Amar a un extraño
Aclaración: los personajes son del grandioso grupo de Clamp, y la historia tampoco es mía, si no de Connie Mason, yo solo tengo el papel de adaptadora con el fin de poder entretenerlos un momento.
Summary:
Con una bala alojada en la espalda y una partida de vigilantes siguiéndole el rastro, Syaoran Li se esconde en el primer sitio que encuentra antes de perder el conocimiento: un destartalado rancho en medio de la nada. Cuando se despierta está siendo atendido por una hermosa mujer. Aunque siempre ha sabido que no se puede confiar en el género femenino, cuando aquel ángel castaño le propone un matrimonio de conveniencia —por un corto plazo de tiempo, a cambio de seguir ocultándole de sus perseguidores—, él sólo puede pensar en cómo hacerla suya para siempre.
Sakura Kinomoto necesita un marido… y lo necesita rápido. De otra manera perderá su rancho a manos de un malvado banquero. El desconocido que aparece en su sótano es como un regalo caído del cielo. Aunque Syaoran le asegura que seguirá su camino después de cumplir con su papel, Sakura siente un profundo deseo en su interior cada vez que la besa y se promete a sí misma que él no se irá a ningún lado sin que ella le acompañe.
Capítulo 11
Sakura había esperado intercambiar unas palabras en privado con Syaoran antes de que Touya Amamiya lo encerrase en el cobertizo que utilizaban como cárcel, pero los acontecimientos se precipitaron después de que Hal Doolittle se enteró de que Syaoran ya estaba casado. El intrigante hermano de Cora Lee se había quedado lívido de furia y la emprendió contra Syaoran y Sakura, azuzando a la gente contra ellos. Así que cuando las cosas se pusieron realmente feas, Takashi y Eriol la hicieron subir al caballo y la alejaron de aquel caos. Sakura seguía sin asimilar lo sucedido cuando llegó al rancho Li.
Nunca hubiera supuesto que albergaran unos sentimientos tan violentos hacia su marido. ¿Qué habrían hecho los Li en su juventud para haberse granjeado la animosidad de tanta gente?, se preguntó. Regresar casado a Dry Gulch no había ayudado a la causa de Syaoran. Hal Doolittle había conseguido provocar en los habitantes del pueblo un salvaje frenesí. Si Syaoran hubiera regresado a Dry Gulch, admitido haber dejado embarazada a Cora Lee y después se hubiera casado con ella, con el tiempo le hubieran perdonado; pero había cometido el imperdonable pecado de contraer matrimonio con otra y ahora todos querían lincharle.
Sakura se tranquilizó un poco al saber que Takashi y Eriol planeaban proteger a Syaoran en todo momento ya que, lamentablemente, parecía la única manera de impedir que hubiera una ejecución ilegal antes de que el juez apareciera por el pueblo en su periplo habitual. Teniendo tantas cosas por las que preocuparse, Sakura pasó una mala noche.
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A la mañana siguiente, Sakura entró en la cocina y se sirvió una taza de café que llevó a la mesa para poder continuar con sus silenciosas meditaciones mientras lo bebía.
Takashi entró en la cocina.
—¿Qué te parece nuestro rancho? —preguntó a Sakura cuando la vio.
El día anterior, la joven estaba demasiado exhausta, por lo que apenas pudo hacer otra cosa que dar cuenta de la excelente cena que había preparado el cocinero de los Li antes de irse a la cama. Sin embargo, por la mañana había tenido tiempo de observar más detenidamente el hogar de Syaoran. En algunas cosas era mejor que Circle K y en otras no había comparación.
—Es impresionante —admitió Sakura, contemplando a través de la ventana la cima cubierta de nieve de una montaña lejana—. Esta casa es mucho más grande que la mía, pero le falta un toque femenino.
—Tenemos un ama de llaves que se ocupa de las tareas diarias, pero la única mujer que vivió aquí después de que se fuera nuestra madre fue la primera esposa de Syaoran, y no se quedó ni tres meses. Ha sido un lugar exclusivamente masculino desde que puedo recordar.
—Lo siento, no tenía intención de... —dijo Sakura, temiendo estar resucitando dolorosos recuerdos.
—No te disculpes —dijo Takashi con severidad—. Mis hermanos y yo no necesitamos que nos tengan lástima. Pero me gustaría mucho saber cómo es que Syaoran y tú habéis llegado a ser marido y mujer. Conozco bien a mi hermano, y no es de los que se casan.
