¡Hola, lindas! ¿Qué tal han ido estas semanitas?Espero que todo fenomenal :) Aquí vengo con un nuevo capítulo y, esta vez, devolviendo el foco de atención a la pareja protagonista, aunque no me olvido de los otros, que la otra vez fui un poco mala dejándoles prácticamente de lado. La verdad que fue intencionado jijijijiji, era necesario el vacío entre ellos... ¡hasta este capítulo!
Como siempre, antes de dejaros disfrutar con el capitulo (no me gusta enrollarme en las notas iniciales, las finales son otra historia XD), me gustaría darles las gracias a todas las personas que se toman su tiempo para escribirme reviews, especialmente capítulo a capitulo, ya que me dan la gasolina y el ánimo necesario para no dejar esta historia estancada en mi cabeza: Lui Nott Beauty Dreams, Singum, HHrldg Black, adricas, Mede Freaky, Nortia y Sue Black.
Ahora sí, ¡a leer!
Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer, pertenece a J.K. Rowling.
Capítulo 11: La tristeza de los amantes del círculo polar
Te mentí. Aquel día te mentí. Pero ahora no. Tienes que creerme. Tienes que creerme cuando te digo que te quiero. Por favor, Rose. Lo siento, no tuve otra opción.
No podía dejar de darle vueltas a lo mismo. Por mucho que se hubiese prometido que iba a abandonar de una vez por todas, esta vez para siempre, no había sido capaz de pensar en otra cosa que en lo que le había dicho James. Al principio, nada más salir del vestuario, estaba tan enfadada con James que no se había parado a pensar en el significado de las palabras de su primo. Pero cuando toda la rabia la había abandonado, como siempre pasa en estas ocasiones, de repente, se dio cuenta de que, en realidad, James no le había explicado nada.
¿Qué quería decir con que le había mentido? ¿Con que no había tenido otra opción? ¿Por qué no había tenido otra opción? ¿Por qué le había tenido que mentir? ¿Por qué no había podido contarle la verdad? ¿Qué era eso que había hecho que le destrozase el corazón? ¿Qué era eso que había provocado que su historia acabase así? Por más vueltas que le diese, no lograba encontrar una respuesta que la satisficiese.
¡No! Basta de pensar en James. Basta de hacerse preguntas. Había dicho que abandonada, había dicho que lo dejaba, que se alejaba de todo aquel desastre que era su relación, o no relación, con James. No valía la pena hacerse preguntas de las que nunca sabría la respuesta. Por Merlin, ¡ni siquiera estaba segura de que quisiese escuchar esas respuestas! Puede que, en realidad, lo único que hiciesen fuese traer más dolor y miseria. Así que no, gracias, pero ya tenía suficiente con la que ya tenía. Prefería vivir en la ignorancia si eso ayudaba a que doliese un poco menos. Y no había vuelta de hoja.
Tenía que centrarse en arreglar su vida. Nada cambiaría, especialmente sus sentimientos, si ella no hacía algo por que ocurriese. Porque hacer algo cambia las cosas, pero no hacer nada deja las cosas como están. Y Rose no podía dejar que las cosas se quedasen como estaban, porque las cosas tal y como estaban eran una mierda. Trazaría un buen plan, esta vez uno con la parte de su cerebro que estaba cuerda, y se olvidaría de James para siempre. En realidad, ya había empezado la Operación Olvido, gracias a Penny.
¿Cómo pudo llegar a dudar de que Penny dejaría de ser su amiga, o empezaría a tener una relación distinta con ella, después de contarle lo suyo con James? Cuando regresó al cuarto después del entrenamiento en el que todo había ocurrido, no le hizo falta decir nada para que Penny supiese que algo importante había pasado. No hizo preguntas, no dijo nada, simplemente se acercó a ella y la abrazó fuerte durante un buen rato. Sería después, y solo después, cuando le pidió que le contase qué había pasado. Sin atosigarla, sin agobiarla, solo queriendo saber qué había ocurrido. Y Rose se lo contó todo, con pelos y señales. Le relató cómo sus temores de que James la echase del equipo por temblar se habían confirmado, cómo ella había renunciado, cómo había aparecido tras ella en los vestuarios pidiéndole que no dejase el equipo, cómo le había dicho que la echaba de menos… y todo lo demás.
—Si es que hay que joderse —exclamó Penny, levantándose y poniendo los brazos en jarras, si es que ya lo sospechaba, firmemente, que tenía que haber gato encerrado, que era imposible que solo la hubiese utilizado. Pero, claro, tenía que morderse la lengua; no le quedaba otro remedio.
—Ya lo sé —murmuró Rose, sin saber ni cómo sentirse— ¿Puedes creerlo? Es que… ¿cómo se atreve a echarme de menos? Después de todo lo que me ha hecho, viene y dice que me echa de menos, como si eso lo arreglara todo. Yo… Te lo juro, Penny. Le habría golpeado.
—No hace falta que lo jures. Te creo —asintió Penny mordiéndose los labios, pensando cómo debía seguir la conversación y qué preguntas hacerle; no estaba muy segura de eso.
