Editado 2016.

Digimonnomeperteneceyescriboestosinfinesdelucro.

Sinto-¡¿WHAT?!


Capítulo 11

¡Síganme los buenos!


―Esta será la peor despedida de soltero del mundo.

―Yo no pedí ninguna despedida. Mi mujer ya está embarazada, yo estoy legalmente casado y convivo con ella hace años ―fundamentó Yamato.

Taichi rodó los ojos pero no repitió su queja: le llamó la atención la sonrisa mal disimulada de Takeru mientras tomaba su gaseosa.

―¿Y tú de que te ríes, pequeño energúmeno?

―Siempre me robas las palabras ―se quejó Yamato.

―¡Yo le he agregado "pequeño"! ―exclamó Taichi, indignado.

Ahora fue el turno de Jyou, Koushirou, Iori y Ken de rodar los ojos, exactamente como había venido sucediendo durante la última hora: escuchando a Taichi quejarse, a Yamato discutir, a Daisuke o Takeru hacer un comentario inteligente o disruptivo y luego, rodar los ojos y esperar que comenzase la nueva ronda.

―Me río de que hayas organizado una despedida de soltero sin alcohol ―explicó Takeru, revolviendo su vaso con la mano―. Debería haberla organizado yo.

―Sora no puede tomar alcohol porque está embarazada ―se apresuró a interrumpir Yamato, antes de que la discusión escalase.

―¡Pero Sora no está aquí! ―protestaron, a unísono, Daisuke y Taichi.

―¿Entonces por qué no compras alcohol? ―preguntó Takeru, interesado.

―¡Compré alcohol! ―se quejó Taichi―, pero el… el… ―tartamudeó, indicando a Yamato.

―¿A él también quieres decirle energúmeno? ―preguntó Koushirou, sin levantar la vista de su teléfono.

―¡Si, eso! El energúmeno de Yamato mandó al distribuidor de vuelta.

―Sora está embarazada ―volvió a explicar. No permitió que nadie lo interrumpiese―. No les pido que entiendan el arreglo al que llegamos, como la pareja madura y adulta ―recalcó― que somos. Sí les pido que nos honren no tomando alcohol en mi despedida de soltero.

―Ya está, me voy a un bar. ¿Vienes, TJ? ―preguntó Daisuke, a quien la riqueza no le había quitado ni la humildad ni lo bromista―. Es más. ¡Los invito a todos! Menos a Yamato ―agregó.

―Daisuke, no es correcto que abandonemos a Yamato en su despedida de soltero ―explicó Ken, sereno.

―Seguro que las chicas están divirtiéndose más ―dijo Jyou. Tardó pocos segundos en sonrojarse y mirar hacia abajo, arrepentido.

―Tonterías… ―murmuró Taichi… aunque no sonó tan convencido como hubiera querido.

.

.

―¡Quiero escuchar a Katy Perry! ―gritó Mimí, alzando al aire un vaso cuyo líquido se volcó sobre ella, haciéndola reír como loca.

―¡Yo quiero saltar sobre la cama! ―imitó Miyako, efectivamente posicionándose sobre la cama matrimonial de la habitación de hotel.

―Mimí saltó sobre la cama con Taichi y Koushirou mientras buscábamos salones para la boda ―sonrió Sora, enigmática. Mimí también sonrió, pero no aclaró nada.

―¡Y yo quiero…! ¡Yo quiero…! ―intentó agregar Hikari, cortando su frase constantemente―. ¡Yo quiero…! ―intentó una vez más, bajando el tono de voz y abandonando su idea al darse cuenta de que estaba fracasando estrepitosamente en expresarla.

―Hikari solo quiere que le hagan masajes ―terminó Jun, la invitada sorpresa, mientras se estiraba para permitir que se los hicieran a ella.

―Los chicos deben estar imaginándose tantas cosas… ―sonrió Mimí, brindando al aire con su jugo desintoxicante de zanahoria y apio.

―Y nosotras aquí, poniéndonos bellas… ―concluyó Miyako, hundiendo sus pies en el agua cálida y perfumada que la pedicura acababa de acercarle.

―¿Es cierto que Yamato no quiere que tomen alcohol? ―preguntó Hikari, relajándose en su camilla de masajes.

Sora sonrió antes de contestar. Paseó la vista desde el trono que le habían improvisado, ubicando un muy cómodo sillón personal sobre la cómoda de la habitación, por sobre sus "minions", como Mimí había insistido en que las llamara, a pesar de que Sora no se había atrevido a poner el término en uso. Una mujer, silenciosa por expreso pedido de Mimí, le masajeaba su mano libre.

