Cuando el grupo de aventureros apareció en la explanada del templo de la ciudad de Jenne, de inmediato percibieron el aire agitado y la atmósfera de enojo entre la multitud agolpada frente al imponente edificio gótico.

La fila que se originaba en la pila bautismal de curación salía por el enorme pórtico principal y daba la vuelta varias veces a la plaza. Debería haber unos trescientos o cuatrocientos aventureros a la espera de poder curar sus heridas en aquel sitio.

—¡Deculture! —exclamó Rita mirando aquello. —Creo que esto es más grande de lo que pensábamos.

Por todos lados pero especialmente en la plaza y sus alrededores, grupos de jugadores vociferaba en el chat general y clamaba por una explicación para lo que estaba sucediendo en Calypso. Ninguno de los integrantes de La Orden lo sabia todavia, pero aquella escena se estaba repitiendo en casi todas las principales ciudades del planeta.

—Será mejor que dejemos la curación para más tarde y vayamos directo al Clan Hall. —dijo Alex dirigiéndose al grupo. —No vale la pena intentar averiguar algo en este Pandemonium… es probable que haya más rumores inventados que alguna pista útil.—razonó.

Los demás asintieron y se prepararon para abandonar la plaza. El tráfico de gente era inusualmente alto así que nadie los molestó. Si realmente aquel grupo de aventureros del Imperio había informado ya sobre lo sucedido en las ruinas, el rumor no había corrido todavía entre los guardias de la ciudad. Nadie les dirigió la palabra o los importunó en los checkpoints llenos de guardias nerviosos por lidiar con tanta gente y pudieron llegar al vecindario donde estaba su base de operaciones sin ningún problema.

El asesino llamado Dirk se les unió de pronto saliendo de entre las sombras de un callejón. Dante se sorprendió al verlo caminando con ellos como si siempre hubiera sido así.

—¿Has averiguado algo? —preguntó Alex.

—El Concilio ha llamado a una reunión de emergencia en Mir. —dijo el misterioso jugador. —Los administradores no han hecho ningún comentario todavía.

Matilda sacudió la cabeza. —Todos los elementos de una buena crisis en puerta… ¿Algún efecto inmediato aparte de los rumores y el desconocimiento general?

—Los precios se han disparado debido a que los comerciantes han empezado a acumular de forma compulsiva. La opinión más popular es que se han "nerfeado" los cristales para balancear la capacidad ofensiva de las clases mágicas.

—Eso es ridículo. —opinó Alex. —Los cristales los usan todas las clases, no solamentes las enfocadas en la magia, sería una medida no solo impopular, también inútil.

—Algo más. —dijo Dirk de pronto. —No estoy seguro si es verdad o no, pero escuché que el mismo efecto se produjo en las clases que utilizan la habilidad Sifón.

—¿Sifón? —preguntó Dante.

—Es la habilidad pasiva que yo utilizo para canalizar la magia de las plantas y poder utilizarla en mis hechizos. —explicó Silvana.

Alex se detuvo al escuchar aquello. —¿Estás seguro?

—Por ahora es solo un rumor.

Los demás se voltearon hacia la Druida sin creer lo que estaban escuchando. —¿Notaste una disminución en tus habilidades? —preguntó Matilda, pero Alex se adelantó y respondió por ella. —Con la poca cantidad de plantas que había allí abajo no creo que Silvana haya podido notar alguna diferencia… deberíamos ir al bosque para comprobar si hubo algún tipo de cambio.

Los demás asintieron en silencio, aunque sabían que intentar aquello en medio de la situación actual sería completamente desaconsejable, sin mencionar el peligro que el Enjambre y ahora también el Imperio, representaban para un clan pequeño como La Orden.

Dante vió que al costado de su interfaz de usuario, un nuevo ícono había aparecido y parpadea constantemente llamando su inmediata atención; era un nuevo mensaje entrante y por el pequeño signo de exclamación que aparecia sobreimpreso en el mismo definitivamente podría ser algo importante.

—¿Sucede algo? —preguntó Silvana viendo como Dante movía las manos manejando la interfaz.

—Un mensaje. —respondió el joven. —Dame un segundo.

Al ver el remitente del mismo Dante supo que habría problemas;

De: Karina O'Higgins.

Asunto: Urgente.

Tengo órdenes de escoltarte fuera de la ciudad. Ve hasta la salida sur y trata de no llamar demasiado la atención; no estaré aquí más de quince minutos así que date prisa.

¿Podría estar relacionada aquella extracción apresurada con lo que estaba sucediendo en la ciudad? Definitivamente sí, o eso era lo que le decía su instinto para los problemas.

El otro pequeño inconveniente era la Teniente O'Higgins… ¿Como rayos iba a acercarse a la ciudad con el VF-1? Ese avión naranja era imposible de ocultar, al menos a plena luz del dia. Dante consultó el reloj de Calypso y vió que aún faltaban algunas horas para que oscureciera.

