Cap. 11 - Sábado (I)

La noche del viernes pasó tranquila.

Yon y Yuga dejaron todo listo para salir temprano al día siguiente a buscar la solución al enorme problema que habían causado.

Tweek no dejó de dormir desde que tocó su cama. Kyle y Kenny se turnaron para velar su sueño, mientras tomaban el café que amablemente la Sra. Tweak les había preparado.

Stan y Pete lograron conciliar el sueño en las camas maltrechas de su celda.

Craig no tuvo la misma suerte. La cama era demasiado dura y cuando lograba quedarse dormido tenía pesadillas en donde Tweek se besaba con otros chicos y se burlaban de él por tener cuernos en la cabeza. El pelinegro prefirió no dormir y pensar en lo que haría cuando fuera liberado por la mañana.

El cielo empezaba a aclararse. Las personas empezaban a salir de sus casas para dirigirse a trabajar. El sábado se veía prometedor, pero no para todos.

Tweek se despertó gritando el nombre de Craig, mientras las lágrimas corrían por sus rojizas mejillas. Kyle, quien se levantó del suelo ante el alarido de su rubio amigo, trató de apaciguar su dolor. Lo atrajo a sus brazos y lo acunó lentamente hasta que solo escuchó ligeros gimoteos por parte del blondo.

Por otro lado, se encontraban Yuga y Yon caminando desde temprano por las calles de South Park. Tenían un solo destino en mente: La casa de Wendy Testaburger.

Tucker se mantuvo de pie desde que el cielo había empezado a aclararse. En cuanto vio al comisario de turno le gritó que lo liberara, ya pasó toda la noche encerrado en ese apestoso lugar y ya debería poder irse. Sin embargo, no esperó que la respuesta fuera que sus padres debían pasar por él. Seguro y se llevaría el sermón más largo de su vida.

Agobiado por la espera, se sentó en la cama gastada de su celda a seguir esperando.

Por desgracia, sus vecinos fueron liberados poco tiempo después. Sus padres los pasaron a recoger temprano. Pudo escuchar cómo eran regañados por los adultos. Bufó y se cruzó de brazos. Él no tendría tiempo para escuchar reprimendas. Saldría corriendo a casa de su chico en cuánto fuera puesto en libertad.

Al mismo tiempo, se encontraba un Tweek más calmado preguntando por sus compañeros.

– Christophe, Clyde y Token fueron llevados de emergencia al hospital –tosió ligeramente al ver el rostro de horror del rubio. – Le pedí a Kenny que fuera a verlos para que nos dijera qué tal amanecieron… –sacó su celular para cerciorarse de que su pervertido amigo no hubiese llamado. – El que más me preocupa es Christophe… Craig se desahogó con él más que con cualquier otro… –suspiró.

El blondo no dejaba de temblar y repetirse así mismo que todo era su culpa.

– ¿Dónde e-está C-Craig? –las palabras le salían con torpeza.

– Cierto… Stan, Pete y él fueron llevados a la comisaría… Wendy me mandó un mensaje por parte de Stan, diciendo que saldrían hoy –sonrió aliviado.

– ¡Agh! ¡Debería ir a ver a los chicos al hospital! –exclamó, asustando al judío. – Pero… también quiero ir a ver a Craig… y a los demás –temblaba mientras hablaba. – ¡Agh! ¡No sé qué hacer! ¡Es demasiada presión! –llevó sus manos a su cabeza para empezar a jalar de sus cabellos.

Broflovski cogió con fuerza los brazos ajenos y los alejó del cabello rubio. Posó su frente en la opuesta y le pidió a Tweek que se calmara. Debía mantenerse relajado para evitar otro colapso. El blondo adquirió un tic en el ojo izquierdo que se le hizo gracioso al pelirrojo.

– Te prometo que todo estará bien, Tweek –acarició los dorados cabellos y abrazó despacio a su portador.

El ex cafeinómano se dejó caer en el pecho de su compañero y permitió que el judío lo abrazara con más seguridad. Y así se quedaron un buen rato, disfrutando de la calidez del otro.

Las asiáticas se encontraban frente a una confundida y recién despertada Wendy.

– Y, bien… ¿Van a quedarse paradas ahí sin decir nada? –la pelinegra frunció el ceño ante el silencio de sus compañeras de secundaria.

– Necesitamos tu ayuda… –la líder habló y comenzó a contarle todo el rollo del fan art y sus deseos por ver a Tweek con otros chicos. Explicando algunos términos y condiciones que debían respetarse después de realizado el ritual.

Wendy escuchó toda la historia atentamente. Sabía que aquellas extranjeras estaban involucradas en el raro comportamiento de sus amigos, pero no pensó que estuviera ligado a un hechizo.

– No puedo creerlo –la pelinegra se levantó de su asiento y caminó hasta quedar cara a cara con Yon. – Yo… las chicas, el colegio y ¡Todo el pueblo! Confiaba y las apoyaba a ustedes –se cruzó de brazos y las miró con decepción.

Ambas extranjeras agacharon la cabeza por la vergüenza. Se sentían culpables y querían remediar el problema, por eso habían ido a buscar a Testaburger.

La presidenta del salón no sabía qué querían las asiáticas. ¿Qué podía hacer ella? Si las que provocaron el caos no pueden remediarlo, ¿Por qué ella si podría?

– Es fácil… cada chico involucrado tiene a alguien realmente especial en su vida… –comentó Yuga. – Especial de manera romántica… y solo esa persona puede romper el maleficio –concluyó.

Wendy no confió del todo en las palabras de sus compañeras, pero intentar no constaba nada. Sabía a quiénes llamar, pero faltaba un detalle: Craig Tucker.

El pelinegro se encontraba siendo regañado por ambos padres. Sin embargo, él solo tenía en mente a su paranoico rubio. Aguantó el sermón hasta un punto, para después sacarles su típico dedo medio –y recibir lo mismo de sus padres–; y se marchó rumbo a casa de Tweek.

Caminaba con el ceño fruncido marcado y maldiciendo a todo aquel que se le cruzara por el camino. Faltaban pocas cuadras para llegar a su destino, cuándo de un auto negro salieron varias personas que lo rodearon. Confundido por la situación y listo para golpearlos hasta la muerte, Tucker se lanzó a uno de ellos. Sin embargo, alguien por detrás lo noqueó y lo subieron al auto hasta desaparecer entre las estrechas calles del pueblo.

Sintió sus manos y pies amarrados. Su cabeza daba vueltas y varias siluetas delante de él empezaron a verse con claridad. Eran varias chicas que lo rodeaban con los brazos cruzados y ceños fruncidos.

¿En dónde carajos estaba?

Recién despertando y estirándose, se encontraba Yuu rodeada de mangas yaoi y shojou. Se mantuvo leyendo durante toda la madrugada, buscando la respuesta para su problema. Nada había servido. Tiró los libros al suelo y dio vueltas en su cama, frustrada.

La única opción que le quedaba era hacer que Tweek eligiera por voluntad propia a Kyle.

Respuesta sencilla pero difícil de llevar a cabo.