Aloha otra vez! Aquí lo tienen, como les había dicho, mucho menos de la semana. Espero disfruten este capítulo, sigue habiendo sorpresas. Muy buenas!
Gracias por su paciencia, sus comentarios y porras. Un abrazo a todas y a leer!
Ohhhh Terry!
El Ángel Rebelde
By Alexa Bauder
Cap XI
Llevo dos días encerrada en esta habitación y si bien, apenas distingo la noche del día, no me interesa demasiado. Las comidas proporcionadas me dan una idea, aunque no la hora exacta. Aveces cuento los segundos desde el desayuno que se viene como en todos los hospitales Andrew a las nueve, luego pierdo la cuenta y me doy por vencida hasta la hora de la comida. Eso me esta exasperando y procuro no pensar mucho en ello. Después de haber visto lo que ví, me desvanecí en la silla y luego de un estado somnoliento me han tenido aquí. Cuando estaban atendiéndome aturdida por lo que me habían dicho, aquella cosa salió por ese mismo pasillo custodiado por los policías. Su rostro loco no mostraba arrepentimiento, giró a verme y aún no puedo describirlo. Nadie lo vio, pero estoy segura que fue así. Grité desesperada hasta que tuvieron que tranquilizarme. No he podido dormir y siento mucho frío. El cuerpo no se calienta, castañeando por las noches cuando apenas concilio unos minutos de sueño no lo logro controlar. Eso viene por mi en las noches, durante los sueños. Fuerte su risa se escucha como eco que quiere alcanzarme sin saber de dónde puede venir, me despierto en la noche callada y tranquila. Y mi desesperación es más, porque no quiero pensar que me ha vuelto loca. Tres... Lo imaginé también? No quiere hablarme. Susurro su nombre, aveces no tanto, pues me han preguntando porque repito tanto su nombre. Si no viene tendré que gritarlo. No me contesta. No se dónde está. Lo habré perdido o nunca existió. Terry, tampoco existe? ¿Quién es Terry después de todo?
Como es posible que a una persona tan inestable como yo le hayan dado una Dirección? Se escucha algo... Es la cortina que se mueve, se desliza, no es normal... Aquí no hay viento. Me asusto y encojo los pies sobre la cama, esperando que algo suceda. Nada. Así me quedo un rato. No encuentro sentido en hacer partícipe a los que me rodean de esta ansiedad que me ha embargado. Es solo momentánea, no importa, todos necesitamos vacaciones de vez en cuando. Dos o Tres días van? La primera comida, la segunda, la tercera...
-¡Tres! Dónde estas?
Dicen que se me fue el alma. Yo solo se que fui un instrumento utilizado para cosas que no son de aquí. El escalofrío se apodera de mí de recordar la fría mano sobre mi cuello, la asfixia la revivo en mis pesadillas, un vuelco en el estómago me da y las arcadas me hacen devolver. Me da vergüenza. Hoy quise levantarme normalmente, dejar atrás este mal sueño y continuar mi vida. Me di cuenta que ya nunca sería la misma, me sentía débil. Mi cuerpo no aceptaba fácilmente la comida. Decidí seguir y empezar hablar con el personal, pero me mira escéptico. Para cuando llegó Annie y Archie, el ánimo se me había desvanecido. Solo quise dormir y olvidar todo, no quería pensar en el día en que tenga que salir de aquí y regresar allá, sola.
No se que reacción esperan que tenga. Sería mi oportunidad de irme de aquí, pero no tengo motivaciones de regresar a casa. Tampoco para quedarme. Creo que me da igual. La puerta se abre, no le pongo atención, no quiero moverme. Será mejor que no hable, de todas maneras qué importa lo que diga, nadie me creería nada.
Ignoro el momento preciso en que ella entró en mi vida haciendo un eco casi imperceptible que al paso del tiempo fui ignorando y que a estos últimos días ha llegado como el golpe de un rayo, con fuerza anticipada sobre mí. Fui testigo silencioso del cambio de su rostro, de sus maneras y costumbres. De su caligrafía. Fue cuando la oportunidad de conocer aquella criatura sublime se presentó y no quise dudar esta vez.
