Capítulo 11
Un nuevo día comenzaba y Aldebarán en su templo antes de que sonara el despertador se ponía en pie con energías renovadas, en su templo se equipaba de cadete para ir al entrenamiento diario, apretaba los puños por si aquella mañana ambos tuvieran que luchar para poder salir de la zona donde supuestamente les habían confinado, aunque aquella orden de reclusión no había quedado terminantemente clara.
Saliendo en busca de su compañero no tuvo que irse muy lejos pues este ya lo esperaba sentado al pie de la escalera de subida hacia el templo de Géminis. Tenía mala cara y se podía notar que no había dormido nada bien.
Sin tener ganas de hablar se marcharon en silencio a desayunar, aunque una vez sentados en el comedor de los dorados el moreno no lo aguantó más y le preguntó directamente.
- Menudas ojeras que traes hoy, ¿has pasado mala noche?
- He tenido una pesadilla bastante mala. – se quitaba la pechera del entrenamiento dejando que viera la marca de la mano que tenía en el pectoral. - ¿Un sueño puede provocar esto?
- Joder. – admiraba lo bien marcada que estaba aquella palma. – Tío en serio tienes problemas. No me gustaría tener sueños como los tuyos. – mientras Milo se ponía de nuevo la pechera continuaba comiendo. – ¿Le has dicho algo de esto a Eo?
- No, pensaba que solo eran pesadillas pero la verdad es que ya me parece preocupante. – estaba meditando sin prestar atención a la comida que tenía delante.
- Seguro que sabrá algo de eso. – sin que se diera cuenta acercaba las manos hasta su comida y comenzaba a atraer el plato que tenía su compañero. – En vistas que no tienes hambre esta mañana me tendré que zampar tu parte del desayuno.
- Cabronazo. – recuperaba lo que era suyo. – Mi mente está preocupada pero mi estomago no. – comía sin parar.
- Yo era por ayudar. – decía cómicamente.
Sin que nadie les prohibiera salir de la zona dorada y puntualmente como siempre comenzaron a entrenar, aquel día Eo había creado una ilusión muy real en todo el perímetro, estaba completamente lleno de delgados palos de casi tres metros de altura y esperaba con un pie sujetado sobre uno de ellos. Los dos chicos saltando se posicionaron también sobre las pértigas allí su maestro les lanzó primero una piedra plana que tenían que llevar sobre la cabeza manteniéndola en equilibrio, otra piedra en la mano derecha que tenían que mantener estirada.
- El equilibrio es algo muy importante en un caballero y si a eso le añadimos el impedimento de un objeto que no debe caer la cosa se pone interesante. – sus manos brillaban una con una fuerza radiante y la otra oscura. – ¿Qué preferís? ¿Luz u Oscuridad? – los dos chicos sin dudarlo dijeron luz y desató la fuerza de su mano derecha la que contenía aquella energía creando seres de pura energía blanca que saltaban de un palo en otro acercándoseles. – Procurad no hacer ningún movimiento u os atacarán y si lo hacen solo podréis defenderos con la mano que tenéis libre y la pierna que no os sujeta.
Completamente inmóviles, aquellos seres lumínicos con forma humanoide saltaban de un lado al otro. Milo estaba intranquilo y comenzaba a tambalearse ligeramente a los enemigos, en vistas que casi los tenía encima de una rápida patada se quitó al que estaba más cerca saltando de un palo en otro sin que ninguna de las dos piedras que llevaba encima se cayesen. Los seres de luz se pusieron furiosos y comenzaron a moverse por todos lados, Aldebarán tuvo que moverse también, a pesar de ser tan enorme tenía mucha agilidad y control del equilibrio.
Adoptando formación entre los dos compañeros se pusieron cerca dándose la espalda mientras los atacantes se les precipitaban en su contra, en aquella alineación Milo y Aldebarán se volvieron un solo ser para defenderse la mano que le faltaba a uno era sustituida por la del otro y sin dejar que ninguna de las dos piedras cayera derrotaron a todo ser que les atacaba.
Para Eo le gustaba que aprendiesen a luchar en equipo pero esa no era la finalidad de aquel entrenamiento, supuso que algo no iba bien pues sus discípulos no estaban todo lo centrados que debieran.
Aquel día pararon a las seis de la tarde y le dijo que entraran en la casa a charlar un rato. Los muchachos como de costumbre estaban agotados y se sentaron en las sillas que había alrededor de la mesa circular. Preparando unas infusiones se las ponía delante y estos la bebieron en silencio.
