Kirei-chan: jajaja, gracias por tu review, la verdad, si, todo es muyyyyyyyyyy raro, pero sus dudas se iran aclarando poco a poco, así que pido paciencia por favor, el fic entra en una nueva etapa, más interesante y que nos mostrara poco a poco la historia, ahhh, en realidad no, pero les quiero dar ilusiones. Espero leerte pronto.
Notas de la autora del fic: Derama
Notas de la autora del capítulo: Ddei Smile
Ahmmm, te falta el titulo.
Dely, te gusta acorralar o que te acorralen?
Soy demasiado timida para acorralar.
Jejejeje, te gusta que te acorralen, bien, se llamara acorralado.
No uses mis preferencias para el titulo.
Últimos comentarios?
Pues….que espero que les guste, en especial porque tenemos estilos diferentes.
El capitulo es bueno, muy bueno, jejejejeje, bien chicas y chicos, ya leyeron a la autora de este capítulo, y si no le dejan Review, los mata muajajajaja.
Y no, no es broma.
Acorralado.
Itachi ladeó su rostro; algo no estaba bien, como Uchiha, tenía unos instintos especiales que nunca fallaban y menos cuando se trataban del rubio.
Sus manos, ocupadas, se guiaron ágiles hacia la hornilla para terminar de hacer la comida. Ése día el desayuno era reducido, sólo Shisui y él. Suki y Kotta habían salido con Usagi, se regañó mentalmente ya que no recordaba a dónde, y es que no había prestado atención cuando Suki le anunció que su Otousama no se había levantado y tras eso murmuró algunas palabras de ir al parque y regresar pronto.
Sus pies lo habían guiado hasta la habitación que compartía con su pareja y lo encontró profundamente dormido, Deidara no era así, nunca dormía demás.
Soltó un gruñido de molestia, deseaba saber qué le sucedía al rubio.
Sirvió la comida en un plato y lo dejo sobre la mesa, frente a Shisui, el pequeño se veía decaído y es que gozaba de las prácticas en el taller junto a Dei, y él parecía demasiado cansado. Estiró su mano al sentarse frente al pequeño y desordenó sus cabellos.
—Tranquilo, después podrán practicar.
— ¿Está enfermo, Otousama?
Itachi negó con la cabeza y comenzó a comer.
Deidara, por su lado, sintió la molesta luz del día colarse por la ventana, la maldijo mil y un veces tapando su rostro con la almohada deseoso de seguir durmiendo.
Pero no funcionó.
Ahí cayó en cuenta que toda la casa estaba en silencio ¡por fin paz y tranquilidad para poder dormir y el sueño había sido ahuyentado por la estúpida luz! No entendía qué sucedía con él, era, por más extraño que sonara, una sensación familiar, peculiarmente familiar. Pero jamás se había sentido así de cansado y eso lo irritaba inimaginablemente.
Se levantó de la cama, resuelto a tomar una ducha, lanzó con fuerza la puerta enojado.
Itachi dejó los platos en su lugar y se encaminó a la habitación, comprobó con alivio que el rubio ya estaba de pie, sin dudarlo abrió la puerta del baño y haciendo gala de su entrenamiento se introdujo en éste sin producir ruido alguno. Deidara estaba tan concentrado que no notó la presencia del otro, hasta que sintió su firme pecho pegarse a su espalda, y su ingle amoldarse entre sus glúteos.
— ¿Q-Qué?
— ¿Estás bien? —Preguntó de forma seca.
El artista no sabía qué responder, los besos otorgados a su cuello lo desorientaban, tragó saliva en seco y se volteó, pegando su espalda a la pared.
— ¿Q-Qué haces aquí, hnm?
—No has respondido.
— ¡Sí, hnm!
Aquello no lo calmó. Frunció el ceño y se lanzó con furia a devorar la boca del contrario, deslizando su lengua con deleite, explorando, acariciando y dejando que los labios de Deidara expresaran con algo de dificultad suaves gemidos.
—Responde—Demandó el Uchiha.
Deidara gruñó, furioso, no tenía por qué darle explicaciones al moreno y no lo haría. Lo empujó y se encaminó hasta tomar una toalla, envolvió su tembloroso cuerpo por el frió y caminó hasta la habitación.