—Tengo que irme. —dijo cerrando la ventana del mensaje. Los miembros de su grupo lo miraron confundidos. —¿Te vas? —preguntó Rita. —Se supone que vamos a tener un banquete de celebración. —exclamó.

—Algo.. algo surgió. —dijo encogiéndose de hombros. —Lo siento mucho, les prometo que volveré pronto… espero.

Alex asintió en silencio pero cruzó una mirada rápida con Matilde. La joven asintió a su vez. —No te preocupes.—dijo dirigiéndose hacia el joven. —Haz lo que tengas que hacer.

—Volveré pronto, Silvana. —dijo a la joven Druida. —Estoy ansioso por probar tus platillos. —agregó haciendo una pequeña reverencia, tras lo cual se alejó corriendo en dirección al sur de la ciudad ante la mirada desconsolada de la chica-gato.

Alex abrió un chat privado y envió un mensaje rápido. "Síguelo" —escribió. Dirk asintió y salió corriendo hacia uno de los callejones donde desapareció en un abrir y cerrar de ojos. —¿Dirk también? —preguntó Rita viendo desaparecer al asesino.

—Será mejor que continuemos. —dijo Matilde. —Tenemos un montón de cosas por hacer, loot que catalogar y equipo que reparar. Rita suspiró desanimada. —Esa sangre de Troll es terriblemente difícil de limpiar, será mejor que empiece inmediatamente o ya saben lo que sucederá.

—¿Nya? —exclamó Mirna moviendo las orejas.

Silvana le acarició la cabeza mientras miraba en la dirección en la que había desaparecido Dante. —No te preocupes Mirna… haremos el banquete la próxima vez.

—Nyan

Mientras tanto Dante había tomado la calle principal y se dirigía al sur siguiendo el mapa de su interfaz de juego. Había desistido de usar las calles laterales y en cambio razonó que con tanta cantidad de gente a su alrededor llamaria mas la atención tratando de escabullirse que si se movía con el flujo de gente. Tardó casi diez minutos en llegar a la muralla sur y vió que allí había muy poca gente, la mayoría estaba en esos momentos tratando de enterarse de las últimas novedades en la plaza principal de la ciudad.

Vió la entrada y también vió a los guardias del Imperio custodiando el checkpoint. La barrera estaba baja.

—Mierda. —dijo en voz baja.

Se detuvo junto a una tienda y comenzó a mirar las espadas en exhibición mientras espiaba disimuladamente la entrada de la ciudad. Nadie salía de Jenne, el único tráfico que había eran de grupos de aventureros que llegaban del exterior para buscar curación, pero principalmente respuestas en la convulsionada ciudad.

Si Dante intentaba salir de allí llamaría inmediatamente la atención, pero no tenía más remedio. Karina lo estaba esperando allí y ya se estaba agotando el tiempo.

¿Qué hacer? El joven apretó los puños y comenzó a caminar en dirección a la barrera dejando que el destino se hiciera cargo de la situación.

Como lo esperaba, al ser el único que iba en aquella dirección de inmediato captó la atención de uno de los guardias, quien recostado junto a la barrera se incorporó de inmediato al ver acercarse al joven guerrero.

—¿Va a salir de la ciudad? —preguntó cuando Dante estuvo a unos pocos pasos.

—Claro. —respondió con naturalidad.

—¿Solo?

—¿Quiere acompañarme usted?

El guardia lo miró sin saber si estaba ante un idiota o un Troll. —¿Me estás tomando el pelo o que?

Antes que Dante pudiera contestar algo más otro de los guardias se acercó al ver el extraño intercambio de palabras —¿Pasa algo?

—Quiere salir de la ciudad solo. —dijo el primer guardia.

Quien parecía ser la persona a cargo de aquel checkpoint lo miró un rato en silencio. Dante advirtió que los ojos del hombre se habían vuelto más brillantes de repente ¿Estaba usando algún tipo de habilidad o hechizo para examinarlo?

Al cabo de unos momentos el hombre levantó la barrera. —Dejalo que salga, si quiere morir no es nuestro problema.

—Pero….

—No veo su nombre en ninguna de nuestras listas y parece ser un jugador novato. Que aprenda que no es una buena idea vagabundear por fuera de la ciudad en solitario.

Dante hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y pasó debajo de la barrera. Caminó lo más rápido que pudo sin volverse, aunque sabía que todos los guardias lo estaban mirando en ese momento… excelente manera de dejar la ciudad sin llamar la atención.

Atravesó las últimas fortificaciones y de repente tuvo frente a él las puertas propiamente dichas de la ciudad. Dos enormes torres se erguían a cada lado del enorme portón de rejas a medio levantar y tras él un puente levadizo atravesaba un pozo profundo.

Junto a las puertas se levantaba una caballeriza y varios animales se encontraban atados a postes junto a la muralla. Dante vió una figura envuelta en una capa oscura que sostenía las riendas de una yegua blanca.

Pasó junto al establo y se dispuso a cruzar las puertas cuando sintió que alguien hablaba a sus espaldas.

