Casi héroes
"Be my friend.
Hold me, wrap me up
Unfold me, I am small
I'm needy, warm me up.
And breathe me"
"Breathe me", Sia
Capitulo 11: Declaraciones para la prensa
Katniss se movía de un lado para otro casi por inercia, monótonamente. Sus músculos parecían tener memoria propia, cosa que agradecía, porque mientras entrenaba su mente no dejaba de divagar en otras cosas. Peeta estaba con Haymitch, quien había decidido ser el mentor de los entrenamientos de Peeta durante las próximas semanas. Katniss también agradecía eso porque si era sincera consigo misma, luego de la conversación que había tenido con él en El Capitolio, le parecía un suplicio tan solo verlo a la cara, ya no se diga hablarle.
Finnick parecía estar divirtiéndose con la nueva modalidad de entrenamiento; Haymitch le había pedido que lo ayudara para enseñarle a Peeta como pelear. La tarea de Finnick consistía básicamente en dejarse golpear por Peeta una y otra vez en distintos puntos de su cuerpo para que este perfeccionara su técnica, y por más extraño que pareciera, parecía disfrutar recibir golpes. Otra cosa de los hombres que Katniss jamás entendería.
De todas maneras, trataba de no ver mucho esa zona del centro de entrenamientos.
—¿Estás bien, Kat? —le preguntó Gale.
Ella lo vio con extrañeza un segundo. Despues de que la decisión de Haymitch de mantener a Peeta en el equipo fuera la definitiva, a Gale no le quedó más remedio que acatarla. Podría decirse que aun no estaba del todo conforme pero no había puesto ninguna queja hasta el momento. Katniss había decidido olvidar la discordia que mantenían en el asunto por el bien de su amistad, así que técnicamente y siempre y cuando Peeta quedara fuera de la conversación, volvían a estar en buenos términos.
—Sí —contestó—. ¿Por qué lo preguntas?
—Te noto distraída —observó Gale. Él también parecía estar más contento con la nueva modalidad de entrenamiento, aunque cada vez que Katniss desviaba la mirada hacía el lugar donde Peeta se encontraba, fruncía ligeramente el ceño.
—No es nada. —Katniss sacudió la cabeza—. Estaba pensando en tonterías.
—Puedes hablar conmigo de esas tonterías. Si quieres —propuso él.
Katniss se quedó pensativa un segundo. Estaba más que claro que las "tonterías" que tenía en mente no podía hablarlas con Gale. Algo le decía que no debía hacerlo. La mayoría de esas tonterías giraban en torno a Peeta, el beso que se dieron, lo que significó para ella y lo estúpida que se sentía por lo que había dicho al respecto. Así que la idea de hablarlo con Gale estaba más que descartada.
Sin embargo, Gale ya había notado que tenía la cabeza en otra parte y seguiría insistiendo por saber qué le pasaba hasta que se lo contara. Y contrario aunque sonara extraño viniendo de ella, Katniss prefería hablar con Gale que seguir entrenando. Así que se le ocurrió algo.
—La verdad es que sí, me gustaría hablar contigo sobre algo que me tiene preocupada —dijo. Y no le pasó por alto la pequeña sonrisa de autocomplacencia que Gale trató de ocultar—. Es sobre el nuevo plan de Haymitch para atrapar a Snow.
Katniss nunca había sido de las que disfrutaban mintiendo, sobretodo porque no era lo suficientemente buena para hacerlo sin levantar sospechas. Todos decían que era como un libro abierto. Sin embargo, decirle aquello a Gale fue sencillo, porque aunque no era exactamente lo que la había mantenido distraída durante la mayor parte del entrenamiento, era algo que también la tenía preocupada desde que había hablado con Peeta el día anterior. Así que, técnicamente, no estaba mintiendo. Solo ocultaba parte de la verdad a conveniencia, lo que le resultaba mucho más fácil.
—¿Qué pasa con el nuevo plan? A mí me parece bastante bueno. Estratégicamente hablando —dijo Gale, reprimiendo un gruñido. El nuevo plan de Haymitch de capturar a Snow gracias al teléfono que Peeta había conseguido y usando la distracción que Peeta había provocado no era algo con lo que se sintiera especialmente complacido, aunque a su pesar debía admitir que era un plan eficaz.
—Ya —dijo Katniss, asintiendo—. Pero hay algo que me pone mal sobre él.
—¿Y qué es?
—Que dejemos que todas esas personas que tratan de imitarnos y disfrazarse de héroes arriesguen sus vidas mientras nosotros permanecemos ocultos.
—Pero así podemos tener ventaja sobre Snow —se encogió de hombros Gale, sin darle demasiada importancia.
—Pero no es lo correcto —refutó Katniss.
Gale se alejó un paso de ella para verla detenidamente, con una desconfianza repentina.
—¿Qué tienes últimamente con eso de hacer lo correcto? —inquirió, algo brusco—. No paras de cuestionar todas las decisiones del equipo.
Katniss se sintió de pronto muy estúpida por haberle hablado a Gale de ese asunto. Inconscientemente desvió la mirada al lugar donde Peeta le plantaba un golpe tras otro a Finnick en el estomago, bajo la mirada atenta de Haymitch. Gale se dio cuenta de eso, y el entendimiento pareció caerle como un barril de alquitrán sobre el cuerpo.
—Son todas ideas de Mellark, ¿no es así? Ya me parecía a mí que todo eso de la moral y los principios no era propio de ti.
—¿Qué quieres decir con que no es propio de mi? —preguntó Katniss, indignada. Cada palabra de Gale le caía como una bofetada, aunque no sabía exactamente por qué.
Gale se cruzó de brazos.