Todos podrían creer que Terry Grandchester lo tiene todo. No se equivocan. Quizá por eso esta vez no quise jugar a lo de siempre, me infligí un castigo por tenerlo todo. Mover la vida de Candice White para que me conociera hubiese sido impertinente. Ella pertenece muy a su mundo, uno en el que mis excentricidades no cabían. El tipo con fama de superficial y mujeriego no sería lo más adecuado para ella. Y quien sabe, quizá ella no sería totalmente de mi gusto; sería tan exigente y rígida que no congeniaríamos. ¡Para qué ensuciar un bello paisaje con la mancha de la suposición?
Sin embargo, había llegado la hora, el momento exacto en que nuestras vidas se cruzaban una y otra vez y yo ayudando mucho en eso. Fue aquella ocasión en que escuché mi nombre de su propia boca, sabía fielmente que cuando ocurriera, iba a ser mi condena, y así fue. Candy fue transformándose en la mujer prometedora la cual nunca perdí de vista, en alguien inteligente, vivaz y noble. Ninguna otra mujer que yo hubiese conocido podría igualarla. Ni en personalidad, ni en belleza. Por que Candice, lo era. A lo lejos llegué a verla con su rubia cabellera rizada suavemente sobre sus hombros desnudos en su vestido de primavera, en la inauguración de una nueva ala en el hospital, hace un año. Siempre meditativa, como si dentro de ella llevara un mundo por pensar, planes por hacer, métodos por mejorar; y yo ardía de ganas por saberlos, de ser parte de eso, o al menos, confidente de aquello. Pero no era más si no un testigo como los demás de su ensimismamiento. Cuánto dolía aveces, ver algo tan hermoso y tenerlo tan lejos, saber que quizá nunca será de uno.
Como un adolescente, como un inexperto en la materia. Como una primera vez adorando a una mujer de lejos.
Por eso no dudé en abalanzarme sobre ese sujeto que la tenía acorralada sobre el techo del Hospital. La quería matar, la tenía en sus manos. Mis puños se cerraron y como animal luché a mano limpia contra ese que se atrevía a tocarla- No sentí la sangre correr, solo quería matarlo; una fuerza descomunal me hizo moverme y así levantarlo del piso, arrojarlo y golpear hasta que mis puños sangraron. Se que no hice bien, pero lo hubiese hecho mil veces si esas veces hubiese atacado a Candy por menos de lo que hizo. Con solo insultarla hubiese sido suficiente motivo.
Solo pude tranquilizarme cuando llevaron a Candy a un lugar seguro y lejos de el, después me atendieron las heridas. Fue cundo escuché su grito. Quise correr a ella, pero un doctor de poco humor se interpuso en la puerta, yo no iba a mejorar las cosas; los escuché intentando calmarla, hasta que más enfermeras acudieron.
Candy lleva dos días sin querer hablar de lo ocurrido, se muestra aveces ausente y otras tan lúcida que pareciera no le pasa nada, pero entonces empieza hablar de un tres. Su estómago está resentido, no come mucho y tampoco duerme bien. Los doctores dicen que es solo un susto, una cuadro post-traumático a una impresión muy fuerte. No he podido verla, no tendría caso, ni si quiera me conoce. Albert ha despertado. Recuerdo haber ido a buscar a Candy y pasar primero a visitarlo, fue verlo despertar como de un sueño, aturdido al principio, enseguida los doctores lo examinaron.. Me extrañó un viento frío que se coló por la habitación de ventanas cerradas, aún con toda esa gente rondaba de un lado a otro. Algo me hizo salir al pasillo, recordé buscarla y sin más tomé el ascensor hasta el último piso, como si algo me dictara a hacerlo sin razón aparente. Fue cuando vi todo.
-Hoy parece un poco mejor, al menos ya habla. -nos explicó el Dr. Robinson a todos, siendo sus conocidos, además de una enfermera de nombre Flammy, que preguntaba todo tipo de cosas más específicas.
-Quiero entrar con usted -todos me miraron aunque al Doctor no le sorprendió mi petición, aún así, se negó.
-No tiene caso alguno, a usted no lo conoce y dudo que reaccione favorablemente.
