Y ella quería seguir disfrutándolo toda la noche.

Con otro gemido del menor, la mujer fue atraía a la realidad, reanudando sus golpes. Después de un rato, a Ichiko se le antojó ya atacar aquella entrada que a leguas tenía abandonada. Se quitó de Karamatsu una vez más y le dijo que se pusiera en cuatro además de que con sus propias manos abriera aquellas preciosas nalgas para mostrarle su apetitoso ano además de que para nada tenía que moverse de como ella ordenó.

Otra cosa de las que también sentía cierto placer insano era que ella misma había sido la primera vez de Karamatsu, y vaya que había sido única. Recordó con gracia que a su siguiente encuentro, el chico a duras penas y se podía mantener sentado correctamente por la incomodidad en su retaguardia.

La mujer sin previo aviso comenzó a colar uno de sus delgados y largos dedos dentro, haciendo a Karamatsu soltar un grito agudo. Movió el dígito por toda la zona, retorciéndolo y agregando los otros dos rápidamente. El chico flaqueó un poco en su posición, doblando los codos por el inmenso dolor placentero que le invadía el sistema. Finas lágrimas salían de sus ojos, cayendo en las sábanas de seda color púrpura, sus labios resecos y magullados por tantas mordeduras ahora temblaban por la sensación de sus entrañas abiertas y el aliento de la fémina chocando contra su trasero.

Ichiko, una vez observando su trabajo bien hecho, se levantó del lecho, dejando a Karamatsu en esa pose por unos minutos. Cuando regresó, no lo hizo con las manos vacías: Un plug tail dando alusión a la cola de un tigre, junto con una diadema con orejas, descansaba en su mano derecha, además de un collar.

—No te lo había dicho porque quería que fuera una sorpresa para nuestro siguiente encuentro pero mira lo que traje para ti, mi lindo tigrecito.

Karamatsu giró su cabeza mirando con incredulidad aquellos peculiares objetos.

¿Esa cola se supone que se ponía…dónde?

Todavía era muy inocente de todos los artefactos que existían para poder usarlos en el sexo, a duras penas sabía del lubricante y sus diferentes usos. Tragó saliva, si es lo que su madame quería, lo haría con gusto.

—Gracias, my lady. Son...hermosos—Agradeció con voz dubitativa mientras la mayor se divertía por los nervios que intentaba ocultar el otro. Sin demorar más regresó a la cama, haciendo que Karamatsu se reclinara con su pecho pegado al colchón y su trasero quedara completamente al aire. Le colocó primero las orejas y el collar. Después regresó a la retaguardia del chico y empezó a meter aquel plug en su entrada. Karamatsu apretó los labios, era demasiado grueso, se sentía completamente estirado de allá atrás, el sudor emanaba de su cuerpo ahora caía por su frente, respirando agitadamente por la nariz.

Ichiko admiró a su precioso sub por un buen rato hasta que se retiró y se posicionó en la silla que tenía en su cuarto, sentándose cual reina mientras le ordenaba a Karamatsu ir hacia ella.

Kara estaba a punto de levantarse hasta que la fuerte voz de Ichiko le retuvo.

—Hey, hazlo como lo que eres, un lindo tigre.

Y Karamatsu no tuvo más que obedecer, arrodillándose y empezando a bajar de la cama gateando hasta parar a los pies de la mujer. Ichiko sonrió en aprobación y acarició la cabeza de Karamatsu como si en verdad se tratase de una mascota. Aquel gesto enterneció al menor, lo cual provocó un rubor. Las manos de la fémina podían llegar a ser así de suaves. Pronto aquellos momentáneos actos de cariño se transformaron en el típico trato firme y dominante que siempre la caracterizaba. Obligó a Karamatsu a lamerle los pies, dígito por dígito, hasta parar a su coño una vez más.

Ver su pequeña cabeza entre sus piernas, degustando su vulva y absorbiendo todo el líquido que segregaba la llevaban al quinto cielo. Echó su cabeza en el respaldo de la silla mientras sacaba más su entrepierna y con una mano, pegaba a Karamatsu, apretando fuertemente sus cabellos. La boca de Karamatsu también derramaba saliva en grandes cantidades por el estímulo, quería tocar a Ichiko pero sabía que eso no estaba permitido, por lo que no le quedó más que posar sus manos en los costados del mueble para tener un punto de apoyo. El plug en su trasero aún se sentía un poco incómodo, más al moverse, pero no le distraía demasiado. Después de un rato, Ichiko se cansó y despegó a Karamatsu de su vagina para finalmente besarlo de una manera brusca. Lo tiró en el piso y le indicó que tomara sus piernas y las elevara hasta que sus rodillas prácticamente tocaran su cabeza. Kara era muy flexible después de todo, así que lo hizo mientras la chica se alejó por última vez para tomar su cinturonga.

Ya no podía soportarlo, quería estar ya dentro de Karamatsu a como dé lugar. Regresó y se acercó a Karamatsu con una sonrisa maliciosa. Tenía presente que todavía el menor traía el plug insertado, por lo que sólo imaginar la doble penetración con el cinturonga aumentaba la lubricidad en su interior.

A Kara, por supuesto, nunca se le pasó aquello por la mente, y por lo tanto se extrañó al no sentir el plug fuera de él. Miró a Ichiko con duda y ésta sólo retorció más su sonrisa, Kara abrió los ojos en demasía cuando la otra comenzó a penetrarlo con su dildo, que a duras penas y se abría paso por aquellas paredes internas ya invadidas.

