Una serie de historias cortas (oneshots) sin relación entre si, sobre las SwanQueen. Tengo ya bastantes ideas en mente y trataré de actualizar con regularidad, tanto esto como mis otros dos fics. Si alguien tiene ideas puede mandármelas por mensaje y así ir añadiendo historias =)!
Bueno, este es un argumento sobre el que se ha escrito ya hasta el hartazgo en el fandom SQ, pero no he podido contenerme, la culpa la tiene Maroon 5 y dos de sus canciones "One more night" y "Animals" Mi capacidad para escribir escenas de sexo es nula, soy horrible con ellas, por eso no suelo entrar en detalle es esos casos jaja prefiero dejarlo a vuestra imaginación, que lo hará mucho mejor que ninguna descripción chapucera mía xD
Gracias por leerme y espero leer vuestros comentarios jajajaj ;P!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Contadme que os parece y espero que os guste :)!
SQT 11: One more night.
Había algo profundamente erótico en la espalda desnuda de Regina, en ver sus músculos moverse bajo la piel mientras se sentaba en la cama y como uno de sus omóplatos se movía cuando levantó el brazo para echarse para atrás el pelo.
- Tienes que irte.
Dijo sin girar si quiera la cabeza, moviéndola de un lado a otro para estirar el cuello. Emma colocó una mano sobre la piel todavía ardiendo de la alcaldesa, pero Regina se levantó de la cama y caminó a través de la habitación a oscuras, permitiendo a la rubia observar su cuerpo desnudo tan solo con la luz que se colaba por la ventana. Emma no podía soportarlo cuando hacia eso, el deseo de saltar de la cama directamente sobre la morena era demasiado fuerte, sentía el calor burbujeando bajo su piel, calor que ni siquiera empezó a apagarse cuando Regina cogió una fina bata de su armario y se cubrió con ella. No sería la primera vez que abría esa bata de un tirón, sin ceremonia ninguna para poder disfrutar de ese cuerpo a sus anchas. Pero ya no había tiempo para eso, sabía que por esa noche habían terminado y sería inútil decir nada, las palabras nunca habían entrado dentro de su trato carnal no verbalizado. No es como si se hubiesen puesto de acuerdo alguna vez, no era como si lo hubiesen hablado. Tan solo pasó. Una y otra y otra y otra vez. Cuando empezaron ya no pudieron parar, aunque había veces que era demasiado para Emma, saber que su acceso a Regina estaba restringido y condicionado. Había algo en el cuerpo de esa mujer que la volvía loca, sacaba al animal que llevaba dentro, su escondido depredador sexual. Y sabía que no era lo correcto, se suponía que odiaba a esa mujer, o que al menos debería hacerlo, se suponía que se había quedado allí por Henry, para conocerle mejor, para asegurarse de que estaba a salvo, no para acabar en la cama con su madre. Y si Mary Margaret se enteraba…no quería ni pensar en la cara que pondría su compañera de piso si se enteraba de que se estaba acostando con la alcaldesa. Era un sentimiento extraño, se sentía a la vez satisfecha hasta el exceso y también tremendamente culpable, como si hubiese hecho algo malo. Lo que tampoco comprendía era a la propia Regina, no sabía porque ella también seguía cayendo una y otra vez bajo sus caricias, todo en la alcaldesa indicaba que la odiaba y que nada la haría más feliz que ver a Emma desaparecer para siempre en su escarabajo amarillo, pero no podía evitar ceder ante la piel de la rubia. Era un círculo vicioso del que no podían salir.
