Los personajes Seiya (Sailor Moon) y Zero (Vampire Knight), son propiedad de Naoko y Matsuri Hino respectivamente.
Capitulo 11 ""
***DARLA, POV***
Con la espalda apoyada sobre la puerta, dejé escapar un suspiro mientras alzaba la vista al frente para encontrarme con la mirada llena de ira de Zero quien no tardó en agarrarme de la muñeca, separándome de la puerta de un tirón.
– ¿Qué diablos hacías con él? –Me preguntó con el rostro descompuesto.
Lo miré sorprendida viendo como se había materializado de la nada frente a mí. No transcurrió demasiado tiempo cuando sentí como mi entrecejo se fruncía de la misma manera que el suyo.
– ¿Y tú? ¿Dónde diablos te habías metido? –Grité con un tono casi tan molesto como el de él mientras me deshacía de su agarre bruscamente."¡¿Qué diablos?Desaparece sin más, me deja tirada, hace lo que le da la gana, y encima ¿Me está pidiendo explicaciones?"
–No has respondido a mi pregunta –me dijo sin cambiar el tono.
"Y aun tiene fuerzas de continuar" –Tú tampoco –contesté implacable –y también quiero explicaciones, sobre todo ese vampiro de ojos verdosos. ¿Qué diablos quería decir con que "tu compañero ha elegido el camino equivocado" eh? ¿Por qué vino a buscarme a clase amenazándome casi de muerte? Zero, ¿qué me estas escondiendo? Tú eres el menos indicado para pedirme explicaciones. Primero me dejas tirada sin decirme a donde ni como ni nada. Solo un maldito mensaje en el móvil que luego desconectas, te llevas el auto, y un personaje que no conozco de nada viene a amenazarme por algo de lo que ni siquiera creo formar parte. Así que mi amable compañero de clases decide acercarme a casa por hacerme el favor y entonces tú apareces de la nada y encima te enojas. La verdad Zero… últimamente no te entiendo.
Su expresión se relajó un tanto, no sabría decir si seguía enojado, sorprendido o preocupado, pero sus ojos me observaron con gravedad – ¿Lucian te fue a buscar? –preguntó bajando el tono, mientras sus puños se entrecerraban.
–Ah, ¿Así que se llama Lucian? –Pregunté irónica –Entonces es cierto que le conoces...
El giro dándome la espalda –Sí, aunque aun no estoy seguro de qué...yo… –comenzó a decir pensativo y con un tono indeciso mientras se acercaba a la puerta de salida –Será mejor que te lo cuente todo, pero no aquí, lo haré de camino al museo –termino decidido mientras posaba su mano sobre el manillar de la puerta.
–¿Como? –Pregunté confusa – ¿al museo, a estas horas?
El manillar bajó y su mano se detuvo –Yo…. –suspiró –lo siento…–dijo al fin con dificultad –No debí dejarte sola… me alegro de que estés bien –terminó mientras abría la puerta y salía deprisa, como si lo que me acabara de decir hubiera sido algo inmencionable. Me sorprendió. Él no era la típica persona dada a pedir disculpas. Alguien que no lo conociera pensaría que era una persona fría y arrogante, pero yo sabía bien quien era, sabía que esa carcaza de acero solo era una máscara con la que protegerse.
Me encasqueté los zapatos rápidamente saliendo tras él.
– ¡Espera! – No sabía si debía seguir molesta con él, pero seguía sin comprender lo que estaba pasando – ¿Vas en serio?
Él se giro y me tomó con firmeza por la muñeca tirando de mí
– ¡Vamos, no hay tiempo que perder! –dijo llevándome casi arrastras por las escaleras que daban al jardín frontal.
–Esta bien, esta bien, –dije al fin dándome por vencida –Entiendo, vamos al museo, pero…. ¿Podrías hacer el favor de soltarme?, ya se caminar yo sola.
–Como quieras –dijo mientras abría la mano con la que me aprisionaba y se encaminaba con paso acelerado al bosque.
Agité la cabeza, resoplando – ¡Me vas a tener que explicar mas de una cosa de camino! –le grité mientras veía como se perdía entre la maleza antes de lanzarme tras él.
Corrimos a través del bosque, solo se escuchaba el sonido del manto de hojarasca anaranjada que cubría el suelo crepitar bajo nuestros pies, mientras que la luz de la luna llena se colaba entre las ramas de los árboles semidesnudos. La brisa era fría y olía a tierra húmeda.
