NT: ¡Muchos cambios en este nuevo capítulo! Estoy segura de que os va a gustar :)
Capítulo 11: Sirviendo.
Por primera vez desde que lo había comprado, el teléfono de Draco por fin sonó con alguien que no fuera Granger hablando desde el otro extremo.
—¿Hola? —preguntó, hablando demasiado fuerte.
—¿Draco Malfoy? —dijo una voz al otro lado.
—Sí, soy yo —respondió él, tratando de hablar en voz más baja, recordando lo que le había dicho Granger sobre que no era necesario gritar para ser escuchado a través de esas cosas.
—Soy Tony, de DiAngelo's. Tengo aquí su solicitud para unirse a nuestro equipo de camareros. Francamente, usted no tiene la experiencia suficiente como para servir a nuestros clientes. Sin embargo, estamos buscando un nuevo ayudante de camarero. ¿Estaría usted dispuesto a venir para ser entrevistado?
Draco arrugó la nariz, y luchó contra su deseo natural de oponerse a cualquier persona que no pensara que pudiera ser bueno para algo, recordándose que aquella era la única respuesta que había recibido a todas las solicitudes que había entregado después de dos días enteros caminando por la ciudad. Además, era evidente que sus fondos eran desesperadamente bajos llegados a ese punto del mes.
—¿Todavía está ahí, señor Malfoy? —preguntó la voz en el otro extremo de la línea.
Draco se obligó a volver a la realidad, respondiendo rápidamente.
—Sí, todavía estoy aquí —"concéntrate en ser encantador", se dijo a sí mismo—. Estaría feliz... de ir para realizar la entrevista. ¿Cuándo le gustaría verme?
El hombre del otro extremo de la línea dejó escapar un suspiro que Draco no pudo interpretar.
—Dos ayudantes han dejado su puesto en la última semana y uno está enfermo. Si usted pudiera venir hoy mismo, a las 11 de la mañana, sería estupendo. Me gustaría recibirle cuanto antes. Y dependiendo de cómo vaya la entrevista, ¿sería posible que empezara esta noche?
—Por supuesto —dijo Draco, apuntando la dirección que le había dado el hombre en un trozo de papel—. Nos vemos a las 11.
La línea se cortó y Draco deslizó su teléfono en el bolsillo. Finalmente, después de tanta espera, tenía una entrevista. Se preguntó vagamente qué se suponía qué hacía un ayudante de camarero, pero pronto decidió que no importaba. Necesitaba el dinero. Y un trabajo. Y esta era la única respuesta que había tenido en semanas. Haría lo que fuera necesario, incluso si resultaba ser un poco más desagradable que la limpieza de la jaula de Xavier. Él aceptaría el puesto.
Cogió sus llaves y se dirigió al apartamento de Granger. No había estado allí en unos días, desde que las comadrejas habían aparecido de la nada. Vaciló un momento antes de llamar. Esperaba verla bien... Sería bastante embarazoso para los dos que le abriera la puerta con la cara empapada por las lágrimas, pues estaba convencido de que no sabría qué decir para ayudar. Luego pensó que si ella todavía estaba triste o decaída, ayudarlo a prepararse para su entrevista de aquella mañana podría servirle para despejarse.
Trató de borrar la ansiedad de su rostro cuando llamó a la puerta.
Después de unos momentos, se escuchó a Granger caminar hacia ella y abrirla.
Su cabello estaba más encrespado que de costumbre y todavía estaba en la bata. A decir verdad, todavía era bastante temprano, las nueve, para ser más exactos. Y tampoco es que tuviera muchas cosas que hacer.
—¿Malfoy? —dijo ella, bostezando.
—Granger, finalmente me han llamado —respondió él—. Tengo una entrevista en aproximadamente 2 horas. ¿Me ayudas a prepararme?
Draco se dio la vuelta sin esperar una respuesta, seguro de que su curiosidad la induciría a seguirlo. Y no se equivocaba. Ella cerró la puerta al salir de su piso y le siguió los pocos metros que había hasta su apartamento.