Emma se levantó de la cama y buscó su ropa a oscuras, notando la mirada de Regina sobre ella mientras lo hacía. La morena estaba apoyada contra el armario, los brazos cruzados sobre el pecho cerrándose la bata. Emma acabó de vestirse sin preocuparse mucho del estado de su ropa y salió por la ventana de la habitación sin que ninguna de las dos mujeres se dirigiese la palabra en ningún momento. Normalmente bajaba las escaleras en silencio y salía por la puerta, pero Henry estaba resfriado y su sueño era más ligero que de costumbre, así que esas dos noches había usado la ventana, lo que no dejaba de ser irónico después de lo decepcionada que se había sentido al descubrir a Graham haciendo lo mismo algún tiempo atrás. El tiempo la había hecho comerse sus propias palabras, al menos Graham no estaba allí para verlo. Se metió en su coche y por fin dejó escapar un profundo suspiro, mirando sin ver el volante, perdida por un momento en sus pensamientos. Se recompuso y puso en marcha el motor para volver a casa.
.
.
.
Al día siguiente Regina la ignoro por completo, lo que a Emma no le extrañó, cada cierto tiempo hacia algo así, cada vez que tenían varios encuentros seguidos, como para dejar bien claro que no tenían ninguna relación, que entre ellas no había ninguna conexión, tan solo una conveniencia carnal, y Emma intentaba no darle mucha importancia, después de todo eso era justo lo que tenían, carne contra carne, un momento de placer y nada más.
Pero lo cierto es que ese comportamiento empezaba a irritarla, puede que su relación fuese solo carnal, pero estaba siendo demasiado continua como para seguir ignorándola de esa manera, empezaba a cansarse de ser solo el pasatiempo de Regina, de que sus encuentros fuesen siempre al antojo de la morena. Así que esa tarde se plantó en el despacho de la alcaldesa sin preocuparse en avisar.
- ¿Qué hace aquí señorita Swan?
Preguntó Regina sorprendida cuando la vio entrar sin llamar, Emma se encogió de hombros, sentándose insolentemente en el escritorio del despacho junto a la morena.
- Tenía poco trabajo.
Respondió mirando descaradamente a Regina de arriba abajo, comiéndosela literalmente con los ojos.
- Entonces vaya a entretenerse a otra parte.
Dijo secamente la morena volviendo a centrar la atención en su ordenador, aunque era bastante obvio lo tensa que estaba, miraba la pantalla sin verla en realidad.
- Pensé que podríamos entretenernos juntas.
La lujuria era tan obvia en la voz de Emma que un lascivo escalofrío recorrió la espalda de Regina.
- Márchese, señorita Swan.
En vez de eso Emma paseó un dedo juguetón por el cuello de la morena, hacia la nuca. Regina se levantó de la silla de un salto.
- ¿Qué crees que estás haciendo?
A Regina no le gustaba no tener el control de las cosas, eso era algo que Emma había aprendido ya un tiempo atrás, le gustaba que las cosas se hicieran como y cuando ella quería, y esa era una de las cosas que más la irritaban de Emma, que ella siempre hacia lo que quería, desbaratando el perfecto esquema creado por Regina. Pero también era una de las cosas que más la atraían de la rubia.
Emma agarró a la alcaldesa sin pensárselo dos veces para dejarla lo más cerca posible de sí misma, una de sus manos bajo hasta la pierna de la morena, subiéndola lentamente la falda, arañando ligeramente la pierna con una lasciva sonrisa de triunfo.
- No, ¿qué crees que estás haciendo tú? Es como si no pudiéramos parar. Se supone que deberíamos ser enemigas, pero nos llevamos muy bien cuando estoy dentro…- su mano se coló definitivamente bajo la falda de Regina, dejando que uno de sus dedos se deslizase bajo su ropa interior- …de ti.
La boca de Regina se abrió en un gemido silencioso, cerrando inconscientemente los ojos por un momento mientras Emma seguía jugando bajo su ropa, hasta que una risita de suficiencia hizo que la morena volviese en sí, apartando la mano de la rubia de un manotazo, colocándose la falda con toda la dignidad que pudo.
- No te he llamado, quiero que te marches.
Dijo Regina firmemente, apartándose de la rubia aclarándose la garganta seca. Emma fue detrás de ella.
- Tal vez creas que puedes esconderte, pero puedo oler tu aroma a millas de distancia.
