En el episodio anterior

-Aqui estoy, siento haberme retrasado -expresó Lila llegando a la mesa- Tuve que apaciguar a Rhonda y a Harold. ¡Cielos! Estos chicos no cambiarán más, viven peleando y ya saben lo que dicen ¿No? Los que se pelean... -sonrió.
-Se aman, es cierto, pregúntale a Helga sino... -se burló Phoebe.
-¡Oh, vamos Phoebs! -se sonrojó apenas la rubia.
-Es cierto Helga, tu vivías peleandote con Arnold -siguió la pelirroja hasta que escucharon el sonido bien fuerte del caer de un cubierto sobre la mesa. Todos observaron al aludido, se trataba de Timothy que, al parecer por la expresión de su rostro, no la estaba pasando para nada bien. -¿Qué te sucede, Tim?
-¿Sabes que sucede? -alza la voz y mira a Helga- ¡Quiero saber toda la verdad! ¡Eso sucede! ¡¿Quién rayos es Arnold?! ¡¿Y qué tiene que ver con Helga?! ¡¿Cuándo pensabas decirme?! ¿Cuando él regrese? -se levanta del asiento y se retira al patio. Todos los chicos de la mesa quedaron sorprendidos, sobretodo la mismísima Helga quien pensó que no tenía otra solución más que ir tras el músico y contarle, de una vez por todas, toda la verdad...


-Timothy... -llamó Helga ante el caminar incesable del chico- ¡Timothy! -insistió con voz firme y el muchacho se detuvo pero no se giró.
-¿Qué quieres? -preguntó de muy mala gana.
-¿Quieres saber la verdad? Yo te contaré la verdad... -el músico voltea. Su rostro estaba muy serio y sus cejas bien fruncidas- ¿Podemos sentarnos? -la rubia le señala una pared y ambos se sientan contra ella y se apoyan allí.
-Quiero que me lo digas todo Helga, pero todo es todo -casi amenazó cortante.
-Bien -suspira preparándose para empezar- como sabrás Arnold fue compañero nuestro desde el kinder. Allí lo conocí al igual que el resto de los chicos, a diferencia que él siempre fue diferente -suspira- Siempre gentil, bondadoso, muy educado, caballero y tratando de ayudar a cualquiera de sus amigos o conocidos. Eso me enamoró de él -confesó y cambió el tono de voz- pero si alguien llegaba a saberlo se burlarían de mi, como mis propios compañeros en el kinder, por eso es que decidí tratarlo mal siempre, jugarle bromas, burlarme de él hasta no poder más y humillarlo. Aunque luego de hacerlo nunca me sentía bien, él jamás llegaría a la conclusión de mis sentimientos por él ni tampoco nadie sospecharía. Temía que me rechace, más sabiendo todo lo que le gustaba Lila -Timothy abre sus ojos- Sin embargo una noche de lluvia y en un caso totalmente extremo tuve que decírselo. Quizás también fue porque tampoco lo aguantaba más dentro de mi y necesitaba que lo sepa, en fin, no lo se. A partir de ese día todo cambió, nuestra relación comenzó a ser diferente...