—Por favor, Katniss, toda tu vida no has tenido reparos en acabar con cualquiera que se interpusiera entre tu camino y el de Snow. Ahora llega este chico y no dejas de dudar y preguntarte a cada rato "¿estoy haciendo lo correcto?" "¿cuántas vidas mas debemos sacrificar para acabar con Snow?" —Gale agudizó un poco la voz para imitar el tono de Katniss—. Estoy comenzando a dudar seriamente de cuanto quieres acabar realmente con él.
Katniss resopló ante esa última frase. También se cruzó de hombros y fulminó a Gale con la mirada.
—Quiero acabar con Snow más que nada en este mundo —declaró, sin duda alguna en la voz—. Pero el fin no justifica los medios, Gale.
—Muy bien —Gale levantó las manos en señal de acuerdo—. ¿Tienes algún plan para detener a Snow sin que haya más muertes? —Katniss le sostuvo la mirada pero no fue capaz de decir nada. Gale asintió con una sonrisa de suficiencia, como si su silencio hubiera sido toda la respuesta que buscaba—. Lo suponía.
—Lo hablaré con Haymitch —dijo Katniss, testaruda—. Él entenderá.
—Suerte con eso —Gale tuvo que contener el impulso de poner los ojos en blanco.
—Últimamente actúas como un pesado de primera, Gale —dijo Katniss, con rencor en la voz.
No dejó que Gale dijera mas nada. Se dio la vuelta y caminó pisando fuertemente hasta donde se encontraban Haymitch, Finnick y Peeta. Peeta acababa de asestarle a Finnick un golpe en la corva de la rodilla, haciendo que Finn cayera sobre la colchoneta del suelo riendo. Se incorporó de nuevo para volver a intentarlo.
—Ah, preciosa. Estaba a punto de llamarte —la saludó Haymitch luego de decirle a Peeta que mantuviera la presión en el muslo y utilizara mas la rodilla. Katniss vio a Finnick caer nuevamente entre risas, fijándose por primera vez que llevaba puestos protectores para las rodillas, codos y muñecas—. ¿Qué tal crees que lo está haciendo el chico?
Finnick volvió a incorporarse. Haymitch le dijo a Peeta que recordara lanzar el golpe desde la rodilla. Peeta lo repitió y Finnick cayó de nuevo riendo.
—Está muy bien —dijo Katniss, cambiando el peso de su cuerpo de un pie al otro, tratando de enfocar su atención totalmente en lo que Peeta y Finnick hacían y sonar despreocupada, en un intento de olvidar la discusión que había tenido con Gale—. Por lo menos no intenta derribar a Finnick simplemente con lanzársele encima.
Haymitch apartó su mirada de los dos chicos luchando y vio a Katniss con una sonrisa. Era la primera vez en años que Katniss lo veía tan feliz sin haber bebido antes unos cinco vasos de alcohol.
—¿Me estoy perdiendo algo? —preguntó.
Katniss solo se encogió de hombros.
—Es que así es como atacaba a los hombres con los que se enfrentó el viernes —dijo—. Corría hasta ellos y se les lanzaba encima. Es algo impulsivo pero en su momento funcionó. Logró derribar a unos tres o cuatro tipos.
—¿Solo los derribó? —preguntó Haymitch.
—Solo los derribó —asintió Katniss. Se abstuvo de decir en voz alta que ella se había encargado de rematarlos luego; se trataba de un detalle que últimamente le estaba causando más remordimiento del necesario.
Haymitch volvió a sonreír en dirección a Katniss.
—Es ridícula la manera en que puedes darte cuenta de ese tipo de detalles. ¿No se supone que estabas concentrada en tus propias peleas?
Katniss se quedó sin palabras durante unos segundos, sin saber que decir ante eso. Haymitch tenía razón. ¿Cómo, si ella también estaba en medio de una lucha, podía recordar hasta la manera en que Peeta había atacado a sus adversarios? Nunca se había dado cuenta que podía hacer ese tipo de cosas.
—Pelear es como respirar para mí —dedujo finalmente, mas para sí misma que para Haymitch. Y luego no dijo nada más.
En ese preciso momento Finnick volvió a caer en la superficie acolchada de la colchoneta, aunque esta vez logró hacer que Peeta también se viniera abajo, convirtiéndolos a ambos en un revoltijo de brazos, piernas y maldiciones.
—¿Qué demonios hacen en el piso? —preguntó Haymitch en un rugido. Su rostro se mantenía firme y sus ojos tenían una expresión a medio camino entre la impaciencia y la incredulidad. Sin embargo no parecía estar realmente molesto, incluso había un brillo de diversión refulgiendo en sus pupilas—. Odair, levántate y ven aquí. Y tú también, chico.
Peeta se levantó y junto a Finnick se acercaron a donde Katniss estaba hablando con Haymitch. Ella vio que Peeta no le quitaba la vista de encima y apartó la mirada enseguida. Rehuir de Peeta tal vez no fuera lo más maduro pero era lo más fácil. O eso era lo que Katniss se había repetido a sí misma una y otra vez mientras trataba de no cruzarse con él en la escuela. Había cometido un error, lo sabía. Pero no tenía suficiente valor para enmendarlo. No todavía.
—Creo que es momento de acabar con los entrenamientos de hoy —anunció Haymitch frotándose una mano contra la otra—. Ya casi no puedo esperar para volver mañana.
—¿Mañana volveremos a entrenar? —preguntó Katniss, aunque su voz se parecía más a un lamento que una pregunta.
—Yo creo que es una buena idea —intervino Peeta, sin apartar su mirada de Katniss—. Hay algunos golpes que me gustaría mejorar.
—¿Ves, preciosa? —dijo Haymitch—. Esa es la actitud que me gusta que tenga mi equipo.
