Ya he regresado con otro capítulo. Muchísimas gracias por sus comentarios y el apoyo a esta historia. Espero que les guste y cualquier, todo comentario siempre es bien recibida.
No les quito más tiempo. A leer!
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El comedor del cuartel de Quinta no distaba demasiado del que tenían en la costa, claro que la construcción podía contar varios más años.
Las mesas estaban repletas para cuando Mikasa ingresó al salón y se ubicó junto a sus colegas en una mesa junto a la puerta. Algunos tenían mejor cara que otros y pudo comprobar que muchos solo bebían café. Esbozó una sonrisa maligna al ver la cara de descomposición de Gregor. Ese tipo le tenía cogida la mala onda desde hace días.
Miller, para variar, llenaba el ambiente con sus comentarios, esta vez sobre la salida de la noche anterior y como Betza había arruinado toda la diversión. Hausdorf salía nuevamente a la defensa de la mujer amenazando a su colega de acusarlo con su esposa sobre como bailó y coqueteó con cuanta cosa enfaldada encontró.
-No sé ustedes, pero yo haré uso de mi día libre -dijo Haller poniéndose de pie y estirándose haciendo sonar varios huesos -¿Al toque de queda? -preguntó su horario de regreso.
-Saldremos mañana al alba -comentó Jean sacando la vista de unas anotaciones que Hausdorf miraba de reojo -Tu tiempo y cómo lo administres es tu problema.
-Uff, pero qué malas pulgas, chico -bufó Miller -¿Te sentó mal la cerveza de anoche? -bromeó.
Betza le dio un palmotazo en la nuca logrando que el pobre hombre se quejara de porqué siempre era la víctima del manco y la machorra. Por supuesto que aquello hizo estallar otra pequeña batalla.
Unos pasos se acercaron hasta ellos. Era Benson, el oficial que había ido a informar a Hange y que ya estaba de regreso. Se cuadró antes de entregarle un sobre a Jean.
-Todo en orden en la costa, Kirstein -informó aun de pie frente a él.
-Perfecto -respondió el muchacho -Tienes libre el día, Benson. Partimos de regreso mañana al alba. Gracias.
-No hay problema -dijo con alegría al saberse de franco -Iré por mi desayuno -se llevó una mano dentro de la chaqueta y sacó otro sobre -Y éste te lo envía tu novia, casi lo olvidaba.
Jean lo recibió frente al silencio del resto de sus compañeros.
-¿Tienes novia, Kirstein? -preguntó Miller sin creerlo -Yo creía que la chinita era tu novia -indicó a Mikasa sin nada de prudencia. Sommerville le dio un golpe en la nuca y se llevó un dedo a los labios -Bueno… pensaba que te gustaba la chinita -Sommerville frunció el ceño -Como siempre andan juntos… -terminó en un murmullo y Sommerville se llevó una mano al rostro.
Jean ignoró completamente las palabras de Miller y guardó la carta de Milly en el bolsillo de la camisa. Mikasa hacía como que no había escuchado nada mientras masticaba un trozo de pan con mantequilla, pero observaba a su amigo de reojo. Notaba que se había vuelto hábil en no enganchar en provocaciones, aunque sabía que en Miller no podía haber malicia, era demasiado transparente y torpe como para tener esa clase de salidas.
-La comandante Hange nos felicita por nuestra gestión y nos espera en cuanto terminemos el trabajo -dijo Jean cuando terminó de leer la misiva desde la costa -Se nos asignó un crédito en una de las tiendas adscritas al ejército para que compremos algo de nuestro interés… algo personal.
-¡Cuánta generosidad! -exclamó Miller con felicidad -Llevaré algo para mi corazoncito.
-Eso… expía tus culpas, mujeriego -gruñó Betza.
Miller le sacó la lengua. Antes que estallara otra batalla, Benson llegaba a la mesa con su bandeja logrando que todos le prestaran atención y preguntaran sobre la costa. Aun la presencia de los erdianos del continente era reciente y, con ello, todavía había novedades.
Pronto todos hubieron terminado de desayunar y estaban listos para comenzar su día libre. Lynne, la chica de la guardia de Quinta, estuvo dispuesta a guiarlos hasta la tienda donde podrían hacer uso de su crédito.
-Iré donde mis padres -dijo Haller saliendo del comedor.
-¿Tienen una cama extra? -preguntó Sommerville -Quiero dormir esta mala resaca -bromeó.