Comenzó a peinar sus cabellos cuando sintió como las manos del pelinegro se aferraban a sus hombros, deslizándose lentamente hasta su cintura donde se estancaron y lo jalaron para pegarlo a su musculoso pecho.
—Me preocupas—Admitió.
El tono usado hizo sentir al rubio que le costaba demasiado admitir aquello y se maldijo mentalmente al enternecerse con aquello, si todo fuera como solía ser, simplemente lo hubiera mandado a la mierda.
Pero ahora estaba junto al Uchiha, quisiera o no su cuerpo y cada cosa a su alrededor siempre le hacía sentir cálido junto a este, como si fuera lo correcto estar junto a él, se negaba ante aquello pero era su realidad. Estaba bajo demasiada presión y el cansancio era un punto más en su contra e Itachi parecía calmar cualquier cosa que le molestase.
Podía llegar a llorar en sus brazos porque había terminado así, siendo traicionado por su piel y sentimientos, hundiéndolo en la realidad que Itachi parecía ofrecerle, deseaba confiar en él pero además de todo aquello el pelinegro deseaba que le dijera algo que no podía; uno, no sabía qué le sucedía y el por qué de ése constante cansancio injustificado y dos, no podía llegar y decirle que no recordaba nada de lo que había sucedido, que esperaba fielmente que fuera un sueño o una pesadilla pero no la realidad, al menos no la suya.
—Te quiero—Se atrevió a decir el moreno.
Y allí estaba, su piel se erizaba como gallina, aún cuando Deidara sentía extraña aquella relación, en cierto modo ya estaba rendido ante esos momentos, ante las caricias expresivas del moreno y las miradas encantadoras junto a las sonrisas roba aliento, así que sin pensarlo mucho respondió.
—Yo también, hnm… Idiota.
Itachi sonrió de medio lado, no hubiera sido perfecto sin lo último, juntó la frente de ambos y notó como Deidara se dejaba caer en peso sobre él.
—Estoy cansado Itachi.
Realmente no le causaba buena espina aquél cansancio, Deidara alzó la vista y frunció el seño, pero hablar algo fue imposible ya que Itachi lo alzó en brazos y camino hasta la cama, donde lo lanzó sin mucho cuidad. Deidara se sentó soltando un "animal" para luego recibir un paño en su rostro.
Deidara secó su cuerpo bajo la escrutadora mirada del moreno.
— ¿Puedes darme algo para vestirme, hnm?
—No.
Deidara frunció el seño.
—Bien, iré yo.
—No.
Itachi se interpuso en su camino ¡Ni muerto! Gruñó mentalmente. Alzó su puño a punto de propinarle un golpe, no muy fuerte, cuando los labios del moreno se encargaron de callarlo y llevarlo hasta la cama, donde lo acomodó entre sus brazos.
Sinceramente deseaba gritar, patalear, insultarlo y las mil cosas más, pero estaba demasiado cansado para insistir, y los brazos del moreno se le antojaron demasiado cómodos. No paso mucho tiempo para que el artista quedar profundamente dormido de nueva cuenta, el Uchiha suspiro resignado y lo arropo bien antes de tomar una ducha, preparó su uniforme, se alistó y besó la frente del rubio con suavidad, quien masculló algo, deslizó su mano por sus cabellos y su rostro se relajó, soltando un "Itachi" por lo bajo. Estuvo tentado a sonreír, quedarse allí en cama, pero debía irse. Salió rumbo a la cocina donde el ajetreo de Usagi le alerto de su llegada, al entrar vio a Suki terminando su desayuno rápidamente.
—Date prisa o llegaremos tarde.
—¿Hu? Pensé que Outosama me acompañaría a la escuela.
—No, se quedara descansando.
Los niños se miraron algo preocupados, Suki termino de desayunar, se despidió de Usagi con un beso y les saco la lengua a los menores a forma de despedida para salir corriendo hacia la sala.
—Usagi...
—Estaré al pendiente, descuida.
—Bien.
Se despidió de su primogénita a la entrada de la academia y se fue rumbo a la torre, para ir de inmediato hacia su encuentro con Konan, llamo a la puerta y al recibir aprobación entro.