*Flashback*

-¡Esto es estúpido!
-Pero Helga, debemos hacerlo, es solo un experimento más -apaciguó un Arnold de once años.
-Vuelvo a repetir, esto es estúpido y solo a un zopenco como Simmons se le ocurren estas cosas.
-No creo que el señor Simmons sea un zopenco, Helga, si nos da esto es para que podamos aprender ¿Cierto? -le sonrió.
-Si, claro -saca plastilina de su bolso- ¿Sabes qué? Tengo cosas mucho más importantes para hacer que estas estupideces.
-¿Ah si? -se cruza de brazos- ¿Y como qué?
-¿Y a ti que te importa, cabeza de balón?
-Lo siento -entrecerró los ojos en una mueca de desagrado- Como estabas hablando pensé que tal vez querrías contarme.
-¿Y para qué quiero contarte lo que hago con mi vida, Arnoldo?
-Tal vez porque nunca me lo cuentas cada vez que te lo pregunto... -respondió. Un escalofrío atravesó a la rubia.
-¿Y para qué quieres saber? -se cruza de brazos y lo mira fijo.
-Tal vez para conocerte un poco más -sonríe- ¿Te gusta el jazz?
-¿Jazz? -enarcó una ceja.
-Si, el jazz -toma el control remoto y enciende la música de su habitación, acto seguido se pone a chasquear.
-¿Asi es como te entretienes? -remató la rubia.
-Supongo -apenas contestó Arnold.
-¡Qué aburrido eres! -reclamó.
-¿Lo ves? Dime entonces ¿Qué música te gusta, Helga? Supongo que a una chica como tú le gusta el rock ¿cierto?
-¿Cómo lo sabes? -se sorprendió.
-Supuse, por tu personalidad. Puedo deducir varias cosas sobre ti por eso.
-¿Ah si? -se cruza de brazos- ¿Qué tanto crees saber de mi, sabelotodo? -se burló.
-Bien, puedo deducir que tras esa chica frívola que pareces ser hay una persona amable y de buenos pensamientos, capaz de ayudar a otra si es necesario, y -la apunta con su dedo índice- No puedes decirme que no porque me lo has demostrado claramente -Helga apenas se sonrojó.
-Bien, dejémonos de tonterías y terminemos con este estúpido trabajo ¿Si? -cambió rotundamente de tema ante la sonrisa de Arnold- Aquí tengo la plastilina y también el colorante rojo.
-Genial, aquí tengo el vinagre, el bicarbonato de sodio y el tubo de plástico. Bien, se me ocurre que primero empecemos haciendo la base sólida y armemos arriba el resto con el tubo y la plastilina.
-¿De veras? -ironizó- No se me hubiera ocurrido otra forma mejor... -el rubio la mira con el ceño fruncido.
-Bien -rodó los ojos- aquí está la base, peguemos el tubo con cinta...
-¿Con cinta? ¡Se despegará! Debemos usar pegamento mejor, zopenco.
-Bien -contesta resignado- usaremos pegamento... -toma el pegamento y pega el tubo en la base de cartón.
-¿Y ahora qué?
-Esperaremos a que se seque para armar el volcán con la plastilina. Se me ocurre que podemos hacerla con papel y pegamento para luego poner la plastilina encima ¿Qué te parece?
-¡Haz lo que quieras, Arnoldo! No me interesa ese estúpido trabajo.
-Si te estoy preguntando es porque eres mi compañera de trabajo y me gustaría tener tu opinión, Helga. -Pone sus brazos en forma de jarra.
-Pues a mi no me interesa el trabajo y mucho menos si tengo que hacerlo con alguien como tú, camarón con pelos -saca un comic de su mochila y se tira en su cama a leer.
-Oh no Helga, no te pondrás a leer, no en mi casa -frunció sus cejas.
-¿Ah no? ¿Y qué quieres que haga? ¿Mirar como se seca el pegamento? -volvió la vista al comic.
-No, pero podrías conversar conmigo. -Le reclamó.
-¿Sobre qué? -lo mira fijo por un instante y vuelve su vista a la revista- ¿Sobre todas las pocas cosas que tenemos en común?
-¿Cómo sabes que tenemos pocas cosas en común si nunca conversamos? -Helga no apartaba la vista de su comic- ¿Lo ves? Prefieres una estúpida revista antes que conversar conmigo. ¿Por qué haces esto, Helga? -la rubia seguía perdida en el comic- ¿Por qué siempre haces que pueda salirme con facilidad de mi mismo? ¡Me exasperas! -Arnold se enfurecía aún más con la indiferencia de Helga hasta que no soportó más y le gritó muy fuerte -¡Deja de leer eso y préstame atención!
-¡¿Qué rayos te sucede cabeza de balón?! -lo mira sorprendida de su reacción- ¿Acaso te has vuelto loco? ¿Para qué quieres conversar conmigo?
-En primer lugar porque estás en mi casa, en segundo lugar porque estamos trabajando y en tercer lugar porque quiero saber de ti -Helga se sorprendió. Jamás se hubiese esperado ese reproche de Arnold. Sin embargo su orgullo no dejaría que él se salga con la suya.
