ADVERTENCIA: Este capitulo cuenta con contenido sexual homosexual explicitamente narrado al final del capitulo, si desea leerlo adelante, si no es así puede saltárselo - Las Escritoras

En otro lado

Giles había tomado a Dany de la muñeca y juntos habían ido hasta el templo de Apolo

El templo era un lugar hermoso, del que Apolo se vanagloriaba siempre. Y estaba repleto de sus preciados instrumentos.

Justo lo que esos dos necesitaban.

Rayos de sol entraban por una cúpula con ventanales abiertos, con sus hacez reflejándose en el suelo de mármol.

Los jóvenes enamorados se acercaron al gran piano de cola blanca y dorada - es precioso - susurro Dan, viendo como el sol brillaba en las blancas teclas

Tanto que llevaba sin tocar. No sé si era por la simple belleza del piano o porque el lugar tenía su toque de magia, pero Giles se acercó como si fueran polos opuestos magnéticos.-¿Qué quieres que toque, amor?-.

- Lo que salga de tu corazón - le sonrió mientras ambos se sentaban en el taburete

Él se movió hacia ella, pero cuando puso los brazos en posición, la atrajo más, pasando un brazo tras ella- tengo mucho que expresar aquí-.

Ella sonrió mientras le besaba el cuello - somos tu y yo, mi rayo del cielo - susurro en su oído - deja que los problemas se alejen

-contigo siempre lo hacen-le guiñó el ojo y luego sonrió burlón-y con el piano-salvo en ese hueco negro donde cayó los últimos meses. Sacudió la cabeza. Ya eso había pasado.

El empezó a tocar una melodía suave, con algo de ritmo, no era las alegres de siempre, está era para desahogarse

- quizás no percibimos

Que cuando estás sufriendo

Hablamos por horas se nos pasó el tiempo - canto él, suave

Su voz grave y a la vez melancólica invadió el aire junto a la melodía del piano, recorriendo cada rincón y llenándolo hasta que no hubo silencio.

Les digo que la acústica en ese lugar es P-E-R-F-E-C-T-A.

- Y aunque tú sigues llorando

aquí estoy para ayudarte

Asegurarme de siempre cuidarte

Continúo mientras sus dedos volaban por el teclado y miraba a su novia

Su voz subió un poco y antes de volver a cantar, le apretó un poco con el brazo.

- Y sé que es así

Cada minuto

Junto a ti

Cada segundo

Pase lo que pase

Entiende bien- canto claro mientras dejaba un beso en la frente de la chica -.

Su novia escuchaba atenta cada una de las palabras de esa canción que representaba lo que Giles sentía.

Giles empezo a mirarla a los ojos mientras cantaba, lo que en realidad ambos necesitan escuchar

Que sola no estás

Que

Aquí yo siempre estaré

Porque tú lo sabes

Que nunca te dejaré

Que sola no estás

Que siempre te sostendré

Contigo me quedaré

Y nunca te dejaré

Porque sola no estás

Porque sola no estás

Oh, oh

Expresaba lo que los dos sentían...

Ahora ella lo miró y lo beso antes de seguir - aunque sientas que no puedes

y que lo has perdido todo

si nadie te oye

te estaré escuchando

Whoa - le canto mientras le ayudaba en el piano

20 dedos moviéndose sobre el piano y creando aquella pieza tan llena de sentimiento que brotaba desde el fondo de sus corazones.

Ella cerró los ojos, perdida en la melodía y en la letra, perdida en lo que ambos sentían - tienes que creer en mí

aunque no me veas estoy ahi

ayudandote a seguir - le sonrió

Sus voces se entrelazaban.

Él le sonrió con total adoración, amor.

Ella se apoyó más en su pecho mientras tocaba el piano - y sé que es así

cada segundo, junto anti

cada minuto

pase lo que pase entiende bien - acariciar de su cabello y le sonrió

Él besó su frente en una pequeña pausa, respiró y siguió. Su aroma le impregnó.

La chica sonrió mientras cantaba el coro - Que solo no estás

Que

Aquí yo siempre estaré

Porque tú lo sabes

Que nunca te dejaré

Que solo no estás

Que siempre te sostendré

Contigo me quedaré

Y nunca te dejaré

Porque solo no estás

Se unió a ella de nuevo la voz de él, con fuerza y emoción.

Ella sonrió mientras el cantaba - No importa lo que hoy pueda pasar

Solo no tengas miedo

Oh, oh (x6)

Y mientras yo respire

Prometo hoy

Cuidar tus sueños - canto con fuerza

Volvió a depositar besos en la cima de su cabeza, sin llegar a perder el ritmo que tenía la melodía de sus dedos.

Ella siguió cantando mientras el se concentraba en la melodía, ahora era algo más lento - porque solo no estás

que

yo siempre aqui estaré

porque tu lo sabes

que nunca te dejare - canto lento

La música se mantuvo suave, nostálgica, llena de esperanzas.

Ambos se miraron a los ojos mientras cantaban los sentimientos atrapados y lo que el otro necesitaba oír,

Que sola no estás

Que

Aquí yo siempre estaré

Porque tú lo sabes

Que nunca te dejaré

Que solo no estás

Que siempre te sostendré

Contigo me quedaré

Y nunca te dejaré

Porque sola no estás

Porque solo no estás

Hey yeah!

Oh, oh

Porque sola no estás

Hasta que el canto el último verso.

Quizás no percibimos

Que cuando estabas sufriendo

Hablamos por horas

Se nos pasó el tiempo

Oh, oh

Emoción, emoción. Cantaban lo que querían gritar, lo que en su corazón había estado comprimiéndose.

Cuando la melodía termino se miraron, tratando de recuperar el aliento

La belleza en el rostro de su novia nunca se iría, envejeciera o no, para él, Daniela siempre sería hermosa.

Ella solo se abrazo a él - te amo - susurro en su cuello, ahora no importaba nada mas, solo ellos dos

Sus cuerpos se apretaron hasta parecer uno solo, él sosteniéndola, como su más preciado tesoro-te amo, mi espuma de mar-.

Alzo la mirada y vio esos ojos que tanto amaba, lo beso, lo hizo, con la misma necesidad de la que se tenía de agua en el desierto, pero con todo el amor que le profesaba

Y ese sentimiento ebulló en él como siempre que se besaban, del modo que fuera, siempre surgía.

ella se sujeto con fuerza de su camisa y cuando se separaron le sonriso

La sonrisa de él fue más tonta, pero ahí estaba, solo para ella, la sonrisa que ella era la única que podía sacarle.

