Capítulo 7: Humanidad.

El mago de la cicatriz se encontraba dando vueltas a su habitación del departamento dentro del baúl como animal recién enjaulado mientras empujaba de vuelta sus emociones bajo control, no quería quedarse dentro del mismo espacio que Natalia por ahora pero si se iba ella ya no podría salir después.

-¿Y cuál sería el problema con eso? –Se preguntó considerando la idea, sacudió la cabeza tratando de apartar ese tentador pensamiento, todo este alboroto era para ganar la libertad de los vampiros, él no podía escoger a quien dársela y a quien no, por mucho que quisiera hacer una excepción.

-¿Cuál es el problema Harry? Estas muy alterado, incluso lo sentí aquí –lo interrumpió su otro yo, ya que generalmente no se dejaba escuchar al menos que fuera un asunto de vida o muerte aquello le sorprendió pero se sobrepuso de inmediato, no iba a perder la oportunidad de obtener algunas respuestas.

-¡La vampira que me pusiste de guardiana es el problema! –Aún seguía alterado pero trato de controlarse, sin embargo la leve risa de su yo más viejo llamó su atención, el nunca se reía, o por lo menos no lo había escuchado antes.

-Sí, lo sé, Natalia puede ser muy complicada a veces, es una mujer muy compleja –comentó, esta respuesta lo descolocó por un segundo hasta que las piezas encajaron.

-¡Tú ya la conocías! –El Harry mayor asintió- ¿Por eso le perdonaste la vida y la escogiste para que fuera mi guardaespaldas?

-No exactamente, es muy probable que yo no hubiera podido matarla aunque solo la hubiese conocido en este tiempo –contestó con cierta renuencia al principio, pero finalmente pareció decidirse por decirle- ¿Recuerdas qué te dije que hay cosas que solo te podría decir cuando estuvieras listo? –Harry asintió- bueno, contarte cual fue mi relación con Natalia Ivanov habría supuesto contarte también cierto tipo de cosas… para las que necesitaba que maduraras un poco más, pero dada tu reacción de hace un momento y la proximidad de nuestro siguiente destino creó que llegó la hora de que tengamos esta charla.

-¿De qué…? –Al principio no le entendió, pero un repentino escalofrió le advirtió el rumbo que estaba tomando esta conversación, se trataba de "esa charla", tensándose se levantó de la cama, donde se había sentado al empezar a hablar, con clara intención de escapar, olvidando el hecho de que no podía- sabes, en realidad no tengo tanta curiosidad por saber que…

-Siéntate –le ordenó con autoridad, el chico cayó sobre su cama de nuevo- ahora saca tu gira-tiempo, esto nos llevará todo el día y debemos terminar antes de que Natalia salga de su baño, vamos a la sala de los recuerdos, nos servirá el apoyo visual.

Pasando saliva el chico obedeció, pero al llegar a la puerta que comunicaba los compartimientos esta se abrió revelando a un chico de cabello negro que lucía un poco pálido.

-No preguntes –le cortó su contraparte futura antes de que siquiera pensara en abrir la boca- por amor de Dios no preguntes.

Tragando fuerte el Harry que estaba próximo a entrar sacó la cadena de oro de debajo de su ropa y avanzó cerrando la puerta detrás de sí, una vez se cerró la puerta el joven se frotó la frente intentando asimilar lo que había visto, las pasadas veinticuatro horas le habían parecido veinticuatro años, y casi lo habían sido, 22 años en realidad, 22 años de su vida en los que había visto las experiencias de su otro yo desde que empezaron a gustarle las chicas hasta su última despedida de estas, aunque se centraron principalmente en el inicio y sus diez últimos años, los cuales eran demasiado detallados.

-No podré volver a ver a esa mujer a los ojos –murmuró sin lograr olvidarse de lo que había visto.

-Creó que ya te diste cuenta, pero hay muchas otras partes de Natalia que sí puedes ver –comentó su otro yo con suma tranquilidad.

-Esto no tiene la menor gracia –le espetó fríamente.

-Sí, tienes razón, lo siento –se disculpó el Harry mayor aparentemente avergonzado por su falta de sensibilidad, algo que no había pasado en años- sin embargo te recuerdo que no tienes por qué quejarte, fuiste tú el que siempre quiso que le contara la verdad desnuda –sacudiéndose la tira de imágenes que esa palabra le descargo y dispuesto a no dejarse sacar de sus casillas ahora, Harry quiso salir de una duda.

-Hay una cosa que no entiendo, ¡NO!, sobre "eso" ya me quedó todo bastante claro, gracias –se adelantó antes de que su otro yo agregara algo más de información a su sobrecalentada cabeza, ya tenía demasiada, no negaba que había sido interesante incluso gracioso en algún momento y que sin duda le resultaría útil en el futuro, pero las últimas cosas que vio le habían resultado demasiado impresionantes como para terminar de digerirlo pronto. Volviendo a su duda- ¿No me habías dicho que Ginny fue la única mujer a la que amaste?

-Dije que Ginny fue el amor de mi vida, no el único –le corrigió- es probable que yo no lo hubiese intentado con otra mujer luego de lo que le sucedió a ella, pero algo cambió eso.

-¿Y qué fue eso?

-La misma Ginny de hecho –contestó con algo de diversión- aún no lo hemos visto, pero hay formas de traer a los muertos de regreso, antes de que preguntes, sí, sí es posible, no, no debería hacerse. La razón es que los muertos no pertenecen aquí, ya has visto espíritus furiosos que fueron forzados a regresar del más allá, siempre les trae dolor estar fuera de su mundo, sin embargo puedes llamarlos en ciertas ocasiones para pedir su consejo o terminar un asunto inconcluso –explicó calmadamente, pudo sentir cierta decepción a la par de algo de esperanza en su yo más joven así que prosiguió- hable con ella tres veces, la primera fue justo después de que murió, me dijo que no debía rendirme o desaparecería el Harry del que ella se había enamorado, además de que se enojaría muchísimo si me atrevía a dejar ese mundo en semejante caos –le relató con una leve carcajada- la segunda fue tres años después de eso, estaba planeando regresar a Londres así que pensé en despedirme de ella y decirle que estaríamos juntos de nuevo apenas Voldemort fuera solo un mal recuerdo, me pase días pensando en las palabras que diría, muchas mujeres habrían pensado que era lo más romántico que podrían escuchar ¿sabes? ¡Pero no Ginebra Molly Potter! Recuerdo sus palabras exactas: "Deja de ser un idiota Harry" –suspiro- me dijo que cuando me pidió que no me rindiera se refería también a la vida, que intentara ser feliz. No estaba seguro de cómo hacer eso así que solo continúe del mismo modo, fue así por otro año más mientras analizaba las palabras de Ginny cuando no estaba preparando a los magos que vinieron conmigo para la guerra, al final hable con ella una última vez para despedirme de forma definitiva y prometerle que por lo menos lo intentaría.

-¿Y qué paso?

-Paso que apenas me decidí a intentarlo todas las veelas que se convirtieron en refugiadas del ejército parecían haber notado que estaba "disponible", a veces pienso que tenían un radar o algo así, pero volviendo a la historia, debí haberlo intentado unas cinco veces, pero nada se acercaba a tener una relación en verdad –le contó con tranquilidad- hasta que un día reconocí a una de las refugiadas, no era una veela completa sino una mestiza parte bruja, se llamaba Gabrielle, era la hermana menor de una vieja amiga que tiempo atrás se había casado con uno de los hermanos de Ginny. Debido a la guerra yo entrene a un puñado de magos para que pasaran el conocimiento al resto, pero no enseñaba a nadie en específico, ni hechizos demasiado poderosos, aun sabiendo eso Gabrielle me suplico que le enseñara como vengar a su familia, en realidad tuvimos una discusión tremenda, recuerdo que la abofetee cuando todo se descontroló y le dije que yo no lo hacía por venganza, eso solo sería deshonrarlos, deshonrar en lo que creían, por lo que lucharon y por lo que murieron. Ella me miro con tal intensidad que por un segundo casi temí arder en llamas, pero no se desesperó ni soltó una sola lágrima solo me hablo con la frialdad de un tempano, me dijo que lo haría ella sola, la detuve antes de que se fuera, yo tenía mi plan ¿entiendes?, atar todos mis cabos sueltos, incluyendo a Voldemort, y llegar al más allá (o a dónde fuera que ese maldito tren me llevara) con las cosas en paz, algo que no conseguiría si dejaba a esa chica irse así como así directamente a las manos de los mortifagos, sabía que eso era algo que ningún Weasley, Fleur incluida, me habría perdonado jamás.

Al final le enseñe a batirse con propiedad además de algunos trucos que ningún otro mago se esperaría. Como entrenábamos diario compartía más con ella de lo que había compartido con nadie en esos intentos de relación, incluso comencé a abrirme con ella y al final comenzamos una relación, sin embargo cada día me daba cuenta de que la veía más que todo como una amiga, ella no era de las que se rendían fácilmente en nada, lo intentó en serio cada día y yo lo intentaba porque no quería lastimarla, aunque sabía que estar juntos sin amarla del mismo modo también lo hacía, finalmente después de dos años terminamos, ella se unió a una división que se especializaba en espionaje e infiltración y yo continúe con lo mío.

-¿Pero qué tiene eso que ver con Ivanov? –Preguntó Harry pensando que su otro yo finalmente había llegado a la edad en que te pierdes en tus recuerdos como un anciano senil.

-Escuche eso –le dijo en tono de advertencia, el chico paso saliva y rió con nerviosismo- y esa es la segunda parte de la historia, la guerra finalmente había comenzado así que me adentre en el territorio de los vampiros, para resumirlo pasó casi exactamente lo mismo que cuando fui a ver a los ancianos por primera vez en este tiempo, ella quedó atada a mí y como no tenía el tiempo para pensar en cómo arreglar eso y ella se había dado cuenta de que no podía matarme comenzó a pelear para mí. A ninguno se le daba mucho la charla así que nos tolerábamos mutuamente muy bien, aun así de vez en cuando dejábamos escapar frases sueltas y como pasábamos todo el tiempo juntos terminamos por conocernos muy bien, una noche luego de una batalla en la que casi no lo contamos el regimiento con el que íbamos decidió celebrar y nos retaron a una competencia de bebedores, como ya te imaginaras Natalia nunca rechazaba un reto y yo decidí que no tenía nada mejor que hacer, no sabría decirte con exactitud que paso después de la treceava ronda pero sé que en algún punto entre esta y el nuevo record, establecido claro está por Natalia, de cuarenta y dos whiskies de fuego entre los dos apostamos algo que tampoco recuerdo bien. Lo siguiente que recuerdo es haberme despertado al día siguiente junto a ella, ambos desnudos dentro de su tienda, cuando se despertó parecía incluso más sorprendida que yo, lo cual nunca dejo de parecerme un poco extraño ya que con su memoria era capaz de recordarlo todo sin importar cuánto hubiese bebido, así que ella sabía exactamente qué y cómo había sucedido.

-¿Y empezaron una relación así? –Le preguntó el joven Harry sin saber bien como sentirse o que pensar.

-Nunca fue una relación propiamente dicha –le explicó, luego dejo caer unas pocas carcajadas- fue extraño, por primera vez en mucho tiempo ambos queríamos decir algo y nos quedamos sin habla y tartamudeábamos escusas acerca de… no recuerdo qué, al final decidimos que fue una forma de celebrar que logramos salir con vida el día anterior y lo dejamos allí, aunque ambos acordamos que fue una excelente manera de celebrar –casi se podía adivinar una sonrisa tras la voz- no sé si fue un acuerdo mudo o algo parecido pero a partir de entonces celebrábamos del mismo modo cada que ocurría algo parecido –recordó con cierto rastro de nostalgia.

-¿Y cuántas veces fueron? –Preguntó Harry sin poder evitarlo guiado por la curiosidad, su otro yo pareció haber sido tomado con la guardia baja perdido en sus recuerdos ya que contestó sin pensarlo.

-Como unas trescientas veces –cuando notó lo que había dicho ya era tarde su yo más joven estaba mudo- ¡estábamos en guerra y los dos siempre batallábamos al frente! –Agregó a la defensiva, pero luego pareció calmarse- nunca actuamos precisamente como dos enamorados, desde antes habíamos arriesgado el cuello más de una vez el uno por la otra, pero nos habíamos arriesgado por otros igual. Nunca hablábamos de lo que hacíamos salvo por comentarios aislados y en forma de broma, pero ella se quedó conmigo a pesar de todo, incluso cuando me distancie de todos tras la muerte de mi dragón o cuando finalmente conseguimos un acuerdo con los clanes de vampiros restantes para que la aceptaran de vuelta entre sus guerreros, los ancianos no solo no me querían como enemigo sino que habían descubierto que podía ser un aliado mucho mejor que Voldemort, por lo que no hubo mayores problemas… salvo por el hecho de que Natalia declino la oferta, no debería haberme sorprendido pero en su momento lo hizo, aunque también me alegro, sin embargo ellos acordaron dejar la oferta abierta por si cambiaba de opinión. Seguimos como antes, aunque nos demostrábamos más preocupación por el otro que al principio, hasta el día que metí la pata hasta el fondo. Teníamos una misión delicada de infiltración en Dumstrang, así que solo fuimos los dos, resultó ser una emboscada… y los mortifagos por poco la matan. Ese día tire abajo el castillo de Dumstrang… con cerca de mil mortifagos, profesores y nuevos reclutas dentro de sus muros, muchos de los últimos no tendrían siquiera quince años y ya manejaban el cruciatus como una maldición de desarme, sin embargo eran solo niños y no me importó, en ese instante solo me importaba llevar a la mujer que sujetaba en brazos al campamento médico más cercano, el corazón de ella ya latía de nuevo en ese entonces y cada vez se volvía más débil, en mi desesperación recuerdo que le grite "No te rindas Ginny"

-¿Qué sucedió luego? –Le ínsito Harry con cierta ansiedad por saber el final, pues su otro yo se había quedado en silencio por un largo rato, luego de esto suspiró pesadamente y continuó.

-Como dije antes, Natalia tiene una excelente memoria, que si no fue afectada por 42 Whiskies de fuego ¿Cómo iba a ser afectada por el simple hecho de estar al borde de la muerte? Cuando finalmente se recuperó lo suficiente lo primero que me pregunto fue ¿Quién es Ginny?, con lo terca que es cuando se le mete en la cabeza sabía que tendría que decirle, pero le pedí que esperara hasta estar recuperada ya que sería una charla muy larga. Aquello solo me dio un par de días más, me sentía como un condenado a la horca, finalmente le conté de mi esposa y de lo familiar de lo que había pasado y el parentesco entre ambas, el cual iba mucho más allá de lo físico, aunque yo no me di cuenta de todo eso en aquel momento. Pero ella sí, al final me preguntó lo que yo más quería evitar…

-Fue por eso que no la mataste –Su otro yo completo al pregunta que en aquel momento Natalia le había hecho, solo que no era una pregunta, era una aseveración- Porque te recordaba a Ginny –pudo sentir la afirmación dentro de su mente- ¿Y cómo resultó?

-¿Tú cómo crees? –Le preguntó de forma retórica- conservaría las cicatrices de no ser porque ahora estoy en tu cuerpo. Natalia regresó a Rumania inmediatamente después sin decir nada, no me volvió a hablar después de eso hasta que… bueno tú ya sabes, yo regrese a Londres porque alguien de la armada americana había solicitado mi asistencia como asesor para un plan de infiltración en el Ministerio unos meses antes y a partir de allí ya conoces el resto –concluyó, el Harry más joven silbo por lo bajo, aquella sí que había sido una historia, pero entonces se dio cuenta de algo.

-¡Un momento! Natalia no sabe de esto ¿o sí? –Inquirió un poco preocupado, preocupación que se acrecentó cuando su yo interno rió ligeramente.

-Ese será tu pequeño asunto pendiente mi estimado discípulo –le dijo de último.

-¡¿QUÉ? –Esta vez no se había molestado en ocultar su voz en sus pensamientos por lo que tras el grito unos pasos apresurados se escucharon por el corredor en dirección a la sala, que es en donde se encontraba ahora, apenas unos segundos más tarde la imagen de la vampira con el cuerpo totalmente empapado apareció en el marco de la entrada, el agua caía al suelo deslizándose sobre su tersa piel pero su expresión era casi feroz.

-¡¿Qué sucedió? –Preguntó apenas lo vio- ¿Por qué gritaste? –Le volvió a preguntar con más apremio al ver que el chico solo se quedaba viéndola como una estatua.

Si aquello hubiera sucedido el día anterior lo más probable es que se hubiese desmayado, pero la seductora imagen le era ahora demasiado familiar como para tomarlo por sorpresa, eso no evito que se sonrojara casi hasta hiperventilar pero se sacudió los recuerdos que amenazaban con acosarlo y se controló lo más que pudo.

-Estas mojando el piso –le dijo finalmente con naturalidad algo forzada pero tan creíble que parecía que comentaba el clima, con un movimiento de su varita el agua al completo se secó, incluida la que aún cubría a la vampiriza, y con otro la ropa de esta apareció en su sitio como si nada mientras una toalla más pequeña caía sobre su cabeza, que fue lo único que no quedó completamente seco debió a la exuberante cabellera en ella, durante ese segundo en que la toalla le cubrió los extrañados ojos, el muchacho aprovecho para respirar con rapidez una par de veces hasta calmarse y regresar a su expresión neutral- salgamos, ya hemos pasado mucho tiempo aquí, en otro momento continuaremos –y dicho esto solo se adelantó a la salida del baúl seguido de la todavía extrañada pelirroja.

