Bueno, no sé si he tardado mucho más de lo que debería, pero más o menos intentaré colgarlo cada este tiempo. espero que so guste!

CAPITULO XI, SORPRESA INESPERADA:

Mi consciencia me dejó volver a tomar el control de mi cuerpo tras haber pasado algún tiempo dormida, porque no sabía hacía cuanto me había desmayado en los brazos de Shippo y teniendo en cuenta la sangre que había perdido podían haber sido días.

Me di cuenta de que no había tenido ningún sueño extraño, o a lo mejor ahora me encontraba en uno de ellos, pero esperaba que no, estaba harta de no poder distinguir la realidad de mi subconsciente y en consecuencia herir a las personas que quería por ello, porque sabía que las mentes de "gente" como la que controlaba a Inuyasha eran muy retorcidas.

El cuerpo me pesaba un poco, pero tenía la cabeza calentita y apoyada sobre algo que no era tan duro, como el suelo sobre el que descansaba mi espalda. Moví los dedos y la sensación de articular mis extremidades después de mucho tiempo me dio una punzada de placer que me recorrió toda la columna vertebral y me hizo abrir los ojos.

Tarde unos segundos en enfocar lo que había a mí alrededor y así poder juzgar por mi misma si se trata de uno de esos sueños causados por la extraña esencia o me encontraba tranquilamente en la realidad.

Cuando pude ver lo que tenía a mi alrededor me di cuenta de que fuera era de noche, estaba en una pequeña cabaña con un fuego en medio, recocí que era la casa de Rin, pero no podía ver donde estaba ella ahora mismo. Me di cuenta que estaba apoyada sobre las piernas de Shippo, que dormía apoyado contra la pared, una de sus manos descansaba sobre mi pelo y la otra me cogía mi mano derecha cruzada sobre el pecho.

No quería despertarle, seguro que había estado mucho tiempo sin dormir, y su rostro, relajado, con la simple expresión de paz que solía estar tapada por una gran sonrisa que me había vuelto loca días atrás, ahora parecía mucho más joven, como de mi edad o incluso más, su rostro de niño parecía no terminar de encajar con su cuerpo de adulto y a la vez era una combinación que lo hacían parecer un joven dios del olimpo.

Alcé la mano para acariciarle el rostro, un rostro que podría haber pertenecido a una chica más guapa, más obediente y más poderosa que yo, pero sin embargo sabía que esa sonrisa que tanto me gustaba, cuando despertara reluciría por mí.

Algo me hizo parar mi mano a escasos centímetros de su rostro, un olor familiar que me llegó desde la puerta dándome cuenta de que tenía compañía, y aunque la columna vertebral me tembló un poco, porque ante mí tenía a uno de los demonios más poderosos que había visto, sabía que no me iba a hacer daño.

Giré la cabeza lentamente para no despertar a Shippo y bajé la mano hasta posarla encima de la de la suya. Sesshomaru me miraba con una leve inclinación de cabeza, entre tranquilo y curioso; el ceño fruncido y la sensación de peligro que desprendía cuando había ido a rescatar a Rin habían desaparecido.

Si no hubiera respirado habría creído que se trataba de una estatua de algún dios griego. Era realmente era hermoso, pero era un belleza, que aunque era perfecta, a mí personalmente, no terminaban de atraerme; era verdad que era perfecto en todas sus facciones y proporciones, era verdad que los ojos que tenía, amenazadores y tan misteriosos que con una sola mirada podían envolverte y jamás soltarte; pero sin embargo eran los mismos que los míos, era verdad que todo su porte era el de un príncipe medieval y su cabello, tan brillante a la luz de la luna que parecía hecho de hilos de plata y aunque nuestro pelo era el mismo ahora mismo no le encontraba similitud.

Me di cuenta de que él también me observaba igual que yo a él, de una forma meticulosa y sin embargo buscando las similitudes y las diferencias, y no era de extrañar, era mi tío, pero no creía que le guardase ningún sentimiento especial a mi padre. Sin embargo no me importaba, la relación entre los dos hermanos era exclusiva de ellos, yo no tenía nada que ver.

Haciendo que saliera de mi ensoñación y reflexión, él agachó levemente la cabeza, como cuando te despides de alguien o das las gracias, no sé a cual de las dos se refería en ese momento, pero yo cerré los ojos por no mover la cabeza y cuando los volví a abrir solo me dio tiempo a verlo andar fuera del campo visual que me dejaba la puerta, andando con una elegancia y una delicadeza completamente sobrehumanas.

