Las piezas se van alineando.
Recién amanecía y el grupo ya se encontraba preparado para partir. Unos rescoldos quedaban en la cueva y todos estaban fuera. El Daiyoukai estaba junto a Kagome, sus manos juntas, pero sin aferrarse el uno al otro.
- Monje, exterminadora, todos ustedes forman parte de la manada de este Sesshomaru a partir de ahora - los mencionados hicieron una reverencia y dieron juramento al que ahora era su señor - así mismo sé de los afectos que tienen para con la miko, por esto debe quedar claro que la he elegido como mi compañera - la mirada sabía del monje contrastaba con la sorpresa en los ojos de Sango, los pequeños ya habían visto la cercanía de Kagome y el Lord y lo dejaron estar- iremos al Oeste, allí será presentada como tal y serán todos reconocidos como parte de la manada de este Sesshomaru.
Tras unas horas de vuelo, viendo pasar el manto blanco que cedía donde la nieve se había fundido en pequeños charcos, avistaron un gran castillo, de lejos solo veían refulgir las blancas y altas murallas, piedra sólida, una fortaleza que había visto el paso de siglos.
- Es formidable, deben pesar siglos de historia en ellas- alcanzó a decir Miroku, que iba con Sango en Kirara.
- Milenios, estas murallas hacia mucho que habían sido construidas cuando mi padre vino al mundo, es el Palacio de la Luna, el corazón del Oeste y ha pertenecido siempre a los Inu-youkais guardianes y Señores de la Casa de la Luna- comento Sesshomaru al ver que Kagome abría los ojos con sorpresa y confusión.
- Son...las murallas que vi en mis sueños, las mismas. - dijo Kagome con sorpresa y miedo patentes en la voz. La brisa mecía sus cabellos azabache y lo que dijo causó sorpresa en los demás, excepto en el Lord.
Desde el castillo al divisar a su Señor los guardias franqueada en paso y abrían las puertas. Muchos youkais intercambiaban miradas de extrañeza, pues la única humana que viajaba siempre con el Lord era la pequeña Rin, pero ahora venían más.
Cuando todos hubieron entrado y las puertas fueron cerradas y aseguradas, la potente voz del Señor del Oeste rompió el silencio expectante que guardaban sus súbditos al ver a los recién llegados que venían con él.
- Estos son desde ahora parte de la manada de este Sesshomaru, serán tratados con el mismo honor y respeto- dijo mirando a su alrededor, luego tendió su mano a Kagome, adelantandola a su lado- esta es Lady Kagome, a quien yo he de tomar por compañera y quien será la nueva Señora de Occidente.
El patio principal se lleno de pequeños murmullos, el asombro era general, pues no creyeron que su Señor tomaría a una humana por compañera y además pensaban que de ser así sería la pequeña Rin cuando creciera, la que se emparejarìa con el Lord. Cuando sin dar tiempo el Lord presentó al resto de sus acompañantes y abrió la marcha al interior.
- Denyo, quiero reportes de lo ocurrido en mi ausencia. - el Lord se dirigió a un youkai alto, de cabello negro y ojos acerados. Era casi tan alto como Sesshomaru y tenía una fuerte musculatura resaltada por la armadura plateada que llevaba. Kagome iba a su lado mientras subían las escaleras e ingresaban al salón principal de palacio. Cuatro grandes columnas daban paso a un recinto amplio con grandes ventanales, en el centro del techo abovedado un paso de luz en forma de cuadrado iluminaba la estancia, complementado con la luz de aquellos amplios ventanales. Habia una escalera que Kagome supuso que llevaba al piso superior de habitaciones y dos pasillos confluian en la gran sala.
Vieron a Sesshomaru detenerse y hablar con una youkai menuda de cabello azul. Luego el Lord, seguido de Denyo se perdieron por el pasillo de la derecha.
- Sean bienvenidos - dijo la youkai haciendo una reverencia - Soy Aessi, les mostraré sus habitaciones, podrán refrescarse y descansar. Siganme - dijo con tono alegre mientras emprendía camino escaleras arriba.
En lo alto de las escaleras igual que en la primera planta habían dos pasillos a los lados, los condujo por el pasillo de la izquierda y les mostró las habitaciones. Miroku y Shippo compartían una. En frente de esta habitación estaba la de Sango. Contaba con una cama enorme y una gran tina de baño. La ventana daba a un patio interior donde había una pequeña corriente que había sido aprovechada para poner una fuente y había un bonito jardín. Una vez ellos estuvieron instalados condujo a Kagome a la tercera planta. A diferencia de la anteriores en esta no habían pasillos, solo se veían dos habitaciones grandes, una en cada lado de esa planta.