Katniss se volteó a ver a Peeta, tratando de ver qué era lo que no encajaba.
—¿Y qué pasará con lo de ir a estudiar? —le recordó—. Ya sabes, la escuela, las tareas…
—Ya tendremos tiempo de preocuparnos de las banalidades de la vida común cuando acabemos con Snow —replicó Peeta. Katniss tardó un segundo en darse cuenta que estaba repitiendo lo que ella le había dicho ayer y ese simple hecho la dejo sin palabras.
—Así que queda decidido —apuntó Finnick con una risita—: tendremos entrenamientos toda la semana. Es como el regalo de navidad que nunca pedí.
—¿Dónde se metió Gale? —preguntó Haymitch de repente. Los demás se voltearon para buscarlo pero o se había hecho invisible o no estaba en el centro de entrenamiento.
—Estaba aquí hace un rato —dijo Katniss lentamente. Si Gale se había ido había sido porque estaba molesto con ella y eso solo hacía que ella también se molestara.
—Pero ya se fue —dijo Finnick encogiéndose de hombros—. Y yo también debo irme. Nos vemos mañana.
Se despidieron de Finnick, que se alejó y bajó por las escaleras. Cuando solo quedaron Haymitch, Peeta y Katniss se dirigieron hasta el minibar y los muebles que estaban en la esquina y Haymitch les ofreció un par de coca-colas antes de servirse un vaso de whiskey para él. Katniss la rechazó. Volver a pensar en Gale la había hecho recordar el motivo por el que habían peleado en primer lugar y la hizo darse cuenta de que ahora era el momento perfecto para hablar con Haymitch.
—Haymitch, Peeta y yo tenemos algo que hablar contigo —dijo.
—Pues hablen —respondió Haymitch antes de darle un pequeño sorbo a su vaso. El hecho de que no se lo hubiera tomado todo de un solo trago tal vez fuera una buena señal.
Katniss buscó la mirada de apoyo en Peeta pero lo que consiguió fue un gesto de perplejidad. ¿Acaso se había olvidado que acordaron hablar con Haymitch sobre el plan? ¿O era que creía que ella lo había olvidado? Cualquiera que fuera la razón para que Peeta la mirara así, Katniss no permitió que la inmutara.
—Estuvimos hablando, y nos dimos cuenta que tu plan para atrapar a Snow tiene ciertos fallos.
La expresión de Peeta no cambió. Seguía viéndola como si no entendiera lo que estaba haciendo. O mejor dicho, como si no se hubiera esperado que lo hiciera.
Haymitch se quedó viendo a Katniss fijamente un momento antes de girar para ver a Peeta y a Katniss nuevamente. Frunció el ceño.
—¿Fallos? ¿Qué fallos?
Katniss abrió la boca para responder pero Peeta, aun sin apartar esa mirada extraña de ella, se le adelantó.
—Creo que Katniss se refiere a ciertos daños colaterales que encontramos en el plan —explicó, con esa manera segura y convincente que tenía de hablar—. No tenemos dudas de que es un plan infalible y que Snow jamás se esperaría que lo atrapáramos en su propio juego pero creo que no es correcto usar como distracción a un montón de personas inocentes. ¿No se supone que eso es justo lo que queremos evitar? ¿Qué las personas de esta ciudad sigan sufriendo bajo el yugo de Snow?
Durante todo el discurso, Katniss no había podido apartar la mirada de Peeta, embelesada. Podría escucharlo decir lo mismo cien veces, y cada vez estaría más convencida que antes de que Peeta llevaba la razón. ¿Pero hasta que punto eran las ideas de Peeta las que la atraían? ¿Cómo podía estar segura de que no era él, con su afabilidad, su sencillez y esos irresistibles ojos azules, quien la tenía como una abeja a la miel?
Katniss sacudió la cabeza ante esa posibilidad e hizo el esfuerzo de convencerse a sí misma de que era lo que Peeta decía lo que la convencía, por el simple hecho de que en sus palabras había verdad, razón y lo más importante de todo: humanidad.
A todas estas, Haymitch también estaba escuchando el discurso de Peeta, solo que no desde la misma perspectiva de Katniss. Como Katniss había predicho, el señalar un fallo en una idea de Haymitch, sin importar qué tan acertado estuviera hacerlo, lo predisponía a mostrarse testarudo e inflexible. El orgullo de Haymitch era receloso y muy pocas veces lo dejaba de lado al escuchar opiniones.
Le dio otro trago a su vaso de whiskey, esta vez un poco más largo, antes de hablar.
—Entiendo lo que dices —le dijo a Peeta—. Entiendo que te preocupa toda esta gente (a la que ni siquiera conoces, por cierto) y que crees que no es lo correcto y que es tu responsabilidad evitarlo y bla, bla, bla. —Haymitch dio otro trago a su whiskey seguido por un ademan de mano que descartaba cualquier otra trivialidad en su discurso—. Pero el hecho es que no hay otra manera de acabar con Snow. Hay que combatir fuego con fuego, chico, y unas pocas personas es poco en comparación a lo que Snow ha hecho todos estos años.
—¿Entonces vas a dejar que mueran por nosotros? —se exaltó Katniss al comprender que el callejón sin salida al que se habían dirigido era, efectivamente, un callejón sin salida.
—Si se les ocurre algún otro plan igual de efectivo y sin tantos "daños colaterales", déjenmelo saber. Mientras tanto, seguimos adheridos a mi plan —dijo Haymitch, sin tapujos—. Estamos así de cerca de atrapar a Snow de una buena vez. —Hizo que sus dedos pulgar e índice se acercaran a tan solo dos centímetros el uno del otro, pero sin tocarse—. Lo de hacer lo correcto me lo puedo pasar por donde no me llega el sol mientras no me haga tener las manos más cerca de su cuello.