―Le dije que podía hacerlo, que él no debe seguir mi dieta durante los nueve meses… ¡sobre todo hoy, que es su despedida de soltero! Además… Taichi no me perdonará nunca si por mi influencia la despedida que él organizó se vuelve aburrida… ―reflexionó, relajándose en su trono.

.

.

―No la perdonaré nunca. ¡Nunca!

―Los he escuchado decir esto tantas veces a lo largo de los años… a los dos ―explicó Yamato, fundamentando así su pasividad ante la agresión verbal hecha a su esposa.

―Pero sí has invitado a unas… chicas… ¿no? ―preguntó Daisuke, esperanzado. Algunos de sus amigos se removieron incómodos en sus asientos, pero él no se dio por enterado.

―No, ¡Sora no me hubiera perdonado nunca! ―dijo Taichi, escandalizado.

El grupo de hombres demoró unos momentos en reaccionar.

―… ¿De verdad? ―preguntó Takeru, finalmente.

―De hecho, la tendríamos aquí en la puerta molestando con todas sus amigas.

―… las chicas también son nuestras amigas… ―dijo Jyou, aunque volvió otra vez la vista al piso al notar que su comentario no había caído bien.

―Eso no es cierto. Los amigos somos nosotros. Ellas solo son… ―comenzó Daisuke, pero se detuvo ante la mirada fija de Yamato y Ken―. ¿Qué sucede?

―Piensa bien antes de hablar de nuestras esposas ―amenazó Yamato.

―Y de sus mejores amigas ―concluyó Ken, suavemente.

A Daisuke le asustó, más que nada, la amenaza del detective.

―La peor despedida de soltero. Del mundo ―aportó Takeru, solidario como siempre.

.

.

Luego de perfumarlas, masajearlas y arreglarles manos y pies, las mujeres contratadas se habían retirado, tan en silencio como habían trabajado, sin olvidar reponer todas las bebidas desintoxicantes y frutales que las digielegidas habían solicitado y, por supuesto, aromatizando el ambiente con jazmín y vainilla. La amenaza de Mimí de pasar la velada con Katy Perry no había sido más que una actuación: el sonido de gongs y de agua corriendo entre las piedras era muchísimo más relajante.

―La mejor despedida de soltera… del mundo ―dijo Hikari, completamente entregada a su jugo de durazno con menta y a su espalda y pies relajados.

―¿Crees que los chicos se estarán divirtiendo? ―preguntó Miyako, tratando infructuosamente de trenzar el pelo corto de Sora.

―A ti solo te interesa saber si Ken se está divirtiendo ―respondió Jun, ácida, siempre sonriente―. Hoy es noche de chicas, ¡hoy es el día de Sora! No pensemos en los chicos.

―Pero en nuestros hijos sí, ¿no? ―preguntó Hikari, nerviosa.

―¡Mujeres! ―interrumpió Mimí, elevada sobre sus tacones altos y dentro de un apretadísimo vestido que nada tenía que hacer con la ropa cómoda de las demás chicas―. Ha llegado la hora. ―Se hizo un momento de silencio―. ¡Amordácenla!

―¡¿Qué?! ―Pero el grito de Sora no fue escuchado más que por ella misma, ya que la aparentemente inocente acción de trenzar llevada a cabo por Miyako, no era más que una pantalla para tener su rostro a mano y, efectivamente… taparle los ojos con una pañoleta y atarle las manos en la espalda.

(Aunque a las manos se las desataron enseguida, Miyako se había emocionado demasiado).

.

.

―Al menos hubieran traído a Piximon. Ese gato es genial ―dijo Takeru.

―¿Puedes dejar de ayudarnos, por favor? ―pidió Taichi―. Deberías ser más solidario con tu hermano y tu cuñada.

―Sora es la mejor cuñada del mundo. ¡Su fiesta debe ser espectacular!

―Definitivamente, Mimí no habrá escatimado la diversión… ―opinó Koushirou, aún centrada su atención en su celular.

No reaccionó hasta que el silencio se había extendido ya por largos segundos. Levantó la vista, confundido, y encontró la mirada de Taichi enojadamente focalizada sobre sí, y al resto de sus amigos mirando hacia uno u otro, alternativamente.

―¿Sucede algo?

―¿Estás escribiéndote con Mimí en este momento? ―preguntó Taichi, serio.