- gracias - susurro - adoro cuando tocas

-Creí que se me dormirían los dedos-le sonrió un poco más cohibido. Los puños estaban cerrados sobre la espalda de su novia.

- ¿hace cuanto no tocabas? - susurro mientras se separaban y tomaba las manos de su novio para hacer que se relajaran

-¿Hace cuánto estabas molesta conmigo?-le sonrió, porque él de cruel no tenía nada, y menos con su novia.

Hace una mueca - lo lamento - susurro, el amaba tocar el piano, y pensar que estuvo tanto tiempo sin hacerlo por su pelea no le hacía ninguna gracias

-Ahora puedo hacerlo y eso es lo que importa-la animó, sonriéndole. Sus ojos siempre habían sido expresivos, como los de su mamá. Calmados, y con una felicidad difícil de cubrir.

Lo beso, y lo abrazo - no quería... Perdón - susurro

-Mi amor, en serio, eso ya es pasado-le acarició con detenimiento su bonito rostro- sin ti hacer música solo me hubiera deprimido-.

lo besa, intentando eliminar ese dolor- te amo-.

-Y yo te amo, nunca lo olvides, Dani-acariciaba sus mejillas.

Dan solo se subió a su regazo y lo abrazo, ahí se sentía bien y a salvo, que no la volverían a dañar

Le depositó un beso en la cabellera, y la acomodó con movimientos pacientes, sus manos de pianista sosteniéndola como a una muñeca de porcelana.

- ¿debemos volver? - susurro en su cuello mientras lo abrazaba, ni para que decir que no deseaba hacerlo

-Aun tenemos algunos minutos de paz, tú y yo solos aquí, lejos de ellos ¿Qué dices?-susurraba a su oído con una calma total, una dulzura imperturbable.

- me agrada esa idea, pero, que te parece si salimos de aquí y vamos a los jardines, adoro la acústica de este lugar, pero sin música es extraño hablar - lo miró s los ojos y se mordió el labio

En poco tiempo, él ya estaba de pie, cargándola sin esfuerzo,- yo te llevo-.

La figura de Giles salió casi corriendo del lugar, con su novia en brazos, y la sombra alargada atada a sus pies.

- ¡bájame! - chillo Dan riendo, le causaba gracia esa situación - puedo caminar sola

-Pero yo quiero cargarte-la hizo brincar un poco, divertido ante las caras que ponía su novia.

- Pero... - en el último salto él se tropezó, causando que ella cayera al suelo, golpeándose en la cadera

Los ojos de Giles se abrieron como platos y sus rodillas se doblaron hasta tocar el suelo-¿estás bien? ¿Qué te duele?-.

Ríe y le tiende la mano para que la ayuda a levantarse - no me pasa nada, solo me duele un poco la cadera, nada mas - sonríe mientras se saca el cabello del rostro

Le ayudó como un caballero, como sus padres siempre le habían inculcado, a poner de pie a su princesa.

Cuando se levanto hizo una pequeña mueca - pobre de mí cadera -.

-Lo siento, mi amor-susurró apenadísimo. Pobre chico. Su cabello rubio cubría despeinado su rostro.

- No te preocupes, rayo del cielo - le besa la mejilla y le saca el pelo del rostro - no fue tu culpa

-Lo ha sido, el que te cayeras ha sido por mi torpeza-sus ojos reflejaban su tormento, y no la dejó mirar sus ojos tan vulnerables.

Toma sus mejillas e hizo que la mirara a la cara, sus ojos no demostraban reproche alguno - claro que no -.

Le observó a los ojos porque al hacerlo, ya no quería mirar alguna otra cosa. Asintió despacio, hipnotizado.

- así me gusta - le sonríe- vamos al jardín

Se retuvo de cargarla-claro-susurró le tomó de la mano.

Lo jalo y le besa la mejilla y el cuello - calma, estoy bien y completa

-¿cómo está tu cadera?-no es que le gustara estar en su contra, pero en este caso, la preocupación habló.

- solo es un pequeño dolor - sonríe y llegan al jardín, lo sienta bajo un árbol y se sienta en su regazo

La aceptó sobre sus muslos y con los brazos rodeó su torso,- gírate un poco-.

Se giró para quedar cara a cara con él, automáticamente llevó su mano a su cabello y lo acarició

Ante las caricias, el chico cerró los ojos. Esas manos eran su debilidad. A ella la dejaba hacerle siempre esas trenzas, no estaba orgulloso, pero por verla sonreír, haría cualquier cosa.

Sus pequeñas manos hicieron esas 3 trenzas y las amarró con unas tiras de cuero que siempre llevaba en la muñeca - esto dice que eres mío - susurro en su oído, junto a una pequeña sonrisa

Y él lo sabía. Cerró los ojos y asintió lentamente-siempre he sido tuyo-.

Junto sus manos y entrelazo sus dedos, mientras le besaba la mejilla, barbilla y nariz - y yo tuya

-Este lugar es en verdad pacífico-susurró el chico luego de un largo silencio.

Dan, la cual estaba dormitando en su pecho asintió - eso es verdad -.

Él estuvo a punto de reír, pero se tragó la enternecida carcajada y solo le rodeó la cintura, invitándola a seguir en los brazos de Morfeo.

Negó un poco y se sentó, bien - no debo seguir durmiendo -

Sostuvo su mano con las suyas,- ¿por qué esta vez?-.

- porque si no, no dormiré en la noche - sonrió mientras lo miro

-Buen punto-subió una mano a su mejilla. La suave piel fue acariciada con su dedo pulgar. Estaba bronceada, por los años de entrenamiento bajo el sol del campamento, casi podría decirse que quemada. Y para él era hermosa.

-Está bien ¿Qué quieres hacer?-.

Dan sonrió mientras acariciaba su piel bronceada, aún recordaba el día que ambos se habían conocido, ambos eran niños y ella en particular era bastante diferente, sin mencionar que ella era bastante más pálida - quiero que me mimes - rio

Él rió, pero sabía que hablaba en serio. Y lo haría. Colocó las manos a cada lado de su rostro, acariciándole las mejillas y un poco el cuello-cierra los ojos y disfruta, mi espuma de mar-.

Ella sonrió y los cerro, confiando completamente en el, sin dudarlo - adelante -.

En otro lado…

El lugar estaba alborotado. Todos hablaban, y pocos se quedaban quietos. Salvo, extrañamente, una de los trillizos.

Esta estaba con la mirada perdida y du labio inferior entre sus dientes, pensaba en la consecuencia que se hermana quería que hiciese, y si valía la pena

Evan estaba en un trance similar, solo que él sí estaba moviéndose, haciendo otra hendidura en el suelo además de la larga línea que quedó del abismo que había hecho la chica D'Angelo.