Respondió la sheriff sujetándola de las caderas para acariciarla el cuello con la nariz. Estaba dispuesta a ser ella quien mandase esta vez, a hacer que Regina se doblase a su voluntad como tantas veces ella se había doblado a la de Regina, estaba decidida a hacer que la morena gritase su nombre de una vez. Pero otra vez la alcaldesa se apartó de ella, no era el tipo de mujer que se dejase controlar con facilidad, ella era quien dictaba las normas, siempre.
- Creo que ha habido un malentendido, quizá piense que puede aparecer en cualquier momento, o que nuestra relación es una relación, pero no lo es. Puede que nos hayamos acostado alguna vez…
- Muchas veces.
- Da igual cuantas veces pase, entre usted y yo nunca habrá nada más que ocasionales encuentros carnales.
- No me jodas Regina, ha pasado muchas veces, muchísimas veces, y no pareces pasarlo especialmente mal con ello.
Regina rio con sarcasmo.
- Por favor señorita Swan, no se crea más de lo que en realidad es, me mantiene la cama caliente y nada más.
A Emma le sorprendió el pinchazo que esas palabras provocaron en su estómago.
- ¿Así es solo eso? Primero Graham y ahora yo ¿no? Te pone tener en la cama a alguien con placa.
- Se supone que estáis al servicio de la comunidad ¿no?
Volvió a reír la morena con crueldad, pensaba dejarle bien clara a Emma su posición, aunque tuviese que ser absolutamente insensible. La rubia le cruzó la cara de un sonoro bofetón.
- Pues esta sheriff ya no esta a tu servicio.
Prometió Emma con dureza y la rabia escrita en los ojos justo antes de salir del despacho.
.
.
.
El resto de la semana fue una pelea constante, no podían verse sin discutir, e incluso aunque todos estaban acostumbrados a verlas pelear no dejaba de ser sorprendente la dureza de estos últimos enfrentamientos, en uno de ellos incluso tuvo que intervenir Ruby antes de que llegaran a las manos en mitad de la cafetería.
Emma estaba todo el día de mal humor, gruñona e irritable, y eso le tocaba pagarlo a Mary Margaret, que había dejado de preguntar qué había pasado entre ella y la alcaldesa para que su relación hubiese empeorado aún más, ahora la maestra solo intentaba no estar en la línea de ataque de sus compañera y dejarla descargar su frustración contra los objetos de la casa, como la tostadora o la cafetera. La rubia sabía que no estaba siendo una compañía precisamente agradable así que pasaba mucho tiempo en la comisaria, que de todos modos le venía bien para adelantar trabajo que aún tenía atrasado. Con lo que no contaba es con que en una de esas veces apareciese Regina por allí.
- Señora alcaldesa, no recuerdo haberle puesto ninguna multa, así que no sé qué hace aquí.
Dijo Emma en el mismo tono educadamente duro que solía usar Regina con ella tan a menudo, la morena levantó una ceja y rio un poquito.
- No he venido por ninguna multa.
- No voy a prestarte ningún otro servicio.
Aclaró la rubia con una mueca molesta desde su escritorio.
- No necesito ningún servicio de usted, vengo a proponerle una tregua.
La sorpresa en la cara de Emma fue tan obvia que no tuvo que decir nada para que la otra mujer siguiese hablando.
- Henry no está muy complacido con nuestra obvia rivalidad, y no quiero que este disgustado por algo que se solucionaría fácilmente simplemente ignorándonos.
Aclaró Regina con simplicidad, apoyándose en una de las mesas de la comisaria para quedar enfrente de Emma.
- ¿Y ya está? Todo se solucionara ignorándonos ¿crees que así vamos a dejar de discutir?
- Con que no nos matemos delante de Henry me basta.
Puntualizo la morena, la sheriff la mantuvo la mirada un momento sin poder evitar recorrerla entera con los ojos, con un perfecto conocimiento de lo que había debajo de esa ropa.
- Está bien.
Dijo finalmente, estando de acuerdo, seguramente sería lo mejor para todos, no solo para Henry.
- Perfecto.