Miller se les sumó, siendo guiados por Lynne. Betza esperaría a Hausdorf, quien se había retirado a una de las oficinas junto con Jean, seguro a planificar algo en relación a las noticias de la costa.
-¿Irás a la ciudad, Ackerman? -preguntó a Mikasa, quien parecía perdida aun en la taza de té que no había terminado -¿O te quedarás a dormir?
Mikasa se la quedó mirando un segundo. Usualmente salía a recorrer la ciudad -Trost y Shinganshina en general- junto con Armin y Eren. O, más bien, los seguía. A veces lo hacía con el resto de sus compañeros, pero porque sus amigos estaban junto con ellos. Realmente no le llamaba la atención… nada le llamaba especialmente la atención. Quizás debería quedarse en el cuartel entrenando…
-Me quedaré -respondió.
Betza asintió. Desde que había conocido a esa muchacha le había parecido interesante el cómo siempre parecía en un estado estático, excepto cuando combatía o entrenaba... o la noche anterior en que estuvo más presente que ausente. Eso era, Mikasa le parecía siempre ausente.
Sin decir otra palabra, la muchacha se retiró del comedor rumbo a su habitación para alistarse para entrenar. Claro que eso Betza no lo sabía. Ackerman era indescifrable.
-¿Lista?
Hausdorf llegaba hasta ella.
-Sí, ¿vamos de compras, corazoncito? -bromeó como llamaba Miller a su esposa, Hausdorf se sonrió -Hay algunas cosas que pensaba pedir a Trost, pero ya que estamos acá…
-Disfrutemos de los privilegios del ejército -dijo el hombre.
-Algunos que tengamos -dijo Betza de buen humor -¿Y nuestro pequeño líder?
-Dijo que tenía algunos asuntos que resolver, que se nos uniría luego -respondió siguiendo a Betza fuera del comedor -Tendrá una carta de amor que responder -rió suave -¿Recuerdas cuando nos enviábamos cartas, Betzie?
-Eras todo un romántico, Karl -le sonrió amplio -Y ahora no puedes tomar ni un lápiz -bromeó con malicia.
-Pero puedo hacer otras cosas -sonrió con picardía -¿Qué te parece si después de las compras nos perdemos en ese hotel que frecuentábamos de cadetes?
-Eres un maldito viejo pervertido -exclamó con fingida ofensa -Apoyo la moción.
Iban saliendo del cuartel cuando se toparon con Jean, quien iba rumbo al jardín con una carpeta y un par de lápices. La carta de Milly dentro de la carpeta.
Tomó asiento en el césped bajo un árbol. No había bebido demasiado, pero si se ponía bajo el sol comenzaría a fermentar, lo sabía.
Dejó la carpeta y los lápices a un lado y tomó la carta para romper el sobre sin demasiado cuidado. Había tenido ya una semana para pensar bien las cosas. Y la verdad era la siguiente: La única razón por la que él había buscado una relación con Milly había sido sacarse a Mikasa de la cabeza. ¿Había funcionado? No lo sabía realmente. Al menos ya no pensaba en ella todo el día, pero tampoco era como que necesitara pensarla mucho si estaba constantemente a su lado.
Sus ojos leían las líneas sin sentir nada al respecto. Eso no estaba bien. Sabía que debería sentirse contento o, al menos, emocionado. Añorar la presencia de su novia, querer correr ahora mismo a verla… Pero no era así.
Él no era un mentiroso. Podrían decir lo que quisieran de él, pero menos que no andaba con la verdad por delante. Y acá solo había una verdad… que se había engañado durante todo este tiempo.
Claro que Milly le parecía encantadora. ¡A todos les parecía encantadora! Era hermosa, alegre y chispeante. Debería sentirse orgulloso de tener una chica así a su lado, pero no era así. O sea, sí. Tenía el ego por los cielos de tener a la chica más linda de la guardia de la costa. Pero, por alguna razón, eso no era suficiente.
No era tonto, ya sabía que Milly se había acercado a él para estar cerca de Eren. Y, aunque trató de convencerse que podría contra ello y que finalmente ella decantaría por él, eso no ocurrió. Podía ser el que estuviera con ella, pero… ¿qué era tener un cuerpo si no se tenía el corazón?
