Capítulo 11: Confesiones incompletas
-¡Wanda! Tenemos que hablar– la voz de Mel interrumpió mis pensamientos. Y el tono que usó me confirmó que lo que se avecinaba no iba a ser en lo absoluto mejor que las pesadillas. – No entiendo qué demonios está pasando. ¿Qué se supone que es eso en tu muñeca?
Mientras ella seguía hablando yo la escuchaba sin entender realmente lo que decía.
-Wanda, sé que eres tú, aunque ellos lo dudan, no me preguntes cómo, eres tú, estoy segura. Te quiero; eres de mi familia, Wanda, y yo cuido de mi familia. –Mel tenía sus ojos clavados en mí, la sentía buscar mi mirada, pero yo no podía soportar verla a la cara. Tenía miedo, al parecer miedo y dolor era lo único que podía sentir ahora. - Te necesito y… Jamie te necesita. Pero para resolver todo esto necesitamos respuestas, tienes que explicarnos…
Me acurruqué aun más en mi pequeño rincón de la cueva.
-No puedo hablar, Mel. Yo… eh… ellos… -suspiré y negué con la cabeza – simplemente no puedo.
-Wanda, no entiendo qué te está pasando. No eres la única que sufre, todos estamos en una situación difícil. – La voz de Mel fue subiendo paulatinamente, ya no era un tono reconfortante. -¡Párate y piensa un poco en los demás!
Ya no pude soportarlo más. Giré violentamente mi cabeza hasta que nuestras miradas se encontraron. Estaba totalmente sorprendida lo cual me hizo estar boquiabierta, al igual que Mel. Parecía desconcertada, sin darse cuenta del significado de lo que acababa de decir. Se cubrió la boca con las manos lentamente. Me levanté del suelo y me acerqué a ella, marcando más la diferencia en nuestra estatura. Sus ojos estaban llenos de remordimiento y los míos de decepción.
-Yo… yo no quise…
-¿Eso es lo que quieres? – la interrumpí. Para mi sorpresa, mi voz salió mucho más serena de lo que había estado en mucho tiempo. Una risa sarcástica se escapó de mi boca. - ¿Que piense más en ustedes?
-Wanda, sabes que eso no… –le di la espalda.
-Vete, Mel – dije cortante.
-Wanderer – escuché como se acercaba caminando hacia mí. Puso una mano en mi hombro.
-¡Vete! – mi grito retumbó en la cueva mientras apartaba bruscamente su mano. La escuché sollozar y luego irse corriendo.
-¿Qué está pasando? – Jeb habló. Me giré en la dirección de su voz, notando que no estaba solo. Lo acompañaban Jared y Doc.
-Todo esto es mi culpa – intentaba que la maraña de sentimientos en mi interior no se traspasara en mi voz, pero fracasé por completo.
-Definitivamente es Wanda – acotó Kyle sarcásticamente, provocando un silencio incómodo que Jared rompió con un golpe en su nuca. De todas maneras, ya no me podía sentir peor. Limpié las pocas lágrimas que se habían derramado por mi cara.
-¿No se supone que tú estabas con Sol? – en Jared se notaba toda la intención de asesinar a Kyle.
-Pues obviamente ya no lo estoy – respondió Kyle con un tono de suficiencia – Cambié mi guardia con Doc.
-Esta conversación debe tenerse a solas – dijo Jeb, tajante.
-Sí, tienes razón – respondió Jared avanzando hacia mí, mientras Kyle y Jeb lo miraban incrédulos.
-Cuando decía a solas, me refería a Wanda y a mí, Jared – Jeb se afincó especialmente en el "mí".
-Deberías bajarte un poco los humos, amigo – se burló Kyle. Jared miró alternativamente varias veces a Jeb y a mí, luego se encogió de hombros y se fue. Kyle cruzó los brazos y miró fijamente a Jeb.
-Creí haber dejado claro mi punto.
-Tengo derecho a saber qué está pasando, Jeb… necesito saberlo – Kyle suspiró intentando calmarse -, incluso más que tú.
-Quizá tengas razón, Kyle, pero recuerda: esto no es una democracia, mis cuevas, mis reglas. Te puedo pedir amablemente que te vayas o puedo hacerlo usando esto – Jeb acarició amenazadoramente su escopeta y Kyle bufó y se fue pisando fuerte.
-En este momento no quiero resp... –empecé.
