CAPITULO 11: AMENAZAS, PLANES YEXPLICACIONES
Antes que nada ¡Hola! si sigo viva n.n por fin me dí mi tiempo para subir este cap, quiza suba el otro el lunes para celebrar el trailer nuevo de HP 7 parte 1 y creo que 2 jejeje
BUeno los dejo leyendo y recuerden dejen siquiera un review please, acepto un "me gustó" "sigue adelante" o "esta bien" solo pido eso XD
bye
Capítulo anterior….
-Bueno, no quiero interrumpir este momento de reencuentro pero; tenemos que empezar los trámites – interrumpió Moony tomando asiento en su escritorio; sintiéndose un poco incomoda – por favor tomen asiento.
Lily sin separarse de su "mami", tomó asiento con Marietta. Harry solamente sonreía nostálgico.
-Firme aquí y aquí – le solicitó Moony a Harry pasándole dos hojas; que cedía la adopción a su madre biológica sin más.
-Y usted señora, aquí y aquí también. Se pueden quedar con una.
-Moony, aquí esta Amaya lista – dijo Sunny presentándose espontáneamente con Amaya a su lado con sus pertenencias, que al parecer no eran muchas, en una sola maleta.
Harry en cuanto la vio, se paró de su asiento reconociendo quien era la niña; aunque la primera vez lo haya hecho de lejos.
-¿Amaya? – pronunció Lily curiosamente separándose de Marietta - ¿Qué haces aquí?
-Ella es…mi hija – respondió por ella Harry dejando escapar una sonrisa.
Lily indignada y sentida, mirando entre una Amaya incomoda y un Harry embobado le gritó a este último:
-¡Eres un mentiroso! ¡Te odio! – salió corriendo de la dirección siendo perseguida por Harry y Marietta tomando las cosas de Lily rápidamente.
-¡Lily! – exclamó persiguiéndola preocupado - ¡Lily espera, no entiendes, es un mal entendido! – le dijo deteniéndola por un bracito.
-¡Suéltame! - le pidió a su padre llorando
-Ratita te lo puedo explicar pero, no es lo que tú piensas hija – le dijo preocupado arrodillándose a su altura.
-¡No soy tu hija! – le gritó dolorosamente a Harry en su cara para después ir a acurrucarse a los brazos de su madre - ¿nos podemos ir ya? – le pidió a Marietta todavía llorando e hipando.
-Sí, claro- le respondió un poco conmovida e incómoda por todo lo que estaba pasando por culpa de su "amiga" – espérame en la puerta ¿sí? En un momento estoy contigo.
-Está bien – contestó tomando sus cosas y sorbiendo sus moquitos para pasar a un lado de un Harry todavía arrodillado con dolor por lo que le grito su hija. Lo miró, se limpió las lágrimas y agachando la cabecita pelirroja fue hacia la puerta.
-Señor Potter, no se preocupe por Lily yo hablaré con ella. Todo se va arreglar – le murmuró Marietta a Harry queriéndole dar lo antes dicho una doble intención.
-Gracias, le estaría muy agradecido – dijo Harry levantándose con un nudo en el pecho.
-Valla a casa con Amaya y hágala sentir querida y en casa – le recomendó tomándolo del hombro como una señal de apoyo.
-Sí, es lo que debo hacer gracias. Y cuide mucho a… Lily. – dijo esto último con pesar mirando por donde se fue la niña.
-Lo haré, lo prometo. Espero que vaya a visitarla, seguro querrá verlo cuando le explique lo de hoy. Mire esta es mi dirección –le dijo dándole la misma tarjeta que le había dado al rubio desconocido.
-Gracias- agradeció dándole una sonrisa de tristeza.
-Entonces nos vemos pronto – se despidió Marietta dándole la mano a Harry.
-Hasta pronto –correspondió Harry viendo como se alejaba con una personita que había criado durante seis largos años. Y ahora tenía que empezar de nuevo con Amaya pero tendría la ayuda de una mujer que se llamaba Gabrielle.
Cuando regreso al despacho de la directora para recoger a Amaya, la encontró llorando siendo consolada por Sunny.
-No te preocupes, ya no llores – la consolaba Sunny nerviosa, ya que Moony ya la tragaba con los ojos del enojo.
-Disculpe este desastre, señor Potter. Esto no debía haber pasado – se disculpó enseguida Moony al verlo entrar.
-No se preocupe, tarde o temprano tendría que enterarse – le respondió Harry mirando donde se encontraba su hija – Disculpe – dijo después acercándose a la desconsolada Amaya.
-¿Por qué lloras, hija?– le preguntó cariñosamente abrazándola - Lo que sucedió no es tu culpa.
-Es que yo no quiero quitarle a nadie a su padre – respondió llorando en el hombro de Harry.
-Y no lo estás haciendo. Ella tenía que regresar con su madre – le comentó separándola de él un momento para limpiarle sus lagrimas - y tú no debes estar aquí, porque tienes a un padre que te puede cuidar.
Al ver que Amaya no entendía nada, mejor decidió decírselo directamente como es.
-Amaya, hija. Yo soy tu papá. No un padre adoptivo como los que vienen aquí, sino tu papá verdadero.
-¿Enserio? – exclamó mirando hacia la directora nuevamente con los ojos llorosos.
-Claro que si – dijo Harry quitándole las palabras en la boca a la directora.
-¡No puedo creerlo! – exclamó abrazando a su padre alegremente - ¡si tengo un papá!
Pero como toda niña curiosa a su edad, necesitaba que le dijeran la verdad en ese momento.
-¿Por qué nunca viniste por mi? – pregunto Amaya de repente cortando brutamente la felicidad del ambiente.