Quizás si los sentimientos de Milly fueran reales o los sintiera reales, él hubiese… Él realmente quería enamorarse de ella. Era lo único que quería. Pero así no funcionaban las cosas. Menos si iba a repetir el viejo patrón que llevaba repitiendo desde que ingresó a la academia.
El quería una chica para él y solo para él. No una a la que tuviera que estar conquistando todo los días para que dejara de prestarle atención a uno de sus mejores amigos. Él merecía más que eso.
Y lo intentó. Transfirió todas sus ensoñaciones con Mikasa hacia Milly. La trató tal como lo hubiese hecho con ella, pero no fue suficiente.
Después de todo no había sido tanto tiempo. Llevaban poco más de dos meses conociéndose y un mes en ese noviazgo. Su padre le había dicho en una de sus últimas visitas que, cuando se trataba de mujeres, no podía esperar tener solo una novia y dejar en ella todas sus ilusiones. Que en los caminos del corazón habían tantos recovecos y sorpresas que no se empecinara en algo que no iba a funcionar. Simplemente cortar las cosas era, a veces, el mejor camino.
Claro que esas palabras se las dijo cuando Jean no pensaba justamente en Milly. De todas maneras ahora le hacían sentido.
Conclusión: no estaba hecho para el romance. Se dejaría de pensar en tonterías y se concentraría en su trabajo completamente. Cuando quisiera ponerse meloso, siempre podía pagar por una chica que susurrara su nombre cariñosamente a su oído. Tal y como hacían muchos de sus colegas. Quizás algún día, encontraría una chica que no creyera que tenía cara de caballo y que pensara en degustarse a Eren. Y, ciertamente, no se la presentaría a su amigo hasta que se casara con ella. O que fuera ciega, sí esa era una buena idea.
Se rió solo ante sus ideas algo desesperadas. Pero de qué otro modo podía pensar si volvía a darse lo mismo.
Cuando todo esto terminara, cuando pudieran vivir en paz, él buscaría una chica que lo quisiera, se casaría, tendría una enorme familia y viviría a las afueras de la ciudad. Eso era por lo que luchaba y seguiría luchando. Pero, de momento, nada más de chicas.
Tomó la carpeta y teniendo una hoja en blanco sobre ella comenzó a escribir. Pero no pensemos que fue una carta que abría su corazón, que explicitaba todos sus sentimientos y anhelos.
Cuando terminó, firmó con su nombre al final. Antes podía leerse con buena caligrafía y bastante claro. "No me gusta que le miren el culo a mis amigos. Terminamos. Y no llores, te ves fea."
-Perfecto -sonrió orgulloso frente a su arrebato de total honestidad Kirstein marca registrada.
-¿Qué es perfecto?
Jean se volteó para ver a Mikasa tras de él en ropa de entrenamiento con una botella de agua en la mano.
-Corto con Milly -anunció con orgullo y cerró la carpeta. Mikasa ladeó la cabeza -¿Qué?
-Nada -dijo Mikasa sentándose frente a él -Pensaba que le darías una oportunidad… -Jean enarcó una ceja -Vale, si se la pasa mirando a Eren, no la merece… creo. ¿Estás seguro?
-¿Estamos en ese nivel de amistad en el que hablamos de mi vida amorosa?
-Supongo. Los amigos hablan de estas cosas -abrazó sus rodillas -No mereces estar con alguien que no te valora, Jean. Nadie lo merece. Podríamos morir mañana, ¿para qué vivir mentiras estando ad portas de la muerte a diario?
-Exacto, creo lo mismo -afirmó e hizo una pausa -Me adelanté. Creo que quería desesperadamente tener una novia y no lo pensé muy claro. Milly es muy encantadora, pero no es lo que realmente quiero ni necesito.
-¿Y qué es lo que quieres?
Mala pregunta. El vómito mental se vino a Jean con una sola respuesta en su cabeza, pero que supo detener de salir de su boca. "Te quiero a ti". Pero pedir eso era negar todo lo que se había propuesto anteriormente. Era más de lo mismo.
-No lo sé, pero supongo que ya lo sabré.
Mikasa asintió soltando sus piernas. Alzó la vista al árbol sobre ellos.
-¿Sabías que Betza y Hausdorf son novios? -preguntó la chica de pronto y de la nada.
-Sí…
Mikasa permanecía aun con la mirada en el cielo semi cubierto por el follaje del árbol.
