Tocado por un ángel

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 11 Un susto de muerte


Candy estaba muerta de vergüenza, como si el mundo se le hubiera caído encima.

—¿Tú por qué no te fuiste a tu cuarto?—le reclamó a Terry.

—Yo... no me di cuenta cuando nos quedamos dormidos...—se estrujaba los ojos totalmente desorientado.

—Escucha bien, Patty. Esto no es más que un accidente... no vayas a pensar que...—los ojos de Patty seguían abiertos de par en par, incapaz de pronunciar nada.

—Tú no dirás ni una sola palabra de esto, ¡has entendido!—Terry sujetó a la pobre gordita por los hombros.

—¡Terry!—Candy se lo quitó de encima, Patty estaba aterrada.

—Candice, Candice White Andrew...

—¡Oh no!— La hermana Gray iba entrando.

Terry de un salto cayó al suelo y se metió debajo de la cama. La tensión envolvía ese pequeño cuarto. Candy sintió que el corazón se le había congelado, más que latir con fuerza, se le había paralizado, igual que Patricia que no era capaz ni de respirar.

—Patricia O'brien, vaya a su clase.—Patty salió disparada.

—Hermana Gray...

—¿Se puede saber por qué no se ha preparado para clases, señorita Andrew?

—Lo siento, hermana, quise avisarle, pero es que me duele mucho el estómago, desde anoche... ¡oh!—exclamó cuando Terry de maldad le agarró los pies que podía ver en el borde de la cama.

—Bien, ni modo, ordenaré que se le traiga una dieta especial y la excusaré de las clases del periodo diurno.

—Gracias, hermana Gr...

—No me lo agradezca. ¡Y no se acostumbre!—la severa anciana se fue sin mirar atrás.

Mientras Candy aseguraba la puerta, Terry salía de su escondite. Salió de allí como si nada, sonriendo descaradamente y se estiraba.

—Quiero que te vayas ahora mismo.—le exigió sin hacer contacto visual, él se acercaba más y más.

—¿No andas de humor en las mañanas, monita?—se le puso la cara roja como cereza del coraje.

—¡Y te atreves a hacer bromas! ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si...?

—¿Si qué? Yo creo que me porté muy bien, sólo dormimos, creo...—le sembró la duda a propósito.

—¿Qué quieres decir con que crees?—tartamudeaba, estaba nerviosa.

—No lo sé, estábamos muy cariñosos...—tomó uno de sus rizos entre sus dedos.

—No lo dirás en serio, yo... yo jamás...

—¿Estás segura?—se divertía poniéndola mal.

—No puede ser... yo sólo recuerdo que me estabas contando algo... y luego me dormí... ¿a caso tú...? No puede ser... ¡yo confié en ti!—se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar amargamente.

—Candy...

—¡No me toques!

—Candy, estaba bromeando. No pasó nada anoche, te lo juro.—tomó su cara en sus manos y la miró totalmente arrepentido.

—¿Cómo voy a creerte? Si hasta intentaste...—negó con la cabeza al recordar cuando el la había arrastrado a su regazo estando excitado y había intentado besarla.

—Eso fue un impulso, yo no estaba en mis cabales y además... no habría llegado a ninguna parte si tú no me lo hubieras permitido. No te hice nada, si fuera así, lo habrías recordado.—le susurró al oído estremeciéndola por completo.

—¿Entonces, no pasó nada?—su mirada era suplicante.

—Nada, Pecas. Bueno, ¿quién estaba borracho, tú o yo?—bromeó y le regaló una sonrisa.

—No vuelvas a bromear así.—se secó las lágrimas.

—No te prometo nada.

—No tendrás que hacerlo de todos modos.—ella se encogió de hombros.

—¿Por qué lo dices?

—No te dejaré entrar a mi habitación jamás. Puedes irte.—le dio la espalda.

—¿Tan mal te la pasas conmigo?—la giró hacia él con brusquedad.

—¡Tú eres quien se la pasa mal!