-Porque…no sabía que estabas justamente en frente de mí, hasta que me lo contó la directora – le explicó
Y como toda niña a su edad, se conformaba con cualquier palabra que le dijeran y la hiciera feliz.
-Bueno, ¿estás lista para ir a casa?
-¡Sí, súper lista! – respondió haciendo reír a los presentes.
Mientras en la tranquila casa de Godric's Hollow, Gabrielle estaba desesperada por conocer a su hija ¿Cómo era? ¿A quién se parecía? Quería saber todo de ella, porque lo único que quería recuperar de su vida pasada era su hija y Harry. No es que quiera ser egoísta en no querer recuperar también a sus padres y hermanos, sino que ella solo quería vivir sin problemas y rehacer su vida sin errores con Harry y su hija que pronto llegaría. Sus padres y hermanos estaban mejor sin Ginny. Pero la felicidad y pensamiento se cortó con la llegada de una visita inesperada…
-Hola, ¿se encuentra Harry en casa? – preguntó Cho "amablemente".
-No, no se encuentra en estos momentos ¿se le ofrece algo? – le contestó igualmente de amable pero en su interior estaba un poco incomoda por su presencia. Ella era la culpable de que se separa de Harry por casi seis años.
-Qué bueno que lo preguntas- dijo Cho entrando a la casa, hasta la sala de estar, como si fuera su casa y Gabrielle la sirvienta.
-Disculpa no puedes pasar así… - le pidió pisándole los talones.
-Quiero pedirte un favor – le dijo ignorando lo antes dicho por ella– quiero que te alejes de Harry lo más rápido posible. Entre más pronto te alejes menos daño te haré.
-¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Quién eres? – le cuestionó Gabrielle sin entender muy las palabras "aléjate de Harry".
-No te hagas la mosquita muerta, bien sabes quién soy… y quien eres. Ginny Weasley – le respondió burlescamente
-De verdad no sé de qué estás hablando- dijo Gaby, huyendo de la verdad.
-¿A no? Pues más vale que sepas. Tu amigo Jean-Luc hizo un trato con migo para poder alejarte de Harry y yo quedarme con él pero, creo que no ha dado contigo. Así que vine personalmente advertirte, porque mi paciencia se está agotando, que si no estás en un mes fuera de esta casa sufrirás mucho peor de lo que has sufrido hasta ahorita ¿entendiste…comadreja? – le advirtió amenazadoramente cada vez acercándose a ella.
Sin dejarla responder, se fue hacia la salida dejando a la chica un poco choqueada pero, algo que escucho la detuvo a la mitad del camino.
-No te tengo miedo – habló Gabrielle, todavía choqueada pero, decididamente sin moverse de su lugar.
-¿Qué es lo que dijiste? – inquirió Cho retrocediendo su camino hasta poder ver a la chica morena.
-Que… no…no te tengo miedo – tartamudeó Gabrielle con los puños cerrados con fuerza.
-jajajajajaja hay comadreja, no sabes lo que dices – se burló Cho.
-Cho ¿Qué haces aquí? – se escuchó una voz que asustó a las dos.
-¡Harry, querido! Qué bueno que llegas. – exclamó Cho en cuanto lo vio entrando a la casa -¿Y quién es esta niña tan hermosa? Se parece tanto a ti. ¿Ya la cambiaste por la otra mocosa?
-Cho por favor ¿te puede retirar? – le dijo raramente calmado –No sé quién te dejó entrar pero, quiero que sepas que ya no eres bienvenida aquí.
-Eso díselo a tu criada, ella fue la que me dejó pasar – le respondió rápidamente acusando a Gaby que estaba justamente detrás de ella.
-Gabrielle no es mi criada. Y más vale que te vayas porque me estas colmando la paciencia y no quiero gritarte delante de mi hija.
-Ok, me retiro – decidió Cho caminando hacia Harry para despedirse- Y felicidades por tu hija, que bueno que la hayas encontrado. Ya no soportaba a la pelos de mona.
-Cho… por favor.
-Está bien – contestó rodando los ojos fastidiosamente- ¡au revoir! ¡bonne journée! – se despidió contenta y satisfecha con lo que hizo.
-Disculpa Harry, no volverá a pasar – se disculpó apenada.
-No te preocupes, ¿te hizo o dijo algo hiriente? –le preguntó preocupándose por ella.
-No para nada, llegaste a tiempo- le contestó desanimada pero cuidando en que no se fijara mucho Harry.
-Bueno, pongámonos contentos. Te quiero presentar a Amaya. ¡More acércate te quiero presentar a alguien! – le llamó a la chiquilla que andaba curioseando por ahí después de que se fuera Cruela De Vil.
Cuando miró a la niña detenidamente estuvo de acuerdo con Cho en que se parecían mucho Harry y la niña. Era muy hermosa y qué decir de sus ojos, iguales a los de Harry, no había comparación alguna.
-Amaya, ella es Gabrielle. Te va a cuidar cuando valla a trabajar o salga fuera – la presentó Harry.
-Hola – saludó a la niña.
-Hola – correspondió arrodillándose a su altura para poder acariciar su rostro pequeño –eres… muy hermosa.
-Gracias – contestó la pequeña sonrojada.
Todo esto Harry lo vio muy extraño pero, no le tomó importancia. Ella era muy dulce con los niños. ¿Cómo lo sabía? Por Lily.
-Papá ¿cuándo voy a conocer a mi mamá? – preguntó curiosamente Amaya.
Esa pregunta les dejó sin habla a los dos en ese momento. No esperaban esa pregunta hasta mucho después pero, al parecer ansiaba a conocer a todos los miembros de la familia empezando por su madre. Y era normal, todos los niños huérfanos ansían ese momento: conocer quiénes serán sus padres para toda la vida.