— ¿Deseabas verme? ¿Qué misión tienes?
—En realidad, al que quería ver era a Deidara.
—Se quedo en casa – tomando asiento frente a ella.
—Son dos veces en esta semana.
—Lo sé – la kunoichi miro atenta el rostro del Uchiha.
—Estoy muy preocupada por él—Itachi pensó que no era la única y la escuchó con atención—No es el tipo de personas que prefiera quedarse en casa y sin embargo no puede salir de ella, está sumergido en un constante cansancio, eso sin contar su distracción, actúa como si no conociera algunas cosas o personas. Quiero que hoy lo lleves al doctor – el pelinegro alzo una ceja incrédulo.
—¿No quieres que mejor vaya por la cabeza del raikage y el tsuchikage a sus respectivas aldeas o que capture a los nueve bijuus?
—Eso es más fácil que lo que te pido.
—Hmp, obedecería si dieras la orden.
La kunoichi esbozo una ligerísima sonrisa.
—No, además tú lo escogiste, tú lidia con él – concentrándose en algunos papeles.
De no ser porque amaba a Deidara, hubiera suplicado porque lo enviaran por la cabeza de esos dos, pero sinceramente le preocupaba el ojiazul, se arriesgaría, lo llevaría al doctor aunque le costara la vida.
— ¡No, hnm!
— ¡Vamos Otousan! ¡Es por tú bien! —Exclamó Shisui.
Deidara volteó los ojos.
—Por favor, no podemos obligar a Otousama, dejémoslo en paz—Suplicó Suki escondiendo su nerviosismo.
Ambos sabían que si llegase a ir al doctor, podría descubrir su amnesia o en su defecto, su falta de cordura y aquello no era lo que necesitaba, quizá lo harían terminar en el manicomio o con algún tratamiento encima y no tenía paciencia para aquello, pero todos estaban preocupados por él, incluso Kotta lo jalaba insistentemente de la camisa; estaba a punto de soltarle una manotada para que se fuera de boca cuando Itachi lo tomó de la barbilla y rozó sus labios, escuchó lejanamente como los mocosos soltaban pequeños 'Qué asco' 'Iuk' 'Guacala' y demás, pero realmente estaba más concentrado en el calor tan humanamente pasivo que le producía esos besos llenos de dulzura que le daba el Uchiha fugazmente.
— ¿Vamos? —Preguntó Itachi.
Deidara abrió los ojos con un suave sonrojo en sus mejillas, pareció pensarlo un poco y abrió sus labios levemente enrojecidos.
—No.
Aquello terminaría siendo la guerra. Ambos afilaron la mirada y sin darse cuenta, Deidara terminó como un saco de papas sobre el hombro del Uchiha, aporreando y gritando repetidas veces, rabioso mordió la espalda del pelinegro quien solo pudo gruñir adolorido.
—Te comportas como un bebé.
— ¡Noj me imporjta, hjnm! ¡Imbejcil, ejpero quej te duelaj!
—Te estoy escuchando.
— ¿Noj me digaj? ¡Eja ej la idea!
Itachi cerró los ojos ignorando el punzante dolor de los dientes clavados del artista en su piel. Una doctora, ante el revuelo de los niños riendo por las peleas de sus padres y la atención que estaban llamando por la forma de llegada, se acercó con rapidez.
— ¡Itachi, Deidara! ¡Están en un hospital! ¡Compórtense! —Gruñó.
— ¡Es él, hnm! ¡Dile que me baje de una buena vez!
—Deseaba que verificara el estado de éste niño - señalando al artista.
Itachi lo colocó finalmente en el suelo y aquella fue su oportunidad. De un movimiento veloz e inesperado se deslizó hasta tocar el suelo con las palmas de su mano: primer punto a eliminar; Itachi, deslizó su pierna bajo las del Uchiha produciendo que éste perdiera su estabilidad.
Itachi cayó de culo en el suelo, pero aquello no era su derrota, no era por nada un Uchiha, así que cuando el rubio intentó aprovechar su caída logró hacerlo tropezar con su mano. Se levantó impecablemente como si no hubiera ocurrido algún ataque.