- No ha estado mal el entrenamiento de hoy pero no era lo que pretendía, hoy no habéis estado muy centrados, menos mal que no os he vendado los ojos. ¿Quién me cuenta lo que pasa? – preguntó esperando a que le dijeran el porqué estaban tan distraídos.
- Maestro Eo. – Milo no sabía cómo explicarlo pero quitándose la pechera le enseño a este la marca que llevaba en el pecho. – ¿Qué clase de sueño o pesadilla puede provocar esto?
- Los senderos de Morfeo son un verdadero misterio. – admiraba la marca con cara de preocupación. – En los sueños se nos presentan una serie de recuerdos y deseos entremezclados de manera incontrolada, es una forma de protección de la mente, archiva los recuerdos y manifiesta los deseos para que no se conviertan en obsesiones. También hay otra clase de sueños en la que el alma se evade del cuerpo y vuela libre por el plano astral. – sorbió un poco de té y se puso más serio. – En ese lugar que no pertenece a nuestra realidad puedes hacer todo lo que se te antoje, puede que ese plano sea un resto de algo que existió en un pasado muy distante de nuestra creación y lo pueblan todo tipo de seres ya sean buenos o malos y por desgracia cabe la posibilidad de que te encuentres con cosas que quieran hacerte daño. Claro está que el alma es inmaterial y no te pueden dañar… solo te hacen pasar un mal rato. – su tono de voz ahora era capaz de llenar de pavor al más valiente. – Pero en tu caso Milo, aquello con lo que te has topado tiene la capacidad de llegar hasta ti, dejando claro que está muy ligado a tu espíritu.
- Me está entrando ganas de mear del acojono que estoy pasando. – Aldebarán rompía aquella magia de intriga que estaba rodeando la conversación.
- Aldebarán ¿por casualidad no tendrás el titulo de: El que sabe que decir en el momento preciso? – le respondió Milo rebajando la tensión del momento.
- Pos no, ese lo tengo aun en la lista de pendientes. – corriendo se fue al baño a mear y luego volvió a sentarse a escuchar nuevamente.
- Un ser que es capaz de conectarse a ti de esa manera tiene que tener un poder increíble para poder trasladarlo al mundo real. Pudiste defenderte o al menos hacerle algo de daño tú a él.
- Ni se inmutó. – frotaba la muñequera que ocultaba la pulsera, la conversación le estaba preocupando más de lo que deseaba. – Todos mis intentos fueron en vano.
- Tiene mucho poder sobre ti pero tú ninguno contra él. ¿Cada cuanto tienes esa clase de sueños?
- Siempre que no lleve esta pulsera puesta. – decidió contárselo, quitándose el guardabrazos se la enseñó. – No es la que me hice yo en la isla de Milos, es un regalo de alguien a quien quise como a un hermano. – se quedaba absorto en los recuerdos.
- Este objeto no tiene nada en especial. – el viejo analizaba la pulsera. – Puede que actué como un cazador de sueños y te proteja de eso que te está tratando de dañar tras esos sueños. Procura que no se te suelte hasta que descubramos la manera de que te puedas defender en aquel plano. – la conversación había dejado el ambiente en tensión. - ¿Alguna otra clase de sueños que tengas que mencionar?
- También he soñado con una mujer, inclusive si llevo la pulsera puesta, la joven vive en un frondoso bosque acompañada por un hombre, este quiere que ella le obedezca pero no se deja y al final creo que lo ha abandonado y se ha fugado al interior de un desierto. No sé muy bien que puede significar.
– Tal vez podrías ponerte en contacto con "ellos" quizás te cuentan algo… ya sabes a quien me refiero. – soltó esa frase mirando al griego fijamente. – No eres el primer Santo de Escorpio con el que he hablado y sé muy bien la conexión que tienes.
- No me hablan, he debido de haber hecho algo que les hubiera ofendido.
- ¿De quién estamos hablando? – preguntó curioso el grandullón aunque no obtuvo respuesta.
- Milo te lo contará cuando esté preparado…. ¿Por lo demás sabéis si hay alguna moza en edad casadera para desposar por aquí? – de repente soltó aquella broma liberando la presión de la conversación. – Puede que después de seiscientos años me hubiera decidido a sentar la cabeza. – los chicos sonrieron ante el nuevo tono de su maestro.