—¡Tú eres quien siempre piensa lo peor de mí!

—¡Y como tú haces grandes esfuerzos por mostrar lo contrario!

—Yo dormí muy bien.—dijo más para él mismo.

—Pero eso no estuvo bien...—su voz fue cansina, seguida de un suspiro.

—¿Por qué? Si no hicimos nada.

—¡Aún así! No puedo dormir con un chico, si una de las hermanas nos hubiera encontrado, ¿nos hubiera creído?

—Seré más cuidadoso la próxima vez.—Candy lo miró incrédula.

—¡La próxima vez! ¿De verdad crees que habrá una próxima vez?

Los ojos de Terry se endurecieron, pero se llenaron de lágrimas a la vez y a Candy se le partió el corazón en dos.

—Es mejor que me vaya.

—Terry...—iba a ignorarla, pero no pudo.

—¿Qué quieres?

—Cuando... cuando no eres odioso, me la paso bien contigo, en serio, pero... no puedes estar entrando a mi cuarto y mucho menos pasar la noche, ¿entiendes eso?—él asintió renuente.— sé que necesitas cariño y todo eso, pero lo que hacemos no está bien y si nos descubren...

—¡No nos descubrirán!—exclamó con una súplica desesperada.

—Terry... si quieres compartir conmigo y ser mi amigo, no tenemos que encontrarnos aquí, podemos hacerlo en el patio... en la colina...

—Aquí es especial.

—Terry, no insistas, aquí es peligroso, ya viste que casi nos descubren...

—Pero seremos más cuidadosos...

—¡Terry, no!—le dijo con firmeza.

Terry se fue, con la cara llameando de rabia, furioso. Ella se sentó para serenarse y el desayuno le llegó minutos después.

...

Se presentó a las clases de la tarde, luego del almuerzo, ya más relajada, Patty la miraba con muchas interrogantes. Entre Eliza, Luisa y Annie había un cuchicheo que la rubia decidió pasar por alto.

—Buenas tardes, hermana Gray.—repitieron todas a coro cuando la rectora entró.

—Buenas tardes, señoritas, me complace anunciarles que estamos próximos a celebrar el festival de mayo...

—¡El festival de mayo!—comenzaron a exclamar todas a la vez.

—Ejem...—la monja carraspeó.

—Silencio, señoritas, dejen que la hermana Gray continúe.—las calmó la hermana Margaret

—Tradicionalmente, elegimos a una alumna que haya nacido en el mes de mayo para que represente a la primavera. La elegida es Anna Britter. Tienen dos meses para prepararse para el evento y conseguir a su compañero de baile.

Annie no cabía de emoción. Por primera vez, era elegida en algo, ella y no Candy. Se sintió especial, Candy la miró de reojo y le sonrió, ella le devolvió la sonrisa disimuladamente.

...

—Patty, ya deja de actuar así, cualquiera diría que fue a ti a quien sorprendieron...—estaban en el receso.

—Candy, debes tener cuidado... lo que estás haciendo, juntándote con el chico Grandchester... no puedo creer que tú y él hayan...

—¡Por Dios! No pasó nada. Él llegó a mi habitación, borracho como siempre y... se quedó dormido, eso fue todo...

—Bueno, tú sólo cúidate y... creo que deberías dejar de verlo, ese chico es problemático...

—Sólo necesita amigos, Patty, si lo conocieras...

—¡No quiero conocerlo! ¿Has visto cómo me amenazó? Pensé que iba a dislocar los hombros...

—¿De qué hablan, chicas?—al llegar los Cornwell, en especial Stear, la boca de Patty se silenció.

—Sí, ¿quién te amenazó, Patty?—preguntó Stear preocupado.

—Eh...—Patty miró a Candy y esta con un gesto le suplicó que no dijera nada.

—Nadie, sólo hablábamos de otra cosa... nada importante, ¿verdad, Patty?

—¡Qué bien!—Archie sonreía.