—No te molestes en buscar el caza frente a las puertas de la ciudad. —dijo una voz femenina. Dante se volteó y vió que la figura desconocida se acercaba junto a la yegua. —¿Karina?

—Ponte en chat privado. —susurró la joven.

Así lo hizo Dante y pronto su conversación quedó completamente silenciada para todo el resto del planeta.

—Llegas tarde.

—Lo sé, la ciudad es un caos y era el unico que queria salir. Los guardias me trataron de loco por querer venir por esta ruta… ¿Sabes que está sucediendo?

La joven sacudió la cabeza. —Yo no estoy al corriente de los sucesos del juego, pero Duval me dijo que algo muy malo había sucedido y te necesitaban de regreso inmediatamente… será mejor que subas.

La joven saltó con agilidad sobre la grupa del animal y tomó las riendas como si fuera toda una experta jinete. —¿Que estas esperando?

Dante miró a ambos lados de la calle y suspirando subió al caballo sentándose tras la Teniente. —Sujétate de mi. —le ordenó la joven. —Tenemos que ir al galope o no llegaremos.

Dante tragó saliva y deslizó los brazos por debajo de la capa de la joven, tomándose fuertemente de su cintura.

—¿Listo?

—Li-listo. —respondió nervioso el joven sintiendo el calor de la Teniente junto a su cuerpo.

Karina agitó las riendas y la yegua salió al galope. Cruzaron rápidamente el puente levadizo y salieron de la ciudad haciendo resonar los cascos en el empedrado del camino.

Era la primera vez que Dante se subía a un caballo y la sensación era increíble. No solo el olor salvaje de la yegua golpeaba en su rostro, el sentir los poderosos músculos del animal bajo sus piernas y el viento en sus cabellos hacían que la sensación fuera casi embriagadora. —Me cuesta creer que esto sea una simulación. —dijo gritando.

—Y esto no es nada. —respondió entusiasmada la joven. —Espera ver como Valkyria corre a campo traviesa.

—¿Valkyria…? ¿Así se llama tu yegua?

—¿Tienes un nombre mejor?

—Es perfecto. —respondió el joven.

Cabalgaron varios kilómetros por el camino principal sin ver a nadie. El sol había estado descendiendo y pronto comenzó a ocultarse en las montañas del oeste, sumiendo a los fértiles valles que rodeaban a Jenne en las largas sombras del crepúsculo. En cuanto la luz descendió un poco más dejaron el camino y se internaron a todo galope en los pastizales que casi les llegaban al nivel de las piernas.

—¿Exactamente a dónde vamos? —preguntó Dante que no había hablado desde que dejaran la ciudad.

—Dejé mi caza en el medio de un bosque cerrado a unos quince kilómetros de donde dejamos el camino. —explicó la joven. —Deberíamos llegar en algo así como media hora más de cabalgata… solo hay un problema.

El gesto de la joven al darse la vuelta solo confirmó lo que Dante ya temía. —Nos siguen. ¿verdad?

—Dos jinetes con caballos y capas oscuras.

—El Enjambre. —dijo con seguridad Dante. —Es tan cliché que hasta da risa.

—No es cosa de risa. —respondió con voz tensa la joven. —No quiero involucrarme en esta mierda de juego, preferiría evitar cualquier tipo de interacción con esos sujetos.

Ahora el galope de sus perseguidores era perfectamente audible. Karina rodeó una colina baja y pronto se encontraron siguiendo el curso de un pequeño arroyo mientras se adentraban en una cañada Un camino seguía el cauce del arroyo (Aunque llamar camino a esa huella apenas distinguible de la maleza que la rodeaba era ser muy generoso) y la yegua galopó a toda velocidad haciendo saltar la tierra y las piedras a su paso.

—No podemos guiarlos hasta donde está el VF-1. —dijo la joven, tenemos que perderlos antes.

—Parece que los estamos dejando atrás. —dijo Dante juzgando las distancias. —Ya se escucha menos el golpeteo de los cascos.

—Valkyria es uno de los mejores caballos de todo Calypso. —afirmó Karina. —No creo que tengan cabalgaduras que puedan rivalizar con ella… el problema es que esos dos no son los únicos que nos siguen.

Un reflejo plateado hizo que dante volviera la vista hacia arriba. A unos cien metros sobre sus cabezas vió otra cabalgadura que seguía la misma dirección que ellos. El caballo era de pelaje gris y apenas se distinguía entre las rocas de fondo.

—Hay otro jinete más del otro lado. —informó la joven. —Intentarán encerrarnos más adelante.

Dante abrió el mapa y examinó la topografía del terreno. Había estudiado cientos de campos de batalla en sus clases de historia militar y estaba familiarizado con la simbología que mostraba las características del terreno. —El arroyo se une a un río a kilómetro y medio de aquí en lo que parece ser el comienzo de un desfiladero más profundo, veo un camino a cada lado de los bordes y un puente que cruza lo que parece ser un arco de roca… ¡Karina! —dijo el joven de pronto mirando el mapa desde una vista más lejana. —¡No hay salida al final del río!

