Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen. La historia pertenece completamente a Cathryn Fox.
11
Tenía que decírselo, tenía que explicarle a Rachel lo que había hecho Sugar. Lo más probable es que la odiase por hacer algo tan ruin, por dejarle creer que el proyecto había fracasado, pero si no se sinceraba con ella, sería incapaz de seguir adelante con su vida. Rachel debía saber que el supresor de libido funcionaba. Quinn no quería que creyera que su carrera profesional estaba en peligro.
Entrelazó los dedos y fijó la mirada en su regazo, tratando de encontrar la forma de suavizar una verdad tan cruda. De pronto se sintió muy débil, emocional y físicamente.
—La fórmula no ha fallado —dijo finalmente en voz baja.
Rachel frunció el ceño.
— ¿No?
Quinn respiró hondo y añadió:
—Lo que corre por tus venas no es el supresor, sino el potenciador.
Levantó la mirada un instante para ver en su rostro cuál era su reacción, convencida de que le cambiaría el humor por completo. Pero ¿por qué parecía que sus palabras le resultaban divertidas?
—Sugar ha cambiado los viales —continuó Quinn, esperando que estas palabras borraran el esbozo de sonrisa de su rostro.
— ¿Eso ha hecho? ¿Y por qué? —respondió Rachel, poniendo una mano sobre el muslo de ella. Su piel era cálida y suave. Quinn sintió un involuntario escalofrío recorriéndole la espalda.
—Porque yo le dije que quería acabar lo que habíamos empezado y ella me dijo que cambiara los viales otra vez, pero yo me sentía incapaz de hacerte algo así. Es verdad que consideré la posibilidad una vez, o dos, o un millón, pero no lo hice. Así que, ya ves, supongo que ella sí lo hizo, de lo contrario no te habrías excitado de nuevo. —Estaba divagando, pero era incapaz de callarse.
Rachel levantó la barbilla unos centímetros.
— ¿Querías acabar lo que habíamos empezado? —Su reacción confundió a Quinn, que había esperado que se enfadara al contarle lo sucedido.
Las palabras salieron de su boca como si tuvieran vida propia.
—Sí. Bueno, no te hubieras acostado conmigo si Sugar no hubiera cambiado los viales.
— ¿Eso es todo?
Retiró la mano del muslo de Quinn, estiró los brazos por encima de la cabeza y se dejó caer sobre el respaldo del sofá. Quinn se estremeció al dejar de sentir el cálido contacto de su piel. Consciente de pronto de su desnudez, cruzó los brazos y las piernas.
— ¿Y por qué piensas eso, Quinn?
—Porque soy un bicho raro, una rata de biblioteca, y no una de esas mujeres fideo con las que sueles salir.
La respiración de Rachel cambió de ritmo. Quinn la miró de reojo, tensa ante aquella reacción. Bajó la mirada hasta la entrepierna y le pareció ver que allí abajo algo se movía.
—Supongo que ahora me toca a mí confesarme —dijo Rachel, con la voz alterada por la emoción.
Quinn asintió. Permanecía con las manos entrelazadas sobre el regazo.
—Adelante. —No tenía ni la más remota idea de qué estaba a punto de escuchar. Sólo sabía que lo que Rachel dijera no podía igualar la gravedad de sus errores.
—Sugar no estaba en el laboratorio esta mañana. La he llamado para darle el día libre.
Quinn se puso rígida, perpleja ante aquellas palabras.
—Pero me has dicho…
Rachel la interrumpió.
—Lo sé, y lo siento.
—Entonces, ¿quién te ha inyectado el suero?
En los labios de Rachel se formó una sonrisa.
—Nadie.
— ¿Qué quieres decir?
—Que no me he inyectado el suero.
Aquellas palabras dejaron a Quinn sin aliento.
— ¿Qué? —preguntó, sobresaltada.
—No he tomado nada —respondió Rachel, encogiéndose de hombros.
De pronto se quedó sin saliva en la boca.
— ¿Y por qué no?
Rachel se dio la vuelta para mirarla muy seria a los ojos.
—Pues porque resulta que me gustan los bichos raros. Uno en particular.
Quinn tragó saliva.
—Y ese bicho eres tú, mi dulce Quinn. Quería acabar lo que habíamos empezado. —Su voz, profunda y ronca, recorrió el cuerpo de Quinn como si fuera una caricia.
El corazón le dio un vuelco dentro del pecho. Sacudió la cabeza, tratando de aclarar sus ideas. ¿Acababa de oír lo que acababa de oír, o seguía perdida en el frenesí del momento después de una sesión de sexo tan increíble?
—No te entiendo —consiguió decir al fin.
— ¿Qué es lo que no entiendes? Ya te he dicho que te quiero. —Sujetó la cara de Quinn entre sus manos y la miró fijamente con todo el amor que albergaba en su interior. Quinn sintió que le faltaba la respiración.