-Silencio, Wanda – me cortó con seriedad. Al ver mi mirada asustada, su expresión se suavizó y podría asegurar que casi sonrió. Tal vez él también recordaba los viejos tiempos con todo esto–. Cariño, yo no he venido a interrogarte. Sólo quiero entenderte mejor –sollocé. Jeb dejó la escopeta en el suelo. Por un momento, me invadieron las ganas de abrazarlo y dejar que me consolara, sin embargo, un escalofrío en mi espalda y un extraño miedo me lo impidió.
-Tengo mucho miedo.
-¿Sabes que yo no dejaré que nadie te haga daño, verdad? – se acercó a mí, pero yo me alejé instintivamente.
-Es demasiado tarde. Tengo miedo a las almas, tengo miedo a estar aquí, tengo miedo a… a todo. A ustedes –. Me avergonzó admitirlo en voz alta. Era increíble pensar que las cosas iban a terminar así. Él se quedó en silencio un rato, reflexionando.
-¿Ese extraño tatuaje moderno tiene algo que ver con eso? -, preguntó con una calma increíble.
- ¿No vas a decirme nada más? -, dije un poco histérica. Esperaba que explotara como lo había hecho Mel, como seguramente lo harían todos, gritándome, exigiendo respuestas que yo no podía dar.
-Yo no puedo decirte lo que quieres oír, Wanda. No todo va a estar bien. No puedo simplemente asegurarte que mañana todos volveremos a ser los de antes, al igual que no pude hacerlo con las personas de las cuevas cuando inició todo esto, porque no va a pasar. Cuando lo que nos rodea cambia tan abruptamente, no hay vuelta atrás. Perder tantas cosas no es algo a lo que uno se acostumbre, te lo aseguro, pero es algo que con el tiempo se aprende a sobrellevar. Yo te daré tanto tiempo como sea posible, no te des por vencida.
Puso su mano en mi hombro durante un breve segundo y se giró para irse.
-Jeb, espera. Yo sí necesito exigirte respuestas -. Hice una pausa para evaluar su reacción. Él simplemente asintió. - ¿Por qué él sigue aquí? ¿Por qué no han hecho nada para…?
-Tardaste más de lo que esperaba en hacer esas preguntas -, me interrumpió. – Las cosas no han ido nada bien. No tenemos provisiones ni medicamentos desde… Cada vez hay más buscadores rondando, y ellos ya saben quién eres tú. Todo estuvo muy bien planeado, nosotros también tenemos miedo. Pero además de eso… - Jeb suspiró. – él es nuestra única oportunidad de saber qué pasó.
Qué irónico. Querían intentar hacer lo mismo que les hacían las almas a los humanos rebeldes recién implantados para sacar información, como me hicieron a mí con Mel.
-Y, ¿crees que funcione?
-Por supuesto que ese buscador no va a cooperar fácilmente, pero no hay más alternativas -. Quizá yo podría… hablarle. Sólo que no me sentía con el coraje suficiente. –Yo he pensado que tú podrías tener una mejor suerte con él.
-¿Igual que Jamie conmigo?
-No. Él no es como tú.
-No creo que esté lista para algo así.
-Está bien, como dije, te daré el mayor tiempo posible -, se fue sin más y esta vez no lo retuve. Me senté en el piso a sopesar mis opciones. Sabía que tarde o temprano tendría que hablar con él, pero definitivamente prefería tarde.
No sé cuánto tiempo pasé inmersa en mis pensamientos; solamente el sonido de la bandeja de comida me sacó dos veces de mis ensoñaciones, hasta que un carraspeo me hizo mirar hacia la puerta de la entrada, donde estaba parado Jamie. Seguramente habían pasado muchas horas desde la visita de Jeb, un día quizá.
-Te extrañé, Wanda. Me alegra que estés de vuelta y bien... Pensé que no volvería a verte -. Su mirada era triste mientras hablaba. Se sentó cerca de la entrada, a un par de metros de mí.
-Has crecido tanto -. Mi sonrisa triste respondió la suya. Era cierto, estaba más alto, su espalda se había ensanchado y sus rasgos se habían vuelto angulosos. Ya había dejado de ser un niño. – Estoy tan confundida.
-La vida es injusta. Todos aquí sabemos de eso -. Me sorprendió su dureza. ¿Dónde había quedado el Jamie de las risas y las esperanzas?
