DÍA 11: NO SABES LO QUE TIENES…
Una vez más se levantó sobresaltado como si las garras negras del mundo de los sueños por fin lo hubieran soltado luego de un viaje tortuoso a través de él. Si otrora ese mundo le daba igual, en ese instante no quería regresar a él, no después del desgarrador sentimiento de pérdida que había experimentado en los minutos que había durado ese sueño. La horrible realidad con la que acababa de toparse después era recordatorio de la situación que estaba enfrentando.
– Ese sueño… fue tan real…
Después de ese sueño, se sentía mucho más culpable que antes. Se levantó con pesadez y notó que la cabeza le punzaba ligeramente. De inmediato, un dolor de estómago causado por los jugos gástricos le indicó que moría de hambre. Por otro lado, también tenía ganas de ir al baño con mucha urgencia. Aunque todo eso era normal, algo no cuadraba del todo para su cerebro.
– ¿Qué hora es? Debo llamar a Kanako y…
Vio su celular con llamadas perdidas que no había sentido, pero lo peor era que el reloj indicaba algo que no debería.
– ¡¿Dormí un día entero?!
No era extraño. Ya había pasado antes. No obstante, esta vez sencillamente él tenía que ganar tiempo, no perderlo como estaba haciendo. La culpa lo consumía y tenía miedo de que tarde o temprano lo haría sucumbir hasta dejarlo sin fuerzas. Sacudió la cabeza y se abrazó a sus rodillas.
– ¿Qué es exactamente lo que estoy haciendo?
Nunca se había sentido tan inútil desde aquella vez del incendio que consumió la casa que su madre amaba tanto y que casi consume también la vida de una persona preciada para él. Sentía que solo estaba decepcionando a sus personas más importantes.
– ¿Qué diablos pasa conmigo? ¡Debo hacer lo que tengo que hacer!
No podía perder la motivación o se derrumbaría. Quizá ese sueño había sido cruel pero era un memento de lo que tenía que hacer para no perder a quien era tan especial. Era una premonición de lo que nunca más sucedería si no ponía manos a la obra de inmediato.
Se levantó del todo y miró de nuevo el polo que tenía entre sus brazos, bastante arrugado ya. Se avergonzó un poco internamente, pues pocas veces dejaba fluir sus sentimientos de esa manera a través de lágrimas y sollozos. Esta vez había sido diferente. El pecho le dolía al recordar todo lo que había vivido con su asistente. Más allá de lo que fueran o no fueran, el lazo entre ellos era demasiado fuerte e inquebrantable como para ser destruido. Más allá de lo que sintiera el uno o el otro, ambos querían permanecer juntos.
– ¿Eh? N-No está…
Lo primero que hizo luego de dejar el polo sobre la cama, fue buscar aquella foto del velador, mas no parecía estar por ningún lado. Empezó a renegar y gruñir maldiciones, pues se suponía que esa era una de sus únicas opciones para encontrar a Tetsuhiro. ¿Podría ser que el menor se la hubiese llevado a otro lugar de la casa? Buscó con desesperación incluso bajo los estantes que habían caído a causa del siniestro de hacía unos días.
– Nada…
Sudoroso y abatido, se sentó en el sofá y apoyó la frente sobre sus palmas. Tenía que tratarse de una mala broma. Al cabo de unos minutos que parecieron horas se puso de pie. Era muy temprano para rendirse y en definitiva no lo haría. Vio que su laptop no había sufrido mayor daño, así que la guardó junto con algo de ropa y algunas otras pertenencias útiles. Se paró en el genkan listo para partir.
– Y si…
Por algún motivo que ni él mismo entendió, sus piernas lo llevaron hasta la habitación de su asistente una vez más. Llámesele presentimiento o corazonada a la consecuencia de su actuar, pero lo cierto es que cogió una muda completa de ropa para Tetsuhiro. Regresó a la puerta principal, y antes de salir, se giró y lanzó una mirada nostálgica y casi desesperanzadora a todo el desolador panorama que era ahora su casa, no solo por los destrozos del terremoto, sino por la ausencia de su compañero.
– No volveré a este departamento hasta que lo haga contigo, Morinaga.
Esa era la primera promesa que le haría.
Había llegado a otro refugio más. Ni siquiera mantenía la cuenta de a cuántos había ido ya, solo sabía que estaba visitando muchos y al final no sería raro que los llegara a conocer todos. Poco importaba porque en ninguno encontraba a quien estaba buscando. Una mano se posó de pronto sobre su hombro haciendo que saltara en su sitio, pero trató de disimularlo como solía hacer siempre en esos casos. Al girarse, se encontró con un par de ojos negros que lo miraban con curiosidad.