Volví a mirar a Shippo, también perfecto en sí mismo, pero a diferencia de Sesshomaru que parecía un gran y poderoso Dios del olimpo, él parecía un joven aprendiz a Dios, si eso existía en la mitología, alguien lo suficientemente poderoso y hermoso como para permitirle entrar el Olimpo, pero que el tiempo aun no ha borrado la sonrisa de su cara y sin convertirlo en un ser frío y aparentemente sin sentimientos.

Shippo se movió un poco, medio despertándose, primero bostezó sin hacer ruido, pero de una forma exagerada y yo sonreí. Estiró los brazos y la espalda, sin ni siquiera mover las piernas y tras ese pequeño ritual abrió los ojos y bajó la cabeza hasta encontrar su mirada con la mía.

Sonrió con esa sonrisa que conseguía que me volviera loca y sentí el corazón querer explotarme del pecho, me acarició el pelo, aun un poco adormilado y me tapó la tripa con la cola.

- Al fin despiertas – dijo en otro bostezo.

- ¿Cuánto tiempo llevo dormida? – susurré.

- Unos cuatro días.

- ¡Cuatro días! – me levanté de golpe, pero me mareé en seguida y me volví a tumbar.

- Relájate – me acarició el pelo y yo respiré profundamente – habías perdido muchísima sangre, gracias a tu sangre de demonios has sobrevivido – parecía entre aliviado y preocupado, como si quisiera decirme algo y a la vez no encontrara la forma de hacerlo. Al final acercó su cara a la mía y habló muy bajito – cuando te desmayaste en mis brazos y no reaccionabas pensé que te había perdido – yo junté mi frente con la suya.

- Estoy aquí ¿vale? – él sonrió y asintió levemente mientras volví a levantar la cabeza.

- Y no has comido absolutamente nada solido, así que te vas a sentir muy mal si intentas levantarte o hacer movimientos bruscos – yo asentí y dejé que posara un suave beso sobre mis labios mientras cerraba los ojos y disfrutaba del momento de estar con él. Cuando en el viaje al despertar no lo había visto me había temido lo peor, pero ahora estaba conmigo en este momento de tranquilidad en el que no tenía a mi madre, a mis amigas, a ningún demonio acosándome, ni siquiera los problemas que todo este mundo albergaba, tenía la sensación de estar en un pompa de tranquilidad, que aunque no duraría mucho en desaparecer, me hacía sentir en una paz que no tenía desde hacía mucho tiempo.

- Vale – en ese momento mi tripa decidió que los momentos rosas se había acabado y sonó estrepitosamente haciendo que me sonrojara y la mirara como queriendo fulminarla.

- Realmente tienes hambre – me cogió la cabeza y tras apoyármela en una manta se levantó – ahora vuelvo – al cabo de unos segundos volvió con algo de fruta, nada de lagartijas ni bichos raros.

Volvió a sentarse detrás de mí, me levantó con una facilidad pasmosa dejando que recostara mi espalda en su pecho y me ofreció la comida.

- Gracias – empecé a devorar todo de la forma más delicada posible, teniendo en cuenta el hambre que tenía en esos momentos – bueno ¿Qué ha pasado al final?

- No mucho, la cosa volvió al "cuerpo de Kikio" porque ya no es tan poderosa, y no lo será hasta que encuentre un cuerpo vivo, así que de momento no puede vencer a Sesshomaru y lo teme. Todos han estado muy preocupados por ti estos días, incluso Sesshomaru – yo levanté una ceja – has salvado a Rin y al bebé que llevaba dentro, algo de gratitud te tendrá que tener ¿no? – yo suspiré y seguí comiendo – Inuyasha ha vuelto a ser poseído porque es idiota perdido – y sonreí y tragué rápido por si me empezaba a reír – y tú tatuaje a crecido – yo fruncí el ceño y me puse algo nerviosa.

- No te preocupes no es gran cosa, simplemente la araña parece posada sobre un círculo, no sabemos que significa, pero si seguimos observando tu tatuaje y si pudiera ver con más atención el de Inuyasha, seguro que conseguimos dar con quien está detrás de todo esto.