- Esta es su habitación Kagome-sama - dijo Aessi al dirigirse al final a la derecha, abrió la puerta y con reverencia le franqueo el paso a Kagome.
- Es hermosa...- exclamó la joven Miko mientras observaba los hermosos muebles de madera oscura. Una mesa alta donde habían papeles, plumas y tintero; un gran guarda ropa que abarcaba toda una pared, había una estantería con varios libros con tapas de cuero, y la gran cama de madera labrada con un dosel blanco, la sobre cama era de color crema igual las almohadas y unos bonitos cajones dorados la completaban.
- Me alegra que le guste Kagome-sama. Le mostraré el baño - la menuda Aessi correteaba de aquí para allá y Kagome se contagiada de su energía - por aquí - dijo la joven abriendo la puerta de madera color caoba.
Al entrar Kagome suspiró de alivio, una piscina cuadrada abarcaba toda la pared de fondo, era bastante ancha y agua caliente la llenaba. Era agua termal llevada directamente hacia allí.
- Sesshomaru - sama me ha asignado a su servicio, estaré para cualquier cosa que necesite. Ahora la dejo para q descanse Kagome -sama - dijo Aessi mientras se disponía a salir.
- Aessi, ¿Puedo pedirte una cosa? - dijo Kagome con expresión amable y serena.
- Por supuesto que si. Mande, Kagome -sama. - dijo la youkai sorprendida por esa joven, que iba a ser la Señora de Occidente y aún así no ordenaba frivolamente sino que pedía. Vio su sonrisa amable y su buen trato para con ella, y si bien era una orden de su Señor el q ella le sirviera, supo q aún si no lo fuera, le serviría con gusto y de buena gana a aquella mujer tan bondadosa.
- Por favor, dime solo Kagome, no es necesario que seas tan formal conmigo- dijo la azabache sonriendo.
- Pero mi Lady, no...no puedo...es...yo soy del servicio y usted es la Señora del amo Sesshomaru...o lo será pronto... es decir...no se me permite...- se preguntó porque la muchacha le daría a ella tal confianza. Ella era una youkai y la mujer frente suyo una Sagrada, generalmente los humanos y más los Sagrados odiaban a los youkais, pero ella...era distinta.
Kagome se sentó en la cama y tendió su mano a la youkai vacilante, puso el reki bajo control pues no era su intención dañarla. Aessi dio dos pasos hasta rozar primero los dedos de Kagome con los suyos y luego estrechar su pequeña mano.
Ambas vieron las manos juntas, una pequeña y de uñas romas y la otra más fibrosa y con garras. Kagome sonrió
- Con los demás podrás seguir con formalismos, además que se que Sesshomaru no dejaría hacer lo contrario - dijo Kagome guiñandole un ojo, mientras miraba la expresión perpleja de Aessi al mencionar el nombre de su señor sin el honorífico correspondiente - pero cuando estemos solas o con mis amigos, llámame solo Kagome ¿Esta bien?.
- Si... Kagome - dijo Aessi mientras sonreía. Su señora alegraría los días en palacio.
Momentos después, Aessi salió y Kagome fue a ducharse. Sentía sus doloridos músculos relajarse con la tibieza del agua y dedico un tiempo considerable a lavar su largo cabello. Salió envuelta en una yukata fina de color blanco, abrió el guardarropa y se asombró al ver yukatas y kimonos con sus respectivos obi, y junto a ellos también toda la ropa que cargaba en su mochila, sus zapatillas y sus botas de invierno. Escogió un kimono celeste, con pequeñas flores blancas en la parte inferior y un obi también blanco. Se hizo un chongo en el cabello, que sujeto con dos palillos, dejando unos mechones sueltos. Luego bajo a buscar a sus amigos.
Mientras q en la biblioteca, que era también despacho del Lord, Sesshomaru veía irritado a Denyo. Nada había fuera de lugar, el informe fue rápido y luego de eso el General se había permitido lanzarle puyas a su Señor, que sólo en esas ocasiones lo permitía, por la confianza de siglos. Ellos se habían criado juntos prácticamente, Denyo era un youkai pantera, de antiguas tribus leales a su padre, quien enfrentó una rebelión promovida por uno de sus hermanos en busca del poder, su padre, para salvar a Denyo lo envío como pupilo a las ordenes de Toga, y el fue educado bajo los mismo preceptos y por los mismos maestros que Sesshomaru, era pues el hombre de confianza que se encargaba de los asuntos cuando el no estaba.
