Dancing in the Dark

Capítulo XI La novatada


Dave agonizaba. Kurt no tenía ni idea de lo que provocaba en él cuando se ponía así, cuando le susurraba al oído en medio de un película quiero probar de nuevo tu sabor. Dave Karofsky sólo era un pobre adolescente y en ese momento se puso tan duro como una viga de acero de las que forman el Golden Gate. Así que, en cuanto la película terminó, se disculparon con Mercedes y Azimio y salieron corriendo hacia el coche de Dave para buscar el lugar más oscuro que pudieran.

Kurt prácticamente saltó a la parte trasera de la camioneta. Dave tuvo que moverse con más cuidado dado el grado de excitación que tenía entre las piernas. Una vez sentado al lado de Kurt, éste se apodero de todos los sentidos de Dave al bajarle los pantalones y empezar a chuparle la polla. No sabía cuándo pero en algún momento durante ese mes juntos Kurt se había convertido en un chico muy sexual. Dave vivía en un sueño porque adoraba poder tocar a Kurt indecentemente en casi cualquier rincón en donde estuvieran.

—Kurt. —Dave echó la cabeza hacia atrás cuando sintió que Kurt quería devorarle por completo. Colocó la mano derecha sobre su cabello pero aguantó el deseo de empujar más profundo.

Kurt movía la lengua girándola endemoniadamente sobre la cabeza y chupando cada vez más fuerte. Gimió cuando quitó la boca de la polla de Dave y vio el espectáculo: estaba completamente dura y brillante por la saliva. Se subió a las piernas de Dave, le quitó el suéter y le abrió camisa de golpe. Estaba seguro que algunos botones habían salido volando pero no se preocupó. Las manos se le fueron de inmediato a los pectorales de Dave. Era varonil y macizo en los lugares correctos y, contra todo pronóstico, Kurt esperaba que Dave no desarrollara los músculos de su abdomen porque le encantaba sentirlo suave y confortable.

Dave le quitó los pantalones como pudo aunque la posición en la que estaban resultaba incomoda para esa tarea. Kurt era detallista hasta para su ropa interior. Dave no se lo había dicho pero le encantaba ver cada nuevo modelito. Claro que no les prestaba demasiada atención porque le interesaba más lo que guardaban.

— Dave. —Las grandes manos de Dave empezaron a acariciarle. Kurt se inclinó lo suficiente como para atrapar uno de los pezones de Dave. Eran muy sensibles y a Kurt le encantaba eso, sobre todo porque le fascinaba cómo lo podían llevar al límite de la excitación.

—Eres tan perfecto, tan caliente, Kurt. —Dave frotó su polla contra la de Kurt, quien gimió.

Kurt estaba consciente de que lo único que les impedía tener relaciones completas era que le dolería como el infierno, que no tenían lubricante ni preservativos y que, a pesar de todo, aún quería que su primera vez fuera especial. Por lo demás, ambos tenían muchas ganas.

Dave, como siempre, hacia lo posible por marcar el cuello de Kurt. En esos momentos no le importaba pero sabía que después tendría que usar un pañuelo para ocultar su encuentro.

Kurt no pudo más, necesitaba ver el vello negro de Dave bañado de su semen. Se masturbó hasta correrse en el pecho de Dave. Después, ágilmente, se colocó entre las piernas de Dave para tomarlo de nuevo en su boca. Moviéndola frenéticamente, hizo que Dave se derramase en ella y gimiese desgarradoramente.

Dave levantó con facilidad a Kurt y lo colocó en su regazo para besarlo profundamente. A pesar del frío que hacía afuera, Kurt estaba completamente resguardado entre los brazos y el pecho de Dave. Después de unos minutos de agradable silencio, caricias perezosas y besos, el móvil de Kurt rompió el cuadro.

—Papá. —Dave miró a Kurt y éste sonrió—. Sí, es un poco tarde. Lo siento, Mercedes y yo hemos hecho una parada en el centro comercial. —Dave elevó una ceja—. Sí, lo siento, papá. Ya vamos para allá. —Kurt terminó la llamada y se sentó al lado de Dave, quien estaba vistiéndose sin decir una palabra—. Dave…

—No pasa nada, Kurt. Sólo que no puedo esperar más: quiero decírselo a tu papá. Odio que piense que estás con Mercedes cuando estás conmigo. Además, así no habría necesidad de hacer estas cosas en mi coche.