- Ey no te frustres, estamos todos bien, eso es lo que cuenta.

- De momento – entonces me miró raro – realmente perder sangre a ti te afecta muuuucho.

- ¿Qué? – la verdad no me sentía con fuerzas para enfadarme, pero de ahí a que me afectase.

- Si estuvieras en condiciones normales ya estaría pensando algo para sacar a Inuyasha de aquí y dar con la cosa esa.

- Bueeno – a lo mejor tenía razón, pero tampoco me veía con fuerzas como para compararme – pero sacar a Inuyasha es muy fácil, solo hay que dejarle inconsciente y sacarlo como un saco de patatas – él sonrió – no… - una punzada de dolor me martilleó la cabeza e hizo que me mareara un poco – au… - susurré.

- No pienses, necesitas todas las energías posibles para recuperarte.

- Es un poco complicado que no lo haga.

- Lo sé, tú cabecita no deja nunca de maquinar cosas, pero lo necesitas – tragué el último trozo de fruta mirando a Shippo con los ojos entrecerrados.

- ¡Oye! ¿eso me lo tengo que tomar a bien o a mal?

- Aun no te has recuperado del todo – dijo eludiendo mi pregunta - necesitas descansar y aun es de noche, así que duerme.

- ¿No vas a responder a mi pregunta?

- ¿No vas a dormirte?

- ¿Piensas dejar de responderme con otra pregunta?

- ¿Y tú? – yo suspiré, me empezaba a marear y tenía unas ganas enormes de dormir, Shippo, haciéndome pensar había conseguido que me entrara sueño… espera… ¡lo sabía desde el principio! Me había hecho "hablar-discutir" con él para que me entrara sueño… ¡aahh!... me conocía demasiado, y el martillo había aparecido en mi mente no paraba de moverse…

- ¡Au! – me volvió a doler la cabeza.

- Deja de maldecirme mentalmente y duerme – yo suspiré, esta batalla la tenía él ganada desde el principio y estando como estaba no tenía nada que hacer. Cerré los ojos y dejé que el calor de sus brazos y su cola de zorro a mí alrededor me mecieran hasta volver a dejar arrastrarme por mi subconsciente.


Esta vez cuando abrí los ojos me encontraba con una rosa, me sentía muy bien, incluso un poco más fuerte, lo único que no había cambiado era que mi estómago rugía como si lo tuviera desnutrido. Tenía alrededor de mis hombros la chaqueta de Shippo y una sensación cálida en los labios. Fuera ya estaba atardeciendo y empezaba a refrescar.

- Se ha ido hará cosa de un minuto – busqué a Rin con la mirada y me la encontré al lado de fuego sentada y preparando algo que parecía sopa – tenía que ir a buscar algo para esto – señaló el recipiente.

- Huele delicioso – ella sonrió y yo me levanté junto con un ruido que produjo mi tripa parecido al de un trueno.

- Con el hambre que tienes cualquier cosa te parecería rica.

- Creerme, jamás me comería bichos, puag – saqué la lengua y ella se rio.

- ¿Hacemos la prueba?

- No hace falta – ella sonrió - ¿Cómo te encuentras?

- Yo estoy bien, gracias a ti – sonreí y me levanté agarrando la chaqueta que tan bien olía a Shippo.

- Bueno… ¿necesitas ayuda?

- No, solo me faltaba el conejo, que Shippo ha ido a buscar, pero no veas lo que me ha costado separarlo de ti, se aferraba como una lapa.

- No exageremos – nos volvimos y estaba en la puerta con un conejo muerto en la mano – es verdad que me he negado a ir – se acercó y le tendió el animal muerto a Rin y abrió los brazos – pero tampoco es que haya montado un numerito – yo le abracé y pegué mi mejilla a su pecho mientras el me envolvía con el brazo con el que no había tocado el conejo y la cola. Rin empezó a despellejar, deshuesar y trocear al pobre conejo, acción que no quise ni mirar.

- Bueno… déjame dudarlo… de todos los que hay en esta casa eres el más infantil.

- ¡¿Qué, qué?! - yo me reí, era gracioso verlos discutir de una manera tan sana – esta hablando la que sigue recogiendo flores para Sesshomaru.

- Ese no es el tema.