Regina sonrió con esa sonrisa falsamente encantadora que ponía para los negocios, y ahí estaba otra vez, el fuego burbujeando bajo la piel. Cada vez que Emma se decidía firmemente a sacarse el deseo por Regina del organismo, esa mujer se las apañaba para hacerla caer otra vez con algún pequeño gesto sin importancia. Era como si estuviese atascada en su piel, enganchada a su rudo contacto, adicta a dejarse la piel bajo las perfectas uñas de la alcaldesa.
Se levantó de la mesa y caminó lentamente hacia Regina, con un deseo depredador escrito en cada uno de sus movimientos.
- Entonces ya está solucionado.
Dijo destilando tensión sexual en la voz, Regina seguía parada donde estaba, mirando a Emma con indiferencia. O al menos intentándolo, porque sus ojos también se habían oscurecido con repentino deseo. Emma llegó hasta ella y colocó las manos en la mesa, una a cada lado de la morena, dejándola atrapada entre sus brazos.
- Creo recordar que dijo no volver a estar a mi servicio.
Recordó la alcaldesa dejando resbalar sus ojos por toda la figura de Emma y lamiéndose ligeramente los labios con anticipación. La rubia tocó los labios de Regina con un movimiento de su lengua, echándose hacia atrás cuando la alcaldesa se inclinó en busca de más.
- Esta vez serás tú quien este al mio.
Dijo Emma besando el cuello de la morena con desesperante lentitud, dejando marcas de fuego cada vez que sus labios se separaban de la piel. Regina rio un poquito.
- ¿Qué te hace pensar que haré eso?
- No tienes más opción.
Respondió la sheriff mordiendo el hombro de la alcaldesa con un gemido que provoco otro igual en Regina. La morena se apartó de la mesa pegándose a Emma, que ya estaba desvistiéndola con una rapidez impresionante. No se dieron cuenta de que habían caminado a través de toda la comisaria hasta que la espalda de Regina no golpeó en los barrotes de la celda, con la camisa abierta de par en par y la falda echa un desastre arrugado por encima de sus rodillas, la sheriff había perdido hacía rato la camiseta y la mano de Regina estaba dentro de su pantalón desabrochado. Emma sonrió de lado y abrió la puerta de la celda, metiendo dentro a la morena, antes de que Regina pudiese quejarse Emma volvió a atacar violentamente sus labios, cerrando la puerta de barrotes con el cuerpo de la alcaldesa mientras le arrancaba la camisa a tirones. Cuando Emma se arrodillo levantando sin ninguna delicadeza la costosa falda hasta la cintura Regina se alegró de tener unos barrotes en los que sostenerse.
.
.
.
Por primera vez desde que había empezado ese sinsentido Emma lo había conseguido, había roto esa barrera de silencioso placer que tenía Regina, la alcaldesa había gritado, desde luego que sí. Había gritado y clamado el nombre de Emma de una manera que solo había conseguido encender más a la sheriff, una y otra vez hasta que el agotamiento no les permitió seguir y acabaron tiradas en el pequeño catre de la celda con la respiración agitada y una capa de sudor sobre la piel. Emma lo había conseguido y ahora no sabía si había sido buena idea. Lo que Emma más disfrutaba era mirar la cara de Regina cuando llegaba al orgasmo, era algo increíble, el abandono y la relajación que se reflejaban en esa cara que estaba acostumbrada a ver siempre seria, el puro placer que se veía escrito en la cara de la alcaldesa, sabiendo además que era ella, Emma, quien le daba ese placer. Quizá ese era uno de los motivos por los que le costaba tanto desengancharse de Regina. Pero si encima le añadía a eso su nombre escapando de los labios de la morena, entre gemidos y susurros, pidiéndola que no parase, Emma estaba totalmente perdida. Y ahora se daba cuenta, en una celda con el cuerpo de Regina muy pegado al suyo en el reducido espacio del colchón.