-¿Por qué? Es la pregunta que me he estado haciendo todo este tiempo -. Esta vez sólo empecé a llorar. Sin pensarlo, sin retenerlo, sólo lo hice.
-Nos lo merecemos. La humanidad se lo merecía. Pero no entiendo por qué tú -. Se levantó de su sitio y se agachó frente a mí. Vi que sus ojos estaban llenos de lágrimas y ahí estaba ese chico, mi Jamie.
-Yo también me lo merecía. Las vidas que he arrebatado, todo el sufrimiento que he causado. A Mel, a Jared… y también a ti.
-No es tu culpa. Tu sólo no…-
-Sí, Jamie. No puedo evitar ser lo que soy, pero tampoco soy como ellos. Ya no encajo en ningún lugar, la verdad dudo si alguna vez lo hice -. Había olvidado lo fácil que resultaba desahogarme con Jamie cuando no sabía en quién confiar.
-Sé que debería darte algo de consuelo, pero a veces las palabras no sirven de nada -. Me abrazó y sentí lo mismo que sentía Melanie al abrazarlo. - ¿Qué te hicieron?… -. Su pregunta quedó flotando en el aire, como si no esperara una respuesta. Sin embargo, tenía que dejar salir todo lo que se escondía en mi interior.
-No lo sé. Me hicieron pensar muchas cosas malas sobre ustedes, sobre mí. Ya no puedo creer en nada… ni en nadie.
-¿Pero cómo…?
-Ni siquiera sé qué es real. Luego ellos -. Estaba a punto de contarlo todo cuando un aturdimiento me dejó sin respiración. Volví a sentir el ardor en la muñeca y vi como el tatuaje plateado se iluminaba y crecía.
-Wanda, ¿qué es esto? – agarró mi muñeca por unos breves segundos pero fue obligado a soltarla por el calor que manaba de ella. Sentí repetirse todo: las llamas, el dolor y el miedo. Sin pensarlo ya estaba gritando. Ya no sabía nada de Jamie, sólo quería que todo parara. Sentí más de un par de manos intentando sostenerme o hacerme reaccionar, pero su agarre era como caricias en comparación con el infierno que me rodeaba. Tal vez no era Jamie, eran mis pesadillas que me arrastraban de nuevo a ese lugar oscuro lleno de desesperanza y volví a ver las mismas imágenes, las mismas palabras, las mismas personas atacándome.
Todo esto nublaba mi mente, pero no quería perder la conciencia otra vez. Sería peor. Me obligué a mantener los ojos abiertos, a pesar de que no veía nada, y a parar de gritar mientras intentaba respirar pausadamente. Pero cada vez que inhalaba, se acentuaba la sensación de desgarre en el centro de mi ser. No del cuerpo de mi anfitrión, sino de mi estructura real en la nuca y cada pequeña conexión de mí se hacía presente.
Después de un tiempo, los efectos fueron disminuyendo. Todo mi cuerpo que se sentía roto, se volvía a juntar. Fui recuperando cada uno de mis sentidos y me alegré de no haber sucumbido. Era posible morir, pero debía aferrarme a la esperanza. Entorné la visión para enfocar a la persona que me sostenía, demasiado grande para seguir siendo Jamie. Por un momento, quise creer que estaba en los brazos de Ian, que me había despertado de una horrible y larga pesadilla... pero los remanentes del dolor en mi cuerpo eran demasiado marcados como para no haber sido real.
Cuando la lucidez volvió a mí definitivamente lo hizo detrás la desilusión. No era Ian, de nuevo mi mente usaba un juego cruel para burlarse de mí. Eran las manos de Jared las que me sostenían por los hombros, y sus ojos los que buscaban desesperadamente los míos.
Estoy segura que si me viera en un espejo en este momento mi rostro reflejaría lo mismo que sintió Jared cuando yo era huésped en el cuerpo de Mel. La vida tenía un irónico sentido del humor, juntándonos en este momento. A pesar de todo, logré componerme y escupir unas palabras antes de que él dijera nada.
-Ahora te entiendo, Jared.
YV: Bueno, no hay excusas para tanta tardanza, pero esto es más difícil de lo que creíamos xd... y... se nos olvido la contraseña jajajaja, pero ya hemos medio regresado, no olvidaremos esta historia. Een fin, nos divertimos mucho leyendo sus Rewievs, no creo que mueran todos, al menos no aún... Un beso y un abrazo y unas grandes ganas de actualizar pronto :D
