Te quiero, a pesar del tiempo

10

El que ama más

"No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay."

François de La Rochefoucauld

Se invirtieron los papeles, ahora Harry evitaba a toda costa encontrarse con Draco; seguía saludándolo como siempre y también intercambiaban algunas palabras, pero la mayor parte del tiempo huía en cuanto se quedaban a solas. Sin embargo también evita pasar tiempo con sus amigos, pues no quería que se dieran cuenta de que tenía la cabeza eternamente fija en el rubio. Se excusó con las reuniones con Dumbledore lo más que pudo, incluso comenzó a estudiar en la biblioteca, lo cual alertó a Hermione de que algo no andaba del todo bien, aunque según Hermione, entre Draco y el Príncipe las cosas habían comenzado mal ese año. Los entrenamientos de Quidditch también ayudaban, tanto para alejarse de Ginn (por más que estuviera en el equipo) y Hermione, como para aplacar los celos de Ron respecto a Malfoy, aunque Harry secretamente admitía que se sentía muy decepcionado de no poder jugar contra Draco ese año…

―Harry ―escuchó una voz lejana.

Regresó su mente al mundo real y se dio cuenta de que era su novia quien le hablaba, tenía un rostro entre preocupado, fastidiado y triste.

―Vaya mierda de novio que soy ―pensó.

―Hola Ginn ―fue lo que dijo, tratando de sonar casual.

―Hola Harry ―respondió ella remedando el ridículo tono que había usado.

―¿Pasa algo? ―preguntó, tratando de no enfadar a la chica.

―Me preguntaba si este fin de semana planeas ignorarme también o podemos pasarla juntos.

―¿Fin de semana?

―Hogsmeade, ¿recuerdas?

―Cierto, claro que iré con ustedes Ginny, no tienes por qué preguntar eso.

―¿Ustedes?

Harry no se atrevió a abrir la boca ante el tono usado por la chica, algo había hecho mal pero no entendía qué.

―Ron y Hermione ―dijo al fin, tímidamente.

―Me refería a tú y yo solos Harry, como pareja. Como una cita.

Harry se sintió estúpido, y también culpable, por el tono de su novia, estaba decepcionada; desde luego que iba a estar decepcionada, él era terrible; salían juntos desde el cumpleaños de Harry hacía poco más de dos meses, pero casi no habían pasado tiempo a solas y sinceramente, Harry no estaba seguro de qué esperaba ella de él. Ginny le parecía hermosa, admiraba su fortaleza, su inteligencia, su valor; pero sobre todas esas cosas, Harry estaba agradecido con ella por haber estado con él en el ministerio, y después de la muerte de Sirius. Le agradaba charlar con ella, reír juntos, incluso los partidos de Quidditch eran más divertidos desde que se unió al equipo, Harry podía charlar con ella durante horas, también era agradable besarla; si le preguntaran si la amaba él respondería que sí, pero si le preguntaran si estaba enamorado de ella vacilaría, respondería que sí nerviosamente y luego se sentiría culpable por ese molesto sentimiento que lo acompañaba desde el primer beso que ella le dio, y que él no tuvo valor de rechazar, porque lo necesitaba. Sin embargo no podía evitar pensar que ella merecía que la amaran con pasión, merecía alguien que se quedara sin aliento al verla, que no pudiera pensar en nadie más que en ella, que se robara la atención de esa persona con su sola presencia.

―Hola Draco, ―escuchó la voz de Ginny.

―Hola Ginny, hola Potter ―dijo el aludido con voz desganada.

―¿Qué sucedió contigo? Te ves terrible. ―preguntó ella preocupada.

El sólo bufó, pero no necesitaron respuesta, era evidente que se había batido en duelo; se despidió de ellos de con un gesto elegante y entró en su habitación, seguramente a arreglarse, y Harry siguió todo ese recorrido con la mirada, y se quedó viendo fijo la puerta cerrada hasta que algo en su corazón hizo "click", pero ese "click" no alcanzó su cerebro, que siguió sin comprender lo que su corazón ya sabía.

