~Zero Kara Hajimeru~
Capítulo 10: Sueños
~Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco. —Sigmund Freud~
Hubo un día, luego de la cita con el psiquiatra, en el que Sasuke Uchiha ya no soportaba más tener a Sakura en su casa. Era como un parásito, la veía por todos lados. Y lo habría »soportado de saber que pronto se iría, pero con cada día que pasaba Itachi y Kakashi parecían más cercanos a la chica.
Culpaba fervientemente a Yamato por aquel comportamiento tan extraño en su familia.
Él había dado a entender que nada malo sucedía con la chica, en resúmenes, claro. De ahí que su hermano y su segundo tutor legal empezaran a tratar de hablar más con Sakura. Ella parecía animada con la idea y les contaba historias dignas de animes y mangas que le dieron ganas de reventar el cráneo de los que la escuchaban atentamente. Fue entonces cuando llegó Naruto, un poco pálido, pero con la misma sonrisa estúpida de siempre, escuchó un pequeño fragmento del relato de Sakura mientras lo esperaba para salir con el grupo de Shikamaru. Cuando regresó a la sala, listo para salir, sus esperanzas se fueron al desagüe.
Naruto había sentado su culo en el suelo, atento a lo que la chica contaba y a pesar de tratar de jalarlo fuera de casa, al final, él también se quedó ahí, lanzando miradas de muerte hacia la chica quien parecía ignorarlo.
No se quejaba… tanto… de verdad. Es que liberaba sus frustraciones con Naruto y eso era algo que lo ayudaba a superar el día a día. Lo malo es que, como todo ser humano, llegaban días en los que Naruto simplemente no lo aguantaba más, y le daba un inútil sermón que duraba minutos y minutos hasta entrar en el salón de clases.
—Si te esforzaras por conocerla un poco mejor, tal vez te agradaría.
—¿Agradarme? ¿Ella? Por favor, Naruto, el que te agrade a ti es un primer indicio que no me agradará a mí. Es molesta.
—¡Mira quién se atreve a hablar! Le haces sentir incómoda cuando andas por su lado. Con esa cara de amargado que traes pareces que le contagiarás la herpes solo con la mirada, no seas tan imbécil y…
—Si me vuelves a llamar imbécil, lo siguiente que tendrás en las manos serán tus pelotas. ¡Déjame. En paz!
Y él, como otro ser humano… también se cansaba.
No planeaba tener ningún contacto con Sakura Haruno ni por querer conocerla; tenía curiosidad, pero verla, por alguna razón, le comenzaba a exasperar.
Su hermano tenía planes completamente diferentes, por supuesto.
Sakura apareció a la salida del colegio con sus piernas largas y lechosas, con una sonrisa en su rostro que presagiaba algo malo. Cuando llegó a su lado él prefirió ignorarla, subiría al auto, como siempre, arrancaría, irían a casa y al llegar todo sería como el día anterior: trataría de evitarla por el mayor tiempo posible. No lo logró.
—¿Quieres pasear?
—No.
—¡Venga! Itachi ha dicho que hay un lugar donde tienen animales, y que podemos ir. Mira —hurgó en sus bolsillos con rapidez, sacó varios billetes que lo hicieron frenar en seco—, me ha dado esto para entrar y comer por ahí.
—Mi hermano está demente.
—Hace dos semanas yo era la demente.
—Corrección, mi hermano está mentalmente desorientado, tú sigues siendo la demente. No saldré a ningún lado contigo.
—¿Por qué no? Sasuke-kun, creo que estar encerrado en casa te enfurece aún más.
—Me enfurece que tú estés en mi casa.
—Pues salir ayudará.
No aceptó ir al zoológico porque realmente quisiera hacerlo. En realidad lo hizo porque Itachi llamó exactamente a unas tres calles de entrar en la propiedad, amenazando con confiscarle el auto si se le ocurría volver directamente. Su excusa fue el hecho de que tenía que intentar llevarse bien con Sakura, ya que la chica estaba tan perdida y sola en este mundo tan extraño.
Además, también aceptó ir albergando la esperanza de lanzarla hacia los tigres, dado el caso.
Al pagar la bendita entrada al zoo, Sakura saltó hacia la entrada, aventando los boletos y corriendo hacia el interior. A medida que recorrían el lugar, su sonrisa se desvaneció.
—¿Los llevarán a algún circo?
Sasuke obligó a apartar la vista de un mono que se colgaba con sorna en una liana de plástico.
—¿Qué?
—Si los llevarán a algún circo. Los tienen enjaulados, ¿por qué?
—Probablemente para que no se escapen —habló con condescendencia.
