¡Holaaa a todos! :) Actualicé rápido porque este capítulo ya lo tenía escrito antes que el de "La subasta" je...
Este capítulo es un poco raro, o eso me pareció a mí, y no creo que haya resultado tan divertido, y además es el que menos parecido a la serie es y sepan perdonarme por eso, pero se me ocurrió y quise escribirlo, así que aquí está... Espero que me dejen comentarios, así sé lo que les pareció...
En este capítulo, Carly vuelve a la carga en el asunto de "Celestina", porque era necesario je
iCarly no me pertenece (y si leen este capítulo, se darán cuenta jeje) ni sus personajes, pero esta historia sí (¿por qué escribo raro? jaja) y algunos personajes inventados.
Capítulo 11: ¿Una cita con Melanie?
Era día del show de iCarly y Freddie se movía con su cámara, sonriendo entre divertido y asqueado, mientras filmaba a Gibby, a quienes las chicas habían hecho que metiera sus pies dentro de un recipiente transparente que le llegaba hasta las rodillas. Dentro del recipiente, había millones de lombrices. Carly y Sam apremiaban al chico a que adivinara en qué estaba parado.
—¡Vamos, Gibbs! —sonreía Sam.
—¿Qué hay en la cubeta? —preguntaba Carly, también sonriendo.
—¿Spaguettis?
—¡Eso quisieras! —exclamó Sam, divertida—. ¡Pero no lo es!
En aquel momento, Freddie hizo un acercamiento a las lombrices del recipiente.
—Em… —pensaba Gibby, desesperado por saber de qué se trataba aquello.
—¡Vamos! —apremiaban las chicas—. ¡Vamos!
—¡Sólo quedan diez segundos! —apremió Carly.
—¡9! —siguió Sam.
—¡8! —continuó la castaña.
Y así sucesivamente.
—¡7!
—¡6!
—¿Em… em… Pistas? —preguntaba Gibby apresurado, moviendo los pies arriba y abajo, desesperándose cada vez más.
—Oh, claro que no —contestó Sam.
—No querrás saber —dijo Carly.
—¡3!
—¡2!
—¡Es difícil!
—¡1!
Gibby se sacó la venda y, sin salir del recipiente, bajó la mirada para ver en qué estaba metido. Cuando vio las lombrices, empezó a gritar, saltó presuroso del recipiente y salió corriendo hacia la puerta sin dejar de gritar. Carly, Sam y hasta Freddie, apuntando con su cámara, siguieron con la mirada a Gibby. Cuando la puerta del desván se cerró tras el chico, Freddie volvió a apuntar a las chicas con su cámara y las chicas volvieron a mirarla. Las dos estaban sonriendo.
—Sabía que iba a ocurrir eso —dijo Carly.
—Nop, nadie soporta a las lombrices, salvo que sea alguien de su familia —continuó diciendo Sam—. ¡Freddie, tú puedes hacerlo! —espetó la chica, haciéndose la entusiasmada.
Freddie puso los ojos en blanco tras la cámara y Carly largó una pequeña risita.
—¡Hasta aquí ha llegado el programa de hoy! —decía Carly.
—¡Esperemos que no hayan vomitado en su computadora! —espetó Sam.
Freddie apuntó su cámara a su rostro y dijo:
—ICarly no se hace responsable de problemas estomacales.
—¡Ya, Freddo! —espetó Sam.
Freddie puso mirada de frustración y volvió a apuntar a las chicas.
—¡Hasta el próximo programa, queridos "compuvidentes"! —exclamó la castaña.
—¡Adiós, gente "webera"! —exclamó Sam.
—¡Y estamos fuera!
—Buen show, ¿no creen? —preguntó Sam, sonriendo, mientras bajaban los tres la escalera hacia la cocina. Luego, dejó de sonreír y dijo—: Bueno, al menos hasta que Freddie mostró su cara.
—¡Sam! —la regañó Carly, al tiempo que Freddie le dirigía a la rubia una mirada de disgusto.
Sam se dirigió a la heladera y sacó Pepi-cola.
—¿Gibby estará bien? —preguntó Carly, siguiendo a Sam a la cocina, como Freddie, y empezando a sacar unos vasos de la alacena.
—A mí no me importa —dijo Sam de una, empezando a servir en los vasos que Carly había dejado en la mesada. Estaba por servir a Freddie cuando Carly se dio cuenta de algo y agarró el vaso de pronto.