—Pero… —dijeron Katniss y Peeta a la vez, antes de ser cortados por Haymitch.
—Nada de peros. Tráiganme un plan mejor que el mío y entonces hablaremos de esto.
Levantó el vaso en el aire como si fuera a brindar, pero ni Katniss ni Peeta trataron de imitarlo. Luego se dio la vuelta y salió silbando del centro de entrenamientos, campante, victorioso.
Katniss suspiró.
—Ha sido mejor de lo que pensaba. Podría habernos gritado o estrellarnos el vaso de whiskey en la cabeza por haber criticado su precioso plan.
Sin embargo, Peeta no parecía estar de acuerdo con lo que había pasado.
—Tengo que hacer algo —dijo, apurando su coca-cola—. Esto no puede quedar así.
A Katniss no le pasó por alto el singular en la oración. ¿Acaso Peeta estaba tratando de alejarse de ella? Darse cuenta de que aquello era una posibilidad despertó una llamarada parecida a la rabia en su pecho.
—¿Piensas dejarme por fuera? —le preguntó—. Porque creía que estábamos juntos en esto.
Peeta la vio de nuevo con esa expresión de perplejidad que Katniss no terminaba de comprender y que comenzaba a ponerla de los nervios.
—Creo que estoy confundido —dijo finalmente, dejando su vaso sobre la mesita para cruzarse de brazos—. Creí que todo eso de evitarme en la escuela era un claro "quiero mantener la distancia". Solo intento no presionarte.
—Yo no te estaba… —Katniss se detuvo al ver que Peeta la veía lacónicamente. Cerró los ojos, sintiéndose atrapada y tomó aire. Cuando los abrió, Peeta seguía esperando que ella dijera algo—. Puede que tratara de evitarte en la escuela —admitió—, pero no es por las razones que tú crees. O puede que sí, pero no tiene nada que ver contigo.
Peeta seguía viéndola, aunque esta vez había algo nuevo en su mirada. Algo de aflicción, tal vez. Katniss no estaba segura.
—¿Entonces sí quieres mantener la distancia? —preguntó Peeta.
—No, Peeta —negó Katniss sintiéndose de repente agotada—. Es solo que últimamente me siento agobiada con todo lo que está pasando. Lo de Snow, los héroes, la prensa… —A propósito dejó la frase sin terminar, esperando que Peeta comprendiera que todo lo que estaba pasando entre ellos era algo que también la tenía agobiada pero de lo que prefería no hablar—. Hay momentos en los que solo necesito lidiar con todo eso sola. Pero en ningún momento pretendía alejarte de mí.
Peeta asintió. Descruzó sus brazos y le sonrió a Katniss con afecto. Sin darse cuenta siquiera, ella había dicho justo lo que debía en el momento preciso.
—A veces yo también me siento algo agobiado —confesó él y Katniss comprendió con esas palabras que la había perdonado por lo que le había dicho ayer en El Capitolio. Sabía que estaba dolido y que se había sentido rechazado, pero de alguna forma u otra, había logrado perdonarla a pesar de su propio orgullo. Tal vez se había dado cuenta de lo arrepentida que estaba de haber dicho lo que había dicho. Con Peeta nada era seguro hasta que era seguro.
—Entonces… —comenzó a decir Katniss, con los ánimos ligeramente renovados—, ¿vamos a hacer algo para evitar que Haymitch y su plan acaben con más vidas inocentes?
Peeta se llevó una mano a la barbilla en gesto pensativo.
—Ahora mismo estoy trabajando en ello.
…
A pesar de que era usual encontrarse a Peeta en el camino a la escuela, Katniss no lo vio esa mañana. Y tampoco lo vio durante la clase de inglés del segundo periodo que compartían. Se preguntó qué le habría pasado. ¿Por qué no había asistido a clases? Durante el cambio de clases fue hasta su casillero para tomar sus libros, debatiéndose entre escribirle para saber qué le había sucedido o no hacerlo.
Sin embargo, su debate interno no duró mucho, porque Peeta apareció repentinamente a su lado, con una sonrisa inmensa en el rostro.
—Lo tengo —exclamó al llegar a su lado. Katniss tomó sus libros, cerró su casillero y encaró a Peeta con la frente arrugada, sin comprender.
—¿Qué es lo que tienes? —"¿Y por qué faltaste a clases esta mañana?" se le ocurrió preguntar, mas no lo hizo. Tenía la impresión de que lo que tuviera que decirle terminaría por contestar esa pregunta.
Peeta apenas podía contener su emoción. Del bolsillo interno de su chaqueta sacó un periódico enrollado. Lo desplegó y se lo tendió a Katniss, en la página dedicada a los sucesos locales. Katniss lo tomó y su mirada fue a parar directamente en el título del artículo que encabezaba la página.
—Nuestro corresponsal, Phil Murphy, debe su vida a los héroes de Los Ángeles —leyó. El artículo iba acompañado de una foto que ocupaba la mitad de la página en la que se veía a Peeta en su traje de Protector defendiendo a un hombre que estaba tendido en el piso—. ¿Qué es esto?
Peeta se aseguró de ver que nadie estaba prestándoles atención antes de contestar.
—El tipo al que salvamos el viernes es reportero del Los Ángeles Times —explicó en susurros.
Katniss no pudo evitar sorprenderse por ello, pero seguía sin ver a donde quería ir a parar Peeta con todo eso.
—Tengo un plan para solucionar… el problema del que hablamos —continuó Peeta—. ¿Podrías saltarte la próxima clase? Necesitamos conversarlo en un lugar más privado.