—Maldición.

La joven desvió el galope de la Yegua y comenzaron a ascender por la pendiente alejándose del lecho del arroyo. El perseguidor que estaba a su derecha comenzó a acercarse peligrosamente. Cuando estaba a menos de ochenta metros Dante vió un resplandor rojizo.

—¡Cuidado!

La bola de fuego pasó a unos pocos metros de la yegua y se estrelló contra unas viejas matas que ardieron inmediatamente en medio de un millar de chispas.

—Magos de batalla. —dijo la joven haciendo que Valkyria volviese al lecho del río. —Mierda.

—Espera un momento. —dijo Dante volteandose para ver al perseguidor mientras este volvía a tomar las riendas de su cabalgadura tras hacer aquel ataque. —¿No se supone que tu eres inmortal? ¿Por qué no dejas simplemente que te pegue una de esas bolas de fuego?

—Valkyria y yo lo somos. —dijo. —Pero tu no.

—¿No tienes al menos una pistola reglamentaria? —preguntó. —¿Una granada?

—Si entablo combate o dejo que me toquen con alguna de esas magias sabrán de inmediato que no soy un jugador normal. El Director Duval ya me advirtió sobre las consecuencias de interferir más en el juego y si esos jugadores vuelven a reportar algo así...

—Comprendo. —dijo Dante. —Ese idiota de Malkovich tendrá otro argumento para fastidiarnos. —razonó el joven.

Dante desenvaino su espada pero se quedó paralizado al ver la hoja. —¿Pero que mierda…?

La hoja de hierro estaba completamente carcomida por una sustancia negra y el metal se deshacía en pequeños gránulos con el viento que soplaba sobre ella. —La sangre del Troll. —comprendió...

—De todos modos esa cosa no te servirá contra un Mago. —respondió Karina sacudiendo la cabeza. —Tenemos que perderlos de otra forma.

Dante suspiró y volvió a envainar el pomo y un poco de metal carcomido que era lo único que quedaba de su primer espada. —Esto va mal, realmente mal. —dijo volviéndose hacia el perseguidor de la derecha. ¿Se cansarian aquellas monturas? Si la simulación era tan realista aquello debería darse por hecho, pero no era algo con lo que podía contar en ese momento. A la poca luz pudo distinguir como el jinete alzaba la mano derecha mientras la bola de fuego comenzaba a formarse lentamente en su mano.

—El perseguidor de la derecha es diestro.—dijo Dante. —Tiene que cruzar la mano por sobre la cabalgadura para poder atacar mientras sujeta las riendas con la mano izquierda, eso reduce un poco su efectividad. El jinete de la izquierda puede apuntar hacia nosotros sin ningún problema.

Karina escuchó aquello y de inmediato hizo que Valkyria galopase pegada a la margen izquierda del arroyo, haciendo que su silueta quedara un poco más oculta por el ángulo pronunciado de la barranca y ofreciera un blanco más evasivo al jinete con mejor posición de tiro.

—Es una ventaja minúscula, pero algo es algo. —dijo el joven mientras un nuevo proyectil de fuego pasaba sobre sus cabezas.

—Tener un RIO tiene sus ventajas. —reconoció la Teniente azuzando a la Yegua.

Dante sonrió al escuchar aquello; en ese momento ellos dos estaban cumpliendo sobre esa yegua las mismas funciones que sobre un avión de última tecnología.

Volvió a abrir el mapa y se concentró en la confluencia del arroyo tributario por el que venían galopando a toda velocidad. El río en el que desembocaba aquel arroyo debía encontrarse ya casi a la vista, pero no había la suficiente luz y era poco lo que se veía, al menos Karina parecía poder ver perfectamente en la oscuridad al igual que su yegua, quien galopaba a toda velocidad entre piedras y raíces sin tropezar nunca.

Acercó el mapa lo más que pudo y miró las cotas que indicaban las diferentes alturas del terreno en busca de un paso fuera de aquella trampa mortal. —Aquí. —dijo marcando el mapa para compartir el punto de interés con Karina. —Mira esto, es una marca de fractura, hay una grieta entre estos dos macizos en el punto donde confluyen los dos ríos… podría ser un camino entre las montañas.

Valkyria dejó el camino y entró al arroyo a pleno galope. Las poderosas patas de la yegua levantaron altos chorros de agua mientras el profundo desfiladero se cerraba sobre ellos. Dante podía escuchar los ecos de sus perseguidores a ambos lados del profundo cañón así como el millar de piedras que caían desde las alturas empujadas por aquellas bestias en persecusión —Atención! ¡Cincuenta metros! ¡A la derecha!

Dos bolas de fuego cayeron sobre ellos casi simultáneamente. La yegua blanca saltó de pronto y el impacto de aquellos proyectiles flamígeros creó una explosión de vapor en las aguas del río.

—¡Mierda!

