Disclaimer en el capítulo 1.

Gracias por vuestros comentarios: Vnat07, aquarius7, Violetta9017, Pau, y mis queridos y pesados guests que me recuerdan que actualice aunque no les haga mucho caso xD La universidad ha vuelto y el año pinta complicado, así que rezaré para que aguantéis firmes y sigáis leyendo y dejando comentarios aunque tarde en actualizar. ¡Ánimo y feliz curso!

Capítulo 10

Regina tuvo que levantarse. Necesitaba el espacio, el aire. Dio unos cuantos pasos, de espaldas a Emma, y se pellizcó el puente de la nariz con dos dedos antes de soltar aire y conseguir hablar.

- Yo no tengo miedo.

La rubia frunció el ceño con tanta fuerza que hasta la demonio lo notó sobre sus hombros. Pero no se movió entonces, ni tampoco cuando la sintió incorporarse lentamente detrás suya.

Regina sabía que no era justo. Para nadie. Ni Emma ni ella misma. A pesar de la guerra inminente, de todo lo que aún tenían que averiguar y de los obstáculos que se interponían entre ellas, había un pequeño gran rincón de su cerebro que la empujaba hacia sus brazos, que la incitaba a cumplir sus más profundos deseos. Pero el resto de su conciencia se lo impedía, la echaba para atrás y la obligaba a decir cosas que eran...

- Mentira – terminó Emma su pensamiento, acorralándola entre la espada y la pared -. Estás temblando más que un niño perdido en la oscuridad.

Ciertamente lo estaba, se dio cuenta Regina al escucharlo en voz alta y fijar la mirada en sus propias manos. Las cerró en puños para que dejaran de moverse.

- No sigas por ahí.

- ¿Porqué no? - exigió saber Emma -. ¿Acaso soy yo? ¿Soy yo la que tanto te asusta?

- No tengo miedo de ti – masculló Regina con los dientes apretados, intentando por todos los medios posibles no perder el control.

- ¡¿Y entonces de qué?! - la ángel estaba harta, hastiada de los silencios ensordecedores y las miradas perdidas. Se acercó a la otra mujer con decisión y, cogiéndola de un brazo, la obligó a darse la vuelta y encararla de una vez por todas. Y lo que vio la dejó de piedra. Los ojos de Regina habían dejado de ser sólo marrones para teñirse de un halo púrpura que irradiaba de sus pupilas, producto de la energía que estaba reprimiendo. Pero, aún así, Emma no pudo quedarse quieta. Ella era temeraria por naturaleza y, en un arranque de carácter, llevó sus manos hasta el abdomen de la morena y la empujó con fuerza -. ¡Habla! - gritó acompañándose de un segundo golpe -. ¡Estoy cansada de tu indiferencia fingida, de que pretendas que no ha pasado nada entre nosotras! ¡Al menos ten la decencia de admitir que estás aterrorizada de mí!

Casi ni lo vio venir. Un segundo estaba descargando toda su frustración con la fuente de todos sus líos mentales, y al siguiente su espalda chocaba sordamente contra una de las estanterías de la sala, una mano morena a cada lado de su rostro y sus cuerpos separados únicamente por una rebelde corriente de aire.

- No tengo miedo de ti – repitió Regina, su voz alarmantemente calmada y sus labios a meros centímetros de los de Emma -. Tengo miedo de cómo me haces sentir.

Emma parpadeó. Una vez. Y otra. Y otra más. Y cuando se convenció de que aquello había pasado, soltó el aire contenido por la boca y se dijo a sí misma que no podía ceder tan fácilmente. La demonio la había herido, y tendría que ganarse su perdón dando ella el primer paso esta vez.

- ¿Cómo te hago sentir, Regina?

La morena posó la mirada en sus ojos, la bajó a sus labios y la subió de nuevo. Marrón contra verde. Oscuro contra claro. Seguridad contra aceptación. Y Regina se permitió el capricho de inhalar aquel aroma a vainilla y canela antes de contestarle con la más pura sinceridad.

- Libre.

Si el mundo físico a su alrededor hubiera querido representar aquella simple palabra, susurrada entre palmas sudorosas y latidos acelerados, lo habría hecho con una grieta sobre el muro de una presa. Y sólo bastó un pequeño roce de nariz contra nariz para que el dique se rompiera definitivamente y el agua estancada se deslizara atrevida por los bordes, tal y como sus emociones reprimidas hicieron.