—Está defectuoso —dijo, viéndole una rajadura y volviéndose hacia la alacena a agarrar otro vaso.
—¿Como toda la familia Benson? —preguntó Sam, dejando la botella en la mesada.
Freddie miró a Sam disgustado mientras Sam sonreía mirando a Carly, quien puso los ojos en blanco y empezó a servirle la bebida a Freddie.
—¿Y qué dirás de tu familia? —soltó Freddie, agarrando el vaso que Carly le entregaba.
—Oh, no, ¿por qué no me tocaron dos mejores amigos normales? —se lamentó Carly.
—¡No toda mi familia es criminal! —espetó Sam, como creyendo que era una buena defensa.
Freddie alzó las cejas un segundo y bebió del vaso que Carly le había entregado.
—Claro, como Melanie —habló Carly.
Sam y Freddie largaron dos ruiditos por la boca. El de Freddie, de escepticismo, y el de Sam, despectivo.
—Ya tuviste que nombrarla —soltó Sam a Carly.
—Oh, vamos, Sam, es tu hermana —dijo Carly.
Freddie rodó los ojos: "no iba a caer".
—¿Y vendrá para pasar sus cumpleaños juntas el próximo fin de semana? —preguntó Carly.
—Sipi…
Así fue, el viernes de la semana siguiente, Melanie llegó a la casa luego de que Sam llegara directamente de la escuela. Habría ido al departamento de Carly si no hubiera estado obligada a recibir a su hermana, quien iría a pasar el fin de semana, hasta el domingo a la tarde (día de cumpleaños), en la casa de Sam. La rubia se dijo en su interior que tendría que soportarla. Melanie fue muy amable y le trajo un regalo adelantado a Sam por su cumpleaños, sin embargo, Sam tenía las manos vacías y se excusó diciendo que había ido a comprar el regalo pero que un vago se lo había robado mientras caminaba por la calle de camino a la casa.
—¡Enserio! —exclamó Sam, cuando Melanie manifestó que no le creía ni una palabra, aunque sonriendo.
Melanie llevaba maquillaje suave en los ojos, y en los labios, brillito suave, además, tenía las pestañas muy arqueadas. Sonreía varias veces al día y nunca se lograba que largara gritos. Se quedaba leyendo varias veces y se encargaba de la limpieza de la casa y en hacer que Sam la ayudara...
Nadie dijo que Sam lo hiciera. Es más, hasta intentaba fastidiarla volviendo a desacomodar lo que acomodaba.
—¡Tengo que ir a lo de Carly! —dijo el sábado Sam, ya que era día del show.
—Yo quiero ir... Todavía no he visto a Carly, ni a Spencer, ni a Freddie...
—¿A Fredtonto? —preguntó Sam, con un interés que se le notó. Bueno, era del único que había cuestionado.
—¿A quién? —preguntó Melanie, demasiado inocente, y Sam rodó los ojos.
—¡Fredward! ¿Te gusta? —le preguntó Sam, con expresión de que iría a vomitar si su hermana respondía que sí.
—Es lindo —sonrió Melanie.
—¿Estamos hablando del mismo chico?
—Ay, Sam, Freddie es adorable —dijo Melanie con voz dulce.
—Freddie es un tonto —dijo Sam, con el mismo tono de voz de Melanie.
Melanie la miró sonriendo.
—Vayamos a lo de Carly —dijo Sam de pronto, ya que no quería seguir hablando del tema aunque ella lo había empezado—. Ah, y Freddie todavía está confundido... No sabe si la cita la tuvo contigo o conmigo... — en aquel punto, se quedó pensando un segundo y luego dijo— : Realmente, es un tonto.
— Sam... — dijo Melanie con suavidad, para que dejara de hablar así de Freddie, y Sam puso los ojos en blanco por eso.
En aquel momento, se empezaron a escuchar los gritos de Pam viniendo de la cocina. Le estaba gritando a Espumita.
— Mejor vamonos ahora — dijo Sam, y se dirigió como un rayo a la puerta.
Más tarde...
—¡Vamos, entra! —espetó Sam al entrar al departamento de Carly así nomás, utilizando su talento para abrir puertas cerradas. Melanie estaba en el umbral de la puerta, un poco asustada por lo que acababa de ver.
—No, claro que no lo haré —decía la chica, estática.
—Enserio eres adoptada —le espetó Sam, sin poder creer aquel comportamiento de Melanie y acercándose a la heladera.