Ahora podían escuchar el sonido de unos rápidos justo delante de ellos. Dos rocas negras aparecieron de pronto y Karina desvió a Valkyria para sortear aquel obstáculo. —Allí. —dijo Dante señalando una zona más oscura en la pared de roca frente a ellos. —¡Esa es la fractura, estamos justo en la confluencia!

Los proyectiles que se dirigían hacia ellos iluminaron la grieta cuando apareció justo frente a su cabalgadura. Karino tiró de las riendas con todas sus fuerzas y Valkyria entró a toda velocidad en la estrecha abertura mientras las bolas de fuego estallaban contra las rocas partiendolas en mil pedazos.

—Parece que hubo un derrumbe allá atrás. —exclamó Dante escuchando el estruendo tras él, pero cuando se volteó el vapor y el polvo obstruyeron por completo la visión. —No podrán seguirnos fácilmente por ese camino.

La grieta se volvió muy angosta y Karina tuvo que hacer que su yegua avanzara al paso. El terreno era muy accidentado, con rocas y raíces cubriendo el fondo de aquel profundo desfiladero lo que obligaba a Valkyria a pisar con cuidado a medida que avanzaban.

—Necesitamos algo de luz. —dijo Karina mirando hacia arriba, donde el cielo estrellado apenas aportaba un poco de claridad. —¿El mapa dice algo?

—Poco y nada. —informó el joven. —Estamos en el macizo oriental de una formación montañosa llamada Cavernas ígneas… ¿Sabes algo de ese lugar?

—No. —respondió la joven. —Recuerda que yo no juego en Calypso, mi trabajo es otro.

Dante miró el mapa preocupado. —El desfiladero tuerce hacia el norte y termina unos trescientos metros más adelante… me temo que no aparece nada más en el mapa.

Avanzaron en silencio unos minutos más y la oscuridad se volvió completa. Dante entonces recordó la antorcha que La Orden le había proporcionado durante su aventura en las antiguas ruinas y comprobó que aún estaba en su inventario. —Tengo algo de luz. —dijo mientras seleccionaba el ítem correspondiente. —Pero solo por unos veinte minutos… casi toda la materia combustible se consumió durante el transcurso de la tarde.

—Servirá.

La antorcha se encendió en cuanto la puso en su mano y a la temblorosa luz de las llamas naranjas vieron la enorme boca de una caverna que los recibía en forma amenazadora.

—Fin del camino. —dijo Karina tirando de las riendas. Valkyria se detuvo justo ante la entrada oscura de la cueva. Un viento cálido proveniente de las profundidades soplaba en sus rostros y todo era silencio a su alrededor.

Dante lanzó una mirada de resignación. —Y por supuesto quieres entrar ahí. —dijo suspirando.

—¿Tienes una idea mejor?

—No por desgracia… solo soy un personaje mortal. —respondió el joven encogiéndose de hombros. —Pero no estamos seguro si habrá una salida del otro lado ¿Verdad?

—Correremos el riesgo. —decidió la joven haciendo que la yegua comenzara a entrar a la caverna. —No podemos perder más tiempo.

El camino descendía casi en línea recta en las entrañas de aquella montaña aislada de la cordillera principal que se extendía a unos cuarenta kilómetros más al norte. Durante todo el descenso tuvieron el viento cálido soplando en sus rostros y no vieron ni oyeron nada fuera de lo normal.

—Pensé que este sitio estaria lleno de monstruos y cosas desagradables. —comentó el joven mirando las sombras oscuras que las rocas y estalactitas proyectaban a la temblorosa luz de la antorcha.

—Mi personaje no genera encuentros aleatorios con monstruos o NPC's—explicó la joven. —Valkyria tampoco.

—¿Y yo? —preguntó Dante. —¿No debería mi personaje atraer a los monstruos como un imán?

—Al parecer no mientras estés sobre la grupa de mi yegua. —respondió la joven. —Tal vez también protege al jinete al mismo tiempo, deberias preguntarselo a Duval en todo caso.

El camino terminó de descender y pronto se encontraron recorriendo un sendero abierto en la roca con huellas de haber sido un camino transitado anteriormente. El suelo estaba formado por adoquines hábilmente encastrados unos con otros y a pesar de los años pasados desde que fueran abandonados, se mantenían en buen estado de conservación y permitieron que Valkyria retornara a un paso más acelerado. El sonido de sus cascos rebotaba en las paredes, pero no vieron señales de ninguna criatura viva.

Nadie salió a su encuentro y no se escuchaban sonidos de perseguidores tras sus pasos. Estaban completamente solos en aquellas enormes cavernas.

La antorcha se apagó unos minutos más tarde sumiendolos en una completa oscuridad. Karina tiró de las riendas y se bajó de la yegua para poder caminar junto a ella mientras la guiaba por los oscuros pasillos —Quedate sobre Valkyria. —le ordenó a Dante. —Estarás más seguro ahí arriba.

—Ok.