Zero corría unos metros más adelante. Yo intenté alcanzarlo, pero me fue imposible y él no parecía tener intención alguna de aminorar la marcha, así que me resigné a seguirlo en la distancia hasta que llegamos.
La gran edificación de piedra apareció entre la maleza recortándose sobre el cielo de la noche clara. La luna brillaba alta en un cielo despejado de nubes. Su luz, lo bañaba todo a nuestro alrededor de un mágico tono azulado. Cerca de la colina donde estaba situado el Castillo, el río Muren rugía como de costumbre, pero sus aguas se veían afectadas también por el alumbrado y destellaban como miles de diamantes plateados.
Zero se detuvo detrás de uno de los árboles cercano a la puerta principal. Estaba por alcanzarle cuando él se giró hacia mí , haciéndome un gesto con la mano para que lo siguiera y se volvió hacia la edificación dispuesto a continuar con su camino. Tiré de su camisa.
–No pienso dar un paso más hasta que no me expliques lo que está pasando –dije seriamente harta de que siguiera evadiéndome.
Él se llevó el dedo índice hacia los labios, indicándome que me callara y señaló hacia la puerta. Un robusto guarda se encontraba de pie cerca de la puerta, escondido entre las sombras. Pero por suerte no pareció haberme escuchado. Zero me tomó de la mano y tiró de mí de nuevo hacia el bosque hasta que estuvimos los suficientemente lejos como para que el guarda no se percatara de nuestra presencia. Entonces se detuvo y tomó mi cara entre sus manos mirándome a los ojos.
– ¿Confías en mí? –fue lo único que me preguntó. Yo asentí con la cabeza entendiendo que no era el momento ni el lugar para aquel tipo de conversación. –Te prometo que antes de que termine esta noche te lo habré contado todo pero ahora necesitamos entrar ahí –Dijo señalando al Castillo y comenzando a caminar de nuevo –Vamos, se de otro lugar por donde entrar. –Yo asentí y lo seguí resignándome a esperar otra vez.
Rodeamos el castillo desde el bosque hasta llegar a un enorme laberinto de setos que se encontraba en la parte trasera del jardín. Zero se adentró en él con paso seguro y yo lo seguí de cerca, mirando con curiosidad las numerosas estatuas de mármol de mujeres semidesnudas que adornaban alguna de las esquinas de las largas paredes de seto. No tardamos mucho en llegar a su centro. A pesar del tiempo transcurrido Zero parecía conocer las calles del laberinto como la palma de su mano.
Llegamos a una especie de plazoleta circular. Su suelo estaba adornado con mosáicos hechos de piedras redondeadas de diferentes tonalidades de marrón, había cuatro bancos de hierro forniturados y entre cada banco se erguían grandes macetas de piedra rectangulares donde crecían rosales que rodeaban una fuente de piedra sin agua en su centro.
Zero se detuvo mirando los dibujos del mosaico atentamente, hasta que se dirigió a un punto concreto donde se agachó y empujó hacia bajo en cierto orden un número de piedras que se hundieron con facilidad en la tierra. No transcurrió demasiado cuando una de las macetas de piedra comenzó a girar sobre si misma con un sonido hueco dejando al descubierto un oscuro rectángulo en el suelo. Yo quedé impresionada al observar el agujero.
– ¿Un pasadizo secreto? ¡Wow!–exclamé sorprendida. –Nunca hubiera imaginado que vería tal cosa fuera de las novelas fantásticas y las películas.
Zero me miró con una sonrisa de satisfacción –Muchos castillos los tienen. Este tipo de salidas son para casos de emergencia, aunque yo tenía salidas de emergencia a diario –me guiño un ojo travieso –Vamos, la puerta no tardará en cerrarse. –dijo mientras se adentraba saltando al interior. Yo corrí hasta allí y lo imité. Pocos segundos después vi como la puerta se cerraba sobre nuestras cabezas. Un pasillo estrecho y angosto se abría ante nosotros. Olía intensamente a humedad y estaba lleno de polvo y telarañas. El pasillo era tan estrecho que dos personas no podían caminar una al lado de la otra, y el techo era tan bajo que teníamos que caminar agachados todo el rato lo que hacía que avanzáramos despacio.
–No parece que sea un camino muy transitado este –comenté intentando despegarme las telarañas que se me iban pegando a la ropa, con disgusto.