—¿Crees que podríamos hacerlo en mi casa?

—No, pero podría llevarte a un buen lugar sin tener que escondernos ni utilizar a Azimio ni a Mercedes como pantalla para decir que salimos como amigos.

Dave se movió al asiento del conductor y suspiró. Sentía la confusión de Kurt y no quería ponerlo entre la espada y la pared pero tenía la necesidad de querer hacer las cosas bien. Condujo en silencio.

Kurt sentía que se asfixiaba. No quería estar así con Dave. Le dolía porque fuera de esa conversación sobre ser abiertos con su relación, no tenían ningún otro problema. Kurt encendió la radio para aminorar la tensión en el ambiente.

Hey Jude, don't make it bad.
Take a sad song and make it better.
Remember to let her into your heart,
Then you can start to make it better.

Kurt miró a Dave de reojo y suspiró. Hasta la radio confabulaba en su contra.

Hey Jude, don't let me down.
You have found her, now go and get her.
Remember to let her into your heart,
Then you can start to make it better.

Sólo tenía que dejarse ir con Dave, dejar que pasara lo que tuviera que pasar y olvidarse de lo demás. ¿Por qué podía abandonarse tan pronto en lo sexual pero no en lo emocional? Dave se detuvo un par de casas antes de la suya, como siempre. Kurt se tragó el nudo de la garganta y lo besó.

—La semana pasada le dije a mi papá que eras gay pero no le hablé de lo nuestro, aunque a él no le gustó que ahora fuésemos tan amigos. Si quieres hablar con él, estoy de acuerdo —dijo Kurt, y Dave le besó el dorso de las manos.

—Lo haría ahora mismo pero no estoy en el mejor momento para presentarme ante tu padre. Lo haré mañana, ¿está bien? —Kurt asintió.


Azimio abrió la puerta del coche a Mercedes y fueron caminando hacia la casa de la chica. Habían salido por un mes, se toman de las manos y Azimio siempre estaba al pendiente de ella aunque, hasta ese momento, no había habido ninguna otra caricia. Pero Mercedes estaba dispuesta a llevar su relación al siguiente nivel.

—Ha sido una noche maravillosa, Cedes. —Mercedes asintió y besó a Azimio.

Por un momento, Azimio se sorprendió, pero pronto abrazó a Mercedes y le devolvió el beso. Un chispazo de deseo recorrió todo su cuerpo y se apartó de ella.

—Dios, eres tan hermosa. —Azimio volvió a besarla, esta vez con más intensidad, y acarició con la yema de los dedos la sensible piel de su nuca.

—Gracias a Dios —dijo Mercedes mientras ocultaba su rostro en el pecho de Azimio—. Pensaba que de verdad Blaine y tú tenían una relación extraña. —Azimio soltó una carcajada.

—No, bueno, sí que tenemos una relación extraña, pero todo es puramente platónico. A Blaine Ken Anderson le faltan las perfectas curvas que tú tienes tan bien puestas. —Mercedes se sonrojó—. ¿Qué? ¿No puedo admirar el cuerpo de mi chica?

—¿Tu chica? Aún no me lo has pedido.

Azimio abrazó con más fuerza a Mercedes, acercó sus labios al oído derecho de la diva y le susurró—: Mercedes Jones, ¿le harías el honor a este pobre y desgraciado deportista inculto de aceptar sus sentimientos hacia ti, que eres uno de los seres más perfectos y maravillosos que existen?

—Sí.

—Genial —dijo Azimio. Después besó a Mercedes hasta que las luces en casa de la diva se encendieron y ella tuvo que entrar para contestar las preguntas de su madre.


—Respiren profundamente. Pongan su mente en blanco. —La voz firme, sedosa y con acento del señor Anderson facilitaba seguir las órdenes—. Intenten ponerse en contacto con ese sentimiento latente en su interior. Hay algo dentro de ustedes que intenta hablarles, que les susurra, que quiere salir. Es fuerte, poderoso, primitivo, pero a la vez consciente de su entorno. Ésa parte les hace sentir mejor. Con ella pueden aumentar su fuerza y su astucia. Vayan soltando lentamente el aire de los pulmones. Déjense llevar por la nueva sensación de conectarse con esa parte. Despacio, abran los parpados. —Dave miró al señor Anderson, al igual que Azimio.