―Claro que no. No la molestaría en la despedida de Sora; acordamos no cruzarnos ni relacionarnos ―explicó, lógicamente.

―O sea que sí hablaron sobre esta noche.

―Por supuesto. ―Koushirou no entendía del todo a donde quería llegar Taichi con sus preguntas y repreguntas, así que volvió su atención a su teléfono celular. No duró demasiado: sus amigos continuaron en silencio y él dedujo, correctamente, que estaban mirándolo con fijeza.

―¿Hablas mucho con Mimí? ―preguntó Taichi, una vez que Koushirou levantó la mirada, otra vez.

―Claramente.

―¿Y sobre qué hablan?

―¿Qué es esa pregunta? ―Extrañamente, Koushirou comenzaba a molestarse―. ¿Acaso te pregunto a ti de que hablas con Sora? ―replicó, levemente molesto.

―De acuerdo. Has contestado mi pregunta ―concluyó, contento.

Se giró hacia Yamato, dispuesto a conversar de alguna temática, pero Koushirou no dejó escapar el tema. Molesto ―nadie estaba acostumbrado a verlo molesto―, encaró:

―¿Qué quieres decir con eso? ¿Puedes explicarte, por favor?

―Pensé que la deducción era lo tuyo ―contestó, sonriente―. Deduce.

Koushirou en pocos segundos neutralizó la expresión de su rostro y devolvió su atención a su teléfono.

―Está bien.

Y, tal cual lo esperaba, Taichi no pudo dejar de preocuparse al verlo, otra vez, con su teléfono en la mano.

―Pero no le escribas a Mimí. Acordaste no molestarla.

―¿Cómo sabes eso? ―preguntó, distraído.

―Acabas de decirlo.

Jyou carraspeó, visiblemente incómodo con el rumbo que tomaba la conversación. Sin embargo, ninguno de sus amigos, ni siquiera Iori o Ken, colaboraron con él. Avergonzado, volvió la vista al suelo.

―Tal vez te mentí ―susurró.

Y, aunque continuaba mirando su teléfono, Taichi vio su sonrisa de lado.

―¡¿Te estás escribiendo con Mimí?! ¡Dímelo! ―exigió, mientras se paraba y se aceraba en pocos pasos al sillón de Koushirou.

Yamato y Daisuke, rápidos de reflejos, saltaron con él y corrieron a su lado, dispuestos a detenerlo si decidía atacar a Koushirou.

―No tengo por qué decirte nada ―replicó.

La osadía de Koushirou, ahora que había descubierto hacia donde iba Taichi, no tenía límites.

―Pues bien ―dijo Taichi, luego de unos momentos―. Yo solo digo que con Sora, que es mi mejor amiga, hablamos de cosas de mejores amigos. Si tú hablas con Mimí de las mismas cosas… hablan de cosas de mejores amigos.

Para molestia de Taichi, Koushirou no se molestó. Levantó la vista de su teléfono y, sonriente, dijo:

―Como te quede más cómodo creerlo, Taichi.

Nunca visto: Koushirou enfrentándose, irónicamente, a Taichi.

.

.

―¿Cuándo van a dejarme ver? ―preguntó Sora, molesta.

Por los movimientos de sus amigas, era consciente de que la habían sentado sobre almohadones en el suelo, dejándola apoyar su espalda cómodamente sobre la cama de la habitación de hotel que habían alquilado para despedirla. El tintineo de las jarras le indicó que las habían movido hasta sus pies, y el arrojar de telas la hizo pensar que estaban organizando almohadas a su alrededor, para sentarse en círculo.

Todo bastante lindo e inocente, si no fuese porque también había escuchado a Hikari prender su cámara fotográfica y a Miyako su computadora personal, y eso le generaba algunos escalofríos. ¿Qué estarían planeando? Estando Mimí involucrada…

―Pronto, Sora, solo tenemos que terminar unos detalles. ¡Auch! ―protestó Mimí.

―Lo siento, Mimí, pensé que querías alfileres.

―¡Pero no en mis dedos, Jun!