Harry pensando en porque Dios y Merlín les mandaba niñas preguntonas contestó seriamente:
-Tu madre… tu mami – empezó Harry, arrodillándose también a su altura, sin saber cómo seguir y decirle que su madre la había abandonado. Pero no tuvo que decirlo porque Gabrielle le ayudó con una idea mejor y menos dolorosa.
-Tu mami murió cuando naciste – le "confeso" Gaby tristemente, por haberse dado cuello ella misma. Desgraciadamente tuvo que ayudar a Harry para que la niña no odiara a su madre, porque de seguro Harry le diría la verdad que él sabía.
-¿y dónde estabas cuando nací?- le preguntó a Harry casi reclamándole.
-Yo…andaba trabajando fuera. No sabía que tu madre estaba embarazada de ti y cuando lo supe, te busque por todas partes hasta que sorpresivamente te encontré- inventó rápidamente Harry siendo una parte de la historia cierta.
-Te habías equivocado de niña ¿cierto? – le mencionó refiriéndose a Lily.
-jejeje si. Tu mami era pelirroja – dijo nostálgico
-¿Y la querías mucho?
-Sí, muchísimo – confesó Harry sonriente delante de Gaby. ¿Eso era un indicio de que la seguía queriendo a pesar de las circunstancias?
-¿Y la sigues queriendo? – volvió a formular la pregunta con una pequeña trampa.
-…humm…Si – contestó dudativo pero, para Amaya era un "Sí, claro que sí".
-¡Lo sabía! ¡Harry no perdona fácilmente aunque esté "muerta"! – pensó Gaby.
-Bueno, basta de las preguntas retóricas, señorita preguntona. ¿Quieres conocer tu cuarto?- dijo Gabrielle levantándose y tomándola de la mano.
-¡Sí! Y no soy preguntona, estoy en pleno desarrollo y debo de saber muchas cosas – respondió sabionda
-Ok vamos – dijo acompañándola hacia el segundo piso pero, antes volteo hacia con Harry que le daba las "Gracias" sin salir ningún sonido de su boca.
Se habían encontrado con mucho tráfico en el camino hacía el condado de Kent. Al no tener un coche, se transportaron en un taxi londinense. Lily en todo el camino no había hablado, ya que seguía un poco sentida con su… con Harry.
-¿Falta mucho para llegar?- preguntó de repente Lily a Marietta.
-No cariño, ya estamos cercas – le contestó cariñosamente.
El taxi al poco rato se estaciono en una hermosa casa azul con su pequeño jardín muy bien cuidado.
-¿Te gusta la casa? – preguntó Marietta.
-Sí, me gusta mucho el jardín es muy bonito – respondió sin ninguna emoción definida en su rostro, observando el dichoso jardín.
-Bueno, entremos. De seguro te gustará mucho más tu cuarto – mencionó Marietta abriendo la cerradura de la puerta.
Por fuera de la casa parecía ser una casa chica de dos pisos, pero por dentro era todo lo contrario; era enorme en cada cuarto: la cocina, el comedor, la sala de estar. Pero Lily no le impresionaba tanto todo eso, porque en la casa de Harry era algo similar.
-¿Qué te parece ahora?
-Está bien… me gusta – respondió Lily, observado desde el centro de la casa cada rincón de ella.
-¿No quieres conocer tu cuarto?- le preguntó Marietta, queriendo que se sintiera a gusto con ella, ya que no sabía por cuánto tiempo iba a estar en su casa. Antes de ir por ella al orfanato, arregló el cuarto de huéspedes para Lily.
-Sí, está bien.
Subieron al segundo piso y al llegar al rellano del piso superior, caminaron hacia la puerta del fondo.
Al abrirle la puerta a Lily, quedó ahora impresionada. El cuarto era espacioso, las paredes estaban pintadas de un color rosa pastel con figuras de pequeñas estrellas; tenía un baúl y un sillón llena de muñecos, su cama era el tamaño ideal para ella y a lado tenía su ropero de madera fina y un pequeño tocador; pero lo que más le llamó la atención fue un piano blanco adornado con un enorme moño rosa.
-Es… ¿un piano?-pronunció Lily, dejándose ver por fin una pequeña sonrisa.
-Así es, ¿te gusta?- dijo Marietta sintiéndose feliz y en paz consigo misma, porque había conseguido hacer sonreír a Lily.
-¡Sí, es muy hermosa! – exclamó Lily emocionada, corriendo hacia el piano para sentarse en su banquito y solo tocar las teclas por la superficie.
Ahora que estaba un poco animada la pequeña, era el momento perfecto para hablar con ella sobre el comportamiento que tuvo hacia con el pobre de Harry.
-Cariño…-empezó a decir Marietta acercándose a Lily cautelosamente – lo que le dijiste a tu papá no fue correcto.
-El no es mi papá – respondió monótonamente cambiando nuevamente su humor.
-Bueno…no pero, no estuvo bien. Heriste su corazón – le dijo, tratando de convencerla de que fue un error lo que hizo.
-Él me mintió, me cambió por otra niña – alegó Lily.
-No es lo que tú piensas, corazón. Amaya, en realidad, es su hija de sangre – explicó
-Nunca me dijo que tenía una hija perdida –razonó Lily, dándose cuenta de la verdadera razón del "cambio de niñas" en el orfanato.
-Debe de haber tenido una razón para no habértelo dicho. A veces, los padres guardados secretos a nuestros hijos para no herirlos con algo que les pudiera afectar mucho – le explicó cariñosamente, mientras acariciaba su largo cabello rojo.
-¿Por eso me adoptó? ¿Por qué no encontraba a su hija? – cuestiono Lily un poco impresionada.
-Así es. Y ahora, a ella le toca ser feliz ¿no lo crees?