—Sam, no puedo ser adoptada, las gemelas nacen juntas —decía Melanie, con gran tranquilidad, desde el umbral de la puerta todavía, sin atreverse a entrar.
—Ow, te pusieron mentiras en la cabeza —decía Sam con voz de "Oh, pobrecita".
Sam rodó los ojos al verla todavía allí.
—¡Entra y cierra la puerta! —le espetó—. Carly sabe que vinimos.
—¿Enserio?
—¡Claro! —No, era una mentira.
—Oh, bueno —dijo la rubia, y entonces, entró y cerró la puerta.
Freddie terminó de hablar con su madre por el celular de repuesto que estaba utilizando hasta que le compraran un nuevo PearPhone (que esperaba que Sam no destruyera esa vez) diciendo que enseguida iba al departamento y después siguió conectando todo para el show. Carly estaba sentada en uno de los pufs de colores puesto enfrente del carrito tecnológico de Freddie y miraba a Freddie a cada tanto. Pronto se puso de pie, se acercó y le habló.
—Freddie, quisiera hablar contigo —dijo Carly, acercándose al chico, que estaba acomodando las cosas para el show.
—Sí, claro, ¿qué sucede? —le preguntó Freddie, dejando de hacer lo que estaba haciendo y dirigiéndole una mirada, esperando que continuara.
—Quería saber… ¿Quién te gusta?
Freddie abandonó la mirada de expectación de su rostro y la reemplazó de inmediato por una de susto. Creyó que había quedado claro la otra vez y no había sido así. Ahora tenía que decirlo.
—¿Ordenaste tus sentimientos ya? —preguntó Carly.
—Em… bueno, sí...
Y aquel beso que le había dado a Sam se lo había confirmado... Sentía cosas por la endemoniada rubia. Aquella chica que siempre le hacía las cosas imposibles, pero que era una gran persona, así tal como era y, por supuesto, tenía su corazón... Era evidente que ella no sentía nada por él y nunca aquello iría a suceder, pero él no podía evitar lo que sentía... Y menos al recordar aquel beso que él le había dado cuando se habían quedado escondidos en el armario.
—¿Y bien? — habló Carly, haciendo que Freddie saliera bruscamente de su ensimismamiento, pero sin hablar todavía.
Freddie no decía nada y cuando lo hizo, segundos después, sólo pudo balbucear:
— Eh... Yo...
Y ahí quedó todo lo que él dijo.
—Prometiste que no volverías a ocultarme nada más… ¿Recuerdas?
¿Cómo no recordarlo?, se preguntó Freddie.
— ¿Te dije que mi madre me ha comprado un nuevo PearPhone? — preguntó Freddie.
— ¡Por qué eludes la pregunta! — empezaba alterarse Carly— . ¡RESPONDE!
— Eh... Bueno... Em...
— Freddie...
— Carly...
— ¿Por qué no me lo quieres decir? ¿Qué tiene de malo? ¿De quién estás enamorado?
Como Freddie seguía sin contestar, Carly dijo:
— ¿Estás enamorado de mí? ¿Me mentiste?
— ¡No!
En ese momento, aparecía una rubia. Llevaba hecha una cola de caballo, tenía vaqueros, unos zapatos con mucho taco y camisa. La chica se pudo ver esperando que el ascensor se abriera del todo para que pudiera salir de él.
—Me gusta ella —dijo Freddie, asustado. ¡Lo había dicho! — ¡Ahora debo irme! — exclamó asustado. Quiso darse la vuelta, pero Carly lo agarró del brazo y no dejó que se fuera.
Carly estaba sorprendida. ¿A Freddie le gustaba Melanie? ¿Era que aquella única cita que había tenido con ella y aquel beso que Melanie le había dado había bastado para que Freddie empezara a sentir algo por ella?
—¿Estás seguro? —preguntó Carly.
—Sí.
—Vaya, eso está bien.
—¿Sí?
¿No estaba raro?
—¡Claro! ¿Y se lo dirás?
—¡No!
¿Y qué le rompiera un brazo?
—Carly, no te atrevas.
—¡Hola, chicos!
—¡Hola! —dijeron Freddie y Carly al mismo tiempo. Carly fue a darle un fuerte abrazo que Melanie devolvió con una gran sonrisa.
—¿Espera "chicos"? —preguntó Freddie. ¿No le decía "Fredtonto", "Fredraro", "Fredalupe", "Fredñoño", "Fredñoñoso", y bueno, todas esas cosas que Sam le decía siempre?
