CAPÍTULO 11: ¿TREGUA?

Disclamer: Ya lo he dicho antes, no es mío. Gontran, Erwin, Conrad, Alin y Twig, ellos sí son producto de mi loca cabecita. Jeje.

N/A: ¡Oh, qué hermosa sorpresa me has dado, Krissel Majere! En verdad tu review me dejó perpleja, y quiero darte, una vez más, las gracias por tu apoyo y tus alentadoras palabras. Haré todo lo que esté a mi alcance por no defraudarte. Ahora, el resto, ¿se ha perdido en un Oubliette? Espero que no estén violando a Jareth, niñas, ¡eso no está bien! Al menos, avisen, ¿no?

Por la mañana, Sarah se encontraba en la biblioteca, ya que el monarca le había indicado a Twig que la condujera allí, y que permaneciera junto a ella hasta que él pudiera dejar a un lado los asuntos reales. ¡Cuando la joven oyó semejante orden tuvo ganas de protestar, ella prefería ver a su hermano! Y como si él leyera sus pensamientos, hizo aparecer a Toby y a la goblin que lo cuidaba.

De inmediato tomó en brazos al niño y lo besó con cariño. Éste le sonrió y se aferró de sus cabellos. Jareth se marchó dando un nuevo comando; que podría tenerlo con ella hasta que fuera la hora del alimento del pequeño. Sarah ni siquiera pudo darle las gracias en vista de que ya se había marchado. Así que Toby, su nana, Twig y Sarah se dirigieron a la biblioteca hasta que llegó la hora de que la goblin se retirara con Toby, quedando la joven con su criada.

A media mañana, el Rey Goblin hizo su aparición en el misma estancia que Sarah. Estaba sentada con su cabeza inclinada hacia un lado con el cabello cayendo libre hacia un costado, en un confortable sillón, compenetrada en un libro de fantasía, y no advirtió el ingreso del soberano. Twig en seguida se inclinó y se retiró ante el movimiento de cabeza que le indicó la salida junto a una leve sonrisa.

Jareth se aproximó a Sarah por detrás y espió las páginas. Esa era sobre el amor imposible entre una fairy y un vampiro. En esa parte de la historia, él vampiro se tentó en morder el cuello del hada que, al caer la noche, inocentemente se había quedado dormida junto a una laguna próxima al castillo de la criatura de la noche. Ella parecía vivir cada palabra que su mirada capturaba por cómo sus ojos cambiaban de tamaño y de expresión. A él le causó gracia. Una cosa era haberla visto actuar en el parque, pero, esto era mucho mejor porque era absolutamente inconsciente.

Jareth se inclinó hacia la porción de nuca que quedó descubierta y con cuidado la mordió con suavidad. Sarah ahogó un grito y pegó un pequeño brinco asustada; dejando caer el libro al suelo. Jareth no pudo más que reír; en tanto, ella se puso de pie.

-¡Eres tú!- clamó enfadada. -¡¿Cómo te atreves, Rey Goblin?! ¡¿Por qué hiciste eso?!

-¿No te gustan los vampiros?- dijo jocoso. -Pensé que era lo que deseabas ya que ni te diste cuenta de mi llegada.

-¡Claro que no si te apareces de repente!

-Sarah, entré por la puerta.- le hizo ver él sonriente.

-¡Pues…, no importa! ¡Ya que entraste por ella ahora puedes salir y dejarme en paz!

-Sarah, tenemos que hablar, ¿recuerdas? No podemos postergar nuestra conversación por más tiempo.

-¡Tú no podrás!- espetó ella. -¡Yo puedo vivir sin cruzar una maldita palabra contigo por el resto de mi vida! ¡Es más, prefiero pasar mi tiempo en un oubliette antes de seguir soportándote!- él suspiró agotado. ¿Cómo iban a hablar si ella siempre estaba a la defensiva?