—¿Es cierto, Malfoy? ¿Uno de los restaurantes a los que solicitaste trabajo por fin te ha llamado? —el hecho de poder distinguir perfectamente la sorpresa en su voz le proporcionó una cierta satisfacción.
—Sí —comentó, orgulloso.
—Yo ya estaba pensando que habíamos puesto las expectativas demasiado altas y que tendríamos que pensar en alguna profesión que no requiriera experiencia… —respondió ella.
Él se encogió de hombros.
—DiAngelo's se llama. Me han dicho que no me quieren como camarero, sino como ayudante de uno de ellos. ¿Qué es un ayudante de camarero?
Hubo un tic en la comisura de la boca de Hermione.
—En lugar de tomar las comandas y llevarle la comida a la gente, vas a tener que lavar los platos sucios y limpiar las mesas —él frunció el ceño. Eso sonaba a ser el último en la jerarquía, y lo cierto es que no le gustaba—. Pero, francamente, me sorprende que te estén ofreciendo trabajar en un lugar tan bonito como ese. Si les gustas, acepta el puesto. Siempre se puede ascender con el tiempo. No tienes ninguna experiencia con los clientes, y ésta puede ser una buena oportunidad para empezar a tenerla. Podría haber sido mucho peor —dijo ella simplemente.
—¿Qué me pongo? ¿Qué digo? —preguntó el rubio, caminando hacia su habitación y abriendo el armario.
Ella estuvo de acuerdo cuando él eligió unos pantalones negros y una camisa blanca de botones, y lo observó mientras planchaba las prendas.
—Tienes que estar presentable. Intenta ser encantador, pero sin olvidar ser eficiente y capaz. No basta con sólo tener una cara bonita.
Un súbito pensamiento lo golpeó de repente.
—¿Alguna vez has hecho una entrevista para un puesto de trabajo en el mundo muggle? —quiso saber.
—No exactamente, pero sé qué esperar. Mis padres... Mis padres solían comentar en la cena sus impresiones cuando se entrevistaban con personas que querían ser recepcionistas o auxiliares en su clínica… —ella se mordió el labio—. Seguro que lo haces bien. Ellos ya tienen tu solicitud rellena, y si te han llamado ha sido porque te necesitan. ¿Te han dado alguna otra información?
—La entrevista es a las 11. Si les gusto, quieren que empiece esta noche. Al parecer han perdido algunos ayudantes esta semana.
Él se percató del ceño fruncido en el rostro de Hermione antes de que pudiera disimularlo.
—¿Qué?
—Eso suena un poco mal... ¿Varios ayudantes dejaron el trabajo? ¿Más de uno? Debe haber alguien por allí con quien sea una auténtica pesadilla trabajar. Pero es todo lo que tienes en este momento, así que es mejor que nada —dijo secamente.
Granger también se vistió y lo acompañó, interrogándolo sobre la marcha sobre las posibles preguntas de la entrevista que podrían hacerle, tratando de ayudarle a llenar los vacíos cuando no sabía qué responder y advirtiéndole que no podía ser del todo sincero. Nadie querría contratarlo si empezaba a hablar de que estaba en el mundo muggle cumpliendo condena.
Cuando salieron del metro, Hermione le hizo la última pregunta a Draco, dedicándole una sonrisa de confianza cuando llegaron al restaurante, y yéndose a un café al otro lado de la calle.
Draco tragó saliva antes de entrar en el establecimiento para su entrevista. Se encontró extrañamente nervioso mientras tomaba un respiro, observando el restaurante. Estaba bastante oscuro, y aparte del ruido de la cocina al fondo, no parecía tener mucha actividad. Las mesas estaban vacías, a la espera de que alguien llegara y extendiera un mantel, cubiertos y velas sobre ellas. Escuchó una voz a su izquierda.
—Aquí está. ¿Draco Malfoy, supongo? Soy Tony —dijo el hombre—. Soy el gerente de aquí. Vamos a tomar asiento y conversar, ¿le parece?