—¿Qué se cree? ¿Que puede decirme "te echo de menos", "te sigo queriendo", "no tuve opción", "lo siento" y esperar que yo…? —empezó a decir Rose casi sin respirar antes de que Penny la interrumpiese.
—Espera, espera, espera —la paró Penny levantando las manos y conteniéndose para no agarrarla por los hombros—. ¿Te dijo que no tuvo otra opción?
—Sí, eso dijo —suspiró la pelirroja, con la mirada aturdida.
—¿Pero por qué?
—No lo sé, no sé por qué —exclamó Rose, alzando las manos.
—¿Cómo que no lo sabes? ¿No se lo preguntaste? —quiso saber Penny, totalmente contrariada.
—¡Pues claro que no se lo pregunté!
—¡No puedo creerte! ¡Eso es lo único en lo que has estado pensando! Lo único que querías saber. ¿Y no se lo preguntas?
—¡No! No se lo pregunté, ¿vale? —dijo Rose llena de exasperación.
—¿Pero por qué no?
—¡Porque no sé por qué! —gritó Rose y se quedó callada unos cuantos segundos, recuperando el aliento, antes de continuar— Porque solo podía escucharle decir que me quería, que no había dejado de hacerlo, tuve suerte de ser capaz de enlazar dos frases seguidas con coherencia.
—Pero tienes que saberlo, debes preguntárselo —insistió Penny.
—No quiero saberlo —negó la pelirroja con la cabeza, mirando al suelo, como si no mirar a su amiga fuese a evitar que ésta hiciese menos preguntas—. Da igual lo que me diga. Eso no va a arreglar lo roto que he tenido el corazón todos estos meses, y… De todos modos ya no importa.
—Claro que importa —trató Penny de razonar.
—A mí no. A mí ya no me importa —dijo Rose en tono de tal convicción que Penny supo que no era a ella a quien trataba de convencer—. Le dije que abandonaba. Y eso es lo que voy a hacer. Puede que el plan de usar a Mark como parche no funcionase pero ahora voy a trazar uno que de verdad funcione. No quiero saber nada más de James nunca más.
—Rose, ¿estás segura de eso?
—¡Claro que estoy segura! —exclamó Rose, asintiendo levemente con la cabeza.
—¿Cómo puedes no querer saberlo? Llevas preguntándote cuál fue la razón durante meses ¿y ahora resulta que no quieres saberlo? Igual te da una buena razón de por qué hizo lo que hizo y…
—¡O igual me miente! Igual solo me pone una excusa.
—Igual lo que te dice lo cambia todo.
—Pero, bueno —soltó Rose enfadada—, ¿de parte de quién estás tú?
—¡Yo estoy de tu parte! Yo siempre voy a estar de tu parte. ¿Cómo puedes preguntarlo?
—Porque no dejas de insistir para que le pregunte a James por qué no tuvo opción.
—¿Es que a ti no te intriga? ¿Estás segura de que quieres cerrar este capítulo sin saber la razón de por qué te dejó? —preguntó Penny, de forma seria, mirándola a los ojos fijamente— Mira, Rose, si tú quieres dejar esto para siempre, pasar de página y no mirar atrás, yo voy a ser la primera en no volver a sacar el tema nunca más. Pero para eso, antes, quiero que estés segura de que la herida está cerrada. De que, dentro de un mes, o dos, o dentro de diez años, no vas a mirar atrás y pensar que deberíais habérselo preguntado, que necesitas saberlo. No quiero que te arrepientas.
Rose se quedó en silencio durante un rato, pensando en las palabras que le había dicho su amiga. Penny tenía toda la razón del mundo. No podía pasar página sin leerla primero. Era probable que estuviese huyendo al no querer saber las razones que llevaron a James a dejarla pero, ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Dejar que la liase otra vez y, después, cuando James no tuviese opción de nuevo, acabar con el corazón roto como ahora? No, eso no iba a pasar. Lo mejor era cambiar de capítulo, directamente.
—Estoy segura, Penny —asintió Rose, apretando los labios—. Cambio de capítulo.
Y, sin embargo, ahí estaba, no pudiendo dejar de darle vueltas y vueltas y vueltas a lo mismo desde hacía ya no sabía ni cuántos días. Se estaba dando cuenta de que cada día sentía más necesidad de saber la verdad, que no podía vivir con la duda el resto de su vida, que daba igual con cuanto ahínco quisiese cambiar de página porque estaba atascada en la misma linea desde hacía ya mucho tiempo. Así que no le quedaba más remedio que ir a buscar a James y pedirle explicaciones. Y eso era exactamente lo que iba a hacer.
Rose se recogió el pelo en una coleta desordenada y respiró hondo, puede que intentando armarse de valor además de tomar aire, antes de dirigirse hacia la puerta y abrirla con decisión. No iba a mirar atrás, no iba a pensar, no iba a hacer otra más que caminar hasta el campo de quidditch donde a esas horas el equipo de Gryffindor estaba entrenando. Sabía que no era el mejor plan interrumpir el entrenamiento y menos delante de todo el mundo. Pero no podía esperar. Porque si lo hacía estaba segura de que recularía y luego no se atrevería.