-Se me hacen muy… -continuó eligiendo bien las palabras, luchando un poco con su ser asentimental, pero a veces no había más palabras que las reales -Muy queribles… juntos.
Jean se sorprendió de las palabras de su amiga, pero asintió dándole la razón.
-¿No vas a la ciudad? -le preguntó cambiando abruptamente de tema. Hablar de romance con Mikasa no era la mejor manera de manejar las cosas.
-No me apetece, no hay nada que realmente me interese. Prefiero aprovechar el tiempo entrenando. ¿Y tú?
-Pensaba ir después de almorzar. Voy por más material para los mapas, Hausdorf me dejó una lista.
-Y… -dijo Mikasa interrumpiéndolo -¿Si aprovechas de almorzar fuera? Algo diferente… algo que no sea una sopa mala y un trozo de pan -Jean caviló -Pues… no me interesa nada de Quinta, pero… si se me antoja algo de comer. ¿Si vamos los dos?
No fue algo en que hubiese pensado antes de encontrarlo allí. Ella realmente no tenía interés en Quinta, pero sí hambre. Y antes de ir sola, Jean le parecía una agradable compañía. Los amigos se hacen compañía, se dijo en su mente.
-Vale. Es una buena idea -respondió el muchacho algo extrañado, pero contento de pasar algo de tiempo con ella en otra cosa que no fuese trabajo. Como cuando salían con todos los chicos -¿Algo en especial?
-Solo que no sea pan y sopa -respondió animada -Algo de carne quizás. Si juntamos tu dinero y el mío podemos pedir un plato y compartirlo.
-Economía de recursos, bien pensado, Mikasa -dijo con el mismo ánimo -Entonces, ¿nos vemos más tarde?
-Claro -se puso de pie -Ah… y esa carta es un poco ruda -comentó sorprendiendo a Jean, ella había leído con disimulo -Quizás es mejor que llegues a la costa y hables con ella. Pueda que le vea el culo a Eren, pero eres más que ese vómito verbal en una hoja. Dale una lección, una que le deje claro que con Jean Kirstein nadie juega -su amigo solo la miraba atónito -Nos vemos a las doce.
Se retiró dentro del cuartel mientras que Jean tomaba la carta desde la carpeta. Sí, él era más que eso… no debía olvidarlo.
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Las calles de Quinta eran muy diferentes de día. Gracias a las orientaciones del capitán Gruen pudieron dar con la tienda de abastecimiento sin mayor dificultad. Era una especie de mercado que tenía cuanto pudiesen querer.
Mikasa se entretenía viendo los escaparates mientras Jean solicitaba los insumos a uno de los sujetos que atendía allí.
-¿Cuántas hojas va a necesitar, oficial? -preguntó el hombre a Jean.
-Cien, de buena calidad -respondió al tiempo que el hombre se perdía entre los muebles.
Jean se volteó a mirar a Mikasa. Notó que un par de personas la miraba con desconfianza y se alejaban de ella murmurando. Claro, había olvidado que su rostro no era algo visto comúnmente. Los asiáticos habían sido buscados y exterminados casi completamente. Aun recordaba cuando sus padres le hablaban que había personas peligrosas afuera, que el gobierno los buscaba porque eran mercenarios y asesinos. Seguramente se referían a los asiáticos… y aquellas mujeres mayores que se alejaban de Mikasa debían haber vivido eso de jóvenes. La propaganda para limpiar la raza de los muros.
¿Cómo alguien consideraría peligrosa a una chica como Mikasa? Eso si no la vieran abalanzarse sobre un titán, ahí era cuando la hermosa muchacha se transformaba en una letal soldado. Pero viéndola así, de civil, con su mirada perdida en los escaparates, le parecía una frágil y preciosa chica. Ese vestido le sentaba de maravillas y su gesto tímido oculto tras la bufanda la hacían ver aun más vulnerable...
No, no y no. Mikasa no era hermosa ni preciosa. Mikasa era su amiga y no podía pensar en ella de ese modo. No más chicas, Kirstein. Se dijo repetidas veces en su mente.
El hombre de la tienda estaba de regreso frente al mostrador y ordenaba el pedido. Jean se volvió hacia él mientras el sujeto le indicaba lo que iba guardando en una bolsa.
-Lo anota a cargo de la Legión de Reconocimiento -indicó Jean y el hombre fue por un libro que dejó frente a él para que firmara.