Draco se sentó en el bar junto al hombre, que tenía un aspecto bastante normal, aunque con un poco de barriga. No terminaba de entender la ropa que llevaba puesta.
—Me temo que no tengo una oficina ahora mismo, por lo que la barra va a tener que hacer las veces de escritorio. ¿Qué tipo de educación tiene usted?
Él sacó lo que Draco reconoció como su solicitud, y pudo distinguir varias anotaciones que se habían hecho en ella.
—He terminado la escuela secundaria, pero no he ido a la universidad —respondió de memoria.
—Ya veo —él hizo otra anotación—. ¿Y qué tipo de experiencia tiene usted con los restaurantes de calidad?
Él suspiró. Granger y él habían acordado lo que tenía que responder a esa pregunta a modo de explicación de su falta de historial de trabajo.
—Me temo que la mayor parte de mi experiencia es como cliente. Hasta hace poco, yo estaba viviendo bastante bien, pero ahora mi familia está pasando por una mala racha. Es por eso que no voy a poder empezar la universidad este otoño, como pretendía.
—Ya veo —dijo Tony, volviendo a escribir sobre el papel—. ¿Sabe usted cuáles son los deberes que implicaría el puesto?
Draco continuó respondiendo a las preguntas que le hacía lo mejor que pudo, y trató de reprimir su irritación al llevar un rato. Parecía que nunca acabaría. Por fin, unos minutos después, el hombre dejó de preguntarle cosas y durante un momento ninguno de los dos volvió a hablar. Tony parecía sumergido en la lectura de todas las notas, mirando a Draco de vez en cuando… Y gracias a Merlín, pareció llegar a una decisión.
—Su turno empieza a las cinco por lo general, pero venga mejor a las cuatro de esta tarde para poder explicarle algunas cosas. Derrick le mostrará el restaurante y demás. Estamos encantados de tenerlo entre nuestros empleados. La ropa que debe usar es unos pantalones negros y una camisa blanca. Nada de zapatillas de deporte. Cuando vuelva, tendré el manual de iniciación y la política de la empresa lista para usted.
Draco le dio las gracias y se fue, preguntándose dónde se habría metido. ¿Quién iba a contratar a alguien después de hablar con la persona en cuestión durante poco más de media hora? El hombre debería estar excepcionalmente desesperado. No era un buen augurio para Draco.
Encontró a Granger esperando en el café, leyendo un libro y bebiendo té. Se sentó en una silla frente a ella.
—¿Cómo ha ido?
—Me han contratado —dijo encogiéndose de hombros, como si no fuera gran cosa.
—Vaya, no esperaba que fueran a darte la noticia tan rápido —comentó Hermione, sorprendida.
—Lo que significa que el trabajo es probablemente peor de lo esperado —respondió Draco, poniendo los ojos en blanco. Ella le dedicó una mirada, y él respondió antes de que pudiera abrir la boca—. Lo sé. No estoy en condiciones de pedir nada más, y conseguir algún tipo de trabajo es mejor que no conseguir ninguno… —suspiró—. Tengo que estar de vuelta a las cuatro.
Cuando regresó del restaurante, sintió todo su cuerpo dolorido. Olía a pescado, y tampoco estaba seguro de qué era la sustancia con la que se había manchado la camisa. Los platos eran pesados, ¿y por qué había dejado la gente tanta comida en ellos? Le dolían los pies más que cualquier otra cosa, pero su espalda y sus brazos también habían sentido la presión del trabajo.
No podía decidir si lo que más necesitaba en aquel momento era una ducha caliente o, directamente, la cama. Mientras seguía subiendo pesadamente las escaleras se preguntó si Granger estaría arriba. Supuso que lo más seguro sería que a esa hora estuviera en casa. Llamó una vez a la puerta y esperó un momento. Si no daba señales de vida en un par de segundos, se iría a su casa y volvería por la mañana. Al no recibir respuesta, se dio la vuelta y se dirigió a su apartamento… Pero un segundo después Hermione asomó la cabeza por el pasillo y dijo:
—Tienes una pinta horrible…
—Así es como me siento.