—Claro —respondió Melanie, confundida.
—De acuerdo —dijo Freddie, extrañado—. Debo irme, ahora…
—¡Freddie! ¿Ahora? —le preguntó Carly, mirándolo significativamente—. ¿No quieren tomar algo?
Freddie se estaba poniendo más nervioso de lo que estaba.
—Eh… no… ya debo irme… ¡Adiós!
Y salió corriendo.
Melanie miraba todo sonriendo y confusa.
—¿Qué le ocurrió?
—Em… bueno… No creo que…
En aquel momento aparecía una chica rubia, con el pelo suelto, vaqueros, zapatillas y una remera de mangas largas, sosteniendo un plato lleno de tocino en una mano y un vaso de Licuados Locos, que había robado de la heladera de Carly.
—¿Qué le pasaba a la cara de pollo vomitado? Salió corriendo del departamento… —decía Sam.
—No creo que deba decirlo… ¡Oh, está bien, no me insistan! ¡Le gustas! —dijo Carly, mirando a Melanie.
—¿A quién? —preguntó Melanie.
—¡A Freddie!
Sam escupió el tocino que había estado masticando, que cayó al suelo.
—¿Cómo sabes esa desgracia? —preguntó Sam.
—¡Sam!
—¿Le gusto a Freddie? —preguntó Melanie.
— ¿Cómo puede ser eso? ¡A Freddie le gusta Carly! — gritó Sam.
Y Melanie era parecida a Carly... Y no a ella, a Sam, aunque fueran hermanas gemelas.
De pronto, Sam sentía que no quería estar allí; bajó la mirada hacia su licuado y empezó a jugar con su sorbete. Melanie la miró un segundo y luego volvió a mirar a Carly.
—No creo que…—empezó a decir Melanie.
—¡A ti también te gusta! ¡Tú lo besaste…!
—Sí, pero… No…
—¡Tengan una cita! ¡Vamos! ¡Anímate! —sonrió Carly.
—No te olvides de llevar un recipiente, por las dudas —soltó Sam, molesta.
—¡Sam! —la regañó Carly. —Ahora regreso, chicas, ¡hablaré con Freddie! ¡Tendrán que tener su cita ahora!
Melanie esperó a que Carly desapareciera para decirle algo a Sam, quien estaba tomando del licuado robado y yendo a sentarse en uno de los pufs. ¿Por qué había tenido la mínima esperanza de que Freddie pudiera haber sentido algo por ese beso? Era un tonta, ¿cómo habría podido pensar que el chico al que siempre había molestado y quería seguir molestando se hubiera fijado en ella, por lo menos, por un segundo?
—Sam… —la llamó ella, acercándose a su hermana.
—¿Qué? ¿Quieres que te busque un buen manicomio?
—¡Sam! —se lamentó Melanie, poniéndose al lado de ella. Sam tuvo que levantar la cabeza para mirarla a la cara.
—¿Qué, carita de muñeca?
—Ya sé que te gusta.
—¿Y quién no sabe que me gusta el pollo frito? —preguntó Sam, mirando rudamente a su misma imagen.
—¡Sam!... Me refería a que… Sé que te gusta Freddie.
Sam se la quedó mirando boquiabierta y con ojos serios, pero no dijo nada.
Carly se dirigió al departamento de Freddie. Estuvo pensando que era mejor que él y Melanie tuvieran su cita aquella tarde, antes de la fiesta de cumpleaños de la noche y estaba dispuesta a posponer el show, puesto que al día siguiente Melanie ya estaría yéndose otra vez y aquel era el momento.
—¿Carly? —preguntó Freddie, al abrir la puerta segundos después de que Carly golpeara.
—Tengo una sorpresa para ti.
—¿Qué? ¿Una nueva Laptop?
—¡Sí!
—¿Enserio?
—¡NO!
—Oh, bueno, ¿y entonces?
—¡Te conseguí una cita!
—¿QUÉ?
—¿Adivina con quién?
—¿Con Bianca? ¡Oh, no, creí que…!
—¡No, Freddie! Con una cierta rubiecita…
Freddie abrió los ojos como platos.