La Teniente O'Higgins parecía tener mejor visión nocturna que Dante, o tal vez era otra de las ventajas de su avatar especialmente creado para su trabajo en Calypso. Avanzaron despacio por el mismo camino hasta que de pronto llegaron a un profundo abismo abierto en la roca.

—Veo un puente. —informó Karina girando a la izquierda. —Es bastante angosto pero creo que podremos atravesarlo en fila.

El arco de piedra que atravesaba el precipicio media escasamente un metro de grosor en la parte más angosta justo en el medio del abismo. Karina caminaba delante llevando las riendas de Valkyria mientras Dante se agarraba de las crines de la pobre yegua mientras hacía lo posible por no mirar hacia abajo. —Aventurero y una mierda. —se dijo mientras sentía el viento cálido soplar desde las profundidades.

—Por el estado de tus ropas y… tu digamos "espada", veo que has estado probando el juego todo el dia. —comentó la joven piloto mientras alcanzaba con seguridad el otro lado del abismo.

—Me llevaron a una expedición a uno de los calabozos que hay debajo de la ciudad de Jenne.

La joven se volvió sorprendida. —¿Como que "te llevaron"?

—¿Recuerdas la chica que salvamos de aquel gigante? —preguntó Dante. —Me la encontré en la plaza cuando aparecí luego de separarnos esta mañana. Ella me presentó a su grupo de amigos y ya que estaba... bueno… salimos juntos de aventuras.

La joven frunció el ceño. —No es bueno que hagas amistades en el juego. —dijo con voz tensa. —Especialmente teniendo en cuenta tu posición como empleado de Alpha Corporation. No sería…

—¿Ético? —respondió Dante mirando la oscuridad que se abría delante de su cabalgadura. —No lo sé Karina… El Director me pidió que experimentara el juego como un jugador más y eso es lo que intenté hacer durante todo el dia… pero yo tampoco puedo sacarme de encima esta sensación de estar ocultando a la gente quién soy verdaderamente.

Karina continuó mirando hacia el frente pero Dante vio que asentía con la cabeza. —¿Y qué hay de ti? —preguntó el joven estratega.

—¿De mi?

—Dices que no te gusta el juego y lo comprendo; después de todo eres parte de la fuerza como yo lo fuí una vez. ¿Cómo es que terminaste en este lugar? Eres una excelente piloto y tu lugar debería ser en el espacio, no en este videojuego por más realista que sea.

Karina sacudió la cabeza. —Prefiero no hablar de ello. —dijo.

—Lo siento. —se disculpó sinceramente Dante. —No debí preguntar algo tan personal… es que…

—¿Es que…?

—Tu forma de volar. —reconoció el chico.

—¿Mi forma de volar?

—Sentí que… lo disfrutabas. —dijo un poco avergonzado. —Allá entre esas islas flotantes… la forma en que el VF-4 volaba entre los obstáculos y todo eso… había algo en como llevabas el vuelo de tu avión que… no se como expresarlo.

La Teniente O'Higgins se detuvo y volteó la cabeza hacia Dante. —Entonces no lo hagas.

—¿Eh?

—Si no sabes las palabras adecuadas para expresarlas… simplemente no las digas. —dijo. —Se entiende mejor así.

Dante sonrió. —Comprendo dijo.

—Ya hemos llegado… creo. —respondió la joven volviéndose hacia el frente. —Mira.

Se encontraban frente a dos portones enormes. Dante calculó rápidamente que aquellas grandes hojas medirían unos veinticinco metros de altura. —Ok no… no vamos a entrar ahí. —dijo el joven cruzándose de brazos. —Sea lo que sea que haya detrás de esas puertas es de el doble del tamaño de un Zentradi.

Karina se acercó a la intimidante entrada y extendió una mano para tocar la madera. De inmediato las enormes hojas comenzaron a abrirse lentamente como por voluntad propia.

Dante suspiró y desenvainó su espada. Todavía quedaba algo así como diez centímetros de metal quebradizo que sobresalía del pomo. Tal vez pudiera causarle una infección dolorosa a alguien con un rasguño de esa cosa.

—Si hay una salida, es por este camino. —dijo tajantemente Karina. —Ya no podemos perder más tiempo.

—¿No podemos simplemente enviarle un mensaje a Duval? —preguntó Dante.

—Trata. —respondió la joven,

Dante abrió la interfaz y vió que todas las opciones de comunicación, tanto mensajería como notificaciones estaban desactivadas. —¿Pero que…?

—Aparentemente en este lugar toda comunicación con el exterior está cortada. —explicó. —Sucedió luego de entrar a la caverna desde aquel desfiladero por el que vinimos escapando de esos tipos.

—¿Ni siquiera tu…?

—Ni siquiera yo. —afirmó la Teniente.

Las enormes puertas habían dejado de moverse dejando una abertura de unos dos metros de ancho, suficiente para que Valkyria pudiera pasar cómodamente. No se veía nada en el interior y unas neblinas grises comenzaron a salir por la puerta, como si todo el interior estuviese cubierto por una capa de bruma a ras del piso.