Draco se giró, volviendo sobre sus pasos y entrando en casa de Granger. Logró retener un poco de su dignidad y consiguió no caer desplomado sobre el sofá. Tenía el flequillo pegado a la frente de todo lo que había sudado. Hermione lo observó por encima, apresurándose a hacer un poco de té. Le ofreció una taza y él la tomó rápidamente.
—¿Mala noche?
—Ni te lo imaginas —respondió él, procediendo a detallar su primer día, desde el tono condescendiente del hombre que había sido puesto a cargo de su formación hasta el cliente que parecía que le había empujado a propósito—. Quieren que esté en todas partes al mismo tiempo —se quejó.
—Bueno, para eso firmaste un contrato —le recordó ella. Él le dedicó una mirada irritada, dándole un sorbo al té—. ¿Te han dado un horario?
—Trabajo las próximas dos noches, jueves libre, y vuelvo a trabajar el viernes y el sábado.
Hermione asintió. Malfoy estaba asumiendo responsabilidades, consiguiendo así ser responsable. Era sólo el primer día en su primer trabajo... pero era un buen comienzo. Se estaba moviendo para superar su condena de la mejor forma posible… Fue en ese preciso momento cuando ella tomó una decisión.
—Mañana voy a ir al boticario.
No iba a seguir mandando a su lechuza para que le trajera sus pedidos, aunque tuviera que esconderse de Rita Skeeter. En cuanto al resto de sus metafóricos fantasmas... simplemente tendría que aceptarlos como vinieron. Ella pertenecía a un lugar, que era el mundo de los magos, y no seguiría alejándose de él.
Draco no pareció sorprendido por sus palabras, ni por la determinación de su voz. Ya era hora de que Granger empezara a dejar atrás el pasado. En lugar de hacer comentarios sobre aquello, le preguntó en qué poción pensaba trabajar aquella semana.
En el momento en que Draco dejó el apartamento de Granger y volvió al suyo propio, se encontraba mucho peor de su agotamiento, por lo que no tardó en irse a la cama.
Hermione se despertó al día siguiente y, siguiendo su rutina, tomó un pequeño desayuno, se duchó y se vistió, haciendo todo lo posible por mantener los ojos alejados de la parte donde guardaba la ropa de Ron.
Albergaba la esperanza de ser sólo otra cara más entre los clientes del callejón Diagon. Realmente esperaba dar una buena impresión en Mulpepper, por lo que se recogió el pelo para dar una apariencia de orden. Comprobó de nuevo la lista de los ingredientes que necesitaba para aprender por sí misma a hacer un par de pociones en las próximas semanas, cogió su varita, y se colgó el bolso al hombro. Por primera vez en mucho tiempo, dio un giro sobre sus talones y se desapareció.
El callejón Diagon estaba repleto de personas, como era de esperar en la última semana de agosto. Vio a niños y niñas en las nuevas túnicas de Hogwarts y sintió un nudo en el estómago. Debería haber ido a ver a McGonagall hace semanas, antes de que todos los estudiantes llenaran sus pasillos de nuevo.
Aún podía ver los signos de la guerra en la calle, así como las tiendas que indicaban que aún no reabrían. Ella dio un gran rodeo para no pasar por delante de Sortilegios Weasley. También vio que la heladería de Florean Fortescue seguía cerrada. En Eylops Owl Emporium compró un par de bolsas de golosinas de búho y las guardó en su bolso. Estaba empezando a sentirse incómoda y quería irse. No estaba segura de lo que le molestaba… Tal vez era que la mayoría de las cosas tal y como las conocía habían cambiado, o tal vez fuera la gente… ¿Cómo podía todo el mundo seguir con sus vidas como si nada hubiera cambiado, después de todo lo que había pasado? ¿No se daban cuenta de lo que había sucedido? ¿Cómo era posible?