—Ahhh, no, no ¡Madame, no! ¡Me va a partir en dos! ¡Por favor…pare!—Empezó a gritar Karamatsu a todo pulmón mientras empezaba a gimotear por el agudo dolor que sentía por aquella intromisión forzada.

—Shhh, shhh, tranquilo mi tigrecito. Lograrás tomarlo, yo lo sé. Confío en ti amor—Susurró Ichiko junto con la palabra mágica que hacía a Karamatsu estar de rodillas besando sus pies. Por otra parte, Kara respiraba jadeante, su cara se hallaba absolutamente descompuesta por el dolor y ligero placer al escuchar tales palabras por parte de Ichi.

Con trabajo, Ichiko logró entrar por completo. Después de un rato, la mujer esperó a que su chico se acostumbrara. Cielos, aquellas lágrimas eran un exquisito aderezo para su perversión. Se acercó con cuidado y lamió un para que resbalaban de las mejillas rojizas. Kara se estremeció por ello y, cuando se calmó lo suficiente, Ichi se empezó a mover.

Prontamente Kara reanudó su coro de gemidos y frases entrecortadas. El nombre de Ichiko era clamado la mayoría del tiempo, siendo un hermoso canto para sus oídos. Tomó las manos de Karamatsu y las llevó a sus pechos que rebotaban ante los bruscos movimientos de su cadera. Hizo que Kara los estrujara y jugara con ellos como recompensa, sabía que eran de su eterno gusto. Tampoco se olvidó de quitarle el anillo de su pene, los testículos estaban lo suficientemente hinchados por el semen acumulado que casi se tornaban morados.

El cuerpo de Kara era restregado en el piso mientras Ichi seguía penetrándole. Sin querer, por el par de artefactos insertados en el interior ajeno, le desgarró un poco, haciendo que pocas gotas de sangre salieran. Sin embargo, Kara después de un tiempo, ya no se quejó por alguna dolencia ni nada por el estilo.

Estaba más concentrado en manosear aquellos senos y en venirse que de su trasero profanado. Cuando las cosquillas aumentaron de intensidad en su bajo vientre contuvo el aliento.

M-Madame…¿P-Puedo…Puedo correrme…?—Preguntó como de costumbre, intentando abrir uno de sus ojos para suplicarle. Ichiko, dentro de su excitación lo consideró y asintió, quitando las manos de Kara de sí para que se tocara y con ello se viniera. El menor ni tardo ni perezoso le hizo caso y comenzó a masturbarse un par de veces hasta correrse, manchando sus manos y parte de su vientre.

Ichiko salió de él después de eso, se desabrochó el cinturonga y corrió al baño a masturbarse igualmente para llegar al orgasmo, dejando a Karamatsu ahí tirado y temblando por las réplicas de su éxtasis.

Algo curioso de Ichiko era que nadie podía llevarla a la liberación sino por ella misma. Eso era algo que Kara había notado pero nunca quiso preguntar por qué. El verla huir del lugar hacia el baño ya era una situación tan común para él. Cuando se recuperó, se quitó el plug junto con las orejas y se subió a la cama a descansar un momento. El cuerpo le dolía en demasía, pero se sentía pleno.

Una vez saciada, Ichiko salió del pequeño cuarto ya vestida con una ligera y corta bata de satín para ir con Karamatsu junto al lecho que ya estaba empezando a cerrar sus ojos y echarse una pequeña siesta.

Ichiko no lo interrumpió, dejó que dormitara un rato, ya que pronto iniciaría otra sesión. Se lo quedó mirando por mientras a la par que retiraba unos cuantos cabellos de su frente. Sabía que ese chico no era más que un simple objeto para satisfacer sus bajas pasiones, que sólo lo utilizaba a su conveniencia pero, debía admitir que tenía cierto encanto aparte del sexo, claro. Su rostro apacible logro remover sentimientos que tenía perfectamente dormidos en su interior, nada de qué asustarse, por el momento.

Suspiró, ya estaba demasiado vieja como para esas cosas del amor, por ahora sólo tenía en mente disfrutar de los placeres de la carne y, por mientras, iba a sacarle todo el provecho a éste pequeño sub que había conseguido y formado a su capricho.

Si encontraba otro mejor, no se tocaría el desechar a éste, pero eso estaba lejos de ser posible.

Una dominatrix como ella era muy difícil de satisfacer.

Pero Karamatsu era un estuche lleno de sorpresas igualmente.


¿Qué? ¿Que dije que éste cap sería CaboMafia? Oh I'm so soooooorry, pero no.

Lo siento, es que soy tan cambiante, pero para ser justos, esa es mi única debilidad.*

Lamento retrasarme así de feo pero el cansancio, el pozole y el rol me mantienen entretenido en otras cosas. Anyway ¡no me maten! Espero no se hayan dormido con éste aburrido 'sexo heterosexual' (?)pero es que el IchikoKara es mi perdición. A decir verdad, éste es mi sexcanon con respecto a éste par, así que no me juzguen. Veo a Ichiko como una dominatriz en potencia y Kara...bueno, lo siento honey, no te puedo ver de dom con nadie, ni siquiera una mujer LOL. Y también disculpen las incoherencias narrativas o las faltas de ortografía. Con este fic estoy agarrando costumbre en escribir en la madrugada y eso no es bueno~

Ya mejor no digo de qué AU's tratarán los próximos porque ya saben que soy como la Chimoltrufia: Como digo una cosa, digo otra.

Gracias por leer.

*Si alguien sabe la referencia a esa frase se ganará mi amor incondicional y la libertad de elección de un AU y su respectivo día del reto (?) okno.