Suki, por su lado, se vio inutilizada al ser jalada junto a su hermano y Kotta por Karin, quien con una velocidad sobrehumana rebuscó entre lo que parecía una gaveta, al salir, la pelirroja encontró el cuerpo de Deidara forcejeando contra la pared soltando unas cuantas blasfemias mientras intentaba golpear entre las piernas a cierto Uchiha.
Clavó sin dudarlo ni un segundo el instrumento médico, la aguja entró en la piel pálida y delicada del rubio sin alertarlo de lo que era aquél líquido que estaba ahora dentro de su organismo y en cuestión de segundos se desvaneció en los brazos del azabache. Karin suspiro ignorando magistralmente al pelinegro, quien sostenía aún sorprendido, al rubio.
—Es por el bien de todos—Alegó la pelirroja.
Al abrir sus azules ojos miró a su alrededor ¡haría sufrir a esa arpía! ¿Cómo se atrevía a sedarlo? Al menos lo escucharía cuando estuviera del todo consiente. Tomó asiento en la camilla y suspiró cerrando los ojos para eliminar el mareo. Una vez listo se puso de pie en un saltito; revisó sus ropas y caminó hacia la única puerta que veía. Al abrirla visualizó a la tipa y frente a ella a Itachi. El moreno volteó a verlo muy lentamente, escrutándolo desde los pies hasta la cabeza y aquello le hizo desconfiar. ¿Tenía realmente algo a parte de su amnesia?
—Deidara, por favor, toma asiento.
—No, hnm.
—Siéntate.
Deidara frunció el ceño, en algunas ocasiones Karin realmente infundía miedo. Para evitar peleas hizo Uchiha suspiró, esbozando una media sonrisa decaída.
—Bien—La pelirroja miró al moreno y luego a Deidara—Estás embarazado.
Frunció el seño.
— ¿Qué? – Soltó estirando el cuello para escuchar mejor
—Hazte el idiota – suspiro cansada – estas embarazado
—¿¡qué que!
— Deidara, tu y yo sabemos que padece de intersexualidad gonadal verdadera y….
— ¡Sí, el maldito hermafroditismo! ¿Entonces?
—Pues, como es obvio, tuviste relaciones y resultaste embarazado ¿quieres que te lo explique con dibujos? – comenzando a perder la paciencia.
—No, no, no, no, hnm – sintiendo como el aire abandonaba sus pulmones.
Itachi se levantó. Sabía que aquella sería la reacción del rubio. Suspiró intranquilo.
— ¡No!¡Es mentira, hnm! – grito levantándose de golpe
—Tranquilo, además Deidara, sabes que soy una experta en chakras, mientras te revisaba me encargué de hacer un chequeo para ver como fluía tu chakra ante estos cambios, para justificar el cansancio y demás, y noté algo. Tendrás gemelos, —Realizó una pausa, evaluando el distorsionado rostro del rubio—debes tener en cuenta que para ti un embarazado simple es peligroso, así que un embarazo de gemelos es un riesgo demasiado alto, por lo cual debemos prepararte para la gestación o…en su defecto…para el aborto.
Deidara miró sus pies encontrándolos exageradamente interesantes, su razonamiento se volvió tan pequeño como un arroz al grado de no entender ¿Él? ¿Embarazado? ¡Ni de broma! Una cosa era el saber que lejanamente, en un tiempo en su vida que no llegaba a recordar había estado embarazado, pero ahora lo sentiría, estaría completa y totalmente consciente de los cambios y de cómo unas malditas larvas crecerían dentro de él, ¡alimentándose de él! Y lo peor ¡eran Uchihas! ¡Lo que crecería, no, lo que ya crecía en su interior era parte de un clan que odiaba!
Además, la maravillosa noticia no terminaba ahí, su vida peligraría ¿Qué debía hacer? No, no podía tener aquellos bastarditos, no estaba listo emocional ni físicamente ¡Karin acababa de decirlo! Su cabeza había cedido en gran parte ante aquella realidad bizarra pero no podía llegar a estos extremos, era un "NO" rotundo, aún no podía asimilar que era hermafrodita. ¿Cómo asimilar aquello? ¿Un embarazo? ¡No!