Unos meses después se hallaban en Suiza, la siguiente y última fortaleza se encontraba en lo más alto de los Alpes, y contaba con su propia caballería, aparte de los rumanos eran la única cede con esa ventaja, y era también la única forma de entrar. Aun cuando Harry contaba con Minerva para llevarlo, o incluso una de las escobas que ya había terminado de modificar y serían capaces incluso de hacerle peso a una saeta de fuego, el mago eligió, en contra de la opinión de su pelirroja protectora, su dragona y muchos de los soldados, montar en un thestral. Sabía que apenas vieran a Minerva los ataques se centrarían en ella y le sería más difícil evadirlos llevándolo a él sobre su lomo. La escoba habría sido una mejor opción de no ser porque buena parte del tiempo necesitaba las dos manos para maniobrar y le daba poco tiempo para regresar ataques, sin mencionar que así saltaría a la vista tanto como en Minie, llevando la armada contra él, suficientes reportes les habían llegado al resto de vampiros luego de siete meses de campaña como para que no lo identificaran aún con un disfraz, más aún si era el único en un medio de transporte exclusivamente para un mago. También quedaba su forma de dragón, pero esta batalla no se limitaría a los cielos, ese sería solo el inicio, necesitaban que alguien se infiltrara en medio del asalto aprovechando la distracción hasta una de las aberturas del castillo, una que utilizaban para las aves mensajeras, pero a un cuervo también le serviría estando suficientemente cerca, la razón de no acercarse en esa forma desde el inicio era que sería más problemático evadir el fuego cruzado. Una vez dentro y con la atención del enemigo centrada en el exterior a la primera oportunidad Harry debería tirar las entradas para que los suyos pudieran invadir el castillo y acabar con quien se pusiera en su camino. Se le advirtió también que este castillo fue la anterior cede del consejo de ancianos, por lo que sus defensas internas eran sumamente variadas y muy peligrosas.

Con todo, el plan tuvo un relativo éxito hasta la parte en la que Harry, en su forma de cuervo, se infiltró el interior de la fortaleza, pero a partir de allí nada fue como lo esperaba. Lo primero que encontró ni bien regresó a su forma original fue una manada de lobos en un foso a quince pies debajo de un descanso donde se recibía a las aves, en el cual desde luego lo iban a notar apenas alguien apareciera, por lo que sin más opciones saltó al resguardo de los lobos asumiendo la forma de uno de ellos, entre más de cien donde una cuarta parte eran totalmente negros ni siquiera un vampiro notaría algo extraño, pero los mismos lobos sí, por suerte las habilidades mentales eran algo que Harry podía mantener en cualquiera de sus formas de animago ya que se relacionaba con su mente. Otra de las habilidades de los ancianos vampiros se había sumado para fortalecer su Legilimancia, podía influenciar mentes susceptibles, sabía bien las implicaciones de esto por lo que decidió no usarlo al menos que se tratar de casos de vida o muerte… como este. Debido a la mente instintiva de aquellos lobos no fue difícil calmarlos al punto de mansos corderos, incluso consiguió saber cómo salir de allí a través de los recuerdos de los caninos, sin embargo estos solo sabían de un lugar que él podía usar de salida pero no de lo que había más allá.

Encontró una salida que podía usar regresando a su forma de ave, pero al otro lado empezaban las protecciones internas contra intrusos. Los vampiros como los duendes de Gringotts no se preocupaban mucho por el destino de los intrusos en tanto estos no supieran de ellos, el bloque exterior era un laberinto comprimido donde bien uno podía desaparecer para siempre, su yo interior observaba el desempeño de su homónimo más joven sin comentar nada, aquel lugar haría ver a la tercera prueba del torneo de los tres magos como un paseo por el jardín botánico de Londres.

-¡Incendio! –Exclamó Harry deshaciéndose de la décima enredadera de lazo del diablo que intentaba estrangularlo, ese laberinto estaba repleto de cosas como esa a la vuelta de cada esquina, continuó avanzando hasta una bifurcación- Arania Exumai –murmuró sin ganas derribando a la acromántula de seis pies que apareció en frente de él, luego levanto su arco con una flecha y murmuró "incendio" antes de disparar, el arácnido estallo en llamas antes de poder levantarse (descubrió que si tallaba sus flechas con madera para varitas podía arrojar hechizos elementales a través de estas, cuando las lanzara, con bastante fuerza), luego volvió a la tarea de atravesar el laberinto, encogiéndose de hombros decidió seguir el lugar por dónde la araña se le apareció, si estaba en lo correcto los peores peligros estaban bloqueando la salida, si se equivocaba y dentro de cinco minutos no daba con la maldita salida pasaría al plan de contingencia alternativo para múltiples propósitos con derivadas inesperadas.

No había acabado de decidir esto cuando un susurró inhumano le erizó la piel.

-Hace tanto, que no había carne tan fresca.

-Tiene que ser una broma –comentó para sí mismo con los ojos cerrados y expresión hastiada mientras empuñaba su varita con más fuerza que antes.


Había esquivado por poco otra bola de catapulta, llevaba casi una hora haciendo lo mismo y su thestral comenzaba a cansarse, como Harry no consiguiera abrir las entradas pronto empezarían a tener problemas para mantenerse en el aire y tendrían que retirarse, pero aún mientras esquivaba su atención estaba dispersa en lo que le podría haber ocurrido al ojiverde para que demorara tanto.

-No debí dejarlo ir solo –se recriminó mentalmente.

-Tampoco podías detenerlo –le alentó la única voz que podría atravesar sus defensas de Oclumancia, pues tenían un vínculo directo para hablar, no tan fuerte como el de Harry pero suficiente para comunicarse aún en esas situaciones- estará bien, si vas a preocuparte por algo mejor preocúpate de que no vaya a perder la paciencia y…

¡KATAPLUM!

-Ya sucedió –comentó con clara resignación la dragona viendo como una sección completa del muro oeste se venía abajo, a pesar de que la comandante de escuadrón debía estar molesta por la falta de sutileza, el desapego al plan que el mismo chico había propuesto y el caos que esto supondría en breve para la batalla, no pudo evitar que una sonrisa de alivio aflorara en su rostro al saber que el pelinegro se encontraba suficientemente bien para volar por los aires una parte de la fortificación.

-Al final parece que sí se decidió por el plan-B –comentó bastante despreocupada.

-No va a dejar nada –acotó Minie cuando una segunda sacudida aturdió el castillo y un estallido de llamas consumió una sección del muro que ahora su caballería cercaba para ingresar- quedará igual que la fortaleza en Roma.

-Es una ciudad con muchos edificios antiguos, no creó que extrañen uno que ni conocían –dijo defensiva la pelirroja sin pensar mientras dirigía a su thestral junto con el resto de su armada, de poder verla la dragona le habría dirigido una mirada suspicaz.

-Lo defiendes mucho últimamente –comentó con toda la intención mientras volaban cada vez más cerca a la entrada recientemente hecha, Natalia regresó a verla de lado con el ceño fruncido.

-¿Qué insinúas? –Le preguntó con un tono frió y desprovisto de todo rastro de emoción, su escucha dejo escuchar una carcajada sarcástica.

-Puedes engañarte todo lo que quieras y al resto del mundo pero no a mí –le dijo con total tranquilidad- yo soy la fiera salvaje aquí, y tengo instintos ¿sabes? –Le recordó categóricamente, al ver a qué se refería la vampira la miro como queriendo destajarla con la mirada y hacerse un nuevo par de botas, finalmente solo actuó con total indiferencia.

-Por favor, es solo un chiquillo –Le dijo como si eso zanjara el asunto, pero no lo hizo.

-Con tu edad cualquier hombre parecería un chiquillo –contestó impasible ignorando la oleada de furia que sintió a través de su vínculo- además tenía entendido que lo último que los vampiros consideraban al enamorarse era la edad.

-¡YO NO ESTOY… -su reclamó quedó inconcluso cuando una bola de fuego de su escucha la adelantó para desviar una bola de catapulta en llamas que iba en dirección de calcinarla.

-Terminaremos esta conversación luego, si es que no estamos muertas –decidió Minerva adelantándose a la acción dejando tras de sí a una furiosa pelirroja que comenzó a desquitarse con los primeros desafortunados jinetes aéreos que salieron a su encuentro.


Jadeaba pesadamente, era difícil moverse en aquel estrecho laberinto y lo era mucho más esquivando a una serpiente de doce metros, sobre todo cuando te guías por un sonar en lugar de tus propios ojos, aun cuando había abierto un boquete ya dos veces para salir a un espacio más abierto aquel basilisco le bloqueaba continuamente, por lo que al final se hartó de tratar de ser sutil y lanzo su mejor conjuro aplastante, el rey serpiente lo esquivo pero al menos su armada ya tenía un lugar por donde entrar.

-¡Terminemos con esto! –Le gritó en parsel al laberinto sabiendo que su principal amenaza lo escucharía.

Su fiel armadura de escamas de dragón lo cubría por completo de la cabeza a los pies, algo que le había salvado bastante de las trampas más arcaicas dentro del laberinto, guardó su varita y concentro un hechizo de fuego en sus manos con toda la magia que pudo embutirle, un bola de fuego carmesí se expandió rápidamente entre sus dedos enguantados, lo que evitó que se quemaran, y la arrojó en la dirección donde la serpiente había desaparecido, una explosión sacudió el suelo, al parecer el conjuro tuvo un efecto similar a una bomba de napalm, el fuego incluso regreso en su dirección envolviéndolo por completo. Ignorando su situación esperó hasta que entre los chillidos, de múltiples criaturas que nunca habían conocido más que la oscuridad o el frío y ahora eran consumidas por él fuego, un grito de dolor silbante llamó su atención y lo siguió hasta uno de los corredores de piedra ya un poco apartado de las llamas donde la enorme serpiente se revolcaba tratando de calmar el dolor de las profundas quemaduras en su piel. Sin perder más tiempo desenfundó su espada, está levito de sus dedos sobre su palma ahora extendida y se guió en dirección del basilisco un segundo más tarde la hoja cortaba el aire para incrustarse limpiamente en la quijada y a través de esta para salir por arriba cerrándole el hocico y clavándole la cabeza en el muro, la serpiente daba furiosos forcejeos pero no lograba zafarse una vez inmóvil Harry abrió uno de los bolsillos de su cinto y con una sola palabra un par de brillantes dagas salieron y comenzaron a flotar sobre su cabeza buscando un blanco.

-A los ojos –dijo simplemente y las filosas armas se dispararon como una de sus flechas hasta sus blancos designados, un chillido volvió a tronar en los oídos de Harry cuando sus armas cumplieron su cometido.

Deshaciendo el hechizo que mutaba sus sentidos se acercó al monstruo que todavía intentaba soltarse inofensivamente atrapado y con un movimiento de su mano la Reaper corto desde la mandíbula hasta el cerebro con todo y la roca en la que estaba incrustada como si fuera de cartón hasta que con una oleada de sangre la inmensa víbora dejo de moverse, otro movimiento de su mano y todas sus armas regresaron a sus respectivos contenedores. Como ya daba por sentado que sabían que estaba dentro voló los muros del laberinto hasta el patio central, al parecer habían comprimido veinte metros en dos pero ya no importaba, del otro lado un ejército completo se enfrentaba contra sus hombres, lo primero que hizo fue destruir las bayonetas para evitar que bajaran a su caballería o a Minerva, la cual se enfrentaba con la caballería alada de los suizos en ese momento, luego tuvo que defenderse de una docena de vampiros que saltaron encima al mismo tiempo sin detenerse a pensar que la espada en su diestra era la legendaria destajadora de almas. Aun concentrando toda su magia para reforzar sus nuevos sentidos apenas estaba manteniendo a sus atacantes a raya, tras muchos forcejeos logró aprovechar una abertura para acabar con el primero y escapo del punto en que lo tenían cercado, con un movimiento rápido arrojó su espada la cual giraba tan rápido que parecía una hélice de helicóptero, está acabó con dos enemigos más antes de incrustarse en el suelo, los que quedaban observaron atónitos al reconocer el arma y a su poseedor, el cual ahora descubría la gabardina de su traje de la cual salieron una docena de dagas y cuchillos que iban en pares con hojas desde cuatro pulgadas hasta un pie de largo.

-Corazón y cabeza –ordenó (destrozando ambos bastaba para que un vampiro no pudiera volver a regenerarse, morían definitivamente) y los mortíferos instrumentos atacaron a seis de los enemigos restantes igual que lo había hecho su espada.

Los tres restantes observaron cómo los guantes del chico se convertían en garras antes de que se abalanzara sobre ellos, el primero lanzó un ataque directo que Harry detuvo con una mano para luego atravesarle el corazón con la otra y destrozarlo, el segundo intentó aprovechar que tenía ambas manos ocupadas para atacarlo desde atrás de su compañero, pero se detuvo en seco, sus ojos apenas giraron hacía su pecho en donde una garra perforaba hasta su corazón paralizándolo, garra que llegaba desde la espalda de su camarada dos metros delante.

-Incendio –conjuró el mago, ambos vampiros se consumieron en llamas frente a sus ojos dejando solo al último que lo observaba con claro temor ante su proximidad, retrayendo sus garras el chico extendió una mano en su dirección, el vampiro afirmo su guardia preparándose para lo que sea, pero Harry solo chasqueó los dedos y antes de que pudiera hacer algo se encontraba también en llamas frente a sus ojos, que pese a mostrarse tan sobrios ocultaban una enorme tristeza contenida.

La batalla no duró mucho más cuando Harry, Natalia y Minerva comenzaron a atacar con todo, ya asentados en tierra. Ahora recorrían el patio central llenó de escombros ardiendo, Natalia hacía el recuento de la lucha, perdieron a treinta de sus hombres en total, el enemigo cuatrocientos y mil quinientos convertidos, que sobrevivieron en el interior de la fortaleza, aceptaron las condiciones de su rendición.

-No hay rastro de Valak –comentó al final la pelirroja, Valak era el comandante de aquella fortaleza e hijo directo de uno de los ancianos que Harry había eliminado en Rumania, el mago solo escuchaba a medias viendo el desastre que había provocado, habían liberado ya todos los territorios pero eso no evitaba que una pesada sensación de culpa lo invadiera por cada vida, aún inmortal, tomada en el proceso, finalmente con un suspiró pesado regreso a ver a su acompañante.

Natalia ahora mantenía una edad aparente de dieciséis años, no le restaba fuerza o velocidad en combate (principalmente le era útil para las prácticas contra Harry) y el chico ya no tenía que torcer tanto el cuello para regresar a verla, teniendo él metro veinte, ella era solo medio metro más alta. Supuestamente el chico tenía siete años, pronto cumpliría los ocho, pero su experiencia con el giratiempo le había otorgado un año extra, por lo que en realidad tenía casi nueve años, sin embargo el constante ejercicio y la alimentación, acorde para el esfuerzo que mantenía, sumado al conjuro que hacía desarrollar su cuerpo de manera especial le habían hecho crecer bastante. A simple vista parecía un chico muy saludable de diez años, quizá once, aunque quien viera su expresión diría que ya había pasado los cien años.

-Ya aparecerá –dijo finalmente- quiere mi cabeza.

-¡Y LA TENDRE!

De entre los escombros una figura enorme surgió envuelta en una enorme armadura de batalla cuyo peso no parecía afectar en absoluto su velocidad, era mucho más robusto que la mayoría de los vampiros y sus rasgos no eran tan finos, sino más bien salvajes, Natalia se puso en su camino pero la quitó de un golpe sin problemas, con todo aquel seguía siendo un maestro vampiro con siete milenios de experiencia en el campo de batalla. Varios soldados se habían dado cuenta ya de la situación pero aunque se lanzaron contra Valak este ya estaba muy cerca de Harry y los superaba en velocidad pese a su marcado volumen muscular. Harry por su parte desenfundó su espada para esperarlo, diferente a otros que al verla se aterraban esto solo pareció enaltecer aún más al nosferatu que ahora empuñada su propia espada, sin pensarlo más Harry decidió que adelantar el golpe le daría mejor soporte que espera a que el ojirojo lo aplastara, disparado como una flecha el mago de la cicatriz golpeó con todo lo que tenía en la unión de la armadura entre el pecho y el estómago (aunque tanto la espada como la armadura era hecha por duendes Reaper pudo atravesar sin dificultad en el sitio más delgado). Pese a esto Valak no cayó del todo solo puso sus manos, tan grandes como un guante de baseball, sobre los pequeños hombros del ojiverde, cubriéndolos casi hasta el antebrazo, sin embargo apenas tenía fuerza para sujetarlos, así que los soltó y dirigió ambas manos hasta la hoja que atravesaba su pecho.

-Esta debía ser mía –dijo pausadamente en arameo.

-Tal vez seas el hijo de Markus, pero ella ya eligió a su maestro –le contestó Harry mirándolo directamente sin pestañear, el vampiro regresó sus manos a donde estaban y volvió a apretar, Harry apenas lo sentía pero si fuera un chico o incluso un hombre normal le abría fracturado la clavícula sin dificultad.

-Ya veremos –fue la respuesta de este.

Lo siguiente fue muy rápido para que alguien que no fuera Harry, que se encontraba allí, lo notara en las hombreras anormalmente grandes un compartimiento se levantó dejando ver un par de ballestas ocultas que dispararon al unisonó. De no ser porque Harry aún estaba cargado de adrenalina fruto del ataque previo no habría reaccionado con suficiente rapidez, se quitó de la línea de tiro dejando a Valak caer por su propio peso y a las tres flechas clavarse en el suelo, al verlas sus ojos se abrieron con repentina sorpresa y temor.

-¿Estás bien? –Le preguntó Natalia con algo de ansiedad llegando a su lado.

-No…

Fue todo lo que alcanzó a decir antes de caer pesadamente sobre sus rodillas, un calor abrazador le quemaba en el cuello, al regresar a ver la encontró, la cuarta flecha en la unión de su cuello donde la protección de su armadura terminaba ahora que ya no llevaba el casco. Intentó alcanzar la flecha pero no lograba levantar el brazo, empezó a caer hacia atrás pero alguien lo sujeto antes de tocar el suelo, le pareció ver un manchón rojo borroso y una voz apagada se escuchaba, tuvo que hacer una gran esfuerzo para escuchar lo que decía.

-¡James! ¡¿Puedes escucharme? –Casi gritaba Natalia, a su alrededor la armada se reunía con expresión preocupada.

-¿Qué le pasa al general, comandante? –Preguntó en rumano el que estaba más cerca, luego de retirar la flecha Natalia se dirigió a donde estaba Valak tirado, aún con la diferencia de tamaño lo levantó como si fuera una pluma con una sola mano a la altura de sus ojos mientras le retiraba la espada del abdomen con la otra y se la colocaba debajo de la garganta.