—Señor A, no siento ninguna diferencia. ¿Seguro que puedo transformarme? Quizás no sea tan fuerte como Blaine o Dave —dijo Azimio.

—Yo tampoco siento nada nuevo, señor.

—Mírense en el espejo. —Dave se levantó y vio que el iris de sus ojos era de color dorado.

—El dorado no es mi color, señor A, pero sí se nota el cambio.

—Esto, chicos, es cuestión de paciencia. ¿Han estado haciendo los ejercicios que les dije? —Ambos chicos asintieron—. Eso es bueno.

—Señor A, ¿cuánto tiempo pasó antes de que pudiera transformarse con facilidad?

—Diez años. —Los chicos gimieron de descontento—. Tienen que ser pacientes y persistentes, chicos. Tal vez Dave se trasforme antes. Eres un Alfa muy poderoso, Dave. —David estaba un poco incomodo recibiendo los elogios del señor Anderson cuando era más que obvio quién era el gran lobo allí—. No tiene nada que ver la edad o el conocimiento. Eres poderoso, Dave. No te sientas mal por serlo. Bueno, chicos, ahora regresemos a su estado natural.

Tenían que pensar en algo que les tranquilizara. Dave de inmediato evocó el recuerdo que más paz traía a su vida. Enseguida sintió como si algo se desconectara en su interior y de nuevo era él.

—Muy bien, muchachos. Por esta tarde hemos terminado. Tengo que ir a cambiarme; hoy viene el chico Nosgoth y tengo que estar presentable. Siéntanse como en su casa.

Justo cuando Liam Anderson subía las escaleras, Blaine llegaba a casa. Entró al despacho para encontrarse con sus dos amigos. Le hubiese gustado compartir ese entrenamiento con ellos pero sus horarios no coincidían.

—¿Cómo les ha ido? —Dave se encogió de hombros.

—Hasta ahora sólo hemos conseguido que se nos pongan dorados los ojos y dice tu papá que eso ya es un avance.

—Saben que esto es poco a poco, chicos. Papá siempre me ha dicho que el proceso de trasformación es lo más complicado.

—¿No se han preguntado porque los ataques terminaron tan de golpe? —Azimio hizo el comentario y tanto Blaine como David asintieron—. El señor A dijo que no había rastros de más lobos en los otros pueblos pero sabemos que existen; el ataque a Brad fue muestra de ello. ¿Qué pasará?

—No lo sé, pero esta aparente calma también me molesta. —Los tres lo sentían. Y Dave estaba seguro de que el señor Anderson también. Algo se aproximaba pero no sabían qué era. El móvil de Azimio sonó interrumpiendo sus pensamientos.

—¡Joder! Tengo que correr. Andy tiene esa estúpida feria de ciencias en la escuela. Por cierto, Ken, los chicos se van a reunir el sábado en la noche. No vayas a llegar tarde. —Blaine entrecerró los ojos sin entender muy bien.

—¿Chicos?

—Baloncesto. Los chicos con los que jugaste hace un par de semanas. —Ése era un nuevo concepto para Blaine. No sabía que estaba invitado.

—No pensé que fuese requerido. Pensé que era cosa de una sola vez por…, ya sabes, sentirme mal.

—Claro que no. Eres mi chico, tienes que estar ahí. —Ambos rieron por la doble connotación en las palabras de Azimio—. ¿Entonces?

—Por supuesto que me reuniré con ustedes. —Azimio soltó una carcajada.

—Gracias, su majestad. Ahora tengo que correr porque Andy me mata. —Blaine estaba sorprendido de esa relación amistosa entre Azimio y él. Jamás la esperó, pero era grandioso tenerla.

—¿Qué pasa contigo? —preguntó Blaine. Dave estaba más tenso de lo normal, podía sentirlo. Dave se encogió de hombros restándole importancia, como siempre—. Dave, ¿es por los ataques?

—No. Sé que Raziel no se detendrá y que debe estar planeando algo, pero no es eso. Es… El sábado pasado le dije a Kurt que quería hablar con su papá y por fin me dijo que estaba de acuerdo. Así que le dije que lo haría al día siguiente. Pero la mañana del domingo me dice que van a salir; el lunes, que Burt tenía una cita médica; el martes, una con alguien importante, y así hasta que casi ha pasado una semana. Y no sé…

—Burt está en el taller a esta hora. Si quieres hablar con él, ve para allá.