Oh, eso sí que no sonaba nada reconfortante…

Sora tenía las manos libres (finalmente) y habría podido sacarse la cinta de los ojos, pero de algún modo pensaba que Mimí y las chicas se merecían que esperara. Pero si todo llegaba a complicarse…

Sin previo aviso, Hikari le quitó, con suavidad, la cinta de los ojos. Frente a ella vio lo que sus amigas habían estado organizando: efectivamente, los almohadones lucían en ronda alrededor de ella, en el centro las bebidas (para que estuvieran a corto alcance, supuso) y, junto a una mesa auxiliar, los aparatos electrónicos de las chicas (la consigna de esa noche había sido "celulares, fuera", por ende, no había ni rastro de ellos). Sorprendentemente, todas se habían cambiado a sus pijamas, lo cual era de por más gracioso considerando que volvería a dormir cada una a su casa: Mimí hasta había coordinado volver a dormir con Kurumi, ante la eventualidad de que Sora y Yamato «deban pelear por el estado de ebriedad en que llegará él», había justificado.

Sin embargo, Sora sabía que no era más que una excusa para seguir compensando la pelea que inadvertidamente les había generado días atrás; además, ella estaba segura de que Yamato, contra su consejo, no se emborracharía esa noche.

―¿Y bien? ―preguntó, nerviosa.

Porque a pesar de todo, no tenía idea de qué locura podían tener planeada.

―Ahora haremos un… jueguito ―dijo Mimí, estirándose en su camisón rosa sobre varios almohadones.

―Un jueguito ―repitió Sora.

―Un jueguito.

―¡Qué aburridas son! ―gritó Jun―. Sora, verás. Hemos acosado a tu marido.

Sora abrió grandes los ojos y la boca, aunque nada salió de ella. ¿Jun acosando a su marido? Eso le traía recuerdos que mejor no traer a colación en la previa de su boda…

―¡No yo, tonta! Ya quisiera Yamato que yo le prestara atención. ¡Jamás se acercará a la perfección de mi Jyoucito! ―exclamó, feliz. Miyako, por otro lado, giró los ojos―. Lo hemos acosado entre todas.

―No aclares que oscureces… ―pidió Hikari, riendo. Jun también rió, y Sora se tranquilizó un poco. De alguna manera, saber que Hikari había estado metida en eso la reconfortaba.

―Lo que hicimos fue… hacerle algunas preguntas ―explicó Mimí―. Y, si contestas como él, nada malo te sucederá.

―¿Nada malo me sucederá? ―preguntó, empalideciendo.

―Tal vez fui un poco extrema ―admitió Mimí―. Me refiero a que, si contestas como esperamos, no tendrás que tomar nada.

―¡Estoy embarazada! ―protestó.

―¿Y quién habló de alcohol? ―sonrió Miyako.

Sora se agarró con fuerza a las patas de la cama, pensando en que tal vez podría romperlas y atacarlas en caso de peligro.

.

.

―Daisuke, ¿vamos a tomar algo a un bar? ―preguntó Taichi.

Yamato levantó las cejas, asombrado. No había vuelto a abrir la boca desde su discusión con Koushirou, quien tampoco había dejado de escribir en su teléfono (¿con Mimí? Yamato lo dudaba, seriamente ella no querría interrumpir la despedida de Sora escribiendo sin parar, ¿cierto?), y la conversación se había vuelto más monótona, con Yamato interactuando con las sanos y serios del grupo ―sin Koushirou, claro―, y Takeru ocasionalmente queriendo molestar.

Tal vez para Taichi, Daisuke y Takeru eso no sería una fiesta divertida, pero él disfrutaba la presencia de sus amigos y estaba bien hacer una reunión "de chicos", sin el parloteo imparable de Mimí y las risas descontroladas de Miyako (y ni hablar de Jun, quien ahora era miembro honorario del grupo por haberse casado con Jyou). (Yamato no tenía idea de cómo eso había sucedido).

Sin embargo, de aburrirse a elegir abandonar la despedida de soltero de su mejor amigo, la que él mismo había organizado… Taichi estaba, definitivamente, pateando por arriba del arco. (O algo así. Yamato nunca había sido muy bueno con la terminología de futbol, aunque Sora siempre le explicaba).

―No puedes irte, Taichi ―gruñó, molesto.

―¿Y qué si me voy? Mi amigo Daisuke nunca viene a Japón. Si él quiere ir a tomar algo a un bar, ¡vamos a tomar algo a un bar!

―Hasta podemos ir a tomar algo a un bar en… Roma. ¿Quieres ir a Roma? ―preguntó―. Déjame que llame al piloto de mi avión.

―No lo puedo creer ―dijo Yamato, impactado.

―Chicos, no es bueno que abandonen a Yamato en su propio día ―opinó Jyou. Esta vez no esperó a que las miradas de sus amigos se posaran sobre él: él solito, avergonzado, volvió la vista al piso.