El aire primaveral de aquella tarde la golpeó enérgicamente en la cara cuando salió a los terrenos de Hogwarts y se dio cuenta de que solo iba vestida con la falda y la camisa del uniforme. Pero estaba tan nerviosa que ya no sentía ni frío. Solo quería llegar al campo de quidditch y acribillar a James con todas esas preguntas que no la dejaban dormir. Terminó de recorrer la distancia que la separaba del campo y, sin detenerse un solo segundo al ver a su antiguo equipo de Gryffindor entrenando, se dirigió resuelta hacia su primo, sintiendo como el corazón le latía tan fuerte en el pecho que parecía que en cualquier momento se le saldría del cuerpo.
—¡James! —gritó Rose, cuando estaba solo a unos pocos metros del chico, junto al resto del equipo, quienes no la habían visto por la concentración necesaria en el entrenamiento.
Al escuchar el grito de Rose, todos los integrantes del equipo, incluido el propio James, interrumpieron lo que estaban haciendo para poder girarse hacia la chica. Todos sonrieron al verla, contentos de pensar que quizá se había pensado eso de no querer seguir jugando al quidditch y venía a pedir que se le resignase su antiguo puesto de cazadora. Todos sonrieron, excepto James. El chico estaba pálido, como si todas las endorfinas que se habían disparado durante el entrenamiento se hubiesen esfumado de su cuerpo. No tenía ni idea de qué era lo que quería, lo que iba a decir o hacer, pero lo que sí sabía con una certeza absoluta era que no venía, precisamente, a pedir volver al equipo.
—¡James! ¿Podemos hablar? —preguntó con impaciencia apenas contenida la pelirroja, instándole con los ojos a darse prisa, que era importante, que era urgente, que no estaría allí, delante de todos sus antiguos compañeros de equipo, si fuese de otro modo.
—¿Ahora? —preguntó James, queriendo ganas tiempo— Estamos en mitad del entrenamiento. Mejor hablamos luego.
—Tengo que hablar contigo. Ahora. Es importante —le urgió Rose, mordiéndose los labios y apretándose los puños en un intento de no arrastrarle fuera de allí para poder preguntarle de una vez.
—¿Y no puede esperar? No creo que… —empezó a excusarse James, paralizado por el miedo que le provocaba la sola intuición de lo que estaba a punto de suceder.
—¡No! ¡No puede! Tengo que hablar contigo ahora mismo, es urgente. Por favor…
Y, por aquel por favor, junto a los ojos azul eléctrico de Rose que le estaban taladrando el alma, James no tuvo otro remedio que claudicar, y ceder, y acceder.
—De acuerdo —dijo en un suspiro, antes de volverse al resto del equipo—. Seguid con lo que estábamos haciendo hasta que vuelva, no tardaré.
Sin decir nada más, James se alejó del grupo, que no dejaba de saludar animadamente a Rose, y siguió caminando una vez que hubo llegado hasta donde estaba de pie la pelirroja. Lo mejor sería que se alejasen para poder hablar tranquilos, sin interrupciones y, lo más importante, sin oídos que en algún momento pudiesen escuchar parte de lo que fuesen a hablar. Podía sentir a Rose caminar detrás de él con la misma nitidez que podía sentir su propio corazón encabritado dentro de su pecho, golpeándole las cotillas hasta la rendición, haciéndole sentir incluso mareado.
Resulta increíble lo que la expectación puede llegar a conseguir. Por un momento, un momento pequeño y ridículo, James pensó que igual, solo igual, Rose se lo había pensado mejor, que le perdonaba, que tampoco ella podía soportarlo más, que a la mierda con todo, que no abandonaba. Sobre todo eso, sobre todo que no abandonaba. Porque cuando la había escuchado decir eso, James creyó que ningún dementor conseguiría nunca que sintiese tanta tristeza, y desesperación, y desamparo, y miseria, y nada. Tanta nada inundándolo todo. Por un pequeño instante, James se permitió fingir que eso era posible y, como los sueños que tenía por la noche, eso solo le permitió engañarse durante dos segundos.
Era mejor no esperar nada. Porque, cuando esperas lo imposible, la realidad cae sobre ti con tanta fuerza y dureza que te puede romper. Así que James se obligó a dejar la mente en blanco, a no pensar en qué quería Rose con tanta urgencia e insistencia, a solamente esperar a que llegase el momento. Ese momento llegó cuando se alejaron lo suficiente y estuvieron lo suficientemente resguardados de cualquier mirada que quisiese curiosear un poquito. En aquel lugar, estaban un poco a salvo. Antes de que James pudiese decir nada, antes de que pudiese preguntar qué era lo que pasaba, qué tenía tanta urgencia, qué era aquello que no podía esperar, Rose se le adelantó.
—¿Qué quisiste decir con eso de que no tuviste opción?