—Ya te dije ayer que preferiría que fuera Syaoran quien contara...
—Pero como él no puede hacerlo, me gustaría que me lo explicaras tú.
—¿De qué estáis hablando? —dijo Eriol cuando entró por la puerta trasera y vio a Takashi y Sakura sentados a la mesa.
—Siéntate —le invitó Takashi—. Sakura estaba a punto de explicarme como consiguió pescar a Syaoran.
—Esa sí debe ser una historia interesante, no me la perdería por nada del mundo —dijo Eriol, moviendo una silla con la punta de la bota para sentarse.
Sakura estudió a sus cuñados con los ojos entornados. Los dos eran muy guapos y tenían buena planta. Aunque parecían hombres duros, le daba la sensación de que, si rascabas un poco la superficie, serían cariñosos y leales. Pensó que acabarían encontrando mujeres dignas de su amor. No podía culparles de que, en ese momento, estuvieran preocupados por la apresurada boda de su hermano.
Eriol le dirigió una mirada calculadora.
—Adelante, Sakura, cuéntanos como conseguiste coaccionar a Syaoran para que se casara contigo.
Sakura clavó la mirada en los ojos azules de Eriol. Poseía unas pobladas cejas negras que ahora estaban fruncidas y en los duros rasgos de su boca resaltaban unas tensas líneas blancas alrededor de los labios. Su pelo, era lo suficientemente oscuro para realzar la tez blanca y darle cierto aire de peligro.
—¿Qué te hace pensar que le coaccioné?
—Conocemos a Syaoran demasiado bien —explicó Eriol—, jamás ha pensado en volver a casarse.
Sakura centró a continuación la atención en Takashi, el mediano. Tenía el pelo más oscuro que su marido y sus ojos tendían más al color avellana que al ámbar, pero eran igual de impresionantes que los del resto de los Li, gracias a las diminutas motas doradas que brillaban en el centro del iris. Había algo duro e inclemente en aquellas profundidades insondables. Algo le decía a Sakura que de los tres, Takashi era el menos inclinado a aceptar compromisos y al que menos le importaría sacrificarse por sus hermanos.
—Tienes razón —dijo Sakura lentamente, deseando poder hacer que lo sucedido no pareciera tan crudo y condenatorio. Pero no parecía que ni Takashi ni Eriol estuvieran dispuestos a conformarse con otra cosa que no fuera la verdad—. No voy a mentiros ni a deciros que Syaoran se casó conmigo porque se enamoró locamente de mí.
—¿Syaoran locamente enamorado? Pensaría que es un chiste —se rió Eriol.
Takashi no dijo nada, esperando que la joven continuara. Recordó la ternura con la que Syaoran la había tratado y la ansiedad que mostró por su bienestar. No recordaba que su hermano hubiera mirado nunca a una mujer de la manera en que la había mirado a ella.
Sakura bajó la mirada a las manos, que tenía apoyadas con firmeza sobre la mesa.
—Syaoran no tuvo otra alternativa. Le obligué a casarse conmigo.
—¿Le obligaste? —La voz de Takashi rezumaba furia contenida—. Me resulta increíble. ¿Por qué no empiezas por el principio?
La tensión en la estancia era palpable.
—Encontré a Syaoran en el sótano de mi casa. Había recibido un disparo y estaba al borde de la muerte. Después de que Cully lograra sacarle la bala, le cuidé hasta que poco a poco, recuperó la salud.
—¿Quién es Cully? —preguntó Eriol.
—Hace años era capataz en el rancho, pero ya es un anciano. Ahora hace tareas menores y es mi amigo.
—¿Quién disparó a Syaoran? —inquirió Eriol.
—Los vigilantes.
—Sigue —la urgió Takashi—. ¿Qué sucedió después de que le salvaras la vida?
—Un día, Touya Amamiya y los vigilantes aparecieron en la puerta de mi casa. Querían saber si había visto a Syaoran por allí. Me dijeron que le perseguían porque había dejado encinta a una mujer en Dry Gulch y que, tras darle una paliza, se había dado a la fuga, pero yo no creí que Syaoran fuera capaz de una cosa tan terrible, así que les despisté.
—Y Syaoran se casó contigo por gratitud —se rió Eriol—. ¡Imposible!