–Parece ser que el museo no utiliza este camino como ruta turística –dijo irónico –o tal vez en el mejor de los casos no saben de su existencia. Esto tomará un rato así que… ¿Por donde quieres que empiece? ¿Fecha de nacimiento? –dijo con un deje de burla.
Pensé un momento antes de realizar mi pregunta mientras caminaba pegada a sus talones –Creo que mejor me podrías contar, sobre la misión secreta que te ha tomado el día completo de hoy.
No podía verle la cara, pero pude sentir como se tensaba. Hizo una pequeña pausa y entonces comenzó a hablar,
– ¿Recuerdas cuando te conté que uno de los nuestros había visitado nuestra Universidad e intentado llevarse a una chica?
Yo asentí
–Bien hay algo que no te quise contar, no al menos hasta que viera las cosas claras.
–Bueno ¿Que fue? –pregunté con impaciencia de que empezara a desembuchar.
–Lo cierto es que el susodicho me amenazó. Sugirió que dejara marchar a la chica si no quería que tú y yo nos metiéramos en problemas. Por lo que se ve, como dijo él con palabras textuales es que tu también "le habías aguado el almuerzo" en una ocasión.
– ¿Cómo? –pregunté yo confundida
–El susodicho es Lucian, el mismo que te fue a buscar a la Universidad y la chica es la misma que salvaste cuando estaba a punto de caerse del árbol que había trepado para rescatar a su gata y, supongo que esa fue también la ocasión.
Me quedé sin palabras por la sorpresa. Sin nada que añadir espere a que Zero retomara la conversación.
–Lo cierto es que como podrás comprender, no podía dejar que se saliera con la suya. Hoy mismo sedó a mi compañera para llevársela a donde quiera que fuera, pero yo lo descubrí antes de que cayera en su trampa, e interferí en sus planes. Creo que ese es el motivo por el que Lucian te dijo que yo había elegido el camino equivocado.
El caso es que la llevé al hospital. Pensaba volver a la Universidad una vez me dijeron que estaba fuera de peligro y que ya había hecho todo lo que podía por ayudarla, pero ahora me alegro de haberme quedado allí.
Justo cuando ella despertó, él había llegado al hospital poniendo la escusa de que era su novio y venía a recogerla. Por suerte pude sacarla por la ventana antes de que él entrara en la estancia. Fue tanta su frustración al no encontrarla que la descargó con la enfermera que amablemente se había ofrecido a acompañarle a la habitación y la asesinó.
Lo peor es que mi compañera pudo verlo todo así que me vi obligado a sedarla de nuevo. La he llevado a su casa y acostado en su cama. Por supuesto he borrado la memoria, pero lo cierto es que no se que puede salir de todo esto. –Terminó él quedándose callado con preocupación.
Yo por mi parte entré en estado de shock, no sabía qué decir en esos momentos, así que caminé en silencio tras él mientras intentaba digerir la información.
Pasaron unos minutos en los que el único sonido que se escuchó en aquel pequeño pasadizo era el eco de nuestros pasos.
– ¿Crees que está a salvo en su casa? la chica, me refiero –fue lo único que se me ocurrió decir al fin.
–El no la irá a buscar. Entrar en su casa es demasiado fácil. Esta chica se ha convertido en un reto y si no hay obstáculos de por medio, la recompensa no será tan digna de disfrute. –Contestó a mi pregunta con un tono amargo y lleno de preocupación.
–Arrg! creo que odio a ese psicópata –dije yo indignada –Quien nos mandaría a meternos en esto, y yo pensando que teníamos problemas en Berlín. Creo que los problemas en Berlín son minúsculos comparado a lo que se nos avecinan aquí –Continúe, sintiendo que la adrenalina se me subía a la cabeza. Zero se giró hacia mí y me tomó por los hombros con fuerza.
– ¿Y que sugieres que debería haber hecho? ¿Eh? –dijo enojado como si mis comentarios lo hubieran golpeado, acusándolo.
–Lo siento, no quise decir que no hicieras lo correcto es solo que esta situación me da muy mala espina. Uno de los nuestros, siendo nuestro enemigo, significa todos ellos como enemigo. Un asesinato, y una humana que ve todo el panorama. Realmente suena mal –dije yo con un tono mas calmado intentando explicarle, y preocupándome aun mas al verlo tan agitado. El se giró de Nuevo y siguió caminando sin decir nada al respecto.
– ¿Qué es lo que se supone que venimos a buscar aquí? –intenté cambiar la conversación para paliar el ambiente tenso, pero no pareció ser la pregunta mas adecuada.