—¿Hablas de que los tienen como prisioneros?
—¿Jamás has ido a un zoológico? Es como una especie de terapia para apreciar la libertad. Vienes, a partir de una edad indicada para poder analizar las cosas, te paras frente a cualquier animal en este lugar y te imaginas una vida sin más que recorrer ese pequeño espacio, tan reducido que te vuelve loco. Entonces regresas a casa sintiéndote tan afortunado de haber nacido en la raza humana… o con un severo trauma psicológico. En ambos casos, resulta un poco perturbador.
—Guau —exclamó ella—, creo que es el discurso más largo que has hecho hasta ahora.
—Eso es porque no has ido a la graduación.
—Creí que aún no te graduabas.
—No. Pero se las ingenian para hacerme hablar en esas reuniones.
—Sería interesante verlo. De donde vengo, tú apenas si me dirigías la palabra.
—No veo porqué.
—Detecté el sarcasmo —advirtió.
—Era el punto.
Sakura decidió ignorando por el momento, recorrieron aquel lugar hasta el momento en que el cielo se tornó de un color anaranjado, moteado con nubes que se tornaban rojizas y purpuras a medida que el sol de ponía. Para entonces Sasuke la tenía sujeta por el brazo y la arrastraba hacia la salida. Se dejó llevar hasta llegar al auto, entraron, él arrancó y ambos se encaminaron de vuelta a casa bajo un tormentoso silencio.
Al cabo de media hora, escuchó a Sakura suspirar. Decidió que era momento de hablar:
—Escúpelo.
Sakura volteó con brusquedad.
—¿Escupir? ¿Qué cosa?
—Lo que sea que tengas por decir: dilo.
—En realidad, estaba pensando en qué preguntas tenías y no eres capaz de formular —respondió al cabo de unos segundos.
—¿Las responderías?
—Siempre lo hago, la pregunta es: si me creerías o no.
—De acuerdo. Empecemos de nuevo. Imaginemos por un pequeño momento que tú no me conoces, yo no te conozco, que eres una extraña a la que he invitado a salir.
—¿Cómo una cita?
Sasuke hizo una mueca ante la insinuación, sin embargo no quería empezar a recalcar la posición de débil compañerismo que tenían, por lo que asintió desganado.
—Sí, como una cita.
—De acuerdo. ¿Entonces?
—Entonces: ¿qué hacía alguien como tú en un desierto en medio de la nada?
—Eso sonó a…
Sasuke sacudió la cabeza.
—No es un piropo, lo digo en serio: ¿Qué hacías en ese lugar? Es imposible ir a pie, o al menos no sin ayuda. No tenías una botella de agua, ni siquiera pertenencias: una mochila, una cartera, identificación, nada. En todos estos meses Itachi, Kakashi, incluso Naruto y yo intentamos averiguar quién demonios eres y de dónde vienes. No hay antecedentes tuyos, ni siquiera una mera acta de nacimiento. Es como si hubieras sido borrada del planeta.
»Entonces… —se detuvo durante un momento en el que Sakura lo observó pacientemente, aunque en sus ojos parecía brillar la intranquilidad—, entonces me vuelvo tan desesperado para llegar a creer lo que cuentas. No sabemos nada de ti… pero tu pareces saber tanto de nosotros.
Siguió manejando durante largos minutos más. Sakura no dijo nada el resto del camino, siguieron en un absoluto silencio y por alguna razón, Sasuke no se atrevía a mirarla. No era un vocecita en su cabeza diciendo que ella guardaría la respuesta si la miraba, tampoco era un aguijonazo de intuición sobre que descubriría todo si la observaba, nada. Simplemente no la miraba porque al hacerlo sentía más impotencia al no saber nada de ella.
Entonces, cuando creía que llegarían a casa en el más absoluto vacío, ella habló:
—Es un extenso bosque —empezó. Sasuke sintió los dedos de sus manos hormiguear aun agarrando el volante. Observó la calle, estaban a solo unas cuadras de llegar —. No es como aquí, las casas son pequeñas, y los edificios no son tan altos. Los departamentos no tienen tanta complejidad. Los cines no son tan grandes ni nada.
Sasuke se obligó a aparcar el auto al borde de la acera, frente a un pequeño jardín. El cielo se había oscurecido por completo y solo tenían el fondo de los grillos, la luna alumbraba tan poco, pero los faros hacían del rostro de Sakura algo tan enigmático que supo que no arrancaría de nuevo hasta escuchar todo. Esta vez no huiría. Le daría el beneficio de la duda, como lo había pedido Yamato. Solo por esta vez.
