Capítulo 11 "Premonición, el futuro que nos espera"

– ¡Haha-ue!, ¿dónde estás? –.

– ¡Aquí, Tsuki-chan! –.

Kagome abrazó cariñosamente a su pequeña hija, fruto de su amor con Inuyasha. La niña era más humana que él, pero igualmente algunos rasgos delataban sus genes. Por ejemplo, la forma en que acostumbraba a oler el viento para predecir el clima, o cuando movía sus orejitas (humanas, pero ligeramente terminadas en punta). Tenía cabello negro, largo y ojos color chocolate, que se tornaban claros a veces. Había heredado el mal carácter de sus padres, pero teñido con la dulzura de sus dos abuelas.

– Viene una tormenta, haha-ue – anunció la niña, con su mirada de miel.

– ¿Qué?, pero si hay sol, y está despejado… – respondió Kagome, sorprendida.

– Kagura-sama me lo dijo – sonrió – el olor del viento estaba raro, pero ella me lo confirmó –.

Kagome ya se había acostumbrado a las rarezas de su hija, así que no le sorprendió que la conociera. Había algo mágico en Tsukiko, se movía silenciosa y con la gracia de las hadas, parecía muy conectada a la luna, al bosque, a las flores. Inuyasha creía que un día le saldrían alas y volaría. Él mismo se sentía confundido en ocasiones, sobre todo el día que le habló de Kikyou.

– Hay una luz que te acompaña a veces, chichi-ue. Es muy cálida, ¿la has notado? – dijo con su vocecita infantil.

– Pu… puede ser… – tartamudeó – ¿por qué no vas a jugar a la casa de Miroku? – y palmoteó su cabecita con suavidad.

– Sí – sonrió con sus pequeños dientes.

Kagome se acercó a su esposo. Lo tomó de un brazo y observaron a Tsukiko correr siguiendo el camino rural, deslizándose entre el pasto y las flores. Se estremecieron, pues la niña parecía dejar una estela luminosa, como si las ninfas del bosque la saludaran a su paso.

– ¿En verdad es hija nuestra? – observó Kagome, todavía impresionada.

– Se parece a nosotros – levantó una ceja – aunque a veces se ve tan… –.

– ¿Mágica? – completó – suave, perfecta… lo único que delata su origen es cuando agarra una rabieta, ¿me recuerdas cómo fue que la hicimos? – y un rubor de complicidad se asomó en sus mejillas. A pesar de los años, seguía sintiendo mariposas por su marido.

– Podríamos tener más cachorros "mágicos" si quisieras – murmuró, jugueteando con el cabello azabache de Kagome – pero aún no te has decidido –.

– Es que... todavía no es el momento, cariño. Te prometo que el próximo será un niñito, igual a ti –.

– Feh!, ¡como si pudieras controlar eso! – rió.

La vida era bastante tranquila desde que derrotaron a Naraku. Inuyasha y Miroku se dedicaban a trabajar eliminando youkai, Sango criaba a sus hijos, Kohaku entrenaba para ser un excelente exterminador, Shippou se preparaba para subir de rango en el Kitsune-You-Jutsu, y Kagome logró ser una miko bastante reconocida. Dividía su tiempo entre exorcismos, curaciones espirituales y Tsukiko, que era bastante independiente. Se sentía feliz por vivir en el Sengoku, aunque a veces extrañaba a su familia.

¿Por qué no intentas usar el pozo de nuevo, Kagome? – preguntó Inuyasha en una de esas ocasiones, cuando vio que la nostalgia brillaba en los ojos de su mujer.

Está bien así – respondió – soy muy feliz con ustedes. Mamá quería que estuviera con la persona que amo, y aunque la eche de menos, no puedo quejarme de mi suerte. Realmente tengo una familia estupenda – terminó la frase acurrucándose en su hombro.

Mientras Kagome preparaba la cena (Inuyasha había cazado un jabalí), Tsukiko observaba por la ventana de la cabaña la tormenta que se había desatado. Suspiró, pensando que las nubes no la dejaban mirar a la luna. Quizás ésta la extrañara, pues se contemplaban mutuamente todas las noches.

– Haha-ue, ¿crees que la luna se enfade porque no puedo conversar con ella hoy? – preguntó con inocencia.

– No, cariño, porque no es tu culpa que llueva. En las tormentas anteriores nunca se ha molestado, ¿cierto? – besó ligeramente su cabeza, y volvió a la cocina.

Inuyasha solía no intervenir en este tipo de conversaciones, porque no sabía que responder a las extrañas preguntas de su hija.

Cuando terminaron de cenar, Tsukiko se dirigió a su habitación. Le gustaba dormir sola, así aprovechaba algo de tiempo para practicar sus dones, como el olfato, o meditaba para estabilizar su chi.

Sus padres, en tanto, disfrutaban de su tiempo a solas.

– Te quiero – susurró Kagome – me haces muy feliz – se sentó en el suelo y le tomó una mano.