Y Rose lo soltó así, a bocajarro, en frío, sin dejar que James tomase aliento para el asalto que se le venía encima. El chico se quedó en estado de shock durante unos pocos segundos antes de poder reaccionar.
—¿Qué? —preguntó tontamente James, aturdido, la cabeza le daba vueltas, el estómago se le había cuajado, y su corazón estaba en órbita.
—El otro día, cuando me dijiste que me echabas de menos, que me seguías queriendo —empezó a explicar Rose de forma atropellada—, dijiste que me habías mentido, que no habías tenido opción. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué quisiste decir con que no tuviste opción?
—Rose… Esto no… —empezó a negar James con la cabeza, volviendo en sí, procesando y asimilando las preguntas que le estaba haciendo.
—¿En qué me mentiste? —preguntó Rose, sintiendo que las lágrimas se le agolpaban en los ojos— Yo tenía razón. Yo tuve razón aquel día, cuando me dejaste, al decir que me estabas mintiendo. ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué no tuviste opción?
—Rose, por favor, no hagas esto —dijo James, sintiendo el miedo dejarle inmóvil, incapacitado.
—Sí, lo hago —contestó Rose, con las lágrimas desbordando, duramente, dando un paso más hacia James— Dímelo, ¿por qué me mentiste? ¿Por qué demonios no tuviste otra opción? ¿Qué fue lo que pasó?
—Rose… —volvió a negar James, llevando las manos hacia adelante, como si eso fuese a detenerla.
—Necesito la verdad. Yo… me lo merezco. Después de todo lo que hemos pasado, la verdad es lo mínimo que merezco.
La voz rota, exhausta, de Rose pudo con James, como pasaba siempre, razón por la cual James creyó que no tenía otra opción que mentirle. Por esos ojos hubiese sido capaz de pasarse al lado oscuro de la magia, y hubiese valido la pena, cada minuto, por esos ojos, por ella, hubiese valido la pena. Pero ahora estaba todo por descubrirse. Joder, vaya mierda. James se pasó la mano por la cara y miró a Rose, que le miraba expectante, suplicante.
—Albus —suspiró James—. Lo que pasó fue Albus. Él nos vio…
—¿Que nos vio? —preguntó Rose sin respiración, blanca— Pero si a mí nunca me ha dicho nada.
—Pues a mí sí. Me dijo que lo que hacíamos era una monstruosidad, que éramos primos, que éramos como hermanos, y no se lo pude discutir, y yo… Rose, no tenía opción. Tuve que hacerlo, ¿lo entiendes? Yo no quería pero tuve que hacerlo. Dime que lo entiendes. Por favor. Lo hice por…
—¡James! —escuchó gritar el susodicho antes de girarse, él también con lágrimas en los ojos— ¡Es Betty! Se ha caído y no puede mover el pie. ¡Ven, rápido!
—No. James, aun no he terminado contigo —dijo Rose, cogiéndole de la camiseta y mirándole con los ojos encendidos.
—Betty me necesita —murmuró James— ¡Ahora mismo voy!
—Yo también te necesito —susurró Rose, con las lágrimas deslizándose por su mandíbula—. Esto no ha acabado aquí.
—¡Date prisa! ¡Le duele mucho! ¡Hay que llevarla a la enfermería!
—Esta noche, donde siempre, y te lo contaré todo —le aseguró James, con el corazón latiéndole desbocado como un caballo salvaje, sintiendo la emoción fluir como un torrente por sus venas tras escuchar la última frase que Rose había pronunciado.
—James… —le instó Rose mientras veía a James alejarse entre los gritos dados por Steve Jackson.
—Esta noche —le hizo prometer James, sin esperar respuesta, antes de correr hacia donde estaba todo.
Rose se quedó allí, parada, quieta, sin hacer nada, sin moverse, durante un rato, no supo exactamente cuánto. Sopesaba lo que le había dicho James, trataba de asimilarlo, trataba de entenderlo. Pero no lo hacía. No podía. Era como si todo su sistema hubiese dejado de funcionar, como si alguien hubiese dado a pause, mientras ella rebobinaba en su cabeza el poco tiempo que acababa de pasar con James. Le dolía todo el cuerpo. Tenía ganas de llorar, y de chillar, fuerte, bien fuerte.
Así que Albus les había visto, y había dicho que era una monstruosidad, y… ¿Y qué? ¿Y qué, por el amor de Merlin? ¿Qué tenía todo eso que ver, Albus que ver, con que James le hubiese mentido? Por mucho que Albus les hubiese visto, ¿es que eso le había quitado su capacidad para decirle la verdad? ¿Es que la única opción viable, después de fuese cual fuese la conversación que habían tenido James y Albus, había sido mentirle y destrozarle? ¿Acaso es que ella no contaba? ¿Acaso tenía cinco años y no era capaz de enfrentar un problema, asumir las consecuencias de sus actos y sus sentimientos? ¿Acaso ella no tenía derecho a elegir y tomar una decisión por sí misma?