Mikasa iba hacia él en compañía de una mujer de la tienda quien llevaba un par de pequeñas bolsas de papel y pasó a pesar en la balanza.
-Llevo dulces para los chicos -comentó Mikasa a Jean -A Sasha le encantarán. Eren y Armin estarán felices.
Jean asintió.
-¿Y qué tanto mirabas?
-Nada realmente, hay muchas cosas -respondió. La mujer dejó las bolsas sobre el mostrador y le entregó el mismo libro de Jean para que Mikasa anotara sus gastos -Supongo que es todo. ¿Llevas algo para ti?
-No, no necesito nada. La última vez compré en Trost -aclaró -Pero si quieres algo más puedes usar mi crédito.
El rostro de Mikasa se iluminó por un segundo, pero pasó a negar de inmediato. La joven de la tienda miró a ambos muchachos mientras terminaba de visar la compra.
Con sus bolsas salieron de la tienda no sin antes preguntar por un buen lugar para comer y que fuese económico. Las indicaciones de los tendederos los llevaron a un pequeño y hogareño restaurante, una especie de posada.
-¿Qué se sirven jóvenes? -una mujer bastante gorda se acercó a ellos -¿Desean almorzar?
-¿Qué tiene? -preguntó Jean sintiendo el aroma proveniente de la cocina y la boca hacérsele agua.
-Pollo con papas, una ensalada de berros, tomate y huevo, de postre tarta de frutilla. Ese es el menú tradicional -les indicó el precio anotado en una pizarra en la pared -el exclusivo es un bistec con…
-¡Ese! -exclamaron ambos -Solo un plato, compartiremos -agregó Jean.
-De acuerdo…
La mujer se retiró al interior de la cocina no sin antes traerles una cesta con panecillos tibios y un poco de mantequilla. Pronto estuvo su plato frente a ellos junto con otros dos más pequeños para que repartieran las porciones.
En partes iguales, fue Mikasa quien dividió todo. Siempre era ella quien dividía las porciones también en el comedor. Pero lo hacía porque compartían mesa con Eren y Armin. Nunca habían comido solos los dos… ni menos ella le había acercado un plato de comida. Era como en sus ensoñaciones, esas que tenía hace un tiempo… Esas en que creía absurdamente que algún día Mikasa sería su esposa y serían felices en una casita rodeados de niños, de sus propios hijos.
Miró su plato y soltó una suave carcajada. ¡Qué tonto había sido! En sus sueños había convertido a la gran Mikasa Ackerman en una maldita dueña de casa. Era increíble lo que el amor podía hacer. ¿Había una idea más idiota que volver a quien valía por cien soldados en una simple madre de familia? Una mujer como ella no querría terminar sus días como la esposa de un soldado que ni siquiera fue tan bueno como ella, ni teniendo que cocinar ni lavar los pañales sucios de sus imaginarios críos con cara de caballo.
-¿Qué? -preguntó su compañera logrando sacarlo de la ensoñación -Te estabas riendo…
Jean la miró y terminó de masticar lo que tenía en la boca.
-Nada, solo me acordaba de algo gracioso -respondió restándole importancia.
-¿Qué cosa? -insistió Mikasa.
El muchacho pensó rápido cualquier situación que se pudiese relacionar con comida.
-De cuando con Eren nos golpeamos después de comer carne en esa cena antes de retomar Shinganshina. Había comido tanto y terminé vomitando todo.
Mikasa simplemente lo miró y siguió comiendo. Ambos en lo propio. Jean se culpaba por tener esos pensamientos incipientes acerca de su amiga, aun cuando eran pocos y ligeros, eran potencialmente peligrosos. Ella, por otro lado, seguía algo meditabunda.
-Cuando… -alzó la voz finalmente -Cuando Floch encaró a Eren luego de la muerte del comandante Smith… Nunca pensé que serías tú quien interviniera.
-¿A qué viene eso?
-Solo me recordaste eso -respondió con simpleza -Eren y tú discuten mucho. Pero es parte del como se entienden y he llegado a comprenderlo. No fue muy claro para mí cuanto afecto le tenías a Eren hasta que evitaste que se peleara con Floch.
Jean no supo que decir, esbozó una leve sonrisa y continuó con su comida. Era cierto que él le tenía un inmenso afecto a su amigo, pero también ese día había detenido a Floch por involucrar a Mikasa. Pero, tal parecía, que ella no había sido consciente del ataque del, entonces, reciente integrante. Para qué aclarar aquello.