―Espero que no quieras ir a la Casa de Té de Madame Puddifoot―fue lo que le dijo a Ginny.

―Claro que no ―respondió ella algo más animada.

Le dio un beso fugaz y se alejó, moviendo su larga cabellera al caminar.


"Amo tu cabello rojo como el fuego

Yo deseo arder en él, y perderme

En tus mejillas llenas de estrellas

Como el cielo al que vuela mi mente

Cuando te veo y descubro cada vez

Que eres hermosa"

Decía el pedazo de papel que encontró tirado frente a la puerta de su sala común, estaba viéndolo aun cuando entró Potter.

―¿Te encuentras bien?

―Por supuesto.

―¿Qué es eso? ―preguntó de inmediato al ver su cara de estupefacción.

Draco trató de disimular y quemarlo, pero Potter fue más rápido, y en segundos tuvo el papel en sus manos. Al igual que él, sabía bien a quién se referían esas palabras.

―¿Esto…?

―Lo encontré afuera de la Sala.

―¿Quién podrá haberlo escrito? ―preguntó Harry, que conocía demasiado bien la letra de Draco como para pensar que había sido él.

―Ni idea ―mintió él, que sí conocía esa letra.

Sorprendiéndose incluso a sí mismo, Harry guardó el pequeño papel en su libro de Pociones y salió de la habitación sin decir más; en su mente sólo podía pensar, que Ginny se merecía alguien como el autor de esa nota.

Sin embargo el fin de semana llegó y Harry salió con Ginny, todo estaba resultando bastante bien, por suerte. Compraron golosinas, cerveza de mantequilla y charlaron durante horas, se burlaron de McLaggen, incluso de Ron y Hermione y su evidente atracción. Harry estaba tan animado que, en un arranque de romanticismo iba a tomar la mano de Ginny y quizá besarla, pero se detuvo en seco. Draco caminaba con Parkinson a unos metros de ellos, pero algo llamó su atención porque se disculpó con su amiga y corrió a alcanzar a una persona, la última con la que Harry hubiera esperado verlo.

―¿Qué querrá Draco con Luna? ―se preguntó en voz alta.

―¿Luna? ―preguntó la pelirroja.

Harry los señaló con la cabeza por toda respuesta, y Ginny pudo ver que sí, efectivamente, Draco estaba hablando con Luna; ella tenía el ceño levemente fruncido que recientemente parecía no abandonarla, pero de un momento a otro el rubio se inclinó y le dijo algo al oído, ella sonrió como solía hacerlo antes y se despidió de sus amigas, tomó el brazo que Draco le ofrecía y ambos fueron a reunirse con Parkinson, que esperaba a Draco a unos pasos, para sorpresa de ambos Gryffindor, las dos chicas se sonrieron y el extraño grupo se alejó de ellos. Después de eso regresaron al castillo en silencio.

Desde luego, Pansy había notado sus rostros de sorpresa e incomodidad y para desgracia de todos los involucrados, ella nunca jugaba limpio.

―Han atacado a Malfoy ―les dijo Hermione cuando entró a la sala común, acompañada de Ron.

―¿Qué? ―preguntó Harry, poniéndose de pie al instante.

Parkinson entró en ese momento, parecía preocupada y ni se molestó el voltear a verlos, simplemente entró a su habitación y salió de ella, estaba por abandonar la sala cuando Harry la detuvo del brazo.

―Parkinson ―le dijo― ¿Draco está bien?

Ella le miró, molesta por el agarre, pero no desaprovechó la oportunidad, su plan ya había sido puesto en marcha días atrás.

―Está bien, fue una maldición de Madame Rosmerta bajo un imperius, ella tocó un objeto aparentemente maldito, fue trasladada a San Mungo. Te lo contaré después.―le dijo, en su tono más amable. ―Luna está con él ahora, yo los dejé solos un momento pero ya vuelvo.

Potter soltó su brazo como si quemara cuando mencionó a la rubia, se contuvo de sonreír, ese tonto era tan evidente.