—Necesitaba a Syaoran. Yo estaba a punto de perderlo todo por culpa de Yue Tsukishiro, el banquero de Rolling Prairie, cuyo objetivo era poseer tanto mis tierras como a mí. Me dijo que mi padre había hipotecado el rancho antes de morir, aunque yo sabía que era mentira. Así que pensé que si me casaba con Syaoran, se daría por vencido.
Takashi negó con la cabeza lleno de incredulidad.
—No me puedo crees que Syaoran accediera a llevar a cabo un plan tan insensato. No es de los que se casan, dan igual las circunstancias.
Sakura tragó saliva.
—Es que no estaba de acuerdo. Pero estaba herido y demasiado débil para dejar el lecho, así que le amenacé; le dije que enviaría a buscar a los vigilantes si no se casaba conmigo. —Al ver que Takashi contenía el aliento, añadió—: No es una disposición permanente. Le dejé claro que podría pedir la anulación una vez que sirviera a mis propósitos.
—¡Le utilizaste! —la acusó Eriol.
Sakura se sintió herida.
—Quizá. Pero tú no conoces la historia completa. Más bien nos utilizamos el uno al otro. Le salvé la vida. Así que me lo debía. —Sostuvo la mirada de Eriol—. La deuda quedó saldada por completo cuando él arriesgó su vida para obtener las pruebas que demostraron que las reclamaciones de Tsukishiro sobre mi rancho eran falsas. Si se quedó más tiempo fue porque no tenía otro lugar al que ir.
Tanto Takashi como Eriol permanecieron inmóviles. Sakura se temió que no la creyeran. ¿La echarían de su casa? Supuso que era más que probable.
—Bueno, hay una cosa que no entiendo —dijo Takashi con curiosidad—. ¿Por qué te encontramos con Syaoran y los vigilantes? Deberías haberte quedado en el Circle K.
—Tenía el presentimiento de que los vigilantes ahorcarían a Syaoran sin permitir que se sometiera a un juicio imparcial y me importa demasiado para quedarme de brazos cruzados. Quería ayudarle, así que les seguí. Aunque no sabía cómo, mi intención era detener a los vigilantes e impedir el linchamiento.
—Eso me imaginaba —dijo Takashi reflexivamente—. Has sido muy valiente, pero fue una locura. Si no hubiéramos llegado cuando lo hicimos, Amamiya te habría violado.
Sakura irguió la cabeza de golpe.
—Si no hubiera intervenido cuando lo hice, Syaoran estaría muerto.
—Santo Dios —dijo Eriol con repentina comprensión—. Estás enamorada de Syaoran.
—Eso no es asunto tuyo —replicó Sakura. Hasta ese momento no había querido admitirlo, ni siquiera ante sí misma, pero ya no había razón para negarlo.
—No esperes que Syaoran te corresponda —advirtió Takashi.
Sakura se estremeció ante la dureza de esas palabras, pues sabía que eran ciertas.
—¿Crees que no lo sé? Sólo estoy aquí para ayudarle, no para cazarle. En cuanto esté en libertad, regresaré al Circle K y él podrá dedicarse a lo que quiera que se dedicara antes de que le obligara a casarse conmigo. No será difícil obtener la anulación o el divorcio, dadas las circunstancias de nuestra boda.
Takashi la miró con intensidad.
—¿Existe alguna posibilidad de que estés embarazada? Conozco bien a Syaoran y, si estáis casados, seguro que habréis compartido cama. ¿Vas a intentar retenerle por medio de un niño?
Alarmada ante tanta franqueza, Sakura le miró con helada dignidad.
—Yo no haría tal cosa.
Takashi no mostró reacción alguna.
—Pero es posible, ¿no? —Aquella implacable crueldad sólo era una prueba de su tenacidad. Para Takashi todo tenía una explicación, incluso las cosas que parecían desafiar la razón.
Sakura se enfrentó a él sin ceder un ápice.
—Sí, es posible. Pero eso no cambia nada. Jamás retendría a Syaoran sabiendo cuánto aborrece el matrimonio. Tengo un rancho y poseo los medios para mantener a un hijo. De todas maneras, es una tontería hablar de esto; todavía es muy pronto para saberlo.
Eriol negó con la cabeza intentando encontrar algún sentido a todo lo que Sakura les había contado. Sabía que algo no encajaba, pero no era capaz de descubrir el qué.