—No…

—Eso eso o esperar a que Kurt se decida. —Dave asintió y salió de la casa Anderson.


Dave tomó todo el valor de que disponía para entrar al taller de Burt Hummel. Era un hombre con una misión y, a la vez, con un miedo tremendo, porque estaba casi seguro de que cuando Burt lo escuchara le iba dar con una llave en la cabeza.

—Ey, Karofsky. ¿Qué haces aquí? —Dave por lo menos esperaba que Finn pudiera detener a Burt cuando quisiera matarlo.

—Quiero hablar con el señor Hummel. —Finn puso esa cara de perro tonto y Dave contó mentalmente hasta diez—. ¿Está?

—Oh, sí. En la oficina.

Dave caminó decidido hasta la pequeña oficina del taller y llamó.

—Pasa. —se escuchó desde dentro. El señor Hummel estaba revisando unos documentos con atención así que aún no se habían mirado a los ojos—. ¿Qué ocurre? —dijo Burt sin levantar la vista de los papeles, que al parecer eran facturas. Dave estaba buscando la forma de decirlo, estaba intentando enlazar las palabras correctas, cuando dijo lo primero que le salió de la mente.

—Estoy saliendo con su hijo. —Los ojos de Burt se detuvieron, levantó la vista y miró a Dave.

—¿David Karofsky? —Dave tragó saliva.

—Sí, señor.

—¿Has dicho que estas saliendo con mi hijo? —Dave asintió—. ¿Con Kurt?

—Sí, señor…

—¿Desde cuándo? —Dave podía sentir cómo el señor Hummel empezaba a molestarse.

—Desde hace un mes, señor. Yo quería hablar con…

—Déjame ver si lo entiendo: haces de la vida de mi hijo un infierno, lo empujas, lo molestas —Burt empezó a gritarle—, ¡amenazas con matarle!, todo porque tenías problemas con tu sexualidad, ¿y ahora vienes a decirme que sales con mi hijo?

—Señor…

—Nada de señor. —Burt se puso de pie—. Entiendo que hayas tenido tus problemas, pero no justificó tus acciones. Te agradezco que le salvases pero no confió en ti, David, así que prefería que te mantuvieras alejado de mi hijo por las buenas.

Dave boqueó. Sabía que esa iba a ser la reacción de señor Hummel, pero una parte de él aún mantenía la esperanza de que las cosas no fuesen tan malas. Sin embargo, en su momento la había cagado en grande. ¿Qué padre podría confiar en una persona que había amenazado con matar a su hijo?

—Quiero a su hijo. —Burt negó—. Sé que usted piensa que soy un loco y un psicópata, pero le juro que sólo era un chico asustado por lo que estaba sintiendo y que me encontraba demasiado encerrado en mí mismo como para darme cuenta de que había personas que me querían y que me ayudarían. Sólo le pido una oportunidad para que me conozca. Estaré a prueba el tiempo que me pida, no saldré a solas con Kurt hasta que usted lo considere correcto. Puede venir a cenar a mi casa cualquier día de estos para que conozca a mis padres y a mi hermana y vea que no soy un loco, sólo un idiota que pensó en la salida más fácil para no aceptar su sexualidad.

—No. —El corazón de Dave se rompió.

—Por favor. Acepte ir a mi casa cuando menos. Quiero demostrarle que soy un ser humano.

—Está bien, Karofsky. Pero será tu única oportunidad. Soy capaz de mandar a Kurt a Alemania con su tío-abuelo con tal de mantenerlo alejado de ti.


La cena se había concertado para el sábado por la noche. El jueves, Kurt había gritado a Dave en el estacionamiento por más de diez minutos. Karofsky había aguantado estoico cada palabra, igual que estaba aguantando imperturbable que Kurt hubiera dejado de hablarle, por lo menos hasta el sábado por la noche. Dave agradecía tener a Blaine y Azimio, porque hacían que estuviese calmado. De no ser así habría corrido sangre.

El viernes había trascurrido tranquilo. Dave estaba haciendo su acostumbrada rutina de ejercicios más tarde lo habitual, cuando Azimio se le acercó.