-Sí, y me siento horrible sobre lo que le dije a…mi…
-A tu papá, cariño – le ayudó a terminar – él siempre va ha ser tu papá; a pesar de que no seas su hija, te cuidó cuando yo no estaba presente.
-¿Va a venir a visitarme? – preguntó apenada.
-Claro, cariño. Yo le dejé la dirección de la casa para que pudiera venir a verte. Pero no te desesperes porque no llegue pronto, hay que darle un espacio para que conviva con Amaya todo el tiempo en que le hizo falta. ¿Está bien?
-Sí – respondió un poco más contenta.
-Va estar muy contento tu papi, cuando le diga que puede venir a verte – comentó Marietta.
-¿Puedo preguntarte algo? – preguntó Lily curiosa, dejando el asunto de su papi zanjado.
-Claro ¿De qué se trata? – respondió, poniéndose nerviosa.
-¿Por qué me abandonaste en ese orfanato?- arrojó la pregunta, mirándola a los ojos para saber su respuesta.
-Hummm…jejejeje… cariño… yo – trató de comenzar Marietta, casi sudando en frío y tratando de maquinar rápidamente una respuesta/mentira – lo que pasó fue que…tu padre y yo, no teníamos dinero para mantenerte y pues…te dejamos en el orfanato para que te atendieran como debe de ser. Eras muy pequeña para sufrir y morir de hambre.
-¿Y por qué no fue por mi hoy?
-Tuvo que ir al trabajo pero, muy pronto estará en casa. No te preocupes – inventó Marietta, ya que, "su padre" no quería a Lily en esa casa.
Ahora solo faltaría, que su marido echara todo a perder la gran mentira en que estaba viviendo la pequeña, la familia Weasley y Harry Potter, el protagonista del todo el dichoso plan de Cho.
Estaba tan concentrada en sus preocupaciones, que no se había dado cuenta del desesperante sonido del timbre de la puerta.
-Ahorita regreso, cariño. Voy a atender la puerta – le dijo Marietta, incorporándose para ver, quien era el desesperado que quería descomponer el timbre.
-Está bien- contestó Lily, regresando a tocar su enorme regalo.
Al momento de abrir la puerta, donde llamaban, entró como toro enjaulado Cho Chang.
-¿Cho, que haces aquí? – murmuró Marietta, mirando las escaleras por si la niña se asomaba – Lily está allá arriba. Es mejor que te retires.
-No. Solo vengo para decirte que, no dejes que la mocosa vea a Harry ¿me escuchaste? – le advirtió, bajando el tono de voz.
-¿No es suficiente separarla de su padre?- inquirió acercándose a ella.
-Solo-has-lo-que-te-pido
-No puedo, ya le prometí que lo vería.
-Pues inventa un pretexto ¿yo que se? Quiero a esa mocosa fue de nuestras vidas.
-No lo voy a hacer – dijo seriamente Marietta.
-Si no lo haces, ya sabes que te puede ir mal; bien lo sabes.
-Pues no te tengo miedo- la retó con una mirada de seguridad.
-¡¿Qué les pasa ahora todos que no me tienen miedo? – gritó desesperada Cho.
-Vete, Cho. Ta no seré más tu títere – confesó Marietta, abriendo la puerta de salida – Hice caso de tu plan en quitarle la niña a Harry para que no le pudieras hacerle daño.
-Muy bien. Jajajaja - aplaudió Cho, sin moverse de su sitio– te felicitó por tu actuación pero… no te va a durar mucho.
- Yo creo que sí. Le diré todo a Harry.
-Jajajaja eres igual de culpable que yo, querida – dijo burlándose de ella.
-Lo sé ¿y a quién crees que le creerá más?- le dijo Marietta dejándola muda.
-Lo pagaras muy caro…amiga – la amenazó, tomándola de la cara para después salir de la casa desapareciendo.
No lo podía creer Marietta, había enfrentado a su "amiga" actuando serenamente. Esperaba que Lily, no haya escuchado nada; sino, habría problemas.
Subió las escaleras apresuradamente pero, se detuvo al oír que alguien cerraba la puerta nuevamente. Afortunadamente, no era Cho.
-¿Qué hacía Cho en la casa? – le preguntó Iriw, desde el inicio de las escaleras.
-Nada. Solo vino a molestarme, como siempre – contestó bajando lentamente las escaleras hasta llegar con su esposo.
-Ok – murmuró antes de moverse.
-Ya no va a molestarme…a molestarnos – mencionó Marietta, haciendo que se detuviera por completo Iriw.
-Enhorabuena – la felicitó, dejando ver la primera sonrisa para ella, desde su pequeña riña sobre la susodicha.
-¿Qué crees? Ya está aquí Lily – comentó, acercándose poco a poco a su marido sonriente.
-¿Quién?-preguntó sin entender, al tener a su esposa muy cerca de él.
-La hija de Harry, amor.
Error. Solo con decir "hija de Harry" acabó el encanto del momento feliz. Adiós sonrisa y abrazo. Se alejó rápidamente de ella como si apestara
-Amor ¿Qué pasa?
-No quiero a esa niña aquí –gruño Iriw.
-No te preocupes, solo se quedará algunos días mientras resuelvo todo. ¿Sí? – le rogó Marietta casi de rodillas – se amable con ella, por favor.
Parecía que no iba a ceder a su petición, pero la sorprendió al ver el asentimiento de su cabeza.
-Está bien –dijo rindiéndose, por querer y amar tanto a su esposa. El sabía que no era una mala persona. ¿Por qué no dejarla enmendar sus errores?
-¡Gracias, amor! ¡Por eso te amo! – vociferó arrojándose a sus brazos.