La mente fría y analítica de Takashi ya había sopesado los hechos cuidadosamente y llegado a una conclusión; puede que ésta no le gustara demasiado, pero resolvía de manera satisfactoria algunas preguntas para las que no encontraba respuesta.
—Amas a Syaoran, ¿verdad, Sakura? Admítelo.
Sakura apretó los labios.
—Tu hermano no es un hombre fácil.
Eriol soltó una carcajada.
—En eso tienes razón.
—Pero es cierto, ¿no? —siguió presionando Takashi.
—¡Sí, maldita sea! ¡Le amo! Pero tranquilo, no le diré una palabra a Syaoran si tú también mantienes la boca cerrada.
—Lo sabía. Me preguntaba por qué razón habías arriesgado la vida por él. Pocas mujeres lo harían. Aunque no creo que yo sea capaz de amar, he visto esa emoción en algunas personas.
—Syaoran no es una de ellas —agregó Eriol—. Esta conversación sobre amor y bebés me está poniendo nervioso. Centrémonos en algo importante ¿qué vamos a hacer para salvar la vida de nuestro hermano? Las cosas comienzan a ponerse feas.
—Quiero ayudaros —se ofreció Sakura—. ¿Qué puedo hacer?
—Tengo la impresión de que Syaoran no quiere que te quedes aquí —dijo Eriol.
Sakura alzó tercamente la barbilla.
—No pienso irme. No me iré hasta que esté todo resuelto.
Takashi suspiró.
—Me figuraba que dirías eso. Bueno, será bueno contar con toda la ayuda que podamos para arrancar la verdad a Cora Lee, pero sigue insistiendo en que Syaoran la sedujo y la dejó embarazada. Mantiene que la golpeó cuando le suplicó que se casara con ella para darle un nombre a su hijo. Sin embargo, Syaoran afirma que jamás la tocó, y yo le creo. Eriol y yo estamos convencidos de que todo es cosa de Hal Doolittle para tener vía libre a nuestro dinero.
—¿Tenéis una buena posición económica? —preguntó Sakura con curiosidad—. No lo sabía. La mayoría de los rancheros de la zona apenas sobreviven.
—Nuestro padre era un hombre muy inteligente —se jactó Eriol—. Invirtió parte de su herencia en una pequeña mina de plata. Así que no es que seamos millonarios, pero nos defendemos mejor que otros.
—Y toda esa riqueza es el motivo por el que Cora Lee acusó a Syaoran —filosofó Sakura.
—Es cierto que Cora Lee está embarazada —dijo Takashi—. En cuanto encontremos al responsable, todo quedará aclarado.
—¿Y si voy a hablar con Cora Lee? —preguntó Sakura—. Quizá se sincere con otra mujer.
—Eres la mujer de Syaoran —dijo Eriol significativamente—. Cora Lee te odiará en cuanto te vea, ¿no ves que te has casado con el hombre que quiere para ella?
Sakura meditó durante un rato.
—Todo esto me resulta muy extraño. ¿Por qué quiere Cora Lee casarse con un hombre que supuestamente le ha agredido?
Takashi la miró confuso.
—Jamás lo había visto de esa manera. Supongo que por una parte, Hal la presiona para que se case con Syaoran. Por otra, al casarse, sea él el padre de su hijo o no, conseguirá que su hijo no sea ilegítimo. Hal no permitirá que eso ocurra. Es demasiado orgulloso.
Eriol hizo hincapié en otra idea inquietante.
—Syaoran ya está casado y a Hal no le gusta nada que sea así. Os apuesto lo que queráis a que va a seguir dándonos problemas.
Sakura se puso en pie con tanta rapidez que la silla cayó al suelo.
—¡No podemos dejar que ocurra! Voy a hablar con Cora Lee.
—Te acompañaré —se ofreció Takashi.
—No, quiero que me digas cómo llegar a su casa, pero será mejor que vaya sola. ¿Estará su hermano allí?
—No. Estos días parece como si se hubiera trasladado a vivir al saloon.
—¿Me podría encontrar con algún otro problema?
—El padre de Cora Lee está postrado en la cama porque padece del corazón, así que estará acostado, y allí no vive nadie más.
—De acuerdo, indicadme cómo llegar.
Takashi accedió al darse cuenta de que Sakura era una joven sensata que sabía cómo usar la cabeza. Se rió para sus adentros al imaginar los fuegos artificiales que estallarían cuando se juntaran las dos mujeres.
