Los personajes de esta historia pertenecen por completo a su(s) respectivo(s) autor(es), yo solo adapte la historia para Shugo Chara- Amuto
Sol, Playa y Arena… ¡Te Amo!
Caminar por aquella playa era relajante, habían llegado a Aruba y habían ido a tomar el sol en Palm Beach, sentía la arena en sus dedos de los pies y la mano de Ikuto sostenía firmemente la suya, ahora todo era diferente.
-Lo siento. –dijo Amu rápidamente después de aquel arranque de ira ¿Cómo había podido decirlo asi?
Los pensamientos de Ikuto volaban en su cabeza sin dejar uno fijo, sin saber que decir o que hacer, las palabras de Amu resonaban en su cabeza "TE AMO, ME ENAMORE DE TI DESDE QUE NOS CONOCIMOS, PERO JAMAS TE DISTE CUENTA" Al parecer él no era el único que había intentado reprimir sentimientos.
-¿Por qué lo sientes? –pregunto Ikuto mientras se acercaba a ella.
-Por decir todo aquello, no fue la mejor forma, pero es mejor que lo olvides, me iré a dormir. –dijo Amu apresuradamente queriéndose tirar por la borda de aquel barco.
-¿Olvidarlo? –Ikuto la miro incrédulo. –No es algo que pueda borrar de mi mente Amu. –llego hasta ella e hizo que lo mirara a los ojos, acariciando su mejilla mientras quitaba un mechón de cabello. –Lo más importante es que no quiero olvidarlo, jamás pensé que escucharía aquellas palabras de ti, tu siempre eras mi adorable peli rosa, la que se preocupaba por mí pero que no me ofrecía más que una amistad y pensé que si me conformaba con aquello podría hacerte feliz y a largo plazo yo también lo sería, por que te tenia a mi lado, pero cada día quería más, quería pensar que tus sentimientos cambiarían, que aparecerías en mi puerta con una sonrisa diciendo que me querías, que tomarías mi mano y para ti tendría un sentido totalmente diferente al fraternal, he esperado tanto para oírte decir esas palabras que creí que me moriría si nunca llegaba a oírlas, hay algo que debes saber, cuando me pidieron que me casara con Lulú De Morselle, sabía que no podría hacerlo, porque ni ella ni ninguna otra persona podría ocupar jamás tu lugar. Siempre te he amado y cada día este amor me consumía y me asfixiaba porque no podía decirlo, porque temía que te alejaras, ahora me doy cuenta que he sido muy cobarde, que prefería callar y aguantar a luchar por ti, pero no me arrepiento de nada porque cada una de las decisiones que tome me han traído a estar hoy frente a ti.
Amu sintió como toda aquella presión que había soportado desde que lo conocía se esfumaba, ahora le parecía muy lejano haber sentido el temor a dejar salir sus sentimientos, lo abrazo tan fuerte como pudo y sintió como él se aferraba a ella como si fuera el único salvavidas en un inmenso mar.
-Te amo. –dijo Amu dándole un tierno beso en el hombro.
-Es como si no existieran palabras suficientes para explicarte como me siento cada vez que te veo, así que solo diré te amo, te lo diré hoy y siempre. –dijo Ikuto recorriendo la mejilla de Amu con la boca y al llegar a su boca la beso intentándole expresar todo aquello que siempre había querido decirle. Su respiración se agito y la soltó un momento para verla a los ojos. –Sra. Tsukiyomi creo que tenemos un asunto pendiente.
La cogió en brazos y se la llevó al dormitorio, la dejo caer en la cama y se subió encima de ella intentando no aplastarla, Amu le lleno de besos la cara y le abrió la camisa, definitivamente era una fanática del cuerpo de Ikuto, con músculos duros y torneados, su piel era suave y tenía aquella sonrisa traviesa en los labios que la podía hacer enloquecer.
-¿Sra. Tsukiyomi tiene calor? Porque creo que se sentiría mejor sin esa pijama tan innecesaria. –dijo Ikuto mientras se la empezaba a quitar, Amu solo rio, su corazón estaba al borde de un ataque, le enredo las piernas en la cadera para acercarlo de nuevo, jamás pensó que podría amar tanto a una persona como amaba a Ikuto y solo deseo que aquella noche durara para siempre…
Algunos dicen que una acción vale más que mil palabras, a veces podemos simplemente dar un beso y no sentir nada, pero cuando le abrimos el corazón a una persona que de verdad lo vale, las palabras son lo más importante, porque la persona que queremos, debe saber que lo hacemos, no debemos esperar a que se dé cuenta porque tal vez sea tan despistada que no lo note, no debemos esperar que las cosas pasen, debemos hacer que pasen, por aquellas personas por las que vale la pena dar todo de sí mismo.