Pasó de la sorpresa a la incredulidad, de la incredulidad a la indignación, de la indignación a sentirse traicionada, de sentirse traicionada a sentirse realmente enfadada, mucho, muchísimo, del enfado a la impotencia, de la impotencia a las lágrimas. Todo el infierno que había pasado se reducía a que Albus les había visto. Eso era todo. Cómo se había atrevido…
Lorcan Scamander tenía un problema. El juego que tenía con Lily era cada vez más y más peligroso. Los retos que se proponían cada vez implicaban más riesgos. Y se estaba empezando a chiflar por ella. No debería suceder de esta manera. No debería estar chiflándose por Lily ni, mucho menos, continuando ese juego en el que cada vez estaba más atrapado. Tenía que parar. Pero no quería hacerlo. Si paraba, lo que tenía con Lily se esfumaría, y si eso pasaba… No sabía qué pasaría si lo que tenía con Lily se esfumaba pero lo que sí sabía era que no tenía ganas de averiguarlo. Aun no. Solo un poco más.
—Vale, ya lo tengo, ¡ya lo tengo! —exclamó Lily emocionada, riendo a carcajadas— Tienes que declararte a Trelawney. Pero bien, se lo tiene que creer, ¿qué me dices?
—¿Qué? —se echó a reír Lorcan a carcajadas— ¿Has perdido la cabeza? Ah, ya sé, Trelawney te ha contagiado, ¿a que si?
—Pero qué tonto eres —rió Lily mordiéndose los labios y negando la cabeza—. Claro que va en serio. Es un reto. Te toca a ti. Y creía que tú nunca rechazabas los retos.
—¿Qué gano si supero el reto? —preguntó Lorcan, sin dejar de sonreír.
—Mmm… ¿dignidad? —se burló la pelirroja.
Por Merlin, estaba perdiendo facultades. ¿Por qué le tenía que pasar precisamente con Lily? Había jugado con todas las tías que se le habían puesto por delante y, ahora, de repente, el universo decidía que iba a ser la chica con la que nunca había esperado ni querido que algo ocurriese de quien se chiflase. Y para colmo era la hermana de su mejor amigo. James ya sabía lo que eran las chicas para él; nunca le perdonaría que jugase así con Lily. ¡Pero es que ella le seguía el juego! Estaba tan enganchada al juego como él, y eso era lo que más le chiflaba a Lorcan de ella, lo que hacía que se volviese loco por ella. Había caído en su propio juego. Puede que el universo no fuese muy lógico, o justo, pero al menos tenía mucho sentido del humor.
—Si gano yo, gano una noche contigo —propuso el slytherin, evaluando la expresión de Lily con detenimiento, no queriendo perderse un solo gesto.
—Y si pierdes, no me vuelves a ver —dijo Lily como contraoferta, no se había inmutado y ahora era ella la que analizaba a Lorcan.
—Trato hecho, zanahoria —sonrió Lorcan, convencido de su victoria.
—Cuidado, hufflepuff, que esto es real —murmuró Lily, dando un tono de seriedad a su voz—. No hay vuelta atrás.
—Lo sé —asintió Lorcan, acercándose a Lily y adoptando el mismo tono solemne que ella había tomado.
—No hagas nada de lo que te puedas arrepentir —contestó la gryffindor, poniéndose un mechón de pelo tras la oreja, tratando de relajar la tensión que se había formado.
—Tranquila, sé cuidarme solo. Dime las condiciones.
—Las condiciones… —comenzó a pensar Lily antes de sonreír—. Bien, las condiciones son, uno, tienes que hacer una declaración de amor épica, invéntate algo bueno, eso se te da bien. Dos, debes hacerlo en algún lugar público, para que yo pueda verte y quedarme para ver cómo Trelawney se lo traga. Y tres… te lavarás los dientes después de cenar.
—¿Qué? —rió Lorcan ante la última condición.
—Bueno, ¿qué pasa? Solo se me ocurrían dos —se echó a reír Lily también— Bueno, ¿qué me dices? ¿Te atreves a declararte de forma épica a Trelawney delante de todos?
—¿Por una noche contigo? No lo dudes, zanahoria —le guiñó un ojo el slytherin.
—Te veo muy convencido de que vas a ganar, hupplepuff —dijo Lily divertida, sintiendo el nerviosismo bullendo dentro de ella ante lo que intuía que Lorcan tenía en mente para cuando ganase en esa noche que quería que le concediese.
—Oh, por favor, ¿crees que es un reto muy difícil? —preguntó Lorcan, sintiendo el aliento de Lily contra sus labios, besándola suavemente antes de que ella pudiese rebatirle— De hecho, es tan fácil que estoy empezando a sospechar que lo has hecho a propósito, que es un truco… solo para poder pasar una noche conmigo.