—¿Me hiciste una cita con ella? —preguntó Freddie, sorprendido. —¡CARLY, QUÉ HICISTE! —se desesperó él—. ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios! —el chico se agarró la cabeza y se despeinó, sintiendo desesperación y mucho nerviosismo de pronto. ¡Carly había hablado! ¡Le había dicho a Sam que le gustaba! ¡Oh, por Dios! Espera… ¿Ella dijo que le había conseguido una cita? ¿Eso quería decir que Sam había aceptado? No, sólo quería molestarlo seguramente… Así era ella. —¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios! —siguió diciendo.
—¡Tranquilo! —exclamó Carly.
—¿POR QUÉ LE DIJISTE?
—¡Ella quiere una cita contigo! —dijo Carly, sonriendo y con tranquilidad, tratando de que dejara de estar asustado. Porque así estaba Freddie. Asustado. Y no de Sam. Asustado de no saber qué hacer con sus sentimientos hacia Sam y no saber cómo comportarse. No, no era cierto que Sam había aceptado.
—¿En realidad aceptó?
—¿Por qué te mentiría? ¿Y por qué no aceptaría?
—¿Me estás hablando enserio? —preguntó Freddie, incrédulo.
—Tú sólo arréglate y ve a la Plaza de las Colinas. Ella estará contigo en un rato.
Freddie la miraba ceñudo.
— ¡Oh, vamos! ¡Atrévete!
Dicho esto, Carly dio media vuelta y entró a su departamento. Freddie se quedó unos segundos allí, pensando en lo que estaba pasando… ¿Qué estaban tramando? ¿Le estarían por hacer una broma para iCarly?
Lo que solamente pudo hacer fue ir a su habitación y ponerse camisa y unos vaqueros nuevos, pensativo, con las cejas fruncidas. Apenas viera a Sam en la plaza, le interrogaría al respecto.
Carly regresó al desván. Cuando apareció, Melanie y Sam se miraron, y la cara de Melanie era bastante impasible mientras que la de Sam de susto. Bueno, eso era lo que Carly había notado.
—Melanie, Freddie irá a la Plaza de las Colinas en unos minutos.
—Eehhh… —dijo Melanie.
—No te olvides el recipiente, Mel —dijo la rubia de pelo suelto y zapatillas.
—Ay, yo sólo iré —dijo Melanie, y salió del desván. Sam sonreía.
—Tengo que irme, Carly…
—¡No, Sam! ¡Tenemos que comprar algunas cosas para la fiesta de esta noche! —dijo Carly.
—De acuerdo, por suerte traje dinero —dijo la rubia.
—Oh, qué b… Espera, ¿qué dijiste?
¿Sam con dinero y dispuesta a gastarlo para algo que no fuera comida para su propio estómago?
Minutos más tarde, la rubia llegaba a la Plaza de las Colinas y se acercaba a un chico que estaba sentado en un banco.
—Hola, Freddie —Saludó la rubia, con una cola de caballo y zapatos de taco alto a Freddie.
"Hola, Fredmono", espetó Sam en su interior. Hacerse pasar por Melanie era muy difícil e insoportable. ¡Y Melanie la había obligado! ¡Claro que la habían obligado! Ella nunca habría querido tener una cita con Freddie… ¡Por supuesto que no! ¡Aunque su vida dependiera de ello! Ay, qué lindo que estaba… "¡Sam, esos pensamientos fuera de tu mente!"… Estaba tan lindo que quería hacerlo enojar, golpearlo, molestarlo, insultarlo… "No, no pensé otra vez la palabra "lindo", claro que no", intentaba convencerse a sí misma.
— ¿Qué pasa contigo? — le espetó Freddie.
— ¿De qué hablas? — preguntó la verdadera Sam, confundida.
— ¡Oh, vamos! ¿Qué tramas? ¿Una broma para mostrar en iCarly? — preguntó el chico.
Sam lo miraba confundida. "¡Claro que no, tonto, qué te pasa!", quería gritarle ella.
— No, claro que no... ¿Vamos a tener la cita o qué? — soltó ella. Melanie había desparecido por unos segundos.
— ¿Tú enserio quieres esta cita? ¿No estás tramando nada para molestarme?
Sam arrugó el entrecejo, más confundida.
— Yo me largo — dijo, dando media vuelta. Estaba claro que Freddie creía que Melanie a veces podría ser sinónimo de Sam y estaba molesto por ello.
— ¿Tú enserio aceptaste esta cita?
Sam se volvió a dar la vuelta.
— ¿Estoy aquí o no? — espetó ella. "Ya, Sam, tranquilízate. Melanie no actuaría así y él cree que está con ella. ¿Por qué acepté hacer esto?", a simple vista no lo entendía, pero cuando se quedaba mirando los ojos de Freddie por mucho rato, se daba cuenta del por qué.