―¿Vienes? ―le preguntó con falsa amabilidad.

―Yo… ―titubeó, pero finalmente asintió y salió sin esperarla.

Ella aprovechó para realizar la jugada más sucia de la historia, miró a la pequeña Weasley y le habló.

―Luna me contó un poco de lo último que hablaron ustedes tres ―dijo, señalando a Hermione― pero ha pasado las últimas dos semanas con Draco y comienzo a creer que ya no tienes de qué preocuparte, y yo tampoco.

Y se fue con su mentira, dejando petrificada a la chica, y al tonto de su hermano preguntando de qué rayos hablaban, Granger temblaba de ira. Ginny en cambio, se sentía aliviada, pero al mismo tiempo sentía que se ahogaba.

Harry entró en la enfermería corriendo, casi atropella a su amiga al llegar hasta la cama que ocupaba Draco.

―¡Qué diablos paso! ―medio gritó antes de que dijera algo.

―Hola Harry ―saludó Luna sonriendo.

―Hola Luna, lo siento.

―Potter ―saludó Draco― inexplicablemente en ésta ocasión soy yo quien se metió en problemas, como puedes observar.

―Pero ¿qué sucedió?, Parkinson mencionó algo sobre Rosmerta…

―Estaba bajo una imperius, intentó lanzármela para que hiciera algo, supongo que entregar el paquete que tenía en sus manos.

―¿Paquete?

―Sí, un collar maldito, lo he visto en Borgin y Burkes, el paquete tenía escrito el nombre del director. Evidentemente no pudo lanzarme el hechizo, nos batimos, me dio con una maldición cortante, pero ella tocó el paquete que se rasgó.

―Fue horrible ―añadió Luna.

―Ya le he dicho todo a Dumbledore, pero hasta que se recupere no sabremos quién la hechizó.

―y tu… ¿estás bien? ―preguntó Harry con delicadeza, al tiempo que Pansy entraba en la habitación.

―Estoy bien Potter, lamento que no pudieras hacerte el héroe en esta ocasión ―bromeó el rubio.

―Son demasiado obvios ¿no? ―le susurró Luna a la otra, un poco apartadas de los chicos.

―Se nota desde lejos que ambos se gustan ―confirmó la Slytherin― ¿todos los Gryffindor son así?

―Comienzo a creer que sí ―respondió la otra en un suspiro.

—Sabes Luna , creo que por una vez en tu vida deberías ser egoísta.

Luna no respondió.


Harry se sentía culpable por haber estado rehuyendo de su amigo, ese al que tanto había insistido en acompañar y apoyar, lo había dejado sólo por una estupidez, y había sido atacado, y peor aún, habían intentado implicarlo en el asesinato de Dumbledore. ¿Qué importaba si había coqueteado con él? Era una broma, algo entre amigos, no tenía por qué tomárselo tan en serio, seguro Draco no lo había hecho. Así que ahora había retomado el plan de seguir al rubio a todas partes, y ésta vez nadie se lo impidió, y por suerte, Draco tampoco mencionó lo que había sucedido semanas atrás. Y finalmente, después de largos años de rivalidad, y un par de meses de confusión, Harry fue capaz de comenzar a conocerlo; no es que hubiera cambiado demasiado, simplemente ahora él era parte de su amabilidad, había complicidad y las bromas e insultos no eran mal intencionados. Harry podía acostumbrarse a ese Draco, de hecho, Harry se estaba volviendo adicto a ese Draco, ¡incluso Ron comenzaba a llevarse bien con él!

—Entonces, se revuelve el caldero tres vueltas así —decía Ron.

—Qué no, cabeza hueca —respondió Draco con fastidio— tres en sentido del reloj y una en sentido contrario.

—Esto es demasiado difícil —se quejó el pelirrojo, arrojando la pluma a un lado.

—¿Hay algo que no te parezca difícil comadreja?

—Defensa, como bien sabes hurón. ―se burló Ron, había derrotado a Draco en la última clase.