—¿Sabías de la fiesta en el lago? —Dave negó concentrándose en levantar una pesa—. Van las animadoras, algunos tíos del equipo de hockey y todos los de fútbol americano y también han invitado al club Glee. —Dave dejó la pesa en su lugar y se levantó de golpe.

—¿El club Glee?

—¿Recuerdas la novatada que le hicimos al equipo de hockey hace un año? Dejamos al más tonto en el bosque una noche entera.

—Eso fue antes de que en el bosque hubiese lobos. —Dave cogió su móvil y llamó a Blaine—. ¿Dónde estás?

Con Malik, en casa. ¿Qué pasa? —Dave contrajo su rostro.

—¿Kurt ha ido a la fiesta en el lago?

No lo sé, imagino que sí. Dave, el bosque está limpio.

—Es… Tengo un presentimiento. Un montón de adolescentes, un bosque… Joder es un cliché de película de terror. ¿Qué monstruo no aprovecha eso? —Blaine guardó silencio un momento.

Los veo en el bosque en una hora. —Blaine colgó después de decirle eso.


Azimio y Dave estaban ansiosos y preocupados. Antes de haber llegado al bosque, Dave ya sentía que algo podía ir mal pero a escasos pasos de allí tanto Azimio como él percibieron que algo pasaba. El viento era extraño, lo notaban. Un Mercedes negro se detuvo frente a la camioneta de Dave. Si Azimio no hubiese estado tan preocupado se habría reído de los pantalones rojos de Blaine.

—Algo anda verdaderamente mal—dijo Malik acercándoseles. Era la primera vez que Azimio lo veía y entendía porque Ken estaba tan emocionado. El tipo parecía un jodido príncipe—. Lo siento. Malik Nosgoth. Tú debes de ser el famoso Azimio. —Se dieron la mano cordialmente, demasiado para el gusto de Dave, que estaba ansioso.

—¿Has intentado comunicarte con Kurt? —preguntó Dave mirando a Blaine.

—Lo intenté, pero no responde. —Los cuatro se internaron en el bosque y caminaron con rumbo al lago. Conforme se acercaban la música se hacía presente y esa extraña sensación era cada vez más creciente.

—¡NO! —Era la voz de Kurt. El grito cortó la respiración de Dave por un segundo. Los cuatro corrieron siguiendo la voz.

Los chicos, que estaban a la orilla del lago, corrían para todos lados alejándose de dos enormes lobos que iban tras de ellos. Dave buscó a Kurt entre toda esa locura y lo encontró gracias a su olor. Estaba resguardando a Mercedes, Rachel y Brittany, mientras Finn y Puck corrían hacia ellos.

—Kurt. —Dave lo sujetó de los hombros. Se escuchó una primera detonación y uno de los lobos cayó abatido. Kurt se abrazó a Dave con toda la fuerza que tenía.

—Dave. —Kurt estaba temblando entre los abrazos de David—. Algunos de los chicos se llevaron a Santana hacia el bosque, tienes que ir a por ella. —Azimio llegó hasta ellos con uno de los bastones de plata en la mano. El chico abrazó a Mercedes, quien empezó a llorar en su pecho.

—Es muy complicado dispararles sin herir a ninguno de los chicos. Nosgoth terminó con uno pero el otro sigue atacando.

—Quédate con ellos. —Dave separó ligeramente a Kurt—. ¿Vas a estar bien? —Kurt asintió.

—Se la llevaron por allí. —Kurt señaló una de las zonas más espesas del bosque. Dave miró a Azimio; sabía que su amigo defendería a Kurt con su vida en caso de que fuese necesario.

Dave se volvió a internar en el bosque. Olía a miedo mezclado con sangre. Avanzó siguiendo el rastro del olor de Santana. El aroma ferroso saltaba en el ambiente. Dave miró hacia abajo y encontró un rastro de sangre. Entre los matorrales alcanzó a distinguir la figura de una persona ensangrentada tumbada en el suelo. Era un chico. Dave no lo conocía pero había sido medio devorado. El lobo que le había atacado estaba empapado de sangre, su pelaje estaba erizado y mostraba los colmillos esperando para atacar en cualquier momento. Dave no esperó; le dio tres certeros disparos que abatieron al animal. Su cuerpo se trasformó y luego se incendió. Como siempre, no quedó señal de la bestia.