–Asuntos pendientes del pasado –Contestó secamente.
Yo no dije mas nada, estaba claro que no estaba el horno para bollos. Caminamos un poco más hasta encontrarnos con un muro de piedra. Zero buscó por la pared hasta encontrar una manivela que giró, al instante el muro de piedra se deslizó hacia un lado como una puerta corrediza, y una luz tenue asomó por la abertura. Zero tomó aire antes de traspasar el umbral, yo no entendí el porqué hasta que no crucé y vi que nos encontrábamos en la cripta del Castillo. Era una estancia amplia, con techo abovedado, las cristaleras de los tragaluces dejaban traspasar la luz de la luna que alumbraban las blancas tumbas. Personas de mármol que parecían dormir plácidamente sobre mesas de piedras con las manos sobre el pecho.
Las tumbas de los ante pasados de Zero. El se acercó a una de ellas que estaba situada en el centro, en ella había un hombre y una mujer de entrada edad. Él llevaba una armadura y entre sus manos una gran espada, y ella llevaba un vestido largo con ornamentos. Por el gesto del rostro de Zero comprendí que se trataba de sus padres. Él se acercó lentamente al lado de la mujer, posó su mano sobre la frente de esta y besó su fría mejilla de mármol.
–Hola madre –susurró suavemente en su lengua antigua materna. Mientras se arrodillaba cerca de ella su rostro se frunció dolorido y posó su frente sobre la esquina de la mesa quedándose allí por unos segundos, susurrando tan bajo que no podía entender lo que decía. Era como si orara. Sentí un nudo en mi pecho y ganas de llorar las lágrimas que Zero no quería malgastar, pero me contuve e intenté dejar que se despidiera de ellos oficialmente como no había podido hacerlo en su momento. Entonces se levantó y posó su mano sobre las del hombre pero no dijo nada se quedó unos segundos en silencio antes de apartarse de la tumba.
Sus ojos chispearon con rabia, cuando comenzó a mirar al rededor y sus ojos se posaron en otra de las tumbas. Esta era la de una hermosa dama de cabello largo, ataviada con un hermoso vestido, que reconocí como la dama del cuadro que sujetaba al niño. Zero se acercó a ella.
–Maldita seas –dijo con odio mientras golpeaba la tumba con furor. Entonces ocurrió algo inexplicable, una luz envolvió la tumba por unos momentos y una de las losas de mármol situada en la base se desprendió descubriendo un pequeño compartimento con algo en su interior, y en ese mismo instante la luz se desvaneció.
Zeró quedó tan sorprendido como yo, que me acerqué rápidamente hacia él.
– ¿Que diablos ha sido eso? –Pregunté confusa, a lo que el respondió.
–Parece que la bruja dejó un conjuro como regalito –dijo con lengua de serpiente mientras se agachaba y sacaba del compartimento un libro que tenia una nota sobre la tapa. La hoja se veía amarillenta y desgastada por la inclemencia de los años, que parecían haber sido muchos.
Zero tomó la nota abriéndola y comenzó a leerla en voz alta, adivinando mí impaciencia por saber lo que había escrito en ella.
"Si estás leyendo esto, significa que has vuelto como supuse que harías…–se quedó callado un momento, como si se sorprendiera que la nota estuviera dirigida a él aunque no hubiera nombre escrito en el papel. –en este libro encontrarás la historia completa de mi vida y la de tu hijo con el fin de que algún día puedas perdonarme por el daño causado. Si no lo haces lo comprenderé" –hizo una pausa antes de susurrar con un tono amargo la ultima frase de la carta.
"siempre tuya Sherezade"
Zeró arrugo la nota cerrando su puño mientras su mirada horrorizada se perdía en la nada –Entonces… es cierto….
Yo me acerqué a él y acaricié su espalda intentando buscar alguna palabra alentadora que decirle, pero lo cierto es que mi mente se encontraba en blanco. Entonces Zeró giró su cabeza bruscamente y tirando de mí, me arrastró con él tras una de las tumbas, casí al mismo tiempo que presentí que había alguien mas en la cripta. Nos quedamos agachados .
Una pequeña risita maliciosa hizo un pequeño eco en la sala, y la silueta de uno de los nuestros se vislumbró en la penumbra. Eco de pasos, una puerta chirrió abriendose, más pasos, y el sólido ruido de una puerta metálica quedó en silencio de nuevo.
