No es un capítulo muy largo, ni tampoco uno muy relevante, pero supongo que mejor que estar unos días más sin actualizar...

Así que aquí os dejo un nuevo capítulo. No me cansaré de daros las gracias por las reviews!


Los llantos de Allan me despiertan en mitad de la noche. Me levanto como puedo, creo que ese incómodo sofá está comenzando a causarme dolor de espalda, y me dirijo hasta la habitación de Kate, por la que tengo que pasar para llegar a la de nuestro hijo. La puerta está entreabierta, así que la abro con cuidado, por si Kate sigue durmiendo. Sin embargo el llanto de Allan también la ha despertado a ella, que ya está cogiendo las muletas.

-Tranquila, me ocupo yo – le digo, entrando en el dormitorio, evitando que ella tenga que hacer el esfuerzo de levantarse con las muletas.

Cuando entro en la habitación de Allan lo encuentro sentado en la cuna, frotándose los ojos con ambas manos. Sus mejillas están empapadas por las lágrimas. Cojo un pañuelo y le limpio los mocos, a pesar de que no resulta muy útil ya que sigue llorando. Lo cojo en brazos e intento calmarle. Tal vez haya tenido una pesadilla, no es que de repente me haya vuelto un experto en conocer todos sus llantos, pero esta vez es diferente. De pronto reparo en que tiene varios mechones de pelo pegados a la frente debido al sudor y al ir a retirárselos noto que su frente está ardiendo.

-¿Qué le pasa? – pregunta Kate, preocupada, apareciendo en el dormitorio de Allan. Supongo que finalmente no ha podido evitar acercarse preocupada por los incesantes llantos de nuestro hijo.

-Tiene fiebre – le digo, también con una evidente preocupación.

Juntos le miramos la fiebre con el termómetro, comprobando que tiene 38 º C.

-Deberíamos darle un baño – sugiere Kate – le ayudará a bajar unas décimas.

-Bien, prepararé el baño, ¿te quedas con él mientras?

Kate no me responde y cuando me giro hacia ella veo que se muerde el labio, indecisa. La conozco demasiado bien para saber que algo se esconde tras ese gesto.

-¿Qué ocurre?

-Es… - comienza, indecisa – Cuando tiene fiebre o está enfermo, nos bañamos juntos. Le ayuda a relajarse. Si está así y solo en la bañera… - dice, señalando a nuestro hijo que sigue llorando en mis brazos – no dejará de llorar.

La miro a ella y después a su pierna escayolada. Está claro que ella no puede meterse en la bañera con Allan.

-Lo haré yo – afirmo con seguridad.

-¿Estás seguro?

-Claro. Voy a preparar el baño, vuelvo ahora a por él.

Dejo a Allan sobre la cama y ella se sienta a su lado, cogiéndolo en brazos y acariciándole la espalda.

Mientras tanto me dirijo al baño y abro el grifo, esperando que la bañera se llene con una temperatura media, que ayude a Allan a bajar la fiebre. Cuando se llena con una cantidad de agua suficiente, vuelvo al dormitorio a por él. Kate ya le ha quitado el pijama y el pañal, así que simplemente lo cojo en brazos, después de que ella le bese la frente, y vuelvo al baño con él.

Lo dejo sobre la alfombra mientras yo me desvisto rápidamente y cuando estoy desnudo lo cojo en brazos y entro con él a la bañera. Se agarra a mis hombros, sin embargo en cuanto me siento con él y siente el contacto con el agua parece que se relaja un poco y, aunque sigue sollozando, su llanto disminuye.

Le masajeo la espalda suavemente, echándole agua por encima, hasta que finalmente él también se sienta y comienza a relajarse. Al cabo de unos minutos ha dejado de llorar completamente y parece que se encuentra mejor, ya que comienza a chapotear y tirarme agua encima. Creo que le encanta picarme y que yo le pique a él y eso me encanta. Le salpico un poco de agua con la mano y consigo que se ría por unos instantes.

Salimos del agua, a pesar de sus protestas, antes de que comience a quedarse demasiado fría, y lo envuelvo con una toalla. Después me hago con otra toalla y me la pongo a la cintura.

Me dirijo a la habitación de Kate y ella me mira, alzando una ceja pero con un gesto divertido. En ese momento me doy cuenta de que sigo vistiendo solamente la toalla que me cubre de cintura para abajo, me sonrojo un poco pero no digo nada al ver que a ella no ha parecido molestarle mucho.

-Parece que se ha relajado un poco – le digo, acercándome peligrosamente a ella para pasarle a nuestro hijo a sus brazos.

-¿Estás mejor mi amor? – le pregunta a Allan en un tono cariñoso.

-Mami – dice él, estirando sus bracitos hacia ella.