Ambos hermanos no sabían que hacer, se reconciliar con su hermana, claro está, pero de ahí a revelar uno de sus secretos mejor guardados, eso era algo muy distinto

Algo, imagino que ese sentido que solo tenían los mellizos y trillizos, hizo que ambos se miraran.

Y luego ambas miradas se dirigieron a su hermana, la cual los miraba con la ceja alzada y apuntando a los dos "crush" de sus hermanos, con la sonrisa más maquiavélica que poseía

Mientras ambos se debatían, la diosa del amor decidió ayudarlos.

-Mis queridos, los del pasado ¿pueden prestarme atención?-.

Todos los chicos la miraron, con curiosidad a lo que iba a decir - ¿si, Lady Afrodita? - preguntaron en coro, lo cual les pareció raro y rieron

-¿Qué tal si regresan al campamento un rato? Mientras almuerzan todos-.

Se miraron entre si, extrañados, pero asintieron - claro, Lady - asintieron mientras se levantaban de sus asientos

La diosa los despachó como si fueran motas de polvo. Con la mano, les despidió, sonriendo con un brillo dulce.

Y ahí desaparecieron los semidioses, los cuales, si les preocupaba, terminaron en el campamento, sanos y salvos, sin nada mas que, en algunos, un cambio de aspecto

- No puede ser-gritó cierta hija de la Diosa del amor- ¡no de nuevo!-.

Jason está riendo, Afrodita no había hecho mucho con él, solo saco las mangas de su camisa naranja, mostrando sus fuertes brazos - calma Piper -.

La chica se estaba intentando bajar la falda, para que al menos cubriera algo de sus muslos,- parezco una... Una...-.

Habían niños presentes asique se tragó eso.

-Llévame a un lugar donde pueda esconder mi pena, por favor, chispita-.

La tomo de la cadera, para que la falda no se le subiese y empezó a volar, intentando que no se le viera nada - claro, mi reina - la llevo hasta la cabaña de Afrodita, para que se cambiara

Bueno, mientras ellos estaban arreglando los problemas de vestimenta, los del futuro arreglaban problemas también causados por la bendita diosa.

Varios también habían cambiado su atuendo, para la mala suerte de un par que venía entrando de la mano, lo cual causo que también cambiaran sus vestuarios.

Los nervios de Skai llegaron al cielo ¡estaba llevando shorts!

Una pelinegra, no muy lejos, intentaba cubrirse el abdomen. Llevaba un crop top y unos jeans que se ajustaban a su figura.

Charlotte estaba avergonzada, ¡llevaba short! ademas de unas botas con tacón de color negro hasta las rodillas, una blusa azul que tenia bastante escote, se intentaba tapar con su largo cabello, pero este estaba en una coleta alta, lo cual no lo hacia muy manejable

A Evan solo rio, el llevaba una camisa blanca junto a una chaqueta de cuero y unos vaqueros, para su prima, se veia bastante guapo

En cierto chico Valdez, el cambio había ocasionado que llevara una camisa que detallaba los músculos ocasionados por la forja, la camisa era de un color azul, oscuro, muy oscuro, y jeans de una tonalidad similar, botas y lentes de sol.

Al verlo, a Skai se le secó la garganta. Dejó de intentar cubrirse las piernas. Llevaba una camiseta blanca que dejaba traslucir su brasier, unos botines con tacón, con el cabello corto y suelto.

Giles, bajó la mirada y bufó. Una camisa de lino color azul cielo, que tenía los suficientes botones como para que se le viera el pecho. Los pantalones eran jeans, y llevaba deportivos.

Daniela bufo, en realidad, viéndose como se veía, prefería la ropa de su hermana mayor, lleva un vestido de color azul marino, corto, bastante corto, pero suelto, con unas panties debajo de maya y unos tacones negros, el vestido era palabra de honor , bastante apegado a su busto, con una chaqueta de cuero negro, pero solo era de media espalda, su cabello era lo que más le molestó, su cabello antes azul ahora brillaba en su esplendor rubio por completo, con dos trenzas tomadas de cada lado de su cara, despejando la y uniéndose en la parte de atrás de su cabeza

A una de las que le gustó su ropa fue Lizie, este era un vestido rosa, hasta las rodillas , con bordados de color dorado formando flores hasta su cintura, su cabello castaño estaba en un moño alto y llevaba unos aretes de diamante rosa que le fascinó, un collar de perlas blancas junto con un diamante en forma de rosa colgando en su cuello

A Galia podría gustarle si no hubieran jugado con su cabello, alisándoselo y colocándole una diadema de laureles de metal, que brillaba en su cabeza. El vestido estilo camisón que llegaba a mitad de su muslo le gusta, sin cubrirle loa brazos y con unos tacones bajos de color dorado, el vestido tenía botones en la espalda y un escote en V pronunciado.

La chica D' Angelo bufó y dejó caer su cuerpo en el sofá, con los brazos cruzados sobre el pecho. Llevaba chaqueta de cuero y botas de tacón, eso le gustaba, ¿Para qué mentir? Su cabello caía como una sedosa cascada con mechones púrpuras sobre su espalda, con dos trenzas que salían de sus sienes y se juntaban en la parte posterior de su cabeza. Sus ojos estaban delineados. El top era de un color verde agua. Y, para colmo, el dragón tatuado en su abdomen estaba a la vista de todos.

Charlotte dejo de bufar y miro a su novia, para que negarlo, le gustaba verla así, pero solo ella debía verla así, nadie mas - Victoria - gruño, como si fuera culpa de ella, la abrazo y la apego a su pecho, ocultando su busto y su abdomen

Daniela gruño - ¡Por la chicha! - pero bueno, por lo menos no mostró los tatuajes de su espalda, líneas curvas que recorrían gran parte de ella y eran bien femeninas, delicadas y el delfín que estaba en su cadera , camino con cuidado, al no estar acostumbrada a los tacones hasta su asiento anterior, sin siquiera mirar a su novio

Victoria se dejó abrazar, sonriendo divertida. Qué bueno que el resto de sus tatuajes estaban en su pierna, y el más tranquilo, el libro, en su muñeca. Le acarició las clavículas a su novia y besó su mejilla,-la que debería cubrirse eres tú, Lottie-.

Giles, en cambio de su novia, no podía dejar de verla.

Luke andaba que babeaba por su novia, no, esperen, sí babeaba por su novia.

Lizie palmeó con fuerza- ¡hermanitos!-.

Era el momento.