Zero se incorporó mirando hacia la puerta con el ceño fruncido –Esto no me gusta nada. Creo que nuestra visita aquí termina por hoy.
Yo me incorporé también. Por una vez estábamos de acuerdo. Todo aquello parecía formar parte de un mal sueño. Estaba tan confundida que no tenía palabras que gastar, así que no dije nada. Zero tampoco parecía tener nada que añadir.
Comenzó a caminar hacia una puerta y yo lo seguí. La puerta estaba bloqueada. Entonces la alarma del museo se activó y poco después el sonido de pasos se acercaba a la puerta por donde la misteriosa figura había desaparecido. Zero me miró tenso y señaló hacia los tragaluces. No había demasiado tiempo para pensar.
Comenzamos a trepar por las paredes ornamentadas con rapidez, la puerta se abrió, y más de dos hombres robustos entraron a la estancia alumbrando con sus linternas cada rincón de la cripta. Habíamos llegado a las cristaleras, Zero rompió uno de los cristales que saltó por los aires, y la luz de una de las linternas nos alumbró, pero no me giré a mirar como tampoco lo hizo Zero que saltó al exterior con avidez, como lo hice yo seguidamente. Desde el tejado podía verse movimiento a las afueras del Castillo, Zero no se lo pensó mucho y saltó del tejado, y así también lo hice yo. Caí sobre un charco de lodo que salpicó sobre mis ropas, y corrimos hacia el bosque rápidamente. No paramos hasta que traspasamos el umbral de nuestra casa.
Allí nos quedamos sentados en el recibidor por unos momentos, ensimismados en nuestros pensamientos, hasta que nuestras miradas se encontraron.
– ¿Qué está pasando? –fue lo único que acerté a decir.
Él me miró de la misma manera y negó con la cabeza –No lo se, pero empiezo a pensar que todo lleva a un mismo punto. La chica, Lucián, mi pasado. Cuando me marché de aquí, las aguas estaban revueltas, y parece ser que a pesar del tiempo transcurrido, voy a tener que enfrentarme con lo que un día dejé atrás. –suspiró bajando la cabeza y mirando el libro que tenía entre sus manos. Creo que ha llegado el momento de contarte todo lo que sé –me dijo mirándome con un aire de tristeza.
Yo asentí –Pero antes necesito una ducha –dije mientras levantaba mis brazos y miraba mi uniforme lleno de lodo, telarañas, polvo y a saber que más.
El sonrió entonces, aunque la alegría no llegó a sus ojos –Creo que es buena idea. Tienes un aspecto terrible.
Yo sonreí a su vez –Pues tú no te has mirado al espejo, parece como si te hubieras revolcado en una pocilga –reí al ver su cabello enmarañado lleno de telarañas y la cara manchada, así como su ropa.
Él rió a su vez, olvidando el mal trago y tomándoselo con humor. Creo que entendimos que lo hecho, hecho estaba, y que lo que tuviera que venir, vendría quisiéramos o no.
Una vez limpios nos sentamos cerca de una ventana, y me contó todo sobre su pasado. Algunas historias me hicieron reír, como otras me hicieron llorar, pero sentí que al fin Zero se abría a mí, y todas mis dudas desaparecieron. Amanecimos entre historias y anécdotas hasta la hora que debíamos prepararnos para ir a la Universidad, que fue cuando me dí cuenta que no tenía uniforme con el que acudir ya que el mío estaba completamente manchado, y que había olvidado ir a recoger el de repuesto, que no me lo habían dado en su tiempo, debido a que no encontraban mi talla.
Resoplé y me dirigí al armario. Aquel día no podía faltar, no le iba dar el gusto a la Señorita Ruxandra de crucificarme viva. Me pondría lo que fuera y asistiría al menos a su examen. Elegí un vestido negro, simple que se entallaba en la cintura, y la falda de vuelo con encajes que en su final me llegaba por debajo de las rodillas.
Zero me miró extrañando cuando me lo encontré en el recibidor, con su impecable uniforme de repuesto que yo no tenía.
–Ni me preguntes –le dije yo sin querer explicarle que era toda mi culpa que no tuviera otro uniforme. El se encogió de hombros y salió por la puerta. Yo salí tras él sin darme cuenta que se me olvidaba llevarme la bufanda o un chaquetón con el que "abrigarme en condiciones" solo llevaba un pequeño bolero de lana negra que cubría mis hombros y los brazos.