Cuando lo está cogiendo de mis brazos, roza con su mano mi pecho e instantáneamente un escalofrío recorre todo mi cuerpo, como si existiese una extraña conexión entre Kate y yo. Mi aliento se detiene por un momento. Parece que a ella le ha pasado lo mismo ya que, con Allan ya en brazos, me mira intensamente.

Finalmente carraspea y yo alzo el dedo por encima de mi hombro.

-Será mejor que me… Voy a cambiarme.

Vuelvo minutos después, vestido con el pijama. Simplemente quiero asegurarme de que Allan está mejor y llevarlo a la cuna. Tal vez quedarme con él hasta que se duerma.

Cuando entro en el dormitorio de Kate, veo que nuestro hijo está tumbado en su cama, muy tranquilo. Me acerco más y compruebo que está dormido. Kate está tumbada a su lado, acariciándole el pelo. Me enternece ver el cariño con el que trata a nuestro hijo.

-Parece que ya no tiene fiebre – susurra ella, sin moverse de la posición en la que está.

-Sí, menos mal que sabías que eso le relajaría y le ayudaría a bajar la fiebre.

No dice nada y sigue sin moverse, pero sé que está sonriendo de lado. Yo también sonrío.

-Si mañana vuelve a tener fiebre lo llevaremos al médico.

Yo asiento, aunque ella no me vea, y rodeo la cama para darle un beso a Allan. Kate retira la mano con la que le acariciaba el pelo y yo le dejo un suave beso en la mejilla. Sin embargo soy incapaz de levantarme, incapaz de irme, porque este pequeño ángel tiene una increíble fuerza sobre mí y no puedo dejar de mirarlo.

Cuando desvío mi mirada hacia Kate veo que me mira con una sonrisa.

-A mí también me sigue pasando – dice de repente –No poder dejar de mirarlo – aclara.

-Es perfecto – añado yo.

-Lo es.

Nos quedamos en silencio unos segundos, ambos mirando dormir a Allan, observando cómo su pecho sube y baja suavemente al ritmo de su respiración.

-Cuando era un bebé yo no podía dormir sin él – dice, sonriendo melancólicamente – Creo que me costó más a mi acostumbrarme a dormir sola que a él.

Yo sonrío. Me encanta que Kate me cuente estas cosas, además, no me quiero ir del dormitorio. No quiero separarme de su lado. De ninguno de ellos.

-Me gustaría ver fotos de cuando nació – le pido.

-Te las enseñaré – me asegura ella – Tengo un montón de fotografías.

De repente me atrevo a tumbarme al lado de Allan, dispuesto a seguir escuchando a Kate, a seguir al lado de los dos al menos durante unos minutos.

-Fotografié y grabé cada momento… - se calla unos segundos, como si no supiese muy bien cómo continuar – De alguna manera sentía que debía hacerlo, por si algún día… Pensé que te gustaría verlas. Sé que no será lo mismo que haberlo vivido, pero…

-Me encantará que me las enseñes – le digo.

No quiero que se torture por eso. No ahora. Me hubiese encantado estar en todos esos momentos que dice, pero ninguno de los dos podemos hacer nada para remediarlo. Alargo una mano y acaricio la suya, que está sobre el bracito de Allan. Ella no se aparta, simplemente asiente.

Kate bosteza a pesar de haberlo intentado evitar. Está cansada así que supongo que ha llegado el momento de volver al sofá.

-Será mejor que te deje descansar – digo, levantándome.

-No.

Siento cómo ella me agarra el brazo, evitando que siga levantándome.

-¿Quieres… Quieres que me quede? – le pregunto, confuso.

Analizo su cara de sorpresa. Quizás ni siquiera ha sido consciente cuando me ha agarrado el brazo y me ha dicho que no me vaya.

-El sofá… - dice, dubitativa – No es muy cómodo. Aquí hay sitio para los tres.

Sonrío al escucharla, pero me lo tomo como un sí. Sí, quiere que me quede. Puede utilizar la excusa del sofá si lo desea, no me importa, lo único que me importa es que me deja quedarme con ellos.

-Sí, la verdad es que creo que estaba empezándome a clavar alguno de los muelles de ese sofá.

Levanto las sábanas y me coloco a su lado. Ella no se mueve de posición así que nos quedamos mirándonos el uno al otro.

-Buenas noches – me susurra, antes de cerrar los ojos.

Coloco mi mano sobre la suya, de manera que quedamos ambos abrazados a Allan y sonrío al ver que no la aparta, al contrario, entrelaza sus dedos con los míos.

Una sensación de felicidad absoluta invade mi cuerpo y cierro los ojos, sin dejar de sonreír. Esa noche creo que no tardo mucho en quedarme dormido, ya que ningún problema invade mi mente. Solo estamos yo, Kate y Allan. Los tres juntos.