Charlotte río - en esta posición tampoco me ven a mi - acarició ese negro cabello que tanto le encantaba y la abrazo con más fuerza, para luego susurrar en su oído - aunque he de admitir que te ves sexy, pequeña -.

Daniela llegó al sillón y se sentó, ahí recién miro a su novio, para que negarlo, se veía más guapo de lo habitual, esa camisa acentuaba sus músculos y hacia brillar más esos hermosos ojos, su cabello estaba más despeinado, pero no tenía las trenzas, eso no le gustó nada, nada de nada.

Galia se abrazo a su novio, el también se veía extremadamente guapo, con una camisa verde a cuadros que resaltaba sus ojos, Afrodita le había puesto un arete, el cual se le veía bastante bien, usaba unos jeans negros y unas deportivas del mismo color, la camisa estaba arremangada hasta sus codos, dejando ver el tatuaje de un tiburón en su antebrazo

A Evan se le fue todo el color de la cara, miro a la chica de la cual estaba locamente enamorado, ella llevaba unos jeans rasgados de color blanco, con una camisa roja vaporosa, haciéndola ver como una fantasía, y su cabello peinado hacia un lado, con un maquillaje nulo, y unos aretes que, aunque plateados, no eran nada discretos, se enredaban en su odio como un dragón - ¿ahora? -.

Mientras Victoria era recorrida por un escalofrío de pies a cabeza, o al revés, como sea, Evan y Skai se ponían de pie, luego del gesto afirmativo de su malvada hermana, hacia esos dos.

Ella no era temerosa, no señor, además, mientras se frotaba las manos en las mejillas y recuperaba la compostura, Skai supo que cualquier flaqueo haría sospechar a su mejor amigo y a todo aquel que ella conociera, por lo tanto, un respiro hondo y estaba lista para la batalla.

Oliver no entendía lo que pasaba cuando Skai se acerco a él, no lograba comprender que sucedía, ella se paro frente a él y lo jalo hacia ella, hasta besarlo, seguía sin comprender que es lo que pasaba, solo ahora sentía que estaba en el cielo

Afrodita tuvo que morderse la mano para no chillar de la emoción.

Y otra que había sacado culposamente ese comportamiento de su abuela, estaba aplacando sus chillidos e hiperventilaciones, abanicándose con la mano, era Elena.-al fin, al fin, al fin-susurraba sin cesar.

Skai aun no estaba segura de si era correspondida, porque Oliver y apenas estaba siguiendo el ritmo de sus labios. Quizá estaba siendo muy rápida, asique disminuyó la velocidad.

Oliver aprovecho eso para tomar el la iniciativa, tomó a la chica de su cintura y la apego a él, luego de eso empezó a mover sus labios lentos, quería disfrutar ese beso.

Galia dio pequeñas e inaudibles palmaditas-¡Al fin!-exclamó en un susurro.

Skai cruzó los brazos tras la nuca de su mejor amigo y disfrutó.

Evan estaba rojo, le costaba ver a su hermana, su melliza, en los brazos de uno de los mejores amigos de los dos, cerró y abrió los puños, intentando no golpearlo

Oliver no quería separarse, por Zeus, no quería, pero sus pulmones gritaban por aire, cuando se separaron junto sus frentes y cerró sus ojos, sin querer dejarla ir - dime qué no es una broma esto, Skai - susurro

Evan estaba rojo, le costaba ver a su hermana, su melliza, en los brazos de uno de los mejores amigos de los dos, cerró y abrió los puños, intentando no golpearlo

Oliver no quería separarse, por Zeus, no quería, pero sus pulmones gritaban por aire, cuando se separaron junto sus frentes y cerró sus ojos, sin querer dejarla ir - dime qué no es una broma esto, Skai - susurro

Ella se mordió el labio hinchado. Ella era hija de un Stoll, y las ganas de bromear un poco la estaban carcomiendo tanto como las ganas de besarlo. Acarició torpemente la mejilla de su chico y dejó de meditar,- no es una broma-susurró.

- ¿no es una broma? - sonrió, quería que ella lo dijese, quería que ella abriera primero su corazón - ¿entonces qué es? - .

Abrió los ojos, esperando que él no hablase en serio, a veces él era muy convincente. Se muerde el labio tembloroso,- ¿el beso no te basta?-.

- un beso puede significar muchas cosas - susurro, sonriendo de costado, en verdad necesitaba que ella fuera la primera en hablar, lo ansiaba

-Pues este beso significa...-oh vamos, Skai, niña valiente, hazlo, no eres ninguna cobarde. Skai no sabía por qué, pero la voz de la razón en su cabeza tenía la voz de Lizie...- que te quiero-.

Oliver solamente hizo lo lógico en esa situación, la tomo de la cintura y giro sobre su eje, y cuando la bajo, la beso, de la forma más dulce y llena de sentimientos que tenia de hacerlo - yo te quiero, Skai - no pudo contener la sonrisa enorme que tenía en su rostro, ni quería

Luego de que él correspondiese a su beso, supo que tendría esperanzas, pero ahora, esa voz, esa frase, esos labios, él. Volvió a besarlo, esa hermosa sonrisa se instaló en su corazón.

Cuando se separaron, lo cual no fue por su causa, si no porque el hermano mayor celoso de la chica grito, el hizo la pregunta - ¿quieres ser mi novia? -.

Luego de darle una mirada de muerte a Evan, se volteó a ver a su Oliver,- sí, sí, sí-.

Él solo la abrazo mientras sonreía - al fin - rio y la beso, antes de que Evan los separara

- Suficientes besuqueos - gruño mientras alejaba a su incente hermana de ese adolecente pervertido

Su inocente hermana le dio un inocente jalón de oreja, sonriendo felizmente, de verdad, no como si quisiera matarlo, aunque sí quería. Besó su mejilla y susurró,- tu turno-.

- No quiero - susurro - para ti es mas fácil - dijo, no refiriéndose a la cantidad de nervios, sino al hecho de que con la persona a la que a él le gustaba, compartían lazos sanguíneos

Ella no dejaba de halarle la oreja, solo que ahora era un gesto más... ¿Tierno?-el amor es amor, hermanito. No seas cobarde-.

- no soy cobarde, no quiero parecer enfermo - aclaro, con su mano en su nuca - no quiero que me odie - la miro a Los ojos, con el miedo latente en estos

-La conozco, sé que le gustas, hermanito-soltó su oreja ya roja, cruzando los brazos tras su cabeza, la señaló con los ojos-te ve totalmente expectante-.