Zero se despidió de mí como solía y yo me dirigí al ascensor, preparándome para mi examen, el ascensor paró en el siguiente piso y para mi sorpresa, Seiya apareció en la puerta con una expresión confusa en su rostro.
– ¿Subes o bajas? –le pregunté al ver que seguía sin moverse del sitio.
–Subo –me dijo con el mismo aire confuso, mientras noté como me miraba de una forma extraña, y entraba al ascensor. Las puertas se cerraron tras él.
– ¿Preparado para el examen de la rubia peleona? –le sonreí algo nerviosa intentando arrancarle una de sus sonrisas, pero aquello no pareció funcionar. Él seguía mirándome con aquel aire sombrío. – ¿Va algo mal? No pareces el mismo de siempre –pregunté extrañada por su comportamiento.
–Podría decir lo mismo de ti –dijo evadiendo mi pregunta. Yo lo miré confundida –No estás usando uniforme ni bufanda. –añadió él como si quisiera con ello arreglar el doble sentido de aquel comentario que no entendí.
–Ah... es que... no encontré la que llevaba ayer. Es mi favorita. –balbuceé lo primero que se me vino a la cabeza, sin querer entrar en detalles de porqué no llevaba mi uniforme.
Entonces miró mi cuello y sin pensarlo mucho se deshizo de su bufanda de lana, la envolvió rápidamente sobre mi cuello. Algo subió por mi estómago, lo miré confusa con el extraño sentimiento que me invadía. Mis ojos no se podían apartar de los suyos, cuando el tomó mi barbilla y recorriendo los pocos centímetros que nos separaban, sus labios cálidos se posaron sobre los míos con dulzura. El hormigueo que me recorrió fue mas fuerte que mi deseo por su sangre, entonces se apartó de mí, antes de que el ascensor se detuviera y la puerta se abriera.
–Parece que llegamos –me dijo sonriendo tristemente antes de desparecer.
Yo me quedé inmóvil, intentando asimilar lo que acababa de ocurrir, mis manos se dirigieron por inercia hacia mis labios Estaba tan absorta en mis pensamientos, que ni siquiera me dí cuenta de que el Señor Charlson había entrado al ascensor.
–Jugando a un juego peligroso –dijo mirando como la puerta se cerraba, dejando caer que era demasiado obvio lo que había ocurrido antes de que se abrieran las puertas.
Yo me giré sorprendida al percatarme de su presencia y bajé mi mano. –No se de lo que me hablas –dije con un tono de disgusto, mientras me sentía incomoda con su presencia en el pequeño espacio.
El pulso un botón que hizo que el ascensor se detuviera y me miró serio.
Yo me tensé, recordando lo que había ocurrido la ultima vez que me había quedado a solas con él – ¿Qué diablos haces? –le pregunté enojada.
–No ¿Qué diablos haces tú? –su mirada me fulminó, no parecía para nada estar bromeando –Si aprecias a ese chico, te recomiendo que te alejes de él antes de que lamentes haberle arruinado la vida –su voz sonó imperativa, y llena de preocupación, y en cierta manera me enojo más el saber que él tenía razón.
–No creo que ese sea asunto tuyo –grité enojada, pero al encontrarme con su mirada que por una vez parecía ser franca, mi voz se quedó en un hilo –de todas maneras…–hice una pausa, baje la cabeza mirándome los zapatos –ya lo se…–dije tristemente.
–No solo me referí a él…–su voz sonaba más calmada – ¿Dónde está tu uniforme? –Yo levanté la mirada tensa sin saber qué contestar –em es que tuve un pequeño problema con la lavadora…y…
El pulsó el botón del piso de la lavandería mientras decía – ¿No crees que después de lo ocurrido ayer puede ser sospechoso que no lleves tu uniforme? –dijo mirando al frente.
Yo me quedé de piedra, el me miró por el rabillo del ojo y añadió – ¿Es que no lees el periódico? dos estudiantes de Enxel irrumpieron ayer por la noche en la cripta del museo…–comentó como quien no quiere la cosa.
– ¿A si?...–dije yo intentando parecer sorprendida, pero a la vez sintiéndome aliviada, había empezado a sospechar, que el hubiera tenido algo que ver con lo de la noche anterior. –No, no sabía nada…–mentí, yo.
–Vamos a buscarte un uniforme, –dijo mientras salía al oscuro pasillo del sótano.