-¿Sarah, podemos tener una charla civilizada? ¿No te das cuenta que el suspenderla nos lleva a situaciones tan incómodas como la de ésta mañana?

-¡Pues, eso se arregla fácil, Rey Goblin! ¡No vuelvas a entrar a mi alcoba!

-No me refería a ese momento; de hecho, ese fue de lo más grato.- sonrió con picardía.

-¡Vete al diablo, Su Majestad! ¡En verdad, te odio! ¡¿Sólo te estás vengando de mí porque la primera vez gané, verdad?!

-No.- la observó a los ojos. -Si bien debo reconocer que me causa… cierto placer la oportunidad de ésta pequeña satisfacción. En tu primer viaje jugaste con mi buena voluntad, Sarah.

-¡¿Qué yo…?!- Abrió la boca anonadada. -¡¿Qué hay de ti, Rey Goblin?! ¡Robaste a mi hermano, no una si no dos veces; me encerraste en el oubliette; me arrojaste al Bog of Eternal Stench, me engañaste y todo por partida doble! ¡Yo sólo quería a Toby de regreso! ¡Nada más!

-Sarah, lo hice por ti. Tú querías tener aventura, emoción.- se acercó a ella serio. -Dime, Sarah. ¿Alguna vez te lastimaste? ¿Alguna vez estuviste en un lugar sin posibilidad de escapar del 'supuesto gran peligro'?- La joven tragó saliva. Bueno, por cierto que siempre salió impresionantemente intacta de cada riesgo.

-Bueno…, siempre estuvieron ellos ayudándome…- dijo con cierta tenacidad; porque aún no recordaba los nombres, pero, sabía quienes eran 'ellos.' Los recuerdos habían estado regresaron a ella durante el refortificante baño de la noche.

-¿Y, en éste último?- presionó él.

-En éste último todo fue muy extraño… Todo era igual, pero, a la vez no. Y no había ningún ser vivo allí afuera que pudiera ayudarme.

-¡Oh, gracias, mi querida! ¡Cuando gustes, llévame flores a la tumba!

-¡Tú no me ayudaste, tú sólo…!

-¿Sí? ¿Sólo qué?- la instó.

-¡Tú sólo te divertiste a mi costa y me distrajiste para que perdiera mi valioso tiempo!- Jareth resopló echando sus ojos hacia atrás. -¡Por eso no te vencí ésta vez! ¡Eres un tramposo!

-¡No me hagas reír, Sarah! ¡Si llegaste sobre la hora fue porque yo te ayudé! ¡Jamás hubieras podido terminar el camino que anteriormente hiciste en trece horas en siete!

-¡¿Trece horas?!- exclamó airada. -¡¿Cuándo me diste realmente trece horas?! ¡¿O ya olvidaste cuando me robaste aquellas horas en mi primer viaje y que ésta vez también me quitaste tiempo?!

-Si te quité tiempo las dos veces fue porque me provocaste. Era eso o besarte delante de ese tonto de Higgle. Y ésta vez, fue sólo para que recordaras. Por si no te has dado cuenta, desde el primer instante en que advertí tu pérdida de memoria me dediqué a darte pistas de tu primer viaje a lo largo de éste último.

-¡No es Higgle es…!- se detuvo unos segundos. -¡Bueno, lo importante es que como tú dices, lo hecho hecho está! ¡Así que no hay excusas que valgan, Rey Goblin!

-Pues, lo mismo va para ti, Sarah. Tu hermano es mío ahora, así como lo eres tú.

-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no me regresaste a mi casa si tan sólo querías a Toby?!

-¿No es obvio? Toby me simpatiza mucho. Es un verdadero encanto. Pero…, tú me resultas más atractiva.- se encogió de hombros con diversión y se aproximó a ella ahora con sensatez. -Sarah, tú eres lo que quiero. Todas esas tardes que actuabas frente a mí, que me perseguías…

-¡Pero, yo no sabía que eras tú! ¡No sabía que eras real!- se lamentó.