El solo respiro, antes de acercarse a su prima y ofrecerle su mano - Isabella - susurro mientras esperaba si ella tomaba su mano o no

La cara de la chica era algo similar a un tomate, su tez de un color cercano al carmín, sus ojos claros bien abiertos ante su primo, ante el chico por el que pasaba las noches despiertas. No podía ni parpadear ¿acaso respiraba?-y-yo-sí, quería tomar su mano, aunque solo fuera para un saludo. Y lo hizo.

El la jalo, y respiro, mientras sentía el pequeño cuerpo de la chica chocar contra el suyo propio , acarició su cabello, pasando por este, luego a su mejilla y terminando en su cuello - mi hermosa Isabella - susurro - te quiero - lo dijo, sin anestesia ni nervios, la miro a los ojos y lo soltó

Esto no podía ser cierto.

Los hermanos de Isabella no estaban en ese sitio, no tenía hermano mayor sobre protector que diese el grito al cielo e interrumpiera ese mágico sueño que no quería que se transformase en pesadilla.

Evan era tan dulce, siempre tan dulce, que temía haberse equivocado, enamorarse erróneamente, pero al parecer su corazón sí latía por el correcto. -y yo a ti, Evan... Evan-.

Evan sonrió, no esperaba eso, siendo honesto, pero ahora que lo sabía, ahora que sabía que sus corazones eran uno solo, iba a evitar que cualquiera la apartase de sus brazos - ¿puedo...? - miro sus labios, quería su permiso, quería hacerlo todo al ritmo de ella

A Bella el corazón se le aceleró aun más.

A Tori aquella escena no le pasaba desapercibida, medio encaramada sobre su novia, observaba desde el cuello de ésta lo que pasaba con su amiga.

-S-sí-no podía ser cierto. Carraspeó y tocó sus orejas, como si con eso pudiera reconocer si no era unos espejismos de la niebla,- sí-.

Charlotte no tomaba esa mirada tan potente como algo bueno - ¿porque los miras tanto? ¿Acaso te dan celos? - gruño, abrazándola más, posesivamente

Evan no pudo esperar más, la jalo atrayéndola a sus brazos, saboreando esos labios color manzana

La de ojos azules, rió bajito y le dio un beso tras la oreja de su novia, pero sin dejar de mirar a su amiga y a su amigo- Lottie, Isabella fue la que más me ayudó contigo, tonta-.

Charlotte ronroneo al sentir esos besos - igual me molesta - dijo mientras acariciaba el pedazo de su espalda que tenía al descubierto

-A veces ni yo te entiendo, amor-murmuró riendo, pero seguía sin apartar los ojos de aquellos dos. Ella misma se encargaría de golpear a aquellos que se opusieran a la relación de Isabella y Evan.

Charlotte solo la atrajo hacia sí, besándola con amor - eres mía - susurro entre sus labios

Dan seguía sentada, aunque las escenas frente a Ella la enternecieran aún estaba muy molesta, mucho

-Ya lo sé-susurró la pelinegra cuyo cabello brillaba y se notaba sedoso, un milagro que solo era gracias a la magia de Afrodita-y tú eres mía-.

Giles había vuelto a sentarse al lado de su novia, mirándola a ella, solo a ella, sin bizquear ni disminuir la intensidad que sus ojos irradiaban.

- soy tuya, y siempre lo seré, pequeña - la atrae a sus brazos - te amo - susurro en su oído, beso su cuello y su mandíbula, hasta sus labios

Dan giro la cabeza, para ver a su novio, y vio esa mirada brillante e intensa, tan intensa que la hizo ruborizar - ¿qué? - pregunto

En lo que eso pasaba, ciertos primos empezaban a separarse del beso que durante mucho tiempo habían esperado.

Evan sonrió mientras sus brazos no se separaban de su cintura - mi Isabella ¿quieres ser mi novia? - susurro con los ojos cerrados mientras sonreía vivamente

A la chica no le importaban los problemas. Cuando el corazón habla, la razón calla. Su frente presionó más contra la de él- sí quiero-.

Sonrió y su mano acaricio su mejilla - no sabes lo feliz que soy - susurro, quería que esto fuera lo más íntimo posible

El susurro solo llegó a ella, como él quiso, por mucho que la mayoría anduviese sobre el borde de sus asientos para escuchar lo que entre ellos se daba.

Ella devolvió un susurro-yo también soy feliz-.

La guío a su asiento, quería, por el momento, que su atención estuviera centrada en ella y solo en ella - te quiero - dijo cuando llegaron

-y-yo a ti-muy débil-y yo a ti-perfecto.

Dejando esa tierna escena atrás, la diosa del amor estaba chillando en su asiento

Dan aún esperaba una respuesta de su novio

Giles seguía como bobo.

Dan gruño, pasando una mano en frente del rostro de su novio - ¿Giles? - nada, le toco la mejilla, preocupada - ¿rayo del cielo?

-¿ah?-oigan, por lo menos el tipo seguía vivo.

Ella suspiro, aliviada - ¿cariño? ¿qué sucede - susurro, aun acariciando su mejilla

-E-es... Es que eres hermosa... Más de lo que pensé, mi espuma de mar-susurra, tomándola de las mejillas y con adoración en su mirada.

- no - ella negó, fuertemente, - no mi amor - susurro mientras se ocultaba en su cuello

-Sí, lo eres... Aunque amo cómo te queda el azul en el cabello-la abraza- ¿aun te molesta? Lo siento por lo que te hizo mi abuela -.

- sí, me molesta, el azul me diferencia de mi madre - hace una pequeña mueca - pero no hay nada que pueda hacer

Le acariciaba el cabello lentamente,- por lo menos no están aquí ni ella ni tu papá-.

- eso es bueno - lo abrazo a él y le dejo un beso en el cuello - pero, también hay otra cosa que me molesta mucho, mucho - susurro para que solo él la escuchara

Él se acercó más a su rostro para escucharla mejor- dime-susurró y solo ella le escuchó.

- te ves demasiado apuesto - dijo mientras mordía juguetonamente si cuello - me molesta

-¿Eso es malo?-murmuró y le acarició el cabello, rubio sedoso y hermoso.

- muy malo, no me gusta que nadie más te mire- susurro dulcemente en su oído

Comenzó a acariciar la mejilla de su novia, tan hermosa y adorable,- nadie me está mirando, mi hermosa-.

- porque saben que los mato si lo hacen - bromea

Ríe con diversión. Aunque esa amenaza todos la conocían,- lo sé, mi amor-.

- te amo - susurra mientras se sienta sobre el - y eres mío

Tanto amor, tanta cháchara empalagosa, que repugnaba ¡Especialmente al estómago tan sensible de Ares!- ¡Basta ya!-.