―¡Claro que no nos iremos, animal! ―exclamó Daisuke, abrazando por los hombros a Yamato―. Tengo un avión, sí, pero jamás molestaría a mi piloto a estas horas de la madrugada. Siempre me he preocupado porque mis empleados duerman la cantidad de horas recomendadas y tengan tiempo para dedicarse al ocio, ¡es la mejor manera de mantener la alegría en el ambiente de trabajo! ―explicó, contento―. Oye, Koushirou, ¿acaso el suegro de Yamato te explota? Porque mira que, si no estás escribiéndote con Mimí, estar hasta estas horas hablando con tu jefe…

―Tal vez el señor Takenouchi quiere controlar a Yamato ―ofreció Iori como alternativa.

―¡Koushirou es un espía! ―gritó Taichi, súbitamente interesado en la conversación. Se paró de un salto y se acercó hasta Koushirou. Él, sin inmutarse, acercó el teléfono hasta su pecho para evitar que lo leyeran―. Yamato, ¡quítale el teléfono! Es la única forma de saber si está hablando con tu suegro.

Yamato suspiró. Daisuke sonrió. Takeru acarició sus manos entre sí.

―Taichi, baka. Si estás tan preocupado por saber si Koushirou le escribe a Mimí, ¿por qué no se lo preguntas directamente?

―¿A Mimí? Sí, eso haré ―dijo, rápidamente alejándose a buscar su teléfono.

―¡Taichi! Hicimos el acuerdo de no molestarlas esta noche ―avisó Ken.

―¿Y por qué Koushirou puede? ―renegó.

―Koushirou es un caso especial, Taichi ―explicó Takeru―. Si Mimí quiere hablarle, no puedes impedirlo. ¿O no hacen una linda pareja? ―Su sonrisa pícara no pasó desapercibida para nadie, pero Taichi estaba demasiado molesto en ese momento para notarlo―. ¿Se imaginan? Ella querría salir de compras y, como él no querría ir, se la pasaría mandándole fotos y videos por teléfono para saber su opinión. A Koushirou le daría igual y, para que lo dejase de molestar le diría "sí, el violeta"… ¡Y Mimí volvería con un pantalón violeta para Koushirou! Oh, debo escribir esto ya mismo, será una historia muy divertida. ―Travesura realizada, Takeru se retiró: listo para ver sus consecuencias desenvolverse, cómodamente sentado en el sillón de su hermano.

.

.

―Sora, ¿Yamato la tiene grande?

―¡Jun! ―exclamó, cubriéndose la boca con las manos. Sin embargo, enseguida debió soltarse para abrazarse su propia panza, dolorida de tanto reír―. No le preguntaron eso, ¡júrenme que no le preguntaron eso a mi marido!

―Por supuesto que sí, Sora, ¡ahora contesta! ―ordenó Mimí, endureciendo sus facciones.

―¡No! ―gritó, entre medio de un ataque de risa―. Próxima, ¡próxima! ―pidió.

Hikari, tímida, levantó la tarjeta que había recogido del montoncito que Miyako había depositado en el centro de la ronda. Sus mejillas, usualmente pálidas, cobraron color a medida que sus ojos se abrían enormes, sorprendida por lo que estaba leyendo.

―¡Miyako! ―La aludida, sin haber siquiera escuchado la pregunta, había comenzado a reírse como loca―. Yo no leeré esto ―dijo, intentando dejar la tarjeta en su lugar. Jun se lo impidió.

―Las reglas son claras: si no lees tu tarjeta, debes leer dos más ―explicó Miyako.

―¿¡De dónde salieron esas reglas?! ―protestó. Sin embargo, los rostros inmutables de sus tres amigas, y la risa escapándose de las manos de Sora, que otra vez cubrían su rostro, la obligaron a claudicar―. Está bien… ―lamentó. Respiró hondo y, de un tirón, leyó―: ¿Cuál es su mayor perversión sexual? ¡Sora lo siento tanto! ―concluyó, hundiendo su cara en su almohadón.

―¡No le preguntaron eso a Yamato! ―Sora, esta vez, se paró―. Mimí, ¡no eres capaz!

―¡Pruébame! ―retó, tamborileando sobre la portátil de Miyako, donde ella bien sabía que estaban los supuestos videos que habían grabado persiguiendo a Yamato para acosarlo a preguntas―. Ya sabes cuales son las reglas: contestas las preguntas, o luego todas escuchamos las respuestas de Yamato. ¡Y pobre de ti que encontremos inconsistencias!