—Bueno, te daré unos medicamentos que son suplementos hormonales – guardando unos frascos en una bolsa - te servirán para que la cavidad que funciona como vientre se prepare y soporte a los gemelos, ademas tambien te daré vitaminas y otras cosas para regular tu chakra y puedas continuar con tu rutina diaria durante la gestación, debes estar bajo constante supervisión médica, ten cuidado con las actividades que realizas – extendiéndole la bolsa que el rubio no se atrevió ni a mirar – aquí estan todas las indicaciones.
—Vamos a casa – pidió el Uchiha tomando la receta y colocando su mano sobre el hombro de Deidara para hacerlo reaccionar.
—¡NO ME TOQUES! – alejándose de él.
—Bien.
El rubio observó con desprecio a Itachi, por alguna extraña razón un fuerte escalofríos recorrió su cuello. A pasos agigantados salió sin mirar atrás. Quería alejarse de esa maldita pesadilla cuanto antes, pero lo único que alcanzo a hacer fue subir a la azotea del edificio enfrente del hospital; desde ese lugar pudo ver como el Uchiha salía tomando de la mano a los moustros menores y con Suki y Usagi a un lado de él. Esperaba algo más de su parte, quizá de forma inconsciente. No había entendido ni la mitad de lo que el doctor había dicho, solo que un maldito mocoso más se estaba formando en su vientre ¡y ese bastardo sólo se iba tomado de la mano con los otros niños¡
Al verlos desaparecer se dejo caer sentando llevando una mano a su frente desesperado ¿Qué pensaría Itachi? Quizá se opondría al aborto, era lo más seguro. Aun no llegaba a saber cómo era el lado paternal del Uchiha, no estaba seguro si preferiría tener a los gemelos. De cualquier forma, se sentía ultrajado. Ciertamente no se había negado a lo que ambos habían hecho pero ¡No recordaba lo que sucedía se hacía tal cosa! Apenas reconocía a los mocosos como "suyos" ¡el embarazo era culpa del Uchiha! gran parte de la culpa recaía en sus hombros y el muy maldito solo se largaba como si nada sucediera.
Esperaba de todo corazón que estuviera sintiéndose como la basura que en ése instante le parecía. Estaba decidido, esos bastardos no nacieran, le daba igual si se negaba, era su cuerpo y el Uchiha había pasado un límite ¡él no le daría más hijos!
Las horas pasaron insoportablemente lentas, por primera vez en su vida su mente estaba en blanco, ni siquiera fue capaz de concebir a su arte como una forma de desahogo. Al levantar los ojos se percato de la negrura del cielo ¿Qué horas serían? ¿Por diablos Itachi no lo había buscado!
—¡Bastardo un!
Se levanto con pesadez y se dispuso a regresar a…la casa en la que vivía ahora. Queriéndolo o no, era el único lugar que conocía donde podía descansar, ¡otra vez ese maldito cansancio lo mataba!. Al llegar todo estaba en completo silencio, como acto reflejo se dirigió a la habitación de los moustros después de quitarse la capota. Arrastro los pasos hasta la alcoba del pelinegro y sin querer verlo se dirigió directo al baño. Se despojo de sus prendas tan lentamente como si fuese un condenado a la muerte, y simplemente se metió bajo al chorro de agua caliente buscando relajarse, apoyo su frente alzando los brazos a la altura de su cara, sabiéndose acompañado.
Dejo que unos fuertes brazos lo rodearan desde atrás aferrándolo con fuerza desmedida, sintió como la barbilla del Uchiha descansaba en su hombro y su suave aliento acariciando su mejilla.
—Perdón, no era mi intención.
Apretó con fuerza los puños conteniendo la ira.
—Lo que sea que elijas por mi estará bien, lo mas importante eres tú.
El artista giro para verlo a los ojos dispuesto a reclamarle lo sucedido, dispuesto a matarlo de ser necesario, pero esos profundos ojos negros solo lo hicieron desistir. Con cierto temor, el pelinegro deposito un suave beso en sus labios, pero aquello no lo calmó. Frunció el ceño y se lanzó con furia a devorar la boca del contrario, deslizando su lengua con deleite, explorando, acariciando, mordiendo. El uchiha no tardo en corresponder con la misma intensidad, dejando que los labios de Deidara expresaran con algo de dificultad suaves gemidos.