Cuando la joven se dio la vuelta, Eriol pareció fascinado por el provocativo balanceo de sus caderas, que se dibujaban a la perfección bajo aquellos pantalones tan ajustados. Esperó a que desapareciera antes de mirar a su hermano.
—Parece que nuestro hermano ha encontrado a su media naranja. No sé si es un hombre muy afortunado o el que tiene la peor suerte del mundo.
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Sakura encontró el rancho Rocking D sin problemas. Ignoró a los vaqueros que interrumpieron su trabajo para mirarla de manera lasciva cuando entró en el patio y se bajó del caballo. Aquellos hombres parecían un montón de vagos redomados, más interesados en descansar apoyados en la cerca que en repararla. El rancho y las edificaciones anexas estaban en muy mal estado y pedían a gritos ser arreglados; le recordaba a su propio rancho antes de que Syaoran cambiara las cosas.
Haciendo acopio de valor, Sakura subió los escalones del porche y llamó a la puerta; golpeó la hoja dos veces y estaba a punto de hacerlo una tercera vez cuando la abrió una hermosa rubia con los ojos de color chocolate y el cutis cremoso. Era menuda, muy frágil y estaba... muy embarazada.
—¿Qué quiere? —preguntó Cora Lee con nerviosismo. Parecía asustada por algo y Sakura se preguntó quién o qué la habrían puesto tan nerviosa—. ¿Quién es usted?
—¿Puedo entrar?
—No... sé. Estoy sola.
—Es con usted con quien quiero hablar. —Pasó junto a Cora Lee y se encontró en el interior de una sala dominada por una enorme chimenea.
Cora Lee cerró la puerta y siguió a Sakura.
—¿Quién es usted? —repitió.
—¿Puedo sentarme? —preguntó Sakura, hundiéndose en un sofá sin esperar respuesta y dando palmaditas en el asiento para que la otra mujer se sentara a su lado.
Sorprendida por los modales más bien impertinentes de su visita, Cora Lee se sentó sin poder apartar los ojos de las piernas de Sakura, embutidas en unos pantalones.
—Jamás había visto a una mujer vestida así. ¿Es usted amiga de Hal?
Sakura esbozó una tensa sonrisa.
—Nada de eso. Soy Sakura Li, la esposa de Syaoran.
A Cora Lee se le descompuso la cara y se puso en pie con rapidez.
—¿Sabe lo que ha hecho? ¡Lo ha echado todo a perder! No sé cómo se atreve a venir a mi casa.
—Lo siento, Cora Lee, pero tengo que saber qué fue lo que ocurrió realmente entre Syaoran y usted. Conozco muy bien a mi marido y no creo que sea capaz de hacer las terribles cosas de las que le acusa.
Sakura vio que a Cora Lee le temblaban los labios y temió que se echara a llorar.
—No quiero contrariarla, sé que no es bueno que una mujer en su estado esté sometida a fuertes emociones pero, por favor, cuénteme qué es lo que sucedió entre Syaoran y usted.
—¿Qué le ha dicho Syaoran?
—Niega todo... Dice que no le hizo daño.
Cora Lee entrecerró los ojos.
—Sí, bueno...
—¡Cuéntale la verdad a esta zorra, Cora Lee! —Sakura pegó un brinco y se colocó al lado de la otra joven cuando Hal Doolittle entró en la sala hecho un basilisco.
—Hal, creía que habías ido al pueblo.
Sakura no había visto jamás tanto miedo en la cara de una mujer; Cora Lee parecía haberse quedado petrificada.
—Allí me dirigía cuando el caballo comenzó a cojear. Los hombres me dijeron que había venido una visita y me acerqué a ver de quién se trataba. Observo que he llegado justo a tiempo. Adelante, Cora Lee. Cuéntale a la esposa de Li lo que te hizo su marido.
Los ojos de Cora Lee se llenaron de lágrimas.
—¿Tengo que hacerlo, Hal? Ya se lo he contado al médico, a los Li y a Touya Amamiya. No creo que...
Hal se acercó amenazadoramente a su hermana y blandió un enorme puño ante su cara.
—Lo contarás las veces que haga falta. Somos una familia orgullosa y Syaoran Li no va a salirse con la suya. Los habitantes del pueblo ya están pidiendo a gritos un linchamiento, así que cuéntale, Cora Lee, cuéntaselo todo.