Aquella noche, mucho más tarde ya, en el Gran Comedor, James apenas pudo probar bocado durante toda la cena. Había estado toda la tarde sin poder concentrarse, sin poder pensar en otra cosa que en el esto no se ha acabado aquí de Rose, sin poder dejar de pensar en sus ojos, otra vez, en sus ojos, siempre, en sus labios, que no eran nada especiales, como sucede en las novelas, ni los más suaves, ni los más carnosos, ni sabían a frutas o miel, pero que, a pesar de eso, eran capaces de hacerle delirar, y enloquecer, y perder el norte, y los papeles, y la cabeza, y el corazón. En sus manos. Merlin, no podía expresar con palabras lo muchísimo que echaba de menos sus manos, la yema de sus dedos sobre su piel, la forma que tenía de tocarle, porque un solo roce suyo era capaz de gritarle por los poros que le quería. Y su olor, cuando escondía la cara en el hueco de su cuello, entre su pelo, o cuando le besaba el tobillo, sus tobillos, que eran preciosos. Toda ella era preciosa, y ni siquiera lo intentaba, ni siquiera se daba cuenta.
Los pasillos, mientras corría en dirección a su lugar de encuentro especial, debajo del gran reloj de Hogwarts, a James se le antojaron eternos, más largos de lo que le habían parecido nunca. Le faltaba el aire. Esto no se ha acabado aquí. Igual había cambiado de opinión. Igual no quería abandonar. Igual había esperanza para ellos. Sus pies apenas pisaban la piedra del suelo. Casi podía volar sin la escoba. Los latidos de su corazón le retumbaban en sus oídos de forma escandalosa, como si todo un ejercito lanzase bombas contra una muralla al mismo tiempo. Y ahí estaba ella. Sentada sobre el saliente de piedra que había bajo el reloj. Y supo que algo iba mal.
James se quedó callado, delante de ella, tratando de recuperar la respiración que había perdido por el camino mientras observaba a Rose. Tenía la mirada clavada en el suelo y sus labios estaban apretados formando una linea recta. Estaba seria, y triste, y decepcionada, y enfadada, y herida. Podía reconocer cada una de estas emociones en cada gesto de Rose, en cada arruga, en cada respiración. No se atrevió a decir nada. Solo se quedó ahí, mirando, esperando a que ella diese una señal de que sabía que estaba ahí, que seguía queriendo escuchar el resto de su explicación, que le indicase que aun le importaba.
—¿Qué clase de perversión es ésta? —preguntó Rose, levantando la vista y clavando sus ojos, ahora de un azul eléctrico, en los de James, que se iba poniendo más blanco por momentos.
—¿Qué? —preguntó, a su vez, James, como acto reflejo, sin entender nada.
—¿Cómo te atreves a culpar a Albus de lo que tú hiciste?
Rose no había podido dejar de pensar en eso, en el atrevimiento que había tenido James al culpar a Albus de lo que él había hecho. Porque sí, puede que Albus les hubiese descubierto y supiese lo suyo, puede que tuviese una opinión muy concreta al respecto, pero, fuera como fuere, había sido James y solo James quien había tomado la decisión de dejarla, y mentirle, y destrozarla, y seguir mintiendo. Así que el que le hubiese dicho que Albus los había visto no arreglaba nada. No justificaba nada.
—Me mentiste, me hiciste creer que no me querías, viste que me estabas destrozando, ¡y aun así seguiste! Albus no tiene nada que ver con esto.
—¡No tuve opción! —gritó James, tratando de justificarse— ¿Crees que a mí me parecía divertido? ¿Crees que quería hacerlo? ¡Yo también me estaba rompiendo por dentro mientras te decía todas esas barbaridades!
—¡Porque tú quisiste! —gritó de vuelta Rose, alzando las manos— ¡Estábamos los dos en esa habitación y el único que mintió y terminó con todo lo que teníamos fuiste tú! Tú te quedaste ahí, justo delante de mí, viendo cómo me rompías el corazón, y seguiste, y seguiste y seguiste hasta que me viste salir por la puerta. Y no hiciste nada. No me paraste.
—¡Lo hice por ti! Joder, ¿es que no lo entiendes? Me aseguré de ser un cabrón para…
—No fuiste un cabrón —le interrumpió Rose—. Fuiste cruel.
—¡Es lo mismo! ¡Solo quería que me odiases para que pudieses seguir adelante con tu vida sin mí!
—¡Oh, por favor, deja de darme débiles, lamentables, patéticas excusas! ¿Pero qué plan que incluyese estar sin ti creías que podría llegar a funcionar? —preguntó Rose a pleno grito, cada vez más cerca de James, respirando entrecortadamente, rabiosa, enfadada, angustiada, herida, aliviada.
—Lo hice por el bien de la familia, Rose. No tuve otra opción —se defendió James, casi susurrando, mirando al suelo, avergonzado.
Y, de pronto, Rose levantó la mano y le cruzó la cara. Estampó su mano con la palma abierta contra la mejilla de James. Y él no dijo nada, solamente la siguió mirando, mientras ella continuaba hablando.
—¡Tuviste todas las opciones! —gritó Rose, sin ni siquiera ser consciente de que había abofeteado a James, sintiendo la adrenalina del momento chorrearle por las orejas— ¡Si hubiese sido a mí a quien Albus hubiese acudido nunca te hubiese hecho algo así! ¡Nunca! ¡Jamás te habría hecho tantísimo daño a pesar de las consecuencias! ¿Dónde está tu valor? ¿Dónde está tu coraje de Gryffindor? ¿Dónde está tu amor por mí? ¡Yo te quiero!