Regina se levantó cuando consiguió recuperar el aliento lo suficiente, eso había sido imprudente, cualquiera podía haber entrado y verlas, cualquiera podría haberlas escuchado. No sabía que le había pasado, ella era una mujer controlada, incluso para el sexo, siempre debía tenerlo todo bajo control, y esta vez se había dejado dominar. No, peor, se había dejado llevar, arrastrada por gemidos en su oído y unas manos en su piel. Una vez más Emma Swan destrozaba todos sus esquemas preestablecidos.
- No tienes por qué irte.
Escuchó decir a Emma cuando estuvo totalmente vestida. La rubia seguía sentada en la estrecha cama sin preocuparse en cubrirse ni un poco.
- ¿Y qué pasará cuando alguien venga a visitar a la sheriff?
Regina no se había tomado las palabras de Emma en serio.
- Que ya tendrán los titulares para mañana.
Respondió la rubia con un encogimiento de hombros y una risita.
- Los lugares expuestos al público no entrar en el acuerdo señorita Swan, esto no volverá a pasar. La espero esta noche.
Dijo la alcaldesa como quien cierra una transacción comercial, colocándose la chaqueta para marcharse con la ropa tan impecable como había entrado.
- ¿Acuerdo? No soy un negocio Regina, esto no es algo que puedas planificar o controlar.
Gruño Emma levantándose por fin y dando un par de pasos hacia la otra mujer, todavía sin preocuparse en vestirse, sabía que la voluntad de Regina flaqueaba más cuando no llevaba ropa.
- Hasta el momento nos ha funcionado muy bien, limítate a cumplir tu parte.
- Mi parte…mi parte…Tratas esto como si fuese un contrato ¿verdad? Cada uno hace su papel dentro de unos límites acordados y punto.
Se apoyó en el marco de la puerta de la celda cruzando los brazos bajo el pecho, Regina seguía cada uno de los movimientos del cuerpo desnudo de la rubia con disimulo, luchando por mantener la cara de póker, algo difícil cuando tenía frente a si ese cuerpo flexible y suave.
- Si no estás satisfecha con este arreglo podemos dejarlo sin más.
- ¿E ignoraros?
Preguntó Emma recordando a que había ido Regina allí en un principio, la morena asintió mirándola de una manera altiva que sacaba a Emma de sus casillas.
- Puedes correr, puedes encontrar a alguien más para que "té caliente la cama" o fingir que esto no significa nada, pero no puedes estar lejos de mí y lo sabes.
La rubia había vuelto a acercarse a Regina, dejando que su piel rozase la tela de la ropa de la morena.
- Por eso has venido hoy, Henry no tiene nada que ver.
Regina ignoró esas palabras aclarándose la garganta y dando un paso lejos del calor que irradiaba Emma.
- Ya conoces la hora y la señal para que te abra la puerta.
- No voy a seguir siendo tu juguete sexual Regina, menos mientras no admitas que estas tan enganchada como yo.
La morena no respondió, salió de la comisaria con paso firme y confiado, dejando a una desnuda sheriff entre los escritorios.
.
.
.
Cuando llegó la hora acordada y Emma no apareció, Regina temió por un momento que la rubia fuese a cumplir su amenaza y que no fuese a aparecer más, pero casi una hora después de la hora habitual escucho como llamaban ligeramente a la puerta, no lo habría oído si quiera si no hubiese estado pendiente de ello. Abrió y dejo entrar a una Emma con cara culpabilidad, no por llegar tarde, si no por estar allí. Había luchado contra ello, había intentado resistirse a ir, se había dicho a si misma que se había acabado, que no volvería a caer en los brazos de Regina. Y aun así allí estaba otra vez, haciéndolo otra vez.
- Sabía que vendrías.
Dijo la morena con una risita.
- Esta es la última vez.
Respondió Emma para dejarlo bien claro. Y para empezar a convencerse a sí misma de ello, lo había dicho un millón de veces y hasta el momento nunca lo había cumplido, Regina siempre volvía a conquistarla.
- Por supuesto.