Inuyasha sonrió, contestando con la mirada. Un rayo iluminó el cielo, seguido por un trueno aterrador que retumbó en todos lados. Kagome pegó un gritito, abrazándose a su esposo.

– No seas cobarde, Kagome – le hizo una mueca – ya deberías haberte acostumbrado –.

– Hay cosas a las que nunca dejaré de temer – suspiró avergonzada – pero… parece que Tsuki-chan no tiene miedo de nada… nunca aparece con las tormentas – agregó.

– Ha sacado lo mejor de nosotros – dijo mirando el techo.

Kagome se acercó a una de las ventanas. La lluvia a veces le traía nostalgia. De pronto, se sintió extraña – Déjà vu… – murmuró sin pensar. Inuyasha la miró con cara de pregunta. En menos de 5 segundos, las cosas dejaron de calzarle. Había algo raro que no lograba identificar. En ese momento, Tsukiko salió de su habitación y se dirigió directamente a ella.

– Haha-ue – en ese momento, la niña tenía el mismo color de ojos que su padre – el tiempo está extraño. Es como si corriera hacia atrás. Pero sólo para ti – su pequeño rostro lucía preocupado.

Inuyasha se levantó de un salto – ¿qué? – rugió. Se volvió a Kagome, quien no sabía cómo reaccionar.

– Estás aquí por error – continuó – y no puedo ayudarte. Perdóname, haha-ue – una lágrima rodó por su mejilla – pero antes que te vayas, por favor escúchame con cuidado – tomó su mano.

Kagome aún no sabía qué hacer. Sabía que su hija era rara, pero a pesar de eso siempre creía en su palabra. Su instinto le dijo que debía prestarle atención. Asintió suavemente.

– Haha-ue, tienes varios caminos a tu disposición. No elijas por miedo, elige el adecuado. Confía en tus poderes, en tu intuición, no te rindas. Tomarás las mejores decisiones si me haces caso. No te asustes, porque intentarán usar tus debilidades para confundirte; no lo permitas. Chichi-ue nunca te dejará sola. Tampoco la luz cálida que he visto – levantó los ojos, ahora oscuros – nunca me olvides. Nos volveremos a encontrar – aseguró, con sus ojos dulces como el chocolate de nuevo.

– No comprendo lo que dices, pero recordaré tus palabras, hijita –.

– Chichi-ue – se volvió hacia él con suavidad – no te angusties, haha-ue estará con nosotros muy pronto, confía en mí –.

Kagome la abrazó, con la angustia desbordando su semblante. Miró a Inuyasha, aún impávido, y extendió su mano hacia él. Se acercó, rodeándolas con sus brazos. Aunque no entendía nada, también podía detectar que, efectivamente, algo raro estaba ocurriendo, pero decidió que confiaría en Tsukiko, aún cuando su corazón ensombrecía ante la incertidumbre de lo que pasaría. Besó brevemente a Kagome, sin saber qué decirle. Ella conservó la escena en sus ojos: su esposo y su hija, abrazándola.

– Kagome… – Inuyasha habló por fin.

– Te amo – respondió.

– Yo también – sus ojos brillaban, pero sonaba preocupado.

– Estaré bien, por favor no temas por mí. No sé qué ocurrirá, pero encontraré la forma de volver contigo y Tsuki-chan. Ustedes son lo más importante de mi vida – sentenció.

Una luz brilló, haciendo difícil ver con claridad.

– Volveré con ustedes, no lo duden – aseguró, intentando usar un tono tranquilo.

– Kagome… – musitó.

– Regresaré, lo juro – trató de sonreír.

– ¿A dónde? – preguntó Inuyasha.

– ¿Cómo? – Kagome lo miró, confundida.

– ¿Estás bien?, enfócate en mí – tomó su rostro, intentando que lo viera – ¿qué te ocurre? –.

De pronto, todo dejó de brillar. Kagome estaba sentada en el borde de su cama, con la mirada puesta en Inuyasha. Gotas de sudor caían por su frente. Su corazón latía alborotado, ¿por qué nada tenía sentido?

– Déjà vu… – murmuró, recuperando el aliento.

– No me asustes así – gimió el hanyou – no entiendo nada de lo que ocurre – intentó secar la cara de Kagome con su haori. Ésta desvió por fin la vista, tratando de ordenar las ideas e imágenes que bailaban por su cabeza. Nada tenía sentido aún.

– ¿Cuánto rato ha pasado desde que me quedé en blanco? – preguntó, sujetando su frente con la mano.

– ¿…Un minuto, quizás? – dudó – estábamos por ir al… este… doctor, recuerda que dijiste que no querías que te acompañara – arrugó el ceño – pero yo iré, estés de acuerdo o no –.