- A no, no, no, tú has sacado el tema de las infantiles…

- Yo no soy infantil, lo de las flores es…

- Intenta arreglarlo ahora – ella le sacó la lengua y se concentró otra vez en lo suyo. Sin venir a cuento Shippo me cogió en brazos.

- ¿Y esto?

- Me la llevo un rato – le dijo a Rin ignorando por completo mi pregunta.

- Pero no la alejes mucho de la barrera espiritual de la casa.

- Descuida mamaíta cuidare bien ella – ella entrecerró los ojos.

- Te estás ganando que le eche veneno a tu plato.

- No importa, no me afectaría.

- Ponme a prueba – se midieron con la mirada hasta que yo tiré de la camiseta de Shippo.

- ¿No nos íbamos?

- Es verdad, ¡Adiós! – rompió el contacto visual y dándose la vuelta me sacó de ahí.

- ¿Sabes? – el bajó la cabeza – estoy empezando a tener la sensación de que te gusta llevarme en brazos.

- ¿Acaso lo dudabas? – yo sonreí.

- Bueno ¿Y qué me quieres enseñar?

- En realidad te quería sacar de ahí, te estabas poniendo mala con lo del conejo – no me había dado cuenta pero era verdad, eso era algo que no podía ni mirar, no era vegetariana, pero desde pequeña ir a las carnicerías se me hacía algo completamente inhumano.

- Gracias.

- Bueno, ahora que ya estamos fuera… ¿Qué quieres hacer? Vale cualquier cosa menos, ir a tú época…

- ¡Ey! ¿Por qué no?

- Porque para empezar eso supondría salir de la barrera espiritual de la casa, y no sabes como es Rin cuando se enfada.

- Si, tiene que ser terrible – exageré la ironía hasta casi un grado cómico

- Créeme, ha pasado demasiado tiempo con Sesshomaru…

- Seguro… - me miró de reojo y luego cogió aire

- Y segundo – dijo volviendo al tema – sí no comes nada tú madre no me dejará volver a traerte… y tercero – dijo pasando de mi cara con el ceño fruncido – nada de ir a por Inuyasha.

- pero…

- De momento, ya iremos luego y nada de ir a ver el cuerpo de Kikio.

- Vaaaale – dije resignada anulando todo lo que tenía en mente hacer – pero por ser tú…

- Ya, ya, ya, claro.

- Por cierto – quería contarle la extraña sensación que me recorría las venas, me había levantado con muchísima más vitalidad de lo normal, y era algo que me chocaba porque no es lo normal que alguien siente cuando se despierta después de casi haberse desangrado - me siento, mucho mejor, como más fuerte – él sonrió de una forma sarcástica y a la vez como si hubiera dicho algo obvio, yo ladeé la cabeza.

- Será el haber estado hecha un asco todos estos días te ha ayudado a recuperarte interiormente.

- Hmm, no sé, me siento como con más energía demoniaca y según lo que me ha dicho mi madre no tiene mucho sentido – ella me había dicho que según conociera su pasado iría recuperando mis poderes, pero a mí nadie me había contado nada.

- A lo mejor es el hecho de haber visto a Sesshomaru – yo ladeé la cabeza.

- A lo mejor… - me sacudí la cabeza – bueno, no sé, no entiendo nada, y paso completamente de saberlo – él sonrió – esto es demasiado complicado.

- ¡La cena está lista! – en la misma fracción de segundo que esa frase llegó a nuestro oídos Shippo salió corriendo de vuelta a la casa.

- Ya me estaba muriendo de hambre – soltó el demonio al entrar en la casa.

- Tú siempre tienes hambre.

- No me compares con Inuyasha – me dejó en el suelo.

- Hmm… que bien huele – dije cerrando los ojos.

- Mejor sabrá – me tendió un bol lleno según me sentaba a su lado – y no te comparo con Inuyasha, pero eres un glotón.

- Demuéstralo – se sentó a mi lado y cogió el bol que le tendía Rin.

- Mmm… - pensó mientras se llevaba comida a la boca y Shippo y yo la imitábamos - Unos días antes de la última luna nueva cazaste un ciervo…

- ¡ese no cuenta!

- Y – siguió como si no lo hubiese oído – lo cociné, comí lo que quise y dejé el resto del animal, que era prácticamente todo para ti y te lo comiste entero, aun me pregunto si te comiste los huesos.

- No me los comí, se los guardé a tu querido demonio – ella entrecerró los ojos.