Rio la alcaldesa dando un paso hacia ella, claramente sin creerse sus palabras. Emma dio un paso hacia atrás.
- Lo digo enserio Regina, se acabó. Sea lo que sea esto, se acabó. Después de esta noche tendrás que buscarte otro calentador.
- Señorita Swan, hemos tenido esta conversación un millón de veces.
Y nunca se había cumplido, Emma entendía que la morena no creyese lo que decía teniendo en cuenta sus antecedentes de recaída, pero esta vez hablaba en serio, esta vez algo había cambiado, ella había cambiado.
- ¿Puedes gritar mi nombre cuando estoy entre tus piernas, pero no puedes usarlo fuera de la cama?
Dijo la rubia recordándole a la otra mujer su descontrolado encuentro de esa tarde.
- Nunca se deben perder las formas.
Respondió Regina intentando llevar ella la conversación a su antojo, algo que Emma no le ponía nada fácil.
- Al menos hasta que no pierdas también la ropa ¿no?
Regina hizo una mueca de disgusto por esa respuesta, no sabía qué demonios le pasaba a la rubia, a esas alturas ya deberían estar sudando sus sabanas, y en vez de eso seguían en la entrada de su casa hablando.
- ¿Puede saberse que pasa? ¿Desde cuándo mantenemos conversaciones?
Preguntó molesta, perdiendo la paciencia. Emma dio un paso para encararla.
- Esta relación ya no es solo carnal y lo sabes. Me buscas igual que te busco, te gusta discutir conmigo porque es una manera de poder estar a mi alrededor, nuestra forma de comunicaros.
- Discuto contigo porque eres molestamente irritante.
Emma giró los ojos con un resoplido de desesperación por esa respuesta, luego miró a Regina con rabia.
- Aunque corriera no sería suficiente, aun estarías atrapada en mi cabeza, sin poder sacarte de ahí.
Dijo claramente molesta, a ella le gustaba tan poco como suponía que le gustaba a Regina, pero al menos había decidido dejar de ignorar esa realidad, ya no podía hacerlo después de haber escuchado su nombre salir de aquella forma de labios de la alcaldesa.
- No estoy atrapada en ninguna parte de ti.
Respondió Regina ofendida, Emma la sujeto por la parte alta de los brazos, quizá con más fuerza de la necesaria, obligando a la otra mujer a mirarla directa a los ojos.
- Por más que me encanten tus mentiras no puedes negar lo que sientes cuando estás conmigo, me he metido en algún sitio más que entre tus piernas y lo sabes.
La morena se soltó de ella con fuerza, recuperando todo su aire de peligrosa autoridad.
- Ya basta de esta tontería. No sé qué demonios se te habrá pasado por la cabeza, pero sea lo que sea lo que creas puedo asegurarte que estas equivocada. Esto es lo que es, sexo y nada más, si esperas encontrar alguna otra cosa mejor que vayas desengañándote, para mí la única diferencia entre tú y el repartidor de periódicos es que desnuda tú resultas menos repulsiva que él.
Emma quería golpearla, quería borrar esa expresión de poderío de un puñetazo, quería atravesar una pared con la cabeza de la alcaldesa. Pero no quería hacerla daño. A pesar de sus palabras no quería hacerla daño, a pesar de lo que Regina acababa de decir Emma seguía queriendo recorrerla con los labios.
- Así que ¿qué vas a hacer? ¿Vas a irte?
Preguntó Regina todavía con furia en la voz. Emma la miró como si fuese a tirarle algo a la cabeza, pero en vez de eso se le tiró ella encima, besándola con urgencia, como si quisiese meterse debajo de su piel. Pero eso en la entrada no estaba permitido, no donde Henry podría encontrar con facilidad cualquier prenda de ropa olvidada, así que sin separarse de Emma, tirando de su cazadora, subieron por las escalera en un apasionado lío de labios y manos hasta la habitación de la morena, donde la puerta de cerro sin ruido y Emma pudo darse rienda suelta, sin contener sus más instintivos deseos hacia esa mujer.