-Escuchame bien cabeza de balón -se pone de pie con sus brazos en jarra- Me traes a tu casa, pones una música que es para dormir, tu pegamento no es instantáneo y encima quieres que convercemos. ¿Quién crees que soy?
-Precisamente eso es lo que quiero saber ¿Quién eres Helga Pataki? -se le acerca- Porque yo no me creo más esa imagen de la chica ruda.
-¿Quieres ver que tan ruda soy, zopenco? -frunce sus puños y se adelanta un paso hacia él.
-¿Vas a pegarme? -desafió el rubio acercándose un paso más- No te animarías -sonrió con el entrecejo fruncido.
-¡¿Quieres ver como si me animo?! -ella también volvió a dar otro paso.
-Helga, Helga, Helga... -suspiró melodicamente- De todas las veces que amenazaste con pegarme jamás lo has hecho -dijo sin cambiar su mueca desafiante- No te tengo miedo.
-Pues ¿Sabes qué? -Arnold da un paso más exponiéndose peligrosamente hacia ella- Deberías porque voy a tomar tu cabeza de balón y la voy a desinflar tanto que jamás te volverán a reconocer. -Arnold cambia su mueca desafiante por la de una sonrisa, lo que toma por sorpresa a Helga- ¡¿Qué te sucede?! ¿Qué miras? -Arnold da un paso más- No te tengo piedad cabeza de balón, voy a destrozarte la nariz ¿Lo sabes, verdad? Voy a arrancarte los pelos de tu cabeza de camarón para con ellos hacer un...
Pero Helga no pudo hablar más. En un santiamén Arnold había tomado su rostro para besarla apasionadamente y no soltarla. Helga se sonrojó por completo, se había llevado la sorpresa más grande de su vida ¡Arnold estaba besándola! Sin que ella se lo pidiera, sin que ella tuviera que forzar ninguna situación para llegar a ese punto. Sintió como sus pulsos se aceleraban y como instantáneamente sus manos comenzaban a sudarle, a la vez que sus músculos se tensaban y sus piernas temblaban. Su estómago y sus intestinos eran una fiesta de hermosos retorcijos que bailaban al son del jazz que ambientaba el lugar. Finalmente cuando pudo reaccionar cerró sus ojos, relajó sus músculos y tomó de los hombros al muchacho para corresponder el beso. Ese hermoso e inesperado beso que cambió su vida para siempre. Se quedaron asi por unos largos segundos hasta que el rubio advirtió que Helga estaba más relajada y la soltó. Abrió sus ojos y pudo observar como Helga aún seguía completamente ruborizada y sorprendida. Arnold hizo una mueca de picardía con sus ojos casi entrecerrados y se volteó para ir a ver que tanto se había secado el pegamento. Luego de un silencio, interrumpido solo por el jazz, Arnold al fin se animó a hablar para romper el hielo.
-Sabía que no me pegarías -sonrió con la victoria. Allí fue cuando Helga reaccionó.
-¡¿Por... -titubeaba- por... qué hi-hi hiciste e-eso-o?! -se pega un cachetazo en la cara- ¿Qué te sucedió, cabeza de balón? -solo atinó a decir.
-Nada, estabas hablando mucho y haciendo poco, es todo. -Helga se acercó con pasos firmes hacia el escritorio nuevamente con su ceño totalmente fruncido y se puso al lado de Arnold.
-¡¿Cómo te atreves?! -le recriminó algo sonrojada aún.
-Bien, lo siento... -se disculpó sin dejar hacer la mueca pícara- Pero creo que encontré una forma de que me prestes atención -Helga respira hondo para,otra vez, comenzar a gritarle pero de un rápido movimiento Arnold se acerca a ella como para besarla nuevamente frenándose justo, apenas rozando sus labios, dejando una vez más sin palabras a la rubia y, sin dejar de sonreir, le refutó- ¿Lo ves? -y regresó su vista al trabajo.
Helga estaba atrapada, perdida. Por primera vez en su vida no pudo contestarle o reprocharle absolutamente nada. Arnold había encontrado su punto débil, el mayor quizás y ella había sido tan solo una víctima de él. Esa tarde la rubia se mostró cordial y amable al realizar el trabajo aunque, y solo para que vuelva ocurrir, comenzaba a gritarle para que el rubio la calle de un beso. Arnold sabía que ella lo hacía a propósito para que él la bese, sin embargo el juego le gustaba. La besaba apenas comenzaba a gritar o a veces la dejaba gritar por mucho más tiempo midiendo hasta cúanto más ella podría aguantar. No importa como o de qué manera había sido, lo único que ella sabía con seguridad es que su amado la había besado y mucho más de una vez. Tantas veces, que perdió la cuenta.