Todavía no te mueras bastardo! –Le espetó agitándolo bruscamente- ¡¿Qué le hiciste? –Por respuesta Valak solo rió levemente con aspereza mientras sangre casi negra le brotaba por la comisura de la boca, esto solo enfadó más a Natalia que presionó con mayor fuerza el filo de la espada- ¡CONTESTA!

-No importa –dijo débilmente- no podrán salvarlo –La vampira apretó la hoja con mayor fuerza pero la débil voz de su maestre, apenas audible gracias a sus desarrollados sentidos, atrajo su atención.

-Veneno… -musitó- de basilisco.

Todo pareció detenerse ni bien aquellas palabras dejaron sus labios, los ojos de toda la guardia se abrieron por la impresión, aún los vampiros eran vulnerables a la mortalidad de aquella sustancia y sabían bien que el mago pese a ser muy poderoso no dejaba de ser un humano, la mirada de la pelirroja se tornó en una de horror, Valak parecía impresionado por la rapidez con que lo descifro, no que eso le fuera a servir de algo.

-Me impresionas chico… –le dijo suponiendo que pudiera oírlo, que era difícil, en el idioma de este, ambos se veían igual de mal- pero eso no te salvara… solo queda ver qué sucede primero… si la maldición de la Reaper consume primero mi alma… o el veneno del rey serpiente consume primero tu vida… -en ese momento Natalia lo sujetó con mayor fuerza hasta tenerlo a un palmo de su nariz.

-Eso ya no es una opción para ti –le dijo de vuelta a su furia mientras clavaba la espada a un costado en el piso y apuntaba su varita en la herida abierta, casi al instante los quejidos ahogados de Valak llenaron el lugar mientras este se consumía lentamente en llamas purpuras. Luego regresó al lado del mago junto con el resto de los caminantes diurnos y la dragona que observaban preocupados como este comenzaba a sudar y se veía cada vez más pálido- necesitamos lágrimas de fénix –ordenó a los que estaban allí con urgencia, estos se miraron entre sí nerviosos.

-Comandante… -hablo uno de ellos- no tenemos algo así entre nuestros suministros –la comandante le envió una mirada que hizo bajar la helada temperatura todavía más.

-Una de las pocas cosas en este mundo que puede matarnos… -empezó gélida- ¡¿Y no tenemos el único antídoto que existe? –El soldado solo se encogió bajo la furia de su superior avergonzado, como si fuera su culpa que no tuvieran el indispensable antídoto- ¿dónde podemos conseguirlo? –De nuevo se miraron solo que más sombríamente.

-El poblado más cercano esta a una hora y media, aun trasportándolo en un viaje sombra –contestó finalmente bajando la mirada, todos sabían que el ojiverde no duraría más de un minuto y aun llegando no era seguro conseguir algo, era un antídoto muy raro, en ese momento el chico abrió los ojos débilmente y les dirigió una media sonrisa descarada.

-Ya veremos –comentó conociendo a la perfección que era lo que pensaban, llevó una mano hasta la parte donde había sido inyectado el veneno y comenzó a murmurar algo en voz tan baja que ni siquiera ellos podían escucharlo, su palma emitió una tenue luz roja bajo la palma- ¡Argh! –Exclamó arqueando la espalda por el dolor, su mano cayó dejando ver una especia de telaraña o venas saltadas en negro sobre su piel descubierta.

-¿James? –Le llamó su guardaespaldas con cuidado, este abrió los ojos de nuevo y con mayor enfoque le devolvió la mirada.

-Logre contenerlo por ahora –explicó, aun se veía muy débil pero un brillo de esperanza cruzó los ojos de la pelirroja.

-¿Cuánto? –Preguntó de inmediato acercándose más a él.

-Poco más de una hora, tal vez –contestó respirando despacio, la expresión de la mujer cayó nuevamente, pero el chico solo continuó sonriendo- no te preocupes… en viajes largos… conozco una forma de viajar más rápido que la oscuridad.

-¿Cómo…?

-Solo… ayúdame a… subir a Minerva –le contestó débilmente, casi al instante sintió su cuerpo ser levantado- Erik –llamó antes de estar sobre su dragón, de la nada un vampiro rubio de pelo corto apareció a su lado.

-Diga, mi lord –contestó respetuosamente en voz clara.

-En el laberinto deje un cadáver de basilisco, tal vez de allí fue de dónde Valak sacó el veneno, no importa, quiero que tú y un equipo recuperen todo lo posible de ese animal y lo lleven con Abbas al mercado negro en África del Este, también revisen si en el suministro de armas del castillo o en las habitaciones de Valak hay más veneno, tal vez necesite algo para intercambiar más tarde.

Si el vampiro encontró algo extraño en sus indicaciones no lo demostró en absoluto pues salió de inmediato a reunir un grupo de sus hombres para ir por los restos de la bestia y envió a otros a registrar tanto la armería como el resto del castillo en busca de ese veneno. Entre tanto, Natalia subía con Harry al lomo de la dragona, la vampira se aferraba con más fuerza al chico que a los amarres de la silla de montar que Minerva llevaba a la batalla por si acaso.

-Llévanos con Abbas –le dijo mentalmente- si él no puede conseguir el antídoto, nadie más podrá –tras asentir Minerva elevó el vuelo, ya en el aire el borde de sus escamas empezó a emitir un brillo incandescente, como su fueran metal al rojo vivo.

-Sujétense bien –advirtió, Natalia pese a verse desconcertada obedeció asegurando aún más fuerte a Harry.

-¿Qué es lo que vas…?

No terminó su duda antes de que la presión y la velocidad le aplastaran los pulmones, habría sido mucho más molesto de necesitar ese aire pero no dejo de ser incomodo, antes de identificar que pasaba la sensación se detuvo y un brillo le encegueció los ojos, aún tras varios años no era capaz de acostumbrarse del todo a la luz del sol y ese era el mejor momento para que algo así la tomara desprevenida. Al ver a su alrededor pudo ver que estaban en algún punto del desierto cerca de un conjunto de tiendas apenas después del amanecer, si su mente no estaba muy atrofiada eran apenas las cuatro cuando salieron y aún estaba claramente oscuro, así que sin duda se habían saltado un par de usos horarios en esos segundos, Minerva estaba que echaba humo, literalmente, un vapor se desprendía de su cuerpo y sus escamas ya eran totalmente negras de nuevo, no parecía notar aquello así que o no le afectaba o estaba demasiado preocupada por su joven maestro como para importarle algo más. Descendieron y Natalia pudo identificar el famoso mercado de intercambio de objetos y sustancias raras y/o prohibidas, más de la segunda pero en realidad no había demasiada diferencia, la vampira ni siquiera reparó en cómo fue que Harry, un chico que tendría siete años o menos antes de conocerla, tenía conocidos en aquel lugar pero ya había aprendido a que nada le sorprendiera demasiado sobre él, y habían asuntos más urgentes, apenas tocó tierra con Harry (que ahora parecía dormido y había recuperado su forma original, lo cual delataba lo débil que estaba) en uno de sus brazos agarró a uno de los curiosos que se acercaron al ver a la dragona (cosa rara ya que lo normal sería huir al ver un dragón).

-¿Dónde encuentro a Abbas? –Preguntó directamente pero el tipo no la miraba a ella, su vista estaba fija en el chico que respiraba lentamente en sus brazos.

-Es él ¿cierto? –Le preguntó sin dejar de verlo como si no creyera lo que sus ojos le decían- debe ser él, casi un niño montado en un colacuerno húngaro, tiene que ser Kadar –murmuraba para sí mismo, pero la sacudida lo saco de sus monologo.

-¡Abbas! –Le repitió sin paciencia- ¡¿dónde lo encuentro?

-E-e-el Sr. Abbas se encuentra en la tienda grande al final, la azul –le contestó asustado al ver la nueva expresión de ferocidad en la pelirroja, esta por su parte no perdió tiempo en ir tan rápido como podía hasta el lugar designado en el que encontró a un hombre con un ojo.

-¿Es usted Abbas? –Preguntó apenas lo vio el hombre estaba a punto de contestar cuando reconoció a Harry.

-¿Qué le paso a Kadar? –Preguntó de inmediato acercándose a verificarlo, pero Natalia había perdido la paciencia, levantó al sorprendido hombre del cuello de su desgastada vestimenta como un muñeco de trapo.

-¡¿Eres o no Abbas?

-No es –interrumpió un mago negro de aspecto imperturbable que observaba con curiosidad la escena hasta que sus ojos, igual que los de todos los que lo veían, se posaron sobre el chico de cabello negro- yo soy Abbas ¿Qué es lo que necesita? –Preguntó sin rodeos observando fijamente a Harry la chica dejo caer al hombre de forma muy poco decorosa antes de dirigirse al recién llegado.

-Por favor, dígame que tiene lágrimas de fénix –le pidió un tono tan cercano a la desesperación que si Abbas la hubiera conocido no hubiese podido creer que era Natalia Ivanov la que hablaba, sin embargo eso no impidió que la observara de reojo cuando la escucho.

-Lo lamentó, no –contestó, tan pronto como lo dijo Natalia sintió que las rodillas empezaban a fallarle, mientras sentía una leve picazón en sus ojos- pero conozco a alguien que sí, así que no habrá problema –continuó Abbas, la chica de repente parecía una estatua en su lugar, como si las palabras no hubieran acabado de llegarle del todo, Abbas la ignoró y se dirigió a su subalterno que se estaba levantando del piso, saco de entre sus ropas una bolsa de cuero y se la lanzó a los pies- Firas, ve de inmediato con Mahdi y consigue lo que la señorita nos acaba de pedir, el precio no importa –le ordenó calmadamente, este solo recogió el dinero y salió agradecido de tener una razón para alejarse de esa loca mujer, la cual aún no parecía salir de su impresión- solo tardará unos minutos –le aseguró sin lograr efecto alguno, ella seguía allí con la mirada perdida pero sin aflojar en lo más mínimo al moreno en sus brazos- aunque me parece que Kadar está en un muy buen lugar, tal vez sería mejor si lo recostamos –le sugirió finalmente llamando la atención de la pelirroja que parpadeo confusa cuando menciono algo acerca de lo que sería mejor para Harry (Kadar).

Siguió a Abbas hasta la parte de atrás donde un conjunto de almohadones hacían un excelente sitió de reposo, Natalia lo dejo allí pero no se aparto, casi inconscientemente paso uno de sus delicados dedos por el borde del frió rostro del joven, cada vez más pálido, su aspecto recordaba ahora bastante a los vampiros, alguna parte de su mente relaciono esa idea como algo atrayente pero la sacudió dirigiendo su atención al mago que los había recibido y que seguía observando al chico muy atentamente.

-Gracias –murmuró, el hábil traficante nunca sabría la rareza que era aquella palabra de boca de la pelirroja, así que solo inclinó la cabeza cortésmente, la vampira por su parte comenzó a quitarle el traje al moreno, primero la gabardina y luego con un pase de su dedo el chaleco se dividió como si tuviera un cierre invisible permitiendo que se lo quitara y dejando al descubierto algunas cicatrices y heridas menores, pero principalmente una telaraña negra que lucía más extensa que la primera vez que la vio, tratando de no pensar en lo que pasaría cuando esta alcanzara su corazón regreso a ver a su anfitrión.

-Si no le importa que pregunte –comenzó este sin dejar su profunda mirada- tengo curiosidad, no logró imaginar algo capaz de dejar a Kadar en tan lamentable estado.

-¿Por qué llaman todos así a Ha-James? –Se corrigió de inmediato sin embargo le valió una mirada curiosa del mago.

-Él se gano ese nombre –explicó simplemente, Natalia parpadeó confundida un momento, su cerebro no había estado apoyándola en los últimos minutos, había olvidado ese detalle de aquella parte del mundo.

-¿Qué significa?

-Si lo conoce aunque sea un poco debe resultar bastante obvio –comentó- significa "El poderoso" –Natalia rió a medias.

-Sí, demasiado obvio –admitió- ¿Qué hizo para ganarse un nombre así?

-Ir y volver del valle de los muertos… -la chica regresó a verlo bruscamente- trayendo consigo tres pieles de nundu –completó, Natalia centro sus ojos rojo vivo sobre el chico sin saber si su enojo repentino superaba a su preocupación anterior, ya que al final solo resopló supuso que ganó la segunda.

-Tonto e irresponsable cabeza hueca –murmuró mientras le acomodaba los cabellos alrededor de su cara tiernamente con cuidado de no revelar la cicatriz en su frente.

-Aun no contesta mi pregunta –le recordó Abbas.

-Un maestro vampiro de siete mil años –contestó sin dejar lo que hacía, Abbas lo observó interesado pero incluso con eso sintió que había algo más- sin embargo el murió sin conseguir nada más que tocarlo –prosiguió- en un último intento logro tomarlo desprevenido y le acertó una flecha empapada en veneno de basilisco.

-¡¿Basilisco? –Interrumpió bruscamente el mago alterando por primera vez su expresión, se acerco a un lado de Harry y palpo la parte ennegrecida y constato la fría frente del chico, parecía confundido- ¿Hace cuánto paso esto?

-No estoy segura –admitió- no sé cuanto duro en realidad el viaje pero supongo por el avance que ya han sido al menos unos veinte minutos.

-Pero eso es imposible ¿Cómo es que sigue con vida?

-Hizo algo para detener el avance antes de desmayarse –le explicó- pero tampoco sé que fue exactamente, solo dijo que eso le daría alrededor de una hora más.

-El tiempo no es lo único –murmuró aún extrañado- la temperatura debería estar por los cielos pero en vez de eso parece estar cada vez más baja.

-Deja que sea yo el que diagnostique Abbas –interrumpió amablemente un mago de edad mediana con turbante, piel curtida por el sol con barba negra entrecana, tras él llegaba Firas. Sin esperar permiso tomo el lugar de Abbas y con una pequeña ampolleta saco un poco de la sangre en la parte negra.

-¡No es momento de hacer análisis! –Le reclamó la pelirroja notando lo que hacía en semejante momento- ¡¿No ve acaso que está muriendo?

-Srta. –Le habló con calma mientras tomaba la muestra y preparaba un cristal blanco sobre una mesita de noche a lado de la cama- hay un par de venenos con los que las lágrimas de fénix no reaccionan bien, solo quiero estar seguro de lo que hago, no tomara más de un momento y tengo los otros antídotos en caso de necesitarlos así que no se preocupe –Natalia aún estaba molesta pero trato de calmarse esperando que terminara rápido con aquello, el llamado Mahdi dejo caer unas gotitas de sangre sobre el cristal y tras un segundo este se torno negro ante los sorprendidos ojos de los magos presentes, que se abrieron aún más cuando el cristal se disolvió sobre la madera que pareció quemada- increíble –murmuró impactado.

-Ya no cabe duda –musitó Abbas, Firas solo observó sin habla- tal toxicidad únicamente en la sangre, solo puede ser el veneno del rey serpiente ¿Pero cómo Mahdi?

-Luego lo descifraremos –dijo apresuradamente mientras sacaba de entre sus ropas una botellita con un gotero y la suministro en el centro de aquella telaraña, este punto negro se aclaró de inmediato pero no el resto, en un inicio Mahdi estaba confundido y hasta un poco asustado pero luego notó que las líneas se borraban lenta pero constantemente, entonces la comprensión brilló en sus ojos marrones- muy astuto –comentó, luego observó la palidez del chico- pero necesitamos revertirlo ¿Quién le hizo el bloqueó? Debemos deshacerlo para que despierte.

-Se lo hizo el mismo antes de desmayarse –contestó la única mujer del lugar, Mahdi parecía aún más confundido.

-Pero… ¿Quién es este chico? –Preguntó finalmente sin mirar a nadie.

-Se trata de Kadar, Mahdi –contestó Abbas, el aludido parpadeó varias veces antes de regresar su atención al envenenado.

-En verdad se gano ese nombre –comentó.

-Olvida eso –le espetó- ¿Qué fue lo que descubriste?

-Bloqueó su sistema circulatorio, o al menos un parte específica, lo que lo hace todavía más impresionante sobre todo si tomamos en cuenta que lo hizo con el veneno ya circulando por sus venas, lo que debió hacerle imposible concentrarse ni se diga lanzar un bloqueo tan complejo –explicó claramente impresionado- es por eso que su temperatura es tan baja y explica también porque el avance del veneno es tan lento, también hace más lento el avance del antídoto pero aún es más rápido que el veneno por lo que no habrá problema con que lo dejemos así por ahora pero tendremos que devolverlo una vez que elimine el veneno o traerá complicaciones.

-Dejémosle descansar por ahora –decidió Abbas saliendo seguido de Mahdi y Firas- ¿Vienes jovencita?

-Me quedare y les avisare cuando el veneno ya no esté –contestó secamente sin despegar la vista del mago acostado, Abbas asintió.

-Claro, ese es el deber de toda buena mujer.

-¡Largo de aquí! –Le gritó con voz acida.

Abbas cerró la persiana que separaba el descanso de la tienda casi por reflejo, su vasta experiencia en el mundo en que se crió le enseñó a presentir el peligro y algo le decía, acertadamente, que probar la paciencia de esa cría no era sensato. Esta por su parte, apenas consiguió mantener bajo control su temperamento (tarea nada sencilla cabe resaltar), regresó su atención al joven, "es apenas un niño, por todos los infiernos" pensó hastiada de aquellos comentarios que sugerían que ella sintiera algo así, una cosa era esa lagartija mágica, a Minerva le encantaba sacarla de casillas siempre que se le presentaba la oportunidad, pero otra muy diferente era que aquello se lo dijera un traficante africano que acababa de conocerla hace menos de cinco minutos ¿Es que acaso daban, mejor dicho ella daba, esa impresión? ¡Era ridículo! Está bien, era verdad que lo último que un vampiro podría considerar de un humano que le… interesara, era su edad, o incluso su apariencia. Había casos de hermosas vampirizas enamoradas de ancianos, cautivadas por su intelecto o su perspectiva de la vida, o de vampiros que cayeron enamorados de infantes incluso más jóvenes que aquel mago de ojos verdes. Diferente a las monstruosas leyendas en esos extraños casos el vampiro se encargaba de velar por el objeto de su afecto hasta que muriera, aunque la mayoría de las veces le ofrecía la inmortalidad para que no se separaran pero muy pocas veces había resultado lo que se diga bien.