—Tú enserio aceptaste… —le dijo el chico, mirándola a los ojos, con ojos realmente agradecidos y esperanzados. Sam se lo quedó mirando y vio aquello mismo. —… ¿No quieres golpearme, ni nada?
"Lamentablemente, Melanie no quiere eso".
—No, ¿por qué?
—Ah… —dijo Freddie. Tal vez estuviera esperando más adelante para hacer de las suyas, pensaba Freddie. —¿A dónde quieres ir?
"A Tacos Sabrocitos, Pollo Relleno, Petroccini a algún lugar donde se pueda comer mucho. No tengo dinero, pero tú sí y no me importa que lo gastes".
—Em… a… ¿Al cine? —propuso la rubia.
—¿De veras? —preguntó Freddie, arrugando el entrecejo—. Creí que irías a decir que querías ir a un restaurante o algo así…
—Eso también estaría bien —"Demonios, esto de usar la voz dulce de Melanie me está provocando arcadas… ¿Por qué acepté hacer una cosa así?" No era a ella a quién el tonto quería y aquello no debería importarle. Pero le importaba y quería golpearlo. Pero era Melanie ahora (porque la cita la había querido con Melanie y no con ella) y debía comportarse como ella.
—Bueno, podemos ir a comer algo y después ir al cine.
—Bien… em… ¿Sabes? —empezó a decir Freddie, empezando a caminar.
—¿Qué?
—Mi mamá me dio un nuevo Pearphone —respondió el chico. Todo era un plan par hacer aflorar a la Sam verdadera—. Ahora tiene más aplicaciones…
¡Ahora tendría que estar golpeándolo! ¡Pero no podía! ¿Por qué Melanie había salido defectuosa?
—… Juegos… Diccionarios…
"¿Y no tienen una aplicación para cambiarte el cerebro?" y eso le tendría que estar diciendo ahora… ¡Dios, qué martirio!
—Ah… Qué divertido —dijo Sam solamente y Freddie la miró ceñudo.
—¿Enserio?
—Sí…
—Y también tiene a…
"No me importa", pensaba Sam en su interior… ¿Por qué no podía decírselo? ¡Se estaba desesperando! ¡Sólo un insulto, por favor! ¡Sólo uno!
Esto estaba resultando muy aburrido, pensaba Sam, mientras Freddie pensaba que estaba esperando algo que no llegaba todavía: una molestia de Sam, una mirada ruda tal vez. El chico se estaba dando cuenta, entonces, de lo mucho que le gustaba la Sam que siempre iba detrás de él aunque sea para molestarlo o insultarlo o golpearlo, o la chica que comía a raudales y no podía dejar de hacerlo. Aquella chica a la que se le ocurría locuras como hacer sopa o cocinar carne en su casillero. O aquella chica que luchaba con fuerza para defenderse a ella misma o defender a sus amigos o a iCarly.
Llegaron al restaurante que Sam había elegido y Sam pidió dos porciones de pollo relleno. Freddie sonrió. Allí estaba la Sam que conocía… Tal vez estaba asustada, como él… Porque, ¿quién hubiera pensado que estarían en una cita romántica alguna vez? ¿Llegaría el momento en el que tenían que hablar de lo que sentían? Mejor era no pensar en ello.
Freddie pidió al camarero las dos porciones de pollo relleno para Sam y…
—¿Tú no vas a comer la otra porción de pollo relleno? —preguntó la rubia—. Yo pedí para los dos. No puedo comer dos porciones de pollo relleno, son enormes.
Freddie no podía creer que Sam hubiera dicho eso, y Sam tampoco podía creer que lo hubiera dicho. Freddie la miró con los ojos abiertos de par en par.
—Pero tú… —empezó a decir Freddie. Luego, volvió a mirar al camarero—. Sólo traiga dos pollos rellenos y dos gaseosas, por favor.
—Enseguida, dama y caballero —dijo el camarero, que tomó la carta y se retiró para seguir haciendo su trabajo.
—¿Estás bien? —le preguntó el chico.
—Sí, estupendo —respondió Sam con una sonrisa. Freddie no dejaba de mirarla extrañado.
"Más estupendo estaría si podría, no sé, por ejemplo, tirarte de la silla o arrojarte la comida encima", pensó Sam. ¡Pero no puedo hacerlo! Pronto Sam tenía los labios apretados de la desesperación. Se sentía como aquella vez que había apostado con Freddie que podía estar sin insultarlo una semana.