—No con Snape —apuntó Harry.

—Nunca, nada con Snape —asintió Ron, pues a pesar de su victoria perdió puntos por no realizar hechizos no verbales.

—Ustedes dos son unos inútiles, por eso Severus no los soporta.

—No, no nos soporta porque somos de Gryffindor —dijo Harry.

—Por eso y por lo del padre de Harry.

—¿Qué hay con el padre de Harry?

—Digámoslo de esta forma: se llevaban tan bien como solíamos nosotros —le dijo Harry sonriendo— excepto que ellos no pudieron poner aparte sus diferencias.

—Bueno, también admito que apestamos en Pociones —cedió Ron, retomando sus apuntes.

—Aunque no cierta persona que sospechosamente ha hecho impecables todas sus pociones últimamente —comentó Draco mirando a Harry acusadoramente.

—Así que sigues sin decirle al hurón —se burló Ron, que encontraba satisfactorio que Harry no le hubiera contado su secreto a Draco.

—No pienso decirle nada, tengo suficiente con Hermione respirando en mi nuca.

—¿Qué tiene que ver Granger?

—¿No es obvio? —se rió Ron.

—Evidentemente no, comadreja.

—Le fastidia que seas mejor que ella en Pociones.

—Y para fastidiarla aún más, ahora Harry es mejor que ella también.

Y se echaron a reír, ante la mirada de desdén de Draco; aunque Ronald casi se ahogó cuando Hermione entró en la sala junto a Ginny y los miró como si supiera de qué estaban hablando; aunque en realidad, ella estaba molesta porque Ron se había dejado engatusar por Malfoy, después de que éste le ayudara a redactar un ensayo de Transformaciones con el pretexto de que estaba cansado de oírlo balbucear cosas sin sentido cuando los demás trataban de estudiar. Ella misma tenía que admitir, ahora que parecía haber cambiado a Harry por Luna, que el Slytherin estaba haciendo un considerable esfuerzo por ser educado con ellos, aunque siempre terminaban peleando, parecía haber menos tensión en el ambiente.

—¿Te quieres morir maldita serpiente presumida? —gritaba Ron en esos momentos.

—Moriré de desesperación si sigues siento tan obtuso, las instrucciones son claras, ¿qué tengo que hacer para que entiendas?

—Ahora que lo recuerdo —interrumpió Harry, cuando los otros comenzaban a sacar las varitas y apuntarse con ellas— creo que es hora de convocar al ED, se lo he dicho a Dumbledore y ha dado su permiso.

—Eso es una mejora —comentó Hermione sentándose.

—Podremos practicar tranquilos —añadió Ginny.

—Y esta vez, podremos vengarnos del hurón —finalizó Ron, guardando la varita, como si considerara que el rubio tenía la sentencia lista y no valiera la pena hechizarlo en ese momento.

—¿Lo ves? —le dijo Draco a Harry— es evidente que van a maldecirme, hasta el tonto lo sabe.

—Te lo dije ese día ¿recuerdas? —respondió Harry mirándolo a los ojos— no pasará nada.

Se miraron fijamente unos segundos y no pudieron evitar recordar lo otro que había sucedido ese día, Harry se sonrojó ligeramente y Draco se levantó de su asiento inmediatamente, dispuesto a huir de allí. Era demasiado para él tener que recordar lo sucedido, y seguir preguntándose qué rayos había sido eso. Las chicas se dieron cuenta de sus reacciones, desde luego; y al menos Hermione pensó que no estaba de más tener una última charla con el rubio, sólo para asegurarse que lo que había dicho Parkinson era cierto.

―¿Cómo te ha ido? ―le preguntó a Ginny cuando estuvieron solas.

―Cuando no se hablaban estaba normal, como antes, aunque seguía evitando besarme; ―respondió ella― pero ahora que vuelven a hablarse pasamos realmente poco tiempo juntos.