Lo que le dijo a Ginny de que quería que retomara sus estudios ese curso era cierto… Su amiga debía estudiar ese año que ella nunca había tenido. Se merecía un año escolar en el que lo único terrible al final del mismo fueran los exámenes. Y, sin embargo, parte de ella miraba a su alrededor y esperaba que las cosas no hubieran cambiado, que fueran exactamente igual a los años que ella había estado ahí.
Se vio contrariada por los cambios que habían hecho las tiendas… Algunas parecían haber cambiado su personal, y otras habían cerrado por completo, como Fortescue. Las cosas no eran como ella las recordaba. Eso fue hace una vida.
Ella se apresuró a meterse en un pequeño pasadizo que había entre dos tiendas y se dedicó un momento para tomar aire. Necesitaba calmarse. Podía hacerlo. Había decidido empezar a tomar de nuevo las riendas de su vida. Recordó la ansiedad que sintió cuando pisó Hogwarts por primera vez, sin conocer a nadie. Había logrado superarlo con éxito, y ahora ya no estaba tan sola. O quizás sí.
Tragó saliva y mantuvo la cabeza alta mientras entraba al boticario de Mulpepper. Pronto se encontró inmersa en la abrumadora cantidad de olores y colores de los distintos botes de los estantes. Allí había ingredientes que sólo había visto en los libros, y una serie de cosas mucho más allá del kit de pociones del estudiante de Hogwarts. Dio una vuelta por los estantes con fascinación, preguntándose si había alguna posibilidad de conseguir preparado de sapient en vez de la raíz completa. Cogió una cesta de mimbre junto a la puerta y comenzó a colocar los artículos de su lista en ella, así como algunos otros elementos que parecían interesantes. Tenía la intención de entablar conversación con Mulpepper pero descubrió que no se encontraba allí al ir a la caja registradora. Aun así, hizo todo lo posible por hacerlo con su asistente, haciéndole preguntas inteligentes acerca de algunos de los ingredientes. El ayudante de Mulpepper parecía perfectamente capaz de responder a la mayoría de sus preguntas, pero admitió que había una o dos sobre las que no estaba seguro. Le ofreció enviarle una lechuza respondiendo a sus preguntas cuando el maestro Mulpepper regresara. Hermione vaciló. ¿Debería hacer oficial que había regresado? Conseguir empezar a mensajearse con Mulpepper sólo podía resultar algo ventajoso, ¿no? Ella aceptó su oferta con rapidez.
Una pequeña sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de Hermione mientras salía del boticario. Ella había salido de casa, y más o menos había hecho lo que pretendía. Además, no había tenido ningún encontronazo con Skeeter. Se sentía triunfante. Consideró pasarse entonces por Sortilegios Weasley. Tal vez pudiera ver a George. Caminó hasta llegar a ella y miró por la ventana, pero ver aquel cabello pelirrojo moverse de un lado a otro de la tienda le hizo retroceder. Hoy no. Algún otro día, seguro. Quizás la próxima vez. Encontró un lugar fuera del camino y se apresuró a desaparecerse. Poco a poco, era mejor no correr.
Hermione estaba contenta de ver que su última poción parecía ser un éxito, ya que coincidía con la descripción que daba el libro sobre cómo debía quedar, aunque no era exactamente la que le importaba...
Recordó que sólo tenía unos pocos días antes de que comenzara el plazo de solicitud de trabajo en Hogwarts. Tenía que ir a ver a McGonagall…
Hermione estaba haciendo planes: quería arreglárselas para hacer el examen de pociones nivel EXTASIS en septiembre. Estaba realmente convencida de querer hacerlo. Seguiría practicando por sí misma hasta que llegara el día, haría el EXTASIS y empezaría un aprendizaje formal con Belby. Necesitaba conseguir tener contacto directamente con él y lo sabía… Pero sentía que necesitaba otro par de semanas para seguir practicando. No podía permitirse el lujo de fallar. Belby ya tenía recomendaciones de McGonagall y Slughorn, pero no se había puesto en contacto con ella, y ella no había insistido... todavía. Pero lo haría. Se prometió que lo haría.
Hermione comenzó a escribir una carta a McGonagall, y la leyó tres veces antes de enviarla.