- ¿Tantos años tenéis?
- Efectivamente soy anterior a Dohko y Shión, he visto a dos de las reencarnaciones de la diosa Atenea, más en esta ocasión es la única vez que no se ha dejado ver, cosa que me extraña y si a eso le añadimos mi destierro… ya suponéis que me puedo imaginar.
- ¿La diosa os concedió la larga vida?
- No exactamente, por la forma de cómo fui descubierto al nacer llevo el título de Estrella Caída: En el Santuario de hace seis siglos se produjo una lluvia de estrellas…. – se quedó pensativo un segundo recordando algo que tal vez no era conveniente decirles. – Tras aquel acontecimiento cósmico divisaron una cometa que caía del cielo y se estrellaba en la inmensidad del bosque, cuando la diosa en persona fue a comprobar la destrucción que pudo haber causado no encontraron ni rastro de desolación pero si un bebe recién nacido. Adoptándome entre las filas del Santuario allí me preparé para convertirme en Santo aunque tuve que desecharlo después, por tres peculiaridades que personalmente poseía, las dos primeras, muy útiles: que podía aprender todas las técnicas del cosmos y una longevidad jamás vista en un ser humano que no tuviera la gracia de una deidad. La tercera me tuvo que hacer abdicar del deber de proteger a la diosa como caballero: soy incapaz de matar a ningún ser vivo.
- ¿No puedes eliminar enemigos?
- No, cuando me percaté de mi imposibilidad para terminar con una vida me derrumbe por no poder defender a aquella que me había criado, pero Atenea siempre con su sabiduría me dijo que tal vez por cómo se produjo mi llegada al mundo junto con mis tres dones pueda que sea un enviado de un poder superior a las divinidades olímpicas con la finalidad de equilibrar algo que en el universo estuviera descompensado… aunque después de seis siglos aun no se cual es la verdadera función por la que estoy aquí. – se produjo un pequeño silencio en el que todos se quedaron pensando. – Pero no por eso mis funciones entre los santos terminaron pues mis conocimientos me hicieron muy sabio y pude convertirme en un gran maestro de generaciones venideras. No puedo aplicar mis conocimientos para quitar vida a otra persona pero si para enseñarle y llegado el caso hacer mucho daño pero nunca mortal.
- ¿Es por eso que no te has marchado del Santuario siendo tan poderoso?
- Efectivamente, si me fuera el Patriarca os enviaría a por mi cabeza, podría estar toda una vida luchando por defenderme hasta que finalmente caigáis por agotamiento. – se levantaba cansado y recogía las tazas de té. – Pero siento que no me queda mucho de vida pues cada vez mis fuerzas son menos, pero tranquilos que os convertiré en mucho más de lo que ya sois de aquí a que mi tiempo en este mundo espire.
- Y aunque no sé si es indiscreción preguntar pero… ¿sabéis realmente por qué Enoc de Orión desertó?
- Mi hijo… creo que llegó a la conclusión de que la verdadera diosa no está entre nosotros, y que todos estamos siendo manipulados por el Patriarca. Su ceguera le hacía ver las cosas de otra manera y fue entonces cuando fue declarado por hostigador contra la diosa y condenado a muerte, él y sus discípulos se marcharon hacia el pueblo donde vivían los familiares de los hermanos de la Osa, hasta que recibieron la visita de varios Santos de Oro.
Quedando todo en silenció la conversación se dio por finalizada y los dos aprendices se marcharon de la casa a eso de las nueve de la noche. Durante aquellas horas caía un gran diluvio, propio del clima del final del otoño que acababa en una semana y daba paso al invierno.
Los chicos completamente empapados fueron al templo del comedor a cenar, lo primero que expresó Milo al verlo otra vez totalmente desierto fue: "¿Aquí come alguien alguna vez?" Tras cenar copiosamente se fueron a los balnearios y tras una ducha se lanzaron al agua a relajar nuevamente los músculos. La marca en el pecho del rubio comenzaba a disiparse por la rápida recuperación de los Santos.
Tras un buen rato flotando sin decir nada escucharon como alguien se aproximaba hasta la zona de las piscinas, un Asistente Imperial llegaba con unos sobres negros con un símbolo trivial del signo de Tauro en uno y el de Escorpio en el otro. El moreno al verlo en un segundo salió del agua y los recogió mandando a paseo al sirviente.