Las parejas lo miraron mal, pero nadie como Afrodita - ¿¡como se te ocurre!? - salto hecha una furia

-¡Es que quiero ver si matan al chiquillo ese! ¿es mucho pedir?-gruñó, controlándose porque a esa diosa no podía alzarle la voz.

Muchos se dieron en la cara con la mano. A Atenea le llegó un impulso de querer golpearlo por su estupidez.

-Hombres-masculló la diosa de la caza.

- Hombre - dijo a su vez la diosa del amor - bueno, leamos

-Hay que traer a los chicos del pasado-recordó la diosa del hogar, con serenidad.

- ¿no los podemos dejar donde están? - pregunto la hija del Superman rubio

-Ellos también deben leer, querida-le sonrió con dulzura.

Está bien, ya me di cuenta que no podemos deshacernos de ellos, pero, Lady Hestia, ¿no puede traer a nuestros hermanos? - dijo la nieta de Poseidón menor

-Lo siento, pero no aun, linda-suspiró, sus ojos no perdiendo la dulzura.-tengan paciencia-.

- por favor - suplicó la ahora rubia, - se lo suplico - necesitaba ver a sus pequeños

-son órdenes de las moiras, querida-.

Órdenes, Órdenes, mierda todo. Como la orden de Maria de que no se acercase a ella durante todo esto, a Silena le parecía una total mierda. Especialmente si su novia llevaba un vestido de margaritas, negro, de mangas caídas, con unas botas de tacón a mitad de pierna que le tentaban de sobre manera.

María solamente estaba evitando mirar a su novia, en realidad, estaba hermosa como si en vez de Ares fuera nieta de Afrodita, llevaba un vestido morado con detalles en rosado, con unas líneas como fuego que subían desde la falda hasta su cintura

-Maldita seas, Zang, mírame-mascullaba inentendiblemente, doblada hacia delante y con sus piernas ligeramente abiertas ¿qué? ¡Llevaba shorts!

Ella, como si la escuchara, se volteo para mirarla, cuando sus ojos conectaron pareciera que el fuego en el vestido de su novia pasara a sus ojos

Por mucho que Silena Rodríguez hubiera dicho estupideces sobre el amor, ahora ella era una de esas bobas enamoradas que siempre la hicieron estremecer en apariencia. El fuego en la conexión de sus miradas la recorrió entera hasta sonrojarle las mejillas. Logró realizar una sonrisa de esas victoriosas, la de piel oscura la había escuchado, y esperaba ahora que pudiera leer todo lo que Silena quería hacerle y no precisamente era golpearla por su terquedad.

María no podría estar más sonrojada ni aunque lo intentará, sabía muy bien lo que la nieta de Ares pensaba, la conocía, y en la mayoría de las cosas ella estaría de acuerdo en lo que la otra quisiera hacerle

La sonrisa se ladeó más. Esos sonrojos eran pequeñas victorias en su relación, y ya iba por otra algo más grande. Se levantó de su sillón y se fue caminando con una tranquilidad anonadante hacia la salida del templo, sin dar explicaciones a nadie más que a su novia, la gracia de ser nieta de Hermes le permitía mover las caderas con algo de feminidad que haría sentir orgullosa a Afrodita.

María sonrió mientras esperaba unos minutos para levantarse y seguir a su novia, cuando se dio cuenta que todos volvían a sus conversaciones también salió, aunque por otra puerta, para que no fuera sospechoso y luego se encontró con ella

El fuego que había recorrido a ambas antes explotó cuando los dedos de la más alta fueron a la cintura de muñeca de su novia, no sobre la tela.

Ni que decir de la menor, llevo sus manos a la espalda de su pareja mientras soltaba leves suspiros de satisfacción

La piel de la más pequeña era suave, suave, malditamente suave, y se erizaba siempre bajo su tacto. Sus manos bajaron a la zona de la espalda que prendía a su novia, y le aruñó despacio.

La chica ahogo un leve gemido y se separó unos centímetros de ella - aquí - tomo aire - no, busquemos otro lugar -.

-Sube-susurró, deslizándose sobre su piel, sobre la tela de encaje de sus bragas, de nuevo sobre su piel chocolate hasta clavar sus dedos en sus muslos para alzarla.

Subió sus piernas a su cadera y su rostro fue a sus senos, ventajas de ser pequeña - sácame de aquí - susurro antes de amasar sus senos

Cruzó un brazo bajo el trasero de la más chica y salió corriendo ¿A dónde? Lo más lejos y solitario posible.

Dos minutos más tarde tuvo que detenerse gracias a los gemidos que Maria no dejaba de provocarle.

- ¿qué sucede, cariño? - susurro en su cuello, antes de dejarle un chupón y una mordida bajo su oído

-Me encantas pero harás que sea justo aquí donde te quite la ropa, amor-replicó con dulzura, una voz que solo salía con esa pequeña morena.

- está bien - gruñó mientras besaba su cuello por una última vez antes de detenerse

-Ahora que te has detenido ¿a dónde vamos?-giró sobre su eje con cuidado de no perder el equilibrio.

- templo de Afrodita - susurro en su oído mordiendo su lóbulo

María se ganó que las uñas de su novia se hundieran en uno de sus gluteos-bueno, me parece bien-le apretó la cintura y corrió.

Sonrió luego de soltar el gemido que la acción de su novia logro - ¿ansiosa, guerrera? -.

-Eres la persona más cruel que he conocido-le sonrió y aliviada pudo contemplar el templo a la diosa del amor- y te amo-corrió más rápido, con los hilos de su susurro quedándose atrás.

Sonrió cuando llegaron al templo y más cuando la chica fue a una de las camas de ese lugar - se nota que es la diosa de la fertilidad -

-Se nota que sabe que estamos aquí-era evidente, por supuesto, esa diosa lo veía todo. La colocó en la cama,- quiero quitarte esas botas-.

Alzó una ceja mientras se estira - ¿y qué te lo impide? -.

-Que tenemos que hablar, María-se sentó al borde de la cama.

- ¿sobre el que? - se sienta en la cama

-Sobre... Sobre tú y yo, nuestra relación, que ya quiero que no esté en secreto-con firmeza, casi hasta de manera ruda, espetó.

- pero Silena... - iba a empezar con el mismo discurso de cada ve,

-No, ahórratelo, siempre es lo mismo y me lo conozco-le quitó el dedo que había puesto sobre su boca- pero te quiero conmigo, te quiero y ellos tienen que saberlo?-.

- Cariño, te amo y lo sabes, pero si mi padre se llega a enterar de que su "valiente y fuerte hija" es lesbiana, sería capaz de matarme - susurro mientras bajaba la cabeza

-Por ahora solo deben enterarse los chicos-no pudo detenerse al cogerla de la cintura y abrazarla contra su pecho.