—Las casas no logran completar ni cinco generaciones enteras antes de sucumbir ante alguna guerra o lucha que se sobrevenga —su mirada se tornó brillosa, las lágrimas empezaron a hacer aparición—. Mis padres murieron en la guerra…
»La aldea no es muy grande, no como esta ciudad. Esto es… inmenso. Me asusta. Mi hogar es tan tranquilo, por las noches no hay autos, las calles no tiene cimiento, los arboles protegen a Konoha con sus espesos bosques; por las noches solía mirar desde mi ventana los rostros Hokage. La vida es complicada, Sasuke-kun —musitó—. La vida es complicada allí… pero es buena. Sabes que habrá guerras por venir. Que la paz jamás será eterna, que siempre habrá que luchar, gente que perder, pero mientras la paz dura, es verdadera y tan agradable. Ese es mi hogar.
»No tenemos un mar… al menos, no tan cerca de Konoha. Pero hay lagunas, y riachuelos. Cerca del hospital de Konoha hay un gran puente, cruzado por un río. Es tranquilo y cuando caen las hojas de los árboles, o las flores de cerezo empiezan a caer, puedes verlas en el río, avanzando tranquilamente.
Sasuke mantenía la mirada al frente, observando el tronco de un viejo árbol como si fuera lo más interesante del mundo.
—Claro, tu mundo tiene algunas ventajas. Esas cositas con las que llamas a la gente.
—Celulares.
—Sí, eso. Nos serviría de mucho, para prevenir ataques, mandar comunicados a los Hokage. Aunque ya no sería divertido. Y aunque no lo creas, solo caminamos de una aldea a otra, aunque sean kilómetros y kilómetros de distancia. Muchas veces tienes que acampar una o dos noches antes de llegar a un lugar. Incluso más, pero es divertido. Tú también lo has hecho.
Al voltear a ver a su acompañante, Sakura se dio cuenta de la expresión casi desesperada de Sasuke.
—Lo siento, no debí mencionar eso.
—¿Así que es por eso que me conocías?
—¿Me crees? —preguntó, la sorpresa en su rostro no podía ser disimulada.
—Estoy tratando. Se me hace imposible que algo como esto pueda suceder. Pero si sigo buscando pistas sobre tu historia sin obtener resultados en este país o en este mundo, no sé si logre mantenerme cuerdo para finales de año.
—No entiendo lo que sucedió, Sasuke-kun. Debí morir —Sasuke se estremeció—, mi vida debió terminar, lo di por Naruto. Él tenía que vivir, su sueño era ser Hokage, tenía que sobrevivir a esta guerra. Pero ahora vivir sin saber qué es lo que pasó con él. Sin embargo, lo tengo aquí. Es Naruto, sin embargo… no es mi Naruto…
Sakura lanzó un suspiro tembloroso, rogando para que aquellas lágrimas que estaban a punto de desbordar sus ojos, se secaran completamente y no salieron jamás.
—No tengo a nadie quien me recuerde. Y yo también me volveré loca si no encuentro una respuesta.
Luego de aquello Sasuke había tenido suficiente por todo un día. Su cabeza giraba en torno a la historia de Sakura, seguía dando vueltas a aquello incluso después de llegar a casa. Itachi y Kakashi los esperaban sentados, conversando sobre los viajes que Itachi tendría que hacer pronto por negocios, Sasuke ignoró la sarta de preguntas que lo abordaron al momento de cerrar la puerta y advertir de su presencia. Solo quería dormir. Acabar con eso. ¿Es que algo andaba mal con él? ¿No podía simplemente dejarlo ir? Aceptar que si Sakura no tenía un antecedente de existir, entonces ellos podrían solucionarlo y hacer que ella se valiera por sí misma. ¿No podía hacerlo? ¿Por qué se tomaba tantas molestias en seguir dándole vueltas al asunto?
Se echó en la cama, boca abajo. Sus ojos se cerraron al cabo de unos pocos minutos, el cansancio lo adormeció tan rápido que de pronto ya no fue consciente de nada a su alrededor… hasta que…
Sabía que algo estaba mal. Su cuerpo se movía sin que él lo deseara, sin embargo, sentía todo a su alrededor. Las hojas golpeando su rostro al saltar de rama en rama con tal velocidad que, a pesar de tener que sorprenderse, no le sorprendió. Era parte de él, lo sabía, aunque no deducía porqué. Era parte de él.
Pisó tierra firme cuando sus fosas nasales se llenaron del olor amargo y picante del humo. El ruido atronó en sus oídos de forma descomunal, sin embargo, no tapó sus oídos como lo hubiera hecho normalmente. Se sentía alerta, con la adrenalina a flor de piel. Sudaba. A su nariz llegó otro olor, el de la sangre. Aquella sensación de óxido tan característico de aquel líquido espeso y rojizo. Gruñó.
