Educando a una Weasley
Criis.M.
Capítulo 10
En el Capítulo 9:
"Cuando Eleonora se bajó junto con su hija de su elegante carruaje negro, iba decidida. No soportaría más el descuido ni de parte de Draco, ni de parte de Narcissa hacia la boda.
-Recuerda Millicent. Necesitamos ese matrimonio…
-Lo sé.- contestó la chica subiendo la escalinata de mármol de Malfoy Mannor."
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La Batalla Comienza
Cuando Draco fue avisado de que Eleonora y su futura esposa se encontraban en la sala, exhaló una maldición. Se le había olvidado por completo la salida a elegir el anillo de bodas. Apoyando los codos en la mesa se pasó la mano por su espesa cabellera. Definitivamente necesitaba una agenda.
-¿Señor?- el mayordomo, Niles, estaba parado en la puerta esperando una respuesta de su amo.
-Ya voy Niles…- espetó poniéndose en pie de mala gana. Suspirando, salió de la habitación y se encaminó hacia la elegante sala de su madre. Compuso una falsa sonrisa al avistar a su increíble prometida y a su puntillosa madre. – Cariño…- observó a su novia ataviada con un elegante vestido negro, se veía hermosa, e increíblemente vacía. Le molestó recordar a la viva imagen de Weasley, con su sonrisa altanera y arrogante. Ella expiraba vida por todos sus poros. Millicent…. Bueno, era todo lo contrario. Besó en las dos mejillas a su novia, y le besó la mano a su descontenta suegra.- ¿Puedo ofrecerles algo de tomar?
-No Draco, no vinimos acá de visitas formales… Necesitamos hablar contigo.- Draco evaluó a Millicent, y la pilló observando sus uñas como si no hubiera nada más importante en el salón. – la verdad es que no entendemos la falta de dedicación que Narcissa y tú tienen por esta boda. Creo que Milly y yo estamos realizando todo solas…- Eleonora observó al rubio con el gesto contraído de enojo, Draco le sonrió coquetamente.
-Eleonora. No sabes cuánto lo lamento. Ya sabes cómo somos los hombres en estos asuntos. Nos alejamos de todo lo que tenga que ver con flores y encaje.
-Muy bien, entiendo todo eso, pero tu madre ciertamente no ha aportado nada por esta boda. Quedamos en que Milly se probaría la tiara que lleva en la familia Malfoy por generaciones….- Se preguntó qué haría su querida suegra si se enteraba que su madre no deseaba poner su bonita corona en la "horrible cabeza de chorlito" de Millicent. Sonrió, y Eleonora lo miró ahora con furia. Salió de sus pensamientos, y carraspeando dijo:
-Verá, la realidad es que a la tiara se le desprendió un diamante, el principal…- la mentira hizo el efecto determinado, y Eleonora abrió su boca sorprendida y ahogando una exhalación como si aquella noticia fuera una catástrofe- como podrá entender, mi madre no ha querido ofrecerle a Millicent – dijo señalando a la implicada en cuestión- una corona dañada.
-Evidentemente.- estuvo de acuerdo su suegra.
-Y como queremos lo mejor, mi madre ha llevado la tiara personalmente a los elfos (son los mejores en cuestión) para que la arreglen.
-¿¡A los elfos!?- el rubio asintió lentamente. - ¡Vaya! No me imagino cuánto deberá costar eso.
-Evidentemente los elfos no son fáciles de persuadir. Pero mi madre tiene un talento natural… Por describirlo de alguna manera.
-No lo pongo en duda. – soltó Eleonora algo reticente, Draco sospechaba que su suegra conocía los oscuros planes de su madre. Y cuando Eleonora iba a abrir la boca para soltar otro comentario, se escucharon voces provenientes del pasillo de arriba. Draco apoyó su mano en la frente esperando lo peor. Y Eleonora se puso en pie atónita.
-Narcissa. – pero sus ojos no estaban posados en la aludida, sino en la escandalosa rojiza que la miraba como si estuviera divertida con la situación.
-¡Oh! Eleonora. Millicent.- los ojos grises de la Malfoy brillaron de satisfacción al ver las caras de ambas. Con pasos elegantes, bajó las escaleras dobles con Ginebra pisándole los talones. – Supongo que no has olvidado a la señorita Weasley.- Millicent se puso de pie y observó a la pelirroja con evidente reticencia.