-¿Y tanto te molesta que lo sea?- se mostró dolido. -¿Preferirías que desaparesca para siempre, como la primera vez?

-N-no, pero…

-¡¿Alguna vez te preguntaste, Sarah, qué era de mí mientras tú festejabas tu gran victoria?!- se molestó. -¡¿Te importó acaso saber qué pasaría con todo esto, con mi gente o conmigo?!- hizo una pausa. -¿Pensaste aunque fuera un instante en mí?- ella se mordió el labio inferior; jamás le respondería a algo como eso.

-¿Qué tiene que ver eso con tus sucias trampas?- fue todo lo que contestó. Jareth la aferró de los hombros.

-¡Sarah, no estoy jugando! ¡No todo es trampa, no todo es juego!

-Entonces, regrésanos a nuestro mundo.

-No. No puedo. No quiero.

-¿No puedes o no quieres?

-Tú perdiste, Sarah. No puedes reclamar algo como eso.

-¡¿Y, qué hay de Toby, entonces?! ¡¿Por qué él tiene que pagar las consecuencias de mis faltas?!- los ojos se le llenaron de lágrimas; que inevitablemente comenzaron rodar por sus mejillas. Aquella culpa la estaba matando. Toby era tan inocente…

-Sh…- Jareth la liberó para rodearla con sus brazos trayéndola para sí. -Tranquila, amor.- ella dejó salir su congoja sobre su pecho. -¿Acaso no crees que él será más feliz aquí? Él será el dueño de todo esto, Sarah.- intentó hacerle ver él.

-¡Tú no entiendes…!- trataba de explicar entre sollozos. -¡Ningún niño puede… ser feliz lejos… de sus… padres! ¡Ninguno!- dijo con pasión sujetándose más de las solapas de su chaqueta azul. Jareth suspiró, pensando en su niñez… Él en verdad, deseaba tener a Toby, aunque…, claro que también deseaba tener niños propios… Observó a la muchacha entre sus brazos. Todo era como la alquimia, nada se daba a cambio de nada; si querías obtener la piedra filosofal, debías equilibrar los materiales a usar; esas eran las reglas; nada se hacía a cambio de nada; y el equilibrio regía todo. Y él no podía cambiarlas, por más poderoso que fuera.

-Sh…, escúchame.- tomó su barbilla para que lo enfrentara. -¿Qué si te doy… una posibilidad de que Toby regrese a su hogar?- Ella abrió sus ojos con sorpresa, todavía con algunas lágrimas escapando de sus hermosos ojos.

-¿Por qué tú harías algo así?- cuestionó con desconfianza, tratando de ocultar la esperanza que sus palabras le habían dado.

-¿Podría ser porque simplemente no me gusta verte sufrir de ésta manera?- respondió secándole las lágrimas con sus pulgares ocultos tras negros guantes.

-¿Y…, qué sucederá conmigo?

-¿Si te diera una sola oportunidad entre los dos, a quién se la darías, Sarah?- pareció probarla. Ella respiró con introspección.

-A él.- dijo finalmente con firmeza. -Yo soy la única culpable de que estemos… aquí. ¿Pero…, no hay ninguna posibilidad…?

-Tu permanencia aquí no es negociable, Sarah. Sólo uno puede ir al Aboveground, y sólo él.- le aclaró. -Pero, aún así hay un precio que pagar.

-¡¿Qué?!- espetó ella con sorpresa apartándose un poco de él.

-Son las reglas, Sarah. Hay reglas las cuales hasta yo debo cumplir, me guste o no.- se defendió y la observó a los ojos. -¿Quieres o no quieres que él regrese con su familia?

-¡Claro que quiero! ¿Qué debo hacer?- él la observó examinador; para finalmente hablar.