*Fin Flashback*

-... Y así fue como todo comenzó -suspiró la rubia.
-¿Eso... eso es solo el comienzo? -respondió Tim confundido.
-Exactamente -suena el timbre que debían volver a clases- Escúchame, puedo contarte como sigue esta historia o volver a clases...
-Por supuesto que eligiré quedarme aquí. Necesito saber como termina esto y lo necesito saber ahora -reclamó el músico frunciendo sus puños.
-Bien -suspiró nuevamente- Luego de eso en cada ocasión que podía, me volvía a besar si era necesario, sin embargo nadie lo sabía, era como un juego entre él y yo. Pero cada vez me perdía más en él y cada vez era más irresistible pasar mi tiempo con él. A mi me gustaba y el ya lo sabía, pero yo no estaba tan segura de que él sienta lo mismo por mi, hasta que llegó el día de la excursión.
-¿Excursión?
-Asi es, partimos a San Lorenzo a buscar a sus padres, desaparecidos desde que él tenía un año. Jamás me imaginé que semejante aventura nos esperaría allí. Arnold se aventuró desobedeciendo la ley de no separarse del grupo y, obviamente, yo no podía dejarlo solo, debía ayudarlo...
-¿Y qué pasó? -preguntó el músico interesado.
-Bien, allí sucedió lo que más había estado esperando, aunque de manera muy extraña, pero sucedió al fin y al cabo. Bien -suspira- allí se encontraba una tribu denominada los ojos verdes, los cuales habían estado sometidos bajo el poder de La Sombra.
-¿La... sombra? -preguntó extrañado.
-Asi es, un tipo loco, ambicioso que solo deseaba riquezas y poder. Los padres de Arnold estaban sometidos también por sus amplios conocimientos y el cabeza de balón quería rescatarlos...

*Flashback*

Arnold cruzó cautelosamente el fino barranco que unía dos islas divididas por una enorme corriente de agua. Con mucha dificultad y trastabillando por el moho que pisaba logró pasarlo por completo hasta llegar al otro lado. Allí caminó silenciosamente entre unos arbustos para no ser descubiertos por los guardias que rondaban por allí. Su objetivo era alcanzar el palacio, como allí llamaban al templo donde La Sombra se alojaba junto a todas las riquezas que robaba y coleccionaba, pues allí dentro también se encontrarían sus padres trabajando para él. Cuando apenas podía alcanzar a ver el lugar fue descubierto, a sus espaldas, por un guardia quien lo tomó bruscamente de los brazos. El rubio se sorprendió y no sabía que hacer puesto a que, si se ponía a gritar, solamente llamaría la atención de más guardias. Repentinamente una pesada roca cayó sobre la cabeza del atacante dejándolo inconsciente. El muchacho miró hacia arriba desde donde provenía la roca y allí se encontraba ella, una vez más, ayudando al rubio a desligarse de sus problemas. Intentó huir tras las ramas de los árboles pero intentarlo solo logró cortes en sus brazos y que su ropa se enriede entre ellos. Arnold corrió tras ella trepándose al mismo arbol y tal como unos tarzanes iban de rama en rama ella escapando de él y él persiguiéndola incansablemente. Tal era la ceguera de Arnold a su alrededor que, pisó mal una rama y sin darse cuenta comenzó a caer. Pensó que allí terminaría su aventura para siempre pero algo lo sostuvo de su mano, miró y allí se encontró con su mirada azul, una mirada tremendamente poderosa, abrumadora y tan dulce a la vez. El muchacho se tomó con ambas manos de ese brazo extendido y ella lo ayudó a subir usando todas sus fuerzas para evitar una caída trágica. Cuando finalmente se estabilizó, él volvió a mirarla fijamente.