―Aunque no puedo decirte que él esté intentando seducirlo, ―admitió Hermione― en esencia sigue siendo el mismo Malfoy de siempre, pero con menos insultos.

―Realmente se está esforzando ¿cierto? ―preguntó sonriendo― incluso Parkinson parece más tranquila ahora.

―El punto es ―interrumpió la mayor, antes de que Ginny siguiera alabando al enemigo― que tu plan no está resultando.

―¿Acaso Harry…?

―¡No! Claro que no, pero están esas cosas como la mirada de hace ratos.

―Me pregunto qué es lo que debería hacer.

―Quiero hablar con Malfoy ―le dijo Hermione, determinada.

―Ya he hablado con él Mione.

―Pero esta vez quiero hablar yo con él.

―¿Qué piensas hacer? ¿Amenazarlo?

―Sólo quiero hablar con él Ginny, eso es todo.


Hermione se preguntaba cómo iba a separar al rubio de Harry, pero resultó que quien no quería dejarlo sólo era Ron, que se había determinado a cuidarle la espalda al rubio, sin admitirlo, claro estaba. Y Draco también se rehusaba a admitir que le estaba cogiendo algo de cariño al pelirrojo, después de un par de semanas de convivencia había logrado ver por qué Harry lo había preferido en primer año, y sorprendentemente, no era difícil llevarse bien con él. Ahora pasaba sus ratos libres con Harry y Ronald, a veces con Pansy y Luna, y otras veces sólo con Harry o sólo con Ronald. En ese momento se encontraba en los patios del colegio, cerca del Sauce boxeador, tratando de enseñarle Pociones al pelirrojo.

Parecía que estudiar al aire libre ayudaba al Gryffindor y Draco lo agradecía, pues comenzaba a pensar que era un caso perdido. Pero al estar allí, sentados en el pasto, oyendo a los de primero jugar con una pelota ―contrabandeada, seguramente―, el movimiento del sauce tratando de atrapar los pocos pajarillos que pasaban por allí en pleno otoño, y con el olor de las calabazas de Halloween ya próximo, todo eso estaba haciendo que finalmente entendiera un poco de lo que trataba de explicarle.

Entonces apareció Hermione, seguida de cerca por Ginny.

―Necesito hablar contigo Malfoy ―dijo en cuanto llegó.

―De acuerdo ―respondió él, sin saber qué podía ser esta vez― si gustas puedes…

―A solas ―añadió ella, mirando a su amigo.

―Herms ―protestó Ron― justo estaba…

―No será demasiado tiempo.

―Bien ― aceptó el pelirrojo, pero se alejó malhumorado.

―Entonces, ¿qué se te ofrece Granger?

―Quiero hablar contigo sobre Harry ―le dijo ella directamente.

―¿Qué hay con Potter? ―preguntó el, suspirando. Comenzaba a cansarse de esas charlas.

―Tu sabes muy bien qué hay con él, tus sentimientos…

―Mis sentimientos son asunto mío y de nadie más Granger ―replicó, molesto― ya le he dicho a Ginny que no tengo intenciones de hacer nada, ¿qué más quieres de mí?

―Entonces, ¿no aún sientes algo por él? ¿No lo has cambiado por Luna?

―Granger, de verdad, no es asunto tuyo.

―¡Lo es!, se trata de mi amigo y el novio de mi amiga.

―Pero yo no estoy tratando de seducirlo, no entiendo que quieres de mí.

―Si te alejaras…

―Bueno, eso ya lo intenté y no funcionó, ¿recuerdas?

―Entonces promete que no estarás con él jamás.

―¿Qué? ―eso era nuevo, Draco no estaba seguro de que ella realmente le estuviera pidiendo lo que él creía, por lo que por una vez, se quedó sin palabras.

―¿Hermione? ―llamó Ginny confundida, ella también la miraba como si le hubiera salido otra cabeza.

—Promete que aún si Harry llega a pensar que es buena idea estar contigo, tú dirás que no.