- en eso no estoy en contra - susurra mientras se acurrucaba en su pecho

Frank era de los pocos que aun visitaba a sus hijos al campamento. Silena estaba dispuesta a proteger a su novia con su vida si el padre de ella se volvía loco al enterarse de la orientación de su hija,- quiero decírselos luego de esto-.

- está bien - susurro aun acurrucada en ella, buscando protección, buscando no tener que ser la fuerte

Conocía a su chica, conocía sus debilidades. La recostó de espaldas sobre la cama, protegiéndola con su cuerpo de cualquier cosa-¿Mary?-susurró en su oído.

- ¿sí? - susurro, mientras se sujetaba con fuerza a ella

- Quiero hacer el amor-no es que fuera insensible, cuando se trataba de Maria era todo lo contrario a insensible, pero sabía distraer a la morena. Recorrió sus suaves muslos, subiendo a sus caderas.

- cariño, no tengo ánimos - susurro, no quería rechazarla pero con la ultima platica toda sensación placentera había abandonado su cuerpo

-Entonces relájate un rato-susurró devuelta, sin perder sus estribos o llegar a la súplica. Se deslizó por sus piernas hasta estar de nuevo sentada en el borde de la cama y empezó a sacarle las botas.

Se estremece y decide dejarse llevar como tantas otras veces ya ha hecho - está bien - ronronea, porque sabe que a ella le gusta eso

Las medias que torneaban las piernas de su novia, llegaban hasta la rodilla. Se relamió los labios y empezó a bajarle una, acariciando su piel.

La chica jadeó un poco, mientras sus manos iban a Las de su novia indicándole que subiera más

Subieron por los muslos, deslizándose bajo el vestido, luego de que le quitara la otra media. En un silencio cálido, le subió la falda.

- sácalo completamente - demandó, con voz cálida, le gusta mandar cuando ella la desvestía, que podía decir

Hacerla feliz la hacía feliz. Quién lo diría, algo de los Rodríguez estaba en esa ruda chica castaña. Pasó las manos bajo el cuerpo de su novia y le bajó el cierre al vestido.

- despacio - dijo ella con voz cálida, aunque ahí estaba una orden impresa - lento y suave - ella se refería a como quería que le acaricia se el cuerpo

Y había descrito el cómo la trataba su novia. Le sacó el vestido despacio, dejándola en un brasier strapple y unas bragas de encaje que le quedaban a la perfección a Maria.

- bésame, pero no los labios - negó mientras sonreía pícaramente - y no saques aún la ropa interior, Sile -.

Una sonrisa gatuna se hizo paso en los labios de la nieta de Hermes. Sus rodillas se posaron en el suelo suavemente y se recostó en la cama, entre las piernas de su novia,-¿aquí?-.

Niega - primero el cuello y luego en el busto - dijo firme - después pensaré si premiarte

Rodó los ojos, pero por lo demás, se volvió sobre ella, pegando sus labios a su cuello, saboreando a besos esa piel dorada.

Gimió leve, despacio, tomándose su tiempo para soltar esos sonidos que sabía que a su novia le gustaban

Silena también se lo tomaba con calma, queriendo darle el gusto a su novia para hacerla sentir bien, mejor, excitarla un poco. Acariciaba su abdomen mientras cubría su cuello de besos.

María soltó un gemido mientras acariciaba la cintura y cuello de su novia y sonreía - bien - eran leves suspiros los que salían de su boca

-¿Qué quieres que haga ahora?-susurró con lentitud sobre el hombro de su novia y acarició su ombligo con el dedo índice.

- quiero que los besos bajen - susurro mientras acariciaba la cabeza de su novia, con cariño y dominancia

La de piel más clara bajó con sus besos por su pecho, dejando un poco de su brillo labial sobre la tersa piel chocolate.

A María le gustaban esos pequeños brillos sobre su piel, le gustaba ver la como la chica seguía cada orden suya, le gustaba, por ese momento, tener el control de algo

-¿Mery-susurraba, con los labios entre sus senos, depositó otro beso- ahora qué?-.

- lame los - susurro entrecortada, ella sabía que la otra sabía que se refería a sus senos

-Tengo que quitar el brasier primero-replicó, y pasó la lengua suavemente entre ellos.

- pues hazlo - dijo la chica morocha

Las manos bajaron a la cama y entraron entre la espalda y las sábanas. Ágilmente se lo desabrochó y comenzó a quitárselo.

La morena suspiro, mientras su ojos centellaban con el placer - lame los - volvió a ordenas, quería ese contacto, lo ansiaba

Su novia siguió la orden, con gusto al pasar la lengua sobre uno de sus pezones.

- Muerde - esta vez no podía pensar claro, solo decir lo que quería seguir sintiendo

Su novia sabía lo que estaba provocando, y podía solo ir y succionar su pezón, pero conocía a su novia y solo mordió levemente, a la espera de otra orden, dio otra mordida.

- el otro - ahora fue más fuerte, quería más de esa sensación tan... Exquisita

Lo hizo, su novia solo acataba sus órdenes con gusto, y satisfacción por hacerla poner esa expresión de placer.

- desviste te - la empujo fuera de su cuerpo, quería igualdad de condiciones

-¿Toda la ropa?-ladeó la cabeza, con una sonrisa nada inocente.

- todo - sonrió y la señaló entera - te quiero desnuda, ahora

Ante la vista de su novia, Silena empezó a desvestirse, comenzando por el brasier, hasta que sus pies descalzos estuvieron contra el frío mármol.-aquí me tienes-.

- acércate - fue firme, aunque si no hubiese estado acostada en la cama sus piernas estarían temblando, su novia era hermosa, perfecta, ni muy exuberante ni muy plana

Se sujetó de los muslos de su chica para subir a la cama y luego gateó sobre ella hasta estar cara a cara una con la otra.

- bésame - fue un susurro, lo suficiente para que la mayor la escuchará atentamente, ella no solo quería eso, quería sentir el amor que le profesaba

La mayor acarició su mandíbula con cuidado y paciencia, siguiendo el contorno de su rostro, subió hasta su oreja y luego fue atrás, a su nuca. Sus alientos se colaron en una sola nube justo antes de que sus bocas se hicieran una sola.

Sus ojos se cerraron lento, y sus manos se fueron a su cabello, acariciando ese mar castaño que tanto le gustaba, uniendo sus respiraciones en una sola y mordiendo su labio levemente

La besó con ternura, con pasión colándose entre sus labios, entre ellas, desbordando amor con cada movimiento. Amaba la manera en que la relajaba cada que tocaba su cabello, solo ella sabía hacerlo así de bien.