Dicho lo cual, tomó a Katniss de la muñeca, suave pero firmemente, y la arrastró por los pasillos de la escuela tras él.
—De acuerdo. De acuerdo. Voy contigo —dijo Katniss, no sin cierta ironía, pero dejándose llevar por Peeta.
Peeta la guió hasta la zona exterior de la escuela, donde estaba el campo de futbol y la pista de atletismo. Cuidándose de que nadie los viera la hizo meterse debajo de las graderías, donde solo un ojo muy perspicaz podría verlos. A lo lejos podía escuchar el sonido del silbato del entrenador haciendo correr a su clase de un lado para otro. Nadie parecía haberse dado cuenta de su presencia. Allí podían hablar con tranquilidad.
—Bien —dijo Katniss, recostándose contra uno de los barrotes de hierro que sostenían las graderías—. Dispara.
—Esta mañana le escribí un correo a Phil Murphy, el tipo al que salvé y que además resulta ser corresponsal de Los Ángeles Times, de parte de Protector y Fire Girl.
A Katniss solo le tomó medio segundo comprender lo que Peeta había dicho.
—¡¿Estás loco!? —estalló, con los ojos desorbitados.
—Lo hice desde las computadoras de la biblioteca, en el caso de que quieran rastrearnos luego —la calmó Peeta—. Sería muy difícil encontrar a un par de estudiantes en una escuela que tiene dos mil.
—¡De todas formas es una locura! —Katniss no podía creer lo que había hecho. Era una locura. Una locura con todas las letras—. ¿Por qué lo hiciste?
—Le pedí que nos concediera una entrevista porque teníamos cosas que decirle a la prensa.
—Oh, por Dios. —Katniss se llevó ambas manos a las sienes y comenzó a masajeárselas con insistencia—. Peeta —dijo—, se supone que nos teníamos que mantener alejados de los medios, ¡no atraerlos hacia nosotros!
—¿Podrías dejar de actuar como una histérica y escucharme? —Bufó Peeta, cruzando sus brazos sobre el pecho—. Por eso necesitaba hablar contigo ahora. Phil contestó y dijo que estaría encantado de entrevistarse con nosotros. Solo tenemos que darle una hora y un lugar y él estará allí.
—Dile que cambiamos de idea y ya no queremos hablar con él —refunfuñó Katniss.
—No voy a hacerlo, Katniss. Porque lo que diremos en esa entrevista puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para alguien inocente.
—¿Así que este es tu brillante plan para evitar que Snow acabe con unos cuantos descerebrados disfrazados de héroes? ¿Hablar con la prensa? ¿Qué es lo que le diremos exactamente, genio? —preguntó con escepticismo.
—Se me ocurrió que podíamos pedirle a la gente que dejara de disfrazarse de héroes en plan: "ese es nuestro trabajo y ustedes pueden salir heridos". Tal vez algunas indirectas hacia la policía también puedan funcionar. Esta gente nos admira, Katniss, y quizá podemos usar esa influencia que tenemos en ellos para protegerlos.
Katniss aun no podía creer que Peeta en verdad estuviera pensando en hacer otra aparición pública, esta vez a conciencia. Pero debía admitir que tenía un plan, y eso ya era bastante.
—¿Y qué pasará si Haymitch se entera? ¿Y si arruinamos su plan?
Estaba segura que Haymitch les haría cortar un dedo por cada palabra que dieran ante la prensa. Eso si todo salía bien y aun conseguía capturar a Snow. En el caso de que todo se fuera al traste no podía siquiera imaginar la suerte que correrían.
—Al diablo con su plan. Estoy seguro de que puede capturar a Snow sin necesidad de que toda esta gente pierda la vida. Tiene el teléfono de Flickerman y el nombre de Seneca Crane. Que se las arregle con eso.
Katniss sabía que el plan de Peeta arriesgaba por completo la ventaja segura que Haymitch había impuesto entre ellos y Snow. Si la atención de Snow se desviaba de aquellas personas y comenzaba a centrarse en ellos estarían metiéndose de cabeza en terreno peligroso. Pero una pequeña parte de su mente le decía que solo habían dos maneras de acabar con aquel hombre: la fácil y la correcta. Estaba en ella decidir cuál de las dos quería seguir.
—En verdad esperaba contar con tu apoyo —agregó Peeta con un tono más remilgado luego de que Katniss se quedara en silencio por un buen rato—. Pero comprenderé si no quieres hacerlo. Supongo que será más fácil enfrentarse a la ira de Haymitch si no tienes nada que ver con esto.
Katniss lo vio un momento. El camino fácil o el camino correcto. Desde que Peeta había llegado a su vida se había enfrentado a esa encrucijada más veces de las que quería y se lamentaba de no haber tomado las mejores decisiones cuando había tenido la oportunidad. Pero pensaba empezar a hacerlo. A partir de ese preciso momento.
—Al diablo con Haymitch —terminó diciendo con una exhalación—. Vamos a darle a Phil Murphy unas cuantas declaraciones.
…
Katniss estaba sentada en la banca, moviendo su pie incesantemente sobre la acera. Peeta caminaba de un lado para otro. Ella podía notar, aunque él no quisiera admitirlo, que estaba nervioso. Y también sabía que su nerviosismo poco tenía que ver con la entrevista que estaban a pocos minutos de tener con Phil Murphy. Más bien se trataba de una inseguridad, un temor a que las cosas no salieran bien.
Katniss había elegido el lugar de encuentro. Era un viejo parque que quedaba a pocos minutos de la escuela y que casi nunca veía visitantes. Además de solitario, también ofrecía bastante privacidad, pues se encontraba rodeado de una maraña de arbustos y algunos árboles de ramas bajas que formaban una sala de reuniones natural. El sol estaba comenzando a ocultarse cuando Peeta se sentó a su lado.