James no hacía otra cosa más que escucharla, aunque a veces no sabía si la estaba escuchando, o solo imaginaba lo que decía mientras la veía mover los labios mientras le golpeaba el pecho, porque el sonido parecía llegar de un lugar muy lejano para proceder de donde estaba Rose. Joder, ¿por qué se lo ponía todo tan difícil? ¿Por qué no podía entender que lo había hecho por el bien de todo el mundo, especialmente el de ella, incluso aunque fuese contra el suyo propio? ¿Por qué no entendía que si precisamente había hecho todo eso había sido porque la quería tantísimo? Y, mientras la veía mover los labios, escuchándola gritar te quiero, James no pudo más y, simplemente, dejó de intentarlo.
Cogió la cara de Rose con las manos y la besó, con furia, con pasión, con toda la rabia y amor que sentía bullendo dentro de él, mordiéndola, intoxicándola, tratando de tomar de ella todo lo que pudiese, porque ya no podía saber cuándo sería la próxima vez, tambaleándose de un lado a otro y recuperando el equilibrio, sintiendo las manos de Rose sobre las suyas propias, sus lágrimas contra las palmas de sus manos, su sollozo en mitad de aquel beso. Cuando se separó, James lo hizo muy lentamente, apoyando su frente contra la suya y respirando sobre sus labios. Podía sentir sus propios dedos hundirse en las mejillas de Rose, intentando tenerla lo máximo que pudiese, mientras la escuchaba sollozar. Tenía tanta rabia dentro él que no podía consigo.
—Hubiese preferido sacarme el corazón del cuerpo antes que dejarte salir por la puerta aquel día. Pero tuve que hacerlo. Por el bien de la familia.
Rose se apartó de James como si quemase, soltando un sollozo entremezclado con un pequeño quejido, pasándose las manos por las mejillas para llevarse los restos de lágrimas que caían por ellas. Por Merlin, hacía tantos meses que James no la besaba que casi había olvidado cómo era, qué se sentía, la forma en la que su sangre parecía convertirse en sol en sus venas, el temblor de sus piernas. Todo lo que no había sentido durante aquellos meses ahora había vuelto con una fuerza que la desbordaba y dejaba sin respiración. Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, las sentía rodar por su mandíbula hasta su cuello. Por qué todo tenía que ser tan endemoniadamente complicado.
—Así que me arrancaste el mío, porque Albus nos vio. Por el bien de la familia —dijo Rose en un tono de completa amargura, tragándose el llanto que no quería seguir derramando.
—¿Y qué hubieses hecho tú en mi lugar? —preguntó James, volviéndose hacia ella.
—¡Nunca lo que tú elegiste!
—¡Precisamente por eso tuve que elegirlo yo! —gritó James de nuevo, quedando frente a Rose— Te conozco. Sé que nunca hubieses aceptado la rendición como respuesta pero uno de los dos tenía que tomar las riendas de la situación, hacer de tripas corazón y terminar antes de que fuese mucho más lejos, antes de que fuera tarde. Y tuve la mala suerte de ser yo.
—¡No! —contestó Rose de forma contundente, apretando los dientes y siseando cada palabra—. No hagas eso. No finjas ser un héroe que tiene que hacer un gran sacrificio por la felicidad de otra persona. No te lo permito. No se te ocurra hacer eso.
—¿Que no haga qué? ¡Lo único que he hecho desde el principio con todo esto ha sido protegerte!
—No necesito que ningún héroe venga a salvarme del naufragio, James. ¡Yo no quería que me protegieses! ¡Solo te quería a ti!
—¿Sabes lo que hubiese pasado si el resto de la familia se llega a enterar? ¿Si nuestros padres se enteran? ¿Si nuestros abuelos se enteran? ¿Sabes el daño que hubiese causado a nuestra familia que tú y yo estuviésemos juntos? Así que sí, tuve que tomar una decisión, aunque me doliese más de lo que era capaz de soportar. Y eso es lo que hice. Te dejé, te hice daño diciéndote que no te quería, para que pudieses olvidarme, y después me quedé esperando a que siguieses adelante con tu vida y fueses feliz sin mí. ¡Eso es lo mucho que te quiero!
Rose se llevó las manos a la cara en un intento de ocultarse tras ellas. No pudo evitar echarse a llorar. Unos pocos segundos. Apenas un instante. Luego volvió a mirar a James con el rastro de lágrimas aun fresco sobre su piel.
—Yo hubiese preferido aguantar lo que fuese, lo que fuese, que echarte de menos todos los días, te echo de menos todos los días —comenzó murmurando Rose para luego subir el tono de voz a medida que hablaba—. Hubiese preferido ver los ojos decepcionados de la abuela mientras tú estuvieses justo a mi lado cogiéndome la mano. Hubiese preferido vivir con las consecuencias de mis actos sabiendo que al final del día te tengo. ¡Eso es todo lo que yo te quiero!