-Sabía que eras tú -suspiró aliviado.
-¿Ah si? ¿Qué tan confiado estarías,zopenco? -recriminó Helga.
-¿Hasta cuando seguirás con tu juego? ¿Por qué no viniste conmigo desde un principio?
-Si, claro, como si el samaritano me lo hubiera permitido -rodó los ojos.
-Vaya -se sorprendió- Creo que me conoces mucho más de lo que me conozco a mi mismo -respondió mientras observaba que ella no llevaba su diadema rosa en su cabello -Es muy peligroso estar aquí, más para una mujer.
-¡Vamos Arnoldo! Soy más ruda que cualquier niño, lo sabes muy bien -le apunta con su dedo índice y el rubio se percata que ella se encontraba bastante herida.
-¡Cielos, Helga! ¿Te encuentras bien? -la toma del brazo preocupándose por una gran herida que la muchacha tenía.
-Si, si -le quita el brazo del sus manos- sanará, zopenco.
-Ven -se prepara para bajar del árbol- Sígueme -le ordenó. La rubia rodó los ojos pero obedeció. Ambos bajaron de el arbol lenta y cuidadosamente. Se sentaron en unas rocas al costado del río donde Arnold lavó sus manos y tomó de su mochila unos vendajes y agua oxigenada. Con mucha paciencia y ternura tomó el brazo herido de Helga y comenzó a curarlo. La rubia se sonrojó al sentirse cuidada por su amado. -Esto te hará sentir bien, sino sanamos la herida después podría ser peor -explicó el cabeza de balón mientras sonreía de lado.
-He tenido heridas más profundas, Arnoldo... -dijo queriendo demostrar indiferencia.
-¿Y las has podido curar sola? -preguntó mirándola a los ojos.
-Si, pero sin agua oxigenada ni vendas.
-¿Y cómo haz hecho entonces? -indagó mientras le terminaba de atar la venda.
-Solo las dejé sanar y es todo -se reincorpora- ¿A donde vamos ahora?
-Debemos hallar una manera de colarnos en el templo, Helga. Eduardo me dijo que allí se encontraban mis padres cautivos.
-¡Rayos! -miró hacia el lugar dándole la espalda al rubio- Ese cutrucho está atorado de guardias ¿No podían mantenerlos mas cerca?
-Al parecer, no -Arnold observaba a Helga de pies a cabeza.
-¿Alguna pista? -voltea.
-Solo para ingresar, pero desconozco el camino.
-¿Qué esperas entonces? El sol se pondrá pronto ¡Muevete! -le ordenó y él sonrió.

Caminaron por un largo trayecto, lleno de insectos, plantas y animales. Parecían no llegar más a su objetivo que, era una de las partes traseras del templo. El sol ya se estaba poniendo y ambos ya se sentían cansados por lo cual optaron descansar un poco. Arnold sacó unas latas de conserva que llevaba en su mochila mientras Helga armó habilidosamente una fogata. Se dispusieron a comer y a conversar, un poco sobre el tema de sus padres y otro poco sobre ellos dos. Enseguida cayó la noche y con ella el frío. La rubia se sacudió de un escalofrío causado por una brisa y Arnold le ofreció su chaqueta a cuadros, para darsela se reincorporó de donde se sentaba, se quitó el sueter verde y a continuación desabrochó cada uno de los botones de la camisa ante la atónita mirada de Helga quien creyó tener una parálisis cerebral cuando por fin se la quitó. Rápidamente se puso su sueter y le entregó la chaqueta a Helga. La rubia la tomó con delicadeza y cautela, y cubrió su cuerpo con ella. Al sentir su olor le temblaron un poco las piernas. Finalmente Arnold se sentó a su lado apoyándose contra un tronco y la miró desde muy cerca.