Ahora solo quedaría planear, como le diría a Harry sobre lo que ocurrió hace seis años con su esposa e hija.
Mientras tanto; en el cuarto de arriba, se oía una melodía que al escucharla parecía una persona que tocaba con experiencia, pero solo era una niña que tenía en su corazón un remolino de sentimientos…
Ha nacido un sol,
A partir de hoy,
Que ilumina mi alma.
Eres tú mi tierno amor,
Que abre la esperanza en mí,
Siento tu fragilidad mi amor,
Algo que no se entender.
Como enseñarte yo,
A cuidar tu corazón,
A buscar lo que es mejor mi amor.
Mi ángel de amor.
Al cantar esa canción, dejó estallar todos sus sentimientos que estaban alojados en ese remolino; sin darse cuenta, todo objeto a su alrededor volaba como si estuviera encantado por magia.
-¡¿Lily?- exclamó Marietta impresionada, entrando a la habitación y mirando los objetos volando.
Desde la llegada de Amaya a Godric's Hollow, Harry se había encerrado en su despacho sin salir a cenar siquiera. Mientras ella entretenía a la niña para que no sintiera el "rechazo" de su padre pero, no duro mucho en preguntar por él; así que dándose por vencida y con intenciones de reprenderlo por su comportamiento hacia su hija, fue directamente al despacho.
-Toc Toc, ¿Harry? – llamó desde afuera.
-Pasa – contestó Harry, antes de que abriera la puerta.
-¡Harry! ¿qué has…- empezó reprenderlo, pero al ver su rostro se le fueron las ganas- estado haciendo? ¿Qué pasa?
-No se me quita de la cabeza lo que me dijo Lily – respondió monótonamente, sentado y recargado en su silla mirando a un punto fijo.
-¿Qué fue lo que te dijo? – preguntó extrañada, cerrando la puerta.
-Que me odia por mentiroso. Hubo un mal entendido, Lily se enteró sobre Amaya y ella pensó que la estaba cambiando por otra niña y… traté de detenerla y explicarle pero…me destrozó por completo cuando me dijo que…ella no era mi hija – contó Harry, esto último dejando escapar una lagrima rebelde.
-Harry…no sé cómo decirlo pero, mientras tú estas aquí sufriendo por una niña que la está cuidando su familia, Amaya está pidiendo tu atención casi a gritos. Ella es tu hija, no Lily – trató de que tomara conciencia duramente sobre lo que estaba haciendo.
-Pero Lily también fue mi hija, no puedo estar así con ella – alegó Harry, golpeando el escritorio con su puño.
-Pues arréglalo, porque si sigues así, también perderás a Amaya por tu indiferencia hacia con ella – le dijo seriamente – creo que estaba mejor en el orfanato sin saber nada de ti- comentó esto último fríamente, saliendo del despacho y dejando a Harry muy pensativo.
Gabrielle sabía que se comportó con él duramente, pero era la única manera en que podía reaccionar y hacer algo. Lo de Lily podía haber solución; hablaría con ella personalmente, solo tendría que saber la dirección donde vive actualmente.
-Tiene razón Gaby, Lily tiene una familia ahora y Amaya necesita más mi total atención… ¡qué mal padre soy! Lo mejor será, esperar un poco para que la madre de Lily converse con ella y la haga entrar en razón sobre el asunto del "intercambio"; sabiendo como es Lily de testaruda, esperaré mientras paso tiempo con mi hija – pensó Harry, entrando un poco de razón.
Después que tuvo esa conversación con él mismo y con un poco de ayuda de Gaby, fue a visitar a su hija Amaya a su cuarto.
Con la exclamación y entrada de Marietta a su cuarto; pegó un brinco de susto, provocando la caída de todos los objetos flotantes a su alrededor.
-Lily ¿estabas haciendo…magia? – preguntó cuidadosamente Marietta, cerrando la puerta lentamente y sin quitarle los ojos de encima a Lily.
-No…yo…no, yo no fui – contestó nerviosa, mirando todos los objetos en el suelo.
-Yo sé lo que vi. Estabas haciendo magia – aseguró Marietta, acercándose a ella - ¿desde cuándo lo haces?
-Desde hace un tiempo, no sé cuando – dijo bajando la mirada, sintiéndose culpable de ese "don" malo que tenía.
-Lo dices como si fuera una cosa mala – le dijo Marietta, sentándose a un lado de ella y levantando su barbilla para que la mirara a los ojos.
-Es que, lo es. He hecho cosas malas y no puedo controlarlo – confesó Lily, reteniendo sus lagrimas.
-No, amor. No es malo hacer magia, es un don con el cual naciste; además para controlarlo te tomará tiempo, es normal – le explicó cariñosamente, dándole un beso en la coronilla.
Marietta desde el momento en que había adoptado a Lily, se sentía diferente. Nunca había podido sacar su lado materno con nadie hasta ahora. Si arreglaba todo ese asunto, sobre la pequeña pelirroja, inmediatamente hablaría con su esposo y arreglarían otra adopción legal y verdadera; esto de ser madre en verdad le estaba gustando. No podía haber pensado en querer a un niño que no fuera suyo y de sus entrañas.
-¿Tú como sabes?- inquirió extrañada de que conociera el tema de la magia.
-¿No es obvio? Yo también soy bruja – le confesó a Lily, dejándola perpleja.
-¡¿Enserio? – exclamó la pequeña, todavía sorprendida abriendo demasiado los ojos. - ¿entonces no es malo? – concluyo ella misma.
-Nop, claro que no. No entre nosotros los magos.
-¿Hay más de nosotros?
-Una comunidad entera – argumentó Marietta, haciendo la mímica de una bola gigante.
-Mi papá Harry es mago – soltó sin más la pelirroja, dejando ahora perpleja a Marietta.