El calor se expandió en cientos de hondas que terminaron inevitablemente en la punta de su miembro y lo hicieron estremecer por el contacto del Uchiha, no comprendía cómo él podía enloquecerlo de tal manera; dejarlo tan sensible a sus caricias. Normalmente era así, pero no a tales extremos, su cuerpo había reaccionado al sentirlo detrás de él y la excitación que lo embargaba era sorprendente.
Itachi lo tomó de las caderas, bajando sus manos hasta sus glúteos, comenzando a apretarlos con hambre, furia y deseo. Sus bocas se devoraban sin parar, mientras sus cuerpos, húmedos y calientes se rozaban, no podía existir resquicio alguno que Deidara no rozara con gula contra Itachi. Arqueó su espalda profiriendo un profundo y sensual gemido cuando el pene de Itachi, hinchado y húmedo rozó el suyo. No perdió tiempo y buscó de nuevo la sensación. Lo tomó entre sus manos, lamiéndolo con sus lenguas, guiándolo a formar una salvaje danza junto a su miembro. Sus ojos azules se clavaron en los ónix e Itachi no pudo contener un gruñido cargado de placer, Deidara lo enloquecía.
El rubio acarició la punta, hundiendo su dedo en el pequeño círculo perteneciente al mayor, Itachi se contrajo y arremetió con fuerza contra su cuello, comenzó a dejar marcas profundas y violetas que no se borrarían hasta el fin, pues se encargaría de remarcarlas. Sintiéndose derrotado por los besos y las caricias salvajes del pelinegro, quien había tomado el control en el movimiento de caderas, estiró su brazo hasta alcanzar el jabón, no muy lejos de ambos. Ya en su poder lo restregó por la espalda de Itachi, abrazándose a ésta para tomar impulso y dar brincos que aumentaban aún más las caricias entre ambos falos.
Se separó causando una mirada fulminante de parte del otro, Deidara sonrió divertido y deslizó el jabón por su pecho, aferrándose con más fuerza a las caderas de Itachi con sus piernas, el jabón alcanzó su pene y acarició al mismo tiempo el del otro, lamió sus labios soltando suaves gemidos. Itachi sintió perder el aire que le quedaba en los pulmones, Deidara estaba a punto de anular su cordura. El artista deslizó su mano, bastante resbalosa ya, hasta alcanzar los testículos del otro, y los acaricio suavemente, una y otra vez, apretándolos al punto de producirle placer y no daño. Itachi llevó sus dedos hasta la boca del rubio, pero gracias al agua no lograba darle ése toque viscoso. Deidara se bajó del Uchiha para cerrar el grifo, disponiéndose a introducir dos de sus dedos llenos de jabón en su entrada, pero el azabache lo detuvo, tomando la posición perfecta hasta alcanzar los glúteos del artista; los acaricio con suavidad, mordiendo y besando la zona.
Sus manos recorrían las bien torneadas piernas de su pareja, Deidara por su lado, acariciaba su miembro, soltando continuamente gemidos cargados de placer. Gritó extasiado sin poder seguir con el movimiento en su pene, aferrándose a la pared al sentir la lengua de Itachi en su interior, lamiendo y dando suaves mordiscos.
—I-Itachi… hnm…
El aludido decidió tomar eso como una súplica, tomó el jabón y comenzó a llenar la zona, sus dedos terminaron embarrados en blanco y los introdujo lentamente en su pareja.
— ¿Sigo?
Susurró al oído del artista en un intento por hacerlo suplicar, pero sólo consiguió picarle. Deidara se reincorporó y pegó su espalda al pecho del otro, su mano comenzó a masturbarlo mientras movía sus caderas de adelante hacia atrás auto penetrándose con los dedos del Uchiha. La mano del otro se desenvolvió y alcanzó el pene del menor, realizando el mismo vaivén que hacían en su miembro.
Sus bocas se buscaron y encontraron, enfrascándose en un beso lleno de placer y furiosa pasión, las lenguas juguetonas aumentaban la excitación y la necesidad de una mayor fricción y un movimiento acelerado sobrellevó las ganas de jugar.