- Así que una humana, jejeje no que te negabas, Lord Sesshomaru - dijo el youkai pantera con un brillo de diversión en los ojos.
- Si, una humana, ¿ puedes callarte? - dijo el pelo plata con tono de hastío entrecerrando los ojos a su general. Estaba seguro que no iba a dejar el tema, ahora que sabía donde apuntar.
- Es guapa - dijo Denyo con intención - y por lo q se ve además de guapa, educada y...muy poderosa, muy poderosa Taisho. El deseo de cualquier macho hecho realidad. - se movió para esquivar al Lord.
-Es mía, mi compañera - la voz grave y poderosa, los ojos de oro mostrando molestia. El youkai pantera disfrutaría provocar a su amigo con estas puyas, pero también valoraba su vida.
- Lo se, a mi no me mires, Yenna que es quien me interesa no me determina si quiera. - Denyo frunció el ceño al recordar a una youkai de cabellos castaños que casi siempre estaba en las cocinas de palacio.
- Quiero vigiladas las fronteras - dijo Sesshomaru dejando a un lado las bromas - Inuyasha es un problema, se ha aliado con Natsuki, el quiere hacerle daño a Kagome y Natsuki...
-Esta despechada, herida en su amor propio - dijo el pantera de forma fingida - Ella ya se veía señora de Occidente y de repente le quitas el plato de las manos. Yo se que no era más q un desahogo, pero algunos llegaron a pensar que por una alianza te casarías con ella.
- Tú mejor que nadie sabes que no lo haría - dijo el Lord alcanzandole una copa de sake al general Denyo. Y así era, Natsuki era también del clan pantera, era de la rama podrida, prima de Denyo, hija por tanto de aquel hermano que mató a su padre por hacerse con el poder y que ahora se hacía llamar Lord Raggo, Señor del Este.
- Es un alivio que no hayas emparejado con ella - dijo el youkai en tono sincero.
- Hn. Despacha un mensajero al Norte, a Kouga. Necesito información. - le dijo el pelo plata mientras le tendía un pergamino. Ambos dejaron sus vasos en la gran mesa de madera y se fueron cada uno a lo suyo.
Kagome estuvo un rato en la habitación de Sango, charlando con ella. También tenía un guardarropa lleno de kimonos, rieron pensando cuanta prisa debieron poner para tenerlo todo listo. Ninguna sabía que el Lord había enviado a Jaken con ordenes específicas de los preparativos que había que hacer para los nuevos miembros de palacio.
Al salir de la habitación de Sango, Kagome recorrió el ala izquierda de esa planta. Se sorprendió, pues en un punto vio retratos de quienes supuso eran los antiguos Señores de la Casa Taisho, ordenados en una especie de árbol genealógico. Llegado a un punto vio a Toga-sama y a su lado una hermosa youkai peliplata y ojos dorados, de rasgos finos y elegantes, su mirada era tranquila y podía ver que Sesshomaru se parecía mucho a ella...abajo estaba un retrato de Sesshomaru, y el lado que correspondía a su Señora aún estaba vacío.
- No estará así por mucho. - la voz a su espalda la hizo sobresaltarse, se giró para ver a Sesshomaru. Tomó su mano y ambos se giraron de vuelta al retrato de los padres de éste.
- Es hermosa - dijo Kagome pasando su mano por las facciones de la youkai del retrato. Sesshomaru se tenso un poco, su madre, habrá que ver como se tomaba las cosas ahora. Aún así no cambiaría la decisión de emparejarse con Kagome, ella era su compañera.
- Ya veremos cuando la conozcas - dijo Sesshomaru tratando de quitarle hierro al asunto.
-Eso será ahora. - dijo una voz suave pero fría en lo alto de la escalera.
Kagome se volteó y los mismos ojos de la pintura solo que fríos en vez de alegres, le devolvieron la mirada.
Era Kagome, podía sentirla, estaba cerca, quizás vino por ayuda, el la ayudaría, ellos debían ayudarla. Corría con fuerza y el viento helado golpeaba su rostro. En una pequeña ladera se plantó, esa no era Kagome, era...
- ¡Tú! - dijo ella tensando el arco con decisión al verlo.
- Kikyo...- la sorpresa lo llenó, ¿Porqué ella lo buscaría? Después de todo, debía ser el último a quien ella quisiera ver, pero la había encontrado...
Hasta aquí el capítulo. Perdón por la tardanza. Espero que les haya gustado.
Hasta pronto
Gracias por leer