—Vamos. —ordenó la joven tomando las riendas de la yegua. —No perdamos más tiempo.

Los dos jóvenes entraron a la oscura estancia y de repente las antorchas ubicadas todo alrededor de las paredes de aquella enorme caverna comenzaron a encenderse como por arte de magia.

—Parece que hemos disparado un evento de alguna clase. —dijo Dante viendo como la luz comenzaba a aumentar. —Prepárate.

—No seas tan alarmista. —intentó calmarlo la joven. —No va a pasarnos nada.

La neblina se hacía más densa a medida que se internaban en el medio de la caverna y ahora casi llegaba hasta el vientre de Valkyria. La yegua fue la primera en advertir la presencia en el centro de la estancia y se detuvo de forma inmediata. Karina vió la silueta unos segundos más tarde.—Dante.

—¿Que?

—Por nada del mundo te bajes de Valkyria. —dijo. —¿Entendido?

—No pensaba hacerlo ni aunque me dijeras lo contrario. —respondió el joven. —¿Qué sucede?

—Dragón.

—¿Dragón? —Dante levantó la cabeza y entonces las nieblas se disiparon en medio de un torbellino de viento.

La cabeza del Dragón negro estaba justo frente a ellos, como si un perro estuviera echado con su hocico pegado al piso y observada desinteresado a sus amos humanos. Los dos enormes ojos serpentinos eran de casi dos metros de diámetro. Dante calculó que sólo uno de aquellos enormes colmillos amarillentos que asomaban de la gigantesca mandíbula eran del tamaño de Valkyria.

El cuerpo de aquella titánica criatura estaba formado por enormes placas escamosas de un material que parecía obsidiana por el brillo oscuro que emitía.

—De-Deculture. —atinó a exclamar mientras su mano que sostenía la espada comenzaba a temblar. —Esa cosa no es de tamaño Zentradi. —dijo. —Es del tamaño del mismo Gol Boddole Zer de la flota combinada Zentradi. —exclamó.

—No tan grande —dijo Karina. —Pero igual de impresionante.

Las fosas nasales del gigantesco monstruo lanzaban chorros de aire caliente que rápidamente dispersaron toda la niebla del lugar. Ahora parte del masivo cuerpo podía apreciarse, pero las verdaderas dimensiones quedaban aún ocultas tras las tinieblas del techo.

—No… no va a atacarnos… ¿Verdad?—preguntó Dante señalándole con la espada desecha.

—Si pudiese atacarnos definitivamente ya lo hubiera hecho. —respondió Karina. —Al parecer solo hemos activado una parte del evento previo a la batalla, pero la IA no parece dispuesta a iniciar el combate, eso quiere decir que estamos protegidos.

Ambos permanecieron en silencio frente a la colosal cabeza sin saber exactamente qué hacer. La atmósfera era realmente extraña.

—Es… hermoso en cierta forma ¿No crees? —preguntó de pronto la joven.

Dante asintió. —Supongo que si. —dijo rascándose la cabeza. —Aunque yo usaría la palabra "majestuoso". ¿Realmente hay jugadores capaces de vencer a esta bestia?

Karina volvió a mirar al enorme dragón y negó categóricamente con la cabeza. —Lo dudo mucho. —afirmó. —Mira esas escamas.

—Blindaje compuesto. —reconoció el joven acercando la yegua lentamente. —Además la disposición de las escamas está en ángulo para aumentar el grosor efectivo del blindaje ante penetración de munición fragmentante… ¡Esta cosa es un maldito tanque de guerra!

—Un GU-11 difícilmente podría penetrar un blindaje como ese. —observó la joven juzgando la apariencia y grosor de las placas dentadas. Los GU-17 de 58mm podrían tener una mejor chance de penetración, pero yo no me acercaria tanto a una bestia como ésta para disparar una ráfaga de Gunpod. —aseguró.

—¿Como lo derrotarias tu? —preguntó intrigado Dante.

—Un disparo desde un cañón dimensional desde órbita baja solo para estar segura. —respondió con una sonrisa. —Ten cuidado Dante. —advirtió Karina. —Te estás acercando demasiado.

El joven detuvo al caballo a unos pocos pasos de la enorme boca. Levantó la cabeza y vió su imagen reflejada en el enorme ojo que parecía mirar más allá de donde estaba el parado, como si no existiera nada que ver.

Vió un caballo blanco y montado en él vió a un patético guerrero vestido con simples ropas de campesino en cuya mano los restos de la espada parecía más un palo carbonizado que un arma de filo.

—Ese no soy yo. —dijo Dante mirando con desprecio el reflejo en los ojos del dragón. —Es una imagen falsa, falsa como este lugar, falso como este dragón.

Extendió la mano de la espada y tocó el enorme diente con los restos de la hoja carbonizada. Lo que quedaba de la hoja se resquebrajó y cayó como una pequeña lluvia de ceniza a los pies de Valkyria.

El dragón no se movió.

—¿Que rayos estas haciendo? —lo recriminó la joven. —Deja de jugar con esa cosa y salgamos de aquí.