-Oh ¿el te lo dijo? – preguntó, como si no hubiera conocido a Harry en su vida.
-No, pero lo vi hacer magia – contó simplemente – voy a tener que hablar muy seriamente con el – comentó cruzándose de brazos y haciendo un gesto de enojo fingido; se veía muy graciosa.
-¿Por qué? –preguntó riéndose de los gestos de Lily.
-Porque me regaño por no poder controlar mi magia con una compañera, que sin querer la dejé en el asta de la bandera –le contó Lily "enfurruñada"
-De seguro no le contaste que fue magia accidental ¿cierto? – la acusó señalándola.
-Puede ser – dijo escapándosele una sonrisa traviesa.
-Bueno señorita traviesa ¿quieres conocer a tu papá? – le preguntó ofreciéndole su mano.
-¡Sí! – exclamó ilusionada. Por fin conocería a su padre bilógia.
-More ¿puedo pasar? – se excuso Harry, entrando al cuarto un poco apenado.
No había podido pasar tiempo con ella por estar pensando en Lily, pero ahora iban a cambiar las cosas; lo más importante era ella ahora, su Morena. Cuando la vio por primera vez, se le había ocurrido ese apodo de cariño para ella, ya que era morena de cabellera como él.
-Claro, papi – contestó alegre, como si nada pasara.
-¿Qué es lo que estás haciendo?- preguntó curioso, sentándose a un lado de ella en la cama.
-Estaba leyendo una historia – dijo mostrándole el gran libro que tenía en sus manos.
-Te gusta leer mucho ¿eh?
-Sí, me encanta. Así aprendí a leer.
-¿Sabes? Me recuerdas a mi amiga Hermione, que es tu tía – comentó recordando viejos tiempos de Hogwarts – creo que se llevarán muy bien.
-¿Cuándo podré conocerlos a todos?
-Muy pronto ¿Qué te perece el primero de noviembre?
-¡¿En mi cumpleaños? – exclamó emocionada, casi saltando de felicidad en la cama.
-Así es, lo haremos en la casa de tu abuela.
-¿Puedo invitar a Lily? – preguntó entre nerviosa y preocupada por la reacción que pudiera tener su padre – quiero pedirle disculpas para que se contenten tu y ella ¿sí?
Y la reacción de Harry fue de shock. El mismo día cumplía años la mismísima Lily. Era buena la idea de su hija juntar los cumpleaños y así solucionar el malentendido de una vez y ser una familia feliz.
-Sí, es una idea genial more. Gracias – dijo esto último contento, besado su mejilla.
-Bueno, more. Es hora de dormir – le dijo, mientras la arropaba con amor – dulces sueños.
-Te quiero, papi – murmuró Amaya, antes de que apagara la luz.
-Yo también te amo, more – correspondió, viéndola cerrar sus ojitos, apagando la luz.
Cuando bajaron de las escaleras, Iriw estaba sentado en un sillón leyendo un libro muy entretenido, sin inmutarse del ruido de las dos chicas al bajar.
-Iriw, en cinco minutos estará la cena – le avisó Marietta, yendo hacia la cocina y dejando sola a Lily con su esposo.
-Está bien – contestó, todavía entretenido con su libro.
Lily desde su posición, atrás del sillón, solo podía ver una parte del cuerpo de su padre; era su cabeza cubierta por una capa de pelo castaña. Si él era su padre ¿a quién entonces había sacado su cabellera pelirroja?
Lily no era para nada tonta; estaba empezando a pensar que los Weasley eran más su familia que el "señor" que estaba en frente sentado, y no se iba a quedar con la duda.
-Disculpe ¿Es usted mi papá? – preguntó extrañada Lily, rodeando el sillón para poder verlo mejor de frente.
Iriw al escuchar la voz de la pequeña, dejó de leer el libro para poder ponerle más atención.
-¿Disculpa? –dijo un poco cómico. Pero al parecer para Lily no era nada chistoso.
-Que si usted es mi padre – volvió a repetir lentamente, para que le entendiera.
-Hummm…si, supongo que sí. Tú debes ser Lily.
-Sí ¿Por qué no estás seguro? – lo interrogó Lily, poniendo sus manitas a su cintura.
-Si lo estoy. Es solo que… me dejaste impresionado – dijo queriendo improvisar – estás muy hermosa y…has crecido demasiado.
-Gracias – dijo sonrojada, por los piropos de su padre.
-¿Me extrañaste? – volvió a preguntar ahora tímidamente.
-Claro que si pecosa – dijo Iriw, sintiendo algo raro recorrer por su garganta – ven y abraza a tu papi, pequeña.
Al terminar de hablar Iriw, la pequeña corrió a abrazar a su padre, que ya estaba lagrimeando.
Eso era lo raro que sentía Iriw, las ganas incontrolables de llorar por culpa esa pequeña pecosa. No sabría cómo explicarlo, solamente esa niña tenía algo en su ser; quizás mucha ternura. Ahora entendía a su esposa, esa niña era como una luz en un camino obscuro.
Al abrazarla, sentía las ganas de ser su padre y protegerla como una hija propia, y ¡claro que lo haría, hasta el fin!
-Ya no llores papi. Ya estoy aquí – lo consoló Lily, dándole golpecitos torpes a su espalada.
-Claro que estas aquí – dijo emocionado, sin dejarla de abrazar.
Marietta desde en un rincón observaba la escena contenta; su marido había reaccionado mejor de lo que pensaba.
-Chicos, ya es hora de cenar – anunció Marietta, no queriendo interrumpir.
Y como una familia con un final muy feliz, fueron a cenar el rico banquete hecho especialmente por Marietta; el suceso lo ameritaba.