―¿Me estás diciendo, que no sólo quieres que pase el resto de mi vida viéndolo de lejos, sino que también quieres que si él llega a corresponderme, yo lo rechace? ¿Sólo porque tú así lo quieres?

―Eso es lo mejor para él y lo sabes, — replicó ella— es Ginny quien debe estar con él, ella estaba allí desde antes y es mucho mejor opción, además ella lo ama más…

—No Granger, —interrumpió— es eso estás equivocada. Ginny tiene derecho sobre él no porque haya llegado primero, porque ella es buena y yo malo o cualquier opción que creas conveniente; pero te permito que pienses eso, no me importa. Pero la verdadera razón por la que no he hecho ningún intento ha sido porque él la ama a ella, él es feliz con ella y eso es toda la razón que necesito. Así que no te permito que repitas lo que dijiste, porque si de quién lo ama más se trata, puedes apostar lo que quieras a que ese soy yo.

—¿Por qué habría de ser cierto eso?

—Por que al parecer, —y esta vez miró fijamente a Ginny— el único dispuesto a renunciar a él por su felicidad soy yo.

Ginny no pudo decir nada, porque le dolía admitir que le hubiera gustado que Draco hiciera la promesa, se negaba a creer que quería estar con Harry egoístamente, ella estaba segura de que no era así, pero no encontró el valor para decírselo a Malfoy. Hermione sí que parecía que quería decir más, pero cerró la boca cuando vio a Harry acercarse, ¿habría escuchado algo?, por su expresión relajada, supuso que no. Pero eso cambió cuando notó los rostros tensos de los tres.

—¿Qué sucede chicos? —nadie respondió— ¿Draco?

Eso pareció molestar aún más a Hermione, pero el rubio sólo desvió la mirada, lucía cansado, y realmente lo estaba. ¿Por qué tenía que hablar de sus sentimientos con esa, esa…?

—Sólo diferencias creativas con Granger —le respondió por fin.

—¿Diferencias creativas? —volvió a preguntar, confundido.

No tuvo que inventarse nada, pues en ese momento uno de los niños que jugaban la pelota se había acercado peligrosamente al Sauce. Por supuesto, los Gryffindor corrieron tras él, gritando, pero Harry iba a la cabeza. Draco no dudó, él también corrió tras Potter, pues con lo impulsivo que era seguramente saldría herido.

Ginny vio con horror que Harry le gritaba al niño, pero era demasiado tarde, ya estaba al alcance del árbol. Harry llegó hasta él justo a tiempo para esquivar el primer golpe, jaló al niño del brazo y lo arrojó hacia Hermione al tiempo que esquivaba el segundo golpe. Hermione sostuvo al niño y gritó que debían desactivar el árbol, mientras retrocedía por si el sauce se dejaba caer completamente. Harry corrió hacia el nudo que paralizaría los golpes del árbol, pero tropezó con una rama, Ginny sacó su varita y se adentró en el rango de ataque y se acercó al punto débil del Sauce. Sus ojos se abrieron cuando una rama comenzó a caer a toda velocidad directo a la cabeza de Harry, que estaba incorporándose. Un segundo después, una mancha rubia sacaba al moreno de camino y recibía todo el impacto. Ella presionó el nudo del árbol y observó con horror la cantidad de sangre que estaba perdiendo el rubio.

—¡Draco! —gritaba Harry, lo tomó en brazos y corrió al castillo sin voltear a ver a nadie más.

Ella se acercó a Hermione que aún tenía al niño sujeto del brazo, al darse cuenta de esto lo soltó, éste sólo murmuró "lo siento" y corrió detrás de Harry, quizá para disculparse con él también.

—No sé quien es el que ama más a Harry —le dijo a Hermione cuando recuperó la voz— pero tampoco estoy segura de que él realmente me ama a mí.

Y por una vez en su vida, Hermione no supo que responder.


Hasta yo puedo actualizar, jaja.

En el próximo capítulo se decide la suerte de Draco, espero que podamos comenzar el año con el pie derecho. Mientras tanto, gracias por leer y que pasen felices fiestas.

Saludos.