–Pero la lavandería esta cerrada a estas horas…–repliqué yo dudando en salir o no del ascensor. Él me tomó de la muñeca y tiró de mí con una fuerza que no pareció ser la de un simple humano, sacándome a rastras del ascensor mientras me enseñaba unas llaves. Yo me deshice de su agarre bruscamente
–No me toques –dije seriamente tomándome la muñeca con la otra mano.
–Como quieras –dijo él mientras se giraba y continuaba caminando por el pasillo. Finalmente lo seguí, talvez fuera buena idea conseguir el uniforme.
Llegamos a una puerta metálica al final del pasillo que Charlson abrió, pulsó los interruptores de la luz, y me cedió el paso.
Yo pasé al interior rápidamente, sin siquiera agradecer el detalle caballeroso. No era una habitación demasiado grande, las lámparas fosforescentes, alumbraban las estanterías que inundaban las paredes. Percheros y más percheros con uniformes se disponían en el centro de la estancia y en una esquina había una mesa con una máquina de coser y sus abalorios. Él comenzó a rebuscar entre los percheros hasta sacar una de sus perchas con un uniforme de chica
–Este parece ser de tu talla – Su mirada franca había desaparecido para volver a convertirse en el galán de diario.
Yo le arrebaté el uniforme de las manos, molesta por el doble sentido de su frase, pero me enojó aun mas ver que era la talla correcta.
–No pienso cambiarme hasta que salgas por la puerta –Dije enojada viendo como se había apoyado sobre la mesa y me miraba.
El sonrió irónico y comenzó a caminar hacia la puerta –que pena –dijo suspirando.
Me apresuré a desvestirme. Estaba segura que llegaría tarde al examen. Me deshice de la bufanda y del bolero, bajé la cremallera del vestido que en mitad de la espalda se enganchó con algo de cabello atascándose, intenté e intenté pero no había manera y no quería romper el vestido. Era demasiado valioso. Charlson apareció por la puerta.
–He dicho que salgas –dije enojada, mientras seguía intentando desatascar la cremallera.
–Entiendo lo que dices –dijo el divertido –pero dentro de exactamente dos minutos habré sobrepasado mi hora de llegar tarde a la clase –dijo mientras se detenía frente a mí. Entonces me miró serio –Se que fuisteis tú y tu compañero –mis manos cayeron a los lados y lo miré quedándome sin palabras.
– ¿Cómo lo sabes? –fue lo único que pude decir, ya sabía bien que no serviría de nada mentirle.
–No me interesa lo que ustedes dos estuvieran haciendo allí –me dijo evadiendo mi pregunta mientras sus brazos me rodeaban y sus manos jugaron con la cremallera que con poco esfuerzo consiguió desatascar , yo estaba a punto de empujarle –Si te quedas quieta prometo guardar silencio –dijo él entonces mirándome a los ojos de cerca. Sentí una rabia inmensa, pero lo cierto es que él ganaba – Terminó de bajar la cremallera, y el vestido cayó a mis pies, yo cubrí con mis brazos rápidamente mis pechos por inercia a pesar de que el no apartó su mirada de la mía en ningún momento. El acercó su rostro un poco más , sus ojos melados me miraban con deseo. Sus labios se entreabrieron y pude sentir su aliento sobre los míos –Te veré luego dijo él mientras tomaba un mechón de mi pelo y lo deslizaba suavemente entre sus dedos, para luego darse la vuelta y marcharse – Apaga las luces cuando salgas y devuelve las llaves a mi despacho –dijo desapareciendo rápidamente por la puerta.
Yo tomé aire y me dejé caer sobre la mesa. Mi cuerpo temblaba ligeramente, y no era precisamente de miedo, ¿porque mi cuerpo reaccionaba traicionando mis pensamientos?, había pasado demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. Me puse el uniforme mientras intentaba poner mi cabeza en orden, tomé mis prendas y las doblé sobre el brazo. Apagué las luces y cogí las llaves. Me dirigí al ascensor con un único propósito: salir de la universidad, y perderme en algún lugar solitario con mis pensamientos, que en aquel momento era una enorme maraña caótica.
Me acerqué al despacho del señor Charlson y deslicé las llaves al buzón, de la puerta. Si a lo que él se refería con "nos vemos luego" iba ligado a esas llaves, era la mejor manera de hacer que no hubiera una nueva ocasión de acercarme a el. Por otro lado, sentía curiosidad en saber como había descubierto lo del museo, pero era mejor olvidarlo, él había prometido guardar silencio, aunque no sabía hasta que punto podía confiar en él, ya que sus actos eran una mezcla de bondad y malicia intencionadas. Salí del edificio, y le escribí un mensaje a Zero diciéndole que me iba a casa.
