La chica que no despertaba
Diario de Selket
Desperté exaltada por un sueño extraño que había tenido. La aprendiza de la casa de Virgo estaba atrapada en un lugar oscuro e imposible de identificar. Estaba confundida y llorando, pero sobre todo, se encontraba totalmente sola. Traté de despejar mi mente, ya viendo que me encontraba en mi habitación regular y que todo había sido un mal sueño. Pero tenía una extraña sensación de que, a pesar de haber sido una simple pesadilla, algo de real tenía mi sueño. Encendí un poco mi cosmos y empecé a identificar uno a uno los cosmos vecinos pero no lograba percibir el cosmos de la chica. Esto me alarmó un poco así que salí de mi habitación en busca de Milo, pero no lo encontré. Sentí un murmullo en la parte trasera del templo y me dirigí hacia donde el sonido provenía. Para mi sorpresa, Milo no se encontraba solo: Camus de Acuario estaba junto a él conversando. Me acerqué respetuosamente e hice una media venia. Mi maestro me presentó a su interlocutor:
Selket, éste es Camus de Acuario, guardián del decimoprimer templo- me dijo, a lo cual asentí. Luego, se dirigió al otro- Camus, ésta es mi aprendiza Selket.
El acuariano me sonrió con cortesía, a lo que contesté imitándolo. Era reservado, sí, pero tenía muy buenos modales, a pesar de su apariencia criogénica. Sus ojos eran azul índigo y su cabello era verde petróleo intenso. Su apariencia era imponente, un verdadero Santo Dorado. Hice otra media venia y me dispuse a entrar de nuevo al templo, pero había olvidado a lo que venía, por lo que regresé.
-Maestro- interrumpí apenada.
-Dime, Selket.
-¿Ha sentido el cosmos de la aprendiza de Virgo? No lo he logrado percibir hoy.
-Ahora que lo mencionas, no lo he sentido desde hace algunos días…
-¿Podría tomarme lo que queda de tarde libre? Prometo que regresaré cuando oscurezca.
-no te preocupes, Selket, haz lo que quieras el resto del día, el entrenamiento ha queda cancelado por hoy.
Asentí y partí corriendo, en menos de un minuto estaba en salida del sexto templo. Entré sigilosamente, sin hacer ruido y avancé por todo el pasillo.
-¿Qué haces tú aquí?- me sorprendió una voz en el pasillo.
-Lo siento, vengo desde Escorpión y tuve que entrar por la parte trasera, de verdad no era mi intención entrar de esa manera.
-Ya veo… ¿A qué has venido?- preguntó la voz de nuevo. La luz era muy escasa por lo que no tenía idea de si era Asmita o Shaka quien me hablaba.
-vengo a ver cómo se encuentra la aprendiza de este templo, señor. Hace algunos días he dejado de percibir su cosmos.
-Cassandra… Ella ha caído en un estado de inconsciencia y no ha logrado despertar desde hace algunos días. Su cosmos está casi extinto, una débil flama es apenas perceptible aún. Shaka está muy sensible con el tema, así que por favor no comentes nada al respecto. Ella se encuentra en la habitación de la derecha. Procura no hacer ruido mientras estés aquí- y dando media vuelta, desapareció de mi vista dejándome sola en el pasillo.
Entré en la habitación que me había indicado, sin hacer el menor ruido, y allí estaba ella acostada en la cama. Su expresión distaba mucho de la que mostraba en mi sueño, aun así, su semblante no era de tranquilidad. Me acerqué al borde de la cama y me recosté en la pared, aun mirándola. Me preguntaba qué tanto de cierto había en mi sueño, cuándo despertaría, si es que lo hacía; y si llegaría a conocerla. Yo seguía siendo una extraña para ella, al igual que ella para mí. Pude ver sus cabellos cobrizos desordenados tal como en mi sueño, pero no lograba recordar de qué color eran sus ojos. En mi sueño, sus ojos eran como el agua turbia. Y tal vez representaban lo último que vio… o no vio.
Con más dudas que certezas, abandoné la casa de Virgo y partí hacia Escorpión. Cuando estaba por terminar de subir las escaleras, un pensamiento me abordó como un rayo. Volteé la cabeza en dirección sur y enfoqué mi vista hacia el horizonte. No iba a ignorar todas esas señales, así que decidí acudir a quien mejor conoce el Santuario. En un segundo estaba dentro de la casa de Aries.
-X-
Cuando llegué encontré a Shion fuera de ella, trabajando en algunas armaduras, por lo que con cuidado de no tocar nada, me senté junto a él.
-¿Y bien, Selket? Hacía algunos días no te veía, ¿todo está bien?- preguntó serenamente, sin quitar los ojos del casco que tenía en sus manos.
-Emmm… Sí. No. Es decir, yo… estoy confundida. No sé qué hacer, maestro Shion- confesé, sintiéndome algo aliviada.
-Cuéntame qué ocurre, pequeña- dijo sonriendo. Me encogí de hombros y suspiré. ¿Por dónde iba a empezar?
-Maestro, yo… he estado teniendo sueños muy raros. Realmente no sé qué puedan significar, pero me intranquilizan sobremanera- y le conté todo lo que hasta ahora me había guardado para mí misma. Él seguía sentado junto a mí, escuchando atentamente todo lo que yo le decía, aunque no hizo mayores preguntas. Sin embargo, omití todas mis sospechas sobre la aprendiza de Virgo y me limité a contarle del sueño per se, sin siquiera mencionar el nombre de ella. Cuando terminé mi relato se quedó algo más serio y reflexivo, por lo que esperé a que formulara alguna conclusión que me ayudara.
-X-
El ariano se debatía entre contarle verdades a Selket que por su inexperiencia e inmadurez no pudiera manejar, por lo que su mente se concentraba en organizar todo aquello que sabía y ofrecerle ayuda a la aprendiza de Escorpio. Tenía un lazo especial con ella, aunque éste venía de mucho antes de nacer ella, pues ese vínculo venía de sus maestros: Hakureu, el suyo, y Seshat, la antigua mentora de Selket.
-Selket, ¿qué te ha hablado Seshat de la muerte y la conciencia?- preguntó. Decidió que lo más prudente sería averiguar qué tanto sabía la chica antes de contarle cosas que quizás no debería saber… al menos por ahora. Pero la chica era sagaz y de inmediato hizo las conexiones pertinentes recordando aquella vez cuando de pequeña tuvo un sueño parecido. Seshat le habló de los estados de conciencia avanzados, algo así como una "criptoconciencia". Selket era más amiga de la muerte de lo que en realidad estaba consciente.
-Maestro, se me hace tarde, debo volver al templo de Escorpio, pero antes quisiera pedirle un favor: quisiera que usted me entrenara mañana. Deseo aprender algunas cosas que Seshat me ha comentado, si no está muy ocupado. Milo no tendrá problema y agradecerá el día libre- preguntó dulcemente. Apenas recibió la aprobación esperada, se retiró lentamente para no suscitar sospechas. Subió a buen paso la calzada y se adentró en el octavo templo donde perdió de vista al ariano, quién quizás la había seguido con la mirada para asegurarse de que regresara a donde había prometido.
A los pocos minutos arribó al templo de Escorpio y entró en su habitación. Se recostó en su litera y cerró los ojos para luego abrirlos aterrada de golpe. Ya no lo podía ignorar más.