Sus piernas estaban cansadas… cansadas de correr… de huir.
Espera, ¿estaba huyendo? ¿De qué?
—Sigues siendo un niño cobarde.
Volteó. Madara lo observaba con un rostro neutro. Tuvo la necesidad de llamarle como su tío, sin embargo, su yo de aquel momento le decía que él no era la persona que creía. No en ese mundo. No en ese sueño. ¿Sueño? Era tan real, demasiado que lo asustaba, ¿realmente era solo eso? ¿Un sueño?
De pronto, una ira incontrolable le envenenó la sangre.
—Estábamos en esto juntos —se escuchó hablar.
—Eso se acabó.
Su mano fue directa a su Katana, dispuesto a luchar. Su corazón de aceleró. El grito de un animal lo alertó. No. No un animal. Una bestia. Observó al zorro ondeando sus nueve colas enfurecido, dispuesto a tomar venganza luego de tanto tiempo encerrado en el cuerpo de un niño. Sus ojos se abrieron.
—¿Qué has hecho?
—Lo que debí de hacer desde un principio.
Su cuerpo se movió tan rápido que el sonido de su katana contra otra logró alertarlo que había empezado una pelea. La sensación de no tener posibilidad de mover su cuerpo a su antojo le hizo ponerse nervioso. Esto estaba mal. ¡Él no sabía manejar estas cosas! ¿En qué demonios se estaba metiendo? Sin embargo, parecía estar moviéndose con tal agilidad que solo te la provee la experiencia. ¿Cómo él la había adquirido?
En primer lugar, deseaba saber en dónde demonios estaba.
Su vista pasó de su enemigo a un punto a lo lejos. Unos rostros esculpidos en piedra con un dolor terroso, recuerdos extraños pasaron por su mente en un momento de nostalgia. Una cabellera rubia se distinguió a la distancia, echada en el suelo, tan débil que apenas podía sostener sus ojos abiertos con alerta ante lo que veía.
El dolor punzante, demasiado insoportable le traspasó el pecho, quiso gritar, pero nada salió de sus labios. Oyó el grito desesperado de Sakura. La vio, con el rostro distorsionado por el terror. Era diferente a la chica que tenía en sus recuerdos. Esta Sakura estaba tan golpeada y lastimada que apenas la reconocía. Sus labios formaron palabras incomprensibles para él, pero parecieron tener cierto efecto en ella.
Lo último que sintió fue como la katana era girada aun estando clavada en su pecho.
Era el final.
Se despertó aspirando tal cantidad de aire por la boca que sintió como si hubiera salido de una piscina luego de largos minutos aguantando la respiración. Su corazón golpeteó dolorosamente contra su pecho. Su mano viajó rápidamente palpándose el torso con desesperación. La katana, lo había atravesado, lo sintió. El dolor, la quemazón. El grito de Sakura.
Su respiración agitada no lograba calmarse por más que tratara. Su cuerpo temblaba sin control. Demonios, incluso le faltaba la respiración. No había tenido ataques de pánico desde hacía años, pero reconocía estos como la primera vez que sufrió uno, luego de enterarse de la muerte de sus padres.
Sintió el sudor frío en el rostro, por su nuca y la espalda.
Pasó una mano por su cara, con tal nerviosismo que esta temblaba sin parar. Su celular empezó a sonar a su lado, apoyado en la mesa de noche. Miró el número y lo contestó.
—¿Qué carajos quieres, Naruto?
No estaba de ánimo ni de llamarle Dobe. La voz ansiosa de Naruto resonó en su oído.
—Estoy volviéndome loco, Sasuke.
Sasuke se estremeció.
—Yo también…
.
.
.
Continuará…
Sí, lo sé, lo sé. Tardé tanto. Realmente no sé qué me pasó. Nuevamente el bloqueo de escritora o simplemente pereza. Pero recuerden que no me he olvidado del fic. ¡Siempre tendrán un capítulo, tarde o temprano! Quiero acaba este Fanfic antes de mitad de año porque si no, enloqueceré yo también.
¡Muchas gracias por esperar este capítulo con ansias! Gracias a aquellas que siempre están ahí, dejándome un comentario a pesar de las tardanzas. ¡Las adoro! De no ser pos ustedes tiraría la toalla y no continuaría con esto. ¡Las adoro!
Espero no tardar tanto para la próxima. :3
Capítulo subido el 19 de Marzo del 2014