– No sé… – replicó, angustiada – ¿por qué?, siento como si nada fuera… un momento – se levantó bruscamente, oteando nerviosa – ¿y Tsuki-chan? – la buscó con la mirada hasta que se dio cuenta que era inútil. Ella se lo había dicho, y recién ahora comprendía perfectamente a lo que se refirió. Se sentó de nuevo, permitiendo que las lágrimas le empaparan el rostro.

– ¿A quién estabas buscando, Kagome? – levantó su mentón – oi… ¿por qué lloras?, ¿te hice algo de nuevo? –.

– Nuestra hijita, Inuyasha… tú no la viste, pero yo sí… fue tan real, sé que fue real… – sollozó.

El aludido tragó saliva, aún sin comprender lo que ocurría. Por el momento, decidió calmar a Kagome hasta que le contara qué había pasado. La levantó de la cama, sentándose él y acomodándola en su regazo.

– Kagome, sinceramente no entiendo nada. En absoluto. Por favor, explícame, no puedo ayudarte si no lo haces… ¿es que viste algo?, ¿como en tus pesadillas?, si eso de las matemáticas… – murmuró.

– No, fue más que eso… – respondió – lo viví, Inuyasha. En un momento estábamos discutiendo lo de ir juntos al doctor, y al segundo siguiente… yo estaba sosteniendo nuestra bebé en los brazos… habíamos derrotado a Naraku, lo mataste… yo purifiqué la Shikon no Tama, fue una lucha muy dura… nos casamos, vivíamos en una cabañita, tú y Miroku trabajaban matando youkais… – levantó los ojos – nuestra hijita es tan hermosa, Inuyasha… la llamamos Tsukiko, tiene el cabello negro, los ojos grandes y cambian de color de chocolate a miel… es mágica, cuando camina parece como si el bosque se iluminara, siempre habla con la luna antes de dormir, tiene tu forma de oler el viento y mueve sus orejitas… – lloró.

– No entiendo cómo es que viste todas esas cosas, pero Kagome… sólo te quedaste en blanco por unos minutos, y lo que me narras parece haber tomado años… –.

– No sé cómo fue, pero todos los recuerdos están tan frescos en mi memoria… no puedo ignorarlos, no sé qué pasa… ella me dijo que tomara el camino correcto… pero ahora la extraño, extraño a Tsuki-chan, la forma en que me abrazaba y me llamaba haha-ue, extraño que nunca tenía miedo de las tormentas porque había heredado tu valentía, extraño cuando llamaba a las mariposas para embellecer nuestro jardín, cuando iba a jugar a la casa de Sango-chan y Miroku-sama, cuando le contaba a la luna sus progresos con su chi, cuando olía el viento para saber el clima del día siguiente, cuando nosotros pensábamos que era más un hada que una niña… ¡la extraño, y eso no me deja pensar con claridad…! – se llevó las manos a los ojos, como impidiendo que la imagen de Tsukiko la abandonara. Inspiró profundamente para poder aclarar su mente. Comenzó a rememorar todos los momentos vividos con Inuyasha y su hija, rebuscó en su cerebro "algo" que le dijera que todo había sido una ilusión… y no lo encontró.

– Kagome, sea lo que sea que ocurrió, aquí estoy contigo… y si el futuro que nos espera es con esa niña mágica que me describes, deberemos ser pacientes. Sin duda estará con nosotros, te lo prometo. La volverás a ver – intentó confortarla.

– Gracias – sonrió levemente – ella dijo lo mismo. Que nos volveríamos a encontrar –.

– Confiemos en ella entonces – la abrazó con más fuerza – y ahora… qué haremos, Kagome? –.

-o-

Continúa en capítulo 12 "Confusión, el llamado de la perla"

Hola a todos! :D primero que nada, perdón por la demora, pero entre el examen para mi licencia de conducir (la primera, que obtuve efectivamente xD) y mi trabajo, he tenido unas semanas del infierno y he llegado a la casa a descansar, cero inventiva para el fanfic xD pero bueno, retomé el rumbo con una… realidad a futuro?, realidad alternativa?, ilusión?, dónde está el mundo real aquí?, xD

Sobre el cap anterior, en realidad en el manga Kagome nunca dijo específicamente "yo quiero que sigas siendo un hanyou", o lo hizo con suerte una vez si mal no recuerdo… me pareció interesante que Kagome por fin dijera con todas sus letras "sí, quédate como estás porque así te amo" porque… yo no tomo en cuenta las películas xD no son canónicas, por lo tanto no las pesco para un argumento basado en la historia original xD y eso

Como siempre, saludar a mis lectoras Vale, Mille, Nata, Tara, tennyoukai, Sayuri08, serena tsukino chiba, kaoru-inuma, neneru, florchu Izaguirre, Vane-chan99, etc :D gracias por seguir mis ideas locas xD

Aprovecho de contarles que pronto publicaré mi primer one-shot de Ranma ½, por votación popular ganaron Akane/Ranma xD

Actualizaré más pronto esta vez :D nos acercamos a la recta final, see ya! ;)