El motivo de esto era parte de la maldición del vampirismo, debido a sus nuevas fortalezas: inmortalidad, juventud, habilidades mentales, fuerza, velocidad, etc. Aparentemente no eran suficientes debilidades: Luz solar, plata, ajo, sus corazones, cabezas y demás. Aunque la mayoría no lo veía como una debilidad, sus emociones eran limitadas en una forma extraña, hasta donde sabían un vampiro solo sufría, lloraba y amaba de verdad una vez en la eternidad, era por esto que muchos pensaban que nunca lo hacían ya que las ocasiones resultaban excepcionalmente extrañas y no precisamente bien vistas entre los de su propia clase. Pese a que había sentido sus propias emociones más expresivas últimamente Harry le dijo que eso era porque gran parte de su humanidad había regresado tras el ritual y poco a poco recuperaba terreno en medida de lo que ella le permitiera. En estos momentos todo aquello la confundía, si pensaba en ello, Harry reunía las cualidades suficientes para que hasta una vampira se enamorara de él pese a su edad o apariencia, era astuto valiente, leal y, aunque a veces no lo demostraba, era muy listo, incluso atractivo, no en el sentido simplemente estético, eso a ella no le importaba. Era la forma en que luchaba, implacable e irrefrenable, a pesar de esto, ella sabía bien que él no lo disfrutaba en absoluto, era como un benévolo ángel de la muerte en medio del campo de batalla que solo cumplía con su inevitable labor.

Más de la mitad de aquella telaraña negra se había desvanecido y ya no seguía avanzando, incluso el color empezó a regresar a su rostro y su respiración se volvió más pronunciada, inconscientemente sus dedos pasaron de las marcas de veneno a algunas de las cicatrices de guerra que tantas batallas le habían dejado (varias veces había obligado a Minerva a ponerse su armadura para asaltar fortalezas preparadas para ataques aéreos, seguramente salvándole la vida, y eso le había valido ser más vulnerable en batalla, nunca había sido tan grave como ahora pero algunas heridas no podían desvanecerse del todo ni siquiera con Magia, en todo caso aquellas marcas le habían dado mucho mayor respeto entre los guerreros). De repente Harry empezó a sacudirse y gruñir algo incomprensible, como si tuviera un mal sueño, en un intento por calmarlo Natalia rozó suavemente el contorno de su rostro con la punta de los dedos, pareció funcionar ya que se tranquilizó en el acto.

-Ssshhhhh, descansa tranquilo –susurró casi insinuante mientras acercaba su rostro al de él- que yo cuidare de ti, мой любимый ангел смерти –murmuró de último remojando inconscientemente sus labios casi sobre los del durmiente…

-¡¿QUÉ DIJISTE? –Interrumpió un gritó mental forzándola a separarse como si se hubiera quemado y ver hacía una segunda salida, de la tienda al exterior, donde una enrome cabeza de dragón acababa de aparecer con una expresión solo legible para los allí presentes, sorpresa.

-¡MINERVA! ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo lagartija súper desarrollada? –Demandó tratando de que pareciera que su sonrojo se debía a una intensa furia o ya de perdida al calor del desierto, pero parecía que eso era lo último en la mente de la colacuerno.

-Olvida eso –le contestó con ansiedad- ¿qué fue lo que dijiste? –Repitió- sabes bien que no hablo ruso –se quejó, por un momento Natalia respiró tranquila, pero no le duro la calma- Harry repasaba algunas frases –dijo para sí misma intentando recordar- смерти es muerte, creó que ангел es algo así como un guardián o un ángel, pero любимый… -Ivanov había empezado a sudar- significa deseo ¿Cierto? ¿O amor? ¿Pasión? Vamos, no me dejes con la duda cuñadita –le suplicó planchando la cabeza en el suelo mientras que fuera de la tienda su cola se movía como la de un cachorro frente a una pelota de goma.

-¡LARGATE DE AQUÍ! –Le gritó mientras iba a la gabardina de Harry y liberaba los puñales encantados de este contra la dragona que tuvo que salir de allí de inmediato y alzar el vuelo antes de desaparecer en un salto igual a como había usado para llegar en primer lugar, aquellos puñales estaban hechos de plata de duendes, por lo que si bien no podían acabar con ella, sí dolían y mucho, sin su blanco al alcance las armas regresaron a su sitio y se desactivaron. Natalia se quedó allí de pie respirando con fuerza hasta recuperar la calma, pero una vez lo logró esta fue reemplazada por el horror- ¡¿Pero qué rayos estuve a punto de hacer? ¡Yo iba a…, y le dije que…! Argh –se jaló los cabellos con frustración, no importaba si él había estado inconsciente o al borde de la muerte ni en qué idioma había sido ¡ella le dijo que…!

-Argh

Aquel leve quejido dispersó su atención de lo que pensaba y la centró en el mago, el veneno se había disuelto por completo, de inmediato fue a avisar a los magos en la tienda, lo primero que Mahdi hizo fue revisar sus signos, mientras lo hacía el chico recuperó la consciencia, parpadeó confundido ante el extraño que lo revisaba, pero se recuperó al reconocer al resto de los presentes.

-Parece que la circulación se desbloqueó por si sola –comentó asintiendo- no sé cómo lo hiciste pero me sorprendió Sr. Kadar.

-No bloquee la circulación de sangre, solo del veneno –contestó Harry aún cansado- eso aletargo el avance de la sangre pero no la detuvo ya que eso me habría matado primero, el veneno era muy fuerte para pararlo pero me dio más tiempo.

-Con que así fue –murmuró el hombre antes de sonreír, luego sacó una ampolleta- sin duda muy astuto, si me permite, solo tomare una muestra de sangre para cerciorarme de que esta limpia y lo dejaré tranquilo.

Sin quejarse Harry permitió que lo examinaran, aunque no le veía el caso, después de todo se sentía excelente aunque muy cansado, captó la mirada de Natalia pero esta la desvió como si hubiera estado viendo el patrón de tejido de la alfombra desde el principio, sin darle importancia regresó su atención al nuevo sujeto que ahora se veía más pálido que antes, entre sus manos sujetaba un cristal negro, un silenció muy pesado cayó sobre todos y Harry tuvo la sensación de haberse perdido de algo importante, la voz de Abbas llamó su atención, se notaba casi asustado.

-Mahdi ¿Qué significa esto?, creía que le habías dado el antídoto.

-¡Lo hice! –Reclamó indignado pero sin dejar de lado su asombro mientras observaba el oscuro cristal que Harry finalmente logró identificar, pues tenía uno idéntico en su laboratorio de pociones para…

-¿Ese no es un medidor de toxicidad de venenos? –Preguntó un poco extrañado, ¿para que necesitaba eso? Mahdi asintió sin despegar la vista del mencionado objeto.

-Y acabó de comprobar la toxicidad de tu sangre con el –le dijo centrando sus marrones ojos en el chico como si eso le diera alguna respuesta o le ayudara a resolver el enigma, pero Harry solo lo observó ceñudo.

-Estas bromeando ¿cierto? –Le preguntó observando el cristal- según eso no debería estar vivo.

-Esa es exactamente mi duda –Replicó Mahdi levantando el cristal- tu sangre es ahora incluso más toxica que el veneno de acromántula puro ¿cómo es que estas con vida?

-No tengo… -se cortó de repente, sus ojos buscaron los de Natalia que ahora no evitaban mirarlo fijamente- "El conjuro de adaptación" –le dijo mentalmente, ella frunció el entrecejo.

-¿Crees qué fue eso? –Replicó con escepticismo.

-Es posible –reflexionó- mi cuerpo tuvo que mantener el veneno suficiente tiempo para que el conjuro intentara hacer algo, pero no tenía nada para contrarrestarlo… hasta que incluyeron las lágrimas de fénix –entonces se dio cuenta de algo más- ¿Cuánto tardaron las lágrimas en hacer efecto? –Preguntó a Mahdi que se había quedado un rato viendo al chico solo reflexionar, parpadeó un par de veces sin entender el repentino cambio pero contestó.

-Unos diez minutos creó, al principió pensé que era porque paralizaste la circulación de sangre pero si dices que solo fue para el veneno…

-Las lágrimas debieron actuar de inmediato –completó Harry pensativo- pero mi cuerpo las retuvo para asimilarlas junto con el veneno y generar una inmunidad.

-¿Cómo? –Le preguntó Mahdi sorprendido, volviéndose para verle Harry empezó a explicar.

-Mi cuerpo tiene la capacidad de adaptarse y asimilar capacidades externas con el propósito de ayudarme a sobrevivir y fortalecerse –explicó tan escuetamente como pudo- cuando retuve el veneno intento curarlo pero no tenía esa capacidad hasta que me dieron las lágrimas de fénix, entonces…

-Asimiló las lágrimas actuando sobre el veneno y transmutó tu sangre para que fuera inmune –completó entusiasmado a la par de pasmado Mahdi, Harry asintió.

-Perdonen la interrupción doctores pero creo que me perdí –intervino Abbas ya un tanto cansado de que lo dejaran de lado dentro de su propia tienda- me pareció entender que Kadar se volvió inmune al veneno más mortal existente.

-No solo a ese –continuó Mahdi sin regresar a ver a Abbas- hipotéticamente ahora debería ser inmune a cualquier veneno menos toxico, lo que resulta en todos los demás conocidos –teorizo interesado, Abbas regresó a ver al chico con los ojos más abiertos que nunca, luego dejo escuchar una risa estridente.

-¡Excelente! –Anunció cuando dejo de reírse- ¡Solo espera a que el resto de la caravana se entere de esto! No puedo esperar para escuchar la siguiente estrofa de "la leyenda de Kadar".

-Ni siquiera lo pienses –le advirtió Harry, los otros dos magos observaban divertidos, Natalia era la única que parecía desubicada.

-¿La leyenda de Kadar? –Preguntó intrigada.

-Dentro de la caravana no hay muchos entretenimientos –le explicó Mahdi- tenemos mucho trabajo haciendo uso del lugar de forma que los clientes potenciales puedan encontrarnos pero no así agentes de algún Ministerio, una de las cosas que se pueden hacer mientras estas aquí es reunir historias de los viajeros o aventureros que pasan por aquí en medio de una empresa y convertirlas en estrofas de leyendas que terminan recorriendo el desierto o más allá dependiendo de qué tan impresionantes sean. La de Kadar es una de las más populares a pesar de ser relativamente reciente, generalmente le toma a una historia treinta años para atravesar al otro lado de África.

-¡¿Qué cosa? –Interrumpió Harry al escucharlo- ¿Me estás diciendo que hay gente hablando de eso en Mozambique?

-Oh no, claro que no –le contestó tranquilo, Harry suspiró aliviado, tomo de uno de los bolsillos de su gabardina la bota de agua que había adquirido en ese mismo lugar y dio un largo sorbo- por lo que yo sé tú historia ya salió del continente –el chico casi se ahoga.

-Cof-cof-qué-cof-cof-demonios-cof-dijiste –se las arregló para preguntar, sin embargo fue Abbas el que contestó.

-Así es, hace unos días unos sujetos llegaron desde la India preguntando por ti –le confirmó- parecían interesados en saber si en verdad eras real o solo una historia, me pagaron casi tres mil galeones solo por confirmar que eras real y darles una burda descripción.

-¿Burda? –Inquirió levantando una ceja, el mago solo sonrió a medias.

-Bueno, tres mil galeones no era suficiente para que entregara a un proveedor tan valioso –contestó sin el menor rastro de vergüenza- los últimos negocios que hicimos me hicieron ganar más del triple al final –bueno eso ya es algo, pensó con desgana Harry.

-¿Tienes idea de qué querían conmigo?

-Sí, investigue un poco después de que se fueron, al parecer son los dueños de una impórtate mina allá, pero hace unos meses algo comenzó a matar a los trabajadores, al parecer mientras escarbaban dieron con un basilisco que se encontraba invernando en el subsuelo, como su Ministerio no tenía los medios para ayudarlos se limitaron a cerrarla hasta que se resuelva el problema, ya que la mina no es propiedad del gobierno no se les facilita ayuda de Ministerios extranjeros, sin embargo la mina es importante para su economía así que prometieron solventar lo que invirtieran en resolver el asunto por ellos mismos, pero solo hasta terminar el año –explicó sin darle mayor importancia- no sé cuándo pero escucharon de tu pequeña hazaña y ahora están buscándote para ver si te especialistas solo en nundus o puedes manejar al rey de todas las serpientes, que por lo que veo –comentó viendo el lugar donde la piel estaba antes negra- es muy probable.

-Es segurrro –contestó una voz desde la entrada por la que antes había estado espiando Minie, ahora se encontraba abierta de par en par dejando ver a un hombre alto con corte militar rubio, una caja de madera con varios frascos de cristal en ella bajo su brazo, vestido con una armadura ligera y ropa de cuero negro debajo de esta. Detrás de él la cabeza de un colacuerno húngaro observaba con interés la situación interior buscando a su dueño y sobre su espalda se encontraba amarrado con una cadena el cadáver de una serpiente de doce metros enroscada- acabó con este sin ayuda –agregó señalando con el pulgar a su espalda, antes de que alguien hiciera nada se acerco al chico y se arrodilló- Su dragona regresó cuando terminábamos de recoger al basilisco y encontrar los suministros de veneno, parecía querer llevarnos así que cargamos en ella lo que nos pidió ella se encargó de traernos –informó respetuosamente pese a la expresión de hastió en el rostro del chico.

-Levántate ya del piso Erik –le espetó de malas pulgas, luego se levantó de inmediato y terminó de vestirse antes de que alguien le dijera algo más, luego se dirigió a Abbas que estaba absorto viendo la carga del dragón- sí te lo voy a vender así que ya deja de babear Abbas –le aseguró ajustando su armadura, el susodicho regresó a verlo con intención de contestar algo pero entonces vio la espada que el recién llegado la había traído y casi perdió el habla- esa no está a la venta –le avisó.

-Como quieras Kadar, pero tendrás que contarme como la obtuviste –le contestó de vuelta.

-No es tan interesante –le dijo sin regresar a verlo.

-Claro, solo un recuerdo de cuando eliminó a los 99 ancianos del concilio vampírico mundial junto con su guardia de honor en una noche dentro de su propia fortaleza en Rumania –comentó despreocupadamente Natalia con una media sonrisa inocente pese a que Harry la fulminaba con la mirada, Abbas se quedó momentáneamente estupefacto pero luego solo se largo a reír.

-No sé ni porque me sorprende –comentó luego de un rato, luego elevó una fornida mano en dirección de Natalia- tú y yo tenemos que conversar algún día, jovencita.

-Ni siquiera lo pienses Natalia –le advirtió Harry, pero parecía muy cansado, prueba de esto fue la facilidad con que la vampiriza lo llevó de regreso al donde estaba antes recostado con solo una mano sin que pudiera evitarlo.

-Lo que haya hecho tu cuerpo para generar esta inmunidad consumió una enorme cantidad de tus reservas de magia, necesitas descansar –le dijo rotundamente, luego sonrió un poco y le guiño un ojo- yo me encargare de los negocios.

Harry aun estaba un poco aturdido por el curioso gesto de la pelirroja, además tenía razón en lo que dijo, apenas volvió a estar recostado sus parpados le pesaron una tonelada y ya no pudo volver a abrirlos hasta que la noche cayó sobre la caravana. Al despertar lo primero que vio fue a su guardiana pelirroja observándolo sentada desde el lado opuesto de la tienda.

-Buenas noches dormilón –le dijo con media sonrisa, pese a que había hecho eso mucho últimamente Harry aún no se acostumbraba a verla sonreír, aunque no le desagradaba.

-¿Cuánto dormí? –Preguntó intentando despejarse, se sentía mucho mejor, sus reservas debían estar aun por una tercera parte, le tomaría otra semana más recuperarlas al completo pero podía lidiar con lo que tenía por ahora.

-Unas catorce horas –contestó Natalia sin darle importancia- por cierto, los negocios fueron bien.

-¿Qué…? –En ese momento Harry se irguió por completo, acababa de notar sobre que estaba sentada la vampira y de lo que estaba llena la tienda- ¿Qué es todo esto? –Preguntó estupefacto.

El lugar estaba lleno con unos veinte costales casi del tamaño de un hombre adulto, y seguramente mucho más pesados, Natalia se hallaba sentada sobre uno que estaba recostado horizontalmente y hacía bien de asiento.

-Las ganancias del día –contestó despreocupadamente- doscientos tres mil quinientos galeones en metálico por todo.

-Desplumaste a Abbas –comentó viendo los costales mientras se incorporaba.

-No solo a él –respondió extendiendo su sonrisa, había retraído sus colmillos desde que llegaron pero Harry acababa de notarlo, se quedo medio embobado un segundo pero se lo sacudió adjudicándolo a haber pasado en cama más de medio día- ni siquiera Abbas tenía suficiente para pagar por un basilisco de seiscientos años en tan buenas condiciones, pero me comentó de la última vez que le vendieron algo igual, reunimos al resto de los que negociaban con ese tipo de cosas y subastamos cada parte. El único problema que no he resuelto es cómo vamos a transportarlos.

-Podemos ponerlo en el noveno compartimiento de mi baúl –opinó Harry con tranquilidad, hace tiempo ya que le había mostrado el último compartimiento y le había dado acceso para que fuera capaz de abrirlo o moverlo si era necesario, le pareció que Natalia se tensó un poco ante la sugerencia- Puedes traer después mi bolsa con el baúl ¿o no?

-Ya le traje –contestó señalando el lugar donde estaba la bolsa y el baúl a un lado de esta.

-¿Y cuál es el problema? –Preguntó, Natalia dudó y eso lo hizo sospechar en exceso, ella nunca dudaba, jamás- ¿Natalia? –Con un suspiró resignado se dirigió hasta el baúl y se lo acercó.

-Será mejor que tú mismo lo veas –le dijo simplemente mientras abría las cerraduras y giraba la que Harry suponía era la Nº 9. Sin embargo aún no entendía nada así que solo abrió la tapa… y de inmediato volvió a cerrarla, la vampira se mordía el labio inferior con expresión nerviosa.