-Solo déjeme estar. -miró a los demás que no reprocharon nada y asintió.
-Venga conmigo.
Nos encaminamos a su habitación, abrió lentamente la puerta -Quédese aquí- me indicó. Candy estaba sentada al lado de la ventana con la mirada hacia el exterior, sin que nada se observara más que el cielo azul en todo el recuadro. Sus manos descansaban en su regazo y estaba extremadamente tranquila, como si se hubiese dado por vencida en algo, ni siquiera se giró al sentarse su colega a su lado, en otra silla.
-Candy, buenos días. -ella no contestó, o lo fue su suspiro.- Cómo se siente? -tardaron unos segundo en silencio. Yo quería ir a ella, desesperadamente. Froté con mi palma mi barba a medio crecer. -Si me escucha, deme una señal. - ella volteó pudiéndole apreciar el perfil
-Cansada.
-Es normal, no se preocupe- su mirada se perdió un momento- Está consciente de que lleva aquí dos días sin regresar a casa? -ella se encogió de hombros, no le importaba- Tiene que volver con los suyos. - la respiración se agitó súbitamente, estoy seguro que luchó por controlarla, porque mientras el Dr. hablaba de su situación ella empezó a respirar más profundamente, hasta conseguir normalizarse. Ella misma era su consuelo.
-No quiero tomar medicamentos para volver a hacer lo que era normal para mí.
-No es necesario.
-No puedo, no ahora. Lo intento. Pero recordar... duele. Aquí -se señaló el inicio del estómago con un rostro totalmente angustiado, no soportaba verla así. El médico se puso de pie.
-Es su decisión, quedarse aquí o luchar allá afuera, por qué hay gente que le espera.
Caminó a la salida y ella se quedó ahí, de nuevo, como desconectada, quería hablarle yo y convencerla mejor.
-Vamos afuera -no quise quitar la mirada de ella, pero me sacó
-Esta muy mal?
-Hay un gran avance, aunque no me lo crea. Ahora podría presentar solo un cuadro de depresión y los síntomas físicos de un desorden nervioso, pero todo esta en su mente.
-Doctor...- le paré pensativo antes de que ser marchara.
-Dígame
-Si ella realmente hubiese visto algo muy impactante, sería solo su mente?
-Estuvo a punto de morir, sea lo que haya visto, es una impresión muy fuerte. No se a qué más se refiera. -Quise explicarme, pero no tenía fundamento, lo deje ir.
-Gracias.
Tendría que encontrar una forma de sacarla de todo esto. Con o sin ayuda.
-Es una pena que Candy no haya estado presente en la operación de Melina -se lamentaba Annie, comíamos los cuatro en el comedor del Hospital. Giraba la taza de te impacientemente entre sus manos
-Se hubiese puesto muy contenta- comentó Stear.
-Terry... Terry.
-Sí, los estoy escuchando. - alcé mi vista para notar que se se miraban entre sí
-Tu conocías a Candy antes de todo esto, verdad? -indagó Archie
-La conozco -aclaré el tiempo conjugado con énfasis- que ella no se ha muerto.
-Oh, no, claro que no, nadie dijo eso.
-Disculpen, -no me salieron las palabras, no podía explicarlo, estaba confundido - Voy ir por ahí, no tardo.-Ellos entendieron y antes de que dejara el edificio recibí una llamada de Albert que me detuvo.
-Cómo va todo?
-Mejorando, creo. Hoy ordenó su propio cuarto. No quiere ver a nadie y no la pueden enviar a casa.
-Estás con ella?
-Iba de salida, no lo soporto, estoy a punto de estallar. No me dejan intentarlo.
-No le dejes sola. Así como nadie me dejó a mí. Ella no lo sabrá, pero cuando decida salir de ahí, estará alguien esperándola.
-Tú sabías que estábamos aquí?
-No. Pero en algún grado estaba seguro que sería imposible deshacerme de mis sobrinos y del insoportable Granchusco.