-Cuando éramos niños, Eren solía molestarse mucho conmigo porque cuidaba de él -continuó Mikasa -Decía que yo no era su madre y que no tenía porqué ser así con él. Armin decía que debía tenerle paciencia, que Eren no entendía que yo tenía miedo de perderlo. Yo… no quería que se metiera en problemas. Tú eras de quien tenía que apartarlo -miró a Jean fijo -Y luego te convertiste en quien lo sacaba de los problemas.
-Todavía nos peleamos -aclaró Jean.
-Pero es un juego -dijo Mikasa con voz suave -Es como se entienden. De alguna extraña forma funciona para los dos.
-Eso es verdad -asintió viéndola comer otro trozo de carne -Supongo que la cojo con Eren porque es una batalla pareja -reflexionó y Mikasa lo miró con curiosidad -Mientras esté en modo normal, claro.
-Eren ha mejorado mucho en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo…
-Tiene buena técnica.
-Sí… -respondió Mikasa -Tú también.
-Aprendí de niño a defenderme.
-¿Peleabas mucho con tus hermanos? -preguntó la muchacha.
-No, con los chicos del barrio -respondió Jean -La tenían cogida conmigo. Me sirvió.
Mikasa guardó silencio. De alguna manera aquellas palabras la llevaron a recordar cuando con Eren intervenían en las peleas que los chicos del barrio tenían con Armin. Los matones siempre tienen alguien como bolsa de boxeo. ¿Pero quién se metería con Jean? Era un muchacho de buena estatura, no demasiado delgado y no tenía cara de niño bueno. Entonces…
-¿Por qué? -preguntó la chica logrando que su compañero sacara la vista del plato -¿Por qué la cogían contigo?
Jean guardó silencio un momento.
-Bien… ¿guardarías el secreto? -preguntó cómplice y ella asintió con seguridad -De niño era… algo rechoncho. Eso, y que tartamudeaba -ladeó la cabeza -Aun lo hago… a veces.
-No lo he notado -respondió Mikasa -Los del barrio la tenían con Armin. Pero me puedo explicar el porqué. Ahora también lo hago contigo. ¿Quién te defendía?
-Mis hermanos cuando estaban en casa… o mi mamá.
-Uy, eso no es muy bien visto en los códigos matonescos -comentó con cierto humor -Seguro después se ponían peor. Al menos quienes molestaban a Armin eran aun peores luego de defenderlo. Con Eren teníamos varios enfrentamientos con ellos.
-La ley del más fuerte -comentó Jean con ligereza -Animal, pero real. Cuando aun no se tiene consciencia de que la fuerza no es la única manera de imponerse, es el recurso común.
-Eso dice Armin.
-Armin es un sujeto sabio.
-Tú también…
-Claro que no -dijo Jean -Solo paso demasiado tiempo con él como para aprender.
Mikasa lo vio tomar otro bocado y guardó silencio. Ese silencio que le era tan cómodo, pero que tampoco le era incómodo romper, al menos con Jean. De alguna manera sentía que podía hablar con él sin tener el temor que se enfadara por algo. Sus habilidades sociales eran limitadas, lo reconocía.
Desde niña había solo compartido con sus padres y, esporádicamente, con alguien más. La feliz burbuja de protección que sus padres habían construido en torno a ella había tenido un efecto de timidez y temor en ella. El verse después sin ellos no lo mejoró. Recordaba que, durante mucho tiempo, no hablaba. Se limitaba a asentir o negar, dejando imaginarias conversaciones para la privacidad de la noche, donde se imaginaba de regreso en su casa con sus padres.
Con el tiempo comenzó a ser más comunicativa dentro de lo que se permitía serlo. Usualmente con Carla o Eren. Hablar con el doctor Jaeger le era más difícil, era una figura de autoridad imponente, aun cuando su trato era afable. De alguna forma temía que, si decía o hacía algo indebido, si llegaba a molestar a Grisha, Carla o Eren no tendría a donde ir… si ellos no hubiesen querido cuidar más de ella, no hubiese tenido donde ir. Ellos eran lo único que tenía.
En la escuela tampoco hablaba mucho y se dedicaba a seguir a Eren a donde quiera que fuese, llevándose algunos regaños por ello. ¡Cómo le dolía! ¿Acaso él no entendía lo sola y perdida que se sentía? Pero Eren, al igual que ella, era solo un niño.