- ¿Me estás retando a ver que es mejor un perro o un zorro?

- Venga, porque todo lo que tiene tú demonio de frío y fuerte lo tengo yo de guapo y amable – le di un pequeño capón a Shippo y me miró entrecerrando los ojos - Tú también no por favor, ya tengo suficiente con Inuyasha y Sesshomaru – Rin y yo no reíamos.

- perdón, ha sido instinto…

- Eso es lo que me preocupa – nos volvimos a reír.

El resto de la comida fueron argumento y discusiones amistosas de ese tipo, era verdad que Sakura era la persona que mejor me conocía pero aquel día me sentí como en casa. Como si realmente encajara en esa pequeña casa, con esas dos personas, me sentí realmente bien, sin nada que desentonase, incluso el hecho de que fuéramos un demonio, una humana y una cuarto-demonio parecía darle a esta peculiar reunión personalidad a la velada.


Cuando terminamos, aunque no conseguí convencer a Shippo para que me dejara ir a por Inuyasha, me dijo que iría él, así que después de acompañar a Rin al pueblo fuimos al pozo y me dijo que esperar al otro lado.

A mí, como no me apetecía que esa cosa volviera a jugar con mis sueños decidí que esta vez haría caso a Shippo y volvería a mi época, salté, llegué a mi época y de un pequeño salto me posé con elegancia en el borde del pozo dentro del templo.

Fui a casa y no había absolutamente nadie, y yo fruncía el ceño, eso era raro, eso si que era raro. Hoy era un día entre semana, lo que significaba trabajo, lo que significaba que mamá llegaría cansada de trabajar y no querría saber nada que no estuviera relacionado con relajarse.

En ese momento me percaté de que me había pasado todo el maldito fin de semana durmiendo, menuda perdida de tiempo, de siete días a la semana, solo puedo "divertirme" dos y me los paso durmiendo, realmente necesitaba plantearme seriamente cuando iba al Sengoku.

Fui a mi habitación cogí el teléfono y no quise ni mirar el buzón de mensajes: 50 mensajes, llamadas: 18 llamadas; dios mío no me podía creer las cifras, los mensajes eran de Sakura, mi tío, Haruto, algunas chicas de clase y las llamadas más de lo mismo. Suspiré y decidí llamar para no eternizarme respondiendo.

Después de casi media hora dando explicaciones y haber conseguido colgar a una Sakura histérica que pensaba que me había ido del país de forma ilegal y no la había avisado, esa era una de las muchas historias que se había imaginado para darle explicación a por qué no la contestaba.

Tras darme una ducha y vestirme con un cómodo chándal decidí ir a dar un paseo, por alrededor de la casa, porque a pesar de ser de noche estar lejos del pozo me relajaba, y más ahora que toda la esencia de esa cosa estaba al otro lado.


Pero cuando estaba bajando las escaleras me encontré algo que hizo que se me salieran los ojos como platos, frunciera el ceño y dejara de jugar con el Ipod que tenía en el bolsillo.

Estaba mi madre… ¡puag! Con uno de lo médicos del hospital besándose… ¡puag! Esta es una de las cosas que debería estar prohibido ver para una hija… Lo peor llegó cuando una ráfaga de aire me trajo el olor de…

Me di la vuelta y vi a Inuyasha con los ojos como platos y Shippo frunciendo el ceño. Yo me tapé los ojos con la mano simulando darme un golpe en la frente… la que has liado mamá. Entonces como captando mi pensamiento miró hacia la escalera y pasando de mí a Inuyasha y por último a Shippo su cara de Oh-dios-que-he-hecho fue lo único que se distinguía en su rostro.

Mi mente se debatía entre dos opciones: 1: sentarme en los escalones y con un bol de palomitas ver la que se montaba o no se montaba, ¿quien sabía?; o 2: hacer algo y parar que lo que a mis dos padres se les estaba pasando ahora mismo por esas cabezas que en tantos problemas me habían metido, parase y razonaran la situación.

Me giré rápidamente hacia Shippo decantándome por la segunda opción, pero con unas ganas enormes de hacer la primera. Le miré a los ojos y sin articular palabra, solo moviendo los labios le dije: "Que Inuyasha no vuelva al Sengoku" sabiendo que este se volvería pensando "que ya no merecía la pena luchar por Kagome" pero la pregunta era… ¿desde cuando mi madre salía con alguien?