Volviendo a la piscina con el agua hasta la altura de la cintura comenzaba a dar saltos de alegría y miraba a Milo muy contento tratando de que este preguntara el porqué de tanta alegría.
- ¿A que no sabes qué es esto? – dijo con un tono de misterio moviendo los sobres delante de la cara de Milo.
- Ni idea. – le respondió Milo mientras el otro daba saltos de alegría. – Tío para ya. – le detuvo ante su ataque de euforia. – Dime que es.
- Esto amigo mío es lo que necesitamos en este preciso momento para distraernos. El Patriarca nos convoca para una misión en el exterior. – no podía contenerse y volvía a saltar. – Mi primera misión estoy que no quepo en mí.
- Si es una parecida a la primera que tuve… no gracias, ya lo pase bastante mal.
- ¡Calla! ¡No seas niña! Con esa actitud no sé si debes permanecer en el grupo de "Somos los más Chachis que nadie." – se dirigía a su compañero y se lo cargaba al hombro para sacarlo de la piscina. – Esta misión es completamente opcional, la aceptamos si nos interesa, corramos a ver de qué se trata.
Vistiéndose con las túnicas oficiales no quisieron hacer esperar mucho al señor del lugar y presentándose en su templo tuvieron que seguir un protocolo en el que entregando las invitaciones que habían obtenido fueron escoltados por varios sirvientes hasta la zona donde el gran Patriarca entregaba misiones.
Un gran salón de al menos cuatro seis metros de altura por veinticinco de ancho, con una gran alfombra roja que llevaba hasta un trono de oro, a su alrededor multitud de columnas con detalles dorados, en las paredes pinturas y relieves de increíble belleza.
Los chicos se presentaron ante el trono en el que estaba sentado su señor portando dos carpetas en la mano, con el símbolo de una rueda zodiacal en ella. Tras unos segundos de silencio el que llevaba el casco se puso en pie caminando hacia ellos.
- Mis fieles santos, he estado hablando con la diosa y comparte vuestra opinión de que este Santuario ha de ser habitado por aquellos que luchen por ella con el corazón. Yo estaba equivocado, lo lamento de veras. – hablaba muy tranquilo. – Al fin y al cabo lo que representa la diosa Atenea es el amor y la justicia, a partir de hoy todo aquel que quiera abandonar el Santuario lo podrá hacer siempre y cuando cumplimente un formulario previo, no podemos dejar que se marchen sin más, tenemos que llevar un control de quien esta y quien no, a demás de que tienen que jurar que no hablaran jamás de este secreto lugar. – les entregaba las carpetas en las manos. – La diosa os convoca a una misión, ha llegado el momento de hacer caer el telón sobre nuestros enemigos y les daremos un duro golpe del que jamás se recuperarán.
- Mi señor podríais explicarnos de que se trata la misión.
- Dentro de poco se va a firmar un tratado muy importante para la estabilidad en el mundo, quiero que seáis aquellos que protejan el evento pues hay serios informes que un grupo de caballeros de origen desconocido intentará aprovechar ese momento para un atentado que tal vez provoque una guerra de incalculables consecuencias.
- ¿Tan importante es como para mandar a dos Santos de Oro?
- Muchísimo, lo suficiente como para que no sean dos, sino más bien tres santos dorados los que acudan a proteger ese encuentro. Allí tendréis a un líder que se os servirá de intérprete y se encargará de organizaros. – se dirigía hacia la salida del fondo de aquella enorme sala, una que daba su zona exclusiva. – Mientras vosotros veláis por la paz mundial, los gobiernos del mundo han sido debidamente informados de todos los actos corruptos para que se movilicen a paliarlos. Espero que la gracia de la diosa este con vosotros y os guie en esta difícil misión para y por el bien de la humanidad. – se marchó de la instancia dejándolos solos.
- ¡Pedazo de misión tío! – exclamó el moreno abriendo la carpeta para leer los detalles de la misión.
- ¿No te parece un poco extraño el cambio tan brusco del Patriarca? Ayer nos quería recluir y hoy nos da una misión para luchar por la paz mundial. – el rubio se había quedado pensativo.
- Atenea lo habrá puesto en su sitio. – seguía leyendo. – Jope, que pena… bien nos podrían haber enviado al hemisferio sur donde hace calor… vamos a necesitar ropita de abrigo, menos mal que a donde vamos se puede comprar ropa de marca.
- ¿A dónde nos destinan?
- ¡Nos vamos a Francia! – le dijo enseñándole los billetes de avión.