Sakura observó cómo la otra joven retrocedía llena de temor, confirmando su suposición de que allí pasaba algo raro. ¿Por qué a esa joven le daba tanto miedo su hermano?
La rubia comenzó a hablar en voz tan baja que Sakura tuvo que esforzarse para escucharla.
—S-Syaoran acostumbraba a visitar a mi padre todas las semanas, aunque acabó viniendo con más frecuencia, portándose siempre de una manera muy amable y solícita conmigo. Hal no estaba mucho en casa y yo me ocupaba de mi padre lo mejor que podía. Como puede ver, el rancho no marcha bien y Syaoran se preocupaba por mis necesidades, y yo... yo creí que le importaba. —Le lanzó a Hal una mirada llorosa y suplicante—. ¿Es necesario que siga?
—Cuéntaselo todo —dijo Hal con voz firme e intimidante.
Cora Lee se humedeció los labios y continuó:
—Un día, Syaoran comenzó a besarme y no se detuvo cuando se lo pedí. Me asusté y me zafé de él, pero se rió de mí. Yo quise gritar, pero él siguió besándome y diciéndome lo mucho que me deseaba. —Comenzó a llorar, a sollozar, como si recordara aquello con horror—. Al cabo de un rato no me importaba hacer cualquier cosa que me pidiera.
Sakura conocía la sensación. Syaoran sólo tenía que tocarla y ella se derretía en sus brazos.
—¿Syaoran te violó? —preguntó Sakura en voz baja, atascándose al decir aquella palabra.
—No... no fue así. Me dijo cosas. Cosas que me hacían sentir especial. Me sedujo y yo fui tan ingenua como para creer que le importaba. —Cora Lee vaciló y le lanzó a su hermano una mirada suplicante.
—Sigue —dijo Hal sin piedad.
—Nosotros... Syaoran y yo... hicimos el amor muchas veces después de aquello. Entonces, un día me enteré de que estaba embarazada. Apenas pude contener mi impaciencia para contárselo. Le amaba locamente y pensaba que nos casaríamos y viviríamos felices con nuestro hijo.
—¿Qué dijo Syaoran cuando se lo contaste? —preguntó Sakura, temiendo oír la respuesta. Cora Lee parecía tan ingenua, tan sincera, que era difícil no creer lo que decía.
—Syaoran cambió cuando le expliqué que íbamos a tener un hijo —continuó—. Se convirtió en un monstruo. Me dijo que era una pequeña idiota y que sólo valía para una cosa.
—¡No! Syaoran jamás diría una cosa así —negó Sakura, incapaz de conciliar las palabras de Cora Lee con el hombre que conocía y amaba.
—Cuando le pedí que se casara conmigo y que le diera un nombre a nuestro hijo, me abofeteó. De repente se volvió contra mí como si se hubiera vuelto loco, comenzando a darme puñetazos en la cara, en el estómago, parecía no importarle donde me pegaba. No sé durante cuánto tiempo continuó porque me desmayé. El médico me dijo que era una suerte que estuviera viva y que no hubiera perdido al bebé.
Sakura se mantuvo impávida como una estatua durante todo el relato. No quería creer a Cora Lee, pero...
—¿Ha escuchado suficiente? —preguntó Hal en tono malévolo—. Su marido hizo que mi hermana pasara por un infierno y lo pagará. Podría haberse casado con Cora Lee si usted no lo hubiera cazado.
—¿Por qué quiere su hermana casarse con un hombre que se ha portado así con ella? —preguntó Sakura cuando por fin recuperó la capacidad de hablar.
—Yo me hubiera asegurado de que se portara bien con ella una vez que estuvieran casados —dijo Hal en tono burlón—. Mi familia jamás ha pasado la vergüenza de tener un bastardo en su seno.
Cora Lee gimió.
—Oh, Hal, ¿cómo puedes decir tal cosa cuándo...?
Él la cogió del brazo y hundió los dedos en su carne.
—¡Cállate! —le exigió.
Cora Lee apretó los labios hasta que se le pusieron blancos.
—Ya que Syaoran está casado, ¿por qué no intentan llegar a un acuerdo económico con él —sugirió Sakura—, y retiran los cargos? No les sirve de nada que esté preso.
Hal le dirigió a Sakura una sonrisa realmente malvada.