—¿Crees que venga? —preguntó, haciendo un esfuerzo por ocultar su nerviosismo.
Katniss sonrió para reconfortarlo.
—Si yo estuviera en su lugar no vendría. ¿Ir a un parque solitario al anochecer para encontrarme con un par de extraños que encima se creen héroes? Lo siento, pero paso. Sin embargo, tenemos suerte de que Murphy sea un periodista. Hay quien dice que los periodistas tienen más curiosidad que sentido de preservación.
Peeta estiró las comisuras de sus labios en el intento de devolverle a Katniss la sonrisa, pero falló estrepitosamente y en cambio la cara se le contrajo en una mueca de preocupación.
—Espero que todo salga bien.
Katniss suspiró.
—Si algo he aprendido de ti en las últimas semanas es que siempre te las arreglas para que todo termine bien.
—No todo —apuntó Peeta con amargura.
Katniss comprendió que se estaba refiriendo a lo del beso así que guardó silencio. No quería volver a meter la pata con su bocaza ahora que las cosas estaban bien. Estaba descubriendo, poco a poco, que le gustaba estar con Peeta y hablar con él y reírse de sus bromas, aunque no fueran tan graciosas. Le gustaba esa sensación de tranquilidad que la embargaba cuando estaba con él, como si tenerlo a su lado la hiciera invencible. Sin embargo, el recuerdo del beso y la manera en que lo había rechazado seguía flotando sobre sus cabezas, como la sombra de una nube de tormenta en medio de la primavera.
—Creo que escuché algo —dijo Peeta levantándose de un salto y oteando el parque mas allá de la cortina de arboles que lo rodeaba.
Katniss también se levantó y agudizó sus sentidos para ver a través de la creciente oscuridad como la silueta de Phil Murphy iba haciéndose más nítida a medida que se acercaba al pequeño claro en el que lo estaban esperando. La idea de reunirse despues de que anocheciera también había sido de Katniss, ya que la oscuridad haría más difícil distinguir sus facciones. Phil Murphy llegó hasta donde ellos estaban; llevaba puesto un simple pantalón caqui y una camisa de lana verde. Sin embargo, lo que más le resaltaba era la expresión maravillada que tenía impresa en el rostro.
—No lo puedo creer —musitó con la voz ahogada de la emoción—. ¿Son en realidad… ustedes?
Katniss no pudo evitar conmoverse por la sincera admiración que dejaba traslucir el hombre hacia ellos. En su mirada estaba escrito que los veía como héroes, como ídolos casi místicos, y que tenerlos tan cerca era tan sorprendente como emocionante.
Peeta se aclaró la garganta y se adelantó un paso.
—Yo soy Protector —dijo, tendiéndole una mano a Phil, que la tomó y la sacudió con vehemencia—. Y ella es…
—Fire Girl —se le adelantó Katniss, que también extendió una de sus manos a Phil—. Es un placer.
Phil parecía no caber en su asombro y alternaba miradas entre Katniss y Peeta como si creyera que se trataba de una alucinación.
—Dios —exclamó—. De haber estado seguro de que ustedes vendrían de verdad habría traído a las niñas. Mueren por conocerlos. Mandy incluso dice que quiere ser como tu cuando crezca —le dijo directamente a Katniss.
—Creo que es mejor dejar este asunto solo entre nosotros —respondió Katniss, incómoda. Saber que había pequeñas niñas allí afuera que la veían como un modelo a seguir la hacía sentir un poco de vergüenza. En realidad, ni siquiera sabía como la hacía sentir. Era algo demasiado raro como para ponerse a darle muchas vueltas.
Phil asintió, todavía con una expresión embobada en el rostro.
—Todavía no me creo que de verdad sean ustedes. Es decir, desde lo del viernes ahora hay miles de personas disfrazadas de héroes en las calles pero ninguno es como ustedes.
—Precisamente de eso queríamos hablar —aprovechó de decir Peeta. Tenía la impresión de que si le daban la oportunidad, Phil Murphy podría pasarse horas alabándolos—. Estamos preocupados por todas esas personas, Phil. Y pensábamos que podíamos contar contigo para hacer llegar un mensaje a todos.
Phil casi no parecía haber escuchado ni una de las palabras de Peeta. De hecho, solo parecía haber escuchado su nombre saliendo de los labios del chico enmascarado, lo que lo tenía extasiado. Comenzó a asentir frenéticamente.
—Claro, claro, claro —decía con cada asentimiento—. Un mensaje para todos. De su parte. Y quieren que yo lo transmita. Dios, mi editor no me va a creer cuando se lo diga.
De repente, a Katniss le pareció que querer matar a ese hombre no era una idea tan descabellada. Si siempre era así de intenso ya entendía porque los tres tipos de los que lo rescataron querían acabar con él.
—¿Entonces vas a ayudarnos? —le espetó, comenzando a perder la paciencia.
—¡Si, por supuesto! —dijo Phil Murphy con un par de asentimientos de cabeza—. Déjame que saque… a mi pequeña amiguita.
Phil extrajo de su bolsillo una pequeña grabadora y la sostuvo frente a su cuerpo con una sonrisa. Katniss no pudo evitar largar una carcajada sardónica.
—Eso sí que no, amigo.
Phil y Peeta se voltearon a verla, extrañados por su reacción.
—No dejaré que un reportero de Los Ángeles Times tenga en sus manos una grabación en la que se escuchen claramente nuestras voces —explicó viendo exclusivamente a Peeta.
Peeta la vio un momento antes de asentir levemente con la cabeza, otorgándole la razón.
—Fire Girl tiene razón, Phil. Nos gustaría mantener nuestro anonimato lo mas… anónimo posible. ¿Tienes alguna libreta en donde anotar lo que digamos?