Al poco rato, las chicas lo siguieron. Eran un grupo inquieto, por lo que pronto iniciaron un juego para divertirse.

—Hay que asegurarse de que no vea nada.—dijo Candy.

—No será muy difícil, ya vino cegatón de nacimiento.—dijo Archie apretando la venda sobre los ojos de Stear.

—Aún ciego, te encontraría fácilmente por la colonia asfixiante que usas.

—Jajajajaja. Basta, chicos. Una, dos, tres...— Candy hizo que Stear diera varias vueltas para desorientarlo.

—¡Atrápanos!—Gritó la rubia y comenzó a correr.

De lejos Annie los observaba, desatendiendo el aburrido e impertinente monólogo de Eliza. Recordó la época del Hogar de Pony, cuando jugaban así, felices y libremente, sin pretensiones, sin preocupaciones.

—¡Te atrapé!—dijo Stear triunfante al topar a Candy.

—Se te está yendo la mano, Stear, le has vendado hasta la boca.

—¡Iré por ustedes!

Candy corría tras ellos, riendo, sin complejos, con toda su naturalidad, se escuchaban las risas gloriosas de todos.

—Yuju, Candy, aquí...—dijo Stear con una danza burlona para desviarse cuando Candy estuviera cerca.

—¡Te atrap... oh!—Candy tropezó con una rama y se cayó.

—¡Candy! ¿Estás bien?—Archie la ayudaba a incorporarse.

—Estoy bien. ¡Te tengo!—le dijo a Archie agarrándolo y quitándose la venda.

—¿Qué? ¡Eso es trampa!—protestó.

—Tu turno, hermanito...—Stear giró el pañuelo en sus manos mientras sonreía con cierta malicia, resignado, Archie se dejó vendar.

Fue muy divertido y agradable el recreo, se la pasaron increíble. Candy aprovechó el descuido para ir a la colina a encontrarse con Terry. Archie no dijo nada, se limitó a sufrir en silencio y luego se alejó también, no quiso estar en medio de los enamorados Patty y Stear.

—¿Ya te aburriste de tus amiguitos y te acordaste de mí?—Terry la sorprendió bajando del árbol abruptamente.

—La pasamos increíble, deberías unirte alguna vez...

—¡No me digas! Yo no tengo nada que hacer allí entre ustedes.—dijo con amargura, exhalando el humo de su cigarrillo.

—Por eso desistí de la idea de invitarte.

—Sí, claro. ¿Y cómo estuvo el suelo?

—¿Eh?

—Te vi probar el suelo cuando te caíste con el pañuelo, ¿a qué te supo la tierra?—se burló.

—¡Grrrr! Al menos fue divertido.

—Seguramente, verte caer ha de ser divertidísimo...

—¡No lo decía por eso! Y además, ¿qué te he dicho de fumar?

—Sí, ya lo sé, que me hace daño y tal, me tienes harto con eso, sabes.

—Tú me tienes harta apareciéndote borracho en mi habitación, me tienes harta de estarme exhalando el apestoso humo en la cara, en fin, ¡me tienes harta!

— ¡Ah! Te he hartado, ¿y por qué no te vas?—le ladró con rabia y dando una fuerte jalada a su cigarrillo.

—Pensé que te inresaba mi amistad, pero viéndote, me lo he pensado mejor... no quiero ser amiga de un odioso, pedante, borracho y fumador...

—¡Eso no fue lo que pensaste anoche!—la tomó del brazo con aspereza luego de tirar su cigarrillo y pisotearlo.

—¡Anoche! ¡Olvida lo que pasó anoche! No sucederá más.

Terry la tenía tan cerca, Candy era como un desafío. La veía tan hermosa, tan inocente, pero tan bravucona, los labios rojos, moría por besarla. Se fijó en las mejillas rosadas, ligeramente llenitas y con algunas pecas, quiso pellizcárselas suavemente, pero sin duda, lo que más quería era besarla. No entendía cuál era el capricho o la necesidad que tenía por ella. Podía buscar cualquier otra chica y calmar sus ansias carnales, pero él quería besar a Candy, quería sus caricias, daría lo que fuera porque ella lo abrazara otra vez y por esa vez él no arruinaría el momento excitándose y asustándola.

