Young and Beautiful de Lana del Rey. Propuesta de Carrie Summertime


ºSiempre contigoº

Mimato


Cuando Yamato regresó a su casa no necesitó buscar demasiado para dar con Mimi. Sabía que estaba en casa por el olor a comida y el perfume que siempre llevaba. Aunque nunca había sido de gustarle los olores fuertes la colonia de esa mujer mezclada con sus propias feromonas le encantaba.

La encontró sentada en la cama de matrimonio que había comprado desde que eran pareja. Llevaba una de sus camisas y el cabello suelto y ligeramente revuelto, como si se hubiera pasado muchas veces los dedos en él para echarlo hacia atrás.

Había muchos papeles desperdigados por la colcha y en el cenicero descansaba un cigarrillo que le quitó para llevárselo a los labios. Tras darle una calada, la besó.

—¿Qué haces aparte de desordenar mi cuarto?

—Escribía. Bocetaba. Pensaba.

Yamato aferró una de las hojas entre los dedos. Había una pregunta resaltada. La dejó para coger otra. La misma pregunta, solo que rodeando una pastel. En otra hoja, la pregunta se enroscaba en unos pantalones vaqueros.

—Creo que puedo ver qué te atormenta.

Ella clavó la mirada en él.

—¿No vas a decir nada?

—¿Serviría un te quiero?

—Claro que no sirve. Necesito que me digas que me quieres para todo el tiempo. Para lo que queda de mí. Para el futuro que tendremos. ¿O no tendremos futuro?

Yamato se rascó la cabeza, dudando.

—¿No has escuchado lo que he dicho?

Mimi pestañeó como si intentara hacer memoria. Cuando cayó en la cuenta se sonrojó y abrió la boca tanto que podría caberle el puño de su mano entero.

—¡Lo has dicho!

—Lo he dicho —confirmó.

Mimi se colgó de su cuello. Pateó las hojas con sus pies desnudos y casi tiró el cenicero si no lo hubiera quitado de en medio antes de tiempo.

—Entonces. ¿Estarás entonces ahí en el futuro? ¿Cuándo esté arrugada y sea fea?

—Yo estaré más arrugado y más feo.

—Tú nunca estarás así —reprochó—. Tú vas a ser hermoso para siempre. Incluso cuando yo me vaya, te llevaré conmigo al cielo. No dejaré que te vayas a ningún otro lado. Porque iremos al cielo. Nos lo merecemos.

Yamato le dio palmadita en la cabeza.

—Sí, sí.

Ella sonreía feliz. Siempre era así. Dudaba de su existencia. Del mañana. Le podía dar miedo un momento ese qué llegará y luego estaba deseando comérselo. Con él de la mano.