Regina besó a Emma. Incapaz de vocalizar sus pensamientos y mucho menos de seguir ignorando a su ángel, mandó al diablo al sentido común y posó una mano en su nuca únicamente para unir sus labios a los de ella. Sabían aún mejor de lo que recordaba, aunque realmente no se sentía como la primera vez. Aquello había sido pasión, y esto era hambre pura. Salvaje e indomable.

Sin despegarse todavía, Regina flexionó un poco las rodillas al tiempo que llevaba sus manos a la parte posterior de sus muslos, y con un sencillo movimiento la aupó haciendo que Emma rodeara su cintura con las piernas y su cuello con los brazos. La demonio abandonó su boca para besar su mentón y morderle el tendón del cuello, y les dio la vuelta en busca de una superficie sólida donde apoyarla.

Unos cuantos libros cayeron al suelo y otros tantos acabaron igual en el corto camino hasta la mesa del despacho, donde la morena colocó a Emma. Posicionándose entre sus piernas y dejando vagar sus manos por ellas, recorrió el camino inverso al anterior con sus labios y su lengua salió a jugar. Poco tardaron en competir por ver quien era la más rápida o traviesa, y los pequeños gruñidos que escapaban de sus gargantas no tenían dueña definida.

Cuando se separaron, faltas de aire, Emma acunó sus mejillas, acercando sus frentes con la única intención de no permitirle forma posible de encerrarse en sí misma de nuevo.

- No me dejes fuera otra vez – suplicó.

- No lo haré – dijo Regina, negando con la cabeza para darle más énfasis a su promesa -. Siento mucho haberte rechazado estas semanas, yo... necesitaba pensar en muchas cosas y... – un segundo beso, tan suave como el reflejo de la luna sobre el agua, interrumpió su pobre excusa -. No volveré a hacerlo – repitió embelesada.

- Más te vale – medio amenazó la ángel antes de volver a atrapar su labio inferior con los suyos, juntando ambas sonrisas.

Atrás quedaron las semanas de indiferencia y desasosiego por el no saber, enterradas bajo pilas y pilas de caricias y roces. Ninguna se atrevió a ir más allá del contacto superficial, todavía abrumadas por las sensaciones e indecisas tras la última vez que más piel se vio involucrada. Pero ninguna se retrajo tampoco. Esta vez habían llegado a la actual situación después de darle más vueltas de las necesarias a la cabeza, sopesando pros y contras y decidiendo que, pasara lo que pasara luego, valdría la pena.

Podían haber transcurrido minutos u horas, pero cuando alguien carraspeó desde la puerta abierta, Regina sabía que no había sido suficiente. Que ella nunca tendría suficiente de Emma. Se separaron con desgana y, si las miradas mataran, Mulán habría caído fulminada allí mismo.

- Lamento la interrupción, pero hay algo que tenéis que ver – explicó la guerrera, con una expresión demasiado neutra como para no tomarla en serio.

Emma y Regina se miraron durante un momento, una promesa muda de continuar luego con su "conversación", y tras arreglarse un poco siguieron a Mulán en dirección a uno de los balcones para desplegar las alas.

Y, por supuesto, ninguna de las tres se dio cuenta de cierta arcángel camuflada con sus poderes, testigo de todo lo que había pasado en aquella sala desde que la exótica agente había abierto la puerta.

-SQ-

Hook estaba harto de investigar sin resultados. Él y las dos diablesas, Tink y Belle, llevaban días y días en busca de información sobre el Oscuro y sus planes, pero no hallaban nada de provecho. Parecía que se lo hubiera tragado la tierra, pero obviamente no iban a tener tanta suerte. Mediante una excusa no muy elaborada, se disculpó con ellas para salir de allí durante al menos unas horas. Necesitaba aire fresco para despejar sus ideas y, mientras caminaba, sus pies lo llevaron inconscientemente a cierto club nocturno al que no debería volver.