-Natalia –le llamó- ¿ese era el 1º o 2º compartimiento? –Ella negó con la cabeza, Harry volvió a abrir la tapa y metió la mano en el interior- entonces ¿Te importaría explicarme como puedo sacar un puñado de monedas desde aquí cuando se supone que la base de este compartimiento está treinta metros más abajo? –Le preguntó sacando su mano repleta de galeones para mostrársela, tomando una bocanada de aire empezó a confesar.

-Recuerda nuestras leyes, eres dueño de lo que matas, y antes de que empieces a reclamar ya sé que dijiste: "todos los tesoros son de la comunidad vampírica y así se quedaran", y así fue, todos los tesoros se quedaron en su lugar y las fortunas de los nobles se repartieron equitativamente entre los sobrevivientes de cada región incluidos los de la fortaleza de Rumania –le aseguró- pero cada anciano tenía un fortuna privada que acumulaba con el tiempo, oro, joyas, armas raras, artefactos y libros especiales, ya sabes una especie de alcancía a muy, muy alta escala –bromeó, pero el ojiverde no parecía encontrarle nada de gracioso así que tras aclarase la garganta prosiguió- según nuestras leyes debías quedarte con todo, incluidas las vidas de los supervivientes, pero lo legaste todo entre ellos, de todas formas el mes pasado finalmente el nuevo concejo y el ejército decidió que sería un insulto que rechazaras todos los premios, por lo menos debías quedarte con la fortuna representativa de los ancianos que derrotaste sin ayuda externa, el resto lo pasaron por alto ya que consideraban que la armada tomo su parte también en representación tuya.

-¿Por qué no me dijiste nada? –Le preguntó tras razonarlo todo.

-Porque sabía que desataría una discusión innecesaria y era lo último que necesitábamos en media guerra, les dije que no lo aceptarías pero no había forma de que lo aceptaran de vuelta así que simplemente lo fui apilando, planeaba decírtelo apenas la guerra terminara para que no generara problemas –se explicó con un deje de preocupación a que no le creyera o empezara a desconfiar de ella y Harry podía ver la sinceridad en sus palabras- todo está aquí, no falta ni una moneda –le aseguró.

-Eso no me importa, no hice nada esto por dinero –se quejo viendo el arcón lleno- ¿Qué se supone que haga con esto? ¿Acaso te parezco McPato?

-¿Quién? –Preguntó la pelirroja confundida, Harry rodó los ojos.

-Olvídalo ¿Eso significa que las cosas que habían aquí están ahora enterradas en monedas de oro?

-Claro que no –repuso Natalia indignada- salvo por el gigante disecado, no creó que incluso este peso logre aplastarlo, todo lo demás lo moví a la pista de transformaciones, también coloque en el departamento los artefactos y libros delicados así que el lugar está repleto.

-Por eso insististe tanto en dejar las prácticas de duelo las últimas semanas –razonó, Natalia solo asintió sin dejar de lado aquella expresión de supuesta inocencia, que para que negarlo hacía difícil enojarse con ella, bufando resignado Harry regresó su atención al oro- ¿Y cuánto fue?

-Como cien millones de galeones… por cada fortaleza –Contestó aun un poco dubitativa al ver a Harry pasmarse.

-1100 millones…

-En realidad creó que se redondeó hasta mil doscientos solo en metálico –le corrigió ganándose una mirada incrédula de parte del moreno- el consejo hizo un inventario antes de mandártelo –explicó.

-Muy bien, entonces supongo que haremos una parada en Gringotts antes de ir a Francia –decidió cerrando el baúl.

-¿Qué haremos en Francia? –Preguntó intrigada y mucho más relajada al ver que ya no se enfadaría.

-Aún no tengo idea pero lo sabré cuando lleguemos, mi otro yo dijo que sería una sorpresa, todo lo que sé es que no tendré pruebas de combate por varios meses así que buscaremos a los dueños de esa mina en la India y los ayudaremos con su problema de reptiles como una última aventura –contestó sinceramente, luego se volvió hacia las ganancias que Natalia obtuvo por el basilisco- supongo que en la pista de transformaciones todavía habrá espacio suficiente si los esparcimos alrededor –decidió finalmente. Luego de guardar todas las bolsas se despidieron de Abbas y salieron volando de regreso sobre Minerva.


Finalmente la guerra había acabado, no la de Harry, esa ni siquiera empezaba, pero los vampiros ahora podían disfrutar de un tiempo de verdadera paz. Cómo es lógico todo aquello no pasó completamente desapercibido, muchos círculos notaron el distanciamiento de los vampiros por casi un año pero, como muchas otras cosas, los Ministerios de magia no le prestaban mayor atención en tanto no se involucrara directamente con ellos, incluso tras enterarse de la guerra no le dieron mayor importancia que averiguar breves rasgos de lo ocurrido y quiénes serían los nuevos regentes de la raza vampírica con los que tendrían que tratar. Por petición de Harry el nuevo senado aceptó alterar un poco la versión oficial para que no se supiera nada de su participación, ellos casi le obligaron a quedarse con la Reaper cuando quiso entregarla al cónsul principal, argumentaron que la espada debía ser ganada y pensaron que estaba en buenas manos, manos que seguramente la necesitarían más en el futuro y Harry no pudo desmentir aquello, aunque le preocupaba que alguien reconociera el arma. Como despedida Harry les entrego la formula de un proyecto de pociones en el que había estado trabajando, una versión alterada de la poción restituidora de sangre, la normal no funcionaba con los vampiros ya que ellos ya no generaban sangre, quemaban la que consumían diario para sobrevivir y eso no había cambiado aún gracias al ritual que les entrego Harry con anterioridad. Sin embargo tras muchos intentos encontró que combinando una alteración de aquella pócima con unas gotas de sangre de dragón, cortesía de Minerva (aunque ella se rehúso bastante a ser donadora en un inicio), daba una fórmula que los saciaba por completo, un frasco de esto podía mantenerlos hasta por dos semanas sin siquiera las contrariedades de beber sangre animal.

Con todos sus asuntos en orden partieron a Gringotts, su otro yo había dejado instrucciones para que la cuenta se le transfiriera a un niño con su descripción que llevara la llave consigo y los duendes claro esta no hicieron preguntas entonces, como tampoco las hicieron ahora cuando el mismo chico se presentó a hacer el mayor depositó del que hayan tenido constancia, solo el inventario del oro les llevó a los duendes una semana y le valió que tuvieran que darle una bóveda en las cámaras de máxima seguridad para resguardarlo, la suma era mayor a la que se guardaba en cualquiera de sus bóvedas, aunque algunas familias de magos de renombre tenían también muchos títulos de propiedad e inversiones que representaban una fortuna similar a esa, sin contar con la colección de artefactos únicos, los cuales resultaron ser otro asunto los duendes se llevaron todo lo que había en el baúl a un apartado del banco para registrarlo todo antes de ingresarlo en su nueva cámara de seguridad cosa que les tomaría el triple que el oro, aunque Harry no se quedo tanto tiempo en Londres, ni siquiera un día completo, solo dejo sus nuevos valores a los duendes y dejó que ellos se encargaran del resto. Conservó su otra bóveda porque resultaba mucho más cómodo tener una para uso corriente y guardó allí las ganancias obtenidas del basilisco.

Lo siguiente fue regresar con Abbas para ver si tenía idea de dónde encontrar a aquellos mineros, la suerte pareció estar de su lado pues estos se encontraban allí, al parecer "alguien" (Abbas se hizo el desentendido) le había mandado un mensaje diciendo que allí había información reciente a un módico costo. Aunque el costo no era tan módico solo por escuchar las nuevas estrofas de la leyenda de Kadar, "La noche en que ardió la sangre" (Su batalla con los maestros vampiros) y "La conquista de los señores de las sombras y del Rey serpiente" (El final de la guerra vampírica, la muerte del basilisco y como sobrevivió al mortal veneno más que cualquier otro ser sobre la faz de la tierra… o algo así) Harry no estaba seguro de cual estrofa le fastidiaba más, aunque eso se debía principalmente a que tanto Minie como Natalia habían memorizado todas las estrofas y de vez en cuando le soltaban algún verso para molestarlo, Minerva incluso había aportado con un verso extra que le contó a su compinche vampira para que lo relatara a Kadar y ahora rezaba "Él, que con sus manos desnudas abrió la cabeza de un gigante como si fuera una nuez", por el bien de su salud mental Harry había elegido darles por su lado, hasta que se cansaron. Lo único que lo ayudaba a dormir medianamente tranquilo era que sabía que los ministerios tomarían aquello como un simple mito, según ellos, tenían la versión "legitima" de lo ocurrido en aquella guerra oculta de los vampiros, no tontos cuentos de hadas dignos de Beedle el Bardo. Pero aquel razonamiento solo lo llevaba a pensar en un problema verdadero, Dumbledore, había aprendido suficiente de aquel anciano mago como para saber que era el único con la capacidad de atar los cabos que nadie más vería, no importaba lo imposible que fuera encontrar alguna relación o sentido aparente en el escenario, bastaría con uno de los famosos presentimientos de Dumbledore para que se decidiera a investigar el asunto. Su ventaja era que se había estado moviendo en mundos que existían debajo del conocimiento de los magos sin dejar mayor rastro que lo que había hecho en ellos, sin señas de lo que había hecho antes o de lo que haría después. Ni siquiera Dumbledore podría encontrarlo hasta que él quisiera lo contrario.

Los dueños de aquella mina quedaron momentáneamente estupefactos al confirmar la juventud de Harry pero le ofrecieron un arcón de la mitad del tamaño de su baúl de viaje lleno de piedras preciosas a cambio de su ayuda, Harry estuvo a punto de rechazarlas pero Natalia lo llevo aparte y le recordó que las piedras de esa parte del mundo en particular no eran solo joyas valiosas, con un poco de tratamiento serían ingredientes perfectos para la preparación de todo tipo de pociones, al final Harry no tuvo más voto en el asunto. Luego de una semana de cacería subterránea (la mina era en verdad inmensa, razón por la que el canto de gallo no les ayudaba, el basilisco siempre lograba escapar de él y los emboscaba luego. Allí Harry se dio cuenta de que esos sujetos pretendían estafarlo al ofrecerle solo un arcón de gemas, está bien, él no pensaba cobrarles de todas formas pero aún así era el colmo, era claro que incluso podían ofrecerle un cuarto del tamaño de su habitación lleno de esas gemas, aunque más tarde se daría cuenta de que aquel arcón igual que su propio baúl estaba agrandado por dentro del tamaño de una habitación de 5x5x2 metros) Harry se cansó de recorrer el lugar, así que lanzó un sonorus y empezó a gritar en parsel incitando a la serpiente, los basiliscos son increíblemente territoriales por lo que este, al pensar que otro se había internado en sus dominios, comenzó buscarlo, llegando hasta una cavidad bastante grande donde la mayor parte de los mineros trabajaban antes, allí Harry le había tendido una emboscada, apenas vio al enorme reptil aparecer, este tendría seguramente el mismo tamaño que el de Slytherin pero había una pluma roja sobre su cabeza, aplicando el conjuro que le permitía ver los sonidos arremetió contra la colosal serpiente sin dudarlo un instante.

Pese a sus protestas tanto Minerva como Natalia se quedaron afuera esperándole, de ninguna manera un dragón de casi seis metros podía entrar allí y Natalia hacía de intermediaria, tenía un espejo de dos vías igual al que Harry le había dado a Ginny, solo que este era circular y parecido a un espejo portátil de maquillaje, cada día se comunicaban para avisar de cualquier progreso, pedir indicaciones a sus contratistas acerca del interior de la mina y para asegurar que todavía no la había palmado. Harry no quiso dar detalles así que nadie supo exactamente como lo había logrado, pero salió al séptimo día llevando a cuestas el cadáver de serpiente atado con una cadena, sin ojos y con un enorme tajo a la altura entre la garganta y el abdomen, ya que él estaba cubierto en una sustancia babosa daba por sentado que esto generaría rumores que terminaría como la secuela de la caída del Rey serpiente en la leyenda de Kadar. Está vez conservó casi todo el basilisco que, una vez cerro la herida y lo diseco, fue a parar al 9º compartimiento ahora restaurado a su uso regular, pero no sin antes retirar toda la sangre y veneno, Abbas jamás le dejaría en paz si acaso no le llevaba por lo menos eso para vendérselo, al llegar se enteró de que Mahdi lo esperaba para hablar con él acerca de algo que descubrió en su sangre.

-¿Recuerdas que me dijiste que tu cuerpo absorbía propiedades para adaptarse y sobrevivir? –La preguntó retóricamente, Harry simplemente asintió- eso me hizo pensar que tal vez, solo tal vez, no haya obtenido solo la toxicidad del veneno sino también la capacidad para usarse como antídoto de las lágrimas de fénix –el chico lo miro extrañado.

-¿Estás seguro?

-No al principio –dijo sacando una ampolleta y un frasquito de lágrimas- en un inicio solo parecía veneno, pero encontré la clave, permíteme un poco de tu sangre y te lo mostrare –le pidió expectante, rodando los ojos Harry descubrió su brazo, Mahdi saco una ampolleta llena del liquido rojo oscuro, pero bastó una sola lágrima para volverlo transparente.

-¿Qué significa eso? –Susurró Harry.

-Tu sangre es un veneno, sí, pero transmuta al contacto de las lágrimas de fénix –le explicó- en una… poción si quieres llamarla así, con propiedades curativas igual de poderosas que las mismas lágrimas.

-Espera-espera-espera-espera –le cortó tratando de asimilar la información, pero tras un momento una cosa no le quedaba clara todavía- ¿Qué sucedería si las lágrimas entran en contacto conmigo? Quiero decir ¿Podría sobrevivir con eso –señalando la ampolleta- circulando por mis venas?

-Siendo honestos yo todavía no acabo de creer que sobrevivas con lo que circula por tus venas en este momento –le contestó francamente- pero sobre lo otro no tengo ni idea, en teoría tu cuerpo no debería tener problemas, este "antídoto" es una especie de reactivo neutro, tampoco es seguro que toda tú sangre cambie si eso llegase a ocurrir o que cambie en absoluto si tu cuerpo piensa que dentro de él eso te pondría en riesgo ¿dices que se conjuro está hecho con el fin de preservar tu vida, cierto?

-La finalidad original de este hechizo era crear un arma que no fuera sencillo eliminar y que fuera evolucionando, pero incluso la evolución está sujeta a errores –le contestó recordando lo que sabía de aquel complicado encantamiento- se modifico con la finalidad de proteger mi vida pero no sé en qué punto, si lo hay, el hechizo intentara evolucionar sin importar que eso me mate –Mahdi se quedó viéndolo con la boca abierta, ninguno de los dos dijo nada por un rato hasta que Harry supuso que ya era hora de que partiera.

-Continuare haciendo pruebas con esto para saber que te puedes esperar –le prometió guardando la muestra- pero te recomendaría que, mientras tanto, evitaras que sucediera el cambio.

-No te preocupes, no pensaba arriesgarme.

-Eso suena difícil de creer viniendo de ti Kadar –le comentó divertido haciendo énfasis en el nombre, ambos rieron levemente antes de despedirse.

Cuando volvió con Abbas descubrió que Natalia ya había terminado tanto las negociaciones como el relato de su última cacería, resignándose a que eso también terminaría en India o alguna otra parte (con suerte lejos de Inglaterra) salió fuera de la tienda donde rápidamente capturaba la vista de los que alcanzaron a verlo, se tomó un minuto cambiando tanto el color de su piel y ojos como el tono y longitud de su cabello en todas las combinaciones que había usado hasta entonces, y muchas que no, y de pronto sin aviso previo (justo cuando su cabello era purpura oscuro casi negro, largo hasta su espalda con piel mediterránea y ojos blancos) cambió a su forma draconiana, no la había usado en algún tiempo ya que la última forma que había alcanzado durante su estadía con los vampiros, la de thestral, le vino mejor durante su preparación para domarlos, pero tomar su forma de colacuerno húngaro era muy estimulante, podía sentir el total de su magia circulando por todo su ser como el agua de una presa que se desborda finalmente libre de toda represión, no notó o le importó en ese momento las miradas desorbitadas de las docenas de traficantes que lo habían visto, solo extendió sus alas y alzó el vuelo con tal fuerza que algunas tiendas cercanas, la de Abbas no porque estaba justo a su espalda, salieron volando sin más. Viendo lo que hacía Natalia se subió de inmediato al lomo de Minerva cargando la bolsa de Harry con las nuevas ganancias en ella y despegaron tras el mago-dragón, una dirección mental les indico a donde iban antes de que ambos dragones desaparecieran en medio del cielo en un haz de fuego.


El arrollo se vía precioso esa mañana, sin importar cuantas veces lo viera le seguía pareciendo igual, era una de las razones por las que no se quejaba de tener que pasar aquellos meses con su abuela preparándose para su futuro ingreso al colegio, incluso se habían traído a su hermanita por primera vez a la comunidad donde la familia de su madre vivía. Gabrielle jugaba cerca del arrollo viendo como los reflejos de la luz arrojaban diferentes tonos del arcoíris, no estaban tan cerca para preocuparse de que algo le pasara pese a no tener a ninguna de sus tías cerca, además ella era perfectamente capaz de cuidar a su hermanita de 2 años, que por muy inquieta que fuera era una lindura, parecía una muñeca viviente con capacidad de hablar unas pocas frases pero perfectamente claras y caminaba ya sin ayuda, razón por la que ella no se le separaría. Pensaba vagamente en lo que le esperaría en Beauxbatons, su madre y abuela le habían avisado que mucha gente podría ser hostil con ella debido a esto y le advirtieron también acerca de su influencia sobre los hombres debido a su herencia y que debía tener cuidado con ella, ese día le habían dado "la charla". Había sido uno de los días más vergonzosos de su vida, pero dado que las veelas maduraban mucho más rápido en ese aspecto, por obvias razones, en su caso se habían incluso tardado un poco. Intentando no pensar en aquello centró su atención de regreso en el arrollo, un flashazo del pasado le vino de repente y le pareció ver un enorme lagarto bebiendo en aquel lugar, se rió un poco tontamente ante el recuerdo, no pensaba en ello desde la última vez que visitó a su abuela, hace casi dos años.

