Pintalabios

Los terrenos de Howarts y las calles de Hosmeade estaban totalmente cubiertas de un manto blanco, una fría mañana de Enero. Los alumnos de tercero y cursos superiores se dirigían hacia el pueblo mágico, caminando con dificultad por la nieve, calándose los bajos de los pantalones vaqueros, haciendo que éstos pesaran más.

Katie Bell caminaba sola, estaba algo arisca y enfadada, una de sus amigas le había regalado un pintalabios por navidad para, según ella, "volverse más femenina", y eso no le había hecho ninguna gracia a la buscadora. Para rematar, su amiga Lenne había quedado con un chico de Hufflepuf, y había dejado plantada a Katie, obligándose a ir sola a Hosmeade. Aunque ir sola a Hosmeade la fastidiaba, siempre estaba bien salir de los terrenos del colegio, y hacer un par de paradas en las tiendas del pueblo para comprar.

Se paró en la puerta de las Tres Escobas, y se pensó el entrar allí de nuevo, después del ataque del collar y las semanas que pasó en San Mungo por eso.

"No". Pensó, y siguió caminando. Entró en Honeydukes para comprar algo de comer, apenas había desayunado, pasó por la casa de las plumas, la biblioteca y por Zonko.

"Tampoco. Desde que Fred y George abrieron Sortilegios Weasley, esta tienda no es igual… Además ha perdido mucha clientela por ellos. De aquí a nada veo a los gemelos comprar Zonko." Sonrió al pensar aquello, una vez tuvo una fuerte discusión con la dependienta, que estuvo a punto de venderle a Katie unos polvos para estornudar defectuosos. La mujer estaba empeñada en que los polvos estaban bien, aún después de que Katie se los echara a un alumno de primero para demostrárselo y le empezaran a salir granos de color violeta en la cara.

A lo tonto se le pasó casi todo el día dando vueltas por la calle, hasta que decidió volver al castillo. Caminó por la calle principal, y una mano grande y fuerte la agarró del brazo y la tiró hacia atrás, obligándola a encararse con Blaise Zabini y otros dos corpulentos Slytherin del mismo curso de Katie. La chica se zafó de la mano de la serpiente, y éste dibujó una sonrisa de superioridad, seguramente tenía ganas de tocar las narices y agarró a la primera persona que pilló.

- ¿Qué? – preguntó bruscamente la chica.

- ¿Qué hacías el otro día con ese idiota?- la chica arrugó la nariz ante la pregunta. Estaba claro que se refería al chico con el que Katie había empezado a salir apenas unas semanas.

- Si te refieres a Adam Jobson, primero, no es asunto tuyo, segundo no pienses que porque tú eres idiota, los demás también lo sean.- volvió a girarse, pero Blaise volvió a agarrarla del brazo.

- Lo es si ese capullo sale contigo. ¿Cuántas veces tendré que pegarle para que me deje el camino libre?

- No eres mi chulo, Blaise, y yo no soy tu zorra. Déjame en paz.

- Permítame que discrepe, señorita.

Entonces todo ocurrió rápido, Katie, que tenía la mano derecha dentro del bolsillo de la chaqueta, la sacó y la cerró en un fuerte puño, y cogiendo fuerza con todo el brazo, le estampó la cerrada mano en el pómulo de Blaise, haciéndole caer al suelo instantáneamente. Katie se dio la vuelta, orgullosa, dejando a un Blaise completamente atónito en el suelo. El chico se levantó con ayuda de los dos gorilas, y furioso por la ridícula escena de la que acababa de ser protagonista gritó:

- ¡Ni una palabra a nadie de esto¡¿QUEDA CLARO?!.- rugió, y sus compañeros asintieron enérgicamente, temerosos.

Katie avanzaba en dirección al castillo, con una radiante sonrisa adornándole el rostro, mientras dejaba las pequeñas huellas de sus pies en la blanca nieve que cubría el camino. Abrió la mano con la que había pegado a Zabini, y miró el pintalabios que le había regalado su amiga estas Navidades. Disimuladamente, había agarrado el dichoso cacharro y había aferrado fuertemente los dedos alrededor de él, para así evitar clavarse las uñas en la palma de la mano, evitando hacerse daño, y aumentando con ello la potencia del golpe.

Sonrió. "Cuando la encuentre, voy a darle mil gracias por el pintalabios. Ya le he encontrado utilidad."