Se separó un poco para tomar aire y en ese segundo aprecio la belleza de su novia, sin preocuparse de nada, de sus padres, del que dirán, ni nada

Observó cómo su novia no la miraba a los ojos, y, aunque dijeran lo que dijeran sobre la hija de Clarisse, la rudeza en su sonrojo no era mucha. Le sonrió con dulzura, con sus manos, le acarició el rostro, las mejillas y mentón, su piel chocolate y suave, con marcas que ella besaba todas las veces que podía hacerlo.

- Te amo - fue un susurro lleno de sentimiento, pero era la gran verdad, la amaba y no temía decirlo frente a ella, ni frente a sus amigos, pero su padre, su madre, eran otro tema totalmente lejano, les temía, temía que podían hacerle a la chica que tenia frente a ella

Su mano estaba llena de callos, pero sabía que a su novia le gustaba su tacto, aunque no fuese el más delicado, no era algo que pudiera controlar, lo hacía con amor. Le dedicó una sonrisa y se recostó sobre ella, sus cuerpos encajando con soltura.- dilo de nuevo-pidió.

- Te amo - no lo dudo, sonrió y junto sus manos, para luego besar las de ella, mostrando cuanto adoraba y añoraba su tacto, deseaba sus manos, porque eran de ella, y de nadie más, solo de ella y así le gustaba

Silena no podía dejar de mirarla, porque amaba tanto esos ojos dorados, y el cómo la admiraban, se derrumbaba, y no tenía hacerlo, porque ella la mantenía estable, y lo valía. Amaba su voz, sus labios, cómo la besaba. Cerró los ojos y le dio un beso a su nariz- suenas tan excitante-susurró, bromeando... Solo un poco.

rió levemente, eso adoraba de ella, como la hacía sentir feliz, y a cada momento trataba de devolvérselo, siempre, cada vez que podía, le siguió la broma - o eso espero - sonrió y le mordió juguetona mente un dedo - porque quiero continuar - ahora si más seria, y se mostraba en sus ojos, los cuales se habían oscurecido

Al abrir los suyos, Silena se encontró con una grata sorpresa. Le encantaba cuando se ponía así. Su expresión era juguetona, acercó el dedo a su boca y lo chupó perezosamente, tomándose su tiempo para mojarlo, sin dejar de ver ese par de hermosos ojos de oro,- pues admito que yo también-.

- ¿entonces? - susurro en su oído antes de morder su lóbulo, riendo un poco - sabes que paciencia no tengo - dijo como una niña pequeña batiendo las pestañas

-Mmh-con algo de maldad, se fue bajando por su cuerpo, restregando todo su frente con el suyo, pasando los labios y sus besos por todo lo que se encontraba.

- mmm - de su garganta solo salían suspiros y gemidos, nada más, más altos mientras su novia se acercaba a su sensible zona

Cuando llegó al comienzo de su braga, sus ojos eran de un tono mucho más oscuro- ¿puedo?-sonaba tan mal, tan deseosa.

- adelante - susurro - pero despacio, cariño

-como tú ordenes, princesa-susurró, su voz chocando contra la piel de su vientre, sus manos le bajaron las bragas con la lentitud pedida, y sus labios empezaron a cubrir la zona que iba descubriendo, con besos.

se arqueaba mas a cada beso, sus manos iban hacia los cabellos de su novia y sus dientes mordían su labio inferior mientras tenía los ojos cerrados

Cuando los gemidos no se escuchaban, se alejó de su pubis, haciendo una mueca, no le gustaba separarse, pero tampoco le gustaba cuando se callaba-Marie...-.

- perdón - susurro mientras soltaba su labio, sabía que a su novia le gustaba escucharla, pero, en lo personal, aun se le hacía raro soltar esos ruidos

Sonrió, satisfecha,-sabes que no está mal-sus labios rozaban la piel de su muslo, por el que pasó la lengua cuidadosamente.

Gimió, sin poder evitarlo - es raro - susurro luego, para después acariciar la cabeza de Silena

Se tuvo que sentar, acariciándole las pantorrillas, esperando a que recogiese las piernas para poder quitarle las bragas;- es igual que el resto de ti: excitante-.

Hace lo necesario para que ella pudiese continuar - yo no lo creo así -

-Pues yo sí lo creo, me gustas-las bragas cayeron a un lado de la cama.

- ¿solo te gusto? -bromeo, riendo levemente, para luego ponerse seria - dímelo - susurra

-Claro que no solo me gustas-respondió, haciendo círculos en sus rodillas, le dio un beso a una.-te amo-.

- de nuevo - susurro, amaba escucharlo, lo amaba, estuvo tantos años acomplejándose, y al final ella sentía lo mismo

Recargó la mejilla en su rodilla y le abrazó la pierna con un brazo, su mano acariciaba suavemente su muslo,- te amo... ¿Te lo demuestro?-.

Asintió, mientras le sonreía y sus manos viajaban hasta a las de ella

Aunque gustase de tocar sus manos, debía continuar. Le mordió la rodilla y la miró de soslayo,- debo seguir-ronroneó, mordiendo ahora su muslo.

- adelante - río pícaramente y quito sus manos, dándole todo el espacio que deseara

Silena se inclinó entre sus piernas, le acarició las caderas mientras sus ojos estaban fijos en su objetivo.

María no podía evitar estremecerse ante el aliento válido de ella tan cerca de su centro

Le gustaba, a ambas les gustaba. Le acarició los muslos, las caderas y el vientre. Besó sus labios vaginales y los lamió lentamente.

Gimió con fuerza, sin contenerse, quería ese contacto, lo anhelaba

La siguiente vez lo hizo más lento, deseando prolongar ese sonido que soltaban los dulces labios de su novia.

Su gemido fue más largo y grueso esta vez, fue más la sensación de satisfacción

La sostuvo con más fuerza. La descontrolaba. Respiró intentando relajarse para cumplir lo que le había pedido su pareja. Lento. Sopló en su sexo y rozó su clítoris con la lengua.

Eso hizo que habría sus ojos con una fuerza desmesurada y que sus dientes mordieran su labio con fuerza - se siente bien - susurro

-Lo sé, Marie-volvió a soplar, dejando ir todo su aliento cálido sobre su entrepierna. Personalmente, ella también estaba muy mojada con solo verla y oírla.

- más - fue una sola petición, nada más, nada menos, ella, como siempre, sabía la situación de su novia, quería hacerla disfrutar también, no sabía cómo