—¿Santana? —Dave podía percibir su aroma cerca—. ¿Santana? —Algo se movió entre los matorrales frente a él. Dave preparó su arma, se acercó sigilosamente y respiró cuando encontró a Santana acurrucada contra un árbol.

—¿Dave? —La chica se lanzó a sus brazos.

—Todo está bien, hermosa.

Dave intentó consolarla. Seguramente Santana había visto o escuchado la agonía del pobre chico muerto a escasos pasos de ella. La tomó entre sus brazos y la llevó con el resto. Blaine, de inmediato, se acercó a ellos.

—¿Está herida?

—No, pero tenemos que llamar a la policía. Acabaron con uno de los chicos.

En cuanto dejó a Santana con el resto de los chicos, Dave llamó a su padre. La policía llegó junto a Paul Karofsky. La versión era la misma de siempre: unos coyotes les habían atacado. Dave y sus amigos estaban cazando en el bosque, escucharon los gritos, llegaron a auxiliar y los animales se fueron. Sin embargo, no habían podido llegar a tiempo para salvar a su compañero. Todos fueron a la comisaria a prestar declaración. Las preguntas iban y venían pero Dave y los demás se apegaron al primer testimonio, unos porque no sabían lo que en realidad había pasado y los otros, ellos, porque necesitaban una buena coartada.

A Dave se le partió el corazón al ver a los padres del chico muerto. El dolor de la mujer era desgarrador y conocer el estado del cuerpo no ayudaba. La pobre mujer seguro se desmayaría en la morgue.

—Hiciste todo lo posible, Dave. —La tranquila voz de Kurt penetró en Dave.

—No para él. —Kurt lo abrazó y Dave se derrumbó debido a la frustración.


Dave no estaba muy seguro de si celebrar la cena o no pero su padre lo convenció de que sería lo mejor para todos. Lamentaban la muerte de su compañero pero era cierto que no había podido hacer nada. Esta vez no quedaría quieto, llegaría hasta el fondo, llegaría hasta la cabeza de Raziel Kaine.

Sacudiéndose esa idea, Dave llamó a Blaine para pedirle consejos sobre moda. Quería verse bien para su futura familia política. Blaine Anderson había dicho: chaqueta negra, suéter negro, camisa azul, unos buenos vaqueros y las botas formales que Dave casi nunca usaba pero que Blaine había visto en su armario. Además Blaine le había dicho que usara perfume, el justo, nada de exagerar. Al parecer Kurt era una persona muy olfativa y el perfume de Dave le gustaba.

—¡Dave! —El grito de su padre lo sobresaltó. Bajó las escaleras, entró al despacho y se extrañó aún más cuando lo vio en el anexo.

—¿Pasa algo, papá?

—Encontré algo, hijo. — Paul le mostró un libro que parecía demasiado viejo y que estaba escrito en otro idioma—. Está escrito en polaco. Lo he traducido. No es un libro, es una recopilación de cartas, y en una de ellas hablan de un hijo bastardo de Raziel Kaine. Como bien sabes, los lobos tienen una pareja de por vida, y las infidelidades eran muy mal vistas en las sociedades licanas más ortodoxas. Kaine hizo todo lo posible para que ese hijo no saliera a la luz pero estoy casi seguro de que gracias a él logró salir del infierno.

—¿Cómo?

—Tomando su vida. Hay un hechizo llamado de convocación. Necesitas que alguien de tu sangre te convoque para regresar. Ese familiar tiene que dar su vida para que tú vivas de nuevo y Kaine seguramente terminó con su hijo con tal de regresar.

—¡Paul, Dave, nuestros invitados están por llegar!

Salieron del anexo y Paul lo selló. Ambos caminaron como si nada para esperar a sus invitados.


Dave estaba ansioso. Kurt y su familia no debían de tardar. Unos pequeños pasos le hicieron ponerse de pie. Emily entró al vestíbulo con su mejor atuendo de princesa, el pelo perfectamente rizado y una sonrisa digna de cualquier concurso donde no cuente que te falten los incisivos centrales inferiores.

—Hola, princesa. —Dave levantó a la niña entre sus brazos—. Te ves hermosa.

—Tú también te ves muy bien, Davey. —El timbre sonó. Dave tomó una bocanada de aire y caminó con Emily aún en sus brazos.