Al día siguiente, en la mañana, todo era dicha y felicidad entre las dos familias. Harry no había ido a trabajar al Ministerio para pasar un día entero con Amaya; irían los dos al parque a jugar. Mientras en Kent, desayunaban tranquilamente hasta que los interrumpió el sonido del timbre.
-Yo iré haber quien es – dijo Luc levantándose de su silla.
-Mami, voy a subir a tocar un rato el piano – dijo Lily, terminando su desayuno.
-Está bien, cariño ¡Te quitas la pijama!- dijo esto último Marietta gritando, al ver que corría a las escaleras; mientras recogía los platos de la mesa.
-Mi amor, un tal Minué te busca – le dijo Luc muy cariñoso, regresando a la cocina; desde ayer andaba con ese humor que nadie se lo quitaba.
-¿Minué?...no conozco a ningún…- dijo extrañada Marietta, caminado hacia la puerta hasta que se topó con la presencia del chico.
Con todo el embrollo en que estaba ayer, no se acordaba de la visita del raro chico que la había interceptado ayer.
-jejejeje ¡Claro, Minué! – exclamó nerviosa en presencia de su marido y el chico francés - Pasa, estás en tu casa – dijo después, tomándolo del brazo. Y el chico solo obedecía con una sonrisa fingida, pero bien actuada.
-Iriw, mi amor. El es un…amigo de la escuela y vino a visitarme– inventó como le venían las ideas, presentándolo a su esposo muy formalmente sin despegarse del chico extraño.
-¡Oh! Mucho gusto. Yo me tengo que ir porque se me hace tarde en llegar al trabajo, pero te quedas en tu casa – dijo muy apresurado Iriw, saludándolo de mano rápidamente y saliendo de casa casi corriendo.
Y al cerrar la puerta, Marietta soltó al chico como si quemara y poniendo un rostro serio dijo:
-¿A qué has venido? – preguntó Marietta, cruzándose de brazos.
-Dijiste que nos podíamos ver en tu casa hoy- dijo Luc, mostrándole la tarjeta que le había dado ella.
-Bien. Aquí estamos.
-Solo viene por explicaciones… ¿Qué le hicieron a Ginny? – dijo esto último muy amenazador.
-¿Conoces a Ginny? ¿Está viva? – preguntó sonando interesada en el tema.
-Sí, la conozco y está viva… - respondió seriamente – pero no como debe de ser.
-¿Qué? ¿De qué…?
-No te hagas de la que no sabes, tú eres cómplice de Cho Chang – la acusó sin dejarla hablar – sabes lo que le hizo y exijo que me lo digas.
-Mira… lo siento. No sé qué fue lo que hizo Cho con Ginny después del accidente que tuvo, eso nunca me lo dijo. Ella solo me encargó de deshacerme de su hijita, pero yo no tuve corazón para matarla así que la deje en un orfanato – le contó, recordando el pasado.
-¿Accidente? – musitó Luc
-Sí, se estrelló contra un árbol y cuando fuimos a socorrerla había roto fuente. Después, Cho se le metió la idea de vengarse por todo lo que le dijo ese mismo día.
-Yo, luego de dejar a la bebe en ese lugar, salí de la ciudad; me sentía fatal por lo que había hecho – continuó contando Marietta – después de seis años fue a buscarme para maquinar otro de sus planes. No sé como supo sobre lo del orfanato, así que me obligó ir por la niña, pero ya había sido adoptada por su propio padre.
-Harry ¿cierto?
-Sí. A Cho no le agradaba la niña tan solo por ser hija de Ginny, por lo que maquinó otro plan para separarlos de nuevo. Acepté la loca idea de cambiar niñas para proteger a la verdadera hija de Harry.
-Entonces, la niña que tienes es de Harry y Ginny.
-Sí, quiero enmendar mi error, quiero devolverle la verdadera felicidad a Harry – le dijo casi rogándole piedad.
-Siento haberte acusado – se disculpó Luc, al escuchar su historia. Los dos habían sido usados por quien dice ser su amiga.
-Está bien, fui una tonta- dijo aceptando su realidad - El dilema está… en que le hizo Cho a Ginny.
-Yo conocí a Ginny, cuando Cho la trajo a una clínica de locos en Francia, donde estábamos haciendo nuestro servicio; éramos amigos- empezó ahora él a contar su historia - Me dijo que la había encontrado en un callejón de mala muerte. Un mes después, despertó la chica sin memoria alguna y con una extraña sutura en su vientre. Cuando ella iba a salir del alta, Cho me pidió de favor que no la dejara irse a Londres; así que la cuidé sin darle casi importancia a su favor, pero Ginny, o como le llamé yo por no saber su nombre, Gabrielle quería saber su pasado; por lo que viajamos por todo el mundo hasta que ella llegó a Londres y encontró a Harry por casualidad. Eso es todo lo que sé.
-Los dos fuimos tontos – comentó Marietta, sin más que decir.
-Sí, lo sé. Y Cho ya sabe que Ginny está con Harry, en cualquier momento puede ir a matarla – soltó de repente.
-¡Oh Dios! ¿Ginny sabe quién es ella misma? – dijo muy asustada.
-Dice estar segura de ser Ginny, pero ahora no quiere ser más Ginny. Harry la acusa de abandonar a su hija en ese orfanato – respondió recordando lo que había pasado el día anterior con su pobre amiga.
-Espera ¿Cómo dices que Harry y Ginny están juntos, si la odia por lo que yo hice?
-Es al punto donde quería llegar. Gabrielle o Ginny, como le quieras llamar, me dijo que Ginny es pelirroja, pero Gabrielle es pelinegra.
-¡Oh por Merlín! ¡La transformó completamente en otra persona! – dijo impresionada, hasta donde podía llegar el mal de su antigua amiga Cho.