Habían tenido un día completo de navegación en el cual se la habían pasado encerrados en la cabina recuperando el tiempo perdido como había dicho Ikuto, Amu se sentía en una burbuja, era como si toda aquella espera ahora se viera recompensada, como si todas aquellas cosas empalagosas que había querido hacer con Ikuto se hubieran multiplicado por mil y solo veía corazones y amor por todas partes.
Apenas llegaron a Aruba bajaron del barco y recorrieron la pequeña isla, era muy colorida ya que las casas eran de diferentes colores, había un centro comercial grande donde había todo tipo de tiendas costosas, luego de hacer algunas compras se fueron al monumento de las piedras, que es un lugar donde hay un montón de piedras acomodadas de tal manera que forman una especie de torre donde la gente puede subirse claro teniendo cuidado, su atractivo es el por qué aquellas piedras están de esa forma, se cree que fue el mar el que las posiciono de esa manera. Luego decidieron visitar el faro, era una alta torre de color blanco, Amu compro una pequeña replica en forma de dije para agregarlo a una pulsera. Después de aquello se habían ido a la playa a caminar, a tomar el sol, nadar y jugar con la arena.
-Te enterrare en la arena. –dijo Amu una vez que estaban sentados con una pequeña pala y balde de juguete que habían comprado en una tienda.
-Eso no suena nada sexy. –dijo Ikuto dudoso pero acostándose en la arena y haciendo un ángel con los brazos y las piernas.
-Tu sexy esposa te va a enterrar en esta sexy arena. ¿Ahora si suena sexy para ti?- pregunto ella mientras empezaba a cubrirlo.
-Solo si mi sexy esposa me da un beso. –dijo el poniendo la boca como un pececito.
-Tocara. –dijo y poniendo la boca como la de un pececito también, se acercó y lo beso.
-¿Cómo que tocara? –pregunto el subiendo una ceja.
-Silencio sexy esposo, quédate quieto para que pueda cubrirte. –dijo Amu exasperada porque Ikuto no cooperaba.
Una hora después lo único que se veía de Ikuto era su cabeza, Amu decoraba su obra de arte con unas piedritas.
-Creo que me entumecí. –dijo Ikuto mirando a Amu y entrecerrando los ojos.
-Dios… pero que llorón ya casi acabo, listo. –dijo Amu mientras se levantaba y admiraba su obra de arte. –espera, tomare una foto.
Ikuto sonrió para la foto y Amu soltó una carcajada.
-¿Por qué te ríes? –pregunto el mirándola divertido, pero un segundo después su expresión cambio, todo el que lo veía se reía, ¿Qué rayos? –Déjame ver la foto.
Amu acerco la cámara a la cara de Ikuto para que el pudiera ver, en donde debía estar el pecho había una especie de bikini y donde debían de estar sus bóxer una tanga hecha con piedras, se veía realmente ridículo.
-Amu… -empezó a decir Ikuto furioso, pero antes de que terminara su cara se tornó en una mueca se removió rápidamente quitándose la arena y mirándose el pie, un pequeño cangrejo colgaba de su dedo gordo. -¡QUITAMELO!
Entre risas Amu cogió su salida de baño para agarrar al pequeño cangrejo y dejarlo ir un poco más lejos de donde ellos estaban.
-Hasta a un cangrejo le gustas ¿Debería ponerme celosa? –preguntó Amu con una sonrisa burlona.
-Síguete burlando que cuando se te pegue algún bicho no seré yo el que te lo quite. –dijo Ikuto entornando los ojos.
-Vamos a bailar. –dijo Amu la noche siguiente, estaban en uno de los bares del barco, habían pasado todo el día en La Guaira (Venezuela), compraron recuerdos y luego fueron a cenar al barco, Amu se había cambiado y tenía un corto vestido celeste que realzaba sus ojos.
-Claro que si Sra. Tsukiyomi ¿Le gustaría algo más? –pregunto Ikuto mientras la guiaba a la pista de baile.
-Me gustaría estar contigo el resto de mi vida. –dijo Amu mientras le daba un suave beso en los labios.
-Eso puede garantizarlo. –dijo Ikuto mientras empezaban a bailar.
Amu vio como las chicas miraban a Ikuto, algunas eran bastante descardas y se le salían los ojos por él, quería gritarles ¡ES MIO! Pero pensó que se podría ver realmente infantil, así que solo lo beso.
-Nunca me podre acostumbrar. –dijo Amu pensativa.