Kurt se veía deslumbrante, como siempre. Dave podía prácticamente hacerse un charco de baba al verlo.

Finn estaba perdido en su mundo, como siempre, y nada más llegar le susurró—: ¿De verdad eres gay?

Dave dejó a Emily en el suelo mientras saludaba a los Hummel-Hudson. Ese fue el principio del fin para Emily, quien se aburrió horrores al ver a su hermanito y sus padres parloteando para quedar bien con la familia del chico raro. Emily no estaba contenta: Davey no le hacía caso, su mamá estaba hablando con la madre del chico raro y su papá, que siempre estaba al pendiente de ella, tenía maravillado al chico alto y tonto y al padre del muchacho raro. Cenó en silencio para ver si alguien de su familia lo notaba pero eso no ocurrió. Cuando su madre se dirigió a ella fue para decirle que se fuese a la cama. En cualquier otro momento Emily se hubiese negado pero en ése subió a su habitación sin decir una palabra.

Se quitó el vestido, se puso el pijama y se sujetó su pelo en una coleta. Unos momentos después, Emily escuchó un ladrido. Ella siempre había querido un perrito pero sus padres se lo negaban porque Davey era alérgico. A Emily le hubiese gustado que su hermanito fuese alérgico al chico raro ése para que no pudiera acercársele. Se levantó de la cama y miró por la ventana a un pequeño perro blanco en su jardín.

Emily salió de la casa sin hacer ruido. Su familia aún seguía con sus invitados así que la niña aprovechó para ir tras el perrito.

—Hola, lindo. ¿Cómo te llamas? —Antes de que Emily pudiera ni siquiera ver, una sombra se acercó a ella desde atrás. Con un pañuelo, le taparon la boca. De pronto se sintió muy cansada, con sueño, y sus ojos se fueron cerrando a pesar de no quererlo. Sin más, todo se puso negro.


Burt estaba un poco más tranquilo con respecto a Dave Karofsky. Su familia parecía ser buena y Dave trataba bien a Kurt pero, sobre todo, lo miraba con adoración. No estaba del todo conforme con esa relación, sin embargo, Kurt se veía feliz y si alguien se merecía ser feliz era su hijo.

—Kurt, olvidaste el regalo para la niña. —Kurt saltó del brazo de Dave y fue al coche por el regalo.

—Esto es para la princesa. —Dave y sus padres sonrieron.

—¿No quieres dárselo tú? Debe estar despierta aunque algo enojada porque no le hicimos la corte. —Dave llevó a Kurt arriba portándose como todo un caballero pero sin poder apartar los ojos del par de nalgas de su chico que se movían divinamente enfundadas en ese pantalón—. Si nuestras familias no estuvieran abajo te tumbaría sobre mi cama para hacerte todas las cosas pervertidas que se me pasaran por la cabeza.

—Esa amenaza me la tendrás que cumplir después. —Kurt le guiñó y entró a la habitación de Emily.

—Princesa — llamó Dave una vez, esperanzado. Aunque al entrar se había dado cuenta de que el aroma de Emily no estaba.

—Dave…

—No está. Emily no está aquí. —Dave tragó saliva con el corazón martilleándole el pecho.


¿Pueden imaginar la desesperación de Dave al final de este capítulo? Sí, el fic es un Kurtofsky que va lento pero cada vez más caliente pero sobre todo es una historia oscura de hombres lobo y de muchas cosas que van a pasar a partir de ahora.

El capítulo pasado me castigaron con sus comentarios, jejejejejejee. No se preocupen, entiendo, la RL no coopera en ocasiones y para que ven que no me enojo con ustedes les informó que a partir de hoy empiezo a publicar sus regalos navideños y estarán bajo el nombre: acm2099 presenta.

Cada uno es una historia diferente y tiene su resumen dentro del capítulo y subiré uno cada tercer día hasta llegar al veinticuatro de diciembre. Espero que les gusten.

En cuanto pueda respondo sus comentarios. Son poquitos, tal vez junte esos y los que se acumulen en el este capítulo, téngame paciencia ¿ok?

Mil gracias por todo a mi hermosa beta, Winter y muchas gracias también a las personas que me lean, pero sobre todo que se tomen un momento para comentarme.

Un abrazote