-Armin es un buen amigo -dijo Mikasa de súbito.
-Lo es -afirmó Jean -Es muy divertido si le sigues la corriente. Aunque me he llevado varios quebraderos de cabeza producto de sus filosofadas.
Mikasa asintió pensativa.
-Sí, es muy amigable. Admiro eso de él.
-Supongo que ti y yo tenemos algo en común, no se nos da mucho eso de hacer amigos. Pero dicen por ahí que los buenos amigos deben poder contarse con los dedos de una mano. Y yo ya los tengo todos ocupados -alzó la mano extendida frente a ella -Armin, Connie, Sasha, Eren y tú. No necesito más.
Mikasa volvió a asentir.
-Supongo que mi mano esta completa también, entonces -murmuró suave acomodando su bufanda.
El silencio cayó entre ellos mientras terminaban la comida. Pero de ningún modo fue incómodo. La comida estaba deliciosa y concentrarse en los sabores era un excelente entretenimiento.
-Está muy bueno… -comentó Mikasa más para sí que para entablar conversación.
-Antes de la caída del muro María comíamos mucha carne en casa -comentó Jean mientras Mikasa cortaba un trozo y se lo metía a la boca -Trost era una ciudad muy próspera. Claro que mamá decía que alimentar a tres bestias era carísimo. Cuando cayó el muro, aun cuando mis hermanos ya no vivían con nosotros, no pudimos mantener el mismo ritmo. Papá perdió muchos de sus clientes… -Mikasa lo miró con curiosidad -Llevaba la contabilidad de varios negocios. Cuando llegaron los refugiados, muchos negocios recortaron gastos, entre esos dejar las cuentas a alguien externo.
-Los otros dos muros no podían mantener a todos… -dijo Mikasa recordando aquellos tiempos -Y los campos, como nunca, eran improductivos.
-No era tan así, solo que hubo que preparar tierra nueva para dar abasto. Y la tierra necesita tiempo… o eso decía papá. Además que todo en Trost solía llevar una vida buena y, de pronto, comienzan a tener que compartir con otros. Se volvieron crueles y egoístas.
-Supongo que eso no te importaba mucho tampoco -comentó Mikasa viendo a Jean cortar un trozo de carne, quien se detuvo de pronto -No olvido el cómo decías que solo querías entrar a la Policía Militar y salir de ese nido de ratas.
-El pasado me condena -respondió -No le pidas mucho a un crío que vio como su vida cambió de pronto al caer el muro María. Era y soy demasiado egoísta como para haber pensado en algo más allá de mi nariz. No pase por nada de lo que tú, Eren, Armin y los demás. Solo vi como mi pacífica y limpia ciudad se convirtió en peligrosa y sucia. Y no fue culpa de nadie, claro que no…
Mikasa caviló.
-Sí… fue culpa del alguien -alzó la vista del plato -Pero para qué vamos a arruinar nuestro día libre discutiendo de por culpa de quién o quiénes estamos en esta situación. Porque, a pesar de que podríamos ponerle rostros… Ellos son tan víctimas como nosotros. Claro que… no le digas a Eren que dije eso -murmuró -Yo… puedo entender… puedo… con la cabeza fría, puedo hacerlo -desvió la mirada -Si alguien lastimara a Eren o a Armin… podría hacerle daño a otros con tal de protegerlos. Estuve… estuve a punto de hacerlo… una vez.
-Es normal querer proteger a quienes quieres -dijo Jean tratando de aliviarla un poco dentro de la culpa que podía leer en ella -Eren y Armin son tu familia. Sobre todo Eren. Todos sabemos que por él podrías ir contra el mundo si es necesario. Nadie podría detenerte si él está en peligro.
Mikasa asintió lentamente.
-También tú -soltó de pronto sin mirarlo, la vista fija en el plato -Si alguna vez… también lo haría por ti. Después de todo, me salvaste una vez.
-No, Mikasa. Todos nos cuidaríamos las espaldas, somos amigos. Todos somos igualmente importantes.
-No, no para mí. No pidas que tenga un corazón para todos porque no lo tengo. Pero en mi lista de prioridades están primero Eren, luego Armin… y tú.
-¿Yo? ¿Y eso por qué?
Mikasa se alzó de hombros y luego acomodó la bufanda. Jean decidió que esa interrogante podía permanecer sin respuesta.