Freddie la miró unos segundos más y le preguntó luego:
—¿Enserio quieres esto?
—¿Qué? —preguntó Sam, de golpe, resistiéndose a muchas cosas.
—Está cita conmigo —respondió él.
Sam lo miró a los ojos… Sabía que le preguntaba a Melanie, pero ella no pudo no responder a aquella pregunta.
—Sí, quiero —dijo. No podía creer que lo hubiera dicho.
Freddie la miró a los ojos y vio a Sam en las profundidades, pero no estaba actuando como Sam. No lo había golpeado, no se desesperaba por la comida, le hablaba con amabilidad, hasta su voz había cambiado, la rudeza había desaparecido… No estaba con Sam… ¿Pero aquello cambiaría a lo largo de la cita? Él estaba dispuesto a averiguarlo.
—Bien —dijo él, sonriendo. —¿Y cómo está todo con tu mamá?
Freddie sabía que Pam iba a terapia cada semana para aprender a ser más responsable con su hija y poder demostrarle más los sentimientos, pero no sabía que estuviera funcionando o no.
"Es una mujer floja, como siempre. Me roba mi comida, yo le robo la de ella… Y casi ha sido arrestada ayer por arrojarle una lata de gaseosa a un policía en el súper… Y digo "casi" porque ella salió corriendo".
—Bien, es linda —le dijo ella, sonriendo.
"Bueno, eso era verdad, pero yo no lo expresaría de ese modo… Ni lo expresaría", se dijo Sam.
—Ah, está bien.
Comieron en silencio. Freddie sentía la tensión entre ellos y tal vez, creyó, era por eso que Sam actuaba de ese modo… Aunque, aun así, seguía siendo extraño.
Al salir del restaurante y mientras se dirigían al cine, Freddie quiso provocar a Sam y hacerla enojar, por lo que siguió con su plan.
—¿Sabes? Mi madre ha querido que me vacunara hoy…
—¿Por qué? —soltó Sam divertida. ¡Ups, se le había escapado!
Freddie sonreía, porque lo había notado…
—Bueno… Cree que tengo alergia a los vegetales…
Sam no pudo evitar largar una risa, que enseguida sofocó. ¡Freddie lo estaba logrando!
—¿Quieres decir algo?
—No.
—Si quieres.
—¡No!
—Sí.
—¡Tu madre está perturbada! — se le escapó a Sam.
—¡Lo sabía!
—¡Yo también!
—¡No, digo que sabía que querías decirme algo! —espetó Freddie.
—Tu madre es una…
—¡Ya! —quiso que Sam parara.
Sam se rió.
¡Oh, por Dios, no estaba actuando como Melanie! ¡Pero ahora todo estaba resultando más lindo y divertido!
Y Melanie era su gemela… Tal vez Freddie pensara que algo de su madre y ella tenía en su código genético, ¿o no?.
—¿Y qué película quieres ver?
—"Los peleadores grandotes".
Una combinación de las cosas que le gustaban a Sam. Freddie sonrió.
—Espera… ¿Sólo quieres que vayamos a ver cómo muchos grandotes de brazos como jamones se tiran unos contra otros para matarse entre sí?
—Sí —dijo Sam.
—Yo también —sonrió Freddie, y Sam se rió.
En aquel momento, se quedaron en silencio, sonriendo, siguiendo con su caminata.
Entraron al cine, compraron las entradas ("Acuérdate de que perdí mi billetera", le dijo Sam, como le había dicho en el restaurante, para que pagara él) y como la película empezaba enseguida, fueron a la sala y sentaron en la fila diez, contando desde abajo.
La película empezó cinco minutos después. Sam no dejaba de decir: "¡Vamos, golpéalo fuerte!", "¡Pareces una ñiñita!", "Shhh" (bueno, eso no fue ella sino las demás personas que estaban en el cine, ya que Sam no paraba de gritar), "¡En la coronilla, dale en la coronilla!", "¡Vamos, sólo piensa que es un grano!".
—¡Nos van a echar del cine, Sam! —espetó Freddie.
—¡Cállate, Fred, no me dejas escuchar la película! —exclamó la rubia, dándole un golpe en la frente al chico y sin percatarse de que él la había llamado Sam. En realidad sí lo había escuchado pero se había olvidado que se estaba haciendo pasar por Melanie, así que sólo lo dejó pasar.