Itachi dejó el movimiento e inclinó a Deidara, abriéndolo más de piernas, se inclinó él también y lo penetró de una estocada fuerte y profunda. El movimiento se inició acelerado, fuerte, rápido y caliente, ardido en la piel de ambos. El contacto de sus cuerpos los estaba haciendo enloquecer, Itachi se aferró a las deliciosas caderas de su amante y comenzó a arremeter contra él sin delicadeza alguna, Deidara recibía toda esa fuerza pasional con una placentera bienvenida expresada en los gemidos gritados que soltaba.
No importaba, toda esa habitación había sido reforzada con material aislante de sonido.
Itachi bajó el ritmo permitiendo que el rubio juntara su pecho a su espalda, dejándose llevar por el suave ritmo que proponía el artista, pero ya las ansias eran demasiadas y prontamente regresó a embestirlo con furia. Sintió los dientes de las manos del rubio clavarse en su pierna y supo que estaba a punto de terminar, él también se encontraba en las mismas circunstancia. Con un grito llego al clímax derramándose en esa preciada cavidad.
Totalmente abatido, Deidara se volteó y abrazó a Itachi, quien regresó e gesto con una gran o mayor fuerza mezclada con ternura. Abrió la llave y aferró con más intensidad al rubio, comenzando a lavarlo él.
Pasada las 2 de la mañana el artista seguía despierto. Todo su cuerpo le pedía a gritos descanso, su mente se lo exigia pero él…seguía despierto a pesar del abrazo sobreprotector del Uchiha, y es que….¿como diablos iba a dormir sabiendo que estaba embarazado?. Como pudo se zafó de los brazos del Uchiha y salió del cuarto mientras se ponía una bata; todo estaba en absoluto silencio. Llego hasta la cocina y tomo asiento después de encender la luz, apoyo su barbilla en su mano mirando a la nada, estaba mas que seguro que esos bastardos no nacerían, Itachi había dicho que no tenia problema con ello, además su vida peligraba, así que esos moustros no nacerían ni ahora ni nunca.
—¿Problemas para dormir? Eso si que es novedad – se rio Usagi sentándose enfrente de él.
—Hmn, lo raro sería que no los tuviera – suspiro cansado.
—Cualquier mujer estaría feliz con lo que tienes – el rubio la miro de mal modo – claro que tu no eres cualquiera y mucho menos una chica.
—¿No me digas un?….
—¿Qué harás? En los embarazos anteriores no tuviste otra opción mas que dejar que los niños nacieran, te enteraste de tu estado cuando ya tenías casi cinco meses de gestación, este caso es diferente, llevas escasas 4 o 5 semanas.
—No los tendré – asevero con seguridad a lo que la otra sonrió.
— Aun recuerdo el día que te presentaste con Suki a esta casa, estabas dispuesto a dejarla con Sora pero ella había perdido a su primer hijo pocos días antes – comento de forma distraída.
El artista la vio de reojo.
—¿Y?
—Ese día te dije que si tú aun estabas con vida, le dieras a ella la oportunidad de conocerte.
— Hmn.
—Aunque lo niegues y te comportes como un imbécil con ella no te arrepientes de haberla conservado.
—Déjame dudarlo hmn.
— Sigues igual de terco.
—Hmn, como si me importara ¿y que se supone que haces? ¿Vienes a decirme que a estos parásitos les de la oportunidad de conocerme?
—No, el mismo truco no funciona contigo dos veces.
—Un ¿Entonces?
— Solo quería decirte que te dieras la oportunidad de conocerlos.
El rubio la vio sorprendido sin llegar a entender sus palabras.
—Los días con los hijos jamás son iguales, siempre te sorprenden con algo nuevo, y eso lo has podido comprobar – sosteniéndole la mirada – bueno – levantándose pesadamente – me voy a dormir, hasta luego Deidara, y no pienses tanto las cosas, no es tu estilo – agrego en la puerta.
El rubio miro la puerta fascinado por varios minutos, ¿Qué clase de consejo había sido ese? Esa tipa estaba loca. Decidido a dejarse llevar por su instinto primario de descanso, regreso al lado de Itachi, de donde no se debió haber levantando.