-Gracias…
Mikasa siguió en lo propio sin volver a alzar la voz. Pronto hubieron acabado y se retiraban del local con la grata sensación del bien comer y la agradable compañía.
-Y bien… -dijo Jean una vez fuera del lugar -Creo que debería ir a dejar esto al cuartel -comentó alzando las bolsas de las compras -P-pero si quieres… podríamos luego…
-Volveré a entrenar -concluyó Mikasa sin dar acuso de recibo de la intención de su amigo de prolongar su tiempo juntos.
Quizás así era mejor, pensó Jean. Después de todo ellos no acostumbraban a pasar tanto tiempo solos. Quizás las guardias, pero esto era completamente diferente. De ningún modo quería que si presencia le resultara desagradable. Un par de horas de hacer nada, eran más que suficientes. Y había sido agradable.
-Sí, buena idea -respondió el muchacho.
Mikasa tomó la delantera. Descansaría un poco el almuerzo y luego retomaría su entrenamiento. En tiempos de guerra cada momento dedicado a la preparación era valioso. Había sido un momento muy ameno y lo había disfrutado. Pero vagancia y ella no eran conceptos que fueran juntos. Tal vez… podrían repetirlo en otra oportunidad… pasar tiempo juntos, a solas. Y hablar de lo que hablan los amigos.
Ya dentro del cuartel, cada uno tomó su propio rumbo. Ni rastros de sus otros compañeros, quienes, sin duda, tenían mejores cosas que hacer.
Mientras Mikasa volvía a su usual concentración, siendo la soldado perfecta, Jean ordenaba las compras… haciendo lo que líder de escuadrón debería hacer. Comenzó a planificar la salida del día siguiente. Si partían al amanecer, la luz del día les permitirían realizar mediciones para trazar el mapa de la ruta desde Quinta al muelle de la costa y el fuerte. Quizás pasar la noche en el camino si el tiempo no alcanzaba. Sí, era una posibilidad, la hablaría con Hausdorf luego de la cena. Les llevaría otro par de días trazar la costa alrededor del muelle a cabalidad. Luego retomar la marcha.
Si alguna vez… también lo haría por ti.
Aquellas palabras de Mikasa resonaron en su cabeza sin quererlo y detuvo su planificación un segundo.
Se sonrió orgulloso. Quizás antes esas palabras lo hubiese dejado estúpido y hubiesen alimentado sus fantasías donde Mikasa criaba a sus mocosos. La familia perfecta, la casa perfecta, el matrimonio perfecto. Tendrían un varoncito que adorara a su madre y quisiera ser como él de mayor. Y una pequeña princesita, tan hermosa como su mamá y que lo adorara…
-No más chicas, Kirstein -dijo en voz alta borrando esas ideas -No más chicas.
Trató de retomar su planificación, pero fue en vano. ¡Había tenido una cita con Mikasa sin ser consciente de ello! Claro que fue una cita de amigos… Pero…
Dio por terminado su trabajo. Cuando Hausdorf estuviera de regreso podría concentrarse en ello. Lo mejor que podía hacer de momento era disfrutar su día libre. Y buscar algo que lo distrajera de sus añejas ensoñaciones.
Fue con ese objetivo que salió nuevamente del cuartel, salida que fue notada por Mikasa, quien iba rumbo a la sala de entrenamiento físico.
Por un segundo pensó en darle alcance y preguntarle hacia dónde iba, que porqué volvía a salir… y porqué lo hacía solo. ¿Sería que ella hizo algo que le molestó y por eso no la incorporó en lo que fuera que iba a hacer de regreso en la ciudad? O tal vez solo quería estar solo… sí era eso. Y ella, de ninguna manera, quería que su presencia le resultara hostigosa. Había aprendido que, por mucho que se quisiera estar junto a alguien, esa persona necesita su espacio. Pero esa tarde, Mikasa se dio cuenta de lo muy cómoda que se sentía en presencia de su amigo… y de lo que le agradaba compartir con él. Era una sensación que no le era familiar, se parecía a lo que sentía estando con Eren y Armin, pero al mismo tiempo era diferente… y muy natural.
Retomó el rumbo a la sala de entrenamiento.
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Tiempo de vínculo y de calidad. Este guiso se está cociendo a fuego lento. ¿Qué más les espera a estos chicos durante la misión?
Espero sus teorías y comentarios. ¡Nos leemos pronto!
