Capítulo X


―Quizás esto no fue tan buena idea como pensé.

«No me digas» quiso decir Pavlin cuando Nikiforov se encontró en el aeropuerto de Tokyo, sin siquiera una idea de qué hacer a continuación ni a dónde dirigirse, y con un Makkachin hiperactivo al lado.

Obviamente, Viktor sabía que Yuuri Katsuki era japonés, y que era donde probablemente estaba su lugar de residencia, así que ahí había ido a parar, sin saber mucho más. Nikiforov sabía que Yuuri estaba en Japón, fin.

Pavlin prefería no mencionar nada acerca de la brillantez (o falta de) del pentacampeón. Había que resignarse a que su habilidad en el patinaje era inversamente proporcional a su inteligencia, o al menos, a su capacidad para planear asuntos importantes.

De todos modos, Nikiforov pareció darse cuenta de que necesitaba más datos, los cuales pudo conseguir luego de una pequeña visita a su perfil en la página oficial de la ISU.

Hasetsu; ese sería su nuevo destino.

De ahí las cosas se dieron fáciles. Viktor recordaba algunos datos que Katsuki había dicho borracho aquella noche, y las palabras "aguas termales" habían sido unas que se habían quedado grabadas a fuego en su memoria.

Viktor estaba dispuesto a, como última instancia, preguntar en cada centro de aguas termales por Katsuki Yuuri. No fue necesario, en todo caso, porque quedaba solo un onsen en Hasetsu, y este era de la familia Katsuki.

Nevaba cuando arribó al lugar, aunque Viktor no lo resentía, no cuando provenía de uno de los países con los inviernos más crudos del mundo, incluso capaces de haber hecho retroceder a los alemanes en su momento.

La mujer que lo recibió en la entrada parecía ser indiscutidamente la madre de Yuuri, tanto así que Pavlin pensó que se trataba de una versión más baja y gorda del patinador.

El inglés de la mujer era bastante precario, pero al menos era mejor que el inexistente japonés de Viktor. No fue necesario decir mucho. Apenas el pentacampeón mencionó su nombre y el de Yuuri, fue arrastrado dentro, con la promesa de un plato caliente.

Mientras Viktor saboreaba aquel plato, y Makkachin correteaba por el lugar, aquella mujer, Hiroko, charlaba en un inglés entendible, pero lento, lo suficiente para que le ofreciera un baño en las termas, y para que Viktor mencionara que se hospedaría de manera indefinida en el lugar.

Esperen un momento, pensó Pavlin mientras se agarraba de las plumas de la cabeza. ¿Viktor acababa de decir indefinido?

¿Estas no eran unas pequeñas vacaciones después de todo? ¿Acaso no era un viaje para visitar a Yuuri Katsuki, luego de que este patinara el programa libre de esa temporada?

Pavlin miró con nerviosismo el botón de pánico, aquel rojo que solo debía pulsar en caso de emergencia.

Viktor no pretendería entrenar a Katsuki, ¿verdad? No podía ser tan idiota como parar cumplir aquella promesa hecha a un ebrio meses atrás, ¿verdad? ¡Definitivamente debía haber otra explicación!

―¡Yuuri! A partir de ahora seré tu entrenador. Y haré que ganes el grand Prix final ―dijo el pentacampeón mientras se ponía de pie y guiñaba un ojo al hombre que lo miraba sorprendido desde la entrada.

Sí, era idiota, pensó Pavlin mientras apretaba repetidamente el botón rojo del pánico, al mismo tiempo que tres plumas caían de su cuerpo. ¿Por qué aquel botón del demonio no funcionaba? ¡Estaban frente a una emergencia ahora mismo!

Pero nada ocurrió, y cuando Katsuki pidió una confirmación de aquello, Viktor no tuvo ningún problema en repetirlo.

.


Nota de autora:

Espero que les haya gustado. ¿Merece un review?