– Hola. ¿Tampoco tiene dónde pasar la noche?
Una atractiva jovencita de unos veintitantos años le hablaba como si se conocieran de antes. A Souichi no le gustaba ese tipo de gente con esas actitudes tan casuales. Se puso un poco nervioso y le dio la espalda. Sabía bien que con esas personas era conveniente actuar a la defensiva para protegerse en caso de cualquier amenaza… ¿Amenaza? ¿Qué clase de amenaza podría representar esa muchachita?
– Algo así. ¿Está mal? ¿No puedo quedarme aquí?
– Todos podemos. – respondió con una sonrisa como si fuera lo más evidente del mundo.
Souichi intentó tomar distancia como lo hacía siempre que alguien trataba de invadir su espacio personal. Lo que más quería esa noche era pasar desapercibido y olvidar un poco su sueño. Se dirigió a una esquina y se sentó en el pavimento, mientras sacaba una manta que había traído de su departamento para cubrirse. De repente, una presencia volvió a hacerle sentir un escalofrío. No, esto no auguraba nada bueno.
– ¿Su casa está cerca de aquí?
El tirano se sobresaltó nuevamente, pero como no quería ser grosero en una situación delicada como aquella, decidió dar una respuesta categórica y seguir pasando desapercibido después. Lamentablemente, ese no sería el caso esta vez.
– Sí, pero ahora estoy buscando a… alguien.
– E-Entiendo…
Souichi cerró los ojos fuertemente para que la chica interpretara su mensaje de "no molestes más", pero repentinamente unos sollozos lo hicieron abrirlos casi al instante.
– ¿Pero qué…?
Y de inmediato se congeló. Nunca había lidiado bien con las emociones sobre todo con gente ajena a su entorno familiar, menos si alguien lloraba delante de él, y mucho menos si se trataba de una mujer. No solía tener contacto con ellas más allá de un saludo, a menos que fuera por algo relacionado con los estudios o el trabajo. Por ese miedo que quiso disfrazar de educación, esperó a que la chica se calmara.
– L-Lo siento, no era mi intención, pero…
Sollozó un poco más y al fin suspiró, secándose las lágrimas con un pañuelo que extrajo de una pequeña mochila. Miró hacia el frente y comenzó a hablar despacio, tanto que Souichi no estaba seguro de si se estaba dirigiendo a él o solo se trataba de un monólogo a causa de su tristeza.
– Yo peleé con la persona que amo de la manera más horrible.
A un hombre como Souichi no se le daban bien estas historias, y menos si pretendían usarlo como paño de lágrimas o consejero matrimonial. No obstante, esa historia no le sonó tan ajena ni tan lejana. No entendía por qué.
– Le dije que no quería que volviéramos a vernos nunca y… No es lo que sentía, pero estaba molesta, muy molesta… Sus padres se oponen a nuestra relación. Yo le dije que solo debe importarle lo que sentimos y no lo que diga su familia. ¡Ya estoy harta de ocultar lo nuestro!
– Pues i-imagino que serán unos padres radicales, pero aun así nadie más debería meterse, ¿no? ¡La relación es de ustedes dos!
– Es lo que yo le digo a ella, pero es muy terca…
– Bueno, todos a veces tenem…
El científico se quedó mudo. Quiso pensar que su cerebro le habría jugado una mala pasada a causa del cansancio o que sus oídos se habían distraído con la bulla alrededor, pero su interlocutora no se corrigió. Todo lo contrario, aclaró la frase para poder continuar con su trágico relato.
– ¿D-Dijo e-e-e-lla?
– ¿Eh? Sí. – murmuró un poco sonrojada – Es una chica. ¿Usted quizá está en contra o…?
Souichi suspiró resignado y negó con la cabeza. Por culpa de cierto asistente suyo ya hasta tenía que negar su homofobia frente a los demás. Hace mucho él mismo había dicho que si los homosexuales no se metían con él, él tampoco tendría problemas con ellos, así que ahora no le quedaba más que cumplir, ya que esta chica solo estaba contándole su pena amorosa. Algún día tal vez entendería que todo el mundo tenía derecho a enamorarse, incluso los homosexuales. Pero sea como sea, eso no le quitaba lo irónico a la situación.
– ¿Por qué incluso en estos momentos me tengo que cruzar con los de tu especie, Morinaga? ¡Y encima con una mujer con problemas románticos!