-Así es. Yo quiero ayudar a Ginny ser como era antes, ¡pero no quiere! Dice que está mejor así; quiere enamorar a Harry siendo Gabrielle.
-¿Cómo pensabas ayudarla? – inquirió Marietta.
-Obviamente haciéndole una cirugía plástica – dijo simplemente.
-No creo que sea el método que utilizó Cho –opinó, pensando en la otra posibilidad más sencilla: la magia.
-¿Cómo? Entonces qué piensas tú…
-Lo más seguro utilizó…magia – respondió cuidadosamente, esperando la reacción de Luc.
-¿Magia? ¿Brujería? – inquirió incrédulo.
-Hummmm… sí, Cho, Harry, Ginny, yo y esta la niña somos magos – le confesó, dejándolo impresionado.
-Pero… los magos no existen – comentó soltando una risa nerviosa.
-Claro que sí. Cho no pudo haberle hecho cirugía a Ginny en un día para otro sin dejarle cicatrices ¿cierto?
-Ok, te creeré; solo porque no hay explicación más coherente – dijo todavía incredulo
-Muy bien. ¿Ahora qué haremos para solucionar todo? – comentó, mientras lo invitaba a sentar en un sillón de la sala. Ahora que ya están al corriente entre ellos, era hora de actuar juntos para juntar una familia.
-Tengo una idea. Primero tenemos que deshacernos de Cho.
-Creo que es lo mejor, te escucho.
En el Parque St. James, había numerosas familias a pesar de ser entre semana; todas ellas se divertían, pero no tanto como Harry y Amaya. Ellos felices en compañía del otro jugaban al ajedrez; era un juego de inteligencia y seriedad, pero a ellos les divertía. Amaya nunca en su vida en el orfanato había jugando a ese interesante juego hasta que su padre le enseño, y como dice el dicho "el estudiante supera al maestro"; Amaya llevaba todas las partidas ganadas.
Gabrielle no había podido acompañarlos porque necesitaba poner en orden su cerebro; además que esos dos necesitaban un tiempo a solas, así que decidió salir de casa y dar una larga caminata por los alrededores de la ciudad. Y al parecer le sirvió, ya que pensó en arreglar ella misma el asunto de Harry y Lily por su comportamiento egoísta de anoche; así que necesitaba conseguir la dirección donde vivía la pequeña; por lo que caminó hasta el parque donde estaría el único que tenía lo que ella buscaba…
-Harry ¿puedo hablar contigo? –dijo Gaby interrumpiendo la onceava partida de ajedrez, que posiblemente ganaría Amaya de nuevo.
-¡Gabrielle! ¿Dónde habías estado? Pensé que ya me habías abandonado – bromeó Harry, al percatarse de su presencia.
-No, nunca lo haría- pensó sin decirlo, mirándolo a los ojos directamente.
Amaya al ver que hacía mosca entre aquellos tortolos, decidió irse al área de juegos dejándolos completamente solos.
-Perdóname por no avisar, necesitaba pensar en lo que te dije ayer. Fui muy grosera contigo – se disculpó apenada.
-Está bien, no te preocupes tus palabras me ayudaron a reaccionar – dijo Harry, dirigiéndole una sonrisa radiante nunca antes vista por ella.
-Bueno, yo pensaba en ayudarte, hablando yo directamente con Lily – comentó – por eso venía a pedirte su dirección.
- ¿Sabes? Sería buena idea – dijo Harry, como si se le hubiera prendido el foco de una idea brillante - aunque no es necesario que le expliques; su madre me dijo que se la ayudaría entender el mal entendido.
-No importa, quiero hacerlo, además aprovecharía para visitarla… creo que la extraño.
-Yo también la extraño – dijo sonando melancólico – pero Amaya se le ocurrió una idea grandiosa – dijo cambiando de repente su estado de ánimo.
-¿Qué cosa? – preguntó contagiándose del humor de Harry.
-Amaya y Lily cumplen años el mismo día, el primero de noviembre. Amaya pensaba invitarla a la Madriguera para disculparse con ella, pero ellas no saben que será una fiesta sorpresa – contó Harry emocionado, al ver que Amaya se encontraba muy entretenida en los juegos – así matamos dos pájaros de un tiro ¿no te parece?
-Quieres decir que yo le tengo que comentar a Lily sobre la visita a la Madriguera – inquirió Gabrielle, por si había entendido bien.
-Así es – rectificó Harry las palabras de Gaby, dándole la tarjeta que le había dando Marietta – esta es la dirección.
-Está bien, ojala quiera ir.
-Créeme que irá, le gustaba ir a la Madriguera – aseguró, estando muy seguro de ello.
Cuando a lo lejos, Harry hipnotizado, veía a Gabrielle corriendo para alcanzar un taxi londinense; Amaya llegó corriendo colándose a su lado y dijo algo que lo descolocó por completo:
-¿Cuándo le vas a decir qué te gusta?
Fue un largo camino hacia Kent, pero valdría la pena al participar en un pequeño complot en contra de Lily y Amaya.
Al bajar del taxi, observó frente a ella la casa azul con su jardín, y sin más demora entró haciendo una caminata hasta la puerta de entrada. No sabía cómo sucedió todo eso tan rápido; cuando se quedó observando la casa, le había entrado una sensación de ansiedad, alegría, emoción que iba creciendo dentro de su pecho cada vez que se acercaba más a la puerta. Al dar tres golpes a la puerta y esperar a que se abriera dejando ver una joven casi de su misma edad con un chico rubio detrás que ella conocía; se le habían borrado todas esas sensaciones para ser sustituidos por sorpresa e intriga…
-¿Luc? ¿Qué haces aquí?