—Ah, no, no se escapará tan fácilmente. Cora Lee tiene esperanzas de emparentar con los Li y no quiero que mi hermanita se decepcione.
—¿Está sugiriéndome que me divorcie de mi marido? —preguntó Sakura.
—No estoy sugiriendo nada. Cuando haya decidido qué es lo que quiero, se lo comunicaré. He estado meditando sobre el tema desde que me enteré de que Syaoran ya está casado. Y no crea que no sé por qué se casó Syaoran con usted.
Sakura no quería escuchar las razones de Hal. Aquel hombre era odioso; grande, exigente y asqueroso. Ella ya se había tropezado antes con alguno de esa calaña. Poseía una buena presencia física, con el pelo rubio y los ojos castaños, igual que su hermana; pero Sakura sabía que era un matón. ¿Qué le habría hecho a su hermana para que estuviera tan aterrorizada?, se preguntó. Dio un paso hacia la puerta para marcharse, ya había oído más de lo que deseaba sobre aquel supuesto asunto entre Cora Lee y Syaoran.
—¿Ya ha escuchado suficiente? —la acosó Hal despiadadamente al ver que Sakura retrocedía—. Quizá debería quedarse un rato más y comparar apuntes con mi hermana sobre cómo se comporta Syaoran en la cama.
—¡Hal, por favor! —La cara de Cora Lee adquirió un profundo rubor.
—Todavía está a tiempo de decir la verdad —dijo Sakura—. Sé que Syaoran no es capaz de hacer lo que me ha contado, él jamás haría daño a una mujer. Por favor, diga la verdad antes de que sea demasiado tarde. ¿Le tiene miedo a su hermano? Si es por eso por lo que...
—¡Váyase! —gritó Hal, amenazando a Sakura con el puño—. Está molestándola.
Sakura no discutió. Estaba deseando salir de allí. Hal Doolittle era un matón despiadado que tenía a su hermana aterrorizada.
—Me voy —dijo, lanzándole a Cora Lee una mirada compasiva—. Me encontrará en el rancho Li si se decide a contar la verdad.
No importaba lo que pensara de aquella mujer y de las mentiras que le había contado sobre Syaoran, sentía lástima por ella; vivir con un hermano como Hal debía ser un infierno.
Mientras regresaba al rancho Li, Sakura revisó cada palabra de la conversación. La joven parecía tan convincente que era difícil no creer su historia. No le extrañaba que los habitantes de Dry Gulch se alzaran en armas para vengar lo sucedido. Pero Cora Lee también era una víctima; aunque, ¿de quién?
Aquella situación era tan enigmática como desoladora. ¿Tendría Syaoran Li dos caras? La que ella conocía y la que había mostrado con Cora Lee. Cuanto más lo pensaba, más convencida estaba de que algo no encajaba, algo que había pasado por alto durante su visita. El miedo de Cora Lee, el extraño comportamiento de Hal... Nada tenía sentido. ¿Qué clase de retribución tenía en mente Doolittle? Fuera lo que fuera, a los Li no les gustaría. Cuando regresó al rancho no estaba menos confundida que cuando había salido de él.
Takashi y Eriol vieron a Sakura cuando entró en el patio. Los dos estaban montados a caballo.
—Estábamos a punto de salir para ir a visitar a Syaoran —le dijo Takashi—. ¿Quieres venir?
Sakura asintió con la cabeza. Tenía que preguntarle a su marido algunas cosas.
—¿Cómo te fue con Cora Lee? —se interesó Eriol.
—Hal estaba en casa —dijo Sakura—. Esa chica parece totalmente aterrorizada por su hermano.
Eriol soltó una florida maldición.
—Hal puede ser un auténtico bastardo. No le habrá hecho daño, ¿verdad?
—No, no es eso. Todo lo que Cora Lee dice de Syaoran no tiene sentido, vuestro hermano no es como ella le describió. Pero parece tan sincera que es imposible no creerla. Es necesario que hable con Syaoran.
—Adelante, entonces —dijo Takashi—. Bill regresó del pueblo mientras estabas fuera y nos dijo que los ánimos están caldeados. Eriol y yo queremos asegurarnos de que no le linchen.