—¡Au! —se quejó Freddie, frotándose la parte de la frente que Sam le había golpeado.
Y Sam seguía disfrutando la película a los gritos:
—¡VAMOS, CABEZA DE ZOPENCO, APLÁSTALO COMO UN GUSANO!
Cinco minutos más tarde, echaban a Sam y a Freddie fuera de la sala, y luego, los echaban del cine.
—¡Hey! —se quejó Sam, mirando con rudeza a los gorilas que los habían arrastrado hasta la salida.
—¿Por qué gritabas? —le espetó Freddie, ceñudo, mientras empezaban a caminar hacia… No tenían idea dónde.
"¡Oh, por Dios! Me he dejado llevar", pensó Sam.
—Lo siento, pero ya he vuelto —sonrió Sam, forzadamente.
—No te pregunté para que te disculparas —confesó Freddie, mirándola de reojo y ceñudo.
"¿Por qué no podía sólo golpearlo?" "¿Por qué no nací hija única?"
— Estás extraña — le dijo Freddie.
— ¿Qué quieres decir?
— ¿Estás asustada? — le preguntó Freddie— ... Yo también.
Los dos se miraron y, aunque se les notaba en la mirada los nervios que sentían, Sam no lo expresó.
— No, estoy bien — dijo Sam, solamente, todavía mirándose.
Freddie suspiró y siguió caminando mirando hacia delante, como Sam.
Freddie propuso volver a Bushwell Plaza, donde Melanie y Carly estaba preparando todo para la fiesta de cumpleaños.
Llegaron a la puerta del departamento de Carly y Freddie y se detuvieron. Se quedaron mirando sin saber qué hacer.
—Carly ya habrá preparado todo para tu fiesta de cumpleaños…
—Sí, y para la de Sam, no te olvides…
—Claro… ¿Qué? —se sorprendió Freddie—. Eso decía… Carly ya preparó todo para tu fiesta.
—Y la de Sam. ¡Freddie! Mañana regreso al Colegio Privado, el fin de semana se pasa demasiado rápido.
—¿De qué colegio hablas? — se asustó Freddie.
—Sólo vine aquí a ver a Sam, a Carly y a ti… —dijo Sam—. Mañana tengo que volver a mis estudios. Pasé una muy linda cita contigo, Freddie… Qué bueno que te hayas dado cuenta de que yo sí existía...
En aquel momento, se abrió la puerta del departamento y salía Melanie. Se quedó de piedra al verlos. Sam abrió los ojos, preocupada, pensando que todo se derrumbaría y que Freddie se daría cuenta de que había tenido una cita con Sam y no con Melanie. Freddie miraba con los ojos abiertos bien grandes, de la sorpresa. Lo único que sabía Freddie era que aquello era muy malo, porque ya había comprendido. Sólo sabía que lo único que tenía que hacer era correr... Huir, en otra palabra. Pero no lo hizo.
—¿Quién de los dos vomitó primero? —dijo Melanie. Sam suspiró de alivio.
—¡Sam! Freddie es adorable —dijo Sam.
Freddie miraba aterrado a una y otra chica. ¡No podía creerlo! ¿En qué se había metido? ¿En realidad había tenido una cita con Melanie y no con Sam? Bueno, de acuerdo, sólo tenía que disimular.
—Sí que son diferentes —opinó Freddie.
Sam no supo cómo tomar aquello.
—¡Listo, Sam, ya pod…! —decía Carly, saliendo. —Oh, Mel, Freddie, ¿ya volvieron de su cita? Tendrás que venir con nosotras a comprar unas cositas para la fiesta…
—Sí, claro.
Enseguida, Melanie, Sam y Carly se fueron, dejando a Freddie allí solo, pensativo. ¿Había tenido una cita con Melanie? ¿Dos citas con Melanie? Ya la conocía a Melanie y aquella vez había actuado raro. Al principio, era la chica dulce y delicada con la que ya había tenido una cita (ahora sabía que aquella vez se había tratado de Melanie), pero después se volvió… Sam. Luego, regresó Melanie. Definitivamente, Freddie no entendía nada, y entró a su departamento y cerró la puerta, ceñudo, sin dejar de pensar en la rara cita que había tenido.
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¡Saludos y hasta el próximo capítulo! ¡Ahora sí, no sé cuándo subiré los siguientes capítulos, me tardaré... porque ya debo ponerme a estudiar del todo, así que...!