-Déjame pensarlo bien y ésta noche te diré qué es lo que quiero a cambio. En consideración de que partirá algo de gran valor, lo que se trueque debe ser equitativo o superior. Pensaré en algo y consultaré con la magia de Labyrinth y te lo haré saber. ¿De acuerdo?

-¿Luego no me dirás que no, verdad?- temió ella.

-No, cosa preciosa. Confía en mí. Dame ésta oportunidad de demostrarte que no soy como tú dices un tramposo. Que me gusten las bromas e intrincados acertijos y juegos no me hace un embustero. ¿Me darás esa chance?- ella parecía dudar. ¿Podría confiar en él? ¿Qué si después le negaba el regreso a Toby y se burlaba de su ingenuidad? Mas, si no le daba la oportunidad, tampoco la tendría su pequeño hermano.

-Está bien. Yo… no confío plenamente en ti, pero…, intentaré.

-Bien.- sonrió él con agrado. -Entonces, todo está solucionado.- observó la hora en el mecanismo colgado en la pared. -Todavía tengo un poco de tiempo libre. ¿Qué te parecería conocer parte del jardín? Sé que ésta tarde te vas de paseo, pero, al menos, deseo empezar a mostrarte algo de todo lo que te prometí. Sujétate de mí.- susurró. Sarah obedeció cerrando sus ojos y con sus mejillas sonrojadas. Él la atrajo más hacia sí estudiándola con contento para seguidamente aparecer junto a una de las fuentes de agua. -Bien…, aquí estamos, mi querida.

Sarah abrió los ojos y no podía creer que aquel lugar fuera tan maravilloso. Y abstraída por lo que tenía frente a sus ojos se apartó suavemente del fey. ¡Todo era perfecto! ¡Las esculturas, las fuentes, el agua cristalina, las flores, las hojas, los árboles! ¡Ni siquiera el artista más dotado podría plasmar esa belleza en lienzo, papel o film alguno!

-¡Es… increíble! ¡Sólo…!- quedó tan sorprendida que no encontraba las palabras. Él continuaba feliz de que ella se sintiera conforme con lo que veía. -¡No sé! Es como… como… ¡el paraíso!

-Sí.- sonrió él sin dejar de observarla. -Un paraíso en verdad, ¿no?

-¡Sí!- corrió hacia unas rosas, las cuales olfateó. -¡Mh…! Qué dulce… Jamás olí algo como esto. Siempre que mi padre le regalaba rosas a… mi madre o a Karen, jamás llegaban a tener éste aroma.

-Te lo dije. Aquí todo es mejor. El Aboveground alguna vez llegó a aproximarse a esto; pero…, los mortales nunca fueron demasiado cuidadosos con su mundo.

-Sí; lo sé.- dijo con un suspiro de resignación. -También sé que las relaciones entre el mundo real y el mundo de fantasía…; es decir…, tu mundo,- se corrigió -siempre fueron arruinadas por los de mi especie.

-Eso es verdad. Los mortales nunca supieron guardar un secreto o mantener su curiosidad aplacada si era eso lo que se les pedía.

-¿Eso… es lo que me pedirás a cambio de liberar a hermano?- giró para verlo.

-No. Ya te he dicho que debo pensarlo y planteárselo a los poderes de Labyrinth; si lo consideran justo, entonces, eso será lo que se te pedirá a cambio.

-¿Los poderes de Labyrinth?- cuestionó intrigada. -¿Quiénes son ellos?

-Bueno…, ellos… ¿Cómo explicarlo? Hay poderes que son aún más antiguos que mi propia raza. Ellos no son como nosotros; no tienen un cuerpo, ni en el Aboveground, ni en el Aboveground, ni en ningún otro mundo. Y, sin embargo lo abarcan todo.

-¿Ellos… son como dioses?- indagó con cierta preocupación y respeto.