Kristine ya le había dicho todo lo que sabía. Inconscientemente, quería creer él, aunque no las tenía todas consigo. Ella era inteligente, perspicaz, y más observadora de lo que demostraba a simple vista, así que cabía la posibilidad de que conociera sus intenciones. Pero, si lo hacía, tampoco había dicho nada. Y él, sin verdaderas razones lógicas, seguía volviendo a su lado, contento de compartir simples y platónicas noches con ella.

Ruby estaba en la barra cuando entró en el local, terminando de secar algunos vasos para la apertura de esa noche, y como de costumbre le envió una mirada entre desaprobación y advertimiento, a sabiendas de a que había ido a su bar. Sin embargo, también se molestó en indicar la puerta del personal por la que se accedía a los vestuarios, como señal implícita de que Kristine estaba allí.

Pero el demonio no llegó a su destino. La puerta del guardarropa estaba entreabierta, y Hook no había alcanzado el pomo cuando un golpe en el interior frenó sus movimientos. Se quedó estático, casi sin respirar, y un nuevo impacto resonó hasta sus oídos seguido de un lamento humano. El producto de un cuerpo al chocar dolorosamente contra las taquillas de metal.

- ¡Responde, puta! – exigió una voz que reconoció como la de Jafar. Él cerró los ojos, rezándole a un Dios en el que no creía que no se tratara de lo que él estaba pensando -. ¿A quién le has estado contando mis secretos?

- A nadie, lo juro – consiguió decir ella, confirmándole su peor pesadilla. Hook miró por la rendija de la puerta, encogiéndose ante la imagen de la mujer atrapada por el cuello bajo la fuerza bruta de un demonio enfurecido. Él quería intervenir, pero sabía que si se metía en medio en ese momento, todos sus planes se irían por la borda. Tenía que aguantar un poco más -. No he dicho nada a nadie.

- ¡Mentira! Dime la verdad, o me veré obligado a hacerte daño.

- No, no, por favor – titubeó Kristine, haciendo audibles las lágrimas que empañaban su rostro -. Hay... hay un hombre... que viene a veces – admitió al tiempo que luchaba contra la mano que le aprisionaba la garganta -. Él me preguntó sobre ti, pero no le dije nada.

- ¿Cómo se llama?

- No... no lo sé – sollozó la muchacha -. Por favor, tienes que creerme.

- ¿Cómo es entonces? - preguntó con agresividad -. ¡Descríbelo!

- Rubio – respondió ella con dificultad -. Es... es rubio y... y tiene cara de niño, como si no hubiera crecido nunca.

Lo estaba protegiendo, pensó Hook. Durante sus visitas, él le había contado algunas cosas sobre el inframundo y sus peores habitantes y ahora ella las estaba utilizando para desviar la atención de Jafar hacia otro demonio, salvaguardándole la vida con una mentira que le podía costar la suya a ella.

Ahora mismo, la mano derecha de Rumpelstiltskin estaría pensando que Peter Pan, el mismo al que le habían encargado atrapar al niño de Emma y había fallado estrepitosamente, era el traidor. Jafar la empujó de nuevo contra los casilleros, haciendo sonar el metal de las puertecillas, y finalmente la soltó dejándola caer al suelo. Ella se llevó la mano al cuello, intentando respirar bien entre toses.

- Más te vale haberme dicho todo lo que sabes – amenazó él -. Porque si no, volveré a por ti y te arrepentirás de haberme conocido.

Kristine escuchó alejarse los pasos del demonio sin intentar levantarse del suelo, demasiado conmocionada por lo que acababa de pasar. Sólo se movió, pocos segundos después, al oír acercarse otros pies mucho más rápidos. Y cuando su nueva visita llegó a ella, la chica ya se había arrastrado hasta una esquina. Encogida alrededor de sí misma, sólo alcanzó a ver unas botas de cordones antes de que Killian se arrodillara para quedar al mismo nivel de sus ojos.

Ella sollozó más fuerte aún, escondiendo el rostro entre sus propias rodillas. No intentaba camuflar los escalofríos y temblores que le recorrían el cuerpo, y no luchó cuando éste se apoyó contra el moreno en busca de consuelo. Killian la arropó entre sus brazos, meciéndose con ella y acariciándole el pelo al mismo tiempo que susurraba en su oído.

- Shhh, te tengo – le dijo -. Voy a sacarte de aquí, ¿vale? No voy a dejar que te pase nada – prometió, consciente de que estaban en esa situación por su culpa -. Lo siento, Kris. Lo siento mucho.