-¿Qué sucedió con tu moño rosa?
-Creo que se me habrá enganchado en alguna rama mientras caminaba por los árboles...
-¿Mientras me perseguías? -Bromeó.
-¡Olvídalo Arnoldo! -respondió mientras se sonrojaba y fijaba su vista en la pequeña llama que aún quedaba.
-Creo que debemos encontrar un lugar para dormir aunque sea un poco.
-¡Claro! -ironizó- Si la almohada es de plumas será mejor ¿tú que opinas?
-¡Vamos, Helga! Podemos dormir tranquilamente, llevo una frazada grande y hay espacio para los dos -la alentó.
-De acuerdo, he dormido en lugares peores -esbozó frunciendo la uniceja.
-¿Ah si? ¿Cómo cuales? -incriminó el rubio.
-Como... -trago saliva- como un closet -miró al cielo para disimular su rubor.
-¡Vaya! ¿De quién te escondías? -bromeó, pero la rubia no contestó -¡Vamos! Solo bromeaba... -la observó de cerca pues parecía tener la vista perdida- ¿Te encuentras bien?
-Ar... Arnold... -titubeó mientras señaló al cielo- ¡Las estrellas son grandiosas!
-Lo son en cualquier parte, Helga -miró al cielo- La energía lumínica de la ciudad las esconde todo el tiempo de nosotros -volvió a mirarla a los ojos. Cualquiera diría que su color azul se mezclaba fácilmente junto a las estrellas, o al menos fue lo que el rubio pensó. Repentinamente, al caer en cuenta de lo que pensaba, sintió un fuego eléctrico arder desde su estómago hasta su cabeza y una inexplicable sensación de lo que en ese momento le sucedía. Eso que creyó tan lejos alguna vez ahora estaba cerca, terriblemente cerca. Tan cerca que podía sentirlo adentro suyo, tan cerca que ya no podía mentirse más a si mismo: la belleza de Helga lo había impactado, una vez más, y ya no pudo seguir convenciéndose de que eso no era cierto. Se había perdido completamente en su mirada y en sus pensamientos que lo tenían tan sorprendido como su cara lo denotaba, tanto que no se percató que ella bajó su vista para encontrarse con sus ojos también.
-¡¿Qué tanto miras, cabeza de balón?! -recriminó algo sonrojada al tenerlo tan de cerca.
-Yo, bueno... -se acaricia su nuca- en realidad -se sonrojó y titubeaba torpemente. La rubia enarcó su ceja- A decir verdad... -volvió su vista hacia arriba y se encontró con un moño rosa enganchado en la rama de un gran árbol- Esperame por favor -solo respondió y se reincorporó rápidamente para ir al árbol. Helga lo miraba confundida mientras Arnold subió, tomó el diadema y bajó rápidamente para entregárselo -¿Asi que por aquí venías eh?
-Gracias Arnoldo -dijo la rubia mientras tomaba el moño con sus manos- Y... -tragó saliva- Gracias por todo lo que hiciste por mi en el día de hoy -soltó ese desahogo sonrojándose apenas.
-Y bien... -Arnold miró a su alrededor- Allí hay una cueva -la señaló- ¿Qué te parece si dormimos un poco? -preguntó bostezando.
-Y qué esperabas acaso, cabeza de balón ¿Un hotel cinco estrellas? -El rubio sonrió mientras tomaba dos ramas gruesas para usar de antorchas.
-Ven, sígueme -le guiña el ojo y le ofrece su mano para levantarla, Helga obedeció enseguida bajo los encantos de su amado. El rubio apagó el resto del fuego que quedaba y se dirigieron a la cueva.

Una vez allí Arnold tendió su frazada la cual dividió en dos para reposar en una parte y cubrirse con la otra. Helga se soltó el cabello y se acostó a su lado. Si bien la frazada era grande y ellos estaban algo alejados uno del otro, Helga sentía que un su vientre bailaban mil demonios. El rubio se volteó hacia ella y la miró, aún no podía creer estar tan encantado de tenerla, de mirarla, de saber que ella estaba allí, una vez más con él, arriesgando todo lo mejor que tiene para salvarla. Helga le daba la espalda mientras fingía dormir, entonces el cabezón levantó su mano y, muy cuidadosa y delicadamente, acarició su larga cabellera. Desde la cabeza hasta la espalda. Suspiró repetidas veces mientras lo hacía una y otra vez, bajando y subiendo su mano por el cabello dorado y lacio, enredándolo sutilmente entre sus dedos, jugando con ellos suavemente una y otra vez sin cesar. Helga creyó que tendría un paro cardíaco al sentir los latidos de su corazón palpitando más fuerte que caballo de carrera, experimentó los escalofríos mas intensos que ningún viento pudo haberle hecho sentir jamás. Tuvo ganas de levantarse y salir corriendo a gritar de la emoción, hasta pensó en tirarse de un chapuzón al río para asegurarse de que no fuera un sueño. Pero no tuvo que hacer nada, pues Arnold, como si le estuviera leyendo la mente, le sacó la duda inmediatamente.