Dante guardó el pomo de su inútil espada y tirando de las riendas hizo que la yegua diera la vuelta. —Lo siento. —dijo. —Creo que yo también estoy empezando a odiar este juego.

Karina suspiró y tomando las riendas de la mano de Dante condujo a Valkyria a un lado de la enorme mandíbula. —Busquemos alguna salida por el fondo de la cueva. —dijo sacudiendo la cabeza. —Tiene que existir alguna.

El joven asintió en silencio pero entonces un brillo cercano atrajo su atención. —¡Mira eso! —exclamó.

Debajo del cuerpo del dragón había una montaña de monedas y piezas de oro. Joyas, armas y armaduras, obras de arte de todo tipo, desde exquisitas esculturas de toda clase de metales preciosos hasta los más increíbles y delicados objetos mágicos, muchos de los cuales poseían aquella aura espectral a su alrededor que denotaba su incalculable valor.

—Con un tesoro como ese, no me extrañaría que tarde o temprano alguien intente derrotar a este dragón. —comentó Dante. —Pero… ¡No puede ser! ¡Esos son…!

—Cuarzos FOLD. —dijo Karina deteniéndose. —Pero nunca vi cristales de ese tamaño.

Por debajo de las enormes placas acorazadas del monstruo grandes cristales FOLD brillaban emitiendo una luz escarlata que hacía que el oro circundante se tiñese de un color rojo sangre. —Mira el efecto óptico que se produce alrededor de los cristales más grandes. —señaló el joven. —Hay todo un fenómeno de interferencia dimensional sucediendo ahí mismo justo debajo del maldito dragón… no me extraña que no haya forma de comunicarse con el exterior desde aquí. ¿Sabes algo sobre esta clase de cristales? —preguntó volviéndose hacia la Teniente.

—Son un material de incalculable valor estratégico para la defensa. —respondió la joven. —Es algún tipo de forma estable de Quantum Superpesado si no recuerdo mal.

—Los nuevos cañones de energía están basados en la arquitectura de estos cristales. —agregó Dante. —Y aquí los usan como barritas de energía para magos

—No se nada de eso. —afirmó Karina volviendo a tirar de las riendas de Valkyria. —Sigamos explorando este lugar.

Siguieron avanzando junto al enorme dragón hacia el fondo de la caverna. La enorme pared de roca se curvaba hacia arriba y se perdía en la oscuridad. Si había una salida hacia el exterior en lo alto de la caverna, ni siquiera la luna o las estrellas eran visibles desde allí.

—No hay salida. —dijo Dante mirando las enormes rocas de granito que se elevaban decenas de metros por sobre ellos. La única forma de salir de este lugar es por donde entramos.

La joven se detuvo y miró a su alrdedor. —Tal vez podamos volver hacia ese puente de piedra que cruzaba el abismo… si seguimos esa grieta en alguna dirección tal vez encontremos una salida.

—O tal vez nos perdamos para siempre debajo de esta montaña. —dijo Dante. —¿Y qué tal si simplemente nos desconectamos y llamamos a Duval con nuestros Pads? No es como si estuviéramos atrapados dentro del juego. ¿Verdad?

—Las órdenes del Director fueron llevar tu avatar devuelta a la Macross. —dijo Karina. —No hay cambios de planes.

Dante se rascó la cabeza. —Supongo que será una larga noche...Oye… ¿Sientes eso?

La joven se puso en guardia de forma automática y para sorpresa de Dante vió como extrajo una pistola automática de debajo de su túnica. —Algo está sucediendo.

Ahora la vibración se sentía en toda la cueva. Era como el comienzo de un terremoto, pero el rumor no venía desde debajo de sus pies, era como si el mismo aire temblara violentamente.

—¡Dante cuidado! ¡Detrás tuyo!

El joven se agachó y enterró su rostro en las crines de Valkyria. La yegua por su parte reconoció de inmediato el peligro y saltó a un lado justo a tiempo.

Algo masivo se movió junto a donde estaban ellos, como si la oscuridad tomara forma y se volviera sólida como la roca misma, o mejor dicho, como la obsidiana.

La enorme cola del dragón se movió como un látigo y golpeó la pared de roca con una fuerza titánica. Las piedras estallaron con un estruendo atronador y la enorme pared se resquebrajó en un millar de fragmentos que saltaron en todas direcciones.

—¿Estas bien? —exclamó la joven mientras se protegía de las piedras que caían. —¿Te has hecho daño?

—Estoy bien. —dijo Dante, por suerte aún a lomos de la ágil yegua. —Valkyria me protegió justo a tiempo… ¿Eso fué el Dragón? ¿Intentó aplastarnos?

—No lo creo. —respondió Karina volviendo a guardar su arma reglamentaria. —Mira.

El polvo se estaba dispersando en ese momento y pudieron ver un enorme agujero oscuro en donde antes estuviera la sólida pared de roca.

—Eso es…

—Una salida. —dijo Karina volviéndose hacia Dante.