-SQ-

David ya estaba esperándolas en el sitio para cuando llegaron. Mulán no les había proporcionado demasiada información durante el camino, alegando que debían verlo ellas mismas, así que sólo sabían que se había cometido un crimen en uno de los pisos francos que la Guardia angelical tenía repartidos por toda la ciudad.

Entraron a pie, ya que el edificio no había sido construido pensando en sus alas y no podían aterrizar ni siquiera en el tejado. Subieron tres pisos de escaleras, y cuando llegaron al rellano de dicha planta no les hizo falta que les señalaran por donde ir. La puerta del apartamento número 6 estaba totalmente destrozada, con la cerradura hecha un amasijo de metal y varias marcas de fuego que habían quemado y astillado la madera.

Aquella imagen debería haberlas precavido, pero lo que se encontraron en el interior era infinitamente peor. Un total de seis cuerpos, todos ellos de ángeles, descansaban esparcidos por el piso en diferentes ángulos, posturas, habitaciones y estados de descomposición, producto de los distintos ataques que habían sufrido. Emma pudo sentir como se le subía la bilis a la garganta.

- Son los miembros de un equipo especial que operaba en América del Sur, enviado aquí en calidad de expertos para dar unas conferencias programadas en la Torre. Los encontró su jefe cuando no respondieron a su llamada hace un par de horas – explicó David, revelando su presencia al salir de lo que parecía la cocina. La rubia estaba a punto de preguntar cómo era que no estaban rodeados de técnicos y forenses cuando su padre continuó hablando -. Él fue quien decidió avisarme cuando vio... eso.

Y entonces se fijó en la pared, presumiblemente blanca antes de aquella matanza, y descubrió las macabras letras, hechas de sangre, que la adornaban ahora.

- Zafer ya ölüm – leyó Emma en voz alta -. ¿Qué significa?

David estaba abriendo la boca para responder cuando Regina se le adelantó.

- "Vencer o morir" - tradujo la morena ante la sorpresa de su "suegro". Aquella era una lengua ancestral de la que sólo se conservaban algunas palabras, las que designaban sus razas y algún que otro objeto o lugar. Había muy pocas personas que realmente conocieran aquel idioma perdido con el nivel suficiente para leerlo, siendo los arcángeles casi todos los pocos afortunados -. Es una declaración de principios – interpretó la demonio -. Rumpelstiltskin nos echa en cara que él va un paso por delante y tiene información privilegiada sobre la Torre.

Nadie tuvo que traducir eso. Todos supieron de inmediato que el señor Oscuro estaba impaciente por librar la última batalla de aquella guerra. Y eso significaba que debían encontrar alguna respuesta clara sobre la profecía, y que tenían que hacerlo ya.

Y como si de una señal se tratara, el móvil de Emma empezó a sonar con la melodía de la Guerra de las Galaxias, tono que Henry se había puesto a sí mismo en el teléfono de su madre. Los ojos de ésta se llenaron de alarma al reconocerlo, obviamente pensando en lo peor dado el escenario en el que estaban.

- Henry, ¿estás bien? - descolgó, preparada para salir volando de allí en cualquier momento.

- Muy bien, mamá – contestó el niño y todos respiraron de nuevo -. Es que creo que he encontrado eso que tú y Regina estabais buscando.

- ¿Dónde? - preguntó el Ángel Negro de inmediato.

- ¿Qué? - dijo Emma al mismo tiempo -. ¿Cómo vas a encontrar algo de lo que no sabes nada?

- Mmm... - el chaval no sabía cómo hacerse el desentendido, e incluso por teléfono se le notaba el nerviosismo en la voz.

- Henry Graham Swan – pronunció la rubia a modo de advertencia, en su tono de madre a punto de perder la paciencia y sin percatarse de la información secreta que había revelado con su padre delante.

- Puede que haya estado escuchando vuestras conversaciones – reconoció él.

- Tú y yo vamos a hablar muy seriamente en cuanto llegue a la Torre, jovencito.

- Bueno, vale, pero primero os enseño lo que encontré entre vuestros libros, que por cierto había un montón tirados por el suelo. ¿Qué estabais haciendo con ellos? - preguntó inocente.