Por primera vez la rubia agotó tanto a Regina que pudo abrazarla al terminar, o quizá era que la alcaldesa estaba más relajada de lo que había estado nunca. Lo de esa noche estaba sencillamente más allá de las palabras, una perezosa sonrisa se extendía por su cara cuando miró a Emma.
- Eso ha sido impresionante.
Confesó con una risita, en ese momento se sentía bien. Antes de poder decirle a la otra mujer que tenía que irse Emma ya estaba fuera de la cama recogiendo su ropa.
- Quería terminar con algo impresionante.
Respondió la sheriff vistiéndose rápidamente de cualquier manera. Regina se sentó en la cama para mirarla con algo de preocupación.
- ¿Terminar? No podías hablar en ser…
La puerta se cerró antes de que ella pudiese terminar la frase.
.
.
.
Al parecer Emma sí que hablaba en serio porque no volvió a aparecer, no la buscaba, no la respondía, estaba haciendo justo lo que habían acordado en la comisaria: ignorarla. Ni siquiera sus intentos por discutir servían de algo, Emma simplemente lo dejaba correr sin responderla.
- ¡No puedes ignorarme, soy la alcaldesa, sheriff!
Le gritó un día a la rubia entrando en la comisaria como un huracán, Emma levantó la vista del periódico dando un perezoso sorbo de su café.
- No la ignoro señora alcaldesa, dígame cual es el problema.
El tono de Emma Swan nunca había sonado tan distante, tan impersonal, ni siquiera cuando se conocieron.
- El problema es…es…estas ignorándome.
No sabía que decir, Regina no era de las que suplicaban, no podía dejar ver que la repentina indiferencia de Emma la estaba afectando.
- No lo hago, estoy aquí para ayudar a los ciudadanos en todo lo que pueda.
Dijo la rubia dejando el café a un lado y cruzando las manos sobre la mesa para mirar a Regina prestándole toda su profesional atención. La morena se sentó frente a ella exasperada.
- Deja ya está tontería Emma, sé que estas enfadada, pero no puedes evitarme eternamente.
- No sé de qué me habla señora alcaldesa, no estoy enfadada por nada, debe de ser un malentendido. Si no me necesita, seguiré haciendo mi trabajo.
Bajó otra vez la vista hasta el periódico, cogiendo el café, pero Regina le quito la lectura de delante de un cabreado manotazo.
- Leer el periódico no es trabajar. Mira, a lo mejor me pase con lo que dije, a lo mejor no use las palabras correctas. No debí decir eso. ¿Podemos hablarlo? Por favor.
Esas simples palabras habían costado un enorme esfuerzo a Regina, que había luchado contra todo su ser para poder decirlas, y estaba segura que Emma lo sabía. Claro que Emma lo sabía, la conocía demasiado bien, la gustase o no.
- Creía que nosotras no hablábamos.
La voz de la rubia ya no era tan impersonal, pero aun así seguía siendo distante.
- Ahora sí.
- Dijiste que si no estaba satisfecha con este acuerdo podíamos dejarlo sin más, es lo que he hecho. Seguro que cualquier otra persona estará encantada de compartir tu cama de vez en cuando.
Respondió Emma sin mirarla, lanzando esas palabras como un bofetón contra la morena, que se levantó como si fuese a pegar a la sheriff, pero en vez de eso salió de la comisaria.
Llamaron a la puerta del apartamento de Mary Margaret dos días después y sonrió sin pensarlo al ver allí a Henry.
- Hey, hola colega.
Saludo abrazando a su hijo por los hombros con un brazo.
- ¿Has venido solo?
Pregunto mirando hacia las escaleras, era raro que Regina le dejase ir solo, y más aún que le dejase ir por decisión propia, aunque a lo mejor la morena no sabía que Henry estaba allí, como había pasado otras veces.
- Hay un problema en casa y mama me ha mandado aquí. Y me ha dicho que te diga que vayas. – Emma abrió la boca para protestar, pero Henry siguió hablando.- También me ha dicho que ibas a poner pegas y que te dijera que como sheriff tienes que hacer tu trabajo o te despedirá.