Su corazón empezó a latir con más fuerza. Tragó saliva. Decía que la quería. La había oído mientras hacían el amor, pero había dado por supuesto que aquellas palabras eran fruto de la pasión del momento.
—Estoy confundida. Ayer por la noche estaba desnuda en tu bañera tratando de seducirte y tú te fuiste como si nada —dijo Quinn con un hilo de voz.
Rachel sonrió.
— ¿Intentaste seducirme?
—Sí. —Levantó las manos en el aire—. Vale, no se me da bien. Dame un respiro, era mi primer intento.
Rachel le cogió una mano y la apretó suavemente.
—Quinn, quería demostrarte que no esa chica obsesionado con el sexo. También me interesan otras cosas. —Se detuvo un instante—. Bueno, no demasiado, pero… —continuó con una sonrisa en los labios. Estiró una mano y le apartó un mechón de pelo mojado de la cara. Luego la miró fijamente a los ojos—. Podría haberte dicho que estaba loca por ti, pero ¿me habrías creído? Tú misma dijiste que era una rompecorazones, que mis antecedentes eran bastante turbios. Eres una chica lista, Quinn. Pensé que no creerías una sola palabra que saliese de mi boca, porque a mí misma me costaría creerme.
—Posiblemente tengas razón —asintió Quinn.
—Si me he mantenido a cierta distancia de ti es porque quería demostrarte que me importas. Y no sólo por ese cuerpo tan increíble que tienes, sino porque eres tú. Quería demostrarte lo bien que podíamos pasarlo juntas, fuera de una habitación. Tú me has abierto el corazón y me has enseñado que puedo amar.
—Vaya. —De pronto Quinn lo comprendió todo y su voz se convirtió en un leve susurro—. Siempre he sospechado que había algo más en ti. Sólo necesitabas tener fe en ti misma.
Aquellas palabras parecieron complacer a Rachel.
—Y tú también tienes que confiar en ti misma, Quinn —dijo—. Me encanta tu cuerpo y también tu mente. —Sonrió y la besó suavemente en la mejilla—. No hay nada más sensual que una chica de ciencias —bromeó—. A partir de ahora, pienso eliminar los fideos de mi dieta.
Quinn se rió y su corazón empezó a latir con fuerza presa de la emoción.
La quería.
Rachel bajó la vista al suelo tímidamente.
—Por supuesto que te estaría mintiendo si te dijera que cuando te vi desnuda en la bañera no pensé en sexo, mojado y espumoso. —Sus cejas se arquearon apenas unos milímetros.
Quinn se pasó la lengua por el labio inferior.
—Mmm, sexo mojado y espumoso. Nunca he probado eso. —Se sentía increíblemente feliz, tanto que por momentos le parecía estar mareada. Lágrimas de felicidad le nublaron los ojos.
Rachel le limpió las lágrimas de las pestañas.
—Bueno, pues no tienes ni idea de lo que te estás perdiendo. —En sus labios floreció la mejor de sus sonrisas de chica mala. ¡Cómo le gustaba a Quinn aquella expresión!
—Tal vez deberías darme clases —dijo Quinn.
Rachel le rodeó los hombros con un brazo y las dos avanzaron por el pasillo en dirección al cuarto de baño.
—Será un placer.
—Ahora que lo pienso, nunca lo he hecho en la ducha, ni sobre la mesa de la cocina, ni en un ascensor, ni en un avión…
Rachel se rió.
—Eh, para, Quinn, que no soy de piedra. Tenemos el resto de nuestras vidas para hacer todas esas cosas.
Quinn adoraba el brillo de sus ojos. La besó suavemente en los labios mientras una intensa calidez le invadía el corazón.
—Eres la mujer que quiero para mí. Te quiero, Rachel Berry.
—Yo también te quiero, Quinn Berry.
Quinn abrió los ojos sorprendida.
—Rach…
—Y eres la única mujer para mí. ¿Quieres casarte conmigo? —La solemnidad de su voz hizo que los ojos de Quinn se llenaran otra vez de lágrimas de felicidad.
—Con una condición. —Por un instante pensó que se le incendiaba el corazón de tanto amor como sentía.
Rachel inclinó la cabeza.
— ¿En serio?
Quinn sonrió.
—Nunca más volveremos a probar el inhibidor de libido en ti. No quiero tener que pasar ni una sola noche sin hacer el amor contigo.
—Trato hecho. —Rachel le devolvió la sonrisa, la besó en los labios y la guió hasta la bañera, donde le demostraría de nuevo cuánto la quería.
11/12
A veces me sorprenden las coincidencias de la vida, recién hoy me entere que mi chica tiene cuenta en FF y que además escribe, bueno, yendo a lo que nos interesa... Quiero agradecerles por votar. He de decir que me sorprendí al ver que prefieren G!P Rachel (como yo), de igual manera y por las que dijeron que quieren G!P Quinn he decidido hacer las dos, como lo recomendaron otras ;) y ahora se preguntaran por qué narices les he hecho votar, en fin.
Que tengan buen día, saludos.
XO.