―¡Mimí! ―protestó.

―¡Sora, tómate un jugo relajante! ―ordenó Jun y, sin mucha ceremonia, le atropelló el sorbete contra los labios. Sora, tratando de tomar pero sin poder controlar sus risas, expulsó todo el jugo por las comisuras de la boca y de la nariz.

Hikari intentó reír disimuladamente, pero debió sucumbir al escandaloso barullo y griterío de sus amigas riendo con Sora.

Miyako no tuvo la idea hasta que Sora terminó de limpiarse las lágrimas que habían escapado de sus ojos, arruinándole el maquillaje que una maquilladora invitada por el hotel tan pomposamente le había pintado.

―Oigan. ¿Y si bajamos al bar del hotel? ¡He oído que hay una fiesta!

Los ojos de Mimí brillaron.

―¡Bajemos así como estamos!

―¿En pijama? ―preguntó Hikari, observando preocupada su pequeño pantaloncito y su remera blanca de tirantes, con un enorme gato en relieve.

―¡Nadie nos conoce! ―gritó Jun, excitada.

Se llevaron a Sora y a Hikari en andas.

.

.

―¡Quiero que me digas cuál es tu relación con Mimí! ―exigió Taichi.

Koushirou no lo miró.

―¡Yamato! ―protestó―. Oblígalo, ¡es tu cumpleaños!

―Es su despedida de soltero. Aunque en realidad ya está casado ―aportó Jyou. Taichi lo fulminó.

Decidió que mejor se miraría la punta de los zapatos hasta volver a casa, al palabrerío sinsentido de Jun, cuya fiesta seguro había sido mucho más divertida que esa. ¿Cómo podría alguien dudarlo, estando Jun, Mimí y Miyako juntas?

Fue allí cuando lo entendió.

¡Oh, no! ¡Estaban las tres juntas!

―¡Yamato, Sora está tomando alcohol! ―gritó, antes de poder controlarse.

―¿Cómo? ―preguntó, extrañado. Koushirou se alejó de su teléfono. Iori y Ken se acercaron a la ronda.

―¡¿Tú estás hablando con Mimí?! ―Taichi estaba fuera de sí.

―¡Piénsenlo! Están Mimí, Miyako y Jun juntas. ¿Qué podrán hacer Hikari y Sora solas contra ellas? ¡Y tal vez Hikari debió irse para atender a Toshiro! ¡Y entonces está Sora sola, y ellas, ellas… la amarrarán, y le vendarán los ojos y le dirán que es un juguito pero en realidad estarán dándole alcohol para verla hacer esas tonterías que hace Sora cuando se emborracha! ¡Yamato! ―De un salto, Jyou se posicionó delante de él y lo zamarreó de los hombros―. ¡Debes hacer algo!

―Jyou-senpai, jamás le harían eso a Sora, ellas saben perfectamente cómo cuidar un embarazo ―trató de tranquilizarlo Iori.

―Además, ¿no contaron que Mimí quería comer como embarazada ella también? ―ayudó Ken.

―¡Yamato, tu niña! ―agitó Jyou, otra vez sacudiéndolo por los hombros.

Y eso hizo el click.

Tu niña.

―¡Voy a tener una niña! ―exclamó, alzando un puño al cielo, feliz de que alguien lo comprendiera―. ¡A su rescate! ¡Síganme los buenos! ¡Vamos, compañeros!

Todo sucedió en cuestión de segundos: Yamato había abandonado el departamento, empujando a Takeru y Daisuke de los hombros, con Jyou corriendo tras suyo gritando nerviosas consignas políticas que no iban al caso.

―No se te ocurra avisarle a Mimí ―amenazó Taichi, indicando a Koushirou con un dedo.

Fue el último en salir.


Continuará…


Notas: Ah, no sé qué decir. Me demoré por agenda y luego me estanqué con este capítulo, al punto que empecé el siguiente y pensé en poner todo lo que tenía escrito como flashbacks en vez de hacer un capi dedicado a la despedida. ¡Pero súbitamente fluyó!

Gracias por esperar, trataré de actualizar más seguido esta historia. Ya no falta tanto para el final. Muchas gracias, también, por el apoyo dado en el capítulo anterior, de verdad lo necesitaba. Espero que no decaiga en este : ).

¡Hasta el próximo!