Regina desvió la mirada ante eso, sabiéndose culpable de dicho desastre. Emma intentó esconder su sonrojo (y el carraspeo de Mulán) desviándose del tema en cuestión.

- Hablaremos cuando llegue – se despidió -. Te quiero.

- Yo también, mamá.

La llamada se cortó y el silencio se hizo... durante unos cinco segundos.

- ¿Graham? - inquirió el único hombre vivo de la habitación, su mirada fija en su hija -. ¿Era él?

Emma agachó la cabeza y asintió con resignación al percatarse de su desliz. Se había planteado contárselo infinidad de veces, más desde el anuncio de su divorcio con Snow y de que Neal se pusiera del lado de la arcángel, renegando cualquier conexión con David. Pero no había encontrado el momento y, de todas formas, ya había pasado 10 años callada.

Sólo enderezó el cuello al no oír ningún grito o reproche, y a tiempo de responder al abrazo de oso que le dio su padre. Aquello significaba el mundo entero para la ángel. Tras una vida llena de las represiones de su madre, el apoyo de David aliviaba enormemente el peso de su corazón.

- Lo siento mucho, pequeña – dijo él, disculpándose por mucho más que la muerte del cazador.

- Gracias, papá.

-SQ-

Jafar apresuró el paso, deseoso de comunicarle a su señor lo que había descubierto. Esta información podía llegar a ser su pase a un puesto mucho más alto en la cadena de poder del mundo demoníaco. Ser uno de los segundos del Oscuro no estaba nada mal, pero él quería más, quizás hasta un país propio para gobernar.

Tuvo que esperar unos minutos mientras una de las secretarias anunciaba su presencia y obtenía el permiso para hacerlo pasar, y se distrajo mirando descaradamente a la otra que se quedó en su mesa. Creyó recordar que era nueva en el puesto, y que se llamaba Bella o algo así.

- Ya puede pasar, señor – le avisó la diablesa de antes, dejando la puerta del despacho entreabierta.

Él caminó hacia la misma y entró con seguridad, cerrándola a su paso. Se colocó al otro lado del escritorio de madera negra que presidía la estancia y esperó a que le concedieran la palabra.

- Jafar, amigo mío – comenzó Rumpelstiltskin -. ¿Qué te trae por aquí?

- He estado investigando – se jactó él -, y ya sé quién es el desertor que va divulgando información sobre tus planes.

- ¿Quién?

- Peter Pan.

La carcajada del Oscuro resonó entre las cuatro paredes de la habitación, irónica y realmente divertida. Su principal fin era la burla, despreciando aquella afirmación como si no valiera nada ante la mirada estupefacta del moreno.

- ¿De verdad creíste que eso iba a funcionar? - preguntó verdaderamente interesado -. ¿Culpar a otro de tus pecados?

- ¿Qué? ¡Yo no soy el traidor! - intentó defenderse, cada vez más nervioso al no entender lo que pasaba.

- Nadie más que tú sabía algo de la profecía, y ahora tengo a media Torre investigando sobre ello. ¡Nunca debí confiar en ti!

Rumpelstiltskin chasqueó los dedos y Jafar se encontró atado de pies y manos por unos grilletes especiales que repelían la energía demoníaca, imposibles de burlar por un Iblis. Y, un segundo después, dos soldados con la cara tapada entraron en el despacho para agarrarlo de los brazos y arrastrarlo fuera de allí.

- ¡No! - bramó mientras intentaba frenar el empuje con los pies encadenados -. ¡Me han tendido una trampa! ¡Yo no he sido! ¡Por favor!

Pero nadie le hizo caso, y tras unos minutos de camino lo arrojaron a una celda cochambrosa de las que utilizaban para los presos de más bajo nivel. Jafar gritó entonces, desesperado e inquieto hasta casi quedarse sin voz. Lo único que tenía en claro era que había sido víctima de algún tipo de conspiración, y que la zorra aquella del bar tenía que estar en medio de todo el asunto.

Y él iba a matarla por ello.

*Iblis – demonio. | *Zafer ya ölüm – vencer o morir. (Obviamente he sacado la frase del traductor de google así que las quejas a él si está mal escrito xD)

PD: ¡HOY EMPIEZA LA SEASON 5! O.o