Phil pareció decepcionarse durante la milésima de segundo en la que su cerebro tardó en convencerse de que si Fire Girl y Protector trataban de mantenerse lo más anónimos posibles y él estaba allí con ellos, significaba que lo consideraban alguien importante. Volvió a sonreír y asentir mientras guardaba la grabadora y sacaba un bolígrafo y una pequeña libreta.
—Hay veces en las que ser de la vieja escuela no está mal, ¿eh? —dijo guiñando un ojo a Katniss con descaro—. Siempre es bueno tener también un lápiz y un papel a mano. Tengo compañeros que no lo hacen.
Para ese momento hasta Peeta estaba replanteándose si haberlo salvado en verdad había sido la decisión correcta. Pero se armó de paciencia y procedió con las declaraciones que tenía que darle a Phil. Cuanto antes terminara con eso, mejor.
—Hemos visto en las noticias que algunos de estas personas que se disfrazan de héroes han sido encontradas muertos —comenzó a decir—. Y lamentamos que eso sea por nuestra culpa. Cuando decidimos salvarte ni siquiera éramos conscientes de que eso podría traer un impacto en la sociedad. No pretendíamos hacernos pasar por héroes ni mucho menos. Solo tratábamos de ayudar y creo que todos pueden hacerlo sin necesidad de estar usando mascaras.
Katniss asintió cuando Peeta hubo terminado, sintiendo ella misma el poder de sus palabras. Phil Murphy no dejaba de anotar cosas en su libreta. Estaba concentrado, moviendo su mano rápidamente, afincando cada vez con más saña las palabras que escribía. Cuando terminó levantó la vista de nuevo.
—¿Entonces no creen que esta ciudad necesita de mas héroes como ustedes?
Su pregunta y la manera, tal vez algo ruda y en definitiva inesperada en la que la planteaba los hizo sentirse de cierto modo atrapados, como cogidos fuera de base. De pronto, ya no se encontraban ante Phil-admirador-idiota-de-los-héroes, sino ante Phil-implacable-reportero y si eran sinceros, no sabían si ese cambio era algo bueno o algo malo.
—No —contestó Katniss. Pero se dio cuenta que esa no era la respuesta que quería dar—. Es decir, sí —agregó, pero aquella tampoco era una respuesta que la complaciera—. A lo que me refiero es a que deberían dejar de meterse en problemas porque pueden resultar heridos. Ni siquiera la policía está tratando de defenderlos —agregó en un arranque de exaltación.
—Dices que la policía no está haciendo su trabajo —afirmó Phil esta vez. Ni siquiera se molestó en levantar la vista de su libretita mientras continuaba anotando.
—Yo… —comenzó a decir Katniss. Se dio cuenta muy tarde que se había ido de bocaza y que no tenía ni idea de cómo arreglarlo.
—Lo que Fire Girl intenta decir —salió Peeta al rescate—, es que nuestros amigos policías ya están muy ocupados tratando de resolver los problemas de la ciudad como para preocuparse de los que intentan ser héroes.
—Tengo un par de amigos que pueden contradecir eso —apuntó Phil Murphy, frunciendo el ceño pero escribiendo enérgicamente—. La policía no hace su trabajo, todo el mundo lo sabe. ¿Por qué si no ustedes decidieron salir a la calle disfrazados de héroes?
Phil estaba comenzando a hacer preguntas que no podían contestar con la verdad y Katniss era muy mala para mentir. Así que se cruzó de brazos, dejando que Peeta contestara por ella.
—Salimos a la calle porque queremos proteger a los indefensos del crimen sin control de la ciudad. La policía no hace nada al respecto, tienes razón. Por eso mismo rogamos encarecidamente que dejen de salir a la calle disfrazados como héroes. Si salen heridos no hay nadie que pueda responder por ellos.
—¿Qué hay de ustedes? ¿Por qué piden que nadie salga disfrazado a combatir el crimen? Es una petición algo incoherente viniendo de quienes dieron el primer paso a la calle. ¿Pretenden abandonar su lucha contra el crimen? ¿O es que acaso no quieren que nadie más se lleve su gloria? ¿No quieren que su fama se vea opacada por otros héroes?
Katniss no se contuvo más y lanzó un bufido de incredulidad. Phil estaba a punto de ganarse un boleto directo al hospital como siguiera soltando aquella sarta de sandeces.
—No te digo donde puedes meterte tu gloria y tu fama porque me dijiste que tus hijas me admiran y no quisiera ser un mal ejemplo —le dijo—. ¿Crees que lo que hacemos es un juego para obtener fama? ¿O para retar a la policía? Porque si es así estás muy equivocado —dijo, levantando su dedo índice en el aire para apuntar directamente a Phil con él de manera acusadora—. Luchar contra el crimen que azota esta ciudad no es ningún juego para nosotros y de ninguna manera pensamos abandonar. Por eso me gustaría que les dijeras a todos los lectores de ese maldito diario amarillista para el que escribes que dejen de jugar a ser héroes y que comiencen a valorar un poco más esas estúpidas vidas suyas que tanto nos afanamos en proteger.
Al terminar se arregló un mechón de pelo que se le había soltado de la trenza en el fervor de su discurso y tomó una profunda inhalación para recuperar el aire que había gastado al decirlo todo de corridilla. Phil había dejado de escribir como un poseso sobre su libreta. Su bolígrafo había quedado suspendido en el aire, congelado por las palabras de Katniss, al igual que su mirada. La veía con los ojos muy abiertos y Katniss se preguntó si tal vez ahora la odiara por lo que había dicho. Se dio cuenta de pronto que lamentaría mucho ser una decepción para aquellas niñitas que tanto la admiraban.