—¡Creía que estaba haciendo lo mejor para ti! —murmuró James, justificándose, masticando a duras penas la emoción que le había embargado al escucharla hablar— Que nuestra familia se enterase hubiese provocado un cisma, mucha presión y si… Si a ti te hubiese pasado algo y yo no hubiese hecho todo lo que estaba en mis manos para evitarlo, no hubiese sido capaz de vivir conmigo mismo.
—¿Y cómo puedes vivir ahora? —preguntó Rose, tratando de sonreír, llorando— Porque yo no puedo. De verdad, yo no puedo conmigo…
—Rose… —susurró James, avanzando hacia ella y extendiendo los brazos en un intento de coger su cara con sus manos.
—No, por favor. No te acerques —negó Rose con la cabeza poniendo los brazos delante y dando un paso hacia atrás, sabía lo que significaba ese Rose, su tono de voz, su forma de mirarla—. No puedo perdonarte. No puedo perdonarte y si te acercas me lo vas a poner muy difícil, mucho más difícil.
—Aunque no me perdones —dijo James, acercándose a ella, haciendo caso omiso de la petición de Rose, y cogiendo su cara con las manos—, al menos dime que lo entiendes. Sé que la jodí y que no vas a perdonarme. Yo tampoco puedo perdonarme. Pero, por favor, dime que entiendes por qué lo hice. Dime que sabes que lo hice porque te quiero, pero tanto... porque hubiese hecho lo que fuese por ti. Dime que lo entiendes, por favor. Mi amor, por favor… Tienes que entenderlo. Tienes que entenderlo, Rose. Por favor.
La intensidad de James la estaba desarmando. Y no podía dejar que la desarmase. Estaba demasiado herida, demasiado dolida, demasiado agotada. No podía perdonarle. No sabía cómo perdonarle. Porque, incluso aunque lo averiguase, aunque encontrase la forma de perdonarle, lo que no sabía era cómo haría para hacer que las cosas volviesen a ser como antes entre ellos o, al menos, hacerlas un poco normales. No sabía. No podía. Y se dio cuenta de que tenía que estar realmente hecha mierda para, aun queriéndole con toda su alma, aun necesitando toda su fuerza de voluntad para no ceder, no poder perdonarle.
—James —susurró Rose con súplica en su voz—, basta. Basta.
Y, con toda esa fuerza de voluntad flaqueando, apartó las manos de James de su cara. Los dedos del chico trataron de mantener sujetas las manos de ella pero, Rose, batallando contra mil dragones dentro de ella, se soltó de James y decidió que lo mejor sería que se fuese de allí cuanto antes.
—Te quiero. Muchísimo —murmuró James, no para hacerla parar, solo necesitaba decírselo una vez más, solo quería que no tuviese ninguna duda.
Al escuchar a James, Rose soltó un quejido de dolor. Porque sabía que era verdad. Porque siempre había sido verdad. Porque siempre debería haber sabido que era verdad. Porque nunca debería haber dudado de él, de lo que tenían, de su instinto.
—Y eso es lo que hace todo tan triste —sonrió Rose entre lágrimas, mirándole por última vez, y se fue de allí casi tropezando con sus propios pies.
Ooooooooooooh, ¡y así acaba el capítulo! Y sí, asumo que más de una me querrá matar peeeeeeeeeeero contened el instinto asesino porfi, o sino seguro que la historia acaba así jijijiji.
Vamos, a ver, ¡recapitulemos! Rose deja de lado todo su convencimiento y decide plantar frente a James para averiguar la respuesta de todas las preguntas que tiene. Y al hacerlo, se encuentra con la verdad, por fin. Sabe que Albus les pilló y James decidió terminarlo todo... y eso la ha cabreado mucho, se siente traicionada y herida, aunque al mismo tiempo también aliviada, porque James nunca dejó de quererla. Los dos se han gritado todo lo que sentían y han puesto las cartas sobre la mesa. Pero Rose no puede perdonarle. Respecto a Lily y Lorcan, en este capítulo han sido mero dato anecdótico pero lo suficiente para que no olvidemos que siguen como siempre y veamos cómo se siente Lorcan.
Por favor, decidme qué os ha parecido el capítulo, y cómo va quedando la historia en general, en un review. No sabéis lo importantes que son para conocer vuestra opinión, cosas a mejorar, a cambiar, a dejar tal cual. ¿Qué opináis de la primera conversación entre James y Rose desde los vestuarios, en el campo de quidditch? ¿Qué os parece el reto que Lily le ha puesto a Lorcan? ¿Qué creéis que pasará con ellos en los próximos capítulos? ¿Qué os parece LA discusión entre James y Rose? ¿Creéis que hay un futuro para ellos? ¿Tenéis alguna teoría sobre cómo serán las cosas de aquí en adelante?
Sin nada más que decir, intentaré escribir el próximo capítulo cuanto antes, prometido :)
Y recordad, si dejáis un review, James os besará en mitad de una discusión (la mejor clase de besos) 3
Un beso y un achuchón,
Basileya
(twitter: basileyas)