Me pasé la mañana tirada sobre la cama, dándole vueltas a todo lo ocurrido, sin llegar a una conclusión clara. Eran cerca de las 4:00 cuando mis ojos se posaron sobre la bufanda que Seiya me había dejado. Me levanté con decisión, tomándola en mis manos. Dentro de todo aquel caos había algo que si tenía claro. Aquello que fuera que estuviera pasando entre los dos no podía ser. Era jueves y recordé que ese mismo día de la semana siempre lo había visto jugar al baloncesto en el pabellón deportivo después de las clases.
Salí de la casa con un único pensamiento: devolverle la bufanda y despedirme de él. Llegué a la puerta del pabellón y me asomé, y como esperaba allí estaba él sin camiseta mientras practicaba canastas. No se lo que me impidió entrar, pero lo cierto es que por inercia me dí la vuelta y comencé a caminar alejándome de allí, Comenzó a llover con fuerza, y yo me detuve mirando a cielo gris. "Tienes que hacerlo" me dije a mi misma al tiempo que sentía la lluvia caer sobre mi cara. Giré sobre mis talones y volví decidida. Sin pensarlo demasiado me adentré en el pabellón. Él se giró y cuando me vio me miró sorprendido.
–Hola –dije yo al fin un poco indecisa, la situación era más que incómoda después de lo ocurrido aquella mañana, y las mariposas que corrían por mi estómago no ayudaban. –Vine a devolverte la bufanda –dije yo alzándola con la mano dándome cuenta que estaba empapada –lo siento creo que se ha mojado un poco –seguía hablando yo sin parar con nerviosismo y sonriendo tontamente con mis ojos tristes.
El se acercó y se paró frente a mí sin decir nada. Tan solo me miraba como si estuviera feliz de mi presencia, –Estas empapada –fue lo único que acertó a decir, mientras tomaba una toalla de un banco cercano. Se acercó a mí y la envolvió en mi pelo mientras deslizaba sus manos tomándome la cara. Yo lo miré, de nuevo aquella sensación me recorrió el cuerpo, una sensación de paz, era como si lo conociera de toda la vida, sus ojos me miraron con dulzura. Ahora no era mi cuerpo sino mi corazón el que traicionaba a mi mente. Intenté convencerme de lo que había venido hacer, pero fue inútil. Sentí como mis manos tomaron vida propia y rodearon su cuello. Él se agachó y me besó nuevamente. Sus labios se abrieron esta vez y yo me dejé llevar, sintiendo como flotaba en el aire. El tiempo paró. En ese momento lo único que existía para mi eran sus manos, sus labios y su lengua. pero ese sentimiento de paz y ese hormigueo fue devorado poco a poco por una sed que comenzó a quemar en mi garganta. La sed que me recordaba lo que yo era, y que no pertenecía a su mundo. Me aparté y lo empujé.
Intenté relajarme antes de comenzar a decirle –Esto no puede ser –dije mientras tomaba otra bocanada de aire. Él miró confuso, pero luego su expresión tornó a enfado.
–Ah, ya se, tu ya tienes al degenerado ese que llamas novio¿no es así? o ¿es el señor Charlson? –dijo con un tono irónico, dejándome de piedra –Es eso ¿No? Te gusta jugar un poco con todos antes de volver con el hombre que ni siquiera te hace feliz –terminó enojado. No parecía él, sus palabras dolían como puñales.
–Te equivocas –le dije yo enojada –Si quieres saber la verdad, aquí tienes la verdad, Zero es una persona muy allegada a mí, cuyo termino no puedo utilizar porque no lo comprenderías, pero aunque no lo creas, él no es mi novio, solo fingimos serlo por algo que tampoco te puedo contar, por lo tanto si he sido obligada por el señor charlson a hacer algo contra mi voluntad, tampoco creo ser culpable de nada. Y tú….–me quedé callada un momento (quizás estaba hablando de más, diciéndole cosas que no debería, pero no podía solo dejar que creyera que todo era una gran mentira) –yo…solo estropearía tu vida, –dije tristemente bajando la cabeza mientras sentía como las lágrimas comenzaban a resbalar por mis mejillas. Me dí la vuelta y salí corriendo de allí encontrándome con Zero que me esperaba apoyado al lado de la puerta.
Continuará