Miré al tipo de arriba abajo, mientras mis padres seguían en un semi-estado de shock. Sinceramente no era ni de lejos el tipo de mi madre, aquella persona tenía pinta de solterón, unos cuarenta años le echaba como poco, por lo que no pegaba ni con cola con mi madre que a pesar de tener treinta y uno aparentaba a penas veinte (no sabía como lo hacía).

El tipo llevaba ropa cara, como esos ricachones, de abrigos negros largos y guantes de cuero, que no tienen paciencia y pegan a sus mujeres porque piensan que son de su propiedad y se dedican a tirarse a las gals a cambio de dinero; era demasiado sofisticado, demasiado asqueroso, demasiado… ¡agh!... ¡demasiado pijo y repelente! ¡puag! Me daba hasta asco.

Durante años mi madre había rechazado docenas de hombres, incluso hubo uno con el que acepto salir una vez, era su hombre perfecto, gracioso, no muy posesivo, pero con mirada dulce; pero a la segunda cita dejó de verle. Y así durante años, hombre tras hombre. Incluso hubo algunos ricos que prometieron no tocarla a cambio de que fuera su esposa de cara a la sociedad y rechazó absolutamente todas las ofertas.

Y ahora que Inuyasha "estaba de vuelta" mi madre decidía salir con el hombre más repelente y menos apto para ella que había podido encontrar en todo Tokio, ¿para qué? Sinceramente aun no lo entendía; yo había decidido salir con Haruto porque era un chico que me iba, era un amigo y porque lo mio y lo de Shippo por aquel entonces no era nada sólido. Pero después de lo que había conseguido adivinar de la historia de mis padres, lo que acababa de hacer Kagome no tenía explicación ni para mí.

Notando agitación por encima de mí volví a girarme en dirección a Shippo y llegué a vislumbrar que estaban ya un poco lejos de las escaleras y Shippo retenía a Inuyasha como podía, pero sin hacer el más mínimo ruido por parte de los dos.

Miré otra vez a mi madre que se había vuelto hacia el médico que tan mal me había caído ya sin conocerle; entonces me miró cuando Kagome ya empezaba a subir las escaleras después de haberse "despedido", lo miré a los ojos y las ganas de bajar y partirle la cara por mirarme como me miraba incrementaban por momentos, me observaba con una lujuria mayor de la que soportaría de alguien como él; puto pederasta de mierda.

La presencia de mi madre a mi lado hizo que se me bajaran los humos, respirara hondo y me centrara en lo que tenía que hacer.

- ¿Qué he hecho? – me preguntó entre asustada y arrepentida. Yo miré hacia arriba, ella siguió mi mirada y salió corriendo a buscar a Inuyasha que prácticamente había desaparecido junto con Shippo.

Subí las escaleras, pero cuando llegué arriba lo único que me encontré fue a mi madre sola contemplando toda la explanada que había delante del templo. El olor que el viento me traía indicaba que Shippo se dirigía con Inuyasha a algún lugar lejos de allí y yo suspiré de alivio al saber que no había vuelto al Sengoku.

Me acerqué a mi madre lo suficiente como para ver que estaba llorando. Yo la cogí por los hombros, la guie hasta casa, la senté en una de las sillas de la cocina, la puse una manta por encima, la puse una taza de chocolate caliente en las manos y me senté en frente de ella, sobre la encimera de la cocina. Durante un largo rato estuvo contemplando la taza de chocolate humeante que no tardó mucho en templarse, sin decir absolutamente nada.

- No sé – dijo de repente – no sé por qué sigo llorando por él – yo ladeé la cabeza y ella frunció el ceño – después… - estaba a punto de sollozar – después de todo lo que me hizo, no tendría que deberle ni una sola explicación, ni una. Y sin embargo sigo corriendo detrás de él como una colegiala – estuve a punto de soltar un: "¡Oye!" pero me contuve.

- A lo mejor es que le sigues queriendo – mi madre se sobresaltó – puede que tú mente no encuentre ningún motivo seguir haciéndolo, pero a lo mejor tú corazón sí.

- ¿Estás diciendo que aun hay algún motivo para quererle?

- Tú misma lo estás diciendo

- ¿Y tú me estás alentando a pensar que le sigo queriendo?