Siempre que se sentaba allí, sola a reflexionar, lo recordaba. Aquel distinguido hombre de cabello negro como la noche, tan distinto al de sus parientes a las que estaba acostumbrada, o aquellos ojos verdes que encontró tan cautivadores incluso viéndola desde la cabeza de un dragón, con el tiempo había pasado de ver a los dragones como feroces fieras a animales mágicos sorprendentes gracias a aquella experiencia. Aunque no había podido ver otro tan de cerca había estudiado todo sobre ellos apenas pudo tener libros a su alcance, desde la bella opaleye de las antípodas al imponente colacuerno húngaro, este último le había llamado particularmente la atención al identificarlo como la forma de animago, así averiguo que se llamaba, de aquel misterioso mago. Sin embargo le extrañó descubrir que no se tenía constancia de ningún animago que hubiera alcanzado la forma de un animal mágico, pero eso solo lograba picar todavía más su curiosidad, ¿cómo lo había conseguido? ¿Alguien le había enseñado o lo había descubierto él? ¿Podría enseñarle?, Un largó suspiro escapó de sus labios, aquello era improbable, hace años que ese mago había aparecido para hablar algo con su abuela y luego se había ido sin más, nadie ni siquiera mencionó lo ocurrido luego de una orden de su abuela, aunque Fleur le había preguntado al respecto un par de veces pero solo obtuvo por respuesta que era un asunto que, por el bien de su comunidad, debían mantener confidencial.

Otro largo suspiro.

Su abuela era realmente intransigente cuando quería serlo, nunca logró sacarle nada aún cuando intentaba tomarla con la guardia baja, dejo de pensar en aquello cuando notó que su hermanita estaba demasiado cerca de la orilla, pero ni bien se levantó para traerla la dirección del viento cambió volviéndose mucho más fuerte, no tuvo tiempo de entender que pasaba cuando de la nada dos enormes sombras ocultaron el sol por completo y un segundo después se hallaban acorralándola en el suelo a ella y a Gabrielle, en ese momento no estaba segura de querer volver a tener a un Dragón tan cerca, reuniendo todo su valor se abalanzó sobre su hermanita y la cubrió en un abrazo mientras centraba sus ojos en el dragón más cercano, del cual bajaba una atractiva chica, ella estaba acostumbrada a ver mujeres hermosas porque eso era lo único allí, pero la belleza de esta era marcadamente diferente, mucho más feroz, con su cabello y ojos rojo fuego, vestida en un ajustado traje de cuero con una espada en su cinto, decía algo pero ella apenas podía identificar qué idioma usaba, el marcado y un poco hosco acento hacía muy difícil entenderle, pese a lo suave de la voz en sí, aquello no hacía más que incrementar su temor mientras veía con sus grandes ojos azules a la imponente pelirroja acercarse cada vez más, de pronto esta se detuvo y miro sobre ambas niñas, Fleur regresó su vista a lo que llamó la atención de ella, para toparse con la figura del otro dragón, un poco más grande que el primero, extendiendo al tope sus alas sin perderlas de vista. Aunque aquello debió atérrala más que la atención de una chica pelirroja armada con una espada, se sintió extrañamente calmada bajo la mirada de aquel enorme reptil volador, solo entonces reparó en los enormes ojos de aquel ser.

-Vert (verdes) –murmuró, casi al instante la enorme figura se fue achicando dejándola claramente expectante, pero lo que vio no era lo que esperaba, la figura se achico más de lo esperado hasta dejar solo a un chico un palmo más bajo que ella, pero que tenía la misma oscura cabellera desordenada y ojos verde césped, sin embargo al verlo acercarse solo aseguro más a su hermana mirándolo con desconfianza, él llevaba también una ropa muy parecida a la de la pelirroja y una espada en su espalda.

-Ne vous inquiétez pas, je n'ai pas toute intention de les faire que j'endommage (No te preocupes, no tengo ninguna intención de hacerles daño) –le aseguró levantando las manos en señal de paz, su acento era terrible pero al menos podía entenderlo a diferencia de esa aterradora mujer que al parecer se había detenido por orden suya, luego de que las tranquilizadoras palabras le alcanzaran un recuerdo la golpeo, saliendo de su sorpresa se levanto hacía el chico.

-¿Qué es lo qué quieres? –Le preguntó directamente sin soltar a Gabrielle, aunque ya suponía la repuesta.

-Tengo algo que hablar con la líder de la comunidad, tu abuela si no estoy mal informado, Fleur Delacuor –contestó de manera simple con una sonrisa conocedora, de acuerdo, eso no se lo esperaba así que solo se quedó viendo al chico.

-¿Quién eres? –Fue la siguiente pregunta.

-Puedes llamarme James si quieres –le dijo encogiéndose de hombros- la verdad es que eso no es importante.

-¿No es tu nombre real? –Le Preguntó abriendo y cerrando los ojos confundida, Harry la miro un tanto sorprendido de que preguntara algo así como si fuera tan obvio.

-Para alguien como yo el nombre es lo de menos.

-¿Y quién eres entonces?

-Si quisiera que alguien lo supiera no andaría por allí dando un nombre supuesto ¿No te parece? –Le comentó algo divertido pero tratando de no sonar irónico.

-Si quisieras que nadie lo supiera no andarías diciendo que es un nombre supuesto –reclamó la jovencita, Harry tenía que concederle que era bastante perspicaz.

-Solo les doy la cortesía de saber que no les estoy mintiendo directamente, esto es un acuerdo para no saber mi nombre, pero que al mismo tiempo yo no tenga que mentirles, solo no decirles todo acerca de mi –explicó sonriendo un poco descarado, la rubia bufó un tanto ofendida volteando la mirada, pero se topo con los ojos escarlatas de la otra visitante.

-¿Y ella es…? –Empezó tratando de no sonar nerviosa y fallando ya que Harry percibía su preocupación pese a tratar de no leer su mente. Esto aún le resultaba difícil y frustrante, era como si su cabeza se hubiese quedado sintonizada en las mentes ajenas, pudieran o no defenderse de intrusiones externas, y no quisiera apagarse, al final había aprendido a simplemente ignorar lo que escuchaba, algo que en algunas ocasiones resultaba más difícil que en otras.

-Mi acompañante, mi guardaespaldas y mi amiga –contestó sin regresar a ver ni de reojo a Natalia, para que ella no confirmara que hablaba de ella, aunque percibiera los pensamientos de Fleur tan bien como él no entendía ni pisca de francés- al igual que la dragona –agregó con una sonrisa picaresca .

-¿Cómo te transformaste en dragón? –Soltó de repente Fleur, el chico la miro sorprendido por el abrupto cambio en la conversación pero no contestó.

-Debo ver a tu abuela –repitió como si toda la plática anterior no hubiese sucedido- serías tan amable de llevarnos.

Esta vez el tono era mucho más seco, la niña veela pese a ser mayor que él no probó desafiarlo, aquel tono la tomo desprevenida, nadie nunca antes había podido hablarle con semejante aspereza, así que solo asintió y lo llevó. Las semanas siguientes pasaron simplemente conviviendo en la pacifica comunidad, Harry esperaba que aquello, como cada parte anterior de su entrenamiento, resultara en alguna clase de tortura… y tenía razón. El motivo principal de estar allí era reforzar sus últimas defensas de Oclumancia, las emocionales, y el mejor ataque contra estas era la influencia constante de una comunidad de veelas, aunque estas lo tomaban con bastante tranquilidad para no volver loco al "niño", que "supuestamente" ni siquiera entendería lo que estaba sintiendo, sin embargo dicho niño apenas lograba centrar dos ideas desde que se habían establecido. La organización del lugar era simple, trabajaban en lo que necesitaban, en sus diversiones y demás en conjunto. Pero las sorpresas no se esperaban, como era parte de las costumbres se bañaban en el riachuelo, así que Harry decidió hacer lo mismo, lo que no le dijeron la primera vez fue que se bañaban todas juntas. Era claro que no pensaban que debía mostrarse diferentes con el chico ya que una de las peticiones al hacer el contrato con su maestro fue que se comportaran igual que siempre. Cosa que el mago no sabía ya que en el instante en que se presentaron las beldades desnudas dejo escapar una exclamación de sorpresa antes de desaparecerse a su cabaña, desnudo, justo cuando Natalia recibía en la entrada a Fleur.

La francesa había intentado hablar con él mago desde su llegada acerca de su peculiar habilidad de transmutación, aunque le perturbaba un poco la presencia de aquella pelirroja de mirada fulminante no se dejo amilanar. Está por su parte estaba a punto de decirle que no le importaba en donde estuviera su acompañante cuando este apareció en medio de ambas completamente desnudo, empapado y aún con un leve rubor producto de lo que había visto antes de desaparecerse, un rubor que se extendió aun más por todo su rostro al notar en presencia de quienes se encontraba, antes de que nadie reaccionara, algo que bien podría haber tomado un par de minutos más, el chico se desvaneció como si fuera una sombra. Ambas espectadoras se quedaron en su lugar un rato más antes de dar unas apresuradas explicaciones de que debían estar haciendo algo más en otro lugar y la rubia se retiró dejando a la vampira que todavía intentaba despejarse de lo que había visto. Había visto a Harry sin la parte superior de su armadura muchas veces, sabía, o creía saber, bien el efecto que su capacidad de adaptabilidad había generado en su cuerpo, sus músculos estaban bastante desarrollados para un chico de su edad debido a las extenuantes labores que había realizado desde que comenzó a ser entrenado y las situaciones de constante presión física. Era extraño ver a un niño que no llegaba a los diez años con pectorales y abdominales marcados, solo un poco más que los de vampiros de nacimiento en esa etapa, los cuerpos de estos aunque resistentes nunca eran tan desarrollados, siempre demasiado delgados y estéticos, Harry no era robusto en absoluto pero su figura parecía hecha, y tal vez así era dado los efectos de aquel hechizo, para poder combinar fuerza a la par de velocidad y elasticidad al máximo. Aún así era la primera vez que lo veía sin nada, no debía haberle extrañado pero se sorprendió al ver que cada parte de su cuerpo estaba igual de desarrollada y a juzgar por la expresión en la cara de la chica veela, ella también se fue bastante impresionada.

A partir de ese día Harry se levantaba y bañaba antes de la madrugada, antes de lo que a ningún ser racional se le ocurriría levantarse ni mucho menos sumergirse en el agua todavía helada. Cuando estuvo con los gigantes se bañaba igual, en un riachuelo cercano y con un clima muchas veces más frío, igual que con todo había terminado por acostumbrarse, durante la guerra con los vampiros tampoco había lo que se diga agua caliente a la orden del día. Un baño de agua caliente siempre era bueno para olvidarse de los problemas, pero el agua helada lo era para mantenerse enfocado y alerta durante su adiestramiento, y sin importar lo agradable que aparentara ser aquel lugar estaba en un entrenamiento, uno muy difícil. Perdía el hilo de lo que hacía cada diez minutos debido a la influencia de las veelas, incluso había llegado a dudar que lo que aprendió en Oclumancia haya servido de nada, su otro yo le dijo que esto era porque la interferencia de las veelas atacaba un franco diferente. Se mantenía más o menos en control porque sabía el origen de sus distracciones, como el Harry más viejo le había dicho, habría sido mucho más duro sino supiera que le pasaba, razón por la que le había dado aquella explicita plática con antelación. Principalmente pasaba tiempo con Minie y Natalia, ya que ninguna veela se acercaba demasiado a ellas sin un motivo, lo que lo mantenía tranquilo, aunque Minerva disfrutaba de tomarle el pelo por ser capaz de encarar vampiros sedientos de sangre antes que a los generalmente pacificas criaturas femeninas con forma de hermosas mujeres. En cuanto a Natalia, ella no ponía objeción en acompañarlo todo el tiempo y a todos lados pero también parecía disgustada todo el tiempo, de acuerdo antes también había sido así pero ahora parecía disgustada con él, cosa que el chico no entendía ya que según él, cada vez que perdía el paso, se tropezaba o se quedaba con la mirada perdida siguiendo el rastro de alguna veela que pasaba a su lado, no estaba haciendo algo que ofendiera a la vampira ¿O sí? Su otro yo le habría golpeado por ser tan despistado pero dejo que se diera cuenta por sí mismo, además él mismo Harry del futuro se sorprendió al saber que su otrora amante pelirroja se enamoró de su homónimo más joven e ingenuo.

Esta y otras cosas pasaban por la estresada cabeza del mago de la cicatriz mientras observaba la luna aún presente en un firmamento cada vez más claro. Pensó en contarle a Ginny acerca de lo que le pasaba, aún hablaba con ella casi a diario (con ayuda del giratiempo podía hacerlo sin que nadie se enterara) y sus consejos, o por lo menos su plática, habían probado ser de mucha ayuda en el pasado, pero su otro yo le explicó que era una pésima idea, por un lado, Ginny era todavía muy joven para entender lo que le pasaba, y si lo entendía, con decirle solo conseguiría que se enfadara con el igual que Natalia, como era predecible el chico no entendió del todo aquella razón pero lidiar con dos pelirrojas molestas al mismo tiempo definitivamente estaba por encima de su lista de capacidades. Aún faltaba mucho para que las veelas comenzaran sus actividades así que se permitió relajarse con el agua helada sabiendo que todavía era pronto para que nadie estuviera por allí, o eso creía.


Se despertó jadeando con finas gotas de sudor por su bello aunque aniñado rostro, sus dorados mechones se pegaban a su faz mientras regularizaba su respiración, ¡Rayos! ¡Ya era la tercera noche!, desde que lo había visto no podía quitarse la imagen de su cabeza, incluso en sueños la seguía, solo que en esos sueños hacía algo más desvanecerse en el aire, paso saliva mientras repasaba el último, algo dentro se le remeció ante el recuerdo pero lo aparto un poco indignada ¡Se supone que son ellas las que producen ese efecto en los hombres no al revés! Bueno su abuela le había advertido que ellas maduraban ese tema mucho antes porque su naturaleza buscaba explotarlo como una defensa, pero eso significaba que ellas también se volvían susceptibles a caer en el encanto de alguien capaz de captar su atención, y ese chico lo había hecho, si ya antes le daba curiosidad ahora no lograba quitárselo de la cabeza, literalmente. Bufó molesta, dando por sentado que no conseguiría volver a dormir se levantó y se puso una bata sobre su camisón, era muy temprano para ir a bañarse pero le sentaría bien pensar junto al arrollo, le dejo una nota a su abuela para que no se preocupara y salió.

El lugar se veía perfecto para meditar tranquila, o eso pensó en un inicio antes de ser levantada del suelo y terminar con su espalda contra un tronco enfrentando un par de intimidantes ojos rojos que brillaban como fuego.

-¿Qué crees que estás haciendo aquí? –Le preguntó directamente y entonando claramente cada silaba para que le entendiera, pero en un susurró, Fleur estaba demasiado pasmada por la repentina arremetida para contestarle pero antes de que la pelirroja la presionara un sonido la distrajo, sujetando la boca de la chica para que no gritara se asomó con ella por el borde del árbol, tenía que sujetarla cerca para que no gritara y fue afortunado porque estuvo a punto de hacerlo cuando del agua salió medio cuerpo del chico que se había colado ya tres veces en sus sueños, sus ojos se abrieron al máximo al ver de nuevo aquella imagen, solo que esta vez se tomo su tiempo para detallarlo mientras salía del agua, podía ver aún a la distancia varias cicatrices, algunas pequeñas otras mucho más detalladas, que lejos de hacerlo ver mal le daban un aire de peligrosidad todavía más atractivo. También estaba al pendiente de su captora, la cual parecía observar con igual atención pero más alerta, sin embargo el chico no reparó en alguien observándolo, solo salió por completo del agua, una vez en la orilla su cuerpo cambio en la forma de un enorme lobo negro con el pelo mojado, el animal se sacudió igual que un perro hasta quedar casi completamente seco y luego se estiro dejando escapar un bostezo parecido a un aullido liviano antes de acercarse a unas prendas que estaba tiradas sobre el pasto, recuperando su apariencia normal antes de vestirse y regresar al pueblo con su cabellera castaña hondeando al viento tras su espalda (igual que con los vampiros cambiaba su aspecto cada dos días o algo así, a veces regresaba a su imagen original o retomaba una misma forma más de una vez para que no estuvieran seguras cual era la verdadera). De nuevo solas, la veela se dio cuenta de su precaria situación.

-¿Qué hacías? –Entonó de nuevo con claridad, la pequeña paso saliva pero o contestó sus mejillas aún exhibían un claro rubor que no hacía más que molestar a la pelirroja- ¿Estabas espiando?

-No –dijo de inmediato- no-sabía-que-él-estaba-aquí –juró hablando despacio, la ojiroja le dirigió una mirada de escepticismo- vine a pensag, no sabía que estagía aquí yo… -de pronto se cortó y observó a la pelirroja frente a ella con deferencia.

-¿Qué? –Le espetó esta percatándose de la mirada.

-Y tú, ¿Qué hacías? –Ahora fue Natalia la que se quedó perpleja.

-Yo-yo-yo estaba vigilando –contestó desviando la mirada, la rubia entorno los ojos hasta ser dos rendijas, pero luego los abrió desmesuradamente.

-¡Tú lo estabas espiando! –Le acusó con voz estridente, al momento Natalia volvió a taparle la boca y regresó a ver por el sendero si alguien la había escuchado. Cuando regresó su atención a la chica esta la observaba acusadoramente con una mirada sabionda por encima de los dedos que le cubrían la boca.

-¡¿Qué es lo que miras? –Le espetó retirando la mano.

-Él no lo sabe ¿ciegto? –Comentó sin perder esa actitud, en opinión de Natalia, odiosa- y no quieges que se entege.

-¿A dónde quieres llegar? –Le preguntó entornado los ojos.

-¿Puedes convenceglo de que me enseñe como convegtigme en un dgagón? –Casi al momento en que lo dijo Natalia le dejo de sujetar por la sorpresa, no podía creer que tuviera el descaro de chantajearla, a muchos otros los había descuartizado por semejante atrevimiento, sin embargo eran invitados allí y Harry había firmado un contrato que ella tenía que respetar o él lo pagaría muy caro, se limitó a mandarle una mirada fulminante a la rubiecita que esta soportó bastante bien sin perder su postura.