-Weasley- saludó arrastrando las palabras.
-¡Hola!- saludó Ginny levantando una tímida mano hacia las mujeres a modo de saludo. Eleonora la miraba con la boca abierta, como si le hubiesen salido alas, o aún peor, cuernos. Draco se levantó y miró a su madre con un reproche palpable. Su progenitora lo ignoró.
-Que sorpresa tan agradable. No las esperábamos. ¿Quisieran una taza de té?- Ginny al ver que la señora aún no había cerrado la boca y la miraba con cara de espanto, decidió ayudarla, se acercó un poco más, sintiendo la pesada mirada de Malfoy en su espalda, y susurrándole al oído le dijo
-Señora, será mejor que cierre la boca, hay moscas en el aire…- Draco la tomó por el brazo y la apartó de la mujer con una mirada fúnebre. Ginny aguantó la risita, y observó que Narcissa hacia lo propio.
Cuando Eleonora reaccionó, se volteó a observar a Narcissa con evidente traición.
-Es hora de irnos Milly…
-¿Se van tan pronto?- inquirió Narcissa con fingida inocencia.
-Ya hablamos lo que nos concernía. – respondió esta vez Millicent mirando a Ginny con confusión.
-Las acompaño a la puerta. – se ofreció el rubio caballero. Millicent y Draco se adelantaron, Eleonora observó a Narcissa con rabia.
-Sé lo que planeas. Pero espero que sepas que no resultará.- con ceño fruncido, Ginny observó a su anfitriona la cual no parecía descubierta en lo absoluto.
-Que tengas un hermoso día Eleonora…- la despidió la mujer autoritaria. La madre de Millicent, después de darle una mirada irascible a Ginny, se marchó.
Ambas se echaron a reír cómplices. Pero se callaron al observar a Draco ingresar. Estaba furioso. Sus ojos grises parecían incluso más oscuros y amenazadores. Ginny miró hacia otro lado esperando que él explotara, sin embargo, el hombre no dijo nada y se limitó a desaparecer a la biblioteca quizás.
-Bueno, olvidemos todo este desagradable asunto. ¿Qué estábamos a punto de hacer?
-Observar mi vestuario…- Narcissa asintió poniéndose en pie.
-¡Andando!
Ginny salió del baño usando un vestido amarillo chillón que Luna le había confeccionado para su cumpleaños. Al verla, Narcissa agrandó sus bonitos ojos sorprendida.
-Merlín… - exclamó. Ginebra parecía una naranja con borlas y adornos verde chillón y violeta.
-¿Qué le parece?- preguntó Ginny con una sonrisa y dando una vuelta. Reconocía que la primera vez que había visto el vestido le había parecido ostentoso, pero cuando se probó, lo amó. Era muy cómodo y la protegía del frío.
-Pareces una naranja madura con gusanos saliendo de ella…- Ginny se detuvo al escuchar el comentario. – No quiero ver ese vestido nunca más en tu vida.
-Pero heriré los sentimientos de Luna…- protestó Ginny compungida.- Ella lo hizo para mí.
-Herirás los sentimientos del mundo si no te deshaces de él…- sentenció la rubia mirando al vestido verdaderamente asustada. Incluso tenía pequeñas cerezas incrustadas. Todo un desastre. – Veamos el siguiente…- Ginny con ceño fruncido entró al baño y se puso su otra pieza favorita. Un vestido rosado que era de su madre. De sus mejores momentos, claro. Marrón con rayas violetas. Tenía varias florecillas tejidas, y estaba segura de que a su mentora le iba a gustar ese vestido. Más animada, salió con una sonrisa. Observó a Narcissa llevar una mano a sus ojos frustrada. El alma le cayó a los pies.
Queriendo salir corriendo, Ginny se acercó a los espejos un poco más. Narcissa se levantó como esperando lo peor. Se acercó a ella por detrás y la miró a través del espejo.
-Quiero que te mires en el espejo, y que me digas qué es lo que ves…- Ginny algo taimada, observó su reflejo. El vestido estaba un poco descolorido, y completamente pasado de moda, no se ceñía a su cintura, sino que caía prácticamente abombado en la misma haciéndola ver como un tambor pelirrojo. Haciendo una mueca, se dio cuenta de que el vestido la hacía ver más gorda de lo que era. - ¿Qué ves?