Emma gruño, muy típico de Regina, siempre tan agradable. Cogió su chaqueta, dejó a Henry con Mary Margaret y condujo hasta la mansión Mills, donde al menos desde fuera no parecía haber ningún problema. Llamó a la puerta deseando acabar cuanto antes con lo que fuese.
- Pasa.
Dijo Regina al abrir la puerta. Al terminar de subir las escaleras de la entrada vio la mesa del salón puesta y preparada para la cena. Cena para dos, y Emma sospechaba que uno de esos dos platos no era para Henry.
- ¿Esto es una encerrona?
Preguntó mirando a Regina que pasó por su lado hacia la mesa.
- Sí.
Admitió la morena sin problema, Emma se metió las manos en los bolsillos traseros.
- Si crees que por darme de cenar vas a meterme otra vez en tu cama estás muy…
- ¿Quieres callarte y sentarte de una vez?
Cortó Regina sentándose y señalando una silla a su lado mientras se ponía una servilleta en el regazo. Emma levantó una ceja.
- Por favor. – Añadió la morena con educación. – No pretendo…Solo quiero cenar contigo ¿vale? Ni siquiera tenemos que tener sexo.
Emma levantó la otra ceja, eso sí que no se lo esperaba, aunque solo fuese por la sorpresa, se sentó en la silla que le ofrecía la mujer y se colocó la servilleta como ella.
- ¿Y a qué se debe esto?
Preguntó haciendo un gesto hacia la comida como preguntando si se podía servir, Regina asintió y Emma empezó a llenarse el plato, luego sirvió a la morena casi sin darse cuenta. Es algo que siempre había hecho, tener un ojo puesto en Regina, orbitar a su alrededor cuidándola, y aun no se había dado cuenta de que lo hacía.
- Se debe a…bueno, a que puede que tuvieses razón en una cosa. Esto…lo que sea que tuviésemos…
Emma no pensaba ayudarla a terminar la frase, eso no, tenía que decirlo Regina, tenía que salir de su boca.
- No era solo físico. Yo… Me gusta…
- ¿Tenerme cerca?
A eso si podía ayudarla, ya había escuchado la frase que quería escuchar. Regina asintió empezando a comer para no tener que mirar a su invitada forzada.
- A mí también me gusta tenerte cerca a ti.
Confesó Emma empezando también a comer, sabía que para Regina no habría sido fácil decir esas palabras. Comieron un rato en silencio sin saber cómo continuar.
- Entonces… ¿Qué hacemos ahora?
Preguntó finalmente Emma después de tragar un bocado y metiéndose otro en la boca para no tener que seguir hablando. Y porque la cena estaba realmente rica, había escuchado sobre las dotes culinarias de Regina, pero aún no había tenido oportunidad de comprobarlas.
La morena se encogió de hombros.
- Supongo que puedes venir cuando quieras. Y podemos… ¿vernos? Conocernos más… no se…
- ¿Tener conversaciones sin discutir?
Añadió Emma con una risa.
- No sé si eso será posible.
Respondió Regina riendo también. Ninguna tenía muy claro cuál debía ser su siguiente paso.
- ¿Y si me dejas invitarte mañana a desayunar para empezar?
Preguntó Emma mirándola con un alegre brillo en sus ojos. Regina se tomó su tiempo para acabar de masticar antes de responder.
- Eso me gustaría. ¿A qué hora te vendría bien?
- No sé, supongo que cuando nos despertemos.
Regina iba a comentar que como iban a saber cuándo seria eso, pero por suerte se dio cuenta de lo que realmente quería decir la rubia.
- Creía que hoy no íbamos a tener sexo.
Dijo mirando a Emma como si fuese lo que tenía pensado tomar de postre.
- Y no vamos a tenerlo. O al menos no será solo sexo.
Respondió la rubia soltando el tenedor e inclinándose para besar a Regina como hasta el momento no había tenido permitido hacerlo.