—Terry, de verdad no vine a pelear...

—¿Y a qué?

—A hacerte compañía, a ser tu amiga, pero de verdad es difícil ignorar el hecho de que bebes y fumas, eso es muy desagradable para mí...

—Pues así es como soy, lo tomas o lo dejas.

—Vale.—se volteó para irse.

—¡Está bien! No beberé, no me emborracharé más, pero... no voy a dejar los cigarrillos, ¡eso no!—al menos era algo, pensó Candy.

—Está bien por ahora, pero tendrás que trabajar en ello, no me gusta que fumes, te da un aliento horrible y además se te pondrán los dientes amarillos...

—¿Ahh con que te interesas por mi aliento y mis dientes?

—¡Claro! No me gusta que me mareen con el tufo y además, sería una lástima que una sonrisa tan bella se vea opacada por unos dientes amarillos.

En ese momento él sonrió y ella pasó su suave mano por la curva de esa sonrisa, admirando sus dientes blancos y derechos pese al vicio de la nicotina.

Sin perder esa sonrisa bellísisma y pura, besó su mano, sintiendo una alegría inmensa, sintiéndose amado en alguna manera, especial porque ella no había rehuído de su tierna caricia, se quedó inhalando la dulce esencia que tenía su mano.

—Terry...

—¿Sí?

—¿Cuántos cigarrillos te quedan?

—¿Por qué?—se puso a la defensiva.

—Sólo dime, no pasa nada.

—No me queda ninguno.—mintió comprobando la cajetilla que se había sacado del bolsillo.

—¿Ninguno? ¡Qué lastima!

—¿Por qué es una lástima? ¿No se supone que te alegres de que...?

—Es una lástima porque pensaba cambiártelos por besos, pero ya que no te queda ninguno...

Los ojos de Terry querían salirse de sus cuencas. Pensó haber escuchado mal. Ella iba a cambiarle los cigarros por... ¡besos!

—¡Me queda uno!—confesó sacándolo de la cajetilla.

—Lo siento. Perdiste la oportunidad por haberme mentido en primer lugar.

—¡Eso no es justo!—se enfadó.

—No tiene nada de injusto, si quieres ser mi amigo, al menos debes ser honesto.

Terry tomó el cigarrillo y lo desintegró, esparciendo los diminutos restos en el aire.

—He sacrificado mi último cigarro, ¿me darás el beso?

Continuará...


¡Hola! Disculpen la tardanza, espero que les haya gustado y aún deseen leer. Mi tiempo se ha visto afectado, mis hijos comenzaron la escuela, yo empecé la uni y me tocaron las materias que se me dificultan, además estamos en sequía, por lo cual nos han racionado el agua por periodos de 48 horas y eso hace que pasemos más trabajo al tener utilizarla almacenada y ni hablar del día en que llega, ese día lo aprovechamos para hacer todo lo que tenga que ver con agua, ya saben, limpiar, lavar ropa, volver a almacenar y termino muerta de cansancio, no había vivido algo así en los 20 años que llevo aquí y pues adaptarnos nos está costando.

Por otro lado, también tengo unas situaciones personales que afectan los periodos de publicación, pero aún cuando no lo haga con la fluidez de antes, no abandonaré la historia y por el contrario, tengo en mente otras próximas.

Gracias a todas las preciosuras que comentaron, las que se han vuelto a pasar para preguntar por qué no he vuelto, en fin, gracias a todas a ustedes y sus palabras es que he recuperado algo de ánimo y estoy aquí.


Nota: No pretendo aburrirlas con la época del colegio, lo que pretendo es tomarme mi tiempo en la manera en que los sentimientos de Candy y Terry se fueron formando y más adelante materializando y queda mucho, este fic no sera muy corto como los anteriores.

Me despido, las quiero,

Wendy