-Necesito alivio y tu quieres hacerme enojar. -rió al otro lado de la línea
-Esta es una orden, Terry. No la dejes ir. Ve ahora mismo con ella y deja de lamentarte por lo que no tienes. Trabaja en lo que puedes obtener, carajo. Me voy, viene una enfermera a atenderme los vendajes, y quiero un poco de privacidad. -colgó, eso había sido muy raro. Así era Albert, no es la clase de amigo que te dan una palmada en la espalda y te dejan hablar diciendo que todo irá bien. Dice las cosas con alegorías y cosas raras, con un plan y diciendo la verdad. Miré mi camino recorrido desde la recepción hasta los elevadores y regresé. Ahora yo tenía un plan en mente.
Me recargué en la pared de enfrente de esa puerta, cruzado de brazos esperando reaccionara. Me quedé veinte minutos hasta que estuve a punto de irme, pero entonces, debajo de la puerta reapareció la nota que había deslizado con un plumón con un simple "Soy Terry, te acuerdas de mí?". La nota estaba doblada y con respuesta.
"Si, Granchusco"
"No te voy a dejar sola, Candance" , contesté. Esta vez solo tardó cinco minutos
"No volveré a ser la misma"
"Tienes razón. Cada día eres más fuerte, nunca serás la misma de ayer"
"Esto es diferente"
"Por qué no sales?" -el papel empezaba a llenarse
"Miedo"
"Te prometo que no pasara nada" Tardó más minutos en contestar, después de una fluida respuesta. Era una pena que solo tuviera ese pedazo de papel, al menos para volverle a decir otra cosa.
"Gracias"
"Descansa"
"Vendrás?
"Solo si tu quieres"
Fueron solo dos palabras las que me hicieron sonreír y saber que nada se había perdido. Salí de ahí con el papel doblado en mi bolsillo y una frase anhelante para la mañana siguiente.
"Sí. Quiero"
Ven arriba. Qué esperas? Ven
Desperté sabiendo que la voz venía de muy cerca, solo estaría soñando, obviamente. Pero había sido tan real... Me levanté de mi cama en la madrugada a tomar agua y ya sin poder dormir, fui a la terraza de mi habitación, sin prender la luz. La noche era fresca y a lo lejos las luces aglomeradas de la ciudad aún estaban encendidas.
Paz, sentí paz.
A-rri-ba.
Arriba de qué?
Pues de todo!
Qué?
Conversaba conmigo mismo, pero de forma diferente, simplemente se me ocurrían las respuesta. Esto era normal. Tenía alguna duda y en el fondo algo me contestaba, tenía la certeza de qué era lo correcto. Ahora, solo mi mente repetía: Arriba.
Me senté en uno de los sillones y eche mi cabeza atrás, cerrando los ojos y visualizando a Candy, pero como un borrón, se me fue de la mente y creo que empecé a quedarme dormido. Me visualicé... Arriba de... un edificio. Arriba. El viento en la cara, el fresco aroma de los árboles, en la noche. Muy alto, en la cima... El vaso que cayó de mis manos rompiéndose en el piso me despertó de un salto.
-Arriba, claro! Cómo no lo pensé antes!
Sin importar el desorden que había dejado en el piso, me di una ducha rápidamente para pensar más claro, solo esperaba que amaneciera para ir a mi encuentro con Candy y llevar a cabo otro plan. Esto tenía que funcionar o lo arruinaba por completo.
Tuve que distraerme en el corporativo Andrew un rato, luego camino al Hospital hubiese querido comprarle algo para llevarle, pero ni siquiera podría entregárselo. Nuevamente me escabullí a su pasillo, era aún temprano. Mi corazón dió un vuelco cuando ya debajo de la puerta, aparecía una nota hecha con una servilleta desechable limpia.
"Buenos días", decía. Me sentè en el piso sacando el lapicero del saco.
"Cómo dormiste?"
"Mal"
"Intenta pensar en mí. Soy tan aburrido que te daría sueño"
"Al menos me entretengo"
"Cómo?"
"Pensando en ti"
"Esta noche también pensé en ti."
"En una revancha"
"También"
"Hoy trataré de darle los buenos días a las enfermeras y contestar sus preguntas" - esta vez, la deslizó muy despacio.