-Un tambor de rayas pelirrojo…- contestó como niña.
-¿Descartamos este vestido para cualquier velada o evento?- Ginny asintió autómata y recordó cómo se veía Millicent con su vestido negro de encaje. Parecía una modelo. Hermosa, recia y elegante. – Veamos el siguiente.
Cuando Ginny salió esta vez del baño, Narcissa de verdad pensó que iba a morir. Traía una falda de cuero muy corta, con una chaqueta de la misma tela y una blusa roja demasiado…
-¡Oh Dios mío!
-Esto lo uso para ir a un club. Es de motorizados…
-¿Vas a clubes de motorizados?- Ginny asintió con sus ojos inmensos.
-Verá, hubo una temporada en la cual Charlie se quedó en casa, me dijo que quería que lo acompañara a un club, pero que necesitaba algo de ropa. Así que tomó unos pantalones y una chaqueta vieja suya y las rediseñó y… Voilá…- extendió los brazos para mostrar su ridículo atuendo. Narcissa casi muere de un ataque al corazón.
-¿Son prendas originales de hombre?- Ginny asintió orgullosa por ello. Y Narcissa de verdad pensó que esa familia le había hecho un mal a esa pobre chica. – Acércate al espejo por favor…- Asustada, Ginny obedeció. Se miró con verdadero miedo, Narcissa se posicionó detrás de ella, mirándola con evidente reprobación. - ¿Qué ves Ginebra?
Suspirando, Ginny admitió.
-A una ridícula prostituta.
-Escúchame bien. Bota esto, y no le menciones a nadie que lo tenías. ¿De acuerdo?- asintiendo, y sintiéndose como todo menos una mujer decente, se metió en el baño y se recargó en la puerta. Aquello iba a ser difícil. Muy difícil. Pero la meta era Harry. Y eso no debía olvidarlo.
Después de una hora de probarse todos sus vestidos y verse verdaderamente, Narcissa la guió hacia el basurero, en donde, quemó todas sus pertenencias, excepto algunas prendas comunes con las cuales su mentora no tenía problemas.
Al terminar, se sentaron en el hermoso jardín estilo francés. Narcissa la miró con una pequeña sonrisa.
-¿Cómo te sientes?- Ginny de veras quiso decir que se sentía genial, pero no fue eso exactamente lo que salió de su boca.
-Terrible… No puedo creer que durante toda mi vida me veía como una loca. – Narcissa asintió.
-No te preocupes, no eres la primera ni la última a quien le sucede. Ahora. Quiero que sepas que contraté al mejor estilista francés. Mañana por la mañana iremos a la modista para que te hagan las medidas…
-¿Me harán vestidos nuevos?- inquirió Ginny asombrada.
-Evidentemente.
-Pero… Saldrá todo demasiado caro, y yo no tengo la plata suficiente para pagarlo.- la rubia colocó una mano sobre la rolliza de su alumna.
-No debes preocuparte por eso. Yo cubriré los gastos…- Ginny se ruborizó.
-No puedo permitirlo. Me sentiré como una huérfana impotente.- Narcissa soltó una carcajada y la miró con sus ojos brillantes.
-No debes preocuparte. Yo me encargaré de todo, y no quiero oír ni una queja al respecto. ¿Entendido?- Ginny asintió- muy bien, deberemos entrenarte a dar reverencias, a hablar correctamente, a pulir tu forma de caminar, de mirar. Debemos enseñarte a comer adecuadamente, a bailar y sobre todo… Enseñarte a comer.- al instante la cara de la pelirroja se encendió de carmín.
-Lo sé. Soy una vaca. He tratado de controlar mi apetito pero… Es difícil siendo una cocinera.
-Entiendo, sin embargo debemos bajar el nivel de ansiedad y subir el de dominio propio. Por consiguiente, debes aprender a ejercitarte, y muchas otras cosas. Es importante que sepas que en cada enseñanza semanal, asistirás como prueba a una reunión. O por lo menos cuando sepas las cosas esenciales y aprendas a moverte en círculos elevados. – Ginny suspiró.
-Muy bien
-Lo primero que quiero que aprendas es a ser puntual. Mañana partiremos a las ocho de la mañana a la casa de costura de Mandame Satine.