Pero Phil no la veía con decepción ni odio. La veía con el asombro del astrologo que descubre una nueva estrella, con la esperanza del naufrago que alcanza ver el faro de un puerto, con la felicidad de un niño la mañana de Navidad. La veía con admiración, como si Katniss fuera su santo de devoción y cada una de sus palabras solo hubieran servido para convencerlo de su magnificencia.
—Me pondré a trabajar en el artículo de inmediato —anunció Phil Murphy cerrando su libreta y guardándola junto al bolígrafo en su bolsillo—. Mañana a primera hora aparecerá impreso en todos los diarios de la ciudad.
Phil había vuelto a su faceta de admirador demente, aunque esta vez no podía apartar la mirada de Katniss mientras asentía una y otra vez.
—Eso espero, amigo —sonrió Peeta. Él también había quedado algo sorprendido por la pequeña arenga de Katniss pero una vez recuperado del impacto inicial podía decir que había estado perfecto, ni siquiera él podría haberlo hecho mejor—. Mañana compraremos el periódico sin falta.
Mientras hablaba, le puso una mano en el hombro a Phil para guiarlo hacia el camino de salida, agradeciéndole el haber venido y el favor que les estaba haciendo.
—No es nada, no es nada. Se los aseguro. No es nada —repetía mientras Peeta y Katniss flanqueaban su camino hasta su auto, un Fiat Espazio marrón del ochenta y cuatro—. Es lo mínimo que puedo hacer por ustedes despues de que me salvaran la vida. ¡Oh, qué maleducado que soy! Ni siquiera les he agradecido propiamente por ello —comenzó a decir antes de montarse en el auto—. Gracias. Creo que mi familia y yo no podríamos estar más agradecidos por lo que hicieron. De no ser por ustedes no estaría aquí hoy. Gracias.
—No fue nada —le aseguró Peeta, tratando de que cortara su perorata, se montara en su auto y se fuera de una buena vez—. Vete tranquilo, Phil, y escribe ese artículo. Casi no puedo esperar que sea mañana para leerlo.
Antes de que Phil pudiera ponerse a agradecerles y alabarlos de nuevo Peeta abrió la puerta del auto y casi lo obligó a meterse dentro. Y aun despues de haber encendido el motor y haber arrancado el auto Phil seguía mascullando palabras de agradecimiento hacia Protector y Fire Girl. Afortunadamente, el vidrio del auto los separaba y lo silenciaba. Katniss y Peeta levantaron la mano en señal de despedida cuando vieron el auto de Phil alejándose por la calle. Katniss fue la primera en soltar el aire.
—Que tipo tan intenso.
—Creo que nos ha ido bien —comentó Peeta llevando ambas manos a su espalda y viendo a Katniss traviesamente—. Por cierto, ¿de dónde salió ese discurso?
—Oh, por favor, cállate. No quiero hablar de eso —gimió Katniss llevándose ambas manos a la cara para cubrírsela.
—A mi me ha parecido bastante bueno —la consoló Peeta—. Y creo que a nuestro amigo Phil también.
—Ya basta. Te dije que no quería hablar de eso.
Peeta se rió y su risa se extendió a lo largo de la solitaria calle que llevaba al decrepito parque en donde habían llevado a cabo la reunión. Al escucharlo reír Katniss se destapó la cara y muy a su pesar tuvo que formar una sonrisa. Eso era algo que solo Peeta podía lograr, alegrarla incluso cuando ella estaba empecinada en ser una amargada sin remedio. Cada vez se le hacía más evidente que tratar de alejarse de él era algo que nunca podría lograr, o por lo menos no sin hacerse daño a si misma.
—De verdad espero que esto funcione —comentó él cuando los últimos ecos de su risa se esfumaron.
—Funcionará —le aseguró Katniss—. Ya te dije que tienes una especie de suerte sobrenatural para hacer que todo termine por salir bien.
Peeta se dedicó a contemplarla fijamente por un par de segundos antes de apartar la mirada hacia el cielo, en donde las estrellas ya habían comenzado a salir.
—Recemos entonces para que este no sea el momento en el que la suerte decida dejarme de lado.
Hola, chicas.
Finalmente he podido publicar este capítulo, que aunque salió bastante largo, fue difícil para mi escribirlo. Y no difícil en el sentido de que no tenía la inspiración ni nada por el estilo, si no porque estos últimos días han sido bastante complicados por la situación que se ha venido viviendo aquí en mi país, Venezuela. No pretendo darles la lata con la política por aquí, aunque solo diré que la tensión impregna las calles y por lo tanto, a las personas. Sin embargo, a pesar de todo, he podido hacerme un espacio para escribirles este capítulo, que fue también para mí una manera de hacer catarsis y relajarme un poco.
Espero sinceramente que les guste tanto como a mí. En lo personal, siento que el hecho de que Peeta haya decidido, no tanto como "perdonar", pero sí dejar pasar el rechazo de Katniss, como algo muy propio de él. De alguna manera, veo a Peeta como alguien que nunca antepondría su orgullo ante el valor de una relación, ya sea una relación amorosa o de simple amistad. El caso de Katniss sigue siendo complicado en cuanto a eso, jajaja. Y no sé porque cada vez me gusta más escribir sobre lo que siente Katniss hacia Peeta, es como pelar una cebolla y descubrir capas y más capas de sentimientos escondidos. Por otro lado, la historia sigue avanzando a expensas de su relación y prepárense, porque entre más se acerquen a Snow, más probable es que ocurra una tragedia… (trato de no spoilear mucho, pero me cuesta resistirme).
Así que ya saben, gracias por tomarse el tiempo de leerme.
Un beso.
Mariauxi.