-¿Por qué te interesa? –Preguntó al fin, la francesa pareció levemente avergonzada al fin pero contestó.

-Es una especie de sueño que tengo desde que vi a aquel mago haceglo –le contestó honestamente- el joven James tiene la misma habilidad y toma la misma fogma, significa que se puede apgendeg ¿Vegdad? –Inquirió juntando ambas manos frente a su boca en gesto de ruego, Natalia la evaluó con la mirada largamente antes de decidir que estaba siendo honesta.

-Hay una posibilidad pero pocos magos tiene la capacidad y muchos menos la habilidad –le contestó secamente sin dejar de verla fijamente- puedes preguntarle tú misma, él decidirá si quiere enseñarte o si puedes aprender –con esto se dio vuelta en dirección al pueblo y le hizo una seña para que la siguiera hasta la cabaña que les habían asignado, pero antes de seguir se volvió hacía ella con la expresión más amenazante que haya puesto hasta ahora- Y ni una palabra de lo que viste aquí –le advirtió, la ojiazul hizo una seña de sellarse los labios con un cierre, gesto que Natalia no encontró gracioso dada la seriedad del asunto para ella pero continuaron caminando después.


-¡Esto es imposible! –Exclamó con frustración dejándose caer sobre una silla del comedor.

Natalia no estaba, nunca estaba cuando regresaba de bañarse pero ella podía hacer lo que quisiera en tanto estuviera allí para el desayuno, el cual mejor se ponía a preparar antes de que ella regresara (Ella podía comer sin problemas cualquier cosa incluso cuando era vampira pura pero no le aportaba nada en asunto de nutrición, ahora solo un poco, la poción que ingería cada semana era lo que mantenía su poder). Hace solo un segundo que estaba llegando y vio a una de las veelas levantada temprano saliendo a atender su jardín, ella no hizo nada, solo lo saludo con una mano dándole una brillante sonrisa y él escapó de allí, como si hubiese visto al diablo, cerrando la puerta de su casa casi de un portazo al entrar.

-¡Si estas allí me vendría bien un poco de ayuda! –Le reclamó a su yo mayor.

-Solo tenías que pedirla, estoy aquí por si la necesitas –le contestó con una tranquilidad casi cínica, ganándose un gruñido por parte de su homónimo.

-¡¿Entonces qué rayos estabas haciendo? –Le espetó- Este lugar acabará con mis nervios y por alguna razón el hechizo de adaptabilidad no funciona, parece que cada día estoy peor.

-Es porque lo estas bloqueando –le explicó el Harry más viejo tomándolo por sorpresa- cuando estuviste con los vampiros y los gigantes, conviviste con ellos, por eso el conjuro funcionaba, pero aquí simplemente intentas escudarte del efecto de las veelas, de manera incorrecta debo agregar, y eso solo evita que el conjuro asimile lo que te rodea para ayudarte.

-¿Entonces qué sugieres?

-Que hagas exactamente lo opuesto a lo que has estado haciendo –le dijo con sencillez.

-¿Qué, acaso quieres que intente ligarme alguna? –Le preguntó cargado de sarcasmo, sin embargo la voz en su cabeza pareció reflexionar acerca de esta idea- ¡NO VOY A HACER ESO! –Le advirtió de antemano.

-No te he dicho que lo hagas –le tranquilizó- tampoco te digo que no –agregó para molestarlo- pero tienes que dejar de escudarte, como habrás notado eso ni siquiera funciona contra sus habilidades.

-¿Entonces qué hago?

-En realidad no es difícil, solo tienes que ver más allá de lo obvio.

-¿Eh? –El mayor suspiró.

-El poder de las veelas es tan fuerte como superficial, si tan solo hablas con una por cinco minutos empiezas a ver lo que hay debajo y dejas de lado lo demás, de hecho tú podrías hacerlo en solo un minuto concentrándote en lo que piensan, quizá menos –sugirió.

-¡No voy a meterme con sus pensamientos! –Decidió rotundamente- están confiando en nosotros ¿Qué manera serían de corresponderles el violar su privacidad?

-Créeme, las veelas tiene poco que ocultar de sí mismas en realidad, lo mismo que podrías descubrir leyendo su mente te lo dirían ellas durante una conversación casual –le aseguró- pero es cierto que lo último que querrías sería provocar su ira, sin embargo dada la forma en que resultas afectado por ellas intentar hablarles es mucho más complicado.

El Harry más joven no debatió eso, solo la situación pasada era ya bastante prueba de aquello.

-Entonces… ¿Qué me aconsejas? –Preguntó al fin, por un rato su otro yo pareció reflexionar un rato su respuesta.

-Empieza con una que no te intimide tanto –fue lo único que se le ocurrió- alguien con quien puedas tratar de igual a igual, no importa si no ejerce la misma presión que las otras, una vez que te acostumbres tu capacidad de adaptación hará el resto, entonces serás inmune a su interferencia en tu psique emocional.

-¿Dónde…?

Antes de que terminara de formular la pregunta la puerta se abrió dejando ver a su guardaespaldas pelirroja… y detrás de esta a la chica de cabellos rubios que hace menos de una semana (y aunque él todavía no lo supiera hace menos de una hora) lo había visto desnudo. Tan ocupado estaba tratando de disimular su incomodidad que no reparó en que la chica estaba haciendo lo mismo, Natalia solo los observaba a ambos desde una esquina del cuarto con expresión molesta.

-Fleur –dijo finalmente, la chica dio un pequeño respingo al ser nombrada- ¿Qué te trae por aquí? –Trató de que no sonara como un ¿Qué haces aquí? Pero solo lo logró a medias.

-Yo… yo quegía… yo quiego… -parecía haber perdido la facultad de decir frases completas, Natalia bufó con irritación pero Harry simplemente lo adjudico a su deficiencia para el español.

-Puedes decirlo en francés, creó que te entenderé –su acento aún era marcado pero mejoraba cada día, Fleur asintió rápidamente antes de tomar aire.

-¿? –dijo tan atropelladamente que ni Natalia hubiera sido capaz de entenderle aunque hablaran el mismo idioma, Harry pestañeo completamente perdido.

-Creo que me equivoque –murmuró más para él mismo- ¿Podrías repetir eso?, un poco más despacio –le pidió, la chica veela tomo otra inspiración antes de verlo de frente, ruborizarse levemente, volver a bajar la mirada y empezar a hablar.

-¿Podrías enseñarme cómo transformarme en un dragón? –Repitió con la vista fija en sus zapatos, lenta y pausadamente.

Harry parpadeó un tanto confundido, centró su vista en Natalia que se limitó a encogerse de hombros, cuando Harry dejo de verla para levantarse e ir hasta la rubia jovencita una sonrisa maliciosa cruzó sus labios, Harry nunca compartiría conocimiento que sabía que era peligroso que dejara escapar, así que simplemente esperó que el chico la despachara…

-¡Claro que voy a enseñarte! –Le aseguró con un entusiasmo como no había mostrado jamás sujetándola suave pero firmemente de los brazos y sacudiéndola levemente- pero primero tendremos que averiguar si tienes esa capacidad, OK –sin más se llevó a la chica de la mano hasta el baúl e ingresó en este con ella en el tercer compartimiento, dejando a una estupefacta vampira detrás.

-¡¿Cómo? –Finalmente exclamó saliendo de su estupor y entrando de golpe al baúl.

Allí Harry ya se encontraba buscando entre las cosas del taller las piedras para el ritual y el libro (una copia exacta que sin él saberlo su padrino poseía), en el que venían las indicaciones paso por paso para dominar la animagia, Fleur todavía no podía creer que hubiera aceptado con tanta facilidad, observaba detenidamente al, por hoy día, castaño ojiazul sacar algunas cosas, mientras él rebuscaba en un armario lleno de cosas le dio un vistazo al interior de aquel arcón, no había visto uno así pero supuso que era sumamente útil, además había artefactos claramente hechos allí mismo que representaban magia muy avanzada, como las escobas, nunca le había llamado volar así, aunque soñaba con hacerlo si tuviera sus propias alas para sostenerse. También había espejos y plumas hechizadas, un par de dagas, muchos fuegos artificiales mágicos, una caja musical y dos capas de invisibilidad, había otra más colgada en un perchero con cuidado que seguramente era especial por algo. La jovencita era muy perceptiva por lo que llamó su atención la manta que cubría un objeto enorme en una esquina, pero apenas hizo amago de acercarse la pelirroja, se había olvidado de ella, se cruzó en su camino advirtiéndole con la mirada que no prosiguiera.

-¡Aquí están! –Exclamó a sus espaldas el joven mago- Ven Fleur, ahora veremos… -se veía curiosamente optimista, demasiado para el gusto de Natalia, tomando en cuenta los pocos magos que ameritaban una forma como la que aquella niña deseaba alcanzar. Harry coloco las siete piedras en una especie de estrella en el piso y a Fleur en el centro- antes de empezar, concéntrate en tu personalidad Fleur, es importante, intenta visualizarte a ti misma, cómo eres –detalló tan claro como le fue posible, la niña asintió y cerró los ojos para reunir sus ideas acerca de sí misma. Natalia mientras tanto se acercó a él mientras activaba las runas para el ritual de identificación.

-¿Qué es lo que pretendes? –Le preguntó con un tono de voz bastante controlado, pero Harry pudo interpretarlo correctamente un "más te vale tener una respuesta" junto a esta.

-No me estoy adaptando bien, debo convivir un poco con alguna de ellas para que funcione, así que mientras la ayudo ella me ayudará a mí –le contestó, no era difícil ver que Natalia no estaba satisfecha con el resultado.

-Pero…

-¿Prefieres que intente acercarme a una veela pura?

La vampira bufó irritada pero no contestó nada, así que Harry continuó con el ritual, una vez terminado convido a Fleur a abrir los ojos, la niña lo hizo con cierto nerviosismo, su expresión decayó levemente en una sonrisa triste al contemplar un bello cisne reposando frente a ella.

-Supongo que debía habérmelo esperado –comentó en francés, encajando muy bien en su decepción- tal vez sea una molestia para ti, pero ¿Podrías enseñarme de todos modos? Me gustaría saber lo que se siente volar con mis propias alas –le pidió juntando las manos.

-Claro –aceptó el chico gravemente- pero… ¿Qué opinas de los gatos? –La rubia le miro extrañada por la pregunta hasta que el mago señalo a su derecha, siguiendo su mano se encontró con la imagen de un bello gatito de pelo corto blanco como la nieve lamiéndose una pata con gran delicadeza.

-¿Deux? –Preguntó extrañada, el mago solo sonrió cambiando lo que señalaba para que se girara a su espalda.

-Y ya que estamos en eso ¿Qué opinas de los dragones?

Su corazón se acelero por la ansiedad mientras volteaba siguiendo la dirección que le decía el joven, era lo más hermoso que hubiese visto jamás, totalmente blanco con escamas brillantes y nacaradas se posaba imponente sobre sus cuatro patas mientras una mirada casi indescriptible la observaba escrutadora, con un arcoíris circular que terminaba en un centro azul como el cielo.

-Una… opaleye de las antípodas –dijo sin acabar de creérselo en un susurró casi ceremonial, Natalia bufó desviando la mirada como si aquel descubrimiento la ofendiera personalmente de sobremanera. La pequeña fue sacada de su euforia cuando el muchacho le puso frente a ella un libro de tapa roja, al instante las imágenes se disolvieron dejándola un poco desconectada.

-Lo siento pero es la forma con la que menos relacionada estas, así que tendrás que aprender primero como transformarte en un cisne, luego en un gato y al final en un dragón, como yo ya no estaré para entonces tendrás que guiarte por tu cuenta, todo lo que necesitas saber está aquí –le explicó pasándole el libro pero antes de que lo tomará lo retiró- no tan deprisa, aún no hemos hablado de las condiciones.

-¿Condiciones? –Repitió la chica veela entornando los ojos con desconfianza, sin embargo noto al joven mago incluso más serio que de costumbre así que se limitó a asentir para que continuara.

-La animagia es fuertemente controlada por el ministerio así que te recomiendo que te registres una vez que lo logres, pero solo registra una forma no le digas a nadie de las otras en especial la del dragón –le advirtió, Fleur asintió pensativa pero no parecía decidirse por hablar así que Harry la animó- ¿Qué te preocupa?

-¿Cómo pueden ser tres figuras? Nunca había escuchado de eso, ni tampoco de que alguien tomara la forma de un animal mágico.

-Es parte de las razones por las que quiero que lo mantengas en secreto, este sistema solo lo conozco yo totalmente y por ahora no debe caer en manos ajenas –le pidió, no era una orden era un favor y la francesa aceptó, sin embargo una reflexión le llegó mientras pensaba en lo que acababa de escuchar.

-¿Eso significa que tú también tienes tres formas?

-De hecho tengo cinco –le corrigió, los azules ojos de ella se abrieron por la sorpresa- pero el máximo son siete, eso no significa que cualquiera pueda alcanzarlas o descubrirlas depende de cada quien –la joven asintió reflexiva, de nuevo Harry le paso el libro, esta vez no se lo retiró- léelo está noche empezaremos mañana al alba, y algo más –le llamó antes de que se retirará- pretendo darte conocimiento por conocimiento, si de verdad quieres que te enseñe tendrás que pensar en algo que puedas enseñarme.

-¡¿Cómo? Pero, ¿qué puedo yo enseñarte?

-Algo que sepas, no tiene que ser muy impresionante pero tiene que ser algo que yo no sepa –pareció a punto de reclamar pero se lo pensó un momento y asintió de último retirándose, apenas estuvo fuera Harry recibió un golpe en la nuca- ¡Auch! ¿Eso por qué fue? –Preguntó sobándose la parte afectada con una media lágrima saliendo de su ojo. Sin embargo Natalia no le contestó, solo salió por la misma puerta que segundos antes usara la veela dejando al extrañado y ahora dolorido joven viéndola con expresión confusa.


Durante los siguientes meses Fleur y Harry pasaron la mayor parte del tiempo juntos, Fleur había decidido enseñarle a bailar, cosa que Harry no apreció tanto pero aceptó, la idea del cambio de conocimientos era simplemente pasar más tiempo conviviendo con la chica para poder adaptarse más rápido. Sin embargo era difícil decir cuál de los dos tenía un avance más pobre en sus respectivas clases, aún con su habilidad con la espada Harry parecía incapaz de dar dos pasos en el vals sin tropezar con sus propios pies, Fleur por su parte ya lograba visualizar sus tres animales pero no estaba ni cerca de poder asumir la forma de alguno, apenas lograba transformar sus brazos a alas. La resistencia de Harry hacía las veelas por otro lado había dado pasos agigantados desde que empezó a pasar tiempo con Fleur, había conseguido suficiente resistencia como para entablar conversaciones con el resto de la comunidad sin tener ningún problema, así descubrió que su otro yo tenía razón, las veelas eran muy abiertas y comunicativas (alguien menos tolerante habría dicho que simplemente no sabían cerrar la boca, pero lo cierto era que disfrutaban platicar con alguien nuevo y Harry conocía muchos lugares aún dejando de lado las historias de guerra y combate), incluso fue capaz de presenciar una danza de veelas a la luz de la luna llena, meses más tarde, sin perder la razón, algo que pocos hombres conseguían. Cuando Harry las veía danzar solo veía a la Sra. Gwendoline, que amaba las azaleas (de las cuales él le había regalado algunos brotes de su propio jardín para que los plantara), la Srta. Dafnée, fanática de las fresas con crema y la jalea de rosas (también le había regalado un par de cajas con frascos de estos ya que en su despensa sobraban), la Sra. Antoniette, tía "directa" de Fleur que se sentaba por horas a escuchar música clásica (una tarde lo había invitado a acompañarla y descubrió que los solos de violín son excelentes para aligerar el estrés), en fin solo veía amables mujeres de inusual belleza luciéndose en el claro, que se iluminaba perfectamente con la luz lunar y el brillo de su piel. Tal como había dicho su otro yo, podía ver más allá de lo obvio, luego se centró en las Srtas. Diana, Elie, Eve y Evangeline.

De ellas en realidad no sabía mucho, solo que eran cuatro primas de Fleur, y de casi la misma edad de ésta, completamente veelas. De vez en cuando las notaba espiando durante sus lecciones con la chica veela u observándolo fijamente hasta que él les devolvía la mirada y ellas desviaban la suya, simplemente aún no las entendía, antes ni siquiera regresaban a verlo dos veces, su maestro había dicho algo extraño cuando le pregunto: "Algunas veelas son como los gatos, nunca vienen cuando uno las llama, y acuden sin falta cuando no les haces caso" a lo que Harry respondió con un "¡¿Y qué demonios significa eso?" por respuesta su otro yo resopló y le dijo que si no lo entendía todavía no iba a perder tiempo intentando explicárselo. Pero no tuvo demasiado tiempo para intentar entenderlo antes de que Fleur lo sacara de la mira de sus primas hacía el claro para aplicar lo poco que había aprendido de sus clases particulares. Aquel fue sin duda el baile más torpe que aquel claro haya presenciado delante de las clementes miradas de las veelas, la única que no tuvo el suficiente tacto para evitar reírse fue Minerva que dejo escapar algunas volutas de fuego que por suerte no quemaron el bosque.