-Perfecto.
-Muy bien. Puedes ir a descansar un poco. Quiero que sepas que puedes hacer lo que quieras en la casa. Tenemos un salón de música, una biblioteca y por supuesto la cocina. Por si deseas practicar un nuevo platillo. – Ginny le dirigió una sonrisa de agradecimiento a su interlocutora.
-Lo tendré en cuenta.
-Hasta pronto.
Ginny observó la pequeña figura de Narcissa marcharse entre los rosales y suspiró. Aquello iba a ser difícil. Sobre todo con la constante presencia de Malfoy y sus insultos. Pero estaba convencida de que lograría su meta. Ella había aceptado ir hasta allí para convertirse en una dama, y no iba a salir sino siendo una. Recordó a la madre de Millicent y soltó una risita. No entendía como la gente de la aristocracia podía ser tan inútil y tosca. Pero ella se había prometido a sí misma a no cambiar su humildad por nada ni nadie.
Un ruido la despertó de sus cavilaciones, se giró y observó con sorpresa el rostro fúnebre de Malfoy asomarse detrás de una estatua.
-No sabía que aparte de mortífago fueras un agente secreto. – soltando una maldición, el rubio se libró de unas enredaderas y se acercó a ella amenazante.
-No olvides mocosa, que estás en mi casa.
-No lo olvido…- respondió Ginny. – Tú tampoco deberías olvidar que soy la protegida de tu madre.
-Escúchame bien. No vuelvas, jamás a entrometer tu horrible nariz donde no te incumbe, la próxima vez que vuelvas a acercarte a Eleonora o a Millicent lo lamentarás. – indicó señalándola. Ginny entornó los ojos de furia al escuchar su demanda, se puso en pie de un santiamén y lo miró con odio.
-¡No te atrevas señalarme así Malfoy inútil! – Dijo palmeando la pálida mano del rubio fuera de su vista.- Y yo hago lo que se me pega la regalada gana. ¿Entendiste? – se dio la vuelta para regresar a la mansión, pero la voz rastrera de la ex serpiente la detuvo.
-Eres una malcriada y mal agradecida. Debí dejar que te pudrieras en la sala de aurores. – asombrada ante sus palabras, Ginny lo encaró enojada. Draco sonrió al ver su expresión y aquella chispa en sus ojos ¿Azules? El sol le caída de lleno iluminando su cabello fuego y su piel nacarada, ahora sonrojada de ira. Observó que la blusa dejaba ver algunas pecas en sus hombros, y no supo decir si el detalle lo asqueó o hipnotizó. Despertó al darse cuenta de que ella se acercaba a él, pero sus traicioneros ojos se desviaron a los labios de la chica, rojos, atrayentes, como su cabello.
-¡Eres un bicho sádico! Seguramente tratabas de seducirme ¿Cierto?...- Golpe bajo, despertó completamente, y en vez de ser Draco el que respondiera, su parte Slytherin se adelantó.
-¡Pff! No te des demasiados créditos cariño. ¿Acaso no viste a mi futura esposa? ¿Crees que me interesaría en alguien como tú teniéndola a ella? – Ginny lo miró y al instante lo odió. Sí, ella recordaba a Millicent. Con sus increíbles curvas, con su plano estómago, senos perfectos y piernas que parecían esculpidas por los dioses. Sí, era preciosa. Ella lo reconocía, pero él no tenía ningún derecho en compararlas.
Él supo que no tuvo que haber dicho eso en el momento en que los ojos de la chica cambiaron a verdes…
-¡Maldito cabrón!- explotó Ginny pisándolo con todas sus fuerzas, Draco se encogió de dolor, dio varios saltos ridículos sobre su eje tomándose el pie con ambas manos. Nunca había sido pisado por una morsa, ahora sabía cómo se sentía. – Espero que te vaya bien con tu estúpida cabeza hueca, y espero que engendren hijos mongólicos y sin cerebros que se parezcan a su padre. Puede que sean bellos, pero de ahí, no pasarán. – y con la barbilla bien en alto, se marchó. Dejando atrás a un dolorido Malfoy con una lección aprendida.
Nunca te metas con un Weasley, o por lo menos, con una Weasley, podrás salir herido de formas inimaginables.
CONTINUARÁ
Happy Holidays!