– Nosotras tenemos una relación de casi dos años, pero ella recién hace unos meses les contó a sus padres que estaba conmigo. Sigue viviendo con ellos y por eso creen que pueden controlar su vida. A veces incluso no la dejan salir para que no podamos vernos. Entonces, el día del terremoto justo habíamos salido a comer, así que le di un ultimátum… – susurró con la voz entrecortada.
¿Por qué Souichi de pronto se encontró a sí mismo esperando por la continuación de la historia? Su corazón dolía por alguna razón. ¿Era solo por pena al ver sufrir a aquella desconocida o por algo más?
– "Si no aceptas nuestra relación ante todo el mundo, se acabó." Me respondió que no podría enfrentarse así a sus padres porque ellos y el resto de su familia la rechazarían y no soportaría eso. Fue la gota que colmó el vaso. Le grité que… que la odiaba y que no quería volver a verla nunca.
La tristeza, la rabia, el dolor marcaban el tono de voz de la muchacha. La situación sonaba más seria de lo que parecía. Alzó la cabeza de golpe y clavó sus ojos en los de Souichi que se hizo para atrás por acto reflejo y casi se cae de espaldas.
– ¿Qué me aconseja?
– ¿A-Aconsejar? ¡Pero si yo no sé nada de estas cosas, y menos de chicas l-l-lesb…!
La chica volvió a bajar la mirada y sonrió amargamente. Sentía deseos de llorar otra vez, pero no quería incomodar con sus problemas a ese amable hombre que la había escuchado atentamente sin mostrar expresiones de rechazo o asco a las que estaba acostumbrada tan solo por amar a otra mujer.
– Lo siento, no tiene por qué responder. Lamento haberle contado todo esto, pero es que lo tenía guardado aquí dentro desde hace tantos días… Usted me inspiró tanta confianza que no pude evitar contárselo. ¿No está disgustado?
– N-No, claro que no. – negó con las manos – Pero ¿qué va a hacer ahora?
– Nos separamos en el restaurant de por mi casa y al poco rato se inició el sismo. Ese fue mi punto de partida para comenzar mi búsqueda, y es lo que estoy haciendo desde ese día, buscarla por todos lados. Por amistades, sé que no llegó a casa y tal parece que extravió su celular. Será difícil, pero no me rendiré. La encontraré, me disculparé adecuadamente y sé que llegaremos a una solución para poder estar juntas. No quiero perderla, porque yo realmente la amo.
Esas palabras llevaron a Souichi muy lejos. Unos ojos color esmeralda, unos cabellos azulados, una sonrisa radiante asaltaron su mente, y su corazón comenzó a latir apresuradamente al recordar aquella dulce voz.
– "Senpai, yo realmente te amo…"
– ¿Se encuentra bien? – preguntó la joven preocupada.
– ¿N-No debería yo preguntarle eso más bien?
– Ah, bueno…
Cerca de ambos, unas personas se encontraban escuchando las noticias en una radio portátil. Giraron las miradas al unísono y sus corazones probablemente se detuvieron al mismo tiempo con los desgarradores anuncios que pronunciaba la locutora de esa emisora. Noticias sobre la ayuda extranjera, las réplicas, los damnificados, los heridos, los desaparecidos y… los fallecidos.
– Kaede…
– Morinaga…
Aquellos nombres salieron sin querer de entre sus labios como un susurro doliente, tan despacio que ninguno captó lo que el otro había dicho. No se conocían más de treinta minutos y sus pensamientos ya vagaban en la misma dirección, pero hacia diferentes destinos. Ninguno dijo una palabra más en el resto del día y noche que pasaron dentro de ese refugio, mientras la misma voz repetía aquellos lamentables datos una y otra vez como una burla a su dolor.
Quizá era así como se sentía perder poco a poco a alguien importante si es que tal vez no lo has perdido ya.
Una lenta y silenciosa agonía.
Eh? Qué? Cómo? Souichi hablando de amor con una lesbiana?! XD Ay, mis queridas/os lectoras/es, hace mucho que tenía esta escena preparada y finalmente se la puedo mostrar a todos ustedes. Confieso que al inicio iba a ser un homosexual, pero habría sido muy cliché, por eso opté por una chica. Pero me gustó la química que tuvieron en tan poco tiempo, ya que ambos están sufriendo por la persona que aman.
Espero sus comentarios y sus impresiones!
Día 12:
Pista: Visita
Pregunta: ¿Cuál será el siguiente destino de Souichi?
Ja nee!
**Jane Ko**
