- Un día -
Era una noche especial en la casa de los Kirklands. Alice había invitado a la familia Bonnefoy a una cena, ya que hacía mucho tiempo que ambas familias no se reunían, y además ellos nunca habían conocido a Alfred, hasta ahora. La ojiverde era amiga de los padres de Francis desde antes que sus hijos nacieran, y Arthur y Francis eran amigos y compañeros de escuela.
Durante la cena, las dos familias estaban sentados en la gran mesa del comedor mientras degustaban los platillos que había preparado Alice. los Sres. y padres de Francis hablaban de diversos temas con la ojiverde, mientras que Alfred solo escucha la conversación callado, y solo hablaba cuando ellos le preguntaban algo, estaba mas al tanto del menor que de la conversación en sí.
Arthur hablaba con Francis, o lo intentaba, ya que la mirada penetrante del ojiazul sobre él lo ponía completamente nervioso. Y Francis al notar esto se apegó aún mas a Arthur, haciendo que sus manos casi rozaran. La mirada tranquila de Alfred pasó a ser molesta al ver esto, era la primera vez que se sentía tan celoso y quería que ambos estén separados a por lo menos 100 metros de distancia. Sin mas y sin importarle que Francis lo viera, posó una de sus manos en una de las rodillas de Arthur dándole un respingo por el tacto, y separándolo un poco de su amigo. Acaricio un poco de esta sacándole leves escalofríos, y fue subiendo lentamente, hasta que, al llegar a la entrepierna del menor, este rápidamente la quito. Alfred volvió a mirar a Arthur y este lo miraba algo molesto.
- "Deja de molestar" - articulo con sus labios, Alfred solo desvió la mirada, ahora mas molesto por lo que le había dicho el ojiverde.
- Mamá ¿Francis puede quedarse a dormir esta noche? - preguntó de repente Arthur luego de darle una mirada de reojo al ojiazul, este estaba algo atónito por la pregunta.
- Si/No - contestaron al mismo tiempo Alice y Alfred, todos miraron a sorprendidos por la respuesta al ojiazul y porque lo había dicho completamente serio.
- ¿Por qué no? - pregunto molesto Arthur.
- Si ¿Por qué no? - re pregunto su madre.
- Digo... - hablo nervioso Alfred - ...no sería una mala idea.
Arthur sonrió levemente al ver de esa forma a Alfred, era la primera vez que lo veía así y realmente lo estaba disfrutando, igual de todas formas no podría estar peleado con él, ya que ambos vivían en la misma casa y además no podían estar ni un día sin hablarse, a pesar de los últimos hechos que habían pasado.
Unas horas mas tarde, ya en el cuarto de Arthur, ambos estaban acostados en la cama del ojiverde, ninguno de los dos podía dormir, y en el aire se podía notar algo de tensión. Arthur de repente se sentó en la cama y de la mesa que estaba al lado de ella, saco la cajetilla de cigarrillos tomando uno y pasándole uno a Francis, este lo miro algo confundido.
- No sabia que fumabas - le dice aceptando sin mas.
- No lo hago siempre, solo cuando no puedo dormir o...estoy ansioso - dijo luego de darle una pitada al cigarro.
- ¿Los compraste?
Arthur niega - Se los "pedí prestados" a Alfred - dijo haciendo reír a ambos, pero si, se los había robado al ojiazul luego de uno de sus encuentros. Al recordar esto, su sonrisa se desvanece y su mirada quedan en la nada, pero se pronto se sobresalta al sentir una mano sobre la suya y a Francis demasiado cerca de él. Traga en seco y sus mejillas tomaron un leve color carmín por tal cercanía.
- ¿Qué-e suce...
- Arthur desde hace mucho que quería decir esto, sé que últimamente estas muy confundido por ya sabes quien, pero lo diré igual... - pausa suspirando - ...tu me gustas.
Los ojos de Arthur se abren enormemente por la confesión y su confundido corazón comienza a palpitar aún mas rápido. Pero luego de unos segundos de pensar en todo lo que le estaba sucediendo últimamente, quita la mano de Francis sobre la suya y aleja la cercanía de ambos. Francis lo mira algo confundido y decepcionado.
- Lo siento... - dice luego de levantarse de la cama y salir rápidamente del cuarto dejando a su amigo completamente solo.
Al cerrar la puerta detrás de él, se recuesta sobre ella y mira hacia arriba suspirando levemente. Y luego de unos minutos de estar en esa posición, se dirige hacia el baño, pero al caminar por los silenciosos y oscuros pasillos de la casa, escucha unos gemidos que provenían del cuarto de sus padres.
Su corazón se paraliza completamente, y de sus ojos comienzan a formarse algunas lágrimas que se deslizan por sus mejillas. Rápidamente vuelve a su habitación sin importar que Francis lo viera de esa forma. Al entrar da un fuerte portazo detrás de el, asustando a Francis, que este estaba sentado en una de las orillas de la cama, y al ver a Arthur así lo mira nuevamente confundido.
- Arthur ¿Que sucede? - le pregunta preocupado caminando hacia en donde estaba él y con su pulgar le limpia las lágrimas que estaban aun cayendo por sus ojos. Arthur sin mas lo abraza inesperadamente, y Francis atónito por esto corresponde rápidamente pero aun confundido.
- Creo que estoy enamorado... - dice Arthur. Francis frunce el ceño, al entender a quien se refería no era el, y aprieta un poco el cuerpo del ojiverde en sus brazos algo molesto. Pero luego, con una de sus manos toma su mentón, haciendo que sus miradas chocaran dándole a ambos una corriente que les recorrió por todo el cuerpo, y fue acercando su rostro hasta que sus labios se unieron en un beso lento, en el que Francis tenia el control ya que Arthur aun estaba medio indefenso por lo que había escuchado hace momentos.
Unos minutos después, el beso se fue acelerando, Arthur colocó sus brazos detrás del cuello de Francis, mientras que este puso sus manos sobre la cintura del ojiverde atrayéndolo aún más cerca de sus cuerpos. Y al retroceder ambos cayeron sobre la cama, sus besos se intensificaron aún mas dando paso a las caricias y gemidos, y terminaron completamente desnudos, sudorosos y con sus respiraciones notablemente cansadas.