- Bueno… - me encogí de hombros.

- ¿Desde cuando estás de parte de Inuyasha?

- ¿Desde cuando estoy de parte de alguno? Yo soy completamente neutral – mi madre suspiró – pero piénsalo, ¿por qué si no, ibas a preocuparte por lo que Inuyasha piense si ya "te rechazó"? – dije haciendo comillas con los dedos.

- ¿Cómo que me "rechazó"? – imitó mis comillas – no es nada ficticio, me rechazó abiertamente, después de todo lo que me dijo… después – y se volvió a poner a llorar y yo le supliqué a algún dios existente que armara de la paciencia que normalmente no tenía.

- Mamá, ¿no te das cuenta de la evidencia que tú misma estás diciendo? – ella levantó la cabeza frunciendo el ceño.

- ¿Qué? – dijo sin entender.

- Después de todo – dije imitándola – lo que te dijo, después de todo lo que hizo por ti, ¿en serio crees que te habría hecho eso?

- ¿A qué te refieres? – suspiré.

- es muy fácil, ¿recuerdas que Shippo nos dijo que esa cosa no era Kikio? ¿Recuerdas que nos dijo que Inuyasha había estado hechizado todos estos años? – ella tardó un poco en llegar al recuerdo, por al cabo de un rato asintió – Inuyasha no te traicionó, estaba poseído, pero no te diste cuenta.

- QUÉ – dijo en un casi un susurro inaudible - ¿Quién te ha dicho eso? ¿Inuyasha? Es que, conociéndote, ni siquiera me puedo creer que le hubieras dejado hablar.

- Me lo ha contado Kikio – ahora parecía enfadada

- ¡Ah! Perfecto, ¿cual de todas? Porque aunque la que esta "viva" no sea la verdadera Kikio Inuyasha la eligió, antes de darse cuenta de que no era la de verdad.

- ¡Qué estaba poseído! – salté de la encimera - Deberías saberlo basándote en la explicación que me diste el otro día de los medio-demonios y cuarto-demonios, Inuyasha no tenía el control de su propio cuerpo.

- ¿Y te crees eso?

- Sí – su cara de decepción fue un golpe un poco duro y yo suspiré tragándome las ganas de gritarle que su cabezonería y orgullo no arreglarían nada- Durante años has sido mi modelo a seguir mamá, tú siempre tenías razón y éramos un equipo. Por eso quiero abrirte los ojos, para que veas la verdad que yo veo y tú te niegas a admitir.

- Lo que quieres decir es que crees lo que Kikio e Inuyasha te han dicho – paciencia me dije a mi misma, paciencia.

- Lo que quiero decir es que le des al menos a Inuyasha una oportunidad para explicarte todo, lo que es tan evidente pero te niegas a creer que es verdad.

- … - me miraba intentando hacerme sentir culpable pero no lo iba a conseguir, llevaba dieciséis años viéndola sufrir por algo que no era verdad y ahora que estaba en mi mano ayudarla no me iba a quedar de brazos cruzados siguiéndola el juego de la chica traicionada.

- Solo una, dale al menos la oportunidad de contarte su versión de los hechos – me siguió mirando igual, como dolida y triste - ¡deja de mirarme así y madura! ¡Afronta tus problemas de cara y no salgas corriendo como hiciste la última vez!

- Miku… - me relajé antes de que ella pudiera retomar el papel de madre para pegarme un grito y castigarme a mi habitación

- Solo una, dale una oportunidad, solo una, por favor – dije intentando calmarme.

- Bueno – dijo suspirando – iré a hablar con él – yo sonreí, al final sus ganas de arreglar las cosas habían ganado a la cabezonería.

- Venga que te llevo - tras dejar la taza de chocolate, la manta y ponernos una chaqueta salimos de casa.


Bueno, ya sé que he liado un poco la historia, pero no lo he hecho por placer, todo tiene un sentido ya veréis. Ya falta poco para llegar a una parte que seguro que os gusta^^

REVIEWS

InuxKag:

Jooo, me hace mucha ilu que sigas leyendo mi fic, intentaré no tardar mucho más la proxima vez^^

Guest:

Bueno pues aqui está, gracias por leerlo y espero que os siga gustando^^

Y muchas gracias a todos los que seguis leyendolo ¡ESPERO REVIEWS!^^