-Podríamos decir que son una clase de dioses. Sí. Son superiores a todos nosotros.- caminó hacia ella y tomó una de sus manos entre la suya y lo acomodó para seguir andando. Entre tanto, indicó con su brazo libre un sendero entre distintas flores. -Si me permites, aquí hay mucho más para deleitarse.- Sarah simplemente se sentía embriagada con tanta beldad. A cada paso una agradable sorpresa. -Espera.- le pidió él dejándola a un lado del camino para reunirse con unas fairies que andaban revoloteando por allí. Sarah las oyó reír con sus vocecitas de niñas y pronto desaparecieron tras unos árboles. Jareth permaneció allí como aguardando algo. Giró para ver a su compañera y le sonrió enigmático. La muchacha sintió que su corazón se alocó tan sólo con eso. Por suerte, él nuevamente estaba prestando atención a las diminutas criaturas que parecían cargar algo que ella no podía ver; ya que el cuerpo del Rey Goblin le tapaba la visión. Advirtió que él tomó lo que ellas le habían alcanzado y tras nuevas risitas se apartaron como si fueran tímidas. Jareth giró ocultando el objeto tras su espalda y avanzó hacia la curiosa joven.

-¿Qué… sucede?- le cuestionó algo inquieta ante su perseverante mirada.

-Nada. Yo… tengo un pequeño obsequio para ti. Pero…, primero debes hacer algo por mí.

-¿Por qué siempre tienes que pedir algo a cambio? ¿Luego te autoproclamas generoso?- cuestionó confusa. Pues, eso no tenía lógica; al menos no para ella. Él pudo ver que no había maldad ninguna en el comentario, si bien podría haberlo molestado si hubiere sido dicho en otro tono.

-No es mucho lo que te pediré, cosita. Y…, será como una pequeña prueba de la confianza que depositaste en mí.

-Está bien..- suspiró resignada. -¿Qué es? ¿Un cristal?

-Si de nuevo te ofreciera uno sería ya como poco original, ¿no crees?- sonrió divertido.

-Bueno…, sí. Pero, como yo nunca lo acepté, tampoco sería desacertado.

-No. No lo sería. Ahora, lo que deseo en retorno de lo que tengo aquí para ti es más que sencillo; mi nena.- ella lo estudiaba con cierta susceptibilidad; que casi lo hacía reír. -Llámame por mi nombre y…, esto será tuyo. Te juro que no hay trampa ni nada parecido en esto, Sarah.- agregó al advertir su expresión.

-¿Pero…, no es incorrecto?

-No; yo te lo estoy pidiendo. ¿Quién va a objetar?- Ciertamente Sarah pensaba que tenía razón y que llamarlo por su nombre no era mucho.

-De acuerdo…, Jar…- titubeó. Debía reconocer que costaba más de lo que imaginó. -Jareth.- Él nombrado cerró por un segundo los ojos como si hubiera oído una melodía de su agrado. ¡Sí; nada comparado como su nombre en sus labios! Si bien la única vez que lo había nombrado fue cuando se hallaba en peligro de caer al Bog of Eternal Stench.

-Gracias.- le sonrió y sacó el regalo de su escondite. -Ahora, esto es tuyo, mi bella chiquitita.- Sarah pudo ver una perfecta corona formada de flores, que bien podría ser una corona para algún vestido de novia en su mundo. Toda ella armada con rosas, jazmines, y otras más pequeñas haciéndole compañía. -¿Te agrada?

-¡Es preciosa! ¿Ellas la hicieron?

-Las fairies son molestas, pero, tienen buen sentido del arte.- sonrió él elevando el círculo sobre la cabeza de la chica. -Ahora, si me permites.- la ubicó en su sitio. Y se alejó un paso para apreciarla. -¡Perfecta!- exclamó orgulloso y volvió a acercarse a ella. -Antes no tuve oportunidad de decírtelo, cosa preciosa, pero, ese vestido te hace muy… apetecible.- le murmuró en su oído y las mejillas de la adolescente se ruborizaron.

-Gr-gracias.- logró gesticular bajo su mira.