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Al llegar a la cárcel, Takashi y Eriol hablaron con Syaoran. No les permitieron entrar en el estrecho cobertizo, así que conversaron a través de la ventana enrejada. Mientras ellos cuchicheaban en voz baja, Sakura observó a la multitud que se arremolinaba alrededor del edificio. Iban y venían, pero la hostilidad colectiva no variaba. Sakura se puso rígida cuando vio que Hal Doolittle se unía al grupo y comenzaba a murmurar entre la gente. Sus palabras parecieron encender más los ánimos y algunas personas se adelantaron. Sakura se volvió asustada y alertó a los hermanos de Syaoran.
—Ve a hablar con Syaoran, Sakura. Eriol y yo nos encargaremos de todo —dijo Takashi, abriéndose la chaqueta para mostrar el revólver que llevaba en la cadera.
Sakura miró a través de la estrecha ventana dubitativamente. No sabía cómo la recibiría Syaoran, ni siquiera si le hablaría. Estaba sentado en un banco con el ceño fruncido y, cuando la vio, profundizó el gesto todavía más.
—Te dije que te fueras a tu casa.
—Lo haré... pronto...
Él se levantó y se acercó a la ventana.
—Ya sabes lo que ocurrirá, ¿es por eso por lo que estás aquí? No tienes más que escuchar a esos tontos de ahí fuera, están sedientos de sangre. Hal Doolittle quiere enviarme al infierno, pero me consuela saber que no conseguirá el dinero de los Li, nuestro matrimonio ha frustrado sus planes. De todas maneras, Hal sabe de sobra que no me casaría con su hermana ni loco. Desafortunadamente para mí, o Touya Amamiya o él conseguirán que me maten.
—No pueden ahorcarte —dijo Sakura con ferocidad—. No es legal.
—¿Acaso ves a otro representante de la ley?
—Tus hermanos...
—Sakura, te lo voy a decir por última vez: ¡Vete a tu rancho! No te necesito aquí. No quiero que estés aquí. Todo ha acabado entre nosotros, estamos en paz. Nuestro matrimonio ha servido para sus propósitos.
—¿Por qué eres tan odioso?
Algo brilló en los ojos de Syaoran, pero desapareció con rapidez.
—No estoy siendo odioso, sólo soy práctico. Conoces de sobra las razones por las que nos casamos y todo ha terminado ya, Sakura. —Se dio la vuelta.
Sakura intentó sentirse furiosa, pero no pudo. Puede que Syaoran estuviera en lo cierto, pero ella no iba a marcharse.
—No te atrevas a darme la espalda, Syaoran. —Sus estridentes palabras hicieron que él girara la cabeza hacia ella—. Quiero saber la verdad. ¿Sedujiste a Cora Lee? ¿La dejaste embarazada? Ni siquiera voy a preguntarte si la golpeaste, porque no creo que seas capaz de esa clase de brutalidad.
Sakura había captado su atención. Hubo un tenso silencio entre ellos, pero, finalmente fue él quien habló primero:
—Puede que sí, puede que no. ¿Qué más da? Piensa lo que quieras. —Se encogió de hombros—. Si crees que seduje a Cora Lee...
—No tuviste ningún problema para seducirme a mí —susurró Sakura.
Hubo un largo silencio en el que el aire pareció espesarse alrededor de ellos.
—Tú lo estabas deseando —dijo él sencillamente.
Sakura intentó convencerse a sí misma de que Syaoran estaba herido y enfadado. Que, a menudo, la gente decía cosas hirientes cuando estaba sometida a mucha presión.
Contuvo un sollozo y alzó la barbilla en claro desafío.
—Dejar embarazada a una mujer no es nada del otro mundo y no pienso irme.
Syaoran observó la reacción de Sakura con la mirada clavada en su rostro. No alcanzaba a imaginar qué era lo que la llevaba a permanecer leal a él cuando había hecho todo lo posible para que le mandara a freír espárragos. Había llegado al extremo de intentar plantar dudas en su cabeza sobre si era o no culpable.
Sakura le había seguido y le había salvado de la horca; era mucho más de lo que hubiera hecho cualquier esposa, y él la recompensaba actuando como un bastardo y mandándola a su casa.
Y ella se negaba a obedecerle.
Bruja terca.
En su boca se había dibujado una sonrisa cuando regresó al banco para contemplar con fascinación los feroces ojos verdes de su esposa, su pelo del color del trigo maduro y aquellos labios rojos y exuberantes que suplicaban que la besara.
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Continued…