-¿A qué? –pregunto Ikuto mientras la hacía girar.
-A cómo te miran las chicas. –dijo haciendo una mueca.
-Simple, solo ignóralas ¿Bueno? Soy completamente tuyo así que no te preocupes. –dijo Ikuto con una sonrisa.
-Que egocéntrico, no me preocupa solo me irrita. –dijo poniendo los ojos en blanco.
-Celosa. –afirmo Ikuto mientras le daba un beso en la punta de la nariz.
-Parezco borracha. –se quejó Amu mientras se sostenía de las paredes.
-Pero no lo estas, es solo que el barco se está moviendo demasiado fuerte, si vieras lo divertido que es verte intentar caminar derecho. –se burló Ikuto.
-No sé cómo tú puedes caminar normal, yo siento cada sacudida.
En ese momento el barco debió de golpear una ola muy fuerte por que Amu fue arrojada hacia al suelo, Ikuto la intento sostener pero ambos cayeron al piso.
-Me encanta estar encima de ti. –dijo Amu mientras se quitaba el cabello de la cara.
-Cualquiera malinterpretaría eso que acabas de decir. –dijo Ikuto y con un movimiento ágil se colocó encima de Amu. –A mí también me encanta estar encima de ti.
-¿Acaso no tienen una cabina? Respeten a los demás pasajeros. –dijo una anciana que caminaba por el pasillo. –Esta juventud de ahora no tiene respeto por nada. –dijo y desapareció en dirección al ascensor.
-¡Qué vergüenza! –dijo Amu mientras se levantaba rápidamente y sentía la cara roja.
-¿Por qué? Estamos casados y yo solo te estaba ayudando a levantarte, ya que para seducirme en el pasillo te tiraste al suelo. –dijo Ikuto con inocencia.
-¿SEDUCIRTE EN EL PASILLO? –pregunto a gritos Amu más roja que antes.
-¿Pueden hablar de esos temas en otro lado? Hay niños aquí. –dijo una mujer fulminándolos con la mirada mientras pasaba por ahí con lo que parecía un equipo de futbol.
-¡Lo siento! –dijo apenada Amu y comenzando a caminar por el pasillo en dirección a la cabina, Ikuto se posiciono a su lado y cogió su mano. -¿Si vez lo que me haces hacer? Qué pena.
-A mí me pareció divertido, vamos a la cabina, tu seducción funciono. –dijo él con ojos picaros.
-¡IKUTO! –dijo Amu exasperada.
-Tenemos que empezar a practicar para tener un equipo de futbol como el que acaba de pasar. –dijo Ikuto mientras le daba un beso en la mano.
-¿Quieres tantos hijos? –pregunto ella sorprendida.
-Solo si se parecen a ti.
-¿Licor de naranja? –pregunto Amu mientras una chica le daba una muestra.
-Sí, es muy popular aquí en Curazao, que lo disfrute. –dijo la chica mientras se perdía en la multitud de turistas regalando muestras gratis.
-¿Tan temprano y ya estas tomando licor? –dijo Ikuto reprobatoriamente.
-Es una muestra. –dijo ella poniendo los ojos en blanco.
-Así empiezan y luego terminan borrachas. –dijo Ikuto negando con la cabeza.
-¡Ikuto! –dijo Amu fastidiada.
-Era una broma mujer. –dijo dándole un beso en los labios. –Este rico el licor, iré a comprar unas botellas. –dijo y se perdió entre el gran grupo de turistas que estaba en el mostrador.
Ya era jueves, el sábado se acabaría el viaje y volverían a casa, Amu no se lo había dicho a Ikuto pero había una parte muy grande de ella que simplemente no quería volver, no porque no extrañara a su familia y sus amigos, sino porque tenía miedo de que todo aquello tan maravilloso que pasaba se desvaneciera cuando volvieran a la realidad, a la vida cotidiana, había tenido a Ikuto para ella sola esos días y había sido inmensamente feliz, cada vez que la abrazaba, le daba un beso, hacían el amor o le decía algo bonito ella sentía la necesidad de pellizcarse para saber que todo aquello de verdad estaba pasando, ahora le parecían lejanos aquellos días en los que solo fantaseaba con Ikuto, ahora él la miraba y le sonreía diferente, sin preocupaciones, por fin podía notar la diferencia entre el Ikuto que se esforzaba por controlar sus emociones y su esposo.
-Ya se casaron ¿Por qué no simplemente te resignas?
-Porque no, no soy una persona que se rinda con facilidad, esto es personal ahora, es un reto para mí.
-Estas malgastando tu vida, búscate a otra persona y ya.
-No, sea como sea él será mío.