Fue allí cuando finalmente la pelirroja se hartó y sacando su espada convido a Harry a hacer lo mismo, aquel era su elemento, y lo más parecido a una danza que alguno de los dos conocía en realidad, entre giros, piruetas, cortes y estocadas que se eludían de ser mortales por milímetros o medios segundos entre cada movimiento a vertiginosa velocidad, la gracia, la precisión, la letalidad y la belleza se entremezclaban en un soberbio espectáculo, esta vez fueron las veelas las expectantes observadoras con su mano en el corazón o cubriendo algún gemido ahogado cuando un toque parecía acertar más no lo hacía, observaban sin saber cuánto pasaba, el tiempo parecía una insignificancia ante la idea de perderse aquella exhibición, finalmente ambos estocaron al mismo tiempo contra el otro de tal modo que parecía que los dos caerían, un grito ahogado general resonó alrededor de los dos danzantes que ellos ignoraron por completo, a medio camino ladearon su cuerpo dejando pasar la hoja por un costado, tras hacerlo el puño de ambos quedó detrás del otro estando ambos a solo medio paso de distancia, en sincronía movieron las espadas de forma que sujetaban el mango al revés y con la parte plana de la hoja a espalda de su opuesto para, otra vez en un movimiento parejo, acercar al otro cerrando la distancia al tiempo que, con su mano libre, liberaban un cuchillo y lo apoyaban contra la garganta del otro. O por lo menos así era el final, está vez solo Harry apoyaba la filosa hoja de su daga de plata de duende contra la garganta de la pelirroja, pero lo que ella hizo lo bloqueó aún peor que una arma blanca contra su yugular, la mano de la vampira acunaba su rostro delicadamente mientras sus ojos escarlatas lo observaba fijamente.

-Nata…

Antes de terminar su réplica sus labios fueron sellados con los de ella, sus ojos casi se salen de sus cuencas cuando los sintió pero fue incapaz de reaccionar de cualquier forma, solo se quedó allí de pie siendo besado por la vampira, como si su cerebro hubiese hecho corto circuito, una serie de imágenes de eventos similares lo atravesaron y fue como un reinicio, apenas entonces reacciono devolviendo el beso igual que en aquellos recuerdos, lento al principio pero profundizándolo mientras las memorias seguían frente a sus ojos, hasta que un recuerdo lo saco de su sopor, una mirada castaña fue un ariete que derribo sus muros mentales como si no existiesen hasta su núcleo. Lo próximo que supo fue que se hallaba a un paso de Natalia respirando con dificultad, ella hacía lo mismo, ya ninguno sujetaba sus armas y la vampira tenía una marca roja en su cuello de la que caía una gota carmesí, el corte que se hizo al acercarse a Harry cuando este aún tenía el puñal contra su garganta, ahora era ya solo una línea roja cambiando a durazno. También parecía haber salido de un trance porque su expresión era un reflejo perfecto de la de Harry, confusión y horror, una vez más estuvieron sincronizados al desaparecer entre las sombras dejando un claro de asombradas veelas, y una dragona, detrás.


-¿Cómo sucedió esto?

-Ambos deseaban que sucediera –contestó su otro yo comprensivo de la confusión en Harry.

-¿Ambos lo deseábamos? ¿O tú lo deseabas? –Le espetó desafiante, sin embargo el otro no se molestó.

-Yo no tuve nada que ver en esto Harry y creó que lo sabes –Harry estuvo a punto de responder algo pero se cayó, al final solo soltó un suspiro resignado.

-Lo sé, fue diferente esta vez, estaba aturdido pero solo venía de mi mismo ¿Estás seguro que no tuviste nada que ver? –Preguntó esperanzadamente, pero casi sintió la negación de su homónimo antes de escucharla.

-Una de las últimas cosas que deseo es volver a ver a Natalia en la misma situación en que nos despedimos –le aseguró con cierta tristeza anticipada.

-No tendría por qué ser así… -pensó sin poder evitarlo, de inmediato quiso agregar algo para retirar lo pensado pero era como si no supiera qué, su otro yo parecía por primera vez un tanto reacio a opinar, pero tampoco podía dejar al joven Harry en esa situación sin más apoyo.

-Como siempre te digo, eso es tu decisión, pero tal vez este no sea el mejor momento para tomarla.

-¿Por qué?

-Solo respóndeme algo ¿Estás seguro de lo que harás?

-¡Claro que no estoy seguro! Nunca me había pasado algo así.

-Una razón para no apresurarse –acotó su otro yo con calma- otra es la misma Natalia ¿Cómo crees que lo esté tomando hasta ahora?

-Conociéndola… probablemente está destrozando algún pino enorme a puñetazos.

Como si hubiese sido la señal un bandada de aves atravesó el cielo escapando, a lo lejos podía ver la punta de un árbol dirigiéndose hacía el suelo, a veces era bastante transparente, Natalia estaba confundida por lo que había pasado tanto como él mismo, pero estaba mucho más molesta por no haberlo controlado. Por ahora lo mejor era dejarla desahogar su furia, luego que enfrentara a su confusión y por último ver si quería hablar sobre ello, en ese orden ni más ni menos o terminaría con alguna dolorosa fractura. Unos pasos sobre la hierba lo sacaron de su reflexión, debió haberlo adivinado, era claro que si escogía ese lugar había una persona que terminaría por encontrarlo.

-Creó que arruinamos su festival –comentó un tanto avergonzado, la chica de largos cabellos rubios negó levemente.

-El festival nunca había sido tan… eh… integesante –le aseguró Fleur dubitativa de que decir mientras se acercaba, luego dio un vistazo al claro cerca del rió donde ambos practicaban animagia y baile como tratando de adivinar porque había ido allí.

-Es un lugar tranquilo para pensar –contestó a la duda de ella, la jovencita asintió mientras pensaba algo que no tenía nada que ver con el claro.

-Tú y tu novia pagecían un tanto constegnados –comentó, casi al instante Harry enrojeció.

-Natalia no es… bueno ella no es mi novia, ella es… -no parecía encontrar las palabras para continuar.

-Es algo definitivamente –volvió a comentar al alcanzar al joven mago frente al árbol en el que estaba apoyado, ella era unos cinco centímetros más alta, hablo directamente pero con suficiente tacto para no ponerlo en evidencia, el chico asintió calladamente.

-Definitivamente –admitió- es solo que no puedo precisar qué.

-Ega todo lo que necesitaba oig…

Por segunda vez esa noche su cerebro se desconecto cuando la chica veela comenzó a besarlo, esta vez la sorpresa duro menos pero cuando volvió a estar consciente de lo que pasaba, todavía había un árbol detrás suyo impidiendo que se alejara pero logró sujetarla de los hombros y separarla levemente, al hacerlo pudo notar un claro desasosiego en la chica por ser rechazada mientras esta evitaba sus ojos al tiempo que Harry los buscaba.

-Lo siento mucho Jimmy –se disculpó apresuradamente con el nombre de confianza que solo usaba cuando estaban a solas antes de salir de allí corriendo.

Harry cayó sentado apoyando su espalda contra el árbol sin saber qué hacer, luego de lo que parecieron horas regreso a su cabaña, no sintió a Natalia llegar y no vio a Fleur al día siguiente en el claro, ni al siguiente o al día siguiente a ese, hasta que se hartó de esperar que las cosas simplemente se solucionaran y fue a buscarla. Había aprendido muchas cosas en su relativamente corta vida, pero la paciencia infinita no era una de ellas, la encontró sentada con la mirada perdida frente al riachuelo en el que solía bañarse, se acercó sin que lo escuchara hasta que su sombra le advirtió de su presencia. Simplemente verlo hizo que diera un respingo hasta estar de pie.

-Te eche de menos estos días –le dijo con total calma mientras buscaba sus ojos.

-No te cgeo –contestó ella sin mirarlo, pese a no demostrarlo aquella respuesta le dolió, quería mucho a Fleur, solo que no de aquella manera.

-¿Por qué no?

-No me cogespondiste –contestó llanamente.

-Me tomaste por sorpresa… De cualquier forma ¿Cómo iba a responder? –Contestó Harry sin variar su expresión pero con una voz sumamente suave.

-A ella no la gechazaste –le recordó un tanto hiriente.

-Ya te lo dije, aún no sé lo que Natalia y yo somos, pero… tú y yo somos amigos Fleur, no quiero perder eso –le dijo sinceramente, la chica pareció aún más dolida y seguía rehusándose a encontrar sus ojos por lo que Harry jugó su última carta- nos vamos mañana –al instante los ojos azules de ella se encontraron con los verdes de él- no quiero irme dejando las cosas así contigo, ¿En serio ya no quieres que seamos amigos? –Preguntó dejándole ver cuánto le lastimaba eso, había hecho en verdad muy pocos amigos y los estimaba infinitamente más que al oro.

-Me… gustagía que fuégamos algo más –dijo finalmente la francesa, Harry bajo la mirada- pego… tampoco quiego pegdegte como amigo –al subir nuevamente la mirada Harry pudo ver como al chica veela le sonreía abiertamente, gesto que le devolvió, incluso la abrazó fraternalmente hasta que la rubia agregó- además, besas tegible –se mofó graciosamente.

-¡Oye! –Se quejó- te dije que me tomaste por sorpresa –dijo defensivamente separándose, solo para toparse con que la chica tenía una sonrisa de Gato de Cheshire.

-¿Oh, entonces lo hagías mejog con un aviso? –Preguntó con inocencia mientras se acercaba un poco más, apenas entonces se dio cuenta de que había ido a dar directo a una trampa.

-Creía que ya habíamos dejado esto en claro –le dijo en tono de advertencia. La chica agitó sus largas pestañas coquetamente mientras se encogía de hombros.

-Solo pgeguntaba –se defendió- ¿o acaso estabas mintiendo? –Le presionó con la misma sencillez. Aun sabiendo bien los problemas futuros que podría acarrearle aquello, Harry colocó unas protecciones que los escudaron de cualquier mirada sin que la rubia francesa lo notara antes de alzar su mano con un dedo extendido antes de levantar ambas manos para acunar la faz del bello rostro, aún redondeado por la niñez pero con marcas de madurez que solo una descendiente veela podría alcanzar a tan corta edad, antes de juntar sus labios con una delicadeza extrema, como si temiera que fuera a quebrarse entre sus dedos (algo de hecho posible ya que sus manos podían llegar a trizar rocas o doblegar el acero si se lo proponía).

Fue muy parecido a la segunda parte del beso que tuvo noches atrás con Natalia, solo que esta vez estaba totalmente despejado, era consciente incluso del efecto que parecía estar ejerciendo sobre la rubia ojiazul, cuya temperatura se incrementaba por segundos en medida de lo que intentaba profundizar en el beso, sin embargo Harry fue frenando poco a poco la excitación del momento hasta separarse dejando a Fleur con los labios un tanto hinchados y los ojos cerrados aún en un leve ensueño del que tardó unos segundos más en despertar, cuando lo hizo sacudió la cabeza tratando de despertar, y totalmente ruborizada.

-Ega vegdad –admitió- no lo haces nada mal.

-Deberás continuar practicando las transformaciones por tu cuenta –empezó el chico para salvar el incomodo silencio que amenazaba con caer sobre ambos, la joven solo asintió, de pronto pareció un poco más apenada que antes- ¿Qué sucede Fleur? –Le preguntó alertado por su expresión, ella solo negó.

-Es tonto, es solo que… me habgía gustado volag contigo una vez antes de que te fuegas –le confesó sintiéndose un poco infantil por ello, sin embargo el mago sonrió confiadamente.

-¿Y por qué no? ¿Puedes visualizar tu forma?

-Oui, pego

-Hazlo –le cortó colocando una mano sobre sus ojos.

Aún sin entender Fleur hizo lo que le pidió, solo que esta vez fue diferente de las otras, su cuerpo empezó a arder, no como cuando estaba besando al mago de ojos verdes, era como si de pronto su cuerpo fuera de fuego y no pudiera contenerlo, hizo lo único que tuvo sentido para ella entonces, libero toda esa energía hacía su transformación. Harry por su parte observaba como su amiga se agigantaba hasta casi los cinco metros mientras le crecían enormes alas y su cuerpo era cubierto por blancas escamas nacaradas, su mano aún continuaba transfiriendo una gran cantidad de su magia sobre la frente de la criatura ahora agachada para no perder su tacto. Cuando finalmente el cambio estuvo completo un par de ojos color arcoíris lo observaron con asombro desde una claramente confundida Opaleye de las Antípodas, un gruñido salió de su garganta y luego pareció estar preocupada.

-"Tonta" –se reprochó- "es obvio que no puedo hablar así"

-"Lección uno: los dragones se comunican mentalmente" –le dijo por su mente en francés para tranquilizarla, funciono ya que ahora tenía toda su atención.

-¿Ellos hablan entre sí? –Preguntó algo obvio pero era claro que estaba extasiada con aquella información a la par de impresionada.

-No hablan mucho, ni siquiera con los de su propia especie, pero sí, aunque tienen su propio idioma –le explicó mientras tomaba su propia forma, la de un Colacuerno Húngaro, ahora era ella quien tenía que doblar un poco el cuello para verlo a los ojos.

-¿Cómo es que nadie se ha dado cuenta? –Preguntó Fleur.

-¿Cuántos maestros de Legilimancia se dedican a la cría de dragones? –Le preguntó a su vez Harry retóricamente- son dos disciplinas muy diferentes, y aunque alguien lo hiciera le sería muy difícil escuchar una charla entre dragones y más aún empezar a traducirla.

-¿Entonces cómo aprendiste tú?

-Mi maestro me enseño –contestó simplemente antes de extender sus alas- ahora vámonos, la magia que te transferí no durara eternamente.

Pasaron casi una hora jugueteando sobre el bosque, tan extenso y apartado que no corrían riesgo de ser avistados, como le sucedía a Minie cuando volaba por allí, y hablando de ella, otra de las grandes sorpresas del día, y de su vida, para Fleur fue verla aparecer mientras volaban.

-¿Así que finalmente lo consiguió eh? –comentó observando interesadamente a la dragona francesa, ignorando por completo que casi hace caer del aire a la nívea criatura.

-¡HABLA! –Exclamó Fleur sorprendida.

-Oh, ¡ES CIERTO! –Imitó la sorpresa en su tono burlonamente Minerva.

-¿Pego, cómo es posible?

-Otra a la que le hacen falta clases de español –resopló la dragona con resignación.

-Críe a Minie desde que nació, el draconiano es natural en ella como en todos los dragones pero pueden aprender otros idiomas si interactúan con ellos –le explicó haciendo caso omiso de la observación de su compañera. Pero luego de un rato se fijo en ella- ¿Algo nuevo?

-Salvo que la roja sigue encerrada en el baúl despedazando monigotes de práctica, no –contestó sin darle importancia, Harry bufó por lo bajo- Deberías hablar con ella.

-Lo sé

-Hasta luego hermano, hasta luego rubia –se despidió de forma bastante natural antes de desviar su curso hacia la aldea.

Luego de aquello ambos animagos no tardaron en regresar, Harry se despidió un Fleur definitivamente sabiendo que al día siguiente no tendría oportunidad de hacerlo, ella le dio un último beso en la mejilla y le hizo prometer que la visitaría alguna vez antes de regresar a casa de su abuela.

-Debí prever esto –la voz dentro de su cabeza lo sorprendió más de lo esperado, no solo por lo inesperado de su aparición, se escuchaba tenso, casi preocupado- esto se prolongo demasiado, debemos partir esta noche a más tardar, despídete de Madame Estelle y luego prepárate para partir al norte.

-¿De qué hablas?

-No te parece curiosa la forma en que, de repente, tienes tanta atención de parte de las chicas –le preguntó de forma obvia, apenas entonces Harry pareció reparar en aquello, su otro yo le confirmó lo que sospechaba- adquiriste un poco de la habilidad de las veelas para atraer al sexo opuesto, por suerte solo hemos estado tres meses pero no podemos arriesgarnos a más. Natalia y Fleur ya sentían algo por ti por eso tu habilidad las impulsó a dar un paso al frente pero se pondría peor si continuas aquí –le explicó brevemente- además ya aprendiste suficiente para pasar al entrenamiento real.

-¿Real?

-No te traje aquí para que aprendieras a escudarte de veelas Harry –le explicó un poco exasperado porque no notara su plan- era solo para tuvieras una idea de lo que son barreras emocionales, lo que viene será mucho peor –le aseguró sombrío, el chico paso salvia asintiendo.

-OK, iré por Minie y Natalia y…

-Harry, ellas no pueden venir –le cortó.

-¿Por qué? –Le preguntó a su vez el Harry más joven extrañado y un poco preocupado.

-Al lugar al que vamos será muy difícil infiltrar solo a uno, ni se diga dos y una dragona y si dejamos a Minie debe quedarse Natalia con ella, mientras estamos separados ambas van a buscar a dos viejos amigos de tus padres que están al tanto de la situación…

-¡¿CÓMO?

-Llegó el momento de contarte esto y muchas otras cosas que te diré antes de que tengas que explicarte con Natalia y Minie pero por ahora céntrate en dejar este lugar –le aseguró su otro yo con ímpetu, el Harry más joven no quería zanjar el tema tan pronto pero no era el mejor momento para discutirlo.

-Está bien –aceptó a regañadientes- ¿A dónde vamos? –Su otro yo tardo unos segundos en contestarle, cosa que nunca auguraba nada bueno, y como siempre tenía que acertar.

-A algunos lugares, ya estás preparado así que ha llegado el momento de hacer unos arreglos, primero que nada visitaremos una tumba egipcia que conozco para que recojas a un viejo-nuevo amigo que necesitaremos para completar un ritual, luego pasaremos por un pueblo llamado Little Hangleton y finalmente te instalaras en un lugar llamado… Azkaban.


Egipto, exactamente una semana después

Cayó con agilidad sobre sus pies en la antigua y oscura cámara, tuvo que entrar por el techo puesto que las tormentas de arena la habían enterrado por completo y había pasado toda la semana ayudando a los de preparativos a alcanzar el techo del templo. Con un movimiento de su varita varios espejos se alinearon iluminando el recinto, parpadeó unos segundos recuperándose del deslumbramiento que le había provocado el reflejo del sol entre tanto oro, en los altares, lámparas, incensarios y demás, pero nada de eso le llamaba la atención. Mientras avanzaba levantando las maldiciones del lugar encontró lo que había ido a buscar dentro de una urna rectangular de cristal, se encontraba como en medio de un bloque gigante de hielo, la descripción parecía bastante acertada puesto que aquel contenedor preservaba lo que contenía congelado en el tiempo. Le tomó algunas horas levantar el conjuro sin contravenciones pero finalmente consiguió que el huevo en el interior de la urna quedara libre, apenas terminó dicho huevo empezó a encandilarlo con más fuerza que el oro al sol de medió día, podía jurar que cada rincón de la pirámide sumergida en las profundas arenas del desierto fue alcanzado por aquel brillo al igual que fue alcanzado por el bello canto que lo prosiguió segundos más tarde.

Continuara…