-Me gustas, Helga Pataki -susurró a su oido- Me gustas mucho. Enciendes algo dentro de mi que nunca nadie ha encendido antes -la rubia tensó hasta sus uñas al oir eso- Que grata sorpresa haber descubierto tu centro tan dulce. Me gustas tanto, tanto, que creo que lentamente comienzo a amarte...

Y eso fue suficiente. Suficiente para que Helga sucumbiera ante semejante confesión y pierda la conciencia completamente. Arnold, sin saber lo que sucedía, se acercó hacia ella y le ofreció un cálido beso en su cabeza. Le susurró las buenas noches al oído, apagó la pequeña llama de lo que quedaba de la antorcha y se acostó por completo, para conciliar, por fin, el sueño.

*Fin Flashback*

-¿Y luego que sucedió?
-Bueno, despues de casi morir pudimos rescatar a sus padres y todo regresó a la normalidad bla bla bla, pero él quiso quedarse allí viviendo con ellos -mira al suelo.
-No entiendo...
-¿Qué? ¿Qué es lo que no entiendes, cerebro de mosca?
-¿Por qué lo esperas? -susurró algo inseguro.
-¿Qué quieres decir con eso? -lo miró fijamente a sus ojos celestes.
-Helga, es muy linda toda la historia que me contaste, pero eran apenas unos niños. El tiempo pasa y tú lo esperas, lo cual no se hasta que punto está bien o está mal pero... -suspira- ¿No crees que debas darte la oportunidad de conocer a otras personas?
-Yo... -sintió un enorme escalofrío correrle por su espalda- Bueno, no lo se... -contestó resignada.
-¿Por qué no me lo has contado antes?
-¿Tenía que hacerlo? -se cruza de brazos.
-Tal vez... -se reincorpora- tal vez si solo quisieras tener algo conmigo, para conocerte un poco más. Pero tal vez me haya ilusionado yo.
-¡Oh, vamos Timotheo! Ya te expliqué que no fue mi intensión...
-Lo se -caminó hasta la puerta de entrada para regresar a clases, frunció su ceño maléficamente y suspiró- Supongo que la de Arnold tampoco -la mira de reojo- Nos vemos luego, Helga.

Ese último comentario la destrozó, aunque ella era muy fuerte y su orgullo era invencible,Timothy tocó una gran yaga en su corazón. Se acuclilló en el piso y trató de no llorar, pero las palabras del muchacho la habían lastimado mucho. ¿Y si tenía razón? ¿Y si solo es una ilusión? Intentó despejarse para volver a clases rápidamente pero no pudo hacerlo, su cabeza daba mil vueltas y tenía que encastrar varias piezas del rompecabezas que Timothy le encomendó esa mañana.


Holaa! Como les va lindos?
Ya les dije, estoy estudiando mucho mucho, pero no los abandoné.
Por eso decidí hacer un capítulo largo, como para recompensar. ¿Qué les pareció? (:
Mucha aparición de Arnold, no? e.e
Por qué no hubo beso estando en la selva? Fácil: porque voy a hacer un fic sobre eso, por supuesto (más cortito que este, lo prometo)
Críticas? Preguntas? consultas? dudas? dejen un review y los contesto :D
Miles de gracias como siempre a Alinee,Arabrab83,micility por dejarme sus reviews. Y tambien agradezco a quienes siguen esta historia Alisoon Doolin, AngelYueGuang,Arabrab83,Ana White, Grettel Gallagher, ,anaemy,delaosarahi y MarHelga (mi primer fiel, gracias linda!)

Es muy lindo contar con el cariño de todos ustedes. Muchas gracias, de verdad,de verdad :)
Les dejo muchas buens vibras y colores, y.. quizas en primavera tengamos un onefiction, pero no les quiero prometer nada, por si no me da el tiempo.
JeanePataki.