"Míralas a los ojos. Alguien viene. Regresaré"
Dí vuelta por el pasillo, encontré justo a quien iba a buscar, a Flammy, su amiga enfermera vestida de civil. Con el ceño fruncido me saludó. Se metió a la habitación de Candy y después de unos momentos salió, fue cuando la intercepté para contarle mi plan. En un principio se negó rotundamente y ni yo podía darle una razón válida para que confiara en mí.
-Sólo necesito sacarla un momento. -se negaba
-Yo no trabajo aquí, si se enteran que he tomado una llave, mi carrera...
-No será usted quien la robe, seré yo y yo me haré responsable. Solo necesito que me diga dónde la guardan, facilíteme esto, por favor.
-Lo que va hacer es muy arriesgado, si usted no va estar ahí para apoyarla, no se comprometa, no se meta en esto.
-Estaré, se lo aseguro. Es lo que más quiero. Si funciona, lo habremos resuelto.
-Y si no? que pasa si no?
-Asumiré.
-No, no, no es nada más eso. Es Candy, no entiende -Flammy se frotó el puente de su nariz, cansado de los lentes pesados.
-Por que es Candy es que estoy desesperado por tratarlo todo
-De dónde salió usted?
-Lo hará? -aceptó pesadamente
-Tendrá que ser en la madrugada, y yo estaré merodeando. Mas vale que no se equivoque. Mi carrera y Candy penden de esto.
-Es usted una gran amiga.
Antes de irme, pase a dejarle a Candy una nota
"Esta noche vendré, seré yo quien abra la puerta, no te asustes"
"ADONDE VAMOS?" -su letra era rápida
"Confía en mí. Podrías?
"Por qué tendría que hacerlo?"
"Te he PROMETIDO que no te dejaré, pero tienes que permitirme llevarte"
"De acuerdo"
-Te has enamorado, Terry.
-Me preocupa
-Y te has enamorado
-Pierdo tiempo negándotelo, Albert, tu lo sabes. Lo sabes todo no?
-No, nada de eso -se quejó de en su cama de un malestar en la costilla con su cuerpo vendado - de ser así hubiese visto de donde salió esa condenada vaca en el camino.
-Después de recuperarte serás el comentario más oportuno en las fiestas de gala.
-Hubiese preferido un león, que una vaca lechera
-No sabes lo que dices.
-Si, lo se. Todos por aquí me quieren
-Recordé que hablas mucho -rodé los ojos.
-De verdad crees que funcione esto que harás?
-Espero que sí. -miró su reloj
-Es hora. Vete ya a realizar tu sueño, soñador. Ella estará esperándote. Ve por mi Directora General y obtén a tu mujer.
Minutos más tarde estacionaba el auto cerca del edificio, pasé inadvertido por el guardia habiéndome puesto una bata blanca hasta antes de la recepción de ese piso. Flammy me encontró asintiendo en lo que habíamos quedado.
-Se me ha caído la llave, de acuerdo? Estoy de visita, pero te tendré vigilado -aseveró con ojos duros y autoritarios.
Caminé a la habitación y abrí la puerta, en penumbras escuché su voz temerosa y somnolienta.
-Tres?
-Tres qué? -Fui a su cama, saqué una venda para tapar sus ojos, de saber a dónde iríamos no aceptaría.- Soy Terry. No se de qué hablas, Candy pero ya un día me lo contarás.
-Terry? Terry! -susurró entusiasmada, cuando la alcé en mis brazos con la manta, los suyos me rodearon fuertemente, nuestros cuerpos se encontraban por primera vez y fue una calidez indescriptible. Su tierno cuerpo se entregaba en un abrazo a mí, confiando completamente; me sentí bendecido por eso. Tomamos el elevador mientras le hablaba para distraerla
-Dormías?
-No pude dormir pensando que vendrías. -era su voz apenas perceptible.
-Candy ...quiero decirte algo.-su silencio me otorgó la palabra- Pero no ahora.
-Está bien - sentí otro apretón de sus brazos, acogiéndose a mí.
Llegamos al lugar planeado, ahí, donde todo había sucedido. Inmediatamente una buena sensación nos recibió, fue como si algo ahí nos esperara, y a la vez, sentía que dijera que era bueno estar ahí.
-Terry
-¿Tienes miedo?
-No si te quedas conmigo.
Continuará...