-¿Sólo gracias?- se cruzó de brazos tratando de verse amenazante.

-Gracias, Rey…- él elevó una ceja y ella bajó su mirada -Jareth.

-Rey Jareth.- repitió junto a un suspiro. -Bueno, por lo menos allí está mi nombre.- suspiró sonriente. -Espero que la próxima vez sólo lo segundo. ¿Seguimos?- le ofreció su brazo. Ella sólo cabeceó sujetándose de él.

-¿Qué es eso?- cuestionó tras varios minutos de andar indicando con su dedo una especie de enorme esfera formada con plantas.

-¡Oh, eso es un cenador! Es una obra de la misma naturaleza. ¿Puedes ver las plantas uniéndose arriba tratando de formar el techo?

-¡Sí!- contestó con entusiasmo. -¿Podemos verlo de cerca? En el parque había uno pero, no como ese.

-Sí; lo he visto. Tu… Ballroom.- sonrió él recordando con placer sus actuaciones, mientras, él se detenía a contemplarla sobre el techo roto del mismo en su forma de búho. Sarah se avergonzó pensando en lo tonta que debe haberle parecido saludando a la nada y bailando sola por aquellos días. -Vamos.- abandonaron el camino para ir rumbo a la glorieta.

Sarah admiraba aquella estructura surgida con los años. Era… mágica en sí misma. Sonrió al pensar que, a veces, incluso en la tierra se formaban rarezas con los elementos naturales. Adentro, en el centro de la misma, habían dispuesto un fino juego de mesa, en blanco con plata; quedando suficiente espacio para unos confidentes de igual material y color. Sobre su cabeza, podía verse el cielo, ya que las ramas parecían tan sólo proteger a los asientos junto a sus paredes; quedando únicamente algunas de ellas en forma de arco sobre sus cabezas. Él la liberó permitiéndole examinar con libertad, entre tanto, permaneció de pie apoyado en uno de los troncos que formaban una de las entradas.

-¡Es maravillosa! ¡¿Y éstas plantas, son muérdagos, verdad?!

-Así es. Todas ellas son muérdagos.

-¿Alguna vez lo has usado?- giró a varios pasos de distancia para verle. -Quiero decir, para cenar o desayunar. Imagino que debe ser muy agradable desayunar aquí.

-Alguna vez. ¿Te gustaría cenar ésta noche aquí?

-¿Lo dices en serio?

-Como siempre.

-Entonces, no sé cómo tomarlo.- sonrió ella con cierta jocosidad.

-Dijiste que intentarías confiar en mí.- le recordó de igual modo con una sonrisa atrevida.

-¡De acuerdo!- no pudo evitar reír. -Te creo. ¿Entonces, hoy cenaremos aquí?

-Siempre que sea de tu agrado. Hoy el cielo estará con todas sus luces.- observó hacia arriba. -Será un bonito espectáculo. ¿Qué dices?

-¡Sí!- sonrió dando una mirada hacia el firmamento pensando en lo encantador que sería ver aquello con miles de estrellas titilando. Jareth la estudió otra vez con misterio y sonrió.

-Bueno, mi nena. Debemos regresar. Yo debo terminar de leer unos documentos antes del almuerzo; y no falta mucho para ello. Todavía hay tiempo como para regresar a pie, si gustas; o simplemente, nos quedamos aquí o recorremos un trecho más para luego transportarnos con magia. Tú decides.

-¡Oh…!- pareció desilusionada. Ella quisiera verlo todo hoy. -¿No hay otra opción?- El monarca sonrió complacido.

-No te preocupes, mi chiquitita; ya conocerás cada rincón de todo esto como la palma de tu mano.

-De acuerdo.- dejó escapar un suspiro de paciencia. -Prefiero volver a pie, entonces.- resolvió.

-Tus deseos son órdenes, querida mía.- gentilmente extendió